EN EL GYM DE LOW COST

La edad no perdona. Los excesos de juventud aparecen en la senectud, o antes. El cuerpo humano guarda todos los recuerdos. Estas y otras ideas me lanzaba mi galeno cuando con sus gafas a media nariz leía el informe de una delatora resonancia magnética de espalda: hernia discal entre L2-L3 y hernia del contorno posterior izquierdo con rotura del anillo. Los dolores son evidentes, pero estas lesiones no se pueden revertir con operación. En este momento. Medicación y ejercicios físicos específicos hasta conseguir lo asintomático. Y comenzó a escribir.

Medical equipment. MRI room in hospital.

Era más o menos lo esperado después de varios meses de dolores constantes. Me vuelvo a casa con la panacea: medicación y un folleto con ejercicios físicos.

Para lo primero no hubo problema. Mi farmacia me suministró los medicamentos advirtiéndome que me faltaba el omeprazol, ese protector del estómago contra tanto antiinflamatorio y antidoloroso.

Para lo segundo, la cosa se complicó algo más. Hacía años que yo no pisaba un gimnasio, y no conocía ninguno, por lo que decidí preguntar a mi inquiridor por uno cercano a casa y en el que pudiera realizar todos aquellos ejercicios que el galeno indicaba. Me dio la dirección de el que él consideraba el más cercano y el mejor: DISCOBOLO.

No tardé mucho en dirigir mis pasos hacia él. Y aquí comenzaron las sorpresas lingüísticas que me hicieron sentir desfasado, anticuado, fuera de la posmodernidad.

DISCOBOLO

El gimnasio que yo buscaba estaba en medio de una parcela, rodeada de un verde césped, bien cuidado y bien segado. Era un edificio moderno. Atravieso la verja y veo una fachada con una gran puerta, que supuse sería la entrada principal. Al acercarme, encima de la puerta y con letras grandes y en colores un rótulo que supuse sería el nombre: GYM DISCOBOLO LOW COST. Estuve a punto de darme la vuelta, porque por el momento creí que me había confundido. Pero no lo hice. Seguí avanzando. Aquel era el gimnasio que buscaba. En un principio pensé que se le habrían caído parte de las letras a la primera palabra, pero al ver el resto y la colocación me di cuenta de que no: ya había oído algunas conversaciones de jóvenes que decían que iban al GYM. Las dos últimas me dejaron aún más descolocado. No sabía que había gimnasios de bajo coste, como gasolineras, panaderías, tiendas deportivas, etc.

Cuando estaba cruzando la puerta de entrada iba pensando que me había confundido: «este gimnasio tiene que para gente que hable solo inglés», pero no fue así, para mi sorpresa.  Una señorita uniformada, con educación exquisita me saludó y me preguntó qué que deseaba. Yo, sacando mi folleto de ejercicios curativos de espalda, le pregunté que si allí podría realizar lo que el galeno me había prescrito. Me pidió el folleto y con él en la mano me paso al despacho del director. Le explicó mi objetivo, a lo que él respondió, una vez observado con atención mi prospecto médico,  que no había ningún problema, que me encontraba en el lugar adecuado.

Llamó por teléfono y al momento se presentó otra señorita, con una tarjeta en la solapa de su chaquetilla roja que indicaba su nombre y su profesión de fisioterapeuta, envuelta en modales de exquisitez, que me invitó a que le acompañara.

Tras ella, me dirigí confiado hacia lo que yo creía que era una piscina. Y pensaba: «en esta piscina olímpica realizaré mis ejercicios de natación». Se abrieron unas puertas automáticas y comenzó a describirme la instalación en la que yo podría realizar SWIMMING con un grupo que ya estaba formado y que tenía mis dolencias de espalda. Simplemente tenía que venir proveído de SOWER CAP, SWIMSUIT, TOWEL y SANDAL. Ante mi cara de sorpresa, me explicó que SWIMMING era el nombre moderno con el que designaban a los tradicionales ejercicios de natación. Ya comprendo –le respondí. Y me callé.

NATACIÓN

De allí, un tanto anonadado, me llevó a otra estancia en la que una bicicleta estática presidía varias filas indias de bicicletas, también estáticas. Pensé: esto ya lo conozco. Un uniformado joven pedaleaba sin parar e iba transmitiendo órdenes al grupo de hombres y mujeres que detrás de él y a lomos de las bicicletas pedaleaban sudorosos: «subimos dos puntos de carga, que vamos a comenzar a subir La Camperona». Mi acompañante me explicó que allí podría realizar yo los ejercicios de SPINNING, también llamados BIKE, y que necesitaría un equipaje similar al que llevaban aquellos ciclistas, aunque no era necesario que fuera tan completo, porque allí había muchos globeros. Nada le pregunté, porque intuía que lo antes se llamaba hacer bicicleta, ahora se había modernizado.

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Dejamos las bicicletas y me traslada a otra estancia repleta de cintas transportadoras. Me explica que, aunque el folleto aconseja realizar los ejercicios de RUNNING a aire libre y por el campo, que los puedo sustituir por la cinta transportadora porque está preparada, incluso, para realizar los pertinentes SPRINTING. Lo que sí me aconsejaba que, si quería convertirme en un auténtico RUNNER y para no perjudicar mi espalda,   me aconsejaba que me comprara unas buenas zapatillas que podría encontrar en las tiendas de deportes en las secciones modernas de RUNNING. Mientras la seguía iba pensando: «primero fue correr por el campo, después hacer footing y ahora nada menos que running. ¡Cuánto descubrimiento y desconocimiento!»

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Lo que no me aconsejaba, como experta en lesiones de espalda, era realizar TREKKING, porque en este país los senderos no están bien preparados y las pisadas en falso podían hacer mayor la hernia discal.

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Tras volver a revisar los ejercicios de mi folleto, me invitó a volver al despacho del director, quien me indicaría los horarios y el precio, recordándome que era un GYM LOW COST, pero que esto no significaba menos calidad o dedicación del personal. Era simplemente ECONOMIC POLICY de la empresa.

Después de darles las gracias, abandoné el gimnasio abrumado por tanta amabilidad y buenas maneras y runruneando en mi cabeza las incontables PLEASE, OK y THANK YOU con que me habían obsequiado.

Pensaba: «es inevitable, las modas vuelven y vuelven». Esta querencia de anglicismos ya la habría sufrido yo en mi juventud, pero se había pasado, como el sarampión; ahora observaba que había vuelto con furia, no estaba bien curada la enfermedad: no solo en el gimnasio, sino también en la televisión, en las revistas, en la conversación normal, etc.

Y yo sin entrar en la posmodernidad. Y, además, sin saberlo.

Finalizaré con estas palabras que escribía sarcásticamente Cadalso en el siglo XVIII al socaire de los galicismos que recorrían el bien hablar de los cortesanos afrancesados (entonces era Francia la que dictaba la moda), para que podamos entrar en la posmodernidad a través del estudio los que creemos que en nuestra lengua española es bueno utilizar sus palabras y no los extranjerismos, aunque no nos neguemos a usarlos cuando la lengua no pueda crear las palabras que han de referirse a las nuevas realidades:

en cada un año se fijen las costumbres para el siguiente, y, por consecuencia, se establezca el idioma que se ha de hablar durante sus 365 días. (Cartas marruecas, 35).

POST DATA

Por sugerencia de mi inquiridor, envié este relato al Ilmo. Sr. Director de la Academia que «limpia, fija y da esplendor» por si creía oportuno tomar nota y realizar alguna gestión en defensa de una lengua tan antigua como la española y con más de 450 millones de hablantes.

RAE

A las 48 horas recibí un emilio (email, correo electrónico, carta, misiva  o como se diga) desde el Departamento de atención a los hablantes de español correcto, firmado por su secretario, en el que me daba las gracias por la información facilitada, que, no obstante, ya obraba en su poder desde hacía tiempo, lamentando que la Academia no podía realizar gestión alguna al respecto, ni pronunciarse ante tanto deslate, porque había recibido órdenes de la SUPERIORIDAD de que no se tomaran medidas que no fueran políticamente correctas, y menos aun en momentos tan delicados internacionalmente como los del Brexit [sic], porque el imperio anglosajón podía sentirse ofendido.

