LA IGLESIA DE LA UÑA (LEÓN) EN 1806

Cayetano Antonio Cuadrillero fue obispo de León entre 1777 y 1800. Le sucedió en la sede episcopal el extremeño Pedro Luis Blanco, quien estuvo al frente de ella entre 1800 y 1811.

Este último giró su primera visita pastoral en 1806. Entre las parroquias visitadas se halla la de La Uña, arciprestazgo de Valdeburón de Arriba.

CAMPANARIO ACTUAL DE LA UÑA: La campana grande es de 1862; la pequeña (procedente no ha mucho tiempo de Escaro), de 1733, y la del martillo del reloj, de 1793.

Como era preceptivo, el cura párroco, Manuel Díez, emite un informe sobre el estado de su parroquia, que va datado el 21 de julio de 1806:

«Certifico yo, el infra escrito cura párroco del lugar de La Uña, en cumplimiento de lo mandado por su Ilma.
[…].
Y para que conste, lo firmo en La Uña, y julio, 21, de 1806.
Dn. Manuel Diez».

Los asuntos más relevantes de los que da cuenta en un sucinto informe son los siguientes.

Comienza dando los datos de población: 40 vecinos y 110 almas de comunión (personas mayores de siete años). Si comparamos estas cifras con las de la segunda visita del obispo Cuadrillero en 1786, observaremos  que la población de La Uña ha sufrido una bajada considerable: ha perdido 6 vecinos y 63 almas de comunión.

A continuación entra en la información propiamente eclesial. Se nos dice que sigue existiendo una capellanía de sangre[1], atendida por un capellán que es vicario en el cercano pueblo de Liegos. Recordemos que las capellanías de sangre pertenecían a las colativas, que son las autorizadas por la Iglesia, que administra sus bienes como apoyo económico del capellán, quien tiene la obligación de decir en la parroquia de La Uña una misa diaria.

También se informa de que existe un estudiante de Teología, de cuarto curso, nativo del lugar.

RESTOS ACTUALES DE LA ERMITA DE SAN MIGUEL

Para finalizar, detalla el estado económico de la parroquia y demás santuarios del pueblo, observándose que los ingresos han disminuido respecto de 1786. El curato ha pasado de ingresar 2320 reales al año a 1980. La iglesia como tal ingresa 130 reales y tiene de alcance (superávit) 960 reales.                        

De los santuarios existentes (San Miguel, San Roque y Santa Águeda, cuyas imágenes estuvieron en la iglesia vieja y desaparecieron), solo el primero obtiene superávit: 960 reales anuales, contando con unas reservas monetarias de 1100 reales, en poder de tres mayordomos.

SAN ROQUE

SANTA ÁGUEDA

Y nada más dice el informe (AHD de León).

ADENDA POBLACIONAL

AÑO VECINOS ALMAS DE COMUNIÓN
1753 52 ¿?
1786 46 173
1806 40 110

[1] Las capellanías eran fundaciones religiosas, abundantes en la España de los siglos XVI a XVIII, de carácter perpetuo, que tenían una doble finalidad: contribuir a la salvación del alma de sus fundadores y generar una renta para mantener de forma vitalicia al capellán. Intervenían en su fundación tres partes: el fundador, que es quien aportaba los medios económicos, establecía las características de la capellanía y decretaba el proceso de sucesión ante una vacante; el patrono, que velaba por el cumplimiento de las cláusulas de la capellanía, administraba sus bienes, verificaba la celebración de las misas u otros oficios religiosos estipulados, proponía un nuevo capellán y asistía a la visita del obispo u otras autoridades eclesiásticas a la capellanía; el capellán, que cumplía con las cargas espirituales establecidas (misas y demás actos religiosos por el alma del fundador o de sus familiares), residía en la localidad de la capellanía y asistía y servía a las funciones estipuladas. Existían dos clases de capellanías: las colativas (constituidas con la intervención del ordinario del lugar, los bienes pertenecían a la Iglesia, quien a su vez, era su administrador) y las laicales (los bienes se segregaban de la herencia del fundador y quedaban vinculados a la capellanía, no intervenía la autoridad eclesiástica en su constitución, aunque sí velaba por el cumplimiento de las cargas espirituales, y tenían un administrador o patrón que gestionaba sus bienes).

 

Publicado en LA UÑA (LEÓN), SIGLO XIX | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

PORTADA DE TRES IGLESIAS

Muchas personas del pueblo de La uña (León) se siguen sorprendiendo cuando les dices que en la portada de su iglesia, por la que han pasado cientos de veces, hay GRABADAS tres fechas que hacen referencia a tres iglesias diferentes del pueblo: la que estuvo en el actual cementerio, la conocida como iglesia vieja y la actual.

Y eso se debe a que desconocen que en la Revista Comarcal (N.º 48, febrero de 2015) ya se publicó la explicación, que ahora traigo de nuevo.

IGLESIA ACTUAL DE LA UÑA (LEÓN)

La fotografía siguiente reproduce la portada que preside hoy la iglesia citada. Estamos delante de una portada de inspiración clásica, de piedra, aunque de factura libre. El vano se abre sobre arco de medio punto compuesto de cuatro grandes dovelas y una clave central marcada en relieve, así como tres arquivoltas separadas por hendidura semicircular.

