POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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NUEVO CURSO

Ese caminar por el sendero
ondulante y esperanzador de las letras
comienza hoy lisonjero para el yo,
roto y confundido por las turbulencias del estío.

El trabajo manual agotador,
el contacto con la natura madre sin freno,
llevan al hombre desecho por la vida
por el camino de la farsa y la vida salvaje.

Son recuerdos inconfundibles
de épocas doradas,
recuerdos que se apagan
con la luminosidad cívica
y, aunque la antinomia sea el centro,
la certidumbre es la verdad.

Lucha la pasión
por el desenfreno del mundo,
mientras el alma
se aquieta con el goce de la naturaleza.

Tú, sin sospecharlo,
estás luchando por la materia,
por una materia pura,
enraizada en el estado salvaje
de la exhalación verdínea
de la alta montaña.

No sigas,
la pluma se aturde
ante los nuevos comienzos
y se avergüenza del mundo tartáreo.

Como final en pensar en la negra y solitaria noche:
el olvido de tus paisanos rotos
será  el castigo de tu malidicencia,
el furor de tus hijos
y el oprobio de tu tierra.

(LUIS DE VALDETÉ)

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LLORAMBRE / ARVÍA

La industrialización del campo trajo consigo que las tareas agrícolas y ganaderas dejarán atrás métodos y herramientas milenarias, como el arado romano o la pareja de labranza. Y con ello también se dejó en desuso y en olvido la terminología de esos métodos de cultivo tradicionales y esos aperos de labranza. Buen ejemplo de ello es la palabra LLORAMBRE que me traslada Polín, del pueblo de La Uña (León), persona harto preocupada porque no se pierda la tradición de su lugar de nacimiento.

Él recuerda de su infancia y juventud pasadas en La Uña cómo cuando se iba a uncir la pareja se sacaban de la cuadra las vacas[1] y un conjunto de aperos para uncirlas: yugo, cornales, melenas con o sin cubierta. La palabra que designaba dicho conjunto era LLORAMBRE. “Saca la llorambre para uncir la pareja”. Aunque no la recogen los diccionarios generales ni los léxicos particulares dedicados a alguna zona de la provincia de León, su uso está localizado, además de en La Uña, en la zona de Sajambre y en Valdeón, como citaré más adelante.

En los pueblos de alrededor de La Uña no se tiene constancia de su uso. Así, en los cercanos Maraña y Cofiñal se utilizaba LA ARVÍA, como en Senra y Villanueva de Omaña. Donde sí está profusamente documentada la palabra es en Asturias bajo las formas LLORAME, LLORIAME, LLURIAMEN, LLURAME, LLURANE, LLURIASMEN, LLORIAMEN, ALLORIAMBRES.

En el Becerro gótico del monasterio de san Benito de Sahagún (León), creado en 1110 y que trascribe documentación desde el siglo IX, encontramos documentos en latín que hacen referencia a los aperos de los que venimos hablando. Solo dos ejemplos. El primero de ellos es del año 877. En él se dice que se valoran en 15 sueldos  «duos boues cum suo loramne et cum suo karro». Recordemos que el yugo se ataba al carro en su cabezón por medio del sobeo. En otro de 1089, entre las pertenencias que tiene un monasterio situado en La Uña, entre Martín Diaz y la iglesia de san Cristóbal y que dona Domingo y su madre Flámula al monasterio de Sahagún, aparecen citados animales y aperos de labranza; entre ellos, «uno cauallo, II boues cum sua loramne  i carro». Aquí aparece claro que los animales utilizados en la labranza eran los bueyes y que LORAMNE (del latín LORAMINE) incluye el yugo, las cornales y las melenas. El yugo es un instrumento de madera que se colocaba encima de la cabeza de las vacas de la pareja para que quedaran uncidas mediante las cornales. Las cornales eran las correas de cuero con que se ataba la cabeza de las vacas al yugo. Las melenas eran la almohadilla que se colocaba entre la cabeza de la vaca y el yugo para proteger la cerviz de esta. En leonés diríamos «para que no se mancaran las vacas».

