LA CARIDAD EN LA IGLESIA DE SIERO (LEÓN)

Varias son las ceremonias religiosas que mi infancia y juventud presenciaron en la iglesia de Siero en las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado y que el tiempo (los nuevos tiempos mudan las costumbres) se ha encargado de ir suprimiendo. Una de ellas era la conocida como LA CARIDAD.

Giraba esta ceremonia en torno del PAN, ese alimento que ha estado presente en la Iglesia desde su comienzo. Recordemos el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (Mt, 14, 13-21) o la institución de la eucaristía la noche de Jueves Santo (Lc., 22, 7-20), que Jesús mandó continuar a sus apóstoles.

LA ÚLTIMA CENA, de Leonardo da Vinci

Así pues, el pan está en el origen del cristianismo, que lo ha hecho presente a lo largo de su historia. En sus comienzos, en la iglesia primitiva, los fieles presentaban panes en el ofertorio. Una parte de ellos era consagrada. Otra se bendecía y se distribuía entre los propios fieles, incluso los ausentes, y otra se daba a los pobres. Aparece aquí ya el fin caritativo del pan presente en la misa, que iba a perdurar durante siglos, con especial relevancia en épocas de hambrunas.

Existieron, y algunas aún continúan, otras ceremonias religiosas en las que el pan también estuvo presente, como en las misas de difunto, en la presentación de la madre y su hijo a la comunidad, en determinadas fiestas religiosas, en las romerías (especialmente roscas), en la consagración de los obispos, en la canonización de los santos, etc.

Heredera de esas tradiciones primitivas cristianas que perduraron durante siglos, pero ya sin el fin caritativo inicial de alimentar a los pobres, era LA CARIDAD de Siero que  yo viví, y de todas aquellas iglesias en las que tenía lugar.

IGLESIA DE SIERO

Al igual que las mayordomías de la Virgen eran desempeñadas de forma rotativa por las mozas, y al igual que la mayordomía de la iglesia era desempeñada anualmente por los matrimonios, también de forma rotativa y siguiendo la fecha de su boda, el agente externo de la caridad era la familia, la unidad familiar. Se llevaba el pan de la caridad a la iglesia de forma rotativa siguiendo el orden de las viviendas.

Tenía lugar esta liturgia del pan los domingos y días festivos en la misa mayor.

OBLADA

La familia a la que le correspondía llevar ese domingo la caridad a la iglesia debía preparar dos cosas: una oblada[1] y un canastillo llano de mimbre con borde de poca altura, llamado azafate, con pequeños trozos de pan cortados uniformemente en forma de prisma rectangular. El pan debía ser pan blanco, o lo que es lo mismo, de trigo. La oblada era un pan mediano con una cruz en la cara superior, cuyo destinatario era el sacerdote de la parroquia. Los trozos de pan iban dirigidos a los feligreses; por tanto, había que calcular tantos como parroquianos acudieran a la misa, que era de obligado cumplimiento, para que cada uno pudiera comer dicho pan a la finalización de la misa. Eran tiempos en que el pan se amasaba en los hornos que prácticamente tenían todas las casas. La familia a la que le tocaba llevar la caridad, si esa semana no le correspondía amasar (normalmente los amasados se hacían de quince panes), encargaba a otra familia, que amasara cercano al domingo, que le hiciera la oblada y un pan grande para los trozos. En los últimos tiempos de su existencia, era ya el panadero de La Villa, el tío Átalo, el que proveía del pan pertinente para llevar la caridad a la iglesia.

OBLADA Y AZAFATE 

Normalmente era el «ama de la casa» la que llevaba la caridad a la iglesia. La tenía consigo hasta la hora del ofertorio. En ese momento dejaba su lugar en los bancos o reclinatorios de la iglesia y la depositaba en el altar. El sacerdote, antes de proceder a la oferta de la ostia y el vino, bendecía la caridad. Por tanto, se convertía en un pan bendito.

A la finalización de la misa, la encargada de llevar la caridad entregaba la oblada al sacerdote y con la cesta de los trozos de pan se dirigía la primera al exterior de la puerta de la iglesia. Allí iban recogiendo su trozo de pan los feligreses según iban abandonando el recinto religioso. Especial interés despertaba este pan en la chavalería, que intentaba coger más de un trozo.