La portada carece de tímpano y de abocinamiento.

El arco principal se apoya en pilastras de sección rectangular, con doble imposta y basa.

PORTADA ACTUAL DE LA IGLESIA DE LA UÑA

En la clave central se encuentra grabada una cruz. En el lado izquierdo de los pies se lee «AÑO»; en el derecho, «1758». Esto significa que esta portada estuvo en la iglesia que en 1786 se hallaba a la orilla del río, en el cementerio actual, y a la que el cura calificaba de pequeña, ruin, oscura y húmeda.

PORTADA DE LA IGLESIA VIEJA DE 1959, ADORNADA CON UN ARCO DE RAMAS Y FLORES, EN EL CANTAMISAS DEL PADRE JUVENTINO LARIO

Cuando se edificó la nueva iglesia en el centro del pueblo, a lado de la carretera, se trasladó allí dicha portada. Desconozco cuándo se levantó dicha iglesia, que fue derruida prácticamente en su totalidad –solo se conservó una parte de la pared izquierda y una pequeña parte del frontal y la portada- en la primavera de 1960 para erigirse sobre ella la actual. Por eso, debajo de la citada cruz se halla grabado el año de «1961», fecha de la recolocación de la portada, a la que se le añadiría la piedra que se halla debajo de la imposta para darle más altura. La nueva iglesia se inauguraba el 25 de junio de 1964.

Todo lo anterior explica el título de una portada y tres iglesias.

IGLESIA VIEJA DE LA UÑA. AÑO 1956

 

 

Publicado en IGLESIA, LA UÑA (LEÓN) | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN LA LITERATURA: EL QUIJOTE

El día 25 de mayo tuve ocasión de participar en las jornadas Cervantes por León, organizadas por SOFCAPLE. Lo hice en la Biblioteca Pública de León disertando sobre un tema que mi condición profesoral me había llevado a prestar atención en la explicación del Quijote a los alumnos de Bachillerato: el tema leonés.

Como el tiempo en estos casos está siempre tasado, lo circunscribí a las montañas de León en la obra cervantina, con especial dedicación a la historia del cautivo.

El Reino de León a finales del siglo XVI y comienzos del XVII no tiene unos límites geográficos perfectamente definidos, como los tiene hoy la provincia que lleva su nombre. Se consideraba como tal el territorio delimitado por el río Duero por el sur, el Pisuerga por el este, una larga cadena montañosa por el norte y el río Burbia por el oeste.

Esto lo podemos apreciar en el mapa que los cartógrafos BLAEU publican en 1640:

Esa cadena montañosa que se ve cómo recorre dicho reino en su vertiente norte, desde Lugo hasta las Asturias de Santillana, se la conocía como «montañas de León». Las montañas que encontramos por el suroeste ya se llamaban entonces «Montes de León».

En el plano literario, las montañas del Reino de León las encontraremos ya en obras de la Edad Media y después en el Siglo de Oro español, con un doble significado: denotativo (cadena montañosa) y connotativo (vida pastoril y cuna de nobleza).

Cuando Cervantes (1547-1616) escribe y  publica La Galatea (1585) y el Quijote (1605/1615), las citadas montañas las conoce a través de ese mundo literario y del contacto que pudo establecer con la trashumancia, amén de las relaciones personales. No se hace necesario desplazar el origen documentado de su nacimiento desde Alcalá de Henares hasta las tierras leonesas (indocumentado).

TRASHUMANCIA

Y Cervantes sabía que las montañas de León eran algo más más que un referente geográfico. Su uso lo sobrepasaba. Se utilizaban en la literatura por sus connotaciones, por lo que tenían detrás de sí, por su valor de tópico literario.

Las encontraremos en su novela pastoril (mundo de los pastores literarios) y en la famosa historia del capitán cautivo (nobleza guerrera heredera de los godos que lucha contra el infiel, cautivada por el moro y liberada por un jugoso rescate).

NOBLEZA DE MONTAÑA: CASA SOLARIEGA DE PUEBLA DE LILLO

Todo ello lo encontrarás ampliamente documentado en el siguiente enlace:

LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN LA LITERATURA. EL QUIJOTE

 

Publicado en Cervantes, VIDA DE CERVANTES | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

(3) LA IGLESIA DE SIERO (LEÓN) EN 1806

En 1786 el obispo Cayetano Antonio Cuadrillero (obispo de León entre 1777 y 1800) realizó su segunda visita pastoral a la diócesis de León. Entre las parroquias visitadas figura la de Siero, arciprestazgo de Almanza.

De ella di cuenta en mi post

https://literaturayotrosmundos.wordpress.com/2013/06/20/la-iglesia-de-siero-leon-en-el-siglo-xviii/

Todavía realizó una tercera visita entre 1790 y 1792. De la documentación conservada no se halla relación del arciprestazgo de Almanza, por lo que se debe suponer o que no visitó dicho arciprestazgo o que la documentación se ha perdido.

