MICORRELATOS DE PUEBLO. (35) OTRA VEZ LA CARAVIELLA…

Hoy la he vuelto a escuchar, en la noche de clara luna. En el Navarín. Me la imagino en lo alto de la rama del haya con los ojos de plato vueltos a Selene. Desafiante. Reclamando su territorio. Acechando a sus víctimas.

Y ya no me he sorprendido. Hasta me gusta bajar al Retorno y pararme a oír en medio de la noche ese raro cantar, esa ronca voz aguileña.

Y, de repente, la chispa que despierta los recuerdos. Fue el de aquella noche que pasaste en Valdemolinos acompañado de madre.

«Siendo niño, como todos los de aquella generación de sierenses, nos tocaba ayudar en las tareas de la casa. Una de ellas era la de pastor. En realidad, recadero pastoril de las órdenes del principal. Unas veces solo de día, otras tocaba dormir en el monte.

Aquella noche, con el cielo estrellado como techo, arrimado bien a la lumbre, tapado con la manta rajona, con los ojos como platos escrutando el firmamento y los oídos más abiertos que de costumbre (seguramente por el miedo) oí un «berrido» lastimero y extraño que me aterró y me hizo preguntar sobrecogido a mi madre:

̶ ¿Dónde está esa cabra que así berra, si por aquí no hay más que vacas?

̶ No es una cabra, hijo. Es la voz de un pájaro que se llama la caraviella, que está llamando a la luna.

Más tranquilo, me fui quedando dormido siguiendo el movimiento del carro».

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FERNANDO DE CASTRO Y PAJARES (1814-1874), PROFESOR DEL SEMINARIO CONCILIAR «SAN FROILÁN» DE LEÓN: 1837-1845

Entre 2011 y 2013 aparecieron los cincuenta volúmenes del Diccionario Biográfico Español publicado por la Real Academia de la Historia. Fue una publicación que nació con polémica, acusada de que alguno de sus artículos carecía de rigor histórico y objetividad. Cada uno de sus artículos va firmado por su autor.

En el año 2018 fue inaugurada la edición electrónica que se puede consultar en la página web de la RAH. Difiere de la anterior en algunos aspectos (por ejemplo se han eliminado las biografías de personas vivas) y se han corregido algunos errores.

En esta obra (edición electrónica) podemos encontrar un artículo dedicado al leonés Fernando de Castro y Pajares, que nació en Sahagún de Campos el treinta de mayo de 1814 y murió en Madrid el 5 de mayo de 1874.

En este extenso artículo se hace referencia a la actividad profesoral del sahagunés en León, en el Seminario Conciliar San Froilán, que es necesario corregir, precisar y aumentar.

Octavio Ruiz-Manjón es el autor del citado artículo biográfico. En él se hace referencia a que Fernando de Castro, como consecuencia de las leyes de exclaustración y cierre de todos los conventos masculinos de órdenes monacales y militares de 25 de julio de 1835 y 11 de octubre de 1835, tuvo que abandonar el Convento Franciscano de San Gabriel de Segovia en febrero de 1836 (exclaustración); allí realizaba estudios de Filosofía desde 1830. A continuación, se dice lo siguiente:

«No interrumpió, sin embargo, su formación eclesiástica y fue ordenado sacerdote en junio de 1838. Desde 1837 había pasado a enseñar Filosofía en el seminario de San Froilán de León, del que será nombrado vicerrector en febrero de 1839».

Debo comenzar indicando que su labor profesoral en el Seminario se inició en el curso 1837-1838 y finalizó en el de 1844-1845 y que, durante estos ocho cursos su docencia se repartió entre los estudios de Filosofía (tres años) y los de Teología (siete años), que cursaban los seminaristas aspirantes a presbíteros. Y que las materias  explicadas en ambos ciclos educativos fueron diferentes.

Su nombramiento como profesor tuvo lugar al comienzo del curso de 1837-38, como ya he dicho, sin haber recibido aún la ordenación sacerdotal y sin título académico alguno. Como se dice más arriba, al finalizar el curso (junio de 1838) se ordenó sacerdote en León.

Su nombramiento está ligado claramente a la situación política-religiosa por la que estaba pasando la ciudad de León, reflejada en el Seminario Conciliar San Froilán (y en la de la diócesis entera, con su obispo ausente), a las leyes aprobadas por el Gobierno liberal progresista sobre la carrera eclesiástica, el plan de estudios de los seminarios, el nombramiento de su profesorado, y a su ideología afín al partido gobernante.

Al finalizar el curso 1834-1835 todos los catedráticos del Seminario Conciliar San Froilán fueron cesados por el poder político en manos de los liberales progresistas y se cerró el centro. Hubo confinamiento y deportación de algunos de sus miembros. Era entonces gobernador civil Jacinto Manrique, quien ceso el 6 de agosto de 1835. Le sucedió Juan Baeza, quien solo estuvo al frente del Gobierno Civil de León  hasta el 26 de octubre. Y tras una breve interinidad de Juan Antonio Gárnica llegó al Gobierno Civil leonés Miguel Dorda, quien tomó posesión el día 16 de diciembre de 1835.

Cesados los profesores que venían impartiendo la docencia en el Seminario, cerrado este centro docente, el nuevo gobernador y una Junta del Ayuntamiento leonés creada ex profeso y presidida por su alcalde Aniceto Cavero (ambos del partido Liberal Progresista) deciden reabrir el Seminario y para ello nombran nuevos profesores en enero de 1836 y el curso comienza el uno de febrero del mismo año, finalizando en junio.

El centro fue dirigido por una junta rectora al frente de la que se hallaban el presbítero Miguel Rubio (párroco de Bercianos del Real Camino) y Vicente José de la Madriz (estudiante en Oviedo de estudios eclesiásticos), nombrados por el gobernador civil y la Junta citada.

Hay que recordar que el nombramiento del profesorado en el Seminario tenía que contar con el visto bueno del gobernador civil quien tenía que expedir a los aspirantes a profesores un certificado de «buena conducta política y adhesión decidida al legítimo Gobierno de su majestad doña Isabel II», según establecía la ley vigente.

Así pues, el nombramiento de Fernando de Castro como profesor del Seminario leonés para el curso 1837-38 tuvo que contar con la anuencia del poder político liberal progresista leonés, representado por su gobernador civil Miguel Antonio Camacho, quien debió emitir el certificado pertinente de buena conducta política y de adhesión al Gobierno de Isabel II del futuro profesor.

Como ya he dicho más arriba, su actividad profesoral se inicia en el curso 1837-38, con veintitrés años. Impartió las asignaturas de Lógica, Matemáticas y Gramática General a los alumnos de primer año de Filosofía, sustituyendo a Vicente de La Madriz, secretario del centro, quien pasó a enseñar Física, Geografía y Matemáticas en segundo. Ya se indica su condición de presbítero en la relación de profesores de dicho curso, tal como se recoge en el Libro de los catedráticos del citado seminario. Recordemos que la información del profesorado que ha impartido la docencia se realiza y firma al finalizar el curso escolar, en el mes de junio. En este caso, va firmada el 18 de junio por el secretario.

En el cuso siguiente, sus enseñanzas las recibieron los alumnos de segundo curso de Filosofía, sin que se especifiquen las materias. Sin embargo, sí que las conocemos porque aparecen reseñadas en el año anterior al referirse a Vicente José de Lamadriz profesor de segundo curso. Eran Física, Geografía y Matemáticas.

En el curso 1839-40, imparte la docencia en tercero de Filosofía, sin que se indique tampoco la materia o materias que imparte. De acuerdo con el plan vigente para los seminarios, que no era otro que el de Filosofía que se impartía en las universidades (Plan literario de estudios y arreglo general de las Universidades del Reino, Real Orden de 14 de octubre de 1824), las materias que se debían impartir eran Metafísica (Cosmología, Psicología y Teología) y Ética (Art. 37).

De acuerdo con lo anterior, se estaba cumpliendo con lo establecido por el plan Calomarde para los estudios de Fisofía: «Tres catedráticos darán esta enseñanza, continuando cada uno con los mismos discípulos» (Art. 33).

En el curso siguiente comienza su docencia a los estudiantes de Teología. Aquí imparte las materias de Teología Moral y Pastoral, y aparece como catedrático: «La desempeñó todo el curso el catedrático en dicha facultad D. Fernando de Castro, presbítero».

Continuó impartiendo esta materia hasta el curso 1844-45. En la referencia de este año se dice que es natural de la villa de Sahagún.

FERNANDO DE CASTRO Y PAJARES

Ya en el curso 1845-46 no figura entre el profesorado del Seminario y regresan a sus cátedras algunos de los clérigos-profesores que habían sido desposeídos de ellas al finalizar el curso de 1835, como Mariano Brezmes Arredondo (catedrático de Sagrada Escritura) o Francisco Fernández (catedrático de Teología Moral), después de un intervalo de once años, como reza y califica el Libro de los catedráticos. No cabe duda de que en la vuelta de estos catedráticos estuvo la subida al poder de los liberales moderados presididos por el general Narváez (3 de mayo de 1844), encabezando la conocida como década moderada, y el cambio de sus relaciones con la Iglesia, que finalizarían con el restablecimiento, de nuevo, de las relaciones diplomáticas entre España y el Vaticano el 27 de abril de 1845.

Así pues, el presbítero Fernando de Castro no impartió la asignatura de Filosofía en el Seminario de León, sino varias asignaturas (arriba explicitadas) en el ciclo de estudios eclesiásticos de Filosofía y en el de Teología.

Siguiendo con el nombramiento como profesor del Seminario, Ruiz-Manjón afirma lo siguiente:

«Estos nombramientos tenían mucho que ver con la carencia de profesores entre el clero que, en muchos casos había abandonado sus puestos por apoyar la causa carlista, mientras que Fernando de Castro parecía simpatizar con las ideas liberales y fue nombrado capellán de la milicia nacional».

