Soledad

Hasta el último sol

Solía pensar que la soledad me apaga, pero no es así, lo que me apaga es el silencio, la soledad se disfruta, pero el silencio me mata, me gustan las palabras, la música, el tic tac del reloj sin otro sonido de fondo es abrumador, me gusta demasiado estar solo, pero disfruto ver caer el atardecer y suspirar, me gusta que me roben el aliento y las risas, me gusta la tranquilidad que envuelve a dos personas, un manto que cubre a dos del frió, es una compañía que no necesita de un tercero, de un cuarto o un sexto, solo dos son suficientes en un cuarto vació para hacerse compañía y disfrutar de esa tranquilidad, aun si ese alguien no estuviera en el mismo lugar se hará presente en pensamientos, recuerdos, mensajes que te dan paz y alegrías, pero también existe la soledad mas cruel, el lado oscuro en…

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DESDE ÁSTURA A ESLA

No voy a hablar aquí de las fuentes del Esla, cuestión harto debatida y, por el momento, sin solución documentada. Además de enfrentamiento dialéctico entre Valdeburón y Tierra de la Reina.

Quiero explicar para todos (a ver si lo consigo), sean filólogos o no, cómo el río que el historiador romano Floro llama ÁSTURA ha llegado a nosotros con el nombre de ESLA.

Y partiré de dos precisiones previas, que me parecen esenciales para comprender el enrevesado mundo de las variantes (una misma palabra con diferente forma) en la Edad Media.

En la Edad Media quienes sabían leer y escribir eran muy pocos. La documentación que se nos ha transmitido es manuscrita, procedente de ese reducido grupo de personas que sabían escribir: los copistas, en su mayoría clérigos.

Entre los copistas medievales de  manuscritos se distinguen dos tipos: los que copian (o intentan copiar) fielmente lo que les presentaban escrito ya y los que transcribían lo que les dictaban o simplemente oían. En ambos casos, los había que, incluso, se permitían copiar corrigiendo, no acertando en ocasiones en la corrección. De ahí que nos podamos encontrar con tanta variedad de formas de una misma palabra. Si uno copia lo que oye puede escribir perfectamente ÉSTOLA, ÉZTOLA, STOLA, ÉXTULA, ÉXTULE, HÉXTULE, etc., variantes todas ellas procedentes de ÁSTURA.

Además, por razones de evolución fonética y de dominio lingüístico (de espacio, de lo que se llama sustrato lingüístico) una misma palabra puede evolucionar de forma diferente, produciendo sus variantes respectivas. Estas pueden convivir durante tiempo (siglos) hasta que una se imponga o sobrevivan varias. En el dominio actual del leonés se puede apreciar perfectamente como nos muestran el Diccionario de las hablas leonesas de Eugenio Miguélez o el Léxico del leonés actual de Janick Le Men.

Terminaré esta introducción indicando que el hidrónimo ÁSTURA (y sus resultados en castellano) ha sufrido una evolución muy similar al topónimo actual ESLONZA (comarca leonesa que se halla entre Gradefes y Villasabariego): ALISO-NTIA, ELISONTIA, ALISONZA, ELISONZA, ASLONZA, ELSONZA, SLONZA, ESLONZA. Todas estas formas las podemos encontrar en la documentación medieval, sobre todo en la del monasterio de san Pedro de Eslonza.

  1. ÁSTURA

El primer autor que cita el río hispano ÁSTURA es Lucio Aneo Floro (S. I-II) en el Epitome de Tito Livio (más conocido como Historia de Roma) en su libro segundo, capítulo 33, dedicado a la guerra de los romanos contra los cántabros y astures. Allí dice lo siguiente:

«asentado su campamento junto al río Ástura (la –m se debe a que está en acusativo), dividido su ejército en tres cuerpos, se prepararon para atacar al mismo tiempo los campamentos de los romanos» (sed positis castris apud Asturam flumen trifariam diviso agmine tria simul Romanorum adgredi parant castra).

Otros de los autores que menciona el río Ástura es Paulo Orosio (c. 383-c.420), sacerdote, historiador y teólogo hispano, en su obra Historia contra los paganos (Historiae adversus paganos), capítulo XXI, en el que narra la llegada de Augusto a Hispania y la guerra contra los cántabros y astures:

«Los astures, por su parte, tras colocar su campamento junto al río Ástura, hubieran derrotado con su buena estrategia y sus fuerzas a los romanos, si no hubiesen sido traicionados y sorprendidos de antemano». (Astures vero positis castris apud Asturam filumen Romanos, nisi proditi praeventique essent, magnis consiliis viribus oppressissent).

También encontraremos el nombre latino sin evolucionar en San Isidoro (560-636), Etimologías:

«Los ástures, nación de Hispania, así llamados porque les rodea el río Ástura, habitan protegidos por sus frondosas selvas y montes» (astures gens Hispaniae, vocati eo, quod circa Asturam flumen, septi montibus sylvisque crebis inhabitant, (9, 2, 112).

  1. ÁSTORA / ÉSTORA / ÉSTORE

Evolución fonética. Comenzaré diciendo que en latín las vocales se diferencian entre largas  (-) y breves (ᴗ), según el tiempo que se tarde en emitirlas. De acuerdo con esta diferenciación, cuando la silaba penúltima es breve el acento recae en la antepenúltima. Esto es lo que ocurre en ÁSTŬRA. Se pronuncia, por tanto, como esdrújula. Esta será la etimología de punto de partida.

Teniendo en cuenta la evolución fonética que experimentan las palabras latinas para convertirse en castellanas, este sería el primer «resultado: ÁSTŬRA > ÁSTORA. La Ŭ átona se ha convertido en O. Esta primera solución castellana no la encontramos, pero sí ÉSTORA, en la Crónica Albeldense ((883). la A inicial se ha cerrado en E (inflexión de la vocal tónica, aunque es un fenómeno fónico de muy reducida extensión), como se puede apreciar en otras palabras medievales astur-leonesas (Alisoncia>Elisoncia>Isloncia). Una variante sería ÉSTORE

  1. ÉSTOLA / STOLA / ÉSTORA / ÉSTULA / ÉXTULA / HÉSTULA / ÉSTULE /ÉXTULE / HÉSTULE/ ÉZTOLA / ÍSTULA  / ÍSTOLA / ÍSTOLE / HÍSTOLA

En la documentación conservada del monasterio de Sahagún, que tuvo numerosas posesiones en las poblaciones por las que pasa el actual río Esla, publicada bajo el nombre de Colección diplomática del monasterio de Sahagún, encontraremos frecuentes referencias al río Esla bajo diferentes nombres. Otro tanto sucede en la documentación de la catedral de León publicada en varias obras, en la del monasterio de Eslonza o en el de Gradefes. También manejaremos las crónicas medievales.

En los documentos de los siglos X a XIII se  encuentran las variantes que encabezan el epígrafe. Todas ellas proceden de ÉSTORA mediante un  proceso de disimilación (cambio de R por L) muy frecuente en el castellano medieval, como también era frecuente la vacilación entre las vocales E, I. La forma más repetida es la de ÉSTOLA, documentada desde el siglo X al XII.

Respecto de la aparición de la forma ÉZTOLA, conviene reseñar lo siguiente. En la Edad Media existían seis fonemas consonánticos sibilantes (tres sordos -las cuerdas vocales no vibran- y tres sonoros –las cuerdas vocales vibran) que comenzaron a confundirse. Se representaban por las consonantes C+e, C+i, Z+a, Z+o, Z+u, Ç, Z, S, SS, J, G, X.

En la segunda mitad del siglo XVI y la primera del siglo XVII se produjeron cambios radicales del consonantismo español, lo que determinó el paso del sistema fonológico medieval al moderno.

Por lo que respecta a los seis fonemas sibilantes, lo primero que sucedió es que se redujeron a tres: los sonoros desaparecieron y quedaron los sordos, aunque las letras siguieron utilizándose. De los tres sordos, solo quedó una sibilante, /S/, que se representaba por la letra S. El fonema representado por la C, Ç y Z se convirtió en interdental /Z/, el actual sonido CE. El fonema representado por J, G y X se convirtió en velar /X/, el equivalente al sonido actual GE.