IGLESIA ACTUAL DE SIERO

Le sucedió en la sede episcopal de León el extremeño Pedro Luis Blanco, quien estuvo al frente de ella entre 1800 y 1811.

Giró su primera visita pastoral en 1806. Entre las parroquias visitadas se halla la de Siero, que sigue perteneciendo al arciprestazgo de Almanza.

Como era preceptivo, el cura párroco, Nicolás Pérez Aro, emite un informe sobre el estado de su parroquia, que va datado el 24 de julio de 1806. Los asuntos más relevantes fueron los siguientes.

El curato de Siero dependía del obispado de León. Cuando quedaba vacante, el obispo nombraba un nuevo cura a través del sistema de oposición.

 De las cuatro categorías de parroquias existentes, según su importancia (entrada, primer acenso, segundo ascenso y término), la de Siero pertenecía a las llamadas de entrada o las menos importantes,  reservada paras los curas en su primer destino. La de Besande era de primer ascenso; la de Valverde, de segundo ascenso, y la Riaño, de término.

No existe capellanía alguna.

Los ingresos seguían siendo escasos: 500 reales anuales procedentes de censos y de la renta de los prados que la iglesia poseía.

La dotación de la iglesia la califica de muy pobre en ropas y el estado del edifico bastante deteriorado.

LO QUE QUEDA DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL CADO

De las cuatro ermitas que había en 1786, solo quedan dos en pie. La de Nuestra Señora del Cado, cuyo patrón es el marqués de Valverde. A la sazón lo era Joaquín Félix de Samaniego (cuarto marqués). Se dice que está casi arruinada, carece de ropas y no paga a la parroquia nada. Recordemos que se hallaba en Picones.

Se mantenía en pie la ermita de san Miguel «en el casco del lugar» (pueblo), diferente del emplazamiento posterior en el collado de san Miguel. Se dice que está bastante decente y que se mantiene de sus propias rentas, aunque de las 70 misas anuales de aniversario que se deben decir en ella la mayoría no se celebran porque no se pueden cobrar.

En la relación anterior se declaraba que había 10 obras pías de bueyes. El cura certifica que cuando él llega a la parroquias había tres, pero que al presente se han perdido por haber muerto sus responsables.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Y nada más. Este informe es mucho más escueto que el que realizan otros párrocos del mismo arciprestazgo.

La conclusión general que se puede extraer es que el declive del estado eclesial de Siero a comienzos del siglo XIX era evidente: han desaparecido dos ermitas, una está en ruinas, la fábrica de la iglesia está en mal estado y la dotación de ropas es muy pobre…

(AHD 244)

Publicado en Hagiografía, IMAGINERÍA, RELIGIÓN, SIERO, SIGLO XIX | 2 comentarios

CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS: (5) LA OLLA DE DON QUIJOTE

Literatura y otros mundos

  1. FUNDAMENTOS

En los últimos días he visto dos programas televisivos sobre Miguel de Cervantes. Como desde hace un tiempo acá está de moda la cocina, el tema de dicho programa era la cocina en el Quijote, con preparación en directo de los platos que en la obra aparecen. Me pareció que el rigor brillaba por su ausencia y que la documentación se les había olvidado, hasta confundir el salpicón con la ropa vieja.

Teniendo en cuenta que la cocina es variable de unas regiones a otras, incluso de unas poblaciones cercanas a otras, no hay que olvidar que el fondo, lo esencial, suele ser común. El propio Sancho así lo reconoce:

—Aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que, por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto…

Ver la entrada original 1.064 palabras más

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

ADARGA Y RODELA EN EL QUIJOTE: UN NUEVO DESAJUSTE NARRATOLÓGICO  

1. PLURISIGNIFICACIÓN DE LA OBRA LITERARIA

La obra literaria es plurisignificativa. Quiero decir con esto que cada vez que relees un texto literario completo de enjundia encuentras aspectos significativos, detalles,  que la vez anterior no habías advertido, porque leer es proyectarse sobre la obra. Y esa proyección es cambiante, va con el individuo, forma parte de su desarrollo vital. Por eso, cambian los mensajes del texto literario, se reinterpretan, se hacen nuevos. Se percibe algo que antes no había merecido la atención del lector.

Esto es lo que me ha pasado con una relectura de la primera parte del Quijote por motivos profesionales y deleitosos.

Comentaba con mi inquiridor cómo Cervantes hacía pasar dos noches en la misma noche en la venta a sus ocupantes en la historia del capitán cautivo y, a la vez, les hacía cenar dos veces. Igualmente se alteraba el orden de nacimiento de los tres hermanos montañeses de León, los Pérez de Viedma, y su oficio en el encuentro del capitán y del oidor. Y la causa es muy probable que fuera por ser dicha historia episodio narrativo intercalado después de haberse escrito el resto de la primera parte y no revisar concienzudamente Cervantes lo que sucedía antes, durante y después de la inserción.

Igualmente le comentaba que de estos dos desajustes ya había dado cuenta en este mismo blog en la serie CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS, pero que no había incluido un nuevo desajuste, ahora observado, por la sencilla razón de que en la anterior lectura del Quijote no me había percatado de él. Tiene este que ver con las armas defensivas que utiliza don Quijote a lo largo de la obra.