Ante esta afirmación solo señalar tres cosas:

1.ª  La diócesis de León en 1837 disponía de 825 parroquias (con su párroco al frente de cada una  ellas), un cabildo catedralicio, otro en San Isidoro, un seminario en Valderas, amén de los clérigos que conformaban la estructura administrativa y dirigente del obispado leonés. Parece, pues,  claro y evidente que no había escasez de clérigos en la diócesis de León para elegir los que habían de dirigir el Seminario y los que habían de desempeñar la función profesoral, por muchos que fueran los que siguieran al carlismo. Si hubo dificultades para encontrar profesores para este centro, la razón hay que buscarla en los políticos leoneses gobernantes en ese momento y su adscripción política.

2.ª Se añade que el clero «en muchos casos había abandonado sus puestos por apoyar la causa carlista». La verdadera razón se halla en que el poder político, ejercido por los liberales progresistas, cesó a los profesores que impartían la docencia en el Seminario por no someterse a sus órdenes o por ser considerados carlistas, no por voluntad propia o para apoyar la causa carlista.

3.ª Por último, se argumenta como causa de su nombramiento profesoral el hecho de que Fernando de Castro «parecía simpatizar con las ideas liberales». No es que lo pareciese, sino que fue una evidencia a lo largo de su trayectoria vital. Como ejemplo, enumero los cargos que desempeñó en su periodo leonés, antes de partir para Madrid en 1845, todos ligados a la ideología liberal progresista:

– El puesto de profesor en el Seminario a esas ideas se debió.

– El cargo de capellán  de la «milicia nacional» de León. Era este un cuerpo armado de ciudadanos que tenía como misión mantener el orden público y defender la constitución. Durante la primera guerra carlista (1833-1840) luchó al lado del ejercito regular isabelino contra los partidarios del infante don Carlos. Siempre se manifestó proclive al liberalismo y al Partido Progresista. Fue disuelta por el general Narvaéz (Partido Moderado) a su llegada al poder.

– Secretario de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos creada por las leyes desamortizadoras de los liberales para organizar los bienes incautados al clero.

– Secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País, asociación de claros principios liberales.

Finalizaré indicando que el protector de Fernando de Castro tanto en León como en Madrid fue el marqués de Montevirgen. Era este el político y gran hacendado leonés José María Vigil Quiñones de León (1788-1853), residente en Madrid, quien en un principio militó en el partido liberal progresista para acabar liderando el partido liberal moderado en León. Fue elegido dentro de este partido diputado a Cortes por el Bierzo en 1845 y nombrado senador vitalicio en 1847.

N. B.

Para quien necesite ampliar los conocimientos sobre lo dicho en este post le recomiendo mi post en este mismo blog titulado

CIERRE Y REAPERTURA DEL SEMINARIO CONCILIAR «SAN FROILÁN» DE LEÓN: 1835-1836

ADENDA

He aquí el cuadro de profesores que impartió la docencia en el Seminario San Froilán durante el curso 1837-38, compañeros de Fernando de Castro:

SEMINARIO CONCILIAR DE SAN FROILÁN DE LEÓN. CURSO 1837-1838
TEOLOGÍA
ASIGNATURAPROFESOR / ESTADOCURSO
TEOLOGÍA MORAL Y PASTORALJosé de Varona 
TEOLOGÍA ESCOLÁSTICA E HISTORIA ECLESIÁSTICAValentín Cayón 
FILOSOFÍA
(METAFÍSICA (Cosmología, Psicología y Teología) y ÉTICANorberto PolancoTERCERO
FÍSICA, GEOGRAFÍA Y MATEMÁTICASVicente José de LamadrizSEGUNDO
LÓGICA MATEMÁTICAS Y GRAMÁTICA GENERALFernando de Castro. PresbíteroPRIMERO
DATALeón, 18 de junio de 1838
SECRETARIOVicente José de Lamadriz
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CIERRE Y REAPERTURA DEL SEMINARIO CONCILIAR «SAN FROILÁN» DE LEÓN: 1835-1836

0. PREÁMBULO

Los seminarios católicos, como centros de formación sacerdotal, fueron creados por el Concilio de Trento en su sesión XXIII celebrada el 15 de julio de 1563, durante el papado de Pío IV. En el capítulo XVIII se establece que todas las catedrales, metropolitanas e iglesias mayores tengan un colegio (seminario) situado cerca de las mismas iglesias para educar religiosamente e instruir en las disciplinas eclesiásticas a los jóvenes (mayores de doce años) que se han de convertir en futuros sacerdotes.

En la ciudad de León, en 1606 se abre el primer seminario: el Seminario Conciliar San Froilán, por disposición de su obispo fray Andrés de Caso. Por falta de recursos económicos se verá obligado a cerrar más tarde. En 1646 abre de nuevo sus puertas siendo obispo Bartolomé Santos de Risoba.

La «Reseña Histórica» del Seminario, que se halla en la página web de la Diócesis de León,  no vuelve a hablar de ningún otro periodo en el que el centro docente hubiera estado cerrado. Sin embargo, como demostraré más adelante, el Seminario estuvo cerrado en un periodo de tiempo que va desde el verano de 1835 al 1 de febrero de 1836, coincidente con el gobierno de los liberales progresistas en España y en las instituciones oficiales de la ciudad y provincia de León.

1. LA CIUDAD DE LEÓN ENTRE 1833 Y 1836: ENFRENTAMIENTO ENTRE EL PODER POLÍTICO Y LA IGLESIA

El 29 de septiembre de 1833 muere el rey Fernando VII. Se inicia la primera guerra carlista entre los partidarios de la reina niña Isabel II y los del pretendiente don Carlos, hermano del rey fallecido. La regente María Cistina entregará el poder a los liberales. La Santa Sede no reconocerá a la nueva reina. Se inicia un periodo de enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado español, cuyo reflejo más evidente fue el anticlericalismo que se puso de manifiesto en la matanza de numerosos frailes en Madrid el 17 de julio de 1834.

El 14 de enero de 1833, viviendo todavía el rey Fernando VII, se produjo en León un levantamiento armado a favor del infante don Carlos, hermano del monarca reinante, al frente del que  se puso el obispo Joaquín Abarca Blanque, que ocupó la diócesis leonesa entre 1824 y 1844.  Fracasado el levantamiento, el obispo huye hacia Portugal donde se hallaba el pretendiente. No volverá más a su diócesis episcopal que será regida por gobernadores eclesiásticos.

Sobre la intervención del clero leonés en el levantamiento dirigido por su obispo Abarca son muy significativas las siguientes palabras de José García de la Foz escritas en 1867:

 «El ejemplo del prelado, aunque no era a la verdad necesario, no dejó de engrosar las filas del pretendiente con individuos del Cabildo y del clero de su diócesis; al mismo campo le siguieron más tarde el  lectoral López, sujeto instruido, pero de genio más a propósito para manejar la espada que para echar bendiciones; el doctoral Cachupín, el penitenciario, el cura de San Juan de Regla, Noriega y muchos otros menos conocidos, pero no menos fieles imitadores del célebre obispo».[1]

Se debe prestar atención a Noriega, que no es otro que el doctor Gabriel Noriega, que a la sazón era rector del Seminario Conciliar San Froilán de León. Había iniciado su rectorado en el curso 1826-1827 y sería depuesto al finalizar el curso académico en 1835.

Pero no se debe pensar que todo el clero siguió a su obispo, sino que también los hubo que se mantuvieron fieles a la nueva reina, Isabel II:

 «Es de notar que no faltaron a la vez en el clero de León personas ilustradas que creían compatible con la religión y el ejercicio del sacerdocio el régimen constitucional, y que eran conocidas por su afición a las ideas modernas. Tal era el chantre de la catedral D. Francisco Díez González, escritor correcto y de profunda instrucción, que gobernó la diócesis sede vacante muchos años, el cura de Cebánito, ilustrado y amante del verdadero progreso, que enseñó varios cursos de Agricultura en el seminario conciliar; el rector del mismo, antes monje agustino, de Mansilla, fray Agustín Hernández; el párroco de Villasinta, cuyo nombre no recordamos en este momento, bibliófilo, escritor, conocedor de los idiomas extranjeros, poeta y filósofo, a quien por esto los neocatólicos de aquellos tiempos calificaban de jansenista, y por último, el actual catedrático de Historia de la Universidad Central, D. Fernando de Castro, fraile en Sahagún, capellán de nacionales de León y protegido en la corte del marqués de Montevírgen, padre del actual».[2]

El 25 de septiembre de 1835 finalizan en España los gobiernos moderados y comienzan los de los liberales exaltados con Juan de Dios Álvarez Mendizabal (25/09/1835 a 15/05/1836). Desde 1833 a 1840, regencia de María Cristina, hubo en España 16 presidentes de Gobierno, lo que da una idea de la inestabilidad política del país.

El triunfo de los liberales supuso unas tensas relaciones entre estos y la Iglesia. El papa Gregorio XVI retiró a su embajador en España en el verano de 1835 y el 27 de octubre de 1836 rompió las relaciones diplomáticas. Trasladado a la Iglesia, habría que pensar también en enfrentamientos entre clérigos progresistas afines al Gobierno y clérigos conservadores, tradicionales, contrarios a las tesis liberales y partidarios de don Carlos, cuyo lema era Dios, patria y libertad.

PLANO DE LA PEQUEÑA CIUDAD DE LEÓN EN LA DÉCADA DE LOS CUARENTA DE 1800

El 2 de agosto de 1836 el ejército carlista del general Gómez entra en León. Contó con diversos apoyos, entre los que destacó los que le proporcionó  la mayoría de la Iglesia, que formó una junta eclesiástica para recabar donativos para los rebeldes. Antes de que llegaran a León las tropas carlistas las autoridades civiles (gobernador civil, alcalde y corporación, presidente de la diputación, etc.) huyeron y se refugiaron en Valencia de don Juan. Una vez que el general Gómez abandona la ciudad vuelven de nuevos sus autoridades.