La participación de este pan bendito tenía una obligación religiosa: una vez comido el pan bendito se debía rezar un padrenuestro por las ánimas del purgatorio.

Sobre el significado de esa liturgia del pan que se mantuvo en tiempos en que ya había perdido el fin caritativo inicial de saciar el hambre de  los pobres hay varias teorías. Los más se inclinan por pensar que continuó como símbolo de unión de la feligresía, de la hermandad, afecto y amistad que debía reinar entre todos aquellos que asistían a la misa.

ADENDA

Existe un refrán que tiene como centro de interés las OBLADAS, entendidas estas como ofrendas que se hacen en las iglesias. Dice así: «Quien lleva las obladas, que taña las campanas». Ya lo recogía Gonzalo Correas en su Vocabulario de refranes y frases populares de 1627.

Es un refrán de significado un tanto oscuro. Por eso, los estudiosos de los refranes lo han explicado desde antiguo, explicitando que quiere decir que «el que lleva la utilidad debe llevar el trabajo».

Parece ser que tuvo su origen en la antigua costumbre de suministrar alimentos a las personas que tañían las campanas durante la víspera del día de los difuntos.


 

[1] OBLADA: palabra que procede del latín medieval OBLATA, que, a su vez, procede del participio OBLATUS del verbo AFERRE, que significa ‘ofrecer’. Por tanto, en términos generales OBLADA significaba ofrenda que se llevaba a la iglesia y, como regularmente era de pan, pasó a llamarse por antonomasia dicho pan OBLADA.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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Fuerza y vigor, y la extraña sensación
de estar en lo alto;
no lo olvides: el edificio más sólido y estable
se derrumba, si corroen sus cimientos.

Yo soy el perrillo fiel, zalamero,
pero eres tan alto,
que no ves mis actividades,
porque no te dignas mirar abajo,
porque siempre quieres mirar arriba.

Y yo te voy corroyendo, minando,
y un día caerás indefenso,
y yo me erguiré victorioso,
y estaré siempre atento
a lo que suceda en mis pies.

Quizá pueda anidar en ellos
una potencia que hoy por hoy no ladra,
pero que maña muerda.

(LUIS DE VALDETÉ)

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HISTORIA DE DOS HERMANAS QUE NACIERON CON NUEVE SIGLOS DE DIFERENCIA: IVIERNO // HIBERNACIÓN

Estamos en otoño. Es época en que los árboles pierden sus hojas, pero también es época de recolección de frutos. Los que nacimos entre montañas, y el monte fue nuestra primera escuela, sabemos que el OSO anda afanándose en proveerse de grasas necesarias para pasar el venidero INVIERNO en HIBERNACIÓN[1] allá por La Rasa, Valponguero, Hormas, Lechada o Peña Prieta. En estos idílicos y solitarios parajes irá buscando su cueva favorita, su osera, la irá preparando para INVERNAR ‘pasar el invierno en un lugar’ protegiéndose de los rigores del TEMPUS HIBERNUM ‘estación invernal’, que dirían los latinos. En otras palabras, se prepara para HIBERNAR ‘pasar el invierno en estado de hibernación’, aunque no siempre le sea necesario.

EJEMPLAR DE OSO PARDO EN LA CORDILLERA CANTABRICA

Y ya tenemos aquí un grupo de palabras que tienen la misma madre, pero que han nacido con siglos de diferencia. Todas tienen que ver con el vocablo latino HIBERNUN, de él proceden. Son su descendencia romance en español, son palabras que se asemejan, como los hermanos, pero que cada una tiene su propio significado y no son intercambiables.

Antes de proseguir, permítame el lector interesado en hacer dos aclaraciones para los no versados o los que ya no se acuerden.

Las palabras del español procedentes del latín, atendiendo a su evolución y el momento en que entran en la lengua, se clasifican en PATRIMONIALES y CULTAS. Las primeras son las que hallamos en la lengua desde sus primeros tiempos y han experimentado una serie de cambios fonéticos que las diferencian claramente del original; las segundas, se han incorporado a la lengua tardíamente y apenas si han experimentado cambios formales en su paso de la lengua madre al español. El ejemplo tópico es el siguiente: del latín CONCILUM proceden las españolas CONSEJO, por la vía tradicional, y CONCILIO, por la culta. O este otro: del vocablo latino CĂTHEDRA (con acento en la e) proceden CADERA y CÁTEDRA.