 

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EL EJÉRCITO DE LOS NACIONALES EN LA UÑA (LEÓN) EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

  1. TESTIMONIO DIRECTO

Antes de que se nos mueran los pocos que quedan de los que tuvieron que vivir la guerra civil española de 1936 a 1939, es necesario dejar constancia de su testimonio vivido, y por tanto directo. No son fuentes oficiales, sino vivas, reales. Sin partido.

En La Uña, aún disponemos del testimonio de personas que les tocó sufrir aquella barbarie y que con mente lúcida recuerdan lo ocurrido. Uno de ellos es Antonio Ibáñez Valdeón, que en 1936 contaba con 17 años. De él, que también le tocó estar como soldado en otros frentes de guerra desde el 12 de febrero de 1938, procede la información relativa a la presencia de las fuerzas armadas en La Uña en el citado conflicto bélico.

De lo sucedido allí daremos testimonio para conocimiento de todos los interesados, y muy particularmente de los historiadores. Para que no lo borren de la historia.

  1. LA SUBLEVACIÓN MILITAR

Como todo el mundo sabe, el 18 de julio de 1936 es la fecha oficial que se toma como la del inicio de la sublevación de una parte del ejército español contra la segunda República, pero que no logró de inmediato sus objetivos: tomar Madrid, derribar el Gobierno y establecer una junta militar que debía presidir el general Sanjurgo.

La situación resultante fue que se desató una guerra civil, estableciéndose dos bandos: el de los leales a la República (los Rojos)  y el de los sublevados (los Nacionales).

Por lo que respecta a la provincia de León, el 20 de julio de 1936, a las dos de la tarde, se proclamó el estado de guerra en toda la provincia. Al anochecer, la rebelión se había impuesto en la capital de la provincia. No así en otras poblaciones.

  1. EL FRENTE NORTE REPUBLICANO

3.1. FORMACIÓN DEL FRENTE TARNA-VENTANIELLA

La vecina Asturias se mantuvo fiel a la República, pasando a formar parte del frente norte peninsular republicano: Asturias, Santander y Vizcaya.

Frente_del_Norte_-_Spanish_Civil_War_(March-Sept_1937).svg

FRENTE NORTE

Para contener el paso de los sublevados de la provincia de León hacia Asturias, el ejército popular se instala en una franja montañosa que va desde el puerto de Leitariegos hasta los de Tarna y Ventaniella, fortificando sus defensas, aún hoy bien visibles en el puerto de Las Señales y en el alto de Tarna, así como en las montañas que constituían la línea defensiva.

LAS SEÑALES

ASPILLERA DESDE LA QUE DISPARABA LA AMETRALLADORA. PUERTO DE LAS SEÑALES .

Nuestro interés se va a centrar en el frente asturiano Tarna-Ventaniella, que estaba formado por una línea defensiva en la que destacaban las defensas de los puertos de Las Señales y Tarna[1], el  pico Remelende, el Picón, la cerra de Riosol, el puerto de Ventaniella y anexos, la Castellana y sus peñas, Pileñes y el Venero.

Del lado leonés, el frente de los rebeldes estaba instalado en  los pueblos de Maraña, La Uña y Polvoredo, y sus aledaños, formando una línea defensiva a cargo de la Falange [2] (milicias civiles armadas [3] pertenecientes a este partido político, que fueron movilizadas los primeros días del alzamiento), que se había sumado a los rebeldes; lo mismo sucedió en la zona de Sajambre (León).

3.2. VALDEBURÓN EN JULIO DE 1936

En una de las obras que aborda la guerra civil en la provincia de León, se puede leer textualmente lo siguiente:

En el sector oriental, tres columnas partiendo de Boñar, Cistierna y Riaño, habían tomado el 6 de agosto Lario, Acebedo y otros núcleos. El 21 se ocupó Maraña y Lillo por efectivos procedentes de Riaño, y el 24 Valdeteja, por tropas procedentes de La Vecilla.[4]

Vamos a precisar lo que ocurrió en el valle de Valdeburón.

La única fuerza armada que había en la zona de Riaño el 18 de julio de 1936 era la del cuartel de la Guardia Civil de Riaño. En el resto de los pueblos de Valdeburón no había fuerzas armadas ni se produjo levantamiento alguno en armas ni a favor ni en contra de los sublevados. Por tanto, mal se pudieron tomar por el ejército los pueblos antes citados.

3.3. LAS FUERZAS DE LA  FALANGE EN LA UÑA

Como ya escribí y documenté en mi pos FÉLIX GORDÓN ORDÁS (1885-1973) EN LA UÑA (LEÓN): UNA HISTORIA CON DRAMÁTICAS CONSECUENCIAS, una centuria de Falange (no completa) se hallaba ya el día 25 de julio de 1936 instalada en Acebedo[5]. Así que mal pudo tomar dicha población el ejército el 6 de agosto. En esas fechas, los informantes no recuerdan haber visto unidades del ejército de los sublevados en La Uña, lo que no quiere decir que algún camión militar realizara alguna marcha de reconocimiento por la zona.

Lo que sí atestiguan es que la centuria de la Falange se instaló en La Uña en uno de los primeros domingos del mes de agosto y allí permaneció hasta mediados del mes de octubre de 1937 cuando abandonó el pueblo una vez que el frente rojo Tarna-Ventaniella hubo caído. Estaba al mando de Ángel Martínez, natural de Soto de Sajambre (León). Su lugar lo ocuparon las fuerzas de Orden Público.

Esta unidad falangista, integrada por unos 40 hombres, fue la que realizó la defensa de La Uña a través de su sistema de trincheras del pico de El Escavao, La Cureza y La Llana, amén de los dos parapetos[6] de Entrelassierras y la peña Los Bueyes, defensas de la carretera y el valle que van en dirección a Ventaniella y Tarna.

A los falangistas les ayudaron en sus tareas defensivas un pelotón de moros (10 hombres) que llegó a La Uña poco después que la Falange. Vivían en la portalada de Sindo. Uno de ellos murió en el sestil de El Cueto. Lo quemaron en la Cuesta. Se integraron en el ejército cuando este llegó la segunda vez[7].

3.4. LOS NACIONALES EN LA UÑA: MAYO DE 1937

El frente de guerra astur-leonés permaneció relativamente estable, con algunos escarceos armados de escasa relevancia,  hasta que se inició la ofensiva final en setiembre de 1937 como prolongación de la caída del frente norte del ejército rojo: Bilbao fue tomada el 19 de junio de 1937; Santander, el 28 de agosto y Gijón, el último reducto, el 21 de octubre.

En el mes de mayo de 1937 el ejército republicano inició su última gran acción ofensiva/defensiva en el frente astur-leonés. El hecho que vamos a relatar se encuadra dentro de esa acción, que no tendría mayores resultados y no consiguió romper el frente leonés de los nacionales[8]. A mediados de junio el empuje republicano había remitido.

La primera vez que llegó un gran contingente de soldados de los nacionales a La Uña fue la mañana del 16 de mayo de 1937. Cuando se estaban bajando los soldados de los camiones junto a la casa del tío Isidoro, al inicio del pueblo subiendo desde Acebedo, empezaron a disparar los rojos que estaban en El Navarín y mataron a un moro. Tuvieron que volverse hacia atrás y bajarse en El Retorno. Aún se conservan en la pared de la casa impactos de bala.

Tenían como misión expulsar a integrantes del ejército rojo que habían bajado por La Horcada  y se habían hecho fuertes en la caseta de las ovejas de Lario en Los Campos de María. El ejército se situó en la cerra de Polvoredo, en La Recuajada y en La Llana, desde comenzaron a disparar. Los rojos, al verse rodeados y en inferioridad, realizaron un agujero por la parte de atrás de la caseta de las ovejas y lograron escapar hacia sus posiciones. El ejército se volvió a marchar por la tarde. Quedó la Falange y Orden Público.