El 4 de agosto el general Gómez abandona León y se dirige hacia Palencia. En Guardo cambian la dirección y se dirigen hacia Riaño, camino de Asturias. En Éscaro es derrotado por las tropas del general Espartero. Lo que quedó del ejército del general Gómez se dirigió hacia Asturias por el puerto de Ventaniella para seguir hacia Liébana. El gran derrotado fue el carlismo leonés, con una disminución importante del apoyo entre los miembros de la Iglesia.

El 27 de octubre del mismo año la Santa Sede rompe unilateralmente las relaciones diplomáticas con España por la política revolucionaria de los gobiernos liberales y las medidas legislativas contra la Iglesia, especialmente la Desamortización  y la restauración de la Constitución de Cádiz.

2. VERANO DE 1835: FINAL DEL CURSO ESCOLAR EN EL SEMINARIO CONCILIAR SAN FROILÁN DE LEÓN Y CIERRE DEL CENTRO

19 de junio de 1835: El rector del seminario de San Froilán, el doctor don Gabriel Noriega, firma en esta fecha el listado de los profesores que han impartido las asignaturas en dicho centro docente durante el curso 1834-1835:

SEMINARIO CONCILIAR DE SAN FROILÁN DE LEÓN. CURSO 1834-1835
CÁTEDRAPROFESORESTADO /TÍTULACIÓN
SAGRADA ESCRITURAMariano Brezmes ArredondoLicenciado. Presbítero
TEOLOGÍA MORAL Y RELIGIÓNFrancisco FernándezLicenciado. Presbítero
TEOLOGÍA ESCOLÁSTICAFrancisco BauselaLicenciado. Presbítero
FILOSOFÍA MORAL Y MATEMÁTICASSebastián ÁlvarezPresbítero
FÍSICADionisio PradoBachiller. Presbítero
LÓGICA, ONTOLOGÍA Y MATEMÁTICASFélix MongePresbítero
RECTORDoctor Gabriel Noriega

Finalizado el curso, todos los profesores fueron cesados. El rector fue confinado. Mariano Brezmes fue desterrado a Alaejos (Valladolid). Del resto nada sé. Por lo que veremos más adelante, el Seminario fue cerrado. Se supone que por las autoridades civiles.

El 25 de julio de 1835 la regente María Cristina firma el Real Decreto por el que se cierran «Los monasterios y conventos de religiosos que no tengan 12 religiosos profesos, de los cuales las dos terceras partes a lo menos sean de coro, quedan desde luego suprimidos; y lo mismo se verificará en lo sucesivo respecto de aquellos cuyo número venga a reducirse con el tiempo a menos del establecido» (Art. 1).

«Los bienes, rentas y efectos de cualquier clase que posean los monasterios y conventos que deban quedar suprimidos se aplicarán desde luego a la extinción de la deuda pública o pago de sus réditos» (Art. 7).

3.  OCTUBRE DE 1835

El 12 de octubre de 1835 la regente María Cristina firma un nuevo decreto por el que se amplía la exclaustración eclesiástica. En la provincia de León afecta a todos los conventos masculinos de religiosos. Por lo que quedan como únicos centros docentes para hombres los tres seminarios diocesanos: Astorga, León y Valderas.

En la misma fecha el Ministerio de Gracia y Justicia, presidido por Álvaro Gómez Becerra, firma una Real Orden dirigida a los prelados diocesanos sobre la organización de los seminarios diocesanos, que servirá de base para cerrar el Seminario Conciliar San Froilán de León, como veremos más adelante.

Divide la carrera eclesiástica en mayor y menor (Art. 1). La mayor consta de Filosofía (3 años), Teología (7 años) y Derecho Canónico (2 años). Los estudios se adecuarán a lo establecido para este tipo en la universidad, el conocido como plan Calomarde vigente desde 1826. La menor estaría integrada por los estudios de latín, lógica y metafísica (1 año), religión (2 años), teología moral (2 años), pastoral y elocuencia catequística (2 años).

Se dotará a los seminarios del suficiente número de cátedras para impartir tanto la carrera mayor como la menor. Los catedráticos se nombrarán por los prelados diocesanos bien directamente bien por oposición siempre que manifiesten su adhesión «al trono de la reina nuestra señora y a las libertades patrias» y, una vez obtenida la aprobación real, no podrán ser removidos sin autorización y consentimiento de su majestad (Art. 5).

Igualmente se establece que el plazo de veinte días se envíe al Ministerio una terna para nombrar rector y vicerrector cuyos miembros manifiesten «una firme y sincera adhesión al Gobierno de su majestad y a las libertades patrias» (Art. 6), siempre que los actuales no hayan sido nombrados por el Gobierno de su majestad.

«Que en el mismo término de veinte días remitan también al Ministerio de mi cargo razón nominal de los catedráticos actuales de sus respectivos seminarios con expresión de su carrera, concepto público que merezcan por su moralidad y opinión política, y si han obtenido las cátedras por oposición o por libre y solo nombramiento del diocesano» (Art. 7).

Por último, que ninguna persona pueda ser nombrada sacerdote sin haber seguido al menos los estudios de la carrera menor (Art. 9).

Queda claro que los seminarios quedan bajo el control directo del poder político y que todos sus miembros deberán manifestar su adhesión al Gobierno de su majestad. Así pues, todos aquellos que hayan manifestado su adhesión al carlismo o no hayan manifestado su subordinación al poder del Gobierno quedarán cesados o no podrán aspirar a plaza alguna en los seminarios.

4. NOVIEMBRE DE 1835

Por Real Orden de 20 de noviembre de 1835 del Ministerio de Gracia y Justicia se establecen las condiciones que se han de dar en el nombramiento de los clérigos para el desempeño de cualquier cargo o beneficio eclesiástico:

«a fin de facilitar a los muy reverendos arzobispos y reverendos obispos, prelados, cabildos y corporaciones eclesiásticas los medios de poder conocer con exactitud las circunstancias y calidades de las personas que hayan de ser agraciadas, no propongan, provean, colacionen o adjudiquen de modo alguno beneficios, curatos, capellanías, economatos o cualquiera otra prebenda eclesiástica o encargo dependiente de aquellas sin que previamente, y además de las calidades prevenidas por sagrados cánones y leyes de estos reinos, acrediten los interesados con certificaciones de los respectivos gobernadores civiles de las provincias en que residan, su buena conducta política y adhesión decidida al legítimo Gobierno de su majestad doña Isabel II manifestadas con actos positivos y terminantes que no dejen duda».

Será el gobernador civil quien emita tales certificaciones una vez recabada la información pertinente sobre los sujetos que lo necesitaren a los ayuntamientos y a las diputaciones.

5. SESIÓN EXTRAORDINARIA DEL AYUNTAMIENTO DE LEÓN del 22 de diciembre de 1835

INFORME DEL PROCURADOR DEL COMÚN[3] DEL AYUNTAMIENTO DE LEÓN, JOSÉ RAFAEL TÉLLEZ, SOBRE EL CIERRE DEL SEMINARIO CONCILIAR SAN FROILÁN DE LEÓN Y LA NECESIDAD DE SU APERTURA[4]

«Se leyó por el secretario una larga exposición del señor procurador del Común acerca del estado lamentable en que se hallan los estudios públicos de esta ciudad, especialmente el Colegio Seminario de San Froilán, cerrado hace tiempo, en grave perjuicio de la ilustración y de los jóvenes concurrentes a sus cátedras.

Y, después de extenderse en varias observaciones relativas al caso, propone a esta Corporación se sirva invitar al señor gobernador civil, por los medios que se crean más eficaces y conducentes, para que, si como es de creer estuviese en la esfera de sus atribuciones, se sirva acordar lo más pronto posible la apertura de dichos estudios, restableciendo en ellos además la cátedra de Matemáticas que ya ha habido.

Que a este fin se le ruegue proceda desde luego por sí y sin intervención alguna de los gobernadores eclesiásticos a nombrar interinamente todos los dependientes del citado colegio desde el rector hasta el portero, previos los correspondientes informes de su conducta moral y política y de una decidida y conocida adhesión a la justa causa de la reina nuestra señora.

Que se le ruegue que, consultándolo a su majestad antes o después de la apertura, se sirva impetrar[5] de su real munificencia la gracia de que los alumnos que concurran desde dicha época hasta fines de junio del año próximo ganen curso con tal de que asistan con aprovechamiento.

Que en dicha comunicación se recomiende a su señoría los sujetos que se crean más apropiados para el desempeño del rectorado y cátedras llamándole la atención sobre el injusto despojo en que continúa el rector que fue en la última época constitucional y sobre la utilidad que traería el echar mano para algunas de las cátedras de varios de los religiosos que se hallan hoy exclaustrados, siempre que reúnan los requisitos y circunstancias necesarias.

Y finalmente que en la misma comunicación, o por separado, se le haga presente el contraste que se observa entre la conducta de estos gobernadores eclesiásticos y lo que tan justamente exige el Real Decreto de veinte de noviembre último[6] con respecto a los aspirantes a piezas eclesiásticas, concluyendo en excitar el celo de dicho señor gobernador civil para que por los medios que estén en sus atribuciones y le dicte su prudencia remueva las causas de los males que se están causando a la pública por la irregular conducta de dichos gobernadores.

Y el Ayuntamiento, después de alguna discusión, conviniendo unánimemente en las proposiciones del señor procurador, acuerda que, tomándolas por base la secretaría y conforme a ellas y a lo demás que ha oído en el particular, arregle una comunicación para dicho señor gobernador civil, indicando en ella como sujetos a propósito para el desempeño de la plaza de rector a el que ya lo fue, el señor cura párroco de Trobajo de Arriba y el presbítero don Miguel Rubio, párroco de Bercianos del Real Camino Francés.

Y para hacer entrega personalmente de dicho oficio y explanar verbalmente su contenido, se comisiona a los señores procurador del común y regidor González[7]».

6. SESIÓN EXTRAORDINARIA DEL AYUNTAMIENTO DE LEÓN del 10 de enero de 1836

COMUNICACIÓN DEL GOBERNADOR CIVIL, MIGUEL DORDA, AL AYUNTAMIENTO SOBRE LA NECESIDAD DE NOMBRAR UNA COMISIÓN PARA QUE NOMBRE AL PERSONAL QUE HA DE REABRIR EL SEMINARIO CONCILIAR DE SAN FROILÁN DE LEÓN E IMPARTIR LA DOCENCIA.