ASTILLERO

2. DON QUIJOTE SE PROTEGE CON UNA ADARGA

Así inicia Cervantes la primera parte del Quijote:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Dos son las armas que don Quijote guarda en su casa, ejemplos patentes de su hidalguía guerrera, vestigios de una edad pasada, tal vez heredadas de los Quijana, sus nobles antepasados: la lanza y la adarga. Estas, junto con el caballo, eran elementos imprescindibles para servir al rey cuando este lo pidiera y no decaer de su condición de hidalgo.

ADARGA

Centrémonos en la adarga.
Era esta un arma defensiva de guerra. Se trataba de un escudo ligero de cuero de forma ovalada o de corazón utilizada en los enfrentamientos a caballo para defenderse de la lanza. El Diccionario de Autoridades (1726) nos la describe y nos aporta información interesante:

Cierto género de escudo compuesto de duplicados cueros, engrudados y cosidos unos con otros, de figura cuasi oval, y algunos de la de un corazón. Por la parte interior tiene en el medio dos asas: la primera entra en el brazo izquierdo, y la segunda se empuña con la mano. Usábanlas antiguamente en la guerra contra los moros los soldados de a caballo de lanza. Y aún hasta poco a esta parte se conservaba esta milicia en Orán, Melilla y costa de Granada, y hoy día se conserva en la plaza de Ceuta, aunque en menor número que antes. Servía la adarga para guarecerse de los golpes de la lanza del enemigo. Consérvase el uso de ellas (aunque menos fuertes) para las fiestas de cañas y alcancías.

DON QUIJOTE EN SU PRIMERA SALIDA

Don Quijote abandonó su lugar en el capítulo dos. Solo y a lomos de Rocinante, en un día caluroso del mes de julio. Sale sin que nadie le viera pertrechado de todas sus armas: brida, lanza, adarga y coselete. Con ellas le encontraremos en la venta (I, 3) donde fue armado caballero. Y con ellas inicia en enfrentamiento con los mercaderes. Al embestirlos, Rocinante cae al suelo y con él don Quijote, quien no se puede levantar por el peso de sus armas: «tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada». (I, 4)

En tal estado es encontrado por un vecino de su mismo lugar, Pedro Alonso, quien le levantó del suelo y le acomodó en su jumento para volverle a su pueblo.

Respecto de las armas de don Quijote, esto es lo que dice el narrador:

recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liolas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo. (I, 5).

3. ABANDONA LA ADARGA POR UNA RODELA

Vuelto a casa, repuesto de sus heridas, en el capítulo siete encontramos de nuevo a don Quijote que inicia su segunda salida. Esta vez acompañado ya de escudero: Sancho.

Nada se sabe de qué ha sucedido de la adarga que llevaba en su primera salida y que era escudo apropiado para la lucha a caballo con lanza. Recordemos que las armas o lo que quedaba de ellas habían sido recogidas por Pedro Alonso y llevadas a lomos de Rocinante hasta su lugar de origen.

La adarga se ha sustituido por una rodela o escudo redondo y delgado, de madera. En esa época, era el arma defensiva que se utilizaba normalmente para pelear a pie con espada. Así pues, ¿no resulta incongruente el uso de dicha arma para luchar a caballo como hará don Quijote?

RODELA

De esta guisa consiguió don Quijote su rodela:

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros; y, vendiendo una cosa y empeñando otra, y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. Acomodóse asimesmo de una rodela, que pidió prestada a un su amigo, y, pertrechando su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester (I, 7).

Con rodela embiste a los molinos de viento (I, 8), se enfrenta al vizcaíno (I, 8) y se defiende del apedreamiento que recibe por parte de Ginés de Pasamonte y sus amigos (I, 22).

APEDREAMIENTO DE DON QUIJOTE

Antes de este último episodio, después del enfrentamiento con los encamisados, don Quijote decide ponerse un «nombre apelativo como lo tomaban todos los caballeros pasados». Elige el de caballero de la Triste Figura. Pero no lo utilizará antes de cumplir con un rito caballeresco cual era grabar en su escudo su signo identificativo. Así lo llevaban grabado en sus escudos dos de los caballeros a los que se enfrentó don Quijote: el de los Espejos y el de la Blanca Luna. En el caso de don Quijote este será su emblema, «una muy triste figura»:

Rióse don Quijote del donaire de Sancho, pero, con todo, propuso de llamarse de aquel nombre en pudiendo pintar su escudo, o rodela, como había imaginado. (I, 19).

Lo vemos acompañado de rodela por última vez en la venta cuando se presenta a la princesa Micomicona para ofrecerle la defensa de su persona y la reconquista de su reino:

Salió, en esto, don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y arrimado a su tronco o lanzón. Suspendió a don Fernando y a los demás la estraña presencia de don Quijote, viendo su rostro de media legua de andadura, seco y amarillo, la desigualdad de sus armas y su mesurado continente, y estuvieron callando hasta ver lo que él decía, el cual, con mucha gravedad y reposo, puestos los ojos en la hermosa Dorotea, dijo: (I, 37)

4. DE NUEVO, LA ADARGA

Sin que Cervantes dé explicación alguna, sin que se pueda aventurar la razón, encontramos de nuevo que don Quijote ha trocado rodela por adarga en la misma venta.