3.5. SEGUNDA PRESENCIA DE LOS NACIONALES EN LA UÑA: SEPTIEMBRE DE 1937

El 20 de septiembre de 1937 el general Aranda, que mandaba el VIII cuerpo del ejército de los nacionales, ordena al coronel  Muñoz Grandes, al mando de la Agrupación de Riaño,  que avance sobre las posiciones del ejército rojo en Tarna-Ventaniella. Contó con la II Brigada de Navarra, la III del coronel Latorre y cuatro centurias de Falange.

De esta forma, encontraremos al ejército de los nacionales por segunda vez en La Uña. Sucedió a finales de septiembre de 1937. Llegaron en varios camiones. Volvieron a desembarcar en el mismo lugar que la vez anterior, pero ahora sin contratiempos. Los informantes no se atreven a precisar el número de los efectivos, pero reconocen que eran muchos[9].

Sí recuerda el informante que estas fuerzas de infantería traían consigo dos piezas de artillería: dos cañones grandes.

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CAÑÓN SCHNEIDER 75/28

Uno de los cañones lo situaron en las eras de El Grandicio. Desde aquí bombardeaban las posiciones enemigas de la cerra de Riosol, el Picón, el alto de Tarna y Remelende.

El otro cañón lo situaron en la huerta de Avelino de La Maderada. Desde allí bombardeaban las posiciones del ejército rojo en el puerto de Ventaniella, La Castellana y Pileñes[10].

La ofensiva duró aproximadamente ocho días.

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DIRECCIÓN VENTANIELLLA-PILEÑES

Bombardeadas las posiciones enemigas de los rojos por la aviación procedente del aeródromo militar de León y por los cañones, se inició el avance de las fuerzas terrestres. El ejército comenzó su avance expulsando a los rojos del Venero, dirigiéndose a continuación hacia Valdosín. Desde aquí hacia Ventaniella, La Castellana y la peña Ten, en cuya cumbre se instaló una escuadra como medida de protección de las fuerzas que tenían que avanzar hacia Pileñes. Aquí fue donde los nacionales se encontraron con una fuerte resistencia.

El ejército fue apoyado por las fuerzas de Falange que subieron por el Arcenorio procedentes de Sajambre, a las que se unieron los falangistas de La Uña. Llegaron a la collada El Cardal[11], y de aquí hacia Pileñes. Una vez tomadas estas posiciones, continuaron su avance por territorio asturiano a través de las cumbres (desde la Salguerosa) en dirección Cangas de Onís, pero sin entrar en sus pueblos.

Controlada esta zona, el ejército se dirigió hacia las posiciones del ejército rojo en la cerra de Riosol, el Picón y el alto de Tarna, subiendo por el valle de Los Lobos (Yubil Cimero) y desde La Salguerosa.

El ejército rojo se vio obligado a retroceder y abandonar las posiciones que hemos denominado Tarna-Ventaniella[12]. Al pueblo de Tarna llegó el ejército de los nacionales el día 7 de octubre; Franco lo visitaría el día 10.

Los muertos del ejército nacional (aproximadamente una decena) fueron enterrados en el cementerio de La Uña.

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DIRECCIÓN RIOSOL-TARNA

3.6. EL CAZA ALCANZADO POR EL FUEGO ENEMIGO

Esta ofensiva del ejército terrestre de los nacionales estuvo apoyada por los bombardeos realizados por la aviación procedente del aeródromo de la Virgen del Camino de León donde tenía su cuartel general la Legión Cóndor[13]. Bombardearon insistentemente las posiciones del frente Tarna-Ventaniella hasta que las fuerzas terrestres pudieron avanzar y tomar dichas posiciones. En uno de los ataques de la aviación, uno de sus cazas (que era pequeño, según el informante), alemán al igual que su piloto, fue alcanzado por el fuego enemigo y, aunque averiado, logró aterrizar en los prados junto al cruce de Maraña.

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 AVIÓN MESSERSCHMITT BF-109 DE LA LEGIÓN CÓNDOR

3.7. LA DKW MISTERIOSA

Antes de que llegara el ejército a La Uña, se instaló allí una DKW, que se situó donde se halla en la actualidad el garaje del pueblo. Era un equipo de transmisiones. Estaba integrado por 5 militares alemanes [14]. Dormían en la misma DKW. Se fueron cuando las fuerzas terrestres de los nacionales tomaron las posiciones del frente Tarna-Ventaniella.

3.8. SECUELAS DE LA HUIDA

En su huida, el ejército rojo dinamitó el puente de La Forcada en el puerto Tarna en la vertiente asturiana, que en noviembre de 1939 aún no se había reconstruido; esto impidió el paso de vehículos por la carretera durante un largo período; dio fuego al pueblo de Tarna y derribó  la cabecera del puente de La Foz, acciones todas ellas encaminadas a dificultar el avance de los vehículos de los nacionales.

3.9. ORDEN PÚBLICO

Una vez derrotado el ejército rojo en este frente, mandado por Manuel Sánchez Noriega, Coritu, en el pueblo de La Uña quedó lo que se llamaban fuerzas de Orden Público. Era una escuadra (7 hombres), al mando de un capitán. Fueron reemplazados por la Guardia Civil en 1939.

ADENDA

1.ª ABASTECIMIENTO DE MUNICIONES

Las municiones para abastecer a las tropas nacionales llegaban en camiones hasta La Uña. De aquí se llevaban en carros de vacas hasta la vega de Valdosín y el Arcenorio, puntos de arranque de las fuerzas terrestres nacionales hacia las posiciones del ejército rojo.  El organizador de estos transportes era el presidente del pueblo: Isidoro Rodríguez. El era quien decidía qué vecino tenía que aportar el carro y las vacas y el lugar al que debía dirigirse.

En un primer momento, como los rojos se hallaban en El Venero y el sestil del Cueto, los que iban destinados al Arcenorio no podían subir por el camino de El Melendrín, ya que eran tiroteados por estos desde El Cueto. Lo hacían por el de Las Vallinas hasta La Pría; de aquí a los prados de Balagar, Samargullo y ya dirección Carcedo.

2.ª ENTERRAMIENTO DE LOS MUERTOS

Los soldados nacionales que murieron en la ofensiva contra el frente Tarna-Ventaniella fueron enterrados en el cementerio de La Uña. El enterrador era Pedro Lario. Maximino Diez escavaba las tumbas. Antonio  Ibáñez y Pedro Lario fabricaban las cajas. Para identificar a los muertos se colocaba dentro de un recipiente de cristal un papel con el nombre, y se colocaba en la cabecera, tapado con una teja para que no se rompiera. Algunos familiares vinieron a identificar a los soldados muertos y se los llevaron; otros, no.


[1] Aún se conserva en cada uno de ellos un nido de ametralladoras en perfecto estado. Controlaban el acceso por el valle de Riosol en dirección a Cofiñal y Tarna.

[2] Partido político español fundado por José Antonio Primo de Rivera en 1933, de corte fascista.

[3] Se caracterizaban por su uniforme: camisa azul con divisa formada por el yugo y las flechas, gorro negro, y pantalón negro.

[4] Wenceslao Álvarez Oblanca y Secundino Serrano, La Guerra Civil en León, León, Edilesa, 2009, p. 170.

[5] Los falangistas, además de La Uña,  se instalaron en Puebla de Lillo, Maraña, Lario, Soto, Oseja, Riaño y Portilla. Véase el mapa que aportan Álvarez Oblanca y Serrano, op. cit., pp. 168-169.

[6] PARAPETO: caseta defensiva de piedra, sin ventanas, con aspilleras para disparar.

[7] Iré completando la información de Antonio Ibáñez con la que proporcionan Álvarez Oblanca y Serrano en la obra citada. De acuerdo con esta, las fuerzas armadas nacionales del sector Riaño-Sajambre estaban al mandado del comandante Gómez Seco en noviembre de 1936.

[8] Dentro del VIII cuerpo del ejército nacional del norte de España se hallaba la 81 división al mando del general Múgica. Esta estaba dividida en varios sectores. Uno de ellos era el oriental: La Vecilla, Boñar, Lillo y Riaño. Contaba esta división con 16 batallones, 29 compañías y 9 baterías. Se entiende por batería el conjunto de piezas de artillería  dispuestas para actuar conjuntamente. Su número varía; en la artillería de campaña suele oscilar entre 4 y 6 piezas.