  1. ÉSTOLA / ÉZTOLA / STOLA / ESTLA / EZTLA

Es necesario advertir que en la Edad Media la S no representaba el mismo sonido que la Z, como se encarga de recordarnos Antonio de Nebrija en su Gramática de la lengua castellana (1492), donde defiende que se escriba como se hable. Por tanto, la pronunciación será diferente en el caso de ÉSTOLA y ÉZTOLA.

De ÉSTOLA deriva ESTLA, lo mismo que de ÉZTOLA sale EZTLA, formas que ya se hallan en el siglo X y XI en la documentación antes citada. Se han producido por la pérdida de la vocal postónica, la –O-, fenómeno usual en castellano.

  1. EZTLA / EZLA / ESTLA / ESLA / ESLLA / SLA /ESLE

Al perderse la vocal postónica, se produce en el interior de la palabra un grupo consonántico EXTRAÑO en el castellano: -STL-. De difícil pronunciación. La lengua lo soluciona conservando solo la consonante primera y la última. Así pues, se ha eliminado la dental –T-, con lo que la pronunciación se hace normal. La forma que resultó fue EZLA y ESLA, con sus variantes.

  1. ESLA / EZLA

EZLA y ESLA serán las formas que nos encontraremos con carácter general a partir del siglo XIII en los manuscritos. Sin embargo, en las obras impresas, la forma predominante hasta el siglo XVIII será EZLA. Algunos ejemplos, de los muchos que se podrían citar.

Alfonso X (rey de Castilla entre 1221 y 1284) escribe en la Primera crónica general, capítulo 58, en referencia al rey Alfonso el Católico: «Entró el rey don Alfonso por Tierra de Campos –esta es Toro, la que tiene de un cabo el río EZLA, del otro el río de Carrión».

En la cartografía del siglo XVI siempre aparece la forma EZLA. Y del siglo XVI es la gramática del licenciado Villalón (1558) que nos recuerda que las letras S y Z representan sonidos diferentes, y que la Z se pronuncia como si fuera una doble Ç.

El portugués Jorge de Montemayor situó la acción de su novela pastoril los Siete libros de Diana (1559) en tierras leonesas: «En los campos de la principal y antigua ciudad de León, riberas del río EZLA [el río Esla no pasa por la ciudad de León], hubo una pastora llamada Diana, cuya hermosura fue extremadísima sobre todas las de su tiempo».

Otro de los ejemplos seleccionados –y que resulta aleccionador- pertenece a la obra de Pedro de Junco, Fundación, nombre y armas de la ciudad de Astorga (1635): «El río EZLA se llamaba EZTOLA y EZTOLA fue ASTURA».

Al siglo XVIII pertenece la referencia del Padre Flórez y su Theatro geográfico-histórico de la Iglesia de España (1762), en la que aparece en repetidas ocasiones el río EZLA. Hablando de los nombres y límites de Asturias (Trat. 56, cap. I): «San Isidoro dice que les dio nombre el río ASTURA… Hoy persevera el mismo nombre de EZLA en el río que los de tierra de León llaman río Grande».

Una de las primeras obras de la Real Academia Española fue la Ortografía española (1741). En la parte dedicada a la letra Z dice que ya la Ç ha desaparecido y que se sustituye por la Z. Esta letra recoge ya los mismos usos y sonidos que en la actualidad (interdental sorda).

  1. ESLA

Finalizaremos este recorrido con dos ejemplos del siglo XIX, siglo en el que ya hallamos la forma actual ESLA (con la S sibilante, alveolar sorda).

Así comienza la definición que da Sebastián Miñano en su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal (1826): «ESLA: Río de España, en la provincia de León. Nace del puerto y de las montañas de Tarna».

La última referencia la he tomado de la España geográfica (1845) de Francisco de Paula Mellado al hablar de la provincia de León: «Atraviesa la provincia de N. a S. el caudaloso río ESLA o EZLA, antiguamente ÁSTURA, que tiene su origen en las montañas de Valdeburón». Obsérvese que nos recuerda la coexistencia de las dos formas a mitad del siglo XIX.

  1. SÍNTESIS

Esta sería la evolución lógica, con variantes a su alrededor y conviviendo en períodos de tiempo:

  1. ÁSTURA (S. I-2).
  2. ÁSTURA (S. VI)
  3. ÁSTORA (S. IX)
  4. ÉSTORA (S. IX)
  5. ÉSTOLA (S. X-XIII)
  6. ESTLA / EZTLA (S. XI-XIII)
  7. ESLA / EZLA (S. XIII-XVIII)
  8. ESLA (S. XIX-XXI)
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SIERO (LEÓN), DON TELLO Y GUERNICA (VIZCAYA)

Se acercan las fiestas patronales de Siero (León): Santiago y santa Ana (25 y 26 de julio).

En estas fechas entrañables, vuelven al pueblo muchos de aquellos que  tuvieron que emigrar en el siglo pasado buscando un futuro mejor. Hoy lo hacen abuelos, hijos y nietos.

Uno de los lugares de España donde dirigieron mayoritariamente sus pasos fue el País Vasco, y dentro de este, la provincia de Vizcaya. Bilbao y su alfoz albergan a buen número de ellos.

Cuando en otros tiempos regresábamos en el tren de la Robla y nos apeábamos en Guardo, allí estaba esperándonos el coche de línea de Quico el de Riaño, aquel viejo autobús con morro y arranque de manivela, que cargaba los bultos en su gran baca ubicada en su lomo. Y en él camino de Siero a las cinco de la tarde.

Atrás quedaba Velilla (que entonces se apellidaba de Guardo), y después de pasar por Besande enfilaba renqueante la subida al puerto de Picones. Desde su alto se divisaba ya parte de las tierras de Siero, en otro tiempo holladas en busca de gamones, cardos, coloños, hierba, paja… o cuidando los ganados. A la derecha Las Camperas y seguido la peña Tornera. El valle de Valdeladueña, con su fuente de los huevos podridos, la separaba de El Castiello.

SIERO: PUERTA ROMÁNICA COLOCADA EN EL ACTUAL CEMENTERIO, CON EL CASTIELLO AL FONDO

El Castiello nos traía viejos recuerdos. Recuerdos de niños. Todos sabíamos que su nombre se debía a que en su alto se hallaba el castillo de don Tello, cuyos restos tantas veces habíamos recorrido atraídos por el encanto de sus ruinas buscando no se sabe qué. El foso, los restos de los muros exteriores desmoronados, visos de alguna habitación, piedras y más piedras, todo destrucción, etc.

Cuando la edad nos hizo reflexionar, nos preguntábamos quién era aquel don Tello, nombre enclavado en la tradición oral, y que daba nombre al vigilante que quería dejar Siero en busca de las tierras llanas de Castilla a través del puerto de Picones y siguiendo el río Carrión. Y esta es más menos su historia, en breve.

El castillo es anterior a don Tello. Ya existía en el siglo XII (se le cita ya en 1181 en el Tratado de paz de Medina de Rioseco) y formaba parte del sistema defensivo levantado en las fronteras de los reinos de León y de Castilla.

En el siglo XIV el castillo formaba parte del señorío de Siero, integrado por Siero, Valverde y Besande (y en algunos momentos también por Portilla). Y el primer señor de este territorio a  quien se reconoce su posesión es al infante don Tello (1337-1370), más tarde señor consorte de Vizcaya (1353-1358) o  «Conde de Vizcaya, de Lara, de Aguilar y señor de Castañeda» (1366-1370). A él se debe el nombre del castillo, como lo atestigua el Memorial de la calidad y servicios de las casas que posee don Fernando de Tovar Enríquez de Castilla, caballero de la Orden de Calatrava, onceno señor del estado de Tierra de la Reina, que se compone de las villas y lugares de Boca de Huérgano, Villafrea, Los Espejos y Barniedo, DEL DE SIERO, con las de Besande, Portilla y Valverde y el castillo del conde don Tello… (1672). Este memorial se presentó a la reina para solicitar el marquesado de Valverde de la Sierra, que le sería concedido c. 1678.

TORREÓN DE LOS TOVAR EN BOCA DE HUÉRGANO

Tello Alfonso de Castilla (don Tello o el conde don Tello) era hijo de rey y hermano de dos reyes: Pedro I de Castilla (1350-1369) y Enrique II de Castilla (1369-1379).