Sintiéndose caballero andante, defensor de todos, cuando los huéspedes de la venta deciden acostarse, don Quijote se ofrece a velar por la seguridad de los inquilinos de la venta. Para ello, sale fuera, se pertrecha de sus armas y se sube a lomos de su caballo Rocinante. Inicia su vigilia defensiva. Maritornes llamará su atención a través de un hueco en la pared del pajar. Allí le pide que le dé su mano para contemprarla. Don Quijote, aunque a regañadientes, accede y Maritornes aprovecha para atarle el brazo con una cuerda a un cabestro. Así estará don Quijote hasta que es apeado de Rocinante y queda colgado en la pared por su brazo:

En efeto, fueron tantas las voces que don Quijote dio, que, abriendo de presto las puertas de la venta, salió el ventero, despavorido, a ver quién tales gritos daba, y los que estaban fuera hicieron lo mesmo. Maritornes, que ya había despertado a las mismas voces, imaginando lo que podía ser, se fue al pajar y desató, sin que nadie lo viese, el cabestro que a don Quijote sostenía, y él dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los caminantes, que, llegándose a él, le preguntaron qué tenía, que tales voces daba. Él, sin responder palabra, se quitó el cordel de la muñeca, y, levantándose en pie, subió sobre Rocinante, embrazó su adarga , enristró su lanzón, y, tomando buena parte del campo, volvió a medio galope, diciendo:(I, 44)

A partir de aquí desaparece la rodela y vuelve a utilizar la adarga sin que sepamos el motivo de tal cambio, como queda dicho.

Un nuevo desajuste narrativo.

Sirva de advertencia para los ilustradores que representan a don Quijote con adarga o rodela indistintamente. En la primera salida debe llevar adarga. Rodela, en la segunda, hasta el capítulo 37. A partir de aquí, adarga de nuevo.

Publicado en ARMAS, CERVANTES NOVELISTA, CURIOSIDADES QUIJOTESCAS, NOVELA | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (5) Feria de maestros en Cangas de Tineo

1. A MODO DE INTRODUCCIÓN

Antes de entrar en la llamada «feria de maestros», creo conveniente explicitar, para los más jóvenes, qué era una feria en los años 20 del siglo pasado. Y no he encontrado mejor explicación que la que nos da el Diccionario de Autoridades (1732):

concurrencia de mercaderes y negociantes en un lugar y día señalado para vender, comprar y trocar ropas, ganados, frutos u otros géneros necesarios al uso común.

Centrémosnos en el ganado y en su venta. El propietario acude al recinto ferial, procedente del lugar en el que se celebra la feria y de los pueblos aledaños. Allí expondrá sus animales, bien presentados, para su venta. Los tratantes intentarán comprar dichas reses una vez examinadas visualmente y a través de un proceso negociador que se caracteriza por el regateo. Si se llega al acuerdo, la venta se sella con un apretón de manos. Entonces se procede al registro del animal para determinar que no tiene defecto alguno que no haya sido detectado en el primer examen visual y que cumple todas las virtualidades que el vendedor dice tener el animal. Entonces se ratifica la compra por parte del tratante y finaliza esta con el pago y la robla en la taberna. Este es el proceso, grosso modo.

Pues bien, Luis Bello, en su obra ya citada Viajes por las escuelas de España (1926), nos habla de una feria en la que se vendían y compraban los llamados maestros babianos y que tenía lugar en tierras del concejo de Cangas de Tineo. En su recorrido asturiano va acompañado por el médico de Villablino (León) y un amigo de Oviedo, a quien le preocupa dicha feria, por lo que se ve obligado a hablar de ella, a pesar de que el tema no es de su agrado y quisiera obviarlo por parecerle denigrante.

Comienza diciendo que la contratación de los maestros babianos en el concejo de Cangas de Tineo «es falso que tenga hoy [1926 o poco antes] sitio en la feria, junto al ganado; pero todavía van a Asturias muchos mozos de Omaña y Babia a ofrecerse de diciembre a marzo, según tradición». Lo que sí admite, como se habrá podido ver,  es la existencia de estos maestros –y en abundancia- en tierras asturianas, que es tradición y que eran considerados como una institución: maestros babianos.

Para describir la feria de maestros se va a valer de una novela publicada en 1922, Entre montañas (La novela de un maestro rural), cuyo autor era Antonio Juan Onieva, inspector de primera enseñanza en Asturias durante varios años y, por tanto, buen conocedor de la realidad docente de los numerosos pueblos asturianos.

A dicha novela recurriremos nosotros directamente. Onieva le dedica el capítulo XVII, que titula «Una feria de Maestros» (pp. 59-63). La sitúa en una población imaginaria que llama Lete, el día de san Andrés. Esta población bien pudiera ser Cangas de Tineo, ya que la feria de san Andrés, el 30 de noviembre, tenía lugar en dicha población. En cualquier caso, según Bello, en el concejo de Cangas.