[9] Aprovecho la ocasión para indicar que las unidades del ejército fluctúan en cuanto al número de sus efectivos. No obstante, estos pueden ser valores indicativos: escuadra: 7 hombres al mando de un cabo; pelotón: tres escuadras (21 hombres) al mando de un sargento o alférez; compañía: tres pelotones (61 hombres) al mando de un teniente o capitán; batallón: varias compañías (entre 300 y 1000 hombres) al mando de un comandante; división: varios batallones (entre 10000 y 18000 hombres) al mando de un general.

[10] Desconoce nuestro informante de qué tipo de cañones se trataba, aunque los vio disparar en repetidas ocasiones. Sí recuerda que eran grandes, con ruedas radiales de hierro como las de los carros montañeses, y que iban tirados por camiones. Se podría tratar de cañones Schneider 75/28. Era un arma reglamentaria de los regimientos de artillería ligera del ejército español desde 1906. Al iniciarse la guerra, los rebeldes contaban con 204 piezas de este tipo y el Gobierno con 144. Al finalizar, se contaron hasta 306. Pesaban en arrastre 1730 kilos y tenían un alcance de 8500 metros, por lo que perfectamente podían alcanzar las posiciones antes descritas.

[11] El primer falangista que llegó a la collada fue abatido por disparos del ejército rojo desde Pileñes.

[12] El 25 de septiembre se rompió el frente. El 26 las tropas nacionales  que habían partido de La Uña tomaban el puerto de Ventaniella y las alturas circundantes. El 29 se dominó la carretera  de Cofiñal a Tarna. El 7 de octubre llegaron al pueblo de Tarna, que se hallaba incendiado.

[13] Era esta una fuerza militar de intervención, mayoritariamente aérea, enviada por el III Reich para apoyar a Franco. Desempeñó un papel fundamental en la caída del frente norte del ejército popular. Operaba con diferentes tipos de aviones cazas y bombarderos: Heinkel, Junkers, Dornier y Messerschmitt; el modelo Bf-109 de este último fue el más utilizado, con 136 unidades; se convertiría en el caza estándar de la naciente fuerza aérea española. Tanto el personal como los aviones utilizados eran alemanes.

[14] Como anécdota del comportamiento de estos militares alemanes, el informante recuerda que tenían un perro pequeño. Estando en La Uña, se murió dicho perro y le enterraron en la huerta actual de Gloria Ibáñez, con honores militares, realizando las salvas pertinentes de fusilería.

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LA IGLESIA DE LA UÑA (LEÓN) EN 1806

Cayetano Antonio Cuadrillero fue obispo de León entre 1777 y 1800. Le sucedió en la sede episcopal el extremeño Pedro Luis Blanco, quien estuvo al frente de ella entre 1800 y 1811.

Este último giró su primera visita pastoral en 1806. Entre las parroquias visitadas se halla la de La Uña, arciprestazgo de Valdeburón de Arriba.

CAMPANARIO ACTUAL DE LA UÑA: La campana grande es de 1862; la pequeña (procedente no ha mucho tiempo de Escaro), de 1733, y la del martillo del reloj, de 1793.

Como era preceptivo, el cura párroco, Manuel Díez, emite un informe sobre el estado de su parroquia, que va datado el 21 de julio de 1806:

«Certifico yo, el infra escrito cura párroco del lugar de La Uña, en cumplimiento de lo mandado por su Ilma.
[…].
Y para que conste, lo firmo en La Uña, y julio, 21, de 1806.
Dn. Manuel Diez».

Los asuntos más relevantes de los que da cuenta en un sucinto informe son los siguientes.

Comienza dando los datos de población: 40 vecinos y 110 almas de comunión (personas mayores de siete años). Si comparamos estas cifras con las de la segunda visita del obispo Cuadrillero en 1786, observaremos  que la población de La Uña ha sufrido una bajada considerable: ha perdido 6 vecinos y 63 almas de comunión.

A continuación entra en la información propiamente eclesial. Se nos dice que sigue existiendo una capellanía de sangre[1], atendida por un capellán que es vicario en el cercano pueblo de Liegos. Recordemos que las capellanías de sangre pertenecían a las colativas, que son las autorizadas por la Iglesia, que administra sus bienes como apoyo económico del capellán, quien tiene la obligación de decir en la parroquia de La Uña una misa diaria.

También se informa de que existe un estudiante de Teología, de cuarto curso, nativo del lugar.

RESTOS ACTUALES DE LA ERMITA DE SAN MIGUEL

Para finalizar, detalla el estado económico de la parroquia y demás santuarios del pueblo, observándose que los ingresos han disminuido respecto de 1786. El curato ha pasado de ingresar 2320 reales al año a 1980. La iglesia como tal ingresa 130 reales y tiene de alcance (superávit) 960 reales.                        

De los santuarios existentes (San Miguel, San Roque y Santa Águeda, cuyas imágenes estuvieron en la iglesia vieja y desaparecieron), solo el primero obtiene superávit: 960 reales anuales, contando con unas reservas monetarias de 1100 reales, en poder de tres mayordomos.

SAN ROQUE

SANTA ÁGUEDA

Y nada más dice el informe (AHD de León).

ADENDA POBLACIONAL

AÑO VECINOS ALMAS DE COMUNIÓN
1753 52 ¿?
1786 46 173
1806 40 110

[1] Las capellanías eran fundaciones religiosas, abundantes en la España de los siglos XVI a XVIII, de carácter perpetuo, que tenían una doble finalidad: contribuir a la salvación del alma de sus fundadores y generar una renta para mantener de forma vitalicia al capellán. Intervenían en su fundación tres partes: el fundador, que es quien aportaba los medios económicos, establecía las características de la capellanía y decretaba el proceso de sucesión ante una vacante; el patrono, que velaba por el cumplimiento de las cláusulas de la capellanía, administraba sus bienes, verificaba la celebración de las misas u otros oficios religiosos estipulados, proponía un nuevo capellán y asistía a la visita del obispo u otras autoridades eclesiásticas a la capellanía; el capellán, que cumplía con las cargas espirituales establecidas (misas y demás actos religiosos por el alma del fundador o de sus familiares), residía en la localidad de la capellanía y asistía y servía a las funciones estipuladas. Existían dos clases de capellanías: las colativas (constituidas con la intervención del ordinario del lugar, los bienes pertenecían a la Iglesia, quien a su vez, era su administrador) y las laicales (los bienes se segregaban de la herencia del fundador y quedaban vinculados a la capellanía, no intervenía la autoridad eclesiástica en su constitución, aunque sí velaba por el cumplimiento de las cargas espirituales, y tenían un administrador o patrón que gestionaba sus bienes).

 

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PORTADA DE TRES IGLESIAS

Muchas personas del pueblo de La uña (León) se siguen sorprendiendo cuando les dices que en la portada de su iglesia, por la que han pasado cientos de veces, hay GRABADAS tres fechas que hacen referencia a tres iglesias diferentes del pueblo: la que estuvo en el actual cementerio, la conocida como iglesia vieja y la actual.

Y eso se debe a que desconocen que en la Revista Comarcal (N.º 48, febrero de 2015) ya se publicó la explicación, que ahora traigo de nuevo.

IGLESIA ACTUAL DE LA UÑA (LEÓN)

La fotografía siguiente reproduce la portada que preside hoy la iglesia citada. Estamos delante de una portada de inspiración clásica, de piedra, aunque de factura libre. El vano se abre sobre arco de medio punto compuesto de cuatro grandes dovelas y una clave central marcada en relieve, así como tres arquivoltas separadas por hendidura semicircular.

La portada carece de tímpano y de abocinamiento.

El arco principal se apoya en pilastras de sección rectangular, con doble imposta y basa.

PORTADA ACTUAL DE LA IGLESIA DE LA UÑA

En la clave central se encuentra grabada una cruz. En el lado izquierdo de los pies se lee «AÑO»; en el derecho, «1758». Esto significa que esta portada estuvo en la iglesia que en 1786 se hallaba a la orilla del río, en el cementerio actual, y a la que el cura calificaba de pequeña, ruin, oscura y húmeda.