DOCUMENTO DE 1089

Ya en el siglo XVII (1648) encontramos el término latino convertido en un leonesismo. Lo cita el profesor José R. Morala Rodríguez tomado de un documento de Prada de Valdeón (León): «Un yugo con su llorambre». De la zona de Sajambre tenemos varios ejemplos del siglo XVIII citados en el Blog Historia de Sajambre: «Un yugo con su llorambre». En ambos casos, llorambre solo incluiría las cornales y las melenas.

El leonesismo LLORAMBRE tiene su origen en la palabra del latín vulgar LORAMEN, -INIS ´correa del arnés`, que, a su vez, procede de LORUM, -I ´correa`. Esta sería su cadena evolutiva desde el latín hasta el leonés:

– LŌRUM > LŌRĀMEN > LŌRĀMINE(M) > LORAM’NE (pérdida de la vocal postónica) > LORAMBRE (el grupo de nasales añade casi siempre una oclusiva sonora intermedia, pues ambas continuas son difíciles de pronunciar seguidas) > LLORAMBRE (palatización de L- inicial en leonés)[2].

Respecto del origen del término ARVÍA, utilizado con el mismo significado que llorambre y que encontramos en Maraña y Cofiñal (Montaña Oriental) y también en Senra y Villanueva de Omaña (Montaña Occidental), hay que decir que me resulta desconocido y que no lo recoge el DRAE, ni ninguno de los diccionarios leoneses ni asturianos.

Cabe la hipótesis de diferenciar en la palabra ARVÍA dos partes. La primera, AR-, que actuaría como prefijo, al que le seguiría el sustantivo VÍA. Pudiera estar relacionado con el verbo AVIAR, del que procede el sustantivo AVÍO, que en una de sus acepciones significa «utensilios utilizados para algo». Como sustantivo femenino, se habría usado en las zonas señaladas con el significado de aperos o utensilios utilizados para uncir las vacas.


[1] Recordemos que las vacas sustituyeron a los bueyes como animal utilizado en la labranza. Citaré algún ejemplo de la pareja formado por bueyes desde la Edad Media hasta el siglo XVIII.

[2] En La Uña nos encontramos con el topónimo LA LLOMBA, claro leonesismo. Es la forma femenina de LLOMBO ´lomo`, que, a su vez, procede del latín LUMBU(M).

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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RELATO

2. VECERÍA

Suena el agudo sonido de la campana.
Son las seis de la mañana.
Se oyen rumores de puertas abiertas,
es la hora de soltar las vacas,
con sus tintineantes collares
y sus esquilas  doradas.
Sonidos que las identifican
en medio de la naturaleza cerrada,
donde las fieras salvajes
acechan,
donde se oye el esporádico ruido del tiro,
donde se contemplan aún las nieves ya gastadas,
donde se percibe el olor frío
de la gélida mañana.

Una voz llama,
repite mi nombre,
no sé quién llama.

Camino
y al cruzar un arroyuelo
su fondo me reclama.
Pregunta qué misión llevo.
Ordena que refleje mi semblante
en su cara.

No me reconoce,
se extraña,
no soy de los suyos,
no soy de aquella montaña.

La respuesta sale rápida:
que no,
que vivo en el mundo
donde el agua no es clara,
no está clara,
donde su sonido no duerme
ni relaja,
donde los hombres se matan.

Huyo, corro,
su voz me persigue,
no avanza,
cada vez es más débil,
no consigo pararla.

Por fin, cesa su llamada.
Otras numerosas acuden a suplantarla.
Me aterro, tiemblo.
Oigo en lontananza:
que el ser humano sea cada día
más bonanza.

Las vacas, en cambio,
unidas en estrecha amistad
con los campos
pacen tranquilamente ajenas
a la podredumbre de otras aguas.

Se paran, levantan la cabeza,
miran al frente confiadas,
y piensan rumiando
en su próxima llegada
a la cuadra,
donde les esperan las amorosas voces
de su feliz crianza.

(LUIS DE VALDETÉ)

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RAMO DE NAVIDAD DE SANTIBÁÑEZ DE LA ISLA (LEÓN)

En la década de los ochenta del siglo pasado, realicé varias encuestas por los pueblos de la provincia de León sobre el ramo de Nochebuena o Navidad. Unos se fueron publicando en los años siguientes. Otros han vivido sumidos en el infierno de los papeles pendientes. Hoy verá la luz, por fin, el ramo de Navidad de Santibáñez de la Isla (León), pueblo de la comarca de La Bañeza, en la vega del río Tuerto.