CONCEJO DE CANGAS DE TINEO (NARCEA)

Ahora sigamos con la novela  de Onieva para conocer los pormenores de estos maestros babianos, cómo son contratados y cuáles eran sus saberes. Aunque el lector se dará cuenta, advertimos que los nombres de los pueblos citados son ficticios.

2. PROCEDENCIA DE LOS MAESTROS Y TITULACIÓN

El maestro de Turuelves, Saturnino Cagigal, se dirige a Castrido, donde desempeña su labor docente el joven maestro titulado José Miguel, protagonista de la novela. A pie, ambos se dirigen hacia Lete, donde llegan a las 12. Allí se les une el maestro de la plaza y los tres van al ferial a presenciar la feria del ganado (vacuno, de cerda, caballar y lanar) y de otras mercaderías. Finalizado el mercado de ganado al mediodía y una vez que han comido en la fonda se dirigen los tres maestros nacionales (de oposición) de nuevo al ferial, pues allí tendría lugar por la tarde la feria de maestros:

Acompañados del maestro de Lete, un señor de avanzada edad, llamado D. Ramiro, se dirigieron los de Turuelves y Castrido al ferial de maestros.

No son maestros titulares estos babianos ―díjoles D. Ramiro―. Ni tienen siquiera certificado de aptitud. Son aldeanos de la región de Las Babias [Babia, Laciana y Omaña], en León, que vienen a esta provincia a dar escuela durante el invierno.

 

BABIA

3. RECONOCIMIENTOO DE SU LABOR DOCENTE

A pesar de que carecen de la titulación académica de maestros, que a la sazón otorgaban las llamadas escuelas normales, de que ni siquiera están en posesión del certificado de aptitud y buena conducta que habilitaba para dar clase de primera enseñanza en escuelas incompletas, su trabajo era reconocido y estimado. Como dirá Bello, «no dejaban de cumplir humildemente un elevado fin».

Generalmente se les contrata para pueblecitos donde no hay escuela nacional, y en determinados casos no puede negarse que hacen un buen servicio, puesto que muchachos, que forzosamente se verían incapacitados para aprender por lo menos a leer y escribir, lo hacen con estos individuos.

4. METODOLOGÍA

Si no han cursado estudios superiores, tampoco han tenido ocasión de aprender metodología alguna docente. Por tanto, hay que suponer que ellos reproducirán la que sus maestros de escuela habían utilizado con ellos o la que de su reflexión pedagógica surja. Eran discípulos del lema educativo «la letra con sangre entra» que aplicarán a rajatabla y de la repetición y memorización como mecanismos de aprendizaje.

No saben otro procedimiento que el del «machaqueo». Es un repeticionismo monótono y pesado hasta la exageración; pero para ellos el único eficaz de la pedagogía.

Antonio Machado (1875-1939 recuerda así la escuela sevillana de su infancia, recuerdos acordes con lo que cuenta la novela:

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

5. SITUACIÓN EN EL FERIAL

Al igual que por la mañana los propietarios de ganados y otros productos exponen sus mercancías, los maestros babianos se exponen a sí mismos para vender su saber:

Acercáronse los tres juntos a un grupo de hombres y muchachos reunidos en corrillos; otros puestos en fila, dispuestos a vender su saber, como aquel sabio griego que en lugar público vendía «prudencia».

6. VESTIMENTA

Van a ejercer en territorio ajeno. Tienen que comenzar vendiendo su ciencia a contratantes desconocidos. La impresión que cause el físico y el vestido no serán ajenos. Por ello, se podría decir que lucen sus mejores galas aptas para pasar el frío invierno en las montañas asturianas. Atrás han dejado el traje de sayal y las madreñas:

Vestían invariablemente traje de pana; tocábanse con boina; envolvíanse el cuello en una bufanda, una de cuyas puntas caía sobre el hombro; llevaban sobre la espalda, a manera de mochila, un atadijo con cintas blancas; calzaban bota fuerte, guarnecida de clavos, y casi ninguno carecía de reloj sujeto con gruesa cadena. Instrumento habitual era un  garrote de nudos o cayada fuerte, labrada por ellos mismos a punta de navaja.

7. INSTRUMENTOS DOCENTES QUE LLEVA CONSIGO Y SABER DE LOS MAESTROS

Como equipaje solo lleva una mochila, por tanto escasa será su ropa de recambio y sus instrumentos pedagógicos. Se diría que estos son los indispensables para probar su saber y después desarrollar su enseñanza: tinta y el tintero, pluma y un libro para enseñar caligrafía.  En cuanto a saberes, todos manifiestan saber leer y escribir, los cuatro tipos de operaciones básicas y algunos problemas, el nuevo sistema de monedas pesas y medidas, romances, la doctrina cristiana, ayudar a misa y un saber muy especial: tocar a «tente nube».[1] En definitiva, lo que exigía la Ley Moyano para la primera enseñanza (Art. 2):