Fue el sexto hijo de la relación extramatrimonial que el rey castellano Alfonso XI (rey entre 1312 y 1350) tuvo con Leonor de Guzmán (1310-1351). Nació en Mérida en 1337. Junto con sus hermanos Enrique  (más tarde Enrique II de Trastámara), Fadrique y Sancho jugó un papel destacado en la vida política de España entre 1337 y 1370, tomando parte en todos los acontecimientos de los tres reinados que le toco vivir: el de su padre Alfonso XI, su mediohermano Pedro I y su hermano Enrique II, aunque la documentación que ha quedado es escasa. Buena parte de la información que hoy se maneja procede de las crónicas medievales: la anónima Crónica de Alfonso Onceno o la Crónica de los reyes de Castilla, de Pedro López de Ayala (1332-1407).

Fue un personaje de comportamiento zigzagueante y artero, de retorcida personalidad, que hizo que con sus cambios de alianzas la evolución de los acontecimientos políticos de su época variara. Se plegaba a cualquier circunstancia con tal de que le reportara beneficios, no importándole que su actitud fuera calificada de inexplicable.

ALFONSO XI Y LEONOR DE GUZMÁN

Su madre, Leonor de Guzmán, se caracterizó por su desmedida ambición en el intento y realidad de dotar abundantemente con títulos, puestos y bienes materiales a todos sus hijos, aunque fueran bastardos. Fue la mujer más influyente del reinado de su amante, Alfonso XI, pudiéndose afirmar que llegó a controlar todos los resortes del poder. Llegó a postergar a la reina y al heredero legítimo del reino.

Fruto de esa ambición materna, Tello se convertirá en un hombre rico, poderoso e influyente.

Por muerte de su hermano Pedro (1330-1338), su padre le concedió el 10 de febrero de 1339 (con tan solo dos años) los dominios que dejaba vacantes su hermano, excepto Orduña, Paredes de Nava, Luque y Cuberos. Entre las heredades destacan Aguilar de Campoo (Palencia), Liébana (Cantabria), La Pernía (Palencia) y otros lugares en la frontera con Aragón. Hasta ese momento su padre no le había dejado heredad alguna. A estos territorio irá sumando muchos otros a lo largo de su vida.

No sabemos desde cuando tuvo los señoríos de Tierra de la Reina y de Siero, pero sí que fue su señor. Así nos lo ha transmitido la tradición oral y el Memorial antes citado. En el documento por el que Enrique II otorga a su sobrino Alfonso Téllez (hijo de don Tello) una serie de posesiones, entre las cuales se hallan los señoríos antes citados, dice textualmente: «cuando los poseía el conde don Tello, su progenitor» (18 de febrero de 1571). Formarían estos señoríos parte de los bienes que en el testamento don Tello lega a sus hijos varones habidos fuera del matrimonio (cuatro) y refiere de la siguiente forma: «todo lo otro que a mi pertenece en las montañas». Sin lugar a dudas, con montañas se está refiriendo a lo que ya entonces se conocía como montañas de León.

Desde 1339 las huestes de don Tello se hallarán presentes en las campañas militares contra los musulmanes que llevó a cabo su padre con tanto ahínco. Citemos, por ejemplo, la batalla del Salado (1340).

Con fecha 2 de enero de 1343 fue legitimado por su padre el rey Alfonso XI, con lo que pasó a tener los mismos derechos de derecho de heredad que los hijos nacidos del matrimonio legítimo de Alfonso y María de Portugal.

Siendo niño, su madre procuró su ascenso social, económico y político a través de dos procedimientos: la presencia en la Corte y el matrimonio.

Pronto entró a formar parte de la orden de caballerías Orden de la Banda, ocupando el cuarto lugar en el rango, orden que había sido creado por Alfonso XI en 1332.

En 1340 (con solo tres años), fue nombrado canciller mayor del rey[1], puesto que desempeñó hasta 1350, muerte de su padre, cuando fue sustituido por Alfonso de Alburquerque.

El segundo de los procedimientos que utilizó su madre para encumbrar a su hijo Tello fue el del matrimonio. Siendo niño apalabró su matrimonio con Juana, hija mayor del señor de Vizcaya Juan Núñez de Lara, uno de los hombres más poderosos del momento perteneciente a uno de los linajes más prestigiosos de España, que moriría en extrañas circunstancias en Burgos en 1350.

Con la muerte de su padre Alfonso XI en 1350 y el advenimiento al trono de Pedro I la consolidación de Tello en la Corte se interrumpe, ya que su madre será encarcelada en Sevilla y morirá en Talavera en 1351 por orden de la reina María de Portugal, esposa de Alfonso XI.

PEDRO I EL CRUEL

El mismo año de la muerte de su madre, jura lealtad al nuevo rey y se une a su séquito. Esa lealtad durará poco, ya que un año más tarde prestará vasallaje al rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso, acto que le será perdonado por su hermanastro. Reconciliado con este, asistirá a su boda con Blanca de Borbón en 1353.

Ese mismo año el rey autoriza la boda de Tello con Juana de Lara, que desde 1352 era la señora de Vizcaya por la muerte de su hermano mayor Nuño. Se casan en Segovia el 15 de octubre. Por este matrimonio se convierte en señor consorte de Vizcaya, pasando a ser, con tan solo 16 años, uno de los personajes más importantes del reino.

A partir de su matrimonio, Tello se convierte en aliado de su hermanastro Pedro I. Esta alianza durará cinco años, ya que, cambia de actitud al ver como su hermano Fadrique era asesinado el 29 de mayo de 1358 por orden regia; pasará a formar parte del bando de su hermano Enrique que guerrea contra Pedro I para proclamarse rey.

Como consecuencia de este cambio de bando, el rey ordena dar muerte en Bilbao el 12 de junio de 1568 al infante Juan de Aragón, casado con Isabel de Lara, que a la sazón era el administrador del señorío de Vizcaya en ausencia de Juana de Lara, que había sido hecha prisionera en Aguilar de Campoo, y de Tello, que se halla huido ante la persecución de su hermanastro el rey. Así incorporó este Vizcaya a la corona. Juana moría Sevilla en 1359 sin descendencia.

ENRIQUE II DE CASTILLA

El 16 de marzo de 1366 Enrique II se corona como rey de Castilla en Calahorra. El rey abandona Castilla ante el empuje de las fuerzas del ejército de su hermano.

El nuevo rey se traslada a Burgos, y aquí el proclamado rey de Castilla comienza a distribuir posesiones entre sus aliados. A Tello le da el señorío de Vizcaya en calidad de gobernador, nombrándole conde de Vizcaya, de Lara, de Aguilar y señor de Castañeda. Tello había perdido la dignidad de señor de Vizcaya al haber muerto todos los descendientes de los Lara y ser Juana Manuel, esposa de Enrique II, la heredera legítima.

El 3 de abril de 1367 tuvo lugar la batalla de Nájera (La Rioja) entre Pedro I, apoyado por tropas inglesas, y su hermanastro Enrique II. La victoria se decantó del lado del primero. En dicho enfrentamiento participaba Tello quien abandonó el campo de batalla sin presentar resistencia y se refugia en Aragón.

El 9 de agosto de 1368 realiza su primer testamento en Cuenca de Campos (Valladolid), que sería modificado por otro de 1370, en el que nombra albacea universal a su hermano Enrique II.

No se sabe con certeza ni la fecha ni el lugar de su muerte. Se da como fecha la del 15 de octubre de 1370 y como probable lugar Medellín (Badajoz). Según algunas fuentes, habría muerto envenenado por orden de su hermano el rey Enrique II.

Fue enterrado en el convento de los franciscanos de Palencia, al que había dejado una suculenta dote, como había ordenado en su testamento.

DON TELLO EN GUERNICA

Siendo señor consorte de Vizcaya, fundó las villas de Marquina (1355) y Elorrio (1356); como gobernador del señorío, las de Guernica (1366) y Guerricaiz (1366). Así figura en la carta puebla fundacional:

Sepan cuantos esta carta privilegio vieren, como yo, don Tello, con placer de todos los vizcaínos, fago en Guernica población e villa que se dice Puerto de Guernica…

A su muerte, sus territorios fueron repartidos entre sus 9 hijos (4 varones y 5 hembras) por el albacea Enrique II, según consideró más conveniente y no según lo estipulado en el testamento por su hermano. El reparto tuvo lugar el 18 de febrero de 1371.

El señorío de Vizcaya pasó al primogénito de Enrique II, el que reinaría con el nombre de Juan I de Castilla desde 1379, incorporándose así Vizcaya la Corona de Castilla.