 «El presidente manifestó que en el día de hoy había recibido un oficio del señor gobernador civil acompañándole una comunicación para dar cuenta de ella a este Ayuntamiento con prevención de que para ello se sirviera reunirle en sesión extraordinaria a la hora en que lo había verificado y que la comisión que en dicho oficio se propone esperaba dicha autoridad superior se personase en el Gobierno Civil de su cargo a las doce de este mismo día, o antes siendo posible.

Se leyó por mandato del señor presidente la citada comunicación, cuyo tenor es el que sigue:

Las penosas tareas del destino que su majestad tuvo a bien confiarme[8] y el despacho urgente de negocios del mayor interés no me permitieron al principio dedicarme a un asunto que siempre ha llamado muy particularmente mi atención cual es el de la apertura del Seminario Conciliar de San Froilán, nombramiento de rector, catedráticos y demás plazas.

Ese ilustre Ayuntamiento, que sobre el particular simpatizaba con mis propias ideas, por el convencimiento que sin duda le asiste de que llevando a efecto proyecto de tanta utilidad se hace también un distinguido servicio a la causa de la civilización, se sirvió dirigirme su comunicación de fecha 22 de diciembre último indicándome la necesidad de poner término a los males que causa la singular conducta de los gobernadores eclesiásticos y la conveniencia  pública de echar mano para rector del cura de Trobajo en lugar del párroco de San Lorenzo, que sustituye las funciones del confinado.

La misma Corporación me pasó al día siguiente otro oficio a instancia del procurador del Común en el que hacía presente la precisión de plantear el plan de instrucción  pública que desde mi llegada a esta ciudad me había propuesto.

No obstante, deseoso del acierto y queriendo proceder con el mayor tino en materia de suyo difícil, me pareció regular oír a la Sociedad de Amigos del País y a la Diputación Provincial, cuyas dos corporaciones abundan en los mismos sentimientos que vuestras señorías.

De consiguiente, habiendo dado conocimiento de todo al Gobierno y viendo que el prelado diocesano[9] se niega abiertamente a la observancia de lo prevenido en Real Orden de doce de octubre próximo pasado, expedida por el Ministerio de Gracia y Justicia, y que por el de la Gobernación del Reino me fue en 31 del propio comunicada para su cumplimiento, nada más me resta que la exacta ejecución de la voluntad soberana, con cuyo objeto he creído lo más conveniente crear una comisión, que me ilustre y auxilie en la realización de la obra principiada hasta concluirla con la regularidad que anhelo, compuesta del alcalde regidor ordinario como presidente de ese Ayuntamiento, del procurador del Común y de otro individuo de su seno, nombrado por la misma Corporación.

Espero y me prometo del celo y patriotismo de vuestras señorías el que merecerá su aprobación semejante medida, puesto que la reclama el bien general de la provincia y el particular de la capital.

Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

León, 9 de enero de 1836.

Miguel Dorda.

Al muy ilustre Ayuntamiento de esta ciudad.

En su vista, el Ayuntamiento acordó nombrar para asociarse a los señores alcalde y procurador en la comisión que va referida al regidor don Mauricio González, y que así se avise al señor gobernador civil por contestación, dándole en ella las gracias por haber accedido a la súplica de este Ayuntamiento, tan útil a la población y provincia como conveniente a la mejora del espíritu público».[10]

Así pues, La Junta del Ayuntamiento que ha de intervenir en el nombramiento de todo el personal que ha de poner en funcionamiento el Seminario quedó constituida por el alcalde Aniceto Cavero, el procurador del común José Rafael Téllez, y el regidor Mauricio González.

7. INICIO DEL CURSO EN EL SEMINARIO CONCILIAR SAN FROILÁN DE LEÓN: 1 de febrero de 1836

Con fecha 30 de enero de 1836 se reúne el Ayuntamiento de León en sesión extraordinaria en cuyo orden del día se trató de un oficio recibido del gobernador civil, Miguel Dorda, en el que comunica el inicio del curso escolar del Seminario Conciliar de San Froilán, el lugar de su apertura y la esperada asistencia de toda la Corporación municipal:

«Se dio cuenta de un oficio del señor gobernador civil, fecha de ayer, que ha sido el objeto de esta convocatoria extraordinaria, reducido a notificar al Ayuntamiento que estando resuelto por la Junta del Seminario Conciliar de San Froilán que la apertura del mismo se verifique con toda solemnidad en el día primero de febrero próximo con asistencia de todas las autoridades y corporaciones, ha resuelto que la reunión sea a las diez y media de dicho día en estas casas consistoriales, y que por lo mismo se promete la asistencia de esta Corporación esperando que si en ello hubiese algún inconveniente se lo participe oportunamente.

El Ayuntamiento en su vista acuerda asistir a este acto de ceremonia y que así se diga por contestación a dicho señor gobernador expresando que si antes hubiese algún impedimento para ello se le notificara como desea».[11]

En el comunicado del gobernador civil llaman la atención dos cosas: que el Seminario esté regido por una junta y no por un rector y que la apertura solemne no tenga lugar en dicho centro, sino en la sede del propio Ayuntamiento. Creo que es un ejemplo más de cómo el poder civil quiere someter al poder eclesiástico.

7. JUNIO DE 1836: FINALIZACIÓN DEL CURSO

El 12 de junio de 1836 se firma la relación del profesorado que ha impartido la docencia en el Seminario Conciliar de San Froilán de León en el curso que se inició el 1 de febrero. Aparecen denominaciones nuevas de asignaturas en relación con el curso anterior y han desaparecido del cuadro de profesores todos los que venían desempeñando las cátedras, todos son nuevos, de diversa procedencia y nombrados por el gobernador civil y la Jnta del Ayuntamiento que había sido constituida al efecto.

Este es el encabezamiento que figura al frente de cada nombramiento, con la única modificación de la fecha:

«En …….. de enero de 1836 fue nombrado por el señor gobernador civil de la provincia y la Junta del Ayuntamiento creada al efecto para desempeñar la enseñanza de dicha cátedra don ………….y lo verificó todo el curso de 1836».

Lo firman en el Libro de los catedráticos del citado Seminario Miguel Rubio (era párroco de Bercianos del Real Camino Francés)  y Vicente de La Madriz (cursante de estudios eclesiásticos en Oviedo), sin que figure el cargo que desempeñan cada uno. De los escritos anteriores se infiere que ambos serán los representantes de la Junta que regía en el centro docente.

En el curso 1836-1837, los firmantes son los mismos. Miguel Rubio desaparece en el curso 1837-1838 y solo lo firma ya Vicente de la Madriz como secretario. En el curso 1838-1839 el secretario sigue siendo el mismo y aparece el visto bueno del rector que es Agustín Hernández, monje proveniente del desamortizado convento agustino de Mansilla de las Mulas. A partir del curso siguiente lo firma ya solo el rector que sigue siendo Agustín Hernández, quien fallece en el cargo en curso 1847-1848.

Este fue el variopinto cuadro de profesores del curso 1836, en el que aparecen religiosos y laicos, procedentes de diversos lugares; un licenciado;  un bachiller; dos lectores; un colegial; uno sin especificar, y todos ellos afines al régimen gobernante liberal progresista de Isabel II como exigía la normativa publicada al efecto:

SEMINARIO CONCILIAR SAN FROILÁN DE LEÓN. CURSO 1836
CÁTEDRAPROFESORTÍTULACIÓN /FECHA DE NOMBRAMIENTO
INSTITUCIONES CANÓNICASPedro CendónLicenciado. 16/01/1836
MORAL Y RELIGIÓNJosé M. VaronaLector de Espinareda.[12] 14/01/1836
TEOLOGÍA ESCOLÁSTICAAntonio GutiérrezLector de Teología en Trianos.[13] 26/01/1836
ÉTICA Y METAFÍSICAVicente José de la MadrizColegial del Seminario de San Froilán, pero en ese momento cursante en Oviedo. 14/01/1836
FÍSICABernardo Iglesias27/01/1836
MATEMÁTICAS[14]Bernardo Iglesias27/01/1836
LÓGICA y ONTOLOGÍANorberto BlancoBachiller y cursante en Astorga.[15] 16/01/1836
FIRMANTESMiguel Rubio y Vicente José de la Madriz

[1] José García de la Foz,  «Crónica de la provincia de León», en Crónica General de España. León, Madrid, 1867, p. 84.

[2] Ibídem, p. 85.

[3] De acuerdo con el Real Decreto para el arreglo provisional de los Ayuntamientos de la península e islas adyacentes, de 23 de julio de 1835, los ayuntamientos estaban formador por el alcalde, los tenientes de alcalde, los regidores y el procurador del común, todos ellos elegidos en las elecciones convocadas al efecto. El cargo del procurador duraba dos años. Sus funciones se hallan reguladas en el artículo 51 del citado decreto. El Ayuntamiento de León se constituye el 24 de septiembre de 1835. Estaba formado por Aniceto Cavero como alcalde, dos tenientes de alcalde, siete regidores y el procurador del común José Rafael Téllez. El alcalde, los dos tenientes de alcalde y cinco de los siete regidores eran del partido liberal progresista.

[4] Archivo Municipal de León, Libro de actas capitulares del Ayuntamiento Constitucional de León correspondiente al año 1835. N.º 127, ff. 322r-323r.

[5] IMPETRAR: «Conseguir una gracia que se ha solicitado y pedido con ruegos» (DLE).

[6] Como se habrá podido observar, no es un real decreto, sino una real orden.

[7] Se trata del regidor Mauricio González Unzúe.

[8] Se hizo cargo del Gobierno Civil de León el día 16 de diciembre de 1835 y permaneció en dicho cargo hasta el día 30 de junio de 1836.

[9] Se trata del obispo Joaquín Abarca Blanque, huído de León desde 1833, que formaba parte de la comitiva que acompañaba al infante don Carlos.