Y ahora voy a comenzar con la familia de INVIERNO, patrimonial, y que como ya he dicho más arriba procede de lo que los romanos llamaban TEMPUS HIBERNUM ‘estación invernal’ (sustantivo más adjetivo)

El primer fenómeno lingüístico que se produjo ya en latín vulgar fue la eliminación del sustantivo TEMPUS, quedando solo el adjetivo. Y de HĪBĚRNŬM encontramos ya en castellano hacia 1140 la palabra IVIERNO,[2] que es el resultado fonético lógico en su paso del latín al castellano: la H latina se pierde; conservación de la vocal larga Ī; las consonantes B y V intervocálicas confluyeron ya en latín vulgar en V, que en romance pasaron a escribirse V o U; la Ě diptongó en IE; la R y la N se conservan; la Ŭ se convierte en O y la M del acusativo desaparece.

Después llegarían IVERNAL, del latín HIBERNALE(M), e IVERNAR, de HIBERNARE.

En 1335 hallamos ya la palabra INVIERNO, con el añadido de una N, que no está en la etimología. Este fenómeno se llama epéntesis o añadidura de un sonido, en este caso nasal, sin razón aparente, a no ser que se deba al reflejo de la otra nasal que hay en la misma palabra, según don Ramón Menéndez Pidal en su Gramática histórica.[3]

Y después irán apareciendo el resto de las palabras de esta familia lingüística con N: INVERNIZO, INVERNADA, INVERNAR, INVERNADERO, INVERNAL, INVERNAZO, INVERNÁCULO. Notemos que en español no existe la palabra *INVERNACIÓN.

OSERA

La otra hermana de la que hablaba al comienzo es la palabra HIBERNACIÓN. Procede del sustantivo latino HIBERNATIONE(M). Ha entrado en español por la vía culta y muy tardíamente. El DRAE no la registra hasta 1970 con el significado específico que ya he dado.

También en 1970 recoge el DRAE el verbo HIBERNAR, que procede también del latín HIBERNARE por la vía culta.

Y ya tenemos la otra familia lingüística: HIBERNACIÓN, HIBERNAR, HIBERNAL, HIBERNIZO.

Jugando con las palabras podríamos construir la siguiente frase ilustrativa: «En las oseras de Peña Prieta y otros lugares de los valles altos del Esla, en 2017-2018 INVERNARON varios osos; su periodo de HIBERNACIÓN fue corto, porque la primavera se adelantó y los liberó de estar más tiempo HIBERNANDO. La estación INVERNAL no fue especialmente dura y propició que los tiempos HIBERNIZOS fueran cortos ».

HIBERNANDO

OSO HIBERNANDO


[1] «Estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0 y disminución general de las funciones metabólicas» (DRAE). En los osos el ritmo cardiaco desciende hasta unas 10 pulsaciones por minuto, el ritmo respiratorio baja a la mitad y la temperatura se reduce en 4 o 5 grados.

[2] Todavía el DRAE recoge las palabras, calificadas ya como antiguas y poco usadas, IVERNAR, IVERNAL amén de IVIERNO.

[3] Otros ejemplos: MACULA > MANCHA; MACELLA > MANCHA; POTIONE > PONZOÑA; MATTIANA > MANZANA; LOCUSTA > LANGOSTA, etc.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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Nuevos proyectos que abren horizontes,
ilusiones que se convertirán en tristes realidades;
habrá una realidad que será la meta de una ilusión
y una ilusión que será el final de una vida.

Acicate para el estudio de Románicas,
licenciatura en los dogmas deustensis,
aprobación del idioma madre,
que te llevará a las aulas del doctorado.

Extraños que se preguntan por el intruso,
que miran con el rabillo del ojo al español (leonés)
que pretende arrebatarles de sus lares
una gota de ciencia,
aunque nacionales, universales de todos.

Regreso a la casa patria (perdida)
y la solución a un problema que no existía,
porque la vida se fue
cuando comenzaba a ser vida.

(LUIS DE VALDETÉ)

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ESTILOESTADÍSTICA. (5). VERSOS ONOMATOPÉYICOS: Antonio Machado (1875-1939).