Al segundo hijo varón, Alfonso Téllez, le asignó su tío el rey Enrique II el de las Mercedes en régimen de mayorazgo los señoríos de Tierra de la Reina, de Siero, de Portillo y de Aldea Mayor, que habían sido de su padre don Tello.

Así pues, el conde don Tello fue el nexo de unión entre los señoríos de Siero y de Vizcaya en los lejanos años de 1353-1370.

Concluyamos con este párrafo de Luis Vicente Díaz Martín que me parece un buen resumen de la vida del personaje que nos ocupa:

Concluía en el otoño de 1370, a los 33 años, la vida de don Tello, vástago real de una rama llamada a establecerse durante casi siglo y medio en el trono, primero en Castilla y después en Aragón, sin que, por su muerte, pudiera beneficiarse de la subsiguiente consolidación de su linaje. Había sido casi desde su nacimiento uno de los personajes mejor dotados del reino, y por su matrimonio había acumulado inmensas extensiones territoriales que hacían de él un destacado personaje que, sin embargo, no llegó a insertarse, en estos años conflictivos, en los problemas del reino más que en aquellos que, necesariamente por su cuna, le afectaron. En ellos actuó torvamente, sin que tuviera jamás decididos valedores, ni él mismo se empeñara con decisión en ninguna de las causas en las que hubo de participar. La traición y el cambio de bando fue su práctica habitual y el doblez su forma de comportamiento. Tuvo un fin oscuro como correspondía a quien jamás realizó empresas de brillo, sin que su personalidad dejara huella positiva en ninguna de las empresas en que participó. («Don Tello, señor de Aguilar y de Vizcaya (1337-1370)», Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 47 (1982),  p. 315).


[1]CANCILLERÍA REAL: órgano destinado a registrar, expedir y sellar los documentos reales.

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EN EL GYM DE LOW COST

La edad no perdona. Los excesos de juventud aparecen en la senectud, o antes. El cuerpo humano guarda todos los recuerdos. Estas y otras ideas me lanzaba mi galeno cuando con sus gafas a media nariz leía el informe de una delatora resonancia magnética de espalda: hernia discal entre L2-L3 y hernia del contorno posterior izquierdo con rotura del anillo. Los dolores son evidentes, pero estas lesiones no se pueden revertir con operación. En este momento. Medicación y ejercicios físicos específicos hasta conseguir lo asintomático. Y comenzó a escribir.

Medical equipment. MRI room in hospital.

Era más o menos lo esperado después de varios meses de dolores constantes. Me vuelvo a casa con la panacea: medicación y un folleto con ejercicios físicos.

Para lo primero no hubo problema. Mi farmacia me suministró los medicamentos advirtiéndome que me faltaba el omeprazol, ese protector del estómago contra tanto antiinflamatorio y antidoloroso.

Para lo segundo, la cosa se complicó algo más. Hacía años que yo no pisaba un gimnasio, y no conocía ninguno, por lo que decidí preguntar a mi inquiridor por uno cercano a casa y en el que pudiera realizar todos aquellos ejercicios que el galeno indicaba. Me dio la dirección de el que él consideraba el más cercano y el mejor: DISCOBOLO.

No tardé mucho en dirigir mis pasos hacia él. Y aquí comenzaron las sorpresas lingüísticas que me hicieron sentir desfasado, anticuado, fuera de la posmodernidad.

DISCOBOLO

El gimnasio que yo buscaba estaba en medio de una parcela, rodeada de un verde césped, bien cuidado y bien segado. Era un edificio moderno. Atravieso la verja y veo una fachada con una gran puerta, que supuse sería la entrada principal. Al acercarme, encima de la puerta y con letras grandes y en colores un rótulo que supuse sería el nombre: GYM DISCOBOLO LOW COST. Estuve a punto de darme la vuelta, porque por el momento creí que me había confundido. Pero no lo hice. Seguí avanzando. Aquel era el gimnasio que buscaba. En un principio pensé que se le habrían caído parte de las letras a la primera palabra, pero al ver el resto y la colocación me di cuenta de que no: ya había oído algunas conversaciones de jóvenes que decían que iban al GYM. Las dos últimas me dejaron aún más descolocado. No sabía que había gimnasios de bajo coste, como gasolineras, panaderías, tiendas deportivas, etc.

Cuando estaba cruzando la puerta de entrada iba pensando que me había confundido: «este gimnasio tiene que para gente que hable solo inglés», pero no fue así, para mi sorpresa.  Una señorita uniformada, con educación exquisita me saludó y me preguntó qué que deseaba. Yo, sacando mi folleto de ejercicios curativos de espalda, le pregunté que si allí podría realizar lo que el galeno me había prescrito. Me pidió el folleto y con él en la mano me paso al despacho del director. Le explicó mi objetivo, a lo que él respondió, una vez observado con atención mi prospecto médico,  que no había ningún problema, que me encontraba en el lugar adecuado.

Llamó por teléfono y al momento se presentó otra señorita, con una tarjeta en la solapa de su chaquetilla roja que indicaba su nombre y su profesión de fisioterapeuta, envuelta en modales de exquisitez, que me invitó a que le acompañara.

Tras ella, me dirigí confiado hacia lo que yo creía que era una piscina. Y pensaba: «en esta piscina olímpica realizaré mis ejercicios de natación». Se abrieron unas puertas automáticas y comenzó a describirme la instalación en la que yo podría realizar SWIMMING con un grupo que ya estaba formado y que tenía mis dolencias de espalda. Simplemente tenía que venir proveído de SOWER CAP, SWIMSUIT, TOWEL y SANDAL. Ante mi cara de sorpresa, me explicó que SWIMMING era el nombre moderno con el que designaban a los tradicionales ejercicios de natación. Ya comprendo –le respondí. Y me callé.

NATACIÓN

De allí, un tanto anonadado, me llevó a otra estancia en la que una bicicleta estática presidía varias filas indias de bicicletas, también estáticas. Pensé: esto ya lo conozco. Un uniformado joven pedaleaba sin parar e iba transmitiendo órdenes al grupo de hombres y mujeres que detrás de él y a lomos de las bicicletas pedaleaban sudorosos: «subimos dos puntos de carga, que vamos a comenzar a subir La Camperona». Mi acompañante me explicó que allí podría realizar yo los ejercicios de SPINNING, también llamados BIKE, y que necesitaría un equipaje similar al que llevaban aquellos ciclistas, aunque no era necesario que fuera tan completo, porque allí había muchos globeros. Nada le pregunté, porque intuía que lo antes se llamaba hacer bicicleta, ahora se había modernizado.

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Dejamos las bicicletas y me traslada a otra estancia repleta de cintas transportadoras. Me explica que, aunque el folleto aconseja realizar los ejercicios de RUNNING a aire libre y por el campo, que los puedo sustituir por la cinta transportadora porque está preparada, incluso, para realizar los pertinentes SPRINTING. Lo que sí me aconsejaba que, si quería convertirme en un auténtico RUNNER y para no perjudicar mi espalda,   me aconsejaba que me comprara unas buenas zapatillas que podría encontrar en las tiendas de deportes en las secciones modernas de RUNNING. Mientras la seguía iba pensando: «primero fue correr por el campo, después hacer footing y ahora nada menos que running. ¡Cuánto descubrimiento y desconocimiento!»

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Lo que no me aconsejaba, como experta en lesiones de espalda, era realizar TREKKING, porque en este país los senderos no están bien preparados y las pisadas en falso podían hacer mayor la hernia discal.

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Tras volver a revisar los ejercicios de mi folleto, me invitó a volver al despacho del director, quien me indicaría los horarios y el precio, recordándome que era un GYM LOW COST, pero que esto no significaba menos calidad o dedicación del personal. Era simplemente ECONOMIC POLICY de la empresa.

Después de darles las gracias, abandoné el gimnasio abrumado por tanta amabilidad y buenas maneras y runruneando en mi cabeza las incontables PLEASE, OK y THANK YOU con que me habían obsequiado.

Pensaba: «es inevitable, las modas vuelven y vuelven». Esta querencia de anglicismos ya la habría sufrido yo en mi juventud, pero se había pasado, como el sarampión; ahora observaba que había vuelto con furia, no estaba bien curada la enfermedad: no solo en el gimnasio, sino también en la televisión, en las revistas, en la conversación normal, etc.

Y yo sin entrar en la posmodernidad. Y, además, sin saberlo.