Los publicados hasta ahora los puedes consultar en mi blog titulado LITERATURA Y OTROS MUNDOS.

La encuesta se realizó a doña Felicísima Bernardo, que a la sazón tenía 67 años. Por aquel entonces ya no se cantaba el ramo de Navidad. La última vez había sido en 1957. No obstante, ella lo recordaba perfectamente, ya que lo había cantado varias veces en sus años de moza.

La estructura del ramo era de madera. Tenía forma de cruz, y de ahí que se le conociera como ´crucero`. En la parte horizontal iban colocadas las velas, una por cada moza que cantaba. Las velas iban forradas con cintas, llamadas `colonia`. Iban apagadas porque era la ofrenda que se hacía. No llevaba otro tipo de ofrenda.

El ramo se vestía el domingo antes de Navidad en la casa donde se ensayaba el texto que se iba a cantar. Además de las cintas ya mencionadas, se adornaba con abanicos de papel, pañuelos y algún pequeño ramo también de papel. A veces, se incorporaba alguna estampa de la Virgen o de santos.

El portador del ramo era un mozo elegido de entre los quintos de ese año.

El ramo lo cantaban las mozas del pueblo. La parte del texto que llamaremos ´entrada` la cantaban todas las mozas al unísono. Para el resto del cantar, se formaban dos coros, cuyo número dependía de las mozas del pueblo que participaran en la ceremonia ese año. Cada coro cantaba una estrofa alternativamente.

La ´entrada` se cantaba en el pórtico de la iglesia. El resto, de forma seguida, en el interior de la iglesia al finalizar la misa del día de Navidad.

IGLESIA DE SANTIBÁÑEZ DE LA ISLA

TEXTO

ENTRADA

En este portal estamos
estas humildes doncellas
esperando al sacristán
que nos venga a abrir las puertas.

Las puertas ya están abiertas,
entraremos con respeto
a visitar a María
y al divino nacimiento.

Después a Dios le pedimos
y al Señor una licencia
y a nuestros queridos padres
para entrar en esta iglesia.

Adelante, compañera,
hasta el portal de Belén,
que tenemos por muy cierto
que ha nacido Cristo Rey.

En un humilde pesebre
en un establo arruinado,
bello más que un serafín,
hay un niño reclinado.

En unas míseras pajas,
apoyado suavemente,
blanco cual lindo jazmín,
descansa su pura frente.

Una señora admirable,
de peregrina belleza,
más que un tallo de una flor,
reclinando su cabeza.

Se contempla embelesado
un afecto de ternura
y el rostro encantador
imprime su boca pura.

De lejanas tierras, Señora,
vienen tus reyes del suelo,
llenos de amor y de fe,
ante el monarca del cielo.

El incienso como a Dios,
oro como al rey divino
y la mirra como hombre,
hombre mortal y nacido.

Y nosotras las doncellas
no tenemos que ofrecer
más que esta poquita cera,
bien corta dádiva es.

Allá vamos, compañeras,
todas juntas para un lado,
mientras celebra la misa
de Jesús Sacramentado.

CANTAR

Para empezar a cantar
en este sagrado templo,
a Dios pedimos licencia
y al sacerdote del pueblo.

Hoy, día de Navidad,
con muchísima alegría,
venimos a visitar
a nuestra madre María.

Ocupado en vida santa
que hacía sobre la tierra,
esperando el nacimiento
que de los cielos viniera.

Conocía las razones
misteriosas que tenía
reveladas por el cielo
hacia la virgen María.

Ocupado san José
en estos pensamientos
cuando el ángel del Señor
se le apareció en sueños.

Arca llena de virtudes
donde Dios quiso encerrarse,
obra el Espíritu Santo
el misterio más notable.

Por las estrellas del cielo,
paloma que vas volando,
y en sus entrañas llevaba
al Dios santo soberano.

Busca el mismo refugio
en un miserable establo;
entra la virgen María
para Belén caminando.

Y a las puertas de Belén
picó la virgen María,
las puertas ya están cerradas,
que abrir ya no se podían.

Y la caridad ya perdida,
¡oh pobreza despreciada!,
que en la ciudad de Belén
la Virgen no halló posada.