1. MODERNISMO MACHADIANO

El poeta Antonio Machado fue vivió acaballo del siglo XIX y XX. En su poesía primera se puede observan claramente el influjo del Modernismo y del Simbolismo. Dichos influjos se harán patentes en Soledades (1903), su primer libro de poemas. Es obra de lírica intimista y de brillantez formal.

RETRATO DE ANTONIO MACHADO REALIZADO POR LEANDRO OROZ EN 1925

A la obra citada pertenece un poema que lleva por título «Tarde», que con leves modificaciones y sin título encontramos en Soledades, galerías y otros poemas (1907).

Es un poema en el que Machado muestra su tristeza, sin que explicite el porqué. Probablemente las causas sean la falta de amor en su juventud y la angustia vital que le persigue.

El poeta dialoga con la fuente sonora de un solitario parque en una tarde de verano triste y soñolienta tratando de desentrañar la realidad del tiempo pasado. La melancolía impregna todo el poema que comienza así:

Fue una clara tarde, triste y soñolienta 
tarde de verano. La hiedra asomaba 
al muro del parque, negra y polvorienta…
La fuente sonaba. 
   

Rechinó en la vieja cancela mi llave; 
con agrio ruïdo abriose la puerta 
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave 
golpeó el silencio de la tarde muerta. 

En el solitario parque, la sonora 
copia borbollante del agua cantora 
me guió a la fuente. La fuente vertía 
sobre el blanco mármol su monotonía.

La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano, 
un sueño lejano mi canto presente? 
Fue una tarde lenta del lento verano.
Respondí a la fuente: 

—No recuerdo, hermana, 
mas sé que tu copla presente es lejana.

Fue esta misma tarde: mi cristal vertía 
como hoy sobre el mármol su monotonía. 
¿Recuerdas, hermano?… Los mirtos talares, 
que ves, sombreaban los claros cantares 
que escuchas. Del rubio color de la llama, 
el fruto maduro pendía en la rama, 
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?… 
Fue esta misma lenta tarde de verano.

—No sé qué me dice tu copla riente 
de ensueños lejanos, hermana la fuente.

Yo sé que tu claro cristal de alegría 
ya supo del árbol la fruta bermeja; 
yo sé que es lejana la amargura mía 
que sueña en la tarde de verano vieja.

Yo sé que tus bellos espejos cantores 
copiaron antiguos delirios de amores: 
mas cuéntame, fuente de lengua encantada, 
cuéntame mi alegre leyenda olvidada.

 —Yo no sé leyendas de antigua alegría, 
sino historias viejas de melancolía.

 Fue una clara tarde del lento verano… 
Tú venías solo con tu pena, hermano; 
tus labios besaron mi linfa serena, 
y en la clara tarde dijeron tu pena.

Dijeron tu pena tus labios que ardían; 
la sed que ahora tienen, entonces tenían.

—Adiós para siempre la fuente sonora, 
del parque dormido eterna cantora. 
Adiós para siempre; tu monotonía, 
fuente, es más amarga que la pena mía.

Rechinó en la vieja cancela mi llave; 
con agrio ruïdo abriose la puerta 
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave 
sonó en el silencio de la tarde muerta.

(ANTONIO MACHADO)

2. EJEMPLO DE ONOMATOPEYA

Rechinó en la vieja cancela mi llave; 
con agrio ruïdo abriose la puerta 
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave 
sonó en el silencio de la tarde muerta

Estos cuatro versos, que se repiten dos veces, forman un serventesio de versos dodecasílabos, en los que la musicalidad, la innovación métrica y la sonoridad, propias del Modernismo, se hallan presentes. Y al servicio de la sonoridad se hallan la aliteración y la onomatopeya, que analizaremos a continuación.

Respecto de las vocales, nada significativo se percibe. A nivel de poema la e es la más usada y tiene una desviación respecto de la norma del 2,90 %, que no considero significativa.

Por lo que se refiere a los sonidos consonánticos, igualmente en el poema, reseñemos que lo más destacado es que [r] (tanto simple como múltiple) se utiliza un 2,90 % por encima de la norma y [l] un 2,84 %.

Centrándonos en el serventesio, la vocal e sigue siendo la más utilizada, pero sin desviación significativa.

En cuanto a los sonidos consonánticos, hay que destacar la aliteración del sonido lateral [l], con una desviación significativa del 6,09 %, presente en silencio y cancela. Observemos que a silencio se opone ruido en relación antitética.