PORTADA DE LA IGLESIA VIEJA DE 1959, ADORNADA CON UN ARCO DE RAMAS Y FLORES, EN EL CANTAMISAS DEL PADRE JUVENTINO LARIO

Cuando se edificó la nueva iglesia en el centro del pueblo, a lado de la carretera, se trasladó allí dicha portada. Desconozco cuándo se levantó dicha iglesia, que fue derruida prácticamente en su totalidad –solo se conservó una parte de la pared izquierda y una pequeña parte del frontal y la portada- en la primavera de 1960 para erigirse sobre ella la actual. Por eso, debajo de la citada cruz se halla grabado el año de «1961», fecha de la recolocación de la portada, a la que se le añadiría la piedra que se halla debajo de la imposta para darle más altura. La nueva iglesia se inauguraba el 25 de junio de 1964.

Todo lo anterior explica el título de una portada y tres iglesias.

IGLESIA VIEJA DE LA UÑA. AÑO 1956

 

 

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LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN LA LITERATURA: EL QUIJOTE

El día 25 de mayo tuve ocasión de participar en las jornadas Cervantes por León, organizadas por SOFCAPLE. Lo hice en la Biblioteca Pública de León disertando sobre un tema que mi condición profesoral me había llevado a prestar atención en la explicación del Quijote a los alumnos de Bachillerato: el tema leonés.

Como el tiempo en estos casos está siempre tasado, lo circunscribí a las montañas de León en la obra cervantina, con especial dedicación a la historia del cautivo.

El Reino de León a finales del siglo XVI y comienzos del XVII no tiene unos límites geográficos perfectamente definidos, como los tiene hoy la provincia que lleva su nombre. Se consideraba como tal el territorio delimitado por el río Duero por el sur, el Pisuerga por el este, una larga cadena montañosa por el norte y el río Burbia por el oeste.

Esto lo podemos apreciar en el mapa que los cartógrafos BLAEU publican en 1640:

Esa cadena montañosa que se ve cómo recorre dicho reino en su vertiente norte, desde Lugo hasta las Asturias de Santillana, se la conocía como «montañas de León». Las montañas que encontramos por el suroeste ya se llamaban entonces «Montes de León».

En el plano literario, las montañas del Reino de León las encontraremos ya en obras de la Edad Media y después en el Siglo de Oro español, con un doble significado: denotativo (cadena montañosa) y connotativo (vida pastoril y cuna de nobleza).

Cuando Cervantes (1547-1616) escribe y  publica La Galatea (1585) y el Quijote (1605/1615), las citadas montañas las conoce a través de ese mundo literario y del contacto que pudo establecer con la trashumancia, amén de las relaciones personales. No se hace necesario desplazar el origen documentado de su nacimiento desde Alcalá de Henares hasta las tierras leonesas (indocumentado).

TRASHUMANCIA

Y Cervantes sabía que las montañas de León eran algo más más que un referente geográfico. Su uso lo sobrepasaba. Se utilizaban en la literatura por sus connotaciones, por lo que tenían detrás de sí, por su valor de tópico literario.

Las encontraremos en su novela pastoril (mundo de los pastores literarios) y en la famosa historia del capitán cautivo (nobleza guerrera heredera de los godos que lucha contra el infiel, cautivada por el moro y liberada por un jugoso rescate).

NOBLEZA DE MONTAÑA: CASA SOLARIEGA DE PUEBLA DE LILLO

Todo ello lo encontrarás ampliamente documentado en el siguiente enlace:

LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN LA LITERATURA. EL QUIJOTE

 

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(3) LA IGLESIA DE SIERO (LEÓN) EN 1806

En 1786 el obispo Cayetano Antonio Cuadrillero (obispo de León entre 1777 y 1800) realizó su segunda visita pastoral a la diócesis de León. Entre las parroquias visitadas figura la de Siero, arciprestazgo de Almanza.

De ella di cuenta en mi post

https://literaturayotrosmundos.wordpress.com/2013/06/20/la-iglesia-de-siero-leon-en-el-siglo-xviii/

Todavía realizó una tercera visita entre 1790 y 1792. De la documentación conservada no se halla relación del arciprestazgo de Almanza, por lo que se debe suponer o que no visitó dicho arciprestazgo o que la documentación se ha perdido.

IGLESIA ACTUAL DE SIERO

Le sucedió en la sede episcopal de León el extremeño Pedro Luis Blanco, quien estuvo al frente de ella entre 1800 y 1811.

Giró su primera visita pastoral en 1806. Entre las parroquias visitadas se halla la de Siero, que sigue perteneciendo al arciprestazgo de Almanza.

Como era preceptivo, el cura párroco, Nicolás Pérez Aro, emite un informe sobre el estado de su parroquia, que va datado el 24 de julio de 1806. Los asuntos más relevantes fueron los siguientes.

El curato de Siero dependía del obispado de León. Cuando quedaba vacante, el obispo nombraba un nuevo cura a través del sistema de oposición.

 De las cuatro categorías de parroquias existentes, según su importancia (entrada, primer acenso, segundo ascenso y término), la de Siero pertenecía a las llamadas de entrada o las menos importantes,  reservada paras los curas en su primer destino. La de Besande era de primer ascenso; la de Valverde, de segundo ascenso, y la Riaño, de término.

No existe capellanía alguna.

Los ingresos seguían siendo escasos: 500 reales anuales procedentes de censos y de la renta de los prados que la iglesia poseía.

La dotación de la iglesia la califica de muy pobre en ropas y el estado del edifico bastante deteriorado.

LO QUE QUEDA DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL CADO

De las cuatro ermitas que había en 1786, solo quedan dos en pie. La de Nuestra Señora del Cado, cuyo patrón es el marqués de Valverde. A la sazón lo era Joaquín Félix de Samaniego (cuarto marqués). Se dice que está casi arruinada, carece de ropas y no paga a la parroquia nada. Recordemos que se hallaba en Picones.

Se mantenía en pie la ermita de san Miguel «en el casco del lugar» (pueblo), diferente del emplazamiento posterior en el collado de san Miguel. Se dice que está bastante decente y que se mantiene de sus propias rentas, aunque de las 70 misas anuales de aniversario que se deben decir en ella la mayoría no se celebran porque no se pueden cobrar.

En la relación anterior se declaraba que había 10 obras pías de bueyes. El cura certifica que cuando él llega a la parroquias había tres, pero que al presente se han perdido por haber muerto sus responsables.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Y nada más. Este informe es mucho más escueto que el que realizan otros párrocos del mismo arciprestazgo.

La conclusión general que se puede extraer es que el declive del estado eclesial de Siero a comienzos del siglo XIX era evidente: han desaparecido dos ermitas, una está en ruinas, la fábrica de la iglesia está en mal estado y la dotación de ropas es muy pobre…

(AHD 244)

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CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS: (5) LA OLLA DE DON QUIJOTE

Literatura y otros mundos

  1. FUNDAMENTOS

En los últimos días he visto dos programas televisivos sobre Miguel de Cervantes. Como desde hace un tiempo acá está de moda la cocina, el tema de dicho programa era la cocina en el Quijote, con preparación en directo de los platos que en la obra aparecen. Me pareció que el rigor brillaba por su ausencia y que la documentación se les había olvidado, hasta confundir el salpicón con la ropa vieja.

Teniendo en cuenta que la cocina es variable de unas regiones a otras, incluso de unas poblaciones cercanas a otras, no hay que olvidar que el fondo, lo esencial, suele ser común. El propio Sancho así lo reconoce:

—Aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que, por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto…

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ADARGA Y RODELA EN EL QUIJOTE: UN NUEVO DESAJUSTE NARRATOLÓGICO  

1. PLURISIGNIFICACIÓN DE LA OBRA LITERARIA

La obra literaria es plurisignificativa. Quiero decir con esto que cada vez que relees un texto literario completo de enjundia encuentras aspectos significativos, detalles,  que la vez anterior no habías advertido, porque leer es proyectarse sobre la obra. Y esa proyección es cambiante, va con el individuo, forma parte de su desarrollo vital. Por eso, cambian los mensajes del texto literario, se reinterpretan, se hacen nuevos. Se percibe algo que antes no había merecido la atención del lector.