Caminemos adelante,
que el padre eterno nos lo manda,
que no nace el redentor
ni en mesones ni posadas.

Que ha de nacer en un portal,
que más adelante estaba,
a eso de la media noche,
cuando más arrecia la helada.

Nació el Redentor del mundo,
nació el lucero del alba,
más blanco que una paloma,
que a san José le agradaba.

Vinieron los Reyes Magos
guiados por una estrella
a ofrecerle al niño Dios
todas aquellas ofrendas.

Unos le ofrecieron oro,
incienso y mirra también,
y, postrados, le adoraron
como rey de sumo bien.

La Virgen sagrada y pura
lo reclina en un pesebre
con unos pobres pañales
que acomodó de repente.

Mientras que Jesús lloraba
por el frío que tenía,
Herodes, en su opulencia,
lloraba lleno de envidia.

Y mandó que los infantes
de Belén y cercanías
fueran todos degollados
para matar al Mesías.

Y nosotras, muy humildes,
con alegría inefable,
le ofrecemos estas velas
que nos dieron nuestros padres.

Terminamos el cantar,
ahora vamos por la salve,
Dios quiera que bien salgamos
con María nuestra madre.

SALVE

Dios te salve, rosa hermosa,
lucero de la mañana,
estrella resplandeciente,
paloma divina y santa.

Como fuisteis escogida
por la Trinidad sagrada
para ser madre del verbo,
toda la Iglesia es llama.

Madre llena de virtudes,
iluminada de gracia,
concebida sin pecado
en el vientre de santa Ana.

Son tus purísimos ojos
fuente cristalina y clara
donde los fieles devotos
llenan sus almas de gracias.

Es tu lengua angelical
que al niño recién nacido
no cesaba de alabar
y llamarle hijo querido.

Son tus purísimas manos
manos de misericordia
para hacerle el bien a todos
los que tu favor imploran.

Con la planta de los pies
quebrantasteis la cabeza
de la serpiente infernal,
la que engañó a Adán y a Eva.

¡Oh Virgen la más hermosa,
oh pureza angelical,
porque fuiste concebida
sin pecado original!

Te pedimos muy de veras,
Purísima Concepción,
que de guerra, peste y hambre
libres a nuestra nación.

Hallándonos oprimidos
en triste situación,
dad más paz a todo el mundo,
que va de mal en peor.

Te suplicamos, Señora,
con muchísimo dolor;
por mediación de tu hijo
pedimos este favor.

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LOS LOBOS NOS DEJARÁN SIN RECIELLA

«Los lobos nos dejarán sin RECIELLA», exclamaba con voz airada un ganadero astur tras comprobar que el lobo le había matado varias ovejas y algunos corderos. La noticia le llamó la atención a Isolina (La Uña, León) no por las muertes causadas por los lobos, noticias más habituales de lo deseado en las redes sociales, sino por el uso de la palabra RECIELLA.

Hacía muchos años que no la oía en La Uña. Quizá desde sus tiempos de joven, cuando existían veceras de todo tipo de ganado en el pueblo y en alguna ocasión le tocó ser la pastora de aquella vecera: Se decía mañana me toca la RECIELLA. ¿Qué era? La vecera de las ovejas. Yo, de pueblo como ella, aunque en la raya con Palencia, y habiendo ejercido de joven ocasionalmente el pastoreo, puedo ya confesar que no la había oído nunca y menos conocido sus significado. Por lo tanto, es un sustantivo femenino y colectivo.

Traslado la pregunta de su significado a Rosa Mari (también de La Uña), memoria viviente propia y de su abuela. O bien recuerda ella las cosas porque las ha vivido o las recuerda porque se las contaba u oía a su abuela. Sin dudarlo, dice que RECIELLA se utilizaba para designar “a lo pequeño”, como corderos, chivos, terneros, etc. Sería sinónimo de `recría´. Incluso comenta que también se aplicaba a los niños pequeños: «¡Vaya RECIELLA que se ha juntado esta mañana en El Altico¡» O referido a las familias con muchos hijos y seguidos: «Ha aumentado la RECIELLA de Matilde». La palabra también es conocida por Polín (otro referente local del recuerdo del pasado), quien lo refiere a «los corderos y los chivos, el ganado más pequeño que había».