ONOMATOPEYA. La alteración de la silenciosa tarde la produce el ruido que realizan tanto el girar de la llave dentro de la cancela como el de las oxidadas bisagras. Ese ruido es el que imita onomatopéyicamente Antonio Machado a través del sonido consonántico [r,ř], ese sonido duro, áspero, en opinión del poeta y crítico literario Dámaso Alonso. Ese áspero sonido que rompe el silencio de la tarde y del solitario parque. Parece que penetra en nuestros oídos el chirrido de la puerta y de la llave mediante el uso del sonido vibrante, con una desviación significativa del 7,26 % respecto de la norma. Esta es la serie de palabras que lo confirman: rechinó, agrio, ruido, hierro // puerta, abrió, cerrarse, grave // tarde, muerta.

Un ejemplo más del uso de la fonética al servicio del estilo poético.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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DESESPERACIÓN

Perros malditos que pululáis por el mundo,
hijos de puta que acecháis como lobos,
destruiros mutuamente
para que el reino de la paz sea inexistente.

Dejad que los hombres de bien
laven sus culpas con sudor
y que la mujer embarazada
para un fruto…

Fruto de entrañas, levántate y grita,
pide explicaciones de por qué te han engendrado,
y vuelve al reino de la muerte-paz.

Di que no, que no quieres vivir así,
pregunta qué culpas tienes para venir del más allá,
y, si las has cometido,
paga el infortunio de tus osadías.

Llegará el día en que todos muramos,
en que nos despedacemos como perros,
y ojalá las damas de blancos peinados
sean quienes adulen a los peces alados.

(LUIS DE VALDETÉ)

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AFÁN DESTRUCTOR

Te vi nacer. Te cree. Vi cómo crecías. Naciste más fuerte que tu hermano. Y más alto. Pero resististe menos.

Fue por la tarde. Rememorando tiempos pasados, caminé hasta el final de la playa de A Bouga. Entre las rocas gastadas por el embate del mar me senté. Iba acompañado. De repente recordé lo que aquel extranjero con sombrero de paja había levantado otros años. Me dije: «este año, que no hay ninguno, voy a continuar tu obra. Levantemos un pequeño bosque de hitos». Un monumento a la nada.

Comencé a buscar piedras. Las más adecuadas. La más grande de base. Las siguientes encima, en orden decreciente de tamaño. ¡Qué mal os llevabais! No queríais estar una sobre otra. La más grande empujaba y, zas, la nueva al suelo. Tuvo que poner empeño y buscar la forma de que fueras creciendo. La ayuda me vino de otras piedras en forma de cuña, menos manoseadas por las olas, más pequeñas, dispuestas a ayudar. Colocándoos por un lado y por otro, evitando el demasiado roce, logré que fuerais resistiendo, que os fuerais aguantando. Y así, al cabo de un rato, logré situar la torre del homenaje. Al día siguiente, una mano constructiva, respetuosa, había levantado pequeñas torres.

¡Como lucías entre las rocas embestidas por las olas! Allí estabas, erguido, viendo el mar en lontananza. Casi te dormías por el arrullo marino.

Se acercaba el oscurecer. El sol se iba sobre el mar para ir desapareciendo por Fisterra. Allí quedaste, solo, expuesto a todo. Al día siguiente te visité por la mañana. Seguías allí majestuoso, casi chulo. Me animé y te di un hermano.

El nuevo nació más grande y alto. Las piedras eran más grandes. Se llevaban peor. Me costó más vencer su resistencia a soportar el peso de las otras. Pero, como pude, os fui colocando. Una piedra rectangular apareció allí. Sirvió de remate. Nueva torre del homenaje. Saludaste a tu hermano, y allí quedasteis los dos a ver pasar el día. El sol apretaba, pero la coraza pétrea os protegía.

Por la tarde os fui a ver. Al más joven ya lo había inmortalizado. Iba dispuesto a hacer lo mismo con su hermano. Antes de llegar, un hombre mayor, acompañado de un niño, os observaba. Daban vueltas alrededor. Me iba acercando. De repente, aquel hombre comenzó a derribarte. Le voceé. No cejó hasta dejarte casi totalmente derruido. Cuando me vio acercarme huyó cobardemente, sin mirar atrás como hacen los cobardes cuando son descubiertos,  profiriendo: ¡no es más que un montón de piedras! Solo acerté a contestarle: yo lo he levantado, es un monumento a la soledad y tiene derecho a contemplar el mar, a oír el murmullo arrollador de sus olas. Formaba parte de un nuevo bosque. No contestó el energúmeno. El poder destructor que llevaba dentro te había herido de muerte. Huyó rápido pisando de roca en roca. No tuve valor para recrearte.