[10] Archivo Municipal de León, Libro de actas capitulares del Ayuntamiento constitucional de León correspondiente al año 1836, ff. 3v-4v.

[11] Ibídem, f. 28r.

[12] Se trata del monasterio benedictino de San Andrés, de Vega de Espinareda (León).

[13] Se trata del monasterio dominico de Santa María de Trianos, entre Villapeceñil y Villamol (León).

[14] Impartía esta materia voluntariamente por la mañana.

[15] Se trata del Seminario Diocesano de Astorga (León).

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CIMANES DEL TEJAR (León), un topónimo discutido

Este nombre propio toponímico forma parte de los topónimos compuestos, ya que está formado por dos sustantivos comunes unidos por un nexo preposicional: CIMANES + de + el + TEJAR. Es la denominación de una población leonesa que se halla en la cuenca del río  Órbigo, en la zona de Carrizo de la Ribera, y en la que todavía se conserva una tejera, aunque esta sea ya industrial.

No pertenece a los topónimos en los que se explica fácilmente su etimología, el porqué de su creación y su significado, o lo que es lo mismo, su genética.

Y la causa se halla en la primera parte del topónimo, CIMANES. Por ello, que yo conozca, dos son las teorías  que pretenden explicar su etimología y su significado.

1.ª HIDRÓNIMO

Según Eutimio Martino[1], CIMANES es un hidrónimo que procede de la raíz CI (presente en el río CEA) que significa ‘agua’ y el verbo MANARE ‘manar’. Lo fundamenta en que tanto Cimanes del Tejar como Cimanes de la Vega (ambas poblaciones de la provincia leonesa) se hallan al lado del río. Pero «no explica de forma clara la composición y evolución fonética de esas dos raíces», según Francisco Javier García Martínez[2]. A lo que habría que añadir que numerosas son las poblaciones que se hallan al lado de los ríos Órbigo y Esla y su significado nada tiene que ver con el agua. Citemos solo dos ejemplos: Mansilla del Esla, al lado del Esla, y Benavides del Órbigo, al lado del Órbigo.

El origen de CIMANES se hallaría, según esta teoría, en el sustantivo latino CYMA y sería un orónimo o nombre de montaña. Me parece la tesis más plausible que intentaré demostrar basándome en los estudios de Ramón Menéndez Pidal[3], Álvaro Octavio de Toledo[4] y Xose Lluis García Arias[5].

2. ª ORÓNIMO DE ORIGEN LATINO CON INFLUENCIA GERMÁNICA

2.1. CIMA

2.1.1. LEXEMA

El sustantivo castellano CIMA  procede del latín clásico CYMA ‘El bretón o renuevo de la berza’. Es un término botánico. En castellano encontramos ya entre 1220-1250 la palabra CIMA utilizada con el significado de extremo superior (sumidad) de las plantas. En 1251 se data ya el adverbio ENCIMA, compuesto de la preposición EN y el sustantivo CIMA, en el que ya está presente la idea de lo que está en alto o sobre otra cosa. CIMA, metafóricamente, pasó a ser un término geográfico utilizado para designar ‘cumbre’ o parte más alta de los montes, cerros y collados. Y con dicho significado se registra ya en 1490.

Así pues, en el término CIMA, desde el latín,  el sema fundamental es el de ‘PARTE SUPERIOR’.

CIMANES DEL TEJAR (LEÓN)

2.1.2. DESINENCIA

Otro de los elementos constitutivos del topónimo CIMANES es su terminación -NES (como en el también topónimo COTANES[6]). Según Rafael Lapesa [7], la onomástica española cuenta con un buen número de nombres visigodos acomodados a la fonética y morfología latinas y romances. Los nombres masculinos germánicos[8]  en –a poseyeron una declinación cuyo nominativo terminaba en –A y el genitivo[9] en –ANIS, cuyos restos todavía sobrevivían en el siglo XIII tanto en gentilicios como en topónimos (CINTILA, CINTILLÁN; FROILA (FRUELA), FROILÁN; VIMARA, VIMARANIS > Guimaraes).

La terminación del genitivo germánico–ANIS, aplicada no solo a los nombres masculinos visigodos, sino también a otros latinos o castellanos, será la que aporte en esta última lengua en la formación de sustantivos la terminación –ANES. Aplicado a CIMA, el genitivo sería CIMANĬS, que habría dado CIMANES por la conversión en E de la I breve latina. Lo mismo se podría decir de COTA, COTANIS, que habría dado COTANES.

García Arias, en la web indicada, analiza la terminación –ANES y señala su presencia en  un número considerable de topónimos asturianos como ACHANES, AGUANES, ARELLANES, BEZANES, CABRANES, CAZANES, etc. También en la provincia de León se pueden señalar topónimos que obedecen a dicho procedimiento constitutivo, como VIDANES, ANTOÑANES DEL VALLE, CABRILLANES, CORDIÑANES, MONDEGRANES, PERANZANES, etc.

Tomando como base esa declinación germánica, similar a la tercera del latín clásico, y el sustantivo CIMA, García Martínez señala la presencia medieval de CIMAS como  nombre de persona y su uso como apellido frecuente en la actualidad en la provincia de León.

Sin entrar en el origen de la terminación –ANES en los topónimos españoles y portugueses, tomando en consideración solamente los elementos compositivos, Álvaro Octavio de Toledo afirma que el  topónimo CIMANES es un derivado de CIMA (equiparable a COTANES, derivado de COTA), que forma familia léxica con otros nombres de lugar como CIMADA, CIMAYO, CIMAJO, CIMAJADA, a los que habría que añadir CIMADEVILLA, abundante en Galicia, Asturias y León. Colocado en segundo lugar, lo hallaremos en VEGACIMA, CASACIMA, BRAÑA CIMA, CAMPA CIMA, CUESTA CIMA, ERÍA CIMA, etc. Añádase el adjetivo CIMERO (los prados cimeros ‘altos’, los últimos próximos a la cima, frente a los bajeros, y que es sinónimo de SOMERO).

ARROYO VALLÍN CIMANES (FERRAL DEL BERNESGA)

En la provincia de León encontramos cuatro CIMANES: CIMANES DEL TEJAR, CIMANES DE LA VEGA[10], ALTOS DE VALLÍN CIMANES y VALLÍN CIMANES, en tres cuencas diferentes: Órbigo, Esla y Bernesga. Los dos primeros son topónimos de población; el tercero, de lugar, y el cuarto es el nombre de un arroyuelo (hidrónimo), perteneciente a Ferral del Bernesga,  que desemboca en el arroyo de los Gamones, que, a su vez, desemboca en el arroyo del Valle, el cual en su tramo final se llama canal de Carbosillo, que desemboca en el Bernesga.

La situación en la que se encuentran dichos topónimos lleva a De Toledo a afirmar que CIMANES «parece indicar una elevación modesta sobre una vega». Matizaremos más adelante dicha afirmación.

2.2. PREPOSICIÓN MÁS ARTÍCULO: DEL

DEL es la contracción de la preposición De y el artículo El. La preposición sirve de nexo entre el primer nombre y el segundo; atribuye  al primer elemento como característica diferenciadora lo indicado por el segundo. En este caso, servirá para diferenciarse de otros topónimos homónimos, como CIMANES DE LA VEGA o el enunciado simplemente como CIMANES.

EL es el artículo que particulariza, individualiza el segundo término. Hace que el sustantivo al que acompaña, TEJAR, sea conocido necesariamente por emisor y receptor del mensaje.

2.3. INDUSTRIA ARTESANAL: TEJAR

TEJAR es  palabra castellana derivada de TEJA (del latín TĒGŬLA(M)), a la que se le añade el sufijo –AR, que indica «lugar en el   que se produce lo indicado por el sustantivo primitivo»; en este caso la teja, palabra que se data por primera vez en castellano en 1219.

Tejar lo recoge  Nebrija en su diccionario de 1495 con el significado de lugar donde se hacen tejas o ladrillos. En 1739 Autoridades lo incorpora con dos acepciones, pero restringiendo el significado de la primera: «El sitio u oficina donde se hacen las tejas» y «Cubrir de tejas un tejado». Estos dos significados son los que han perdurado hasta la actualidad, aunque al primero se añade ladrillo y adobe.

Recordemos que en Cimanes del Tejar (en singular)[11], según el Catastro del marqués de la Ensenada, en 1753 había once «casas de horno» para hacer tejas (tejares), de factura artesanal. En la actualidad se conserva una tejera industrial.

3. CIMANES DEL TEJAR: Interpretación semántica.

Analizadas por separado cada una de las palabras que constituyen el topónimo CIMANES DEL TEJAR, cabe proponer dos posibles teorías sobre el nacimiento de dicho topónimo como conjunto. Dos hipótesis, por el momento.

3.1. PRIMERO FUE «CIMANES»

En un momento determinado nació en la cima de una elevación  no muy alta  de la vega del río Órbigo una población a la que pusieron por nombre CIMANES por estar situada allí. La que hoy se conoce como Cimanes del Tejar. Dado que el nombre es de origen germánico, habría que pensar entonces en un nacimiento medieval entre los siglos V y VIII, siglos de la presencia de dichos pueblos en Hispania. Recordemos que el nombre Cimanes de la vega del Esla ya lo tenemos registrado en el siglo X

Con la llegada en el 711 de los árabes a Hispania, llega su cultura y sus conocimientos técnicos. Con ellos se expande por Hispania un tipo de teja que se conoce como ‘teja árabe’. Lo mismo sucedió en los países sureños de Europa. Era esta una teja de una sola pieza, de forma de tronco de cono cortado por la mitad. Colocada boca arriba formaba la canal. Cada dos canales se coloca encima de sus vértices otra que se conoce como tapa. Formaban una excelente cubierta para los edificios. A los lugares donde se fabrica la teja en esos hornos cuadrados se les denomina ´tejar’.