RECIELLA DE CHIVOS

Hace ya tiempo que en La Uña no tenemos la oportunidad de conocer RECIELLA, aplicada tanto a los animales brutos como, en sentido figurado, a los niños.

En la montaña de Riaño también se utilizaba la palabra, un leonesismo más, conservado de aquellos tiempos en que el leonés era su lengua materna. En Riaño se llamaba RECIELLO a los recién nacidos. En el valle de Valdeón, según Virgilia Casares Álvarez era el «Conjunto de crías pequeñas de un animal».

El leonesismo RECIELLA/O se utiliza, amén de lo ya citado,  en algunas de sus variantes en las  zonas leonesas de Murias de Paredes y en Sajambre, como podemos leer en el Léxico del leonés actual de Janick Le Men: RECIETSO, RECIETSA, REIXIELLO, RECIECHA, RIXIELLO, RICIETSA, RICIELLA, RECIECHO. También es de uso, con sus formas propias, en Galicia, en Asturias, en Santander y en zonas de Portugal. Los diccionarios de la RAE no la han recogido nunca.

CHARLES DU FRESNE

El origen de la palabra RECIELLA tiene que ver con la latina RĒS ´cosa`, ´propiedad`. En español hallamos la palabra RES ya en el siglo XIII y Nebrija la recoge ya en 1495 con un significado diferente al latino: «Cabeza de ganado menor o mayor». Y desde aquí hasta la actualidad. El DRAE, en su edición electrónica, la mantiene con el significado de «Animal cuadrúpedo de ciertas especies domésticas». El cambio de significado del latín al español lo explica Corominas «por una concreción de sentido semejante a la sufrida por ganado, que propiamente significaba ´bienes adquiridos`».

De la palabra latina RĒS se formaron ya en latín clásico los diminutivos RĒCULA (Plauto) y RĒSCULA (Apuleyo). Estas formas y otras procedentes de ellas recogen algunos glosarios de los siglos XVI, XVII y XVIII, usadas por escritores medievales y anteriores[1], como REICULA, RECELLA, RESCELLA, REICOLA, todas ellas diminutivos.

El leonesismo RECIELLA, según Emilio Alarcos,  tiene su origen en RĒSCĚLLA. El grupo consonántico –SC- habría producido el fonema antiguo sordo [Ŝ] que habría evolucionado a [θ] en la forma actual utilizada en La UÑA. La  -Ě- breve latina diptonga en –IE-, conservando el diptongo, fenómeno lingüístico propio del dialecto leonés.

FRAY MARTÍN SARMIENTO


[1] Giuseppe Laurenzi (1583-1647), Amalthea Onomastica; Charles du Fresne (1610-1688), Glosarium ad Scriptores mediae et infimae latinitas; Fray Martín Sarmiento (169-1772), Colección de voces y frases gallegas.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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RELATO

1. EL VIAJE

Calado por los ojos llorosos del universo,
aturdido por el destructor ruido
de las máquinas móviles,
emprende el yo
el camino directo hacia las regiones,
MONTAÑA,
donde el aire puro,
todavía sin contaminación,
insuflará fuerza vital a sus pardos pulmones.

Avanza continuo el paisaje
y tras la ciudad ruido
aparecen los pueblos purificados por el silencio de la noche,
aunque violados por el paso de las carreteras.

La contaminación no es ya la señora
que nos despierta cada mañana
con su inyección de anhídrido carbónico,
la incesante verdura
de los alegres y divertidos prados
responden con voz irónica y altanera
a la pululación de gases quemados.

Sigue con el pie a fondo
y, a medida que avanza,
que el cielo se estrecha
cayendo sobre tu vista cansada,
el corazón se ensancha
y olvida por días todo lo que es
muerte, odio y venganza CIUDADANOS.

Solo tiene ojos para mirar
la belleza de los paisajes,
para contemplar,
admirado,
el silencio inmutable de los árboles,
para escuchar la música de los campos
en breves intervalos,
ara saber oír el rauco mugido de las vacas
apacentadas en las laderas,
para traspasar el semblante del labriego,
pobre y lleno de harapos,
para desvalijar la riqueza de su alma
con los impuros deseos,
para poder SER como ellos,
para saber escuchar
la armonía sonora de la naturaleza.