Quedaba tu hermano mayor y más pequeño. Allí estuvo algunos días. No muchos. Me dijeron que también había sido pasto del poder destructor del hombre.

(AGOSTO DE 2018)

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UN ESCUDO NOBILIARIO EN LA UÑA (LEÓN)

La presencia actual de escudos nobiliarios en las poblaciones de la montaña de Riaño (León) no es significativa. Escasas son las localidades en las que podamos encontrar una de estas enseñas que denotan la nobleza de sus gentes. Identifican a quien lo utilizó y a su familia, haciendo referencia a valores esenciales y propios de esta.

No obstante, si realizamos un análisis de la población de esta zona en el Catastro del Marqués de la Ensenada, mediados del siglo XVIII, se podrá observar que buena parte de sus vecinos pertenecían al estado noble.

En La Uña (León), de los 45 vecinos cabeza de casa en 1753, 17 pertenecían al estado noble, lo que conllevaba una serie de privilegios tributarios, jurídicos, administrativos y consuetudinarios. La razón habría que buscarla en la tradición, en los inicios de la Reconquista. Seguía siendo el suelo patrio de una baja nobleza, con escasos recursos económicos, pero que en otro tiempo supo hacer valer su fuerza y su mérito en la Reconquista.

La montaña fue la iniciadora de la Reconquista de España (realidades míticas: Pelayo, Covadonga, 722…), el territorio que fue domeñado por los romanos, pero que los moros no pudieron dominar y en el que comenzaron a sufrir su derrota. Fue el refugio de lo que quedaba de la antigua nobleza española. Como aquí los moros no establecieron su ley religiosa, no contaminaron a sus habitantes con su religión. Por tanto, fue el refugio y la salvación ante el empuje musulmán, convirtiéndose en la reserva del cristianismo viejo sin contaminar.

Así pues, ser de la montaña, incluida la leonesa, tener allí su origen, es pertenecer a la auténtica nobleza española, la heredera de los godos, la depositaria de la esencia hidalga.

Salas Barbadillo (1580-1635), en La hija de la Celestina, recoge la opinión de un montañés de León que cuestiona nada menos que la nobleza de la casa de Austria:

Me dice infinitas veces esta vanidad que la Casa de Austria deja de ser la más ilustre de todas cuantas hay hoy en el mundo solamente por no haber tenido sus principios en las montañas de León.

En el siglo XVIII, el colocar un escudo nobiliario en la fachada de casas, castillos y otros edificios para identificar a sus moradores  se convirtió en un hecho frecuente, independientemente de la clase de nobleza.

Del siglo XVIII es el escudo que se conserva en La Uña. Un estudio detallado de él lo podrá encontrar el lector interesado  en

EL ESCUDO DE LOS VEGAS Y GARCÍAS EN LA UÑA (LEÓN)

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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               DESPEDIDA

Llaman a la puerta de la luz,

abro con sigilo y con miedo,

y veo que mi guarda me reclama,

que ya está pronta la muerte.

Dulce muerte inexistente en el lecho,

que refrigeras el cuerpo del alma,

haz la alegría de pasar sin fin,

pero, al menos, dale quía

que le conduzca sus pasos

por entre las tinieblas del lumínico mundo.

(LUIS DE VALDETÉ)

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ESTILOESTADÍSTICA. (4) VERSOS ONOMATOPÉYICOS: José Zorrilla (1817-1893)

1. LAS NUBES

El poema «LAS NUBES» es el tercer fragmento de la obra  Las píldoras de Salomón (cuento), incluida en Cantos del trovador (1840-1841), del poeta vallisoletano José Zorrilla. En dicha obra aparecen buena parte de los rasgos distintivos del Romanticismo al que pertenece su autor.

Del poema «Las nubes» se ha escrito lo siguiente:

Estos sonoros y majestuosos versos del romántico José Zorrilla pintan con gran vigor no sólo el fenómeno meteorológico de la tempestad, sino también las impresiones que recibe el ánimo ante el espectáculo que le ofrece la Naturaleza conturbada (http://www.escolar.com/lecturas/poesia/poemas-6/la-tempestad.html).