Finalizaré con estas palabras que escribía sarcásticamente Cadalso en el siglo XVIII al socaire de los galicismos que recorrían el bien hablar de los cortesanos afrancesados (entonces era Francia la que dictaba la moda), para que podamos entrar en la posmodernidad a través del estudio los que creemos que en nuestra lengua española es bueno utilizar sus palabras y no los extranjerismos, aunque no nos neguemos a usarlos cuando la lengua no pueda crear las palabras que han de referirse a las nuevas realidades:

en cada un año se fijen las costumbres para el siguiente, y, por consecuencia, se establezca el idioma que se ha de hablar durante sus 365 días. (Cartas marruecas, 35).

POST DATA

Por sugerencia de mi inquiridor, envié este relato al Ilmo. Sr. Director de la Academia que «limpia, fija y da esplendor» por si creía oportuno tomar nota y realizar alguna gestión en defensa de una lengua tan antigua como la española y con más de 450 millones de hablantes.

RAE

A las 48 horas recibí un emilio (email, correo electrónico, carta, misiva  o como se diga) desde el Departamento de atención a los hablantes de español correcto, firmado por su secretario, en el que me daba las gracias por la información facilitada, que, no obstante, ya obraba en su poder desde hacía tiempo, lamentando que la Academia no podía realizar gestión alguna al respecto, ni pronunciarse ante tanto deslate, porque había recibido órdenes de la SUPERIORIDAD de que no se tomaran medidas que no fueran políticamente correctas, y menos aun en momentos tan delicados internacionalmente como los del Brexit [sic], porque el imperio anglosajón podía sentirse ofendido.

 

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EL EJÉRCITO DE LOS NACIONALES EN LA UÑA (LEÓN) EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

  1. TESTIMONIO DIRECTO

Antes de que se nos mueran los pocos que quedan de los que tuvieron que vivir la guerra civil española de 1936 a 1939, es necesario dejar constancia de su testimonio vivido, y por tanto directo. No son fuentes oficiales, sino vivas, reales. Sin partido.

En La Uña, aún disponemos del testimonio de personas que les tocó sufrir aquella barbarie y que con mente lúcida recuerdan lo ocurrido. Uno de ellos es Antonio Ibáñez Valdeón, que en 1936 contaba con 17 años. De él, que también le tocó estar como soldado en otros frentes de guerra desde el 12 de febrero de 1938, procede la información relativa a la presencia de las fuerzas armadas en La Uña en el citado conflicto bélico.

De lo sucedido allí daremos testimonio para conocimiento de todos los interesados, y muy particularmente de los historiadores. Para que no lo borren de la historia.

  1. LA SUBLEVACIÓN MILITAR

Como todo el mundo sabe, el 18 de julio de 1936 es la fecha oficial que se toma como la del inicio de la sublevación de una parte del ejército español contra la segunda República, pero que no logró de inmediato sus objetivos: tomar Madrid, derribar el Gobierno y establecer una junta militar que debía presidir el general Sanjurgo.

La situación resultante fue que se desató una guerra civil, estableciéndose dos bandos: el de los leales a la República (los Rojos)  y el de los sublevados (los Nacionales).

Por lo que respecta a la provincia de León, el 20 de julio de 1936, a las dos de la tarde, se proclamó el estado de guerra en toda la provincia. Al anochecer, la rebelión se había impuesto en la capital de la provincia. No así en otras poblaciones.

  1. EL FRENTE NORTE REPUBLICANO

3.1. FORMACIÓN DEL FRENTE TARNA-VENTANIELLA

La vecina Asturias se mantuvo fiel a la República, pasando a formar parte del frente norte peninsular republicano: Asturias, Santander y Vizcaya.

Frente_del_Norte_-_Spanish_Civil_War_(March-Sept_1937).svg

FRENTE NORTE

Para contener el paso de los sublevados de la provincia de León hacia Asturias, el ejército popular se instala en una franja montañosa que va desde el puerto de Leitariegos hasta los de Tarna y Ventaniella, fortificando sus defensas, aún hoy bien visibles en el puerto de Las Señales y en el alto de Tarna, así como en las montañas que constituían la línea defensiva.

LAS SEÑALES

ASPILLERA DESDE LA QUE DISPARABA LA AMETRALLADORA. PUERTO DE LAS SEÑALES .

Nuestro interés se va a centrar en el frente asturiano Tarna-Ventaniella, que estaba formado por una línea defensiva en la que destacaban las defensas de los puertos de Las Señales y Tarna[1], el  pico Remelende, el Picón, la cerra de Riosol, el puerto de Ventaniella y anexos, la Castellana y sus peñas, Pileñes y el Venero.

Del lado leonés, el frente de los rebeldes estaba instalado en  los pueblos de Maraña, La Uña y Polvoredo, y sus aledaños, formando una línea defensiva a cargo de la Falange [2] (milicias civiles armadas [3] pertenecientes a este partido político, que fueron movilizadas los primeros días del alzamiento), que se había sumado a los rebeldes; lo mismo sucedió en la zona de Sajambre (León).

3.2. VALDEBURÓN EN JULIO DE 1936

En una de las obras que aborda la guerra civil en la provincia de León, se puede leer textualmente lo siguiente:

En el sector oriental, tres columnas partiendo de Boñar, Cistierna y Riaño, habían tomado el 6 de agosto Lario, Acebedo y otros núcleos. El 21 se ocupó Maraña y Lillo por efectivos procedentes de Riaño, y el 24 Valdeteja, por tropas procedentes de La Vecilla.[4]

Vamos a precisar lo que ocurrió en el valle de Valdeburón.

La única fuerza armada que había en la zona de Riaño el 18 de julio de 1936 era la del cuartel de la Guardia Civil de Riaño. En el resto de los pueblos de Valdeburón no había fuerzas armadas ni se produjo levantamiento alguno en armas ni a favor ni en contra de los sublevados. Por tanto, mal se pudieron tomar por el ejército los pueblos antes citados.

3.3. LAS FUERZAS DE LA  FALANGE EN LA UÑA

Como ya escribí y documenté en mi pos FÉLIX GORDÓN ORDÁS (1885-1973) EN LA UÑA (LEÓN): UNA HISTORIA CON DRAMÁTICAS CONSECUENCIAS, una centuria de Falange (no completa) se hallaba ya el día 25 de julio de 1936 instalada en Acebedo[5]. Así que mal pudo tomar dicha población el ejército el 6 de agosto. En esas fechas, los informantes no recuerdan haber visto unidades del ejército de los sublevados en La Uña, lo que no quiere decir que algún camión militar realizara alguna marcha de reconocimiento por la zona.

Lo que sí atestiguan es que la centuria de la Falange se instaló en La Uña en uno de los primeros domingos del mes de agosto y allí permaneció hasta mediados del mes de octubre de 1937 cuando abandonó el pueblo una vez que el frente rojo Tarna-Ventaniella hubo caído. Estaba al mando de Ángel Martínez, natural de Soto de Sajambre (León). Su lugar lo ocuparon las fuerzas de Orden Público.

Esta unidad falangista, integrada por unos 40 hombres, fue la que realizó la defensa de La Uña a través de su sistema de trincheras del pico de El Escavao, La Cureza y La Llana, amén de los dos parapetos[6] de Entrelassierras y la peña Los Bueyes, defensas de la carretera y el valle que van en dirección a Ventaniella y Tarna.

A los falangistas les ayudaron en sus tareas defensivas un pelotón de moros (10 hombres) que llegó a La Uña poco después que la Falange. Vivían en la portalada de Sindo. Uno de ellos murió en el sestil de El Cueto. Lo quemaron en la Cuesta. Se integraron en el ejército cuando este llegó la segunda vez[7].

3.4. LOS NACIONALES EN LA UÑA: MAYO DE 1937

El frente de guerra astur-leonés permaneció relativamente estable, con algunos escarceos armados de escasa relevancia,  hasta que se inició la ofensiva final en setiembre de 1937 como prolongación de la caída del frente norte del ejército rojo: Bilbao fue tomada el 19 de junio de 1937; Santander, el 28 de agosto y Gijón, el último reducto, el 21 de octubre.

En el mes de mayo de 1937 el ejército republicano inició su última gran acción ofensiva/defensiva en el frente astur-leonés. El hecho que vamos a relatar se encuadra dentro de esa acción, que no tendría mayores resultados y no consiguió romper el frente leonés de los nacionales[8]. A mediados de junio el empuje republicano había remitido.