Esto es lo que me ha pasado con una relectura de la primera parte del Quijote por motivos profesionales y deleitosos.

Comentaba con mi inquiridor cómo Cervantes hacía pasar dos noches en la misma noche en la venta a sus ocupantes en la historia del capitán cautivo y, a la vez, les hacía cenar dos veces. Igualmente se alteraba el orden de nacimiento de los tres hermanos montañeses de León, los Pérez de Viedma, y su oficio en el encuentro del capitán y del oidor. Y la causa es muy probable que fuera por ser dicha historia episodio narrativo intercalado después de haberse escrito el resto de la primera parte y no revisar concienzudamente Cervantes lo que sucedía antes, durante y después de la inserción.

Igualmente le comentaba que de estos dos desajustes ya había dado cuenta en este mismo blog en la serie CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS, pero que no había incluido un nuevo desajuste, ahora observado, por la sencilla razón de que en la anterior lectura del Quijote no me había percatado de él. Tiene este que ver con las armas defensivas que utiliza don Quijote a lo largo de la obra.

ASTILLERO

2. DON QUIJOTE SE PROTEGE CON UNA ADARGA

Así inicia Cervantes la primera parte del Quijote:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Dos son las armas que don Quijote guarda en su casa, ejemplos patentes de su hidalguía guerrera, vestigios de una edad pasada, tal vez heredadas de los Quijana, sus nobles antepasados: la lanza y la adarga. Estas, junto con el caballo, eran elementos imprescindibles para servir al rey cuando este lo pidiera y no decaer de su condición de hidalgo.

ADARGA

Centrémonos en la adarga.
Era esta un arma defensiva de guerra. Se trataba de un escudo ligero de cuero de forma ovalada o de corazón utilizada en los enfrentamientos a caballo para defenderse de la lanza. El Diccionario de Autoridades (1726) nos la describe y nos aporta información interesante:

Cierto género de escudo compuesto de duplicados cueros, engrudados y cosidos unos con otros, de figura cuasi oval, y algunos de la de un corazón. Por la parte interior tiene en el medio dos asas: la primera entra en el brazo izquierdo, y la segunda se empuña con la mano. Usábanlas antiguamente en la guerra contra los moros los soldados de a caballo de lanza. Y aún hasta poco a esta parte se conservaba esta milicia en Orán, Melilla y costa de Granada, y hoy día se conserva en la plaza de Ceuta, aunque en menor número que antes. Servía la adarga para guarecerse de los golpes de la lanza del enemigo. Consérvase el uso de ellas (aunque menos fuertes) para las fiestas de cañas y alcancías.

DON QUIJOTE EN SU PRIMERA SALIDA

Don Quijote abandonó su lugar en el capítulo dos. Solo y a lomos de Rocinante, en un día caluroso del mes de julio. Sale sin que nadie le viera pertrechado de todas sus armas: brida, lanza, adarga y coselete. Con ellas le encontraremos en la venta (I, 3) donde fue armado caballero. Y con ellas inicia en enfrentamiento con los mercaderes. Al embestirlos, Rocinante cae al suelo y con él don Quijote, quien no se puede levantar por el peso de sus armas: «tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada». (I, 4)

En tal estado es encontrado por un vecino de su mismo lugar, Pedro Alonso, quien le levantó del suelo y le acomodó en su jumento para volverle a su pueblo.

Respecto de las armas de don Quijote, esto es lo que dice el narrador:

recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liolas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo. (I, 5).

3. ABANDONA LA ADARGA POR UNA RODELA

Vuelto a casa, repuesto de sus heridas, en el capítulo siete encontramos de nuevo a don Quijote que inicia su segunda salida. Esta vez acompañado ya de escudero: Sancho.

Nada se sabe de qué ha sucedido de la adarga que llevaba en su primera salida y que era escudo apropiado para la lucha a caballo con lanza. Recordemos que las armas o lo que quedaba de ellas habían sido recogidas por Pedro Alonso y llevadas a lomos de Rocinante hasta su lugar de origen.

La adarga se ha sustituido por una rodela o escudo redondo y delgado, de madera. En esa época, era el arma defensiva que se utilizaba normalmente para pelear a pie con espada. Así pues, ¿no resulta incongruente el uso de dicha arma para luchar a caballo como hará don Quijote?

RODELA

De esta guisa consiguió don Quijote su rodela:

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros; y, vendiendo una cosa y empeñando otra, y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. Acomodóse asimesmo de una rodela, que pidió prestada a un su amigo, y, pertrechando su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester (I, 7).

Con rodela embiste a los molinos de viento (I, 8), se enfrenta al vizcaíno (I, 8) y se defiende del apedreamiento que recibe por parte de Ginés de Pasamonte y sus amigos (I, 22).

APEDREAMIENTO DE DON QUIJOTE

Antes de este último episodio, después del enfrentamiento con los encamisados, don Quijote decide ponerse un «nombre apelativo como lo tomaban todos los caballeros pasados». Elige el de caballero de la Triste Figura. Pero no lo utilizará antes de cumplir con un rito caballeresco cual era grabar en su escudo su signo identificativo. Así lo llevaban grabado en sus escudos dos de los caballeros a los que se enfrentó don Quijote: el de los Espejos y el de la Blanca Luna. En el caso de don Quijote este será su emblema, «una muy triste figura»:

Rióse don Quijote del donaire de Sancho, pero, con todo, propuso de llamarse de aquel nombre en pudiendo pintar su escudo, o rodela, como había imaginado. (I, 19).

Lo vemos acompañado de rodela por última vez en la venta cuando se presenta a la princesa Micomicona para ofrecerle la defensa de su persona y la reconquista de su reino:

Salió, en esto, don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y arrimado a su tronco o lanzón. Suspendió a don Fernando y a los demás la estraña presencia de don Quijote, viendo su rostro de media legua de andadura, seco y amarillo, la desigualdad de sus armas y su mesurado continente, y estuvieron callando hasta ver lo que él decía, el cual, con mucha gravedad y reposo, puestos los ojos en la hermosa Dorotea, dijo: (I, 37)

4. DE NUEVO, LA ADARGA

Sin que Cervantes dé explicación alguna, sin que se pueda aventurar la razón, encontramos de nuevo que don Quijote ha trocado rodela por adarga en la misma venta.

Sintiéndose caballero andante, defensor de todos, cuando los huéspedes de la venta deciden acostarse, don Quijote se ofrece a velar por la seguridad de los inquilinos de la venta. Para ello, sale fuera, se pertrecha de sus armas y se sube a lomos de su caballo Rocinante. Inicia su vigilia defensiva. Maritornes llamará su atención a través de un hueco en la pared del pajar. Allí le pide que le dé su mano para contemprarla. Don Quijote, aunque a regañadientes, accede y Maritornes aprovecha para atarle el brazo con una cuerda a un cabestro. Así estará don Quijote hasta que es apeado de Rocinante y queda colgado en la pared por su brazo:

En efeto, fueron tantas las voces que don Quijote dio, que, abriendo de presto las puertas de la venta, salió el ventero, despavorido, a ver quién tales gritos daba, y los que estaban fuera hicieron lo mesmo. Maritornes, que ya había despertado a las mismas voces, imaginando lo que podía ser, se fue al pajar y desató, sin que nadie lo viese, el cabestro que a don Quijote sostenía, y él dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los caminantes, que, llegándose a él, le preguntaron qué tenía, que tales voces daba. Él, sin responder palabra, se quitó el cordel de la muñeca, y, levantándose en pie, subió sobre Rocinante, embrazó su adarga , enristró su lanzón, y, tomando buena parte del campo, volvió a medio galope, diciendo:(I, 44)

A partir de aquí desaparece la rodela y vuelve a utilizar la adarga sin que sepamos el motivo de tal cambio, como queda dicho.

Un nuevo desajuste narrativo.