TEJADO DE TEJA ÁRABE

En las proximidades de Cimanes, dada la calidad de su tierra para la fabricación de teja, se habría levantado un tejar para abastecer a la zona de tan preciado material para la cubierta de los edificios. Y a la población se pasó a denominar Cimanes del Tejar para diferenciar esta población de la no muy lejana Cimanes de Villagonta o de la Vega.

3.2. PRIMERO FUE «EL TEJAR»

En la obra y página web citada de García Arias, en la entrada dedicada a VILLA, analiza los topónimos compuestos con este sustantivo latino en Asturias. Entre ellos, CIMADEVILLA, nombre del famoso barrio gijonés, la parte más antigua de la ciudad,  situado en la península de Santa Catalina, que incluye un cerro amurallado. Según el citado investigador, CIMADEVILLA no ha de entenderse como se venía haciendo como la parte más alta de la villa, sino como ‘encima de la casería’[12], es decir, lo que en Hispania, en un primer momento, era una villa romana o conjunto de edificios y terrenos que conforman una explotación agrícola-ganadera aislada. Dicha explotación agrícola-ganadera es la que habría dado lugar a la población de Cimadevilla, como ha sucedido en el origen de muchas otras poblaciones que deben su nacimiento y nombre a tales fundaciones aisladas.

Tomando como referencia esta explicación, en el topónimo CIMANES DEL TEJAR se podría suponer que en un primer momento solo existiría el TEJAR, uno solo, entendido este como una casa de horno (compuestas del horno cuadrado y edificio anexo para guardar materiales, herramientas y almacenar la teja cocida) y terrenos anexos en los que se sitúa la era (espacio abierto sin sombras) donde se trabaja el barro y se seca y el pozo que aporta el agua necesaria para el amasado de la tierra. No deben olvidarse los terreros, barreros o barreras  (lugar de donde se extraía la tierra arcillosa sin cal) y el monte en el que se corta la leña para alimentar el fuego del horno. La propiedad podría ser del señor de la zona y allí trabajarían familias enteras, cada miembro realizando el trabajo que conocía o podía desarrollar: extraer la tierra, transportarla, amasarla, dar forma a la teja, ponerla a secar, meterla en el horno, cortar la leña, transportarla, atizar, sacar la teja, almacenarla, venderla, transportarla, etc. Estamos hablando de niños, jóvenes, personas adultas, de hombres y mujeres, todos implicados en la elaboración de las tejas.

El tejar nace en una zona en la que se hallan lo más cerca posible los elementos esenciales para fabricar las tejas, como la tierra arcillosa, el agua o la leña, para evitar en lo posible su costoso transporte. Requiere una parte llana (explanada) y expedita para la casa horno y la era o lugar donde se amasa el barro y se ponen a secar las tejas antes de meterlas en el horno para su cocción. Se habla de una era de entre 1000 a 3000 metros cuadrados en la que la sombra no tiene cabida.

Como es lógico, dichas familias se tienen que alojar en algún sitio. Por lo que alrededor del tejar va surgiendo un poblado constituido por diversos edificios: viviendas para las familias que se dedican al barro, edificios para la administración del tejar, otros que se irían añadiendo de diferentes oficios y ocupaciones requeridos por el tejar y sus ocupantes, etc. Así habría nacido una población dedicada a la industria del barro y, como esta solo podía desarrollarse durante un periodo corto de tiempo durante el año, también al cultivo de las tierras a la que se llamó Cimanes del Tejar, en singular. El crecimiento de los tejares, como veremos, haría que el poblado fuera también creciendo.

Carecemos de documentación para datar el primer tejar de Cimanes, pero sí hay que presuponer que fue antiguo, posiblemente medieval.

De la documentación que he manejado, me referiré solamente a dos documentos.

El primero de ellos es del siglo XVI: Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI, publicado por Tomás González en Madrid en 1829. En dos ocasiones aparece Cimanes del Tejar. Dentro de los pecheros (los que pagan impuestos) de la provincia de León, abadengo del Torío, aparece «Cimanes del Tejar» con 61 vecinos pecheros. En la relación que dan los obispados de la Corona de Castilla, la iglesia de «San Andrés de Cimanes» se incluye en la diócesis de Oviedo, arcedianato de Benavente y arciprestazgo de la Vega.

El segundo de los documentos es el Catastro del marqués de la Ensenada de 1753.  En él aparece «Zimanes del Tejar», un pequeño pueblo de señorío perteneciente al marqués de Ferrera (se encuadra en la categoría de ‘lugar’) en el que vivían 29 vecinos, cuatro estantes y cuatro viudas en 45 casas habitables.  «En los términos de este lugar»,  había por entonces once casas de horno (tejares) situadas en diferentes lugares, de diferentes propietarios seglares que o bien las atendían ellos o las arrendaban a razón de doce reales de vellón al año. Trabajaban en ellas «los meses desocupados en sus labranzas», o lo que es lo mismo, eran agricultores y se dedicaban a la teja a tiempo parcial, dependiendo del tiempo requerido por las labores del campo. Y a pesar de los once tejares, se sigue llamando «del Tejar», en singular.

En la actualidad, las barreras, los pozos, las eras  y los escasos restos de los hornos se hallan en los parajes conocidos como Vargomil, La Devesa, Miruete y la Rabosa. Todavía hay vecinos que conocieron y trabajaron en aquellos tejares artesanales del siglo XX, en los que se fabricaban tejas, ladrillos y cacharros.

BARRERA ACTUAL

Según el testimonio de Ángel García Fernández, tomado de su madre Luzdivina (nacida en 1927), el pueblo se hallaba en La Rabosa y fue descendiendo hacia la vega. En ese paraje citado todavía se pueden ver edificios que en otro tiempo fueron habitados.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta aquí, cabe suponer que el primer tejar estaría ubicado en alguno de los parajes en los que son evidentes hoy las barreras y que el poblado habría nacido en la parte próxima, pero más alta, en la ladera, ‘encima del tejar’. Con el tiempo va abandonando la ladera, se va situando por debajo de los tejares y se va aproximando a la vega. Y esto sería lo que significaba originariamente CIMANES DEL TEJAR: poblado situado por encima del tejar, en la parte de arriba, aunque no en la cima de la colina.

COLOFÓN              

A falta de documentación, por lo expuesto hasta ahora, me inclino a pensar que primero fue el tejar y después la población CIMANES, aunque a este haya que reconocerle su antigüedad medieval por ser término de origen gótico, como en el caso de Cimanes de la Vega, datado ya en el siglo X.

LA RABOSA

[1]«El nombre de la Omaña», Diario de León, 21 de junio de 1987, p. 37.

[2] El significado de los pueblos de León, León, Celarayn, 1992, p. 327.

[3] Orígenes del español, Madrid, Espasa Calpe 19727, pp. 405-413.

[4] «Orónimos dialectales y morfosintaxis histórica: El método pidaliano y las formaciones adverbiales con CIMA y SOMO», BRAE, XCVIII, N.º 317 (2018), pp. 267-313.

[5] Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos. Página web.

[6] En COTANES DEL MONTE (Zamora) o COTAẼS (Viseu, Portugal) encontramos la misma terminación. Derivan ambos topónimos de la voz *COTTO > cueto ‘cerro, altura de tierra, comúnmente peñascosa y áspera’. Otros topónimos derivados son Cotaniello (Oviedo) y Cotanillo (Segovia). Según Menéndez Pidal, COTTO es voz prerromana muy usada en Asturias y Santander, y muy poco usada en otras regiones. Habría que añadir que también es frecuente en la provincia de León. Forma grupo con los topónimos que designan una elevación del terreno aislada y de menor altura que el monte, como COLLE y COLLADO (< CŎLLEM + SUFIJO), POYO (< PŎDIUM), CERRO (CĬRRUM) y OTERO (<ALTARIUM).

[7] Historia de la lengua española, Madrid Gredos, 1981, pp. 121-122.

[8] En el 409 llegan a Hispania los pueblos germánicos vándalos, suevos y alanos, que desaparecieron pronto, aunque dejaron su impronta sobre todo en la toponimia. En el 411, le siguieron los visigodos, pueblo germánico más civilizado que los anteriores y que logró constituir en Hispania el Reino visigodo. Este finaliza el 711 con la llegada de los árabes a la península. Su influencia lingüística en las lenguas romances hispánicas no fue muy grande, pero sí está presente en varios campos léxicos, como el que nos ocupa.

[9] GENITIVO: caso de la declinación latina y de otras lenguas indoeuropeas que indica generalmente posesión o pertenencia.

[10] En un documento de 986-999 se  cita ya este Cimanes situado In veiga de Istola (Esla). Entre los siglos XV y XVII el nombre era Cimanes de Villagonta, perteneciente al señorío del conde de Villagonta. Todavía en 1753, en las respuestas generales del Catastro del Marqués de la Ensenada, en la primera pregunta se lee lo siguiente: «Esta población se llama Zimanes de Villagonta o de la Vega».

[11] Recordemos aquí que Tejares se llamaba el pueblo donde nació el Lazarillo de Tormes (1554), hoy convertido en un barrio de Salamanca. En la provincia de Segovia existe un municipio con este nombre en plural y en Ávila encontramos Navatejares.

[12] CASERÍA: Unidad económica y habitacional, aislada del pueblo y formada por una casa, cuadras, pradería, bosques, pastos, etc. Definición actual dada por el DGLA. En León sería el equivalente a CASERÍO.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO. (34) NECEDAD

En la ciudad de las ideas en que todos habitamos. En lo más alto. En letras indelebles: «Quien olvida su historia, quien dice desconocerla, carece de futuro. Piensa que todo el monte es orégano». Y lo sinvivió.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO. (33) MAYEANDO

Mayo. Era el mes. Sin paliativos. La nieve ya se había retirado. Las flores tapizaban el campo. El amarillo y el blanco se imponían. El azul celeste calentaba los corazones. El día uno se iniciaba con el altar. Presidiendo, TÚ. Lo iluminaba con su potente haz de luz un ramo de flores frescas. Todos los días olían a nuevas. No faltaban las blancas y las azules. Y se regaban con las «Flores a María».