La primera vez que llegó un gran contingente de soldados de los nacionales a La Uña fue la mañana del 16 de mayo de 1937. Cuando se estaban bajando los soldados de los camiones junto a la casa del tío Isidoro, al inicio del pueblo subiendo desde Acebedo, empezaron a disparar los rojos que estaban en El Navarín y mataron a un moro. Tuvieron que volverse hacia atrás y bajarse en El Retorno. Aún se conservan en la pared de la casa impactos de bala.

Tenían como misión expulsar a integrantes del ejército rojo que habían bajado por La Horcada  y se habían hecho fuertes en la caseta de las ovejas de Lario en Los Campos de María. El ejército se situó en la cerra de Polvoredo, en La Recuajada y en La Llana, desde comenzaron a disparar. Los rojos, al verse rodeados y en inferioridad, realizaron un agujero por la parte de atrás de la caseta de las ovejas y lograron escapar hacia sus posiciones. El ejército se volvió a marchar por la tarde. Quedó la Falange y Orden Público.

3.5. SEGUNDA PRESENCIA DE LOS NACIONALES EN LA UÑA: SEPTIEMBRE DE 1937

El 20 de septiembre de 1937 el general Aranda, que mandaba el VIII cuerpo del ejército de los nacionales, ordena al coronel  Muñoz Grandes, al mando de la Agrupación de Riaño,  que avance sobre las posiciones del ejército rojo en Tarna-Ventaniella. Contó con la II Brigada de Navarra, la III del coronel Latorre y cuatro centurias de Falange.

De esta forma, encontraremos al ejército de los nacionales por segunda vez en La Uña. Sucedió a finales de septiembre de 1937. Llegaron en varios camiones. Volvieron a desembarcar en el mismo lugar que la vez anterior, pero ahora sin contratiempos. Los informantes no se atreven a precisar el número de los efectivos, pero reconocen que eran muchos[9].

Sí recuerda el informante que estas fuerzas de infantería traían consigo dos piezas de artillería: dos cañones grandes.

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CAÑÓN SCHNEIDER 75/28

Uno de los cañones lo situaron en las eras de El Grandicio. Desde aquí bombardeaban las posiciones enemigas de la cerra de Riosol, el Picón, el alto de Tarna y Remelende.

El otro cañón lo situaron en la huerta de Avelino de La Maderada. Desde allí bombardeaban las posiciones del ejército rojo en el puerto de Ventaniella, La Castellana y Pileñes[10].

La ofensiva duró aproximadamente ocho días.

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DIRECCIÓN VENTANIELLLA-PILEÑES

Bombardeadas las posiciones enemigas de los rojos por la aviación procedente del aeródromo militar de León y por los cañones, se inició el avance de las fuerzas terrestres. El ejército comenzó su avance expulsando a los rojos del Venero, dirigiéndose a continuación hacia Valdosín. Desde aquí hacia Ventaniella, La Castellana y la peña Ten, en cuya cumbre se instaló una escuadra como medida de protección de las fuerzas que tenían que avanzar hacia Pileñes. Aquí fue donde los nacionales se encontraron con una fuerte resistencia.

El ejército fue apoyado por las fuerzas de Falange que subieron por el Arcenorio procedentes de Sajambre, a las que se unieron los falangistas de La Uña. Llegaron a la collada El Cardal[11], y de aquí hacia Pileñes. Una vez tomadas estas posiciones, continuaron su avance por territorio asturiano a través de las cumbres (desde la Salguerosa) en dirección Cangas de Onís, pero sin entrar en sus pueblos.

Controlada esta zona, el ejército se dirigió hacia las posiciones del ejército rojo en la cerra de Riosol, el Picón y el alto de Tarna, subiendo por el valle de Los Lobos (Yubil Cimero) y desde La Salguerosa.

El ejército rojo se vio obligado a retroceder y abandonar las posiciones que hemos denominado Tarna-Ventaniella[12]. Al pueblo de Tarna llegó el ejército de los nacionales el día 7 de octubre; Franco lo visitaría el día 10.

Los muertos del ejército nacional (aproximadamente una decena) fueron enterrados en el cementerio de La Uña.

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DIRECCIÓN RIOSOL-TARNA

3.6. EL CAZA ALCANZADO POR EL FUEGO ENEMIGO

Esta ofensiva del ejército terrestre de los nacionales estuvo apoyada por los bombardeos realizados por la aviación procedente del aeródromo de la Virgen del Camino de León donde tenía su cuartel general la Legión Cóndor[13]. Bombardearon insistentemente las posiciones del frente Tarna-Ventaniella hasta que las fuerzas terrestres pudieron avanzar y tomar dichas posiciones. En uno de los ataques de la aviación, uno de sus cazas (que era pequeño, según el informante), alemán al igual que su piloto, fue alcanzado por el fuego enemigo y, aunque averiado, logró aterrizar en los prados junto al cruce de Maraña.

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 AVIÓN MESSERSCHMITT BF-109 DE LA LEGIÓN CÓNDOR

3.7. LA DKW MISTERIOSA

Antes de que llegara el ejército a La Uña, se instaló allí una DKW, que se situó donde se halla en la actualidad el garaje del pueblo. Era un equipo de transmisiones. Estaba integrado por 5 militares alemanes [14]. Dormían en la misma DKW. Se fueron cuando las fuerzas terrestres de los nacionales tomaron las posiciones del frente Tarna-Ventaniella.

3.8. SECUELAS DE LA HUIDA

En su huida, el ejército rojo dinamitó el puente de La Forcada en el puerto Tarna en la vertiente asturiana, que en noviembre de 1939 aún no se había reconstruido; esto impidió el paso de vehículos por la carretera durante un largo período; dio fuego al pueblo de Tarna y derribó  la cabecera del puente de La Foz, acciones todas ellas encaminadas a dificultar el avance de los vehículos de los nacionales.

3.9. ORDEN PÚBLICO

Una vez derrotado el ejército rojo en este frente, mandado por Manuel Sánchez Noriega, Coritu, en el pueblo de La Uña quedó lo que se llamaban fuerzas de Orden Público. Era una escuadra (7 hombres), al mando de un capitán. Fueron reemplazados por la Guardia Civil en 1939.

ADENDA

1.ª ABASTECIMIENTO DE MUNICIONES

Las municiones para abastecer a las tropas nacionales llegaban en camiones hasta La Uña. De aquí se llevaban en carros de vacas hasta la vega de Valdosín y el Arcenorio, puntos de arranque de las fuerzas terrestres nacionales hacia las posiciones del ejército rojo.  El organizador de estos transportes era el presidente del pueblo: Isidoro Rodríguez. El era quien decidía qué vecino tenía que aportar el carro y las vacas y el lugar al que debía dirigirse.

En un primer momento, como los rojos se hallaban en El Venero y el sestil del Cueto, los que iban destinados al Arcenorio no podían subir por el camino de El Melendrín, ya que eran tiroteados por estos desde El Cueto. Lo hacían por el de Las Vallinas hasta La Pría; de aquí a los prados de Balagar, Samargullo y ya dirección Carcedo.

2.ª ENTERRAMIENTO DE LOS MUERTOS

Los soldados nacionales que murieron en la ofensiva contra el frente Tarna-Ventaniella fueron enterrados en el cementerio de La Uña. El enterrador era Pedro Lario. Maximino Diez escavaba las tumbas. Antonio  Ibáñez y Pedro Lario fabricaban las cajas. Para identificar a los muertos se colocaba dentro de un recipiente de cristal un papel con el nombre, y se colocaba en la cabecera, tapado con una teja para que no se rompiera. Algunos familiares vinieron a identificar a los soldados muertos y se los llevaron; otros, no.


[1] Aún se conserva en cada uno de ellos un nido de ametralladoras en perfecto estado. Controlaban el acceso por el valle de Riosol en dirección a Cofiñal y Tarna.

[2] Partido político español fundado por José Antonio Primo de Rivera en 1933, de corte fascista.

[3] Se caracterizaban por su uniforme: camisa azul con divisa formada por el yugo y las flechas, gorro negro, y pantalón negro.

[4] Wenceslao Álvarez Oblanca y Secundino Serrano, La Guerra Civil en León, León, Edilesa, 2009, p. 170.