Sirva de advertencia para los ilustradores que representan a don Quijote con adarga o rodela indistintamente. En la primera salida debe llevar adarga. Rodela, en la segunda, hasta el capítulo 37. A partir de aquí, adarga de nuevo.

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MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (5) Feria de maestros en Cangas de Tineo

1. A MODO DE INTRODUCCIÓN

Antes de entrar en la llamada «feria de maestros», creo conveniente explicitar, para los más jóvenes, qué era una feria en los años 20 del siglo pasado. Y no he encontrado mejor explicación que la que nos da el Diccionario de Autoridades (1732):

concurrencia de mercaderes y negociantes en un lugar y día señalado para vender, comprar y trocar ropas, ganados, frutos u otros géneros necesarios al uso común.

Centrémosnos en el ganado y en su venta. El propietario acude al recinto ferial, procedente del lugar en el que se celebra la feria y de los pueblos aledaños. Allí expondrá sus animales, bien presentados, para su venta. Los tratantes intentarán comprar dichas reses una vez examinadas visualmente y a través de un proceso negociador que se caracteriza por el regateo. Si se llega al acuerdo, la venta se sella con un apretón de manos. Entonces se procede al registro del animal para determinar que no tiene defecto alguno que no haya sido detectado en el primer examen visual y que cumple todas las virtualidades que el vendedor dice tener el animal. Entonces se ratifica la compra por parte del tratante y finaliza esta con el pago y la robla en la taberna. Este es el proceso, grosso modo.

Pues bien, Luis Bello, en su obra ya citada Viajes por las escuelas de España (1926), nos habla de una feria en la que se vendían y compraban los llamados maestros babianos y que tenía lugar en tierras del concejo de Cangas de Tineo. En su recorrido asturiano va acompañado por el médico de Villablino (León) y un amigo de Oviedo, a quien le preocupa dicha feria, por lo que se ve obligado a hablar de ella, a pesar de que el tema no es de su agrado y quisiera obviarlo por parecerle denigrante.

Comienza diciendo que la contratación de los maestros babianos en el concejo de Cangas de Tineo «es falso que tenga hoy [1926 o poco antes] sitio en la feria, junto al ganado; pero todavía van a Asturias muchos mozos de Omaña y Babia a ofrecerse de diciembre a marzo, según tradición». Lo que sí admite, como se habrá podido ver,  es la existencia de estos maestros –y en abundancia- en tierras asturianas, que es tradición y que eran considerados como una institución: maestros babianos.

Para describir la feria de maestros se va a valer de una novela publicada en 1922, Entre montañas (La novela de un maestro rural), cuyo autor era Antonio Juan Onieva, inspector de primera enseñanza en Asturias durante varios años y, por tanto, buen conocedor de la realidad docente de los numerosos pueblos asturianos.

A dicha novela recurriremos nosotros directamente. Onieva le dedica el capítulo XVII, que titula «Una feria de Maestros» (pp. 59-63). La sitúa en una población imaginaria que llama Lete, el día de san Andrés. Esta población bien pudiera ser Cangas de Tineo, ya que la feria de san Andrés, el 30 de noviembre, tenía lugar en dicha población. En cualquier caso, según Bello, en el concejo de Cangas.

CONCEJO DE CANGAS DE TINEO (NARCEA)

Ahora sigamos con la novela  de Onieva para conocer los pormenores de estos maestros babianos, cómo son contratados y cuáles eran sus saberes. Aunque el lector se dará cuenta, advertimos que los nombres de los pueblos citados son ficticios.

2. PROCEDENCIA DE LOS MAESTROS Y TITULACIÓN

El maestro de Turuelves, Saturnino Cagigal, se dirige a Castrido, donde desempeña su labor docente el joven maestro titulado José Miguel, protagonista de la novela. A pie, ambos se dirigen hacia Lete, donde llegan a las 12. Allí se les une el maestro de la plaza y los tres van al ferial a presenciar la feria del ganado (vacuno, de cerda, caballar y lanar) y de otras mercaderías. Finalizado el mercado de ganado al mediodía y una vez que han comido en la fonda se dirigen los tres maestros nacionales (de oposición) de nuevo al ferial, pues allí tendría lugar por la tarde la feria de maestros:

Acompañados del maestro de Lete, un señor de avanzada edad, llamado D. Ramiro, se dirigieron los de Turuelves y Castrido al ferial de maestros.

No son maestros titulares estos babianos ―díjoles D. Ramiro―. Ni tienen siquiera certificado de aptitud. Son aldeanos de la región de Las Babias [Babia, Laciana y Omaña], en León, que vienen a esta provincia a dar escuela durante el invierno.

 

BABIA

3. RECONOCIMIENTOO DE SU LABOR DOCENTE

A pesar de que carecen de la titulación académica de maestros, que a la sazón otorgaban las llamadas escuelas normales, de que ni siquiera están en posesión del certificado de aptitud y buena conducta que habilitaba para dar clase de primera enseñanza en escuelas incompletas, su trabajo era reconocido y estimado. Como dirá Bello, «no dejaban de cumplir humildemente un elevado fin».

Generalmente se les contrata para pueblecitos donde no hay escuela nacional, y en determinados casos no puede negarse que hacen un buen servicio, puesto que muchachos, que forzosamente se verían incapacitados para aprender por lo menos a leer y escribir, lo hacen con estos individuos.

4. METODOLOGÍA

Si no han cursado estudios superiores, tampoco han tenido ocasión de aprender metodología alguna docente. Por tanto, hay que suponer que ellos reproducirán la que sus maestros de escuela habían utilizado con ellos o la que de su reflexión pedagógica surja. Eran discípulos del lema educativo «la letra con sangre entra» que aplicarán a rajatabla y de la repetición y memorización como mecanismos de aprendizaje.

No saben otro procedimiento que el del «machaqueo». Es un repeticionismo monótono y pesado hasta la exageración; pero para ellos el único eficaz de la pedagogía.

Antonio Machado (1875-1939 recuerda así la escuela sevillana de su infancia, recuerdos acordes con lo que cuenta la novela:

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

5. SITUACIÓN EN EL FERIAL

Al igual que por la mañana los propietarios de ganados y otros productos exponen sus mercancías, los maestros babianos se exponen a sí mismos para vender su saber:

Acercáronse los tres juntos a un grupo de hombres y muchachos reunidos en corrillos; otros puestos en fila, dispuestos a vender su saber, como aquel sabio griego que en lugar público vendía «prudencia».

6. VESTIMENTA

Van a ejercer en territorio ajeno. Tienen que comenzar vendiendo su ciencia a contratantes desconocidos. La impresión que cause el físico y el vestido no serán ajenos. Por ello, se podría decir que lucen sus mejores galas aptas para pasar el frío invierno en las montañas asturianas. Atrás han dejado el traje de sayal y las madreñas:

Vestían invariablemente traje de pana; tocábanse con boina; envolvíanse el cuello en una bufanda, una de cuyas puntas caía sobre el hombro; llevaban sobre la espalda, a manera de mochila, un atadijo con cintas blancas; calzaban bota fuerte, guarnecida de clavos, y casi ninguno carecía de reloj sujeto con gruesa cadena. Instrumento habitual era un  garrote de nudos o cayada fuerte, labrada por ellos mismos a punta de navaja.