M

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NABICOLES SAYOS Y MANZANAS SAYINAS

Para ISOLINA, la que mejores cocidos prepara de nabicoles y arvejos

En los últimos años, en la montaña de Riaño (León) se han puesto de moda dos productos comestibles que antaño casi se desechaban o se cultivaban para alimento del ganado: los nabicoles y los arvejos. Hoy hay quien ha vuelto a cultivarlos, pero son escasos. Y, como sucede con cualquier producto que escasea y se demanda, el precio se ha disparado. Un buen cocido de nabicoles o de arvejos, con su sopa de pan como entrante, su plato central de nabicoles o arvejos bien untados y su compango como acompañante, es un manjar para el que suscribe.

Hoy hablaremos de los NABICOLES (nabo+y+col+es).

Dice un refrán que «Cada cosa a su tiempo, y los nabos en Adviento». Como se sabe, el tiempo de Adviento comprende los cuatro domingos anteriores a Navidad. Lo que quiere decir que los nabos y sus parientes los nabicoles no se han de sacar del huerto antes de esas fechas, o sea, finales de noviembre o en los días del mes de diciembre anteriores a Navidad. Y eso en La Uña (León) se lleva a rajatabla. Lo mismo que sucedía con cortar la madera o podar los árboles en cuarto menguante.

NABICOL QUE TODAVÍA NO ESTÁ SAYO

Pero, cuando se sacan de la tierra, los nabicoles todavía no son comestibles, dicen que están verdes y leñosos, y, quitándoles sus hojas, solo el tubérculo, hay que dejarles su tiempo para que se sayen. Tienen que estar sayos para poder ser comestibles.

En La Uña, SAYAR significa SECAR. Los nabicoles se colocan en un lugar (los he visto debajo del escaño o en la tenada) sin humedad, fresco, donde poco a poco se van secando, van perdiendo una parte de su agua. Se dicen que están sayos cuando la piel está ya un poco arrugada y blandos al tacto. Entonces están aptos para prepararlos y cocinarlos.

SAYAR es un leonesismo en el que la antigua LL (palatal lateral) ha evolucionado a Y (palatal central), como en oureya, veyo, oyo, obeya, cuayada, muyier, fiyu, etc.

En castellano el verbo es SALLAR. Según el Diccionario de la lengua española (cuya etimología me parece errónea), estos son sus dos significados:

  1. Escardar un sembrado con azada, [es decir, arrancar y sacar los cardos y otras hierbas nocivas de los sembrados].
  2. Tender sobre polines las grandes piezas de madera para conservarlas en los almacenes.

¿Cómo se ha llegado al significado que se le da en La Uña al verbo SAYAR? Cuando se arrancan y sacan las malas hierbas de los sembrados a golpe de azada pequeña (SARCŬLŬS), se suelen dejar secar en los surcos para que se pudran y se conviertan en abono. De aquí, se pasó a llamar al secado de los nabicoles con el mismo verbo. La diferencia está en que en el caso de los nabicoles no se les deja pudrir, sino que, cuando han perdido el agua suficiente, que se manifiesta en el arrugar de la piel y en su blandura, se utilizan como comestible.

AZADA DE ESCARDAR

Etimológicamente está sería la explicación del actual verbo SAYAR, leonesismoque no recoge el DLE.

En latín, de SARCŬLŬS ‘escardillo’ se crea el verbo SARCŬLĀRE ‘escardar’. Y la realidad es que en La Uña para este fin se utilizan unas azadas especiales, pequeñas, con dos bocas: una termina en punta (cava) y la otra en cuña (corta).

La evolución de SARCŬLĀRE en el leonés fue la siguiente:

SARCŬLĀRE > SARCLARE (pérdida de la E protónica)> SALLARE (el grupo consonántico -RCL- en un primer momento se palataliza en –LL-) > SALLAR (pérdida de la –E) > SAYAR (posteriormente, la palatal lateral se convierte en central: LL > Y, que es lo general hoy día en leonés).

El Léxico del leonés actual recoge el verbo SAYAR, con varias variantes más, pero no con el significado con el que se utiliza en La Uña.

NOTA BENE

  1. En La Uña  a escardar los sembrados se llama SAJAR.
  2. El mismo procedimiento que se utiliza para los nabicoles se usa para las manzanas. Así se puede oír que «a mí me gustan las manzanas sayinas».
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ESTILOESTADÍSTICA. (16) VERSOS ALITERADOS. SONETO 24 DE EL RAYO QUE NO CESA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

El Rayo que no cesa (1936), para la mayoría de los estudiosos del poeta oriolano Miguel Hernández (1910-1942), es su obra más representativa y lograda. Está compuesta principalmente por sonetos. La temática central es el AMOR. No es obra de fácil lectura, resulta difícil penetrar en su contenido, su estilo es hermético.

La estiloestadística nos ayudará a hacer más comprensible su mensaje, a penetrar en el corazón hernandiano mediante el análisis e interpretación de unos resultados objetivos, huyendo de la vía más utilizada de los estudiosos: el subjetivismo.

Para ello, he elegido el soneto 24, carente de título que nos pudiera facilitar su lectura interpretativa, en el que se viene señalando como rasgo esencial su sonoridad.

En esta ocasión la estadística la aplicaré no solo al plano fónico, sino también al léxico. Con los datos obtenidos podemos explicar y entender mejor el poema, captar el valor literario de algunos de los recursos estilísticos utilizados, y no fiarlo todo a la intuición, como hacen algunos comentaristas.  

SONETO 24

Fatiga tanto andar sobre la arena
descorazonadora de un desierto,
tanto vivir en la ciudad de un puerto
si el corazón de barcos no se llena.

Angustia tanto el son de la sirena
oído siempre en un anclado huerto,
tanto la campanada por el muerto
que en el otoño y en la sangre suena,

que un dulce tiburón, que una manada
de inofensivos cuernos recentales,
habitándome días, meses y años,

ilustran mi garganta y mi mirada
de sollozos de todos los metales
y de fieras de todos los tamaños.

El poema desarrolla el tema central del libro: el amor. Pero no es un amor feliz, dichoso, gozoso, sino doloroso, dolorido, angustioso. Se podría decir que son versos que brotan de una experiencia amorosa de rechazo que causa la muerte poética del amado. AMOR, DOLOR, ANGUSTIA, TAÑIDOS DE MUERTE  se anuncian explícitamente y se resaltan por el acompañamiento de elementos cuantitativos (repetición de lexemas) y sonoros (repetición de elementos de carácter fónico).

ILUSTRACIÓN DE RAMÓN FERNÁNDEZ PALMERAL

En el plano léxico se observa una repetición significativa, única. De las 89 palabras de que consta el poema, el adverbio de cantidad TANTO se repite en cuatro ocasiones en los dos cuartetos. Es la única palabra de significado léxico que se repite, hasta en cuatro ocasiones como ya he dicho. El resto de los lexemas solo aparece en una ocasión. Por tanto, esta repetición anafórica, que forma parte de una estructura sintáctica paralela, no es casual. Busca y consigue intensificar el significado de dos sustantivos, como veremos más adelante. Es un recurso intensificador.

En las dos primeras ocasiones en que aparece se refiere a FATIGA (tanto), que de esta forma aparece intensificada, agrandada. Esa fatiga, ese gran cansancio dolorido lo produce en el poeta de corazón desmesurado, de corazón colosal,  el vivir con la ausencia de amor, el sentir que el corazón está desierto de amor, está vacío, está muerto.

Pero no solo es fatiga lo que siente el poeta desamorado, abandonado por el amor, sino también ANGUSTIA (tanto), dolor, como el que produce el sonido de la sirena de los barcos que abandonan el puerto o el tañido de las campanas que tocan a muerto, el réquiem que sonaba en los campanarios para anunciar a los vecinos la muerte de uno de sus miembros. Y esa angustia se intensifica, como en el caso anterior, por la presencia repetitiva en otras dos ocasiones   del mismo adverbio cuantificador: TANTO.

Esta intensidad, tanto de la fatiga como de la angustia, hará que al final del poema se conviertan en lágrimas y sollozos (vv.11-12). En definitiva, en DOLOR. En corazón desamorado, en corazón dolorido.

En el plano fónico, hay que comenzar diciendo que los sonidos reales (sirenas y tañidos de las campanas) se convierten en elemento poético fundamental, en especial en el segundo cuarteto, sonidos reales que se agrandan con los sonidos lingüísticos que los acompañan, creando una sonoridad fónica que recorre los cuatro versos. Por ello, solo me detendré en el análisis fónico de estos cuatro versos.

En el plano vocálico es reseñable en todo el soneto la desviación significativa de la vocal cerrada posterior U con un 3,43 %. En el segundo cuarteto, bajo un poco dicha desviación hasta el 3,21 %. Junto con la O es la vocal oscura, ronca, del dolor, del sufrimiento.

Por lo que se refiere a las consonantes, cabe destacar en todo el soneto la desviación significativa de las nasales con un 10,28 % y de la dental T con un 2, 29 %.

Examinado por separado lo que ocurre en el segundo cuarteto, observaremos que la desviación significativa de las nasales (las consonantes con mayor índice de sonoridad en la lengua española) se eleva hasta el 16, 85 % y la de la dental T (la de tanto y del tan-tan de las campanas) sube hasta el 4,91 %. Estos son los datos objetivos.

La interpretación que cabe realizar es que dichas desviaciones, tanto vocálicas como consonánticas, contribuyen a resaltar desde el primer verso (TANTO) el eco del TAN-TAN ronco y triste de las campanas que tocan a muerto. Y muerto está el corazón del poeta desde el primer verso por la ausencia de amor.

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HURNIELLO, HURNIELLÍN y VALDEHORNO: tres topónimos sierenses con la misma base léxica latina

Tres son los topónimos que existen en la actualidad en Siero (León) cuyo origen está en el latín clásico FŬRNŬS. En dicha lengua este término se utilizaba con dos significados diferentes. Plinio, en su Historia natural, lo utiliza con el significado de «Horno para cocer pan y otras cosas». Por el contrario, Vitrubio en De architectura lo refiere al horno que utilizan los metalúrgicos para la fundición de metales.