[5] Los falangistas, además de La Uña,  se instalaron en Puebla de Lillo, Maraña, Lario, Soto, Oseja, Riaño y Portilla. Véase el mapa que aportan Álvarez Oblanca y Serrano, op. cit., pp. 168-169.

[6] PARAPETO: caseta defensiva de piedra, sin ventanas, con aspilleras para disparar.

[7] Iré completando la información de Antonio Ibáñez con la que proporcionan Álvarez Oblanca y Serrano en la obra citada. De acuerdo con esta, las fuerzas armadas nacionales del sector Riaño-Sajambre estaban al mandado del comandante Gómez Seco en noviembre de 1936.

[8] Dentro del VIII cuerpo del ejército nacional del norte de España se hallaba la 81 división al mando del general Múgica. Esta estaba dividida en varios sectores. Uno de ellos era el oriental: La Vecilla, Boñar, Lillo y Riaño. Contaba esta división con 16 batallones, 29 compañías y 9 baterías. Se entiende por batería el conjunto de piezas de artillería  dispuestas para actuar conjuntamente. Su número varía; en la artillería de campaña suele oscilar entre 4 y 6 piezas.

[9] Aprovecho la ocasión para indicar que las unidades del ejército fluctúan en cuanto al número de sus efectivos. No obstante, estos pueden ser valores indicativos: escuadra: 7 hombres al mando de un cabo; pelotón: tres escuadras (21 hombres) al mando de un sargento o alférez; compañía: tres pelotones (61 hombres) al mando de un teniente o capitán; batallón: varias compañías (entre 300 y 1000 hombres) al mando de un comandante; división: varios batallones (entre 10000 y 18000 hombres) al mando de un general.

[10] Desconoce nuestro informante de qué tipo de cañones se trataba, aunque los vio disparar en repetidas ocasiones. Sí recuerda que eran grandes, con ruedas radiales de hierro como las de los carros montañeses, y que iban tirados por camiones. Se podría tratar de cañones Schneider 75/28. Era un arma reglamentaria de los regimientos de artillería ligera del ejército español desde 1906. Al iniciarse la guerra, los rebeldes contaban con 204 piezas de este tipo y el Gobierno con 144. Al finalizar, se contaron hasta 306. Pesaban en arrastre 1730 kilos y tenían un alcance de 8500 metros, por lo que perfectamente podían alcanzar las posiciones antes descritas.

[11] El primer falangista que llegó a la collada fue abatido por disparos del ejército rojo desde Pileñes.

[12] El 25 de septiembre se rompió el frente. El 26 las tropas nacionales  que habían partido de La Uña tomaban el puerto de Ventaniella y las alturas circundantes. El 29 se dominó la carretera  de Cofiñal a Tarna. El 7 de octubre llegaron al pueblo de Tarna, que se hallaba incendiado.

[13] Era esta una fuerza militar de intervención, mayoritariamente aérea, enviada por el III Reich para apoyar a Franco. Desempeñó un papel fundamental en la caída del frente norte del ejército popular. Operaba con diferentes tipos de aviones cazas y bombarderos: Heinkel, Junkers, Dornier y Messerschmitt; el modelo Bf-109 de este último fue el más utilizado, con 136 unidades; se convertiría en el caza estándar de la naciente fuerza aérea española. Tanto el personal como los aviones utilizados eran alemanes.

[14] Como anécdota del comportamiento de estos militares alemanes, el informante recuerda que tenían un perro pequeño. Estando en La Uña, se murió dicho perro y le enterraron en la huerta actual de Gloria Ibáñez, con honores militares, realizando las salvas pertinentes de fusilería.

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LA IGLESIA DE LA UÑA (LEÓN) EN 1806

Cayetano Antonio Cuadrillero fue obispo de León entre 1777 y 1800. Le sucedió en la sede episcopal el extremeño Pedro Luis Blanco, quien estuvo al frente de ella entre 1800 y 1811.

Este último giró su primera visita pastoral en 1806. Entre las parroquias visitadas se halla la de La Uña, arciprestazgo de Valdeburón de Arriba.

CAMPANARIO ACTUAL DE LA UÑA: La campana grande es de 1862; la pequeña (procedente no ha mucho tiempo de Escaro), de 1733, y la del martillo del reloj, de 1793.

Como era preceptivo, el cura párroco, Manuel Díez, emite un informe sobre el estado de su parroquia, que va datado el 21 de julio de 1806:

«Certifico yo, el infra escrito cura párroco del lugar de La Uña, en cumplimiento de lo mandado por su Ilma.
[…].
Y para que conste, lo firmo en La Uña, y julio, 21, de 1806.
Dn. Manuel Diez».

Los asuntos más relevantes de los que da cuenta en un sucinto informe son los siguientes.

Comienza dando los datos de población: 40 vecinos y 110 almas de comunión (personas mayores de siete años). Si comparamos estas cifras con las de la segunda visita del obispo Cuadrillero en 1786, observaremos  que la población de La Uña ha sufrido una bajada considerable: ha perdido 6 vecinos y 63 almas de comunión.

A continuación entra en la información propiamente eclesial. Se nos dice que sigue existiendo una capellanía de sangre[1], atendida por un capellán que es vicario en el cercano pueblo de Liegos. Recordemos que las capellanías de sangre pertenecían a las colativas, que son las autorizadas por la Iglesia, que administra sus bienes como apoyo económico del capellán, quien tiene la obligación de decir en la parroquia de La Uña una misa diaria.

También se informa de que existe un estudiante de Teología, de cuarto curso, nativo del lugar.

RESTOS ACTUALES DE LA ERMITA DE SAN MIGUEL

Para finalizar, detalla el estado económico de la parroquia y demás santuarios del pueblo, observándose que los ingresos han disminuido respecto de 1786. El curato ha pasado de ingresar 2320 reales al año a 1980. La iglesia como tal ingresa 130 reales y tiene de alcance (superávit) 960 reales.                        

De los santuarios existentes (San Miguel, San Roque y Santa Águeda, cuyas imágenes estuvieron en la iglesia vieja y desaparecieron), solo el primero obtiene superávit: 960 reales anuales, contando con unas reservas monetarias de 1100 reales, en poder de tres mayordomos.

SAN ROQUE

SANTA ÁGUEDA

Y nada más dice el informe (AHD de León).

ADENDA POBLACIONAL

AÑO VECINOS ALMAS DE COMUNIÓN
1753 52 ¿?
1786 46 173
1806 40 110

[1] Las capellanías eran fundaciones religiosas, abundantes en la España de los siglos XVI a XVIII, de carácter perpetuo, que tenían una doble finalidad: contribuir a la salvación del alma de sus fundadores y generar una renta para mantener de forma vitalicia al capellán. Intervenían en su fundación tres partes: el fundador, que es quien aportaba los medios económicos, establecía las características de la capellanía y decretaba el proceso de sucesión ante una vacante; el patrono, que velaba por el cumplimiento de las cláusulas de la capellanía, administraba sus bienes, verificaba la celebración de las misas u otros oficios religiosos estipulados, proponía un nuevo capellán y asistía a la visita del obispo u otras autoridades eclesiásticas a la capellanía; el capellán, que cumplía con las cargas espirituales establecidas (misas y demás actos religiosos por el alma del fundador o de sus familiares), residía en la localidad de la capellanía y asistía y servía a las funciones estipuladas. Existían dos clases de capellanías: las colativas (constituidas con la intervención del ordinario del lugar, los bienes pertenecían a la Iglesia, quien a su vez, era su administrador) y las laicales (los bienes se segregaban de la herencia del fundador y quedaban vinculados a la capellanía, no intervenía la autoridad eclesiástica en su constitución, aunque sí velaba por el cumplimiento de las cargas espirituales, y tenían un administrador o patrón que gestionaba sus bienes).

 

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PORTADA DE TRES IGLESIAS

Muchas personas del pueblo de La uña (León) se siguen sorprendiendo cuando les dices que en la portada de su iglesia, por la que han pasado cientos de veces, hay GRABADAS tres fechas que hacen referencia a tres iglesias diferentes del pueblo: la que estuvo en el actual cementerio, la conocida como iglesia vieja y la actual.

Y eso se debe a que desconocen que en la Revista Comarcal (N.º 48, febrero de 2015) ya se publicó la explicación, que ahora traigo de nuevo.