7. INSTRUMENTOS DOCENTES QUE LLEVA CONSIGO Y SABER DE LOS MAESTROS

Como equipaje solo lleva una mochila, por tanto escasa será su ropa de recambio y sus instrumentos pedagógicos. Se diría que estos son los indispensables para probar su saber y después desarrollar su enseñanza: tinta y el tintero, pluma y un libro para enseñar caligrafía.  En cuanto a saberes, todos manifiestan saber leer y escribir, los cuatro tipos de operaciones básicas y algunos problemas, el nuevo sistema de monedas pesas y medidas, romances, la doctrina cristiana, ayudar a misa y un saber muy especial: tocar a «tente nube».[1] En definitiva, lo que exigía la Ley Moyano para la primera enseñanza (Art. 2):

A ver ―gritó un babiano dando una palmada.
Los demás se pusieron en fila. El aldeano de más viso la recorrió con la mirada, como estudiando las cataduras. Y por fin se dirigió a uno de ellos. Mas, como viera allí al maestro de Lete, le dijo:
―Don Ramiro, ¿quiere usted examinar a este?
Don Ramiro se acercó al babiano.
―Vamos a ver. ¿Qué sabe usted?
El babiano descolgó inmediatamente su mochila y sacó de ella un libro, un cuerno con tinta, papel y pluma. El libro era el «Guía del artesano»[2].
―Yo sé leer de corrido, como se puede probar. Y sé echar una firma. Y sé también cuentas. Y además toco el acordeón.
―¿Qué cuentas?
―De las cuatro clases. Y además problemas […]
―¿Y nada más?
―Aparte de la escuela, sé el modo de tocar la campana para desconxurar (disolver o alejar) la nube. Y hago dibujos de navaja en los bastones. Y sé los romances del aparecido, y de Luis Candelas y de Fierabrás y de…

8. EL EXAMEN

La taberna o cantina del pueblo es lugar multiusos. Sirve para beber, para divertirse, para las relaciones sociales, para sellar una compraventa, para recibir a los foráneos… y para examinar a los maestros babianos. Téngase en cuenta que en los pueblos la taberna era el hogar social, el centro de reunión, y por eso se subvencionaba su funcionamiento en aquellos casos de escasa rentabilidad por la escasez de parroquianos. Era lugar importante en los pueblos junto a la iglesia, la escuela y la casa concejo. Y a ella se dirigen maestro y su examinador:

Se marcharon todos con el babiano a la taberna más próxima, como es de rigor que en tal sitio se formalice el contrato, y allí, sentados alrededor de una mesa, leyó, escribió, púsose una suma de dos sumandos larguísimos, inacabables; dijo las pesetas y los duros que son tantos reales y los reales que contienen tantos duros y tantas pesetas, y explicó al fin, dándose mucha importancia, el problema del gitano en la iglesia de los tres altares.

―¿Y de doctrina cristiana?―preguntó don Ramiro.

―Esto no hay que decirlo, porque me sé el catecismo de memoria. Y además enseño a ayudar a misa.

9. EL SUELDO

Ya hemos visto que el sueldo de los maestros nacionales que ejercían en poblaciones de menos de 500 habitantes era escaso; menor que el de cualquier obrero. Por ello, no nos extrañe que estos maestros sin título alguno y pagados por la junta vecinal cobren aun menos. Poco más de una peseta diaria, a lo que hay que añadir el sustento y la cama. Como ya hemos indicado, el hecho de ir pasando por las diversas casas del pueblo que tenían niños de escuela sirvió para que se les designara con un nombre tan expresivo como «cata-potes». En el sueldo no hay regateo:

Cuanto el precio, no hubo regateo. El babiano pidió treinta duros por toda la temporada, desde diciembre a marzo ―con obligación de dar escuela también de noche―, y comida y cama un día en casa de cada vecino. El babiano se despidió de sus compañeros de feria, y con los aldeanos contratantes partió para la aldea.

10. PREFERENCIA DE LOS BABIANOS A LOS MAESTROS DE CARRERA

Aplicando la lógica de que estos maestros babianos se van a adaptar bien a los pueblos asturianos por ser muy similares en la orografía, en la meteorología y en las condiciones de vida, el maestro nacional don Ramiro, el examinador, lamenta que los babianos sean preferidos a los de otras tierras y con titulación. Veamos el razonamiento:

Los aldeanos dicen de nosotros que con bata y gabán ellos, con tanto perifollo ellas, las manos tan blandas de no trabajar, y sin castigar apenas ―porque es de notar que todos estos babianos golpean a los niños bárbaramente-, no se amoldan a los pueblos. Además, matamos a los «neños» haciéndoles que se laven, sobre todo en invierno cuando el agua está tan fría, y que se corten el pelo, las uñas y otras geografías. Si pasan ustedes junto a la escuela de un babiano, no oirán sino el eterno canturreo.

11. EL ACORDEÓN

La diversión en aquellos pueblos montañeses era una realidad reducida a los meses de invierno en los que los trabajos agrícolas habían cesado y los ganaderos requerían menor presencia. Por ello, no debe sorprendernos que se valore especialmente el hecho de que el maestro sepa tocar el acordeón. Con él se animarán las veladas nocturnas y se organizará el baile en zonas en las que los mozos y las mozas necesitaban de pocos y primitivos instrumentos musicales para organizar sus bailes; una botella y un rascador, unas castañuelas, una pandereta, un tambor… Lo que sí puede sorprender es el lugar elegido:

―La clase de día que dan estos maestros apenas tiene importancia. Pero por la noche es ella. Se reúnen en una cuadra, porque no se dispone de otro local en las aldeas, treinta o cuarenta personas entre niños, niñas, mozos y mozas. No hay otra luz que un mal candil de petróleo con un humo apestante, el cual, unido al hedor que exhalan aquellas gentes y a los vahos del estiércol, produce una atmósfera cálida y densa, capaz de arrancar náuseas del estómago más probado. Los mozos suelen apagar la luz y prorrumpen en relinchos, chillan las mozas, lloran los chiquillos, alborota el babiano golpeando con la cayada en el techo, porque sobre el suelo no haría ruido, y se arma una baraúnda infernal un pandemónium infinito…, que termina tirando el babiano de acordeón y armándose un baile agarrao, y…a tragar sudor, polvo y briznas de estiércol.

ACORDEÓN ANTIGUO

12. VUELTA A CASA

Cumplido el contrato y vencido el plazo de dar escuela, el 1 de abril los maestros babianos emprenden el regreso a casa con su dinero ahorrado y con algunas compras a cuestas.  Como nos dice Bello, se reúnen para volver juntos y en ocasiones llenan ellos solos un autobús:

―Y así hasta Pascua Florida ―prosigue don Ramiro―, en que el maestro de Las Babias termina su misión. Cobra sus pesetas, compra un par de botas y alguna prenda de vestir en la villa cercana y se vuelve a su tierra.

13. NO HAY NUEVA CONTRATACIÓN

La lógica de los habitantes de estos pueblos asturianos, hoy, sin duda, sorprende. Nos parecería razonable que el maestro babiano que hubiera cumplido con su trabajo y este hubiera sido del agrado de los vecinos continuara al año siguiente en el mismo puesto de trabajo. Sin embargo, la realidad era otra. Ni los maestros ni los vecinos apostaban por la renovación. Este era el motivo:

―De ningún modo. No hay babiano que pase dos temporadas seguidas en el mismo pueblo. Bien es verdad que dicen los aldeanos que conviene cambiar cada año de maestro, porque los chicos torpes aprenden mejor, y para que los demás no tomen confianza con aquel ni aquel con ellos, y les casque de lo lindo.

CONCLUYENDO

Finalicemos esta panorámica escolar asturiana de las primeras décadas del siglo pasado con las palabras de Bello que dice de los maestros babianos que, con sus luces y sombras, «no dejan de cumplir humildemente un elevado fin». Este no era otro que evitar el analfabetismo y sacar de la ignorancia a un segmento de la población que, por las condiciones geográficas y sociales, las autoridades habían condenado al olvido. Contra este, estas poblaciones, encabezadas por sus juntas vecinales, intentarán poner remedio de la mejor manera que saben.

Parece que en 1926 el sistema de contratación de los maestros babianos no era ya la feria, se había dignificado. Pero Bello reconoce que dichos maestros eran necesarios, «no hay razón para que la costumbre se pierda, pues no ha cesado la necesidad que la creó».

Y esa necesidad, aunque nos parezca mentira hoy, siguió vigente hasta la década de los sesenta del siglo pasado, como podemos atestiguar en el concejo de Ibias (Asturias).


[1] Véase mi post titulado MITOLOGÍA LEONESA: (y 5) REÑUBERO.

[2] Esteban Paluzie y Cantalozella, Guía del artesano. Libro que contiene los documentos de uso más frecuente en los negocios de la vida, y 240 caracteres de letra, para facilitar a los niños la lectura de manuscritos, tan útil a toda clase de personas, Barcelona, 1857. Diversas reediciones en los años posteriores.

 

 

 

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