A ver ―gritó un babiano dando una palmada.
Los demás se pusieron en fila. El aldeano de más viso la recorrió con la mirada, como estudiando las cataduras. Y por fin se dirigió a uno de ellos. Mas, como viera allí al maestro de Lete, le dijo:
―Don Ramiro, ¿quiere usted examinar a este?
Don Ramiro se acercó al babiano.
―Vamos a ver. ¿Qué sabe usted?
El babiano descolgó inmediatamente su mochila y sacó de ella un libro, un cuerno con tinta, papel y pluma. El libro era el «Guía del artesano»[2].
―Yo sé leer de corrido, como se puede probar. Y sé echar una firma. Y sé también cuentas. Y además toco el acordeón.
―¿Qué cuentas?
―De las cuatro clases. Y además problemas […]
―¿Y nada más?
―Aparte de la escuela, sé el modo de tocar la campana para desconxurar (disolver o alejar) la nube. Y hago dibujos de navaja en los bastones. Y sé los romances del aparecido, y de Luis Candelas y de Fierabrás y de…

8. EL EXAMEN

La taberna o cantina del pueblo es lugar multiusos. Sirve para beber, para divertirse, para las relaciones sociales, para sellar una compraventa, para recibir a los foráneos… y para examinar a los maestros babianos. Téngase en cuenta que en los pueblos la taberna era el hogar social, el centro de reunión, y por eso se subvencionaba su funcionamiento en aquellos casos de escasa rentabilidad por la escasez de parroquianos. Era lugar importante en los pueblos junto a la iglesia, la escuela y la casa concejo. Y a ella se dirigen maestro y su examinador:

Se marcharon todos con el babiano a la taberna más próxima, como es de rigor que en tal sitio se formalice el contrato, y allí, sentados alrededor de una mesa, leyó, escribió, púsose una suma de dos sumandos larguísimos, inacabables; dijo las pesetas y los duros que son tantos reales y los reales que contienen tantos duros y tantas pesetas, y explicó al fin, dándose mucha importancia, el problema del gitano en la iglesia de los tres altares.

―¿Y de doctrina cristiana?―preguntó don Ramiro.

―Esto no hay que decirlo, porque me sé el catecismo de memoria. Y además enseño a ayudar a misa.

9. EL SUELDO

Ya hemos visto que el sueldo de los maestros nacionales que ejercían en poblaciones de menos de 500 habitantes era escaso; menor que el de cualquier obrero. Por ello, no nos extrañe que estos maestros sin título alguno y pagados por la junta vecinal cobren aun menos. Poco más de una peseta diaria, a lo que hay que añadir el sustento y la cama. Como ya hemos indicado, el hecho de ir pasando por las diversas casas del pueblo que tenían niños de escuela sirvió para que se les designara con un nombre tan expresivo como «cata-potes». En el sueldo no hay regateo:

Cuanto el precio, no hubo regateo. El babiano pidió treinta duros por toda la temporada, desde diciembre a marzo ―con obligación de dar escuela también de noche―, y comida y cama un día en casa de cada vecino. El babiano se despidió de sus compañeros de feria, y con los aldeanos contratantes partió para la aldea.

10. PREFERENCIA DE LOS BABIANOS A LOS MAESTROS DE CARRERA

Aplicando la lógica de que estos maestros babianos se van a adaptar bien a los pueblos asturianos por ser muy similares en la orografía, en la meteorología y en las condiciones de vida, el maestro nacional don Ramiro, el examinador, lamenta que los babianos sean preferidos a los de otras tierras y con titulación. Veamos el razonamiento:

Los aldeanos dicen de nosotros que con bata y gabán ellos, con tanto perifollo ellas, las manos tan blandas de no trabajar, y sin castigar apenas ―porque es de notar que todos estos babianos golpean a los niños bárbaramente-, no se amoldan a los pueblos. Además, matamos a los «neños» haciéndoles que se laven, sobre todo en invierno cuando el agua está tan fría, y que se corten el pelo, las uñas y otras geografías. Si pasan ustedes junto a la escuela de un babiano, no oirán sino el eterno canturreo.

11. EL ACORDEÓN

La diversión en aquellos pueblos montañeses era una realidad reducida a los meses de invierno en los que los trabajos agrícolas habían cesado y los ganaderos requerían menor presencia. Por ello, no debe sorprendernos que se valore especialmente el hecho de que el maestro sepa tocar el acordeón. Con él se animarán las veladas nocturnas y se organizará el baile en zonas en las que los mozos y las mozas necesitaban de pocos y primitivos instrumentos musicales para organizar sus bailes; una botella y un rascador, unas castañuelas, una pandereta, un tambor… Lo que sí puede sorprender es el lugar elegido:

―La clase de día que dan estos maestros apenas tiene importancia. Pero por la noche es ella. Se reúnen en una cuadra, porque no se dispone de otro local en las aldeas, treinta o cuarenta personas entre niños, niñas, mozos y mozas. No hay otra luz que un mal candil de petróleo con un humo apestante, el cual, unido al hedor que exhalan aquellas gentes y a los vahos del estiércol, produce una atmósfera cálida y densa, capaz de arrancar náuseas del estómago más probado. Los mozos suelen apagar la luz y prorrumpen en relinchos, chillan las mozas, lloran los chiquillos, alborota el babiano golpeando con la cayada en el techo, porque sobre el suelo no haría ruido, y se arma una baraúnda infernal un pandemónium infinito…, que termina tirando el babiano de acordeón y armándose un baile agarrao, y…a tragar sudor, polvo y briznas de estiércol.