Los tres topónimos a que hacía referencia son los siguientes: HURNIELLO, HURNIELLÍN y VALDEHORNO. Y los tres tienen en común que son denominaciones que se aplican a valles en los que se encuentran los componente esenciales para la fabricación de tejas: a parte del horno, barro (tierra arcillosa), leña para calentar el horno y agua. En un momento en el que el transporte de materiales era costoso, lento y penoso, era muy importante que las materias primas estuvieran cerca del lugar en que trabajaba el artesano.

Comenzaré diciendo que en la montaña de Riaño existieron tres tipos de hornos antiguos artesanales: el de cocer el pan, el de la cocción de tejas y el de fundir la caliza.

En Siero no conocí más que un tipo de horno antiguo: el de cocer el pan, bien adosado a las casas y con la boca en su interior o dentro de edificios específicos llamados ‘horneras’. Sé que existió un horno para la cocción de tejas en Picones, pero no tengo noticia que existieran los hornos caleros, porque aquí  no hay roca caliza, y menos los dedicados a la fundición de metales. Sobre los caleros, abundantes en la montaña de Riaño, ya he publicado un post en este mismo blog: EL ÚLTIMO CALERO DE LA UÑA (LEÓN).

HURNIELLO

HURNIELLO tiene su origen en el sustantivo común latino FŬRNŬS seguido del diminutivo -ĔLLUS: FŬRNĔLLŬ(M) ‘horno pequeño’. Los cambios fonéticos más significativos hasta llegar a la palabra romance han sido los siguientes:

A) La conversión de F- en H– muda. Es un proceso propio del castellano. El leonés adopta dos soluciones: o se conserva la F– o se aspira en H’ , y esa aspiración se confunde en la actualidad con la J moderna (mata la Jelechosa o tras del Joyo).

B) La primera U breve debiera haber dado O, pero aquí se ha interpretado como si fuera Ū tónica, que se conserva siempre (agudo, humo, cuba, sucio).

C) Por último, el diptongo-IE– del diminutivo no se reduce en el leonés a I, mientras que el castellano sí lo hizo desde el siglo XIV (Bostetiello, Castiello, Cudiediello, Hundiello, Pinidiello, Casiella, Escobiellas, Odiaquiella, Palanquiella, Tejediella, son topónimos sierenses).

Por tanto, este topónimo sería un híbrido del castellano, donde ha dado HORNILLO y del leonés donde encontramos FORNIELLO o JORNIELLO.

EL HURNIELLO

El problema se plantea a la hora de determinar el porqué de este topónimo (horno pequeño) aplicado a un pequeño valle que tiene como entrada la Peña, limita por la izquierda con la Fuentelavega y por la derecha con el Pinedo.

Como en esta zona no hay metales para fundir, el significado tendría que estar relacionado con el otro significado: pequeño horno para cocer el pan y otras cosas, utilizado en sentido real o metafórico.

Metafóricamente no hay razón para comparar el terreno con la construcción de forma abovedada que tiene el horno, como sí se podría decir del llamado ‘FORNU LUS MORUS’ (Babia y Laciana) que es un agujero en una peña.

La explicación más lógica me parece que tiene que estar en que el nombre se debiera a que en ese pequeño valle hubo en su día un pequeño horno para cocer cerámica (teja) y dio nombre al valle. Y lo cierto es que en ese lugar existen todos las materias primas necesarias para la fabricación de tejas. Recuerdo de niño acudir al Hurniello a buscar tierra barrial (arcillosa) para realizar pequeños objetos de juego como cazuelas, botijos, canicas, etc.

Las tejeras (tejares en otros lugares) han proliferado a lo largo y ancho de toda la geografía española, ya que la cubierta de las viviendas y otros edificios para protegerse de los fenómenos adversos de la naturaleza ha sido considerada por el hombre esencial a lo largo de la historia utilizando diversos materiales como las ramas de los árboles, los tapines, las lajas, la paja, la teja, etc., una vez que abandona la cueva como lugar donde vivir. Los chozos de los pastores estaban cubiertos con ramas de escoba y en la década de los cincuenta todavía había en Siero casas con sus tejados de paja.

Este tipo de horno no habría sido el único en Siero.

HURNIELLÍN

HURNIELLIN deriva de HURNIELLO, y sería un diminutivo creado sobre la base de otro diminutivo. Esto se produce porque en el momento de la creación del topónimo ya no se sabe que la base léxica era, a su vez, un diminutivo. Sería un claro leonesismo, lengua en la que la terminación –INO del sufijo diminutivo ha perdido la –O (muy frecuente en el dominio del leonés actual), como en VECÍN, SOBRÍN, MOLÍN, CAMÍN, BUENÍN, etc.

HURNIELLÍN de arriba

Su significado sería idéntico al anterior: ‘horno pequeño’. En este caso, el topónimo se halla por partida doble: en el valle de Valdeguiza y entre la Vaniella y la loma Sanjuán.

EL HURNIELLÍN de Valdeguiza

VALDEHORNO

VALDEHORNO, en Picones, es una palabra compuesta por los sustantivos VALLE y HORNO unidos por la preposición DE: valle del horno. Y próximo a este topónimo, que se refiere a un pequeño valle lateral, hay otro que es la TEJERA, en cuyos prados se puede observar cortes en el terreno y pozos debidos a la extracción de tierra. De lo que se puede deducir que primero solo existía un horno en el valle lateral (el proceso de preparación del barro, elaboración de las tejas y su secado se realizaría al aire libre) y más tarde se levantó en el valle central la fábrica de tejas con su casa, horno adosado, la era para el secado y el pozo del agua. De la existencia de esta tejera sí que hay noticias de comienzos del siglo XX y de la causa de su desaparición: la mala calidad de las tejas. En alguna ocasión me enseñaron tejas que se conservaban y procedían de allí.

VALDEHORNO

NOTA BENE

En la montaña de Riaño fueron abundantes los caleros, que no eran otra cosa que pequeños hornos artesanales para fundir la roca caliza y conseguir la cal, usada fundamentalmente, mezclada con arena, como elemento compositivo de la argamasa utilizada en la construcción. Otro de sus usos habituales en aquella zona era el de blanquear fachadas e interiores de las casas. Añádase el que le daban los pescadores furtivos, conocedores de cómo liberaba el oxígeno del agua y producía la muerte de las truchas. Y no olvidemos el poder desinfectante con que se utilizaba en las cuadras.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO. (32) LA TRUCHERA AMIGA

Parece que los tiempos han cambiado en la relación del hombre con su entorno animal silvestre o de los animales silvestres con el solar del hombre.

Hoy no es raro ver por las calles de pueblos y ciudades campando a sus anchas una manada de jabalíes, corzos que pastan en jardines o corren asustados entre los coches, ardillas que se han adueñado de los castaños de indias que rodean el parque, lobos que alcanzan a su víctima en medio del pueblo y allí se la devoran, incluso el oso, el rey de la selva de los montes norteños, se pasea sin recato por los pueblos de la provincia de León.

De vez en cuando me refugio en la casa solariega de la montaña. A orillas del río. No sola, pero sí vive en soledad.

Cuando por la mañana abro la ventana, mi vista se fija en el río, que durante la noche me ha arrullado con su murmullo. Aquí todavía el agua baja limpia y transparente. Fría. Es de alta montaña. No invita su friura al baño.

Pero quien no teme sumergirse debajo del agua una y otra vez es la truchera (dicen que su nombre es mirlo acuático), que habita permanentemente por los cauces y riberas de estos ríos, famosos desde los romanos.

La veo llegar veloz por debajo del arco del puente, como si tuviera prisa,  como si me hubiera visto y quisiera hacerme una demostración de sus saberes. Se posa en la cresta seca de la única piedra que, en medio del río, no moja la corriente.

Viene a lucir su color negro, roto por el babero blanco. Se balancea nerviosa. Se mueve a un lado y a otro. Parece como si fuera a caerse en el agua. Acecha. Escruta. ¿Qué busca? ¿Hacia dónde dirige su mirar? ¿Qué habrá visto?

De repente, se lanza de cabeza como un camicace al agua, bucea, camina sobre el lecho del río, picotea aquí y allá, y vuelve a su atalaya pétrea. Y así varias veces. Una de ellas sale con su trofeo más preciado: una pequeña trucha se retuerce en su pico.

Abandona el lugar, sigue la corriente y se posa en el espino de la orilla de la torga. Contempla el remanso del agua. Otea.

Le esperan nuevas larvas, renacuajos, pececillos, insectos despistados, etc.

¿No se cansará?

Llega la noche. Rutina.

Salgo a dar mi paseo nocturno, Cruzo el puente. Me dejo envolver por la soledad de las calles y, arropado por el silencio, solo roto por el ladrido amigo de Rouco o el lejano lamento de la Caraviella en el pico Piñuelo, camino bajo las estrellas.

Rutina. Regreso.

Al abrir la puerta, un nervioso ruido de aleteo me asusta. Casi se estrella contra mi cara. Abandona precipitadamente la truchera el refugio que había elegido para pasar la noche: el portalín de la casa. Allí, en la parte superior izquierda de la pared, en ese tubo que la cruza, ha asentado sus reales. Este es el lugar que había elegido para pernoctar.

Pasa la noche. Vuelve el día. La he vuelto a ver en el río.

―¿Volverá por la noche a su refugio?

La noche. Nueva rutina. ¿La truchera se habrá ido? Me equivoco. Allí está de nuevo. El ruido del pestillo la vuelve a asustar, se vuelve a marchar.

¡Quizá no se acostumbre!

En las noches sucesivas, salgo y entro con el mayor sigilo posible. La truchera se ha adaptado a mi silencio, a mi saludo de buenas noches: ¡Buenas noches, truchera amiga! Ya no se va. Me mira, pestañea, mueve la cola …cierro la puerta y allí pasa la noche.

Abandono el refugio, y ella allí queda en su río, en su cobijo. Ya nadie la molestará por un tiempo en sus sueños nocturnos.

¿Me esperará?

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