(LUIS DE VALDETÉ)

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LAS VACAS DUENDAS PA LA GÜERÍA DE ABAJO…LAS VACAS PARIDAS PA…

En la montaña oriental leonesa, y concretamente en el pueblo de La Uña, el aprovechamiento de los pastos comunales en los montes de utilidad pública lo realizaban los vecinos organizando sus ganados en grupos que llamaban VECERAS. Digo lo realizaban, porque desde hace años estas han desaparecido debido a la jubilación de la mayoría de los ganaderos. En la actualidad solo quedan cuatro que se han repartido los terrenos comunales y cada uno se encarga de llevar su ganado y cuidarlo en el terreno asignado.

La agrupación se hacía siguiendo criterios de especia  de ganado y dentro de esta se subdividían siguiendo otros criterios como podía ser la edad, su estado, su función, etc. Así, nos encontrábamos veceras de vacas, de ovejas, de cabras, de caballos, de burros, y en algunos lugares hasta de gochos. Dentro del ganado vacuno, la agrupación hacía que existieran veceras de duendas, paridas, cabaña y añojos. Ahora las que nos interesan son las VACAS DUENDAS.[1]

Las vacas duendas eran dos y se las conocía como «la pareja». Eran vacas adultas y fuertes. Realizaban su trabajo uncidas al yugo. Eran las que se utilizaban para realizar las labores de labranza (tirar del carro, arar, trillar, tirar del rastrón, etc.) y cuantas otras requirieran su fuerza y maestría en el tiro, como arrastrar maderas, piedras, arrancar raíces, etc.

El adjetivo DUENDA significa ‘mansa, domada’. Y esto es lo que requería la pareja: un periodo de doma para que aprendiera a ir uncida y realizar las labores de tiro que se le encomendaba, siempre guiada o dirigida por una persona con la ahijada en la mano. Las vacas que iban a la vecera de las paridas no estaban domadas y menos las de la cabaña, que eran las más jóvenes.

DUENDA viene del latín DŎMĬTA, participio pasivo del[FJFF1]  verbo latino DOMĀRE, que en castellano dio DOMAR.

Esta fue la evolución de DOMITA hasta llegar a DUENDA como palabra patrimonial:

  • -O- > UE (diptongación)
  • -I- > Desaparece la vocal breve postónica
  • -T- > D (sonorización).

Dicho adjetivo lo encontramos ya en su forma masculina (duendo) en el siglo trece, y desde entonces ha permanecido en los diccionarios hasta la actualidad, ya que el DRAE lo incluye, aunque a la vista de lo que venimos diciendo debiera corregir parte del contenido:

duendo, da

Del lat. domĭtus, part. pas. de domāre ‘domar’.

1. adj. desus. Manso, doméstico. U. en Cantb., referido a una vaca o a un novillo.

paloma duenda

La vecera de las vacas duendas tenía asignado su lugar de pasto en exclusividad. Eran unos pastos buenos y cercanos al pueblo. En este sentido eran privilegiadas sobre el resto de las vecerías. Pero ¿cómo se llamaba el lugar donde pastaban las duendas? Y aquí viene la sorpresa: GÜERÍA. En La Uña había dos: la de abajo y la de arriba, separadas por la peña Los Bueyes. Eran parcelas de terreno común perfectamente delimitadas.

El origen del término está muy claro: procede de BUERÍA. El cambio de la bilabial oclusiva sonora /B/ por la velar oclusiva sonora /G/ es un fenómeno normal del habla popular: ABUELO > AGÜELO. A su vez, BUERÍA procede de BUEYERÍA (BUEE + ERÍA). Como se podrá observar, el lexema es BUEY, que tiene su origen en la palabra latina BŎ(V)E(M)(BUEE >BUEY), al que se le ha añadido el sufijo –ERÍA, que indica lugar. Por tanto, etimológicamente significaría lugar donde pastan los bueyes. Esto quiere decir que cuando se crea el topónimo la pareja no estaba formada por vacas, sino por bueyes, que dieron origen al topónimo. Así lo atestigua la copia que manejo del Catastro del marqués de la Ensenada (1753) referido a La Uña en la parte que se titula «Resumen de lo personal e industrial, alquiler de casas, utilidades de molinos harineros, alcabalas enajenadas y ganados sumados por cabezas en sus especies, sus esquilmos y valor de labranza, reducido todo a dinero»:

«68 bueyes de labranza.