IGLESIA ACTUAL DE LA UÑA (LEÓN)

La fotografía siguiente reproduce la portada que preside hoy la iglesia citada. Estamos delante de una portada de inspiración clásica, de piedra, aunque de factura libre. El vano se abre sobre arco de medio punto compuesto de cuatro grandes dovelas y una clave central marcada en relieve, así como tres arquivoltas separadas por hendidura semicircular.

La portada carece de tímpano y de abocinamiento.

El arco principal se apoya en pilastras de sección rectangular, con doble imposta y basa.

PORTADA ACTUAL DE LA IGLESIA DE LA UÑA

En la clave central se encuentra grabada una cruz. En el lado izquierdo de los pies se lee «AÑO»; en el derecho, «1758». Esto significa que esta portada estuvo en la iglesia que en 1786 se hallaba a la orilla del río, en el cementerio actual, y a la que el cura calificaba de pequeña, ruin, oscura y húmeda.

PORTADA DE LA IGLESIA VIEJA DE 1959, ADORNADA CON UN ARCO DE RAMAS Y FLORES, EN EL CANTAMISAS DEL PADRE JUVENTINO LARIO

Cuando se edificó la nueva iglesia en el centro del pueblo, a lado de la carretera, se trasladó allí dicha portada. Desconozco cuándo se levantó dicha iglesia, que fue derruida prácticamente en su totalidad –solo se conservó una parte de la pared izquierda y una pequeña parte del frontal y la portada- en la primavera de 1960 para erigirse sobre ella la actual. Por eso, debajo de la citada cruz se halla grabado el año de «1961», fecha de la recolocación de la portada, a la que se le añadiría la piedra que se halla debajo de la imposta para darle más altura. La nueva iglesia se inauguraba el 25 de junio de 1964.

Todo lo anterior explica el título de una portada y tres iglesias.

IGLESIA VIEJA DE LA UÑA. AÑO 1956

 

 

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LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN LA LITERATURA: EL QUIJOTE

El día 25 de mayo tuve ocasión de participar en las jornadas Cervantes por León, organizadas por SOFCAPLE. Lo hice en la Biblioteca Pública de León disertando sobre un tema que mi condición profesoral me había llevado a prestar atención en la explicación del Quijote a los alumnos de Bachillerato: el tema leonés.

Como el tiempo en estos casos está siempre tasado, lo circunscribí a las montañas de León en la obra cervantina, con especial dedicación a la historia del cautivo.

El Reino de León a finales del siglo XVI y comienzos del XVII no tiene unos límites geográficos perfectamente definidos, como los tiene hoy la provincia que lleva su nombre. Se consideraba como tal el territorio delimitado por el río Duero por el sur, el Pisuerga por el este, una larga cadena montañosa por el norte y el río Burbia por el oeste.

Esto lo podemos apreciar en el mapa que los cartógrafos BLAEU publican en 1640:

Esa cadena montañosa que se ve cómo recorre dicho reino en su vertiente norte, desde Lugo hasta las Asturias de Santillana, se la conocía como «montañas de León». Las montañas que encontramos por el suroeste ya se llamaban entonces «Montes de León».

En el plano literario, las montañas del Reino de León las encontraremos ya en obras de la Edad Media y después en el Siglo de Oro español, con un doble significado: denotativo (cadena montañosa) y connotativo (vida pastoril y cuna de nobleza).

Cuando Cervantes (1547-1616) escribe y  publica La Galatea (1585) y el Quijote (1605/1615), las citadas montañas las conoce a través de ese mundo literario y del contacto que pudo establecer con la trashumancia, amén de las relaciones personales. No se hace necesario desplazar el origen documentado de su nacimiento desde Alcalá de Henares hasta las tierras leonesas (indocumentado).

TRASHUMANCIA

Y Cervantes sabía que las montañas de León eran algo más más que un referente geográfico. Su uso lo sobrepasaba. Se utilizaban en la literatura por sus connotaciones, por lo que tenían detrás de sí, por su valor de tópico literario.

Las encontraremos en su novela pastoril (mundo de los pastores literarios) y en la famosa historia del capitán cautivo (nobleza guerrera heredera de los godos que lucha contra el infiel, cautivada por el moro y liberada por un jugoso rescate).

NOBLEZA DE MONTAÑA: CASA SOLARIEGA DE PUEBLA DE LILLO

Todo ello lo encontrarás ampliamente documentado en el siguiente enlace:

LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN LA LITERATURA. EL QUIJOTE

 

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(3) LA IGLESIA DE SIERO (LEÓN) EN 1806

En 1786 el obispo Cayetano Antonio Cuadrillero (obispo de León entre 1777 y 1800) realizó su segunda visita pastoral a la diócesis de León. Entre las parroquias visitadas figura la de Siero, arciprestazgo de Almanza.

De ella di cuenta en mi post

https://literaturayotrosmundos.wordpress.com/2013/06/20/la-iglesia-de-siero-leon-en-el-siglo-xviii/

Todavía realizó una tercera visita entre 1790 y 1792. De la documentación conservada no se halla relación del arciprestazgo de Almanza, por lo que se debe suponer o que no visitó dicho arciprestazgo o que la documentación se ha perdido.

IGLESIA ACTUAL DE SIERO

Le sucedió en la sede episcopal de León el extremeño Pedro Luis Blanco, quien estuvo al frente de ella entre 1800 y 1811.

Giró su primera visita pastoral en 1806. Entre las parroquias visitadas se halla la de Siero, que sigue perteneciendo al arciprestazgo de Almanza.

Como era preceptivo, el cura párroco, Nicolás Pérez Aro, emite un informe sobre el estado de su parroquia, que va datado el 24 de julio de 1806. Los asuntos más relevantes fueron los siguientes.

El curato de Siero dependía del obispado de León. Cuando quedaba vacante, el obispo nombraba un nuevo cura a través del sistema de oposición.

 De las cuatro categorías de parroquias existentes, según su importancia (entrada, primer acenso, segundo ascenso y término), la de Siero pertenecía a las llamadas de entrada o las menos importantes,  reservada paras los curas en su primer destino. La de Besande era de primer ascenso; la de Valverde, de segundo ascenso, y la Riaño, de término.

No existe capellanía alguna.

Los ingresos seguían siendo escasos: 500 reales anuales procedentes de censos y de la renta de los prados que la iglesia poseía.

La dotación de la iglesia la califica de muy pobre en ropas y el estado del edifico bastante deteriorado.

LO QUE QUEDA DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL CADO

De las cuatro ermitas que había en 1786, solo quedan dos en pie. La de Nuestra Señora del Cado, cuyo patrón es el marqués de Valverde. A la sazón lo era Joaquín Félix de Samaniego (cuarto marqués). Se dice que está casi arruinada, carece de ropas y no paga a la parroquia nada. Recordemos que se hallaba en Picones.

Se mantenía en pie la ermita de san Miguel «en el casco del lugar» (pueblo), diferente del emplazamiento posterior en el collado de san Miguel. Se dice que está bastante decente y que se mantiene de sus propias rentas, aunque de las 70 misas anuales de aniversario que se deben decir en ella la mayoría no se celebran porque no se pueden cobrar.

En la relación anterior se declaraba que había 10 obras pías de bueyes. El cura certifica que cuando él llega a la parroquias había tres, pero que al presente se han perdido por haber muerto sus responsables.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Y nada más. Este informe es mucho más escueto que el que realizan otros párrocos del mismo arciprestazgo.

La conclusión general que se puede extraer es que el declive del estado eclesial de Siero a comienzos del siglo XIX era evidente: han desaparecido dos ermitas, una está en ruinas, la fábrica de la iglesia está en mal estado y la dotación de ropas es muy pobre…

(AHD 244)

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CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS: (5) LA OLLA DE DON QUIJOTE

Literatura y otros mundos

  1. FUNDAMENTOS

En los últimos días he visto dos programas televisivos sobre Miguel de Cervantes. Como desde hace un tiempo acá está de moda la cocina, el tema de dicho programa era la cocina en el Quijote, con preparación en directo de los platos que en la obra aparecen. Me pareció que el rigor brillaba por su ausencia y que la documentación se les había olvidado, hasta confundir el salpicón con la ropa vieja.

Teniendo en cuenta que la cocina es variable de unas regiones a otras, incluso de unas poblaciones cercanas a otras, no hay que olvidar que el fondo, lo esencial, suele ser común. El propio Sancho así lo reconoce:

—Aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que, por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto…

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