Pues bien, a esta poesía de Zorrilla de versos sonoros y majestuosos pertenece el verso que vamos a analizar como ejemplo de onomatopeya: el ruido con que rueda la ronca tempestad. Es uno de los versos del poema que recoge la impresión que recibe el ánimo del poeta ante el espectáculo que le ofrece la Naturaleza conturbada.

JOSÉ ZORRILLA

Para poder comprender el mensaje de dicho verso y saber a qué se refiere, reproduciré dos serventesios que lo contextualizan y en los que se produce la exaltación del yo individual a través de la identificación con la naturaleza sobre la que proyecta sus sentimientos:

Mi voz fuera más dulce que el ruido de las hojas
mecidas por las auras del oloroso abril,
más grata que del fénix las últimas congojas,
y más que los gorjeos del ruiseñor gentil.

Más grave y majestuosa que el eco del torrente
que cruza del desierto la inmensa soledad;
más grande y más solemne que, sobre el mar hirviente,
el ruido con que rueda la ronca tempestad.

Obsérvese que los dos serventesios, de versos alejandrinos, son antitéticos. La voz poética (el yo) en el primero es dulce, convirtiéndose en grave en el segundo. Es más grave que el ruido que produce un torrente en la inmensa soledad o el ruido que produce la tempestad que se arrastra sobre el mar alborotado. Y en esta segunda comparación es donde encontramos el verso que nos interesa y en el que el poeta vallisoletano utiliza la onomatopeya para intentar reproducir, para hacernos oír el terrible y ronco ruido que produce una tempestad marina utilizando procedimientos fonéticos de la lengua:

el ruido con que rueda la ronca tempestad.

 2. ANÁLISIS FONÉTICO

2.1. ESTROFA

Comenzaré por el análisis de los sonidos lingüísticos más representativos del serventesio en el que se inserta el verso.

VOCALES

VOCAL PORCENTAJE NORMA DESVIACIÓN DE LA NORMA
E 42,18 28,83 13,35

La vocal con más presencia es la e. Estaríamos hablando de una aliteración, que servirá para incidir en dos palabras claves en las que aparece dicho sonido: nube y tempestad.

CONSONANTES

No existe ningún sonido consonántico que destaque en su uso por una frecuencia significativa, ni siquiera el sonido vibrante.

2.2. VERSO

En el plano vocálico, la frecuencia de uso de la vocal e se queda en el verso que nos ocupa en un 4,50 por ciento por encima de la norma, siendo superada por la vocal u que llega al 7,86.

En cuanto a los sonidos consonánticos esta es la representación de los más significativos:

CONSONANTE PORCENTAJE NORMA DESVIACIÓN DE LA NORMA
[ř] 16,66 12,74 3,92
[d] 16,66 8,88 7,86
[k] 16,66 7,12 9,54

Obsérvese que la desviación más significativa en el uso de los sonidos consonánticos es el del sonido oclusivo velar sordo [k] y que el sonido vibrante múltiple [ř], la base de la onomatopeya, no llega al 4 por ciento de desviación significativa.

Cabe, pues, la siguiente la pregunta: ¿por qué razón se pone este verso de Zorrilla como ejemplo de onomatopeya que imita el ruido de la tempestad marina cuando la desviación significativa del sonido vibrante múltiple en el uso es bastante menor que la de otros sonidos del mismo verso? La respuesta estaría en la conjunción de estas tres razones:

1.ª Es evidente que el sonido vibrante múltiple tiene una desviación significativa cercana al cuatro por ciento, pero que por sí sola sería insuficiente para explicar la onomatopeya.

2.ª Lo que se convierte en significativo es que el sonido vibrante aparezca iniciando estas tres palabras claves: ruido, rueda, ronca.

3.ª La tercera razón es de naturaleza semántica: los semas de gravedad, de ruido ronco, profundo, sordo, áspero, desagradable, la hallamos en tres palabras: rueda, ronca y tempestad.

Así pues, la unión de esos tres fenómenos lingüísticos antes citados son los que convierten este verso de Zorrilla en un verso onomatopéyico ejemplar que pretende imitar un ruido real, el que produce la tempestad marina que se arrastra sobre el mar embravecido.

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