2 bacas para el mismo ministerio».

Todavía se utilizaba en Siero (Léon), cuando había vacas de labranza, el nombre de BUEYES para designar la vecera de estas, de la pareja.

En los pueblos de alrededor de La Uña el topónimo que se conserva es el de BOYERÍA[2], que tiene la siguiente etimología: BOY (BO(V)E(M) >BOE >BOY)+ ERÍA.

La familia lingüística de BUEY (amén de otros resultados) es larga, aunque buena parte no la recoja el DRAE. Varias de ellas son leonesismos. Esta es la lista: BORÍA, BOIRÍA,  BOY, BOI, BOIS, BOYERÍA, BOYAL, BOYA, BOYADA, BOYAZO, BOYERA, BOYERÍA, BOYERIZO, BOYERO, BOYEZUELO, BUE, BUES, BUEI, BUEIS, BUI, BUY, BUIS, BUEYAZO, BUEYECILLO, BUEYERÍA, GÜÉ, GÜEI, GÜEY, GÜEIS, GÜERíA, GÜY.


[1] Así se llamaban también en los pueblos de alrededor, como Polvoredo, Maraña o Acebedo.

[2] BOYERÍA: Maraña, Polvoredo, Acebedo. Además, BORÍA: Valdeón, Huelde, Llánaves, Barniedo. BOIRÍA: Prioro.


 

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

32

EDAD

Mañana le llaman

«su día grande».

Sin embargo, ese hombre

tiembla ante la responsabilidad

de haber llegado

a la cumbre de la edad,

que no tiene retorno,

 

de haber contraído por imposición

la responsabilidad

de su propio YO,

 

de abandonar la patria potestas.

 

La alegría es de los exteriores;

a él le invade la tristeza,

su corazón llora desoladamente

porque tu recuerdo no ha llegado,

porque el río de la amistad se torna en olvido,

porque el olvido de la persona amada

te sumerge en el dolor.

 

En medio de la noche.

Rompe.

Amén, dijo,

nueva vida

y horizontes blancos.

(LUIS DE VALDETÉ)

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

31

REFLEXIÓN VITAL MELANCÓLICA DESDE LA VUELTA DE LA ESQUINA

Te entregan la vida

para que la administres.

Te la dan como una inversión,

sin asesores bursátiles-vitales.

Te llega en esa edad

que uno no sabe bien cuándo comienza.

Te llega, se hace visible.

No lo dudes.

Quizá no quisiste verla.

No supiste

o no pudiste.

Pero cuando llegas a un punto

cercano al final del periplo,

oteando la meta que los dioses te han marcado

 y empujado con fuerza y rapidez

por la larga y poderosa mano invisible

de la muerte

hacia la no vida,

a duras penas te paras, reflexionas,

quieres visualizar el pasado,

pasar por el presente

y otear el futuro incierto.

¿Qué ves?

Que has invertido bien,

quizá regular o posiblemente mal.

Que la administración ha sido buena, mala o regular.

 ¿Por qué lo ves?

Por los réditos vitales

de los presentes y de los ausentes,

por lo que te están devolviendo.

Y no hay posibilidad de vuelta atrás,

aunque digan que todo

tiene solución, menos la muerte.

Mienten.

Si invertiste todo el capital

y te recompensó con la ruina,

no vuelvas la vista atrás.

Camina.

Acostúmbrate a vivir en la ruina.

Esa será tu felicidad rujinosa

hasta el final de tus días.

Si no lo haces así,

habrás convertido tu resto

en un deambular muriendo

agónicamente

sumido en la pena.

Si acertaste o a medias…

(LUIS DE VALDETÉ)

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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PIPONCILLA

Caña entrecortada,

comienzo flautista,

terminación enorgullecida

por el engullidor

de fibras aromáticas,

ribetes de vetas

rojizas y negruzcas,

fragua de tenues humos,

exhaladora de aromas embriagadores,

impronta para el sosiego,

dulce y, a la vez,

amarga para el cuerpo,

eso eres tú,

serás y has sido,

pipa, piponcilla.

(LUIS DE VALDETÉ)

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