ACORDEÓN ANTIGUO

12. VUELTA A CASA

Cumplido el contrato y vencido el plazo de dar escuela, el 1 de abril los maestros babianos emprenden el regreso a casa con su dinero ahorrado y con algunas compras a cuestas.  Como nos dice Bello, se reúnen para volver juntos y en ocasiones llenan ellos solos un autobús:

―Y así hasta Pascua Florida ―prosigue don Ramiro―, en que el maestro de Las Babias termina su misión. Cobra sus pesetas, compra un par de botas y alguna prenda de vestir en la villa cercana y se vuelve a su tierra.

13. NO HAY NUEVA CONTRATACIÓN

La lógica de los habitantes de estos pueblos asturianos, hoy, sin duda, sorprende. Nos parecería razonable que el maestro babiano que hubiera cumplido con su trabajo y este hubiera sido del agrado de los vecinos continuara al año siguiente en el mismo puesto de trabajo. Sin embargo, la realidad era otra. Ni los maestros ni los vecinos apostaban por la renovación. Este era el motivo:

―De ningún modo. No hay babiano que pase dos temporadas seguidas en el mismo pueblo. Bien es verdad que dicen los aldeanos que conviene cambiar cada año de maestro, porque los chicos torpes aprenden mejor, y para que los demás no tomen confianza con aquel ni aquel con ellos, y les casque de lo lindo.

CONCLUYENDO

Finalicemos esta panorámica escolar asturiana de las primeras décadas del siglo pasado con las palabras de Bello que dice de los maestros babianos que, con sus luces y sombras, «no dejan de cumplir humildemente un elevado fin». Este no era otro que evitar el analfabetismo y sacar de la ignorancia a un segmento de la población que, por las condiciones geográficas y sociales, las autoridades habían condenado al olvido. Contra este, estas poblaciones, encabezadas por sus juntas vecinales, intentarán poner remedio de la mejor manera que saben.

Parece que en 1926 el sistema de contratación de los maestros babianos no era ya la feria, se había dignificado. Pero Bello reconoce que dichos maestros eran necesarios, «no hay razón para que la costumbre se pierda, pues no ha cesado la necesidad que la creó».

Y esa necesidad, aunque nos parezca mentira hoy, siguió vigente hasta la década de los sesenta del siglo pasado, como podemos atestiguar en el concejo de Ibias (Asturias).


[1] Véase mi post titulado MITOLOGÍA LEONESA: (y 5) REÑUBERO.

[2] Esteban Paluzie y Cantalozella, Guía del artesano. Libro que contiene los documentos de uso más frecuente en los negocios de la vida, y 240 caracteres de letra, para facilitar a los niños la lectura de manuscritos, tan útil a toda clase de personas, Barcelona, 1857. Diversas reediciones en los años posteriores.

 

 

 

Publicado en COSTUMBRES, FERIA DE MAESTROS, MAESTROS SIGLO XIX, MAESTROS SIGLO XX, Maestros temporeros | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (3) Maestros de La Uña (León) en Asturias en los siglos XIX y XX

La Uña en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del siglo XX, al igual que hoy, era un pequeño pueblo de la montaña oriental leonesa situado en la cabera del río Esla y levantado entre montañas. En 1850, según el Diccionario de Madoz tenía 23 casas y 90 almas.

No limita con Asturias, pero su territorio es cercano y a través del puerto de Ventaniella o de La Fonfría se llega pronto a los pueblos asturianos del concejo de Ponga. Se utilizaba para ello fundamentalmente la calzada romana que comunicaba Asturias y León por el puerto antes citado de Ventaniella. Venía desde Riaño siguiendo el curso del río Esla hasta La Uña, de donde tomaría rumbo por el valle de Valdosín hacia el puerto de Ventaniella. De aquí a San Juan de Beleño, capital del concejo de Ponga, para enlazar con el valle del Sella.

CASERÍO Y ERMITA DE VENTANIELLA

Antonio del Blanco dedica un capítulo de su libro El pueblo de La uña  y su entorno (2011) a lo que él llama «Jóvenes maestros». En él afirma que desde tiempos inmemorables y hasta 1920 hombres jóvenes de La Uña, una vez finalizadas las tareas agrícolas propias de la estación veraniega y recogido ya el ganado en las cuadras, se dirigían a tierras asturianas (Ponga, Cangas de Onís, Corao…) a lo que se denominaba «dar escuela» o lo que es lo mismo, ejercer de maestros de primera enseñanza en los cientos de escuelas temporeras existentes en Asturias[1].

De 1846 es este documento referido al concejo de Ponga, que presenta y define este tipo de escuelas ligadas a las juntas vecinales:

Desde inmemorial tiempo los pueblos de este concejo cada cual tuvo su escuela de primeras letras para la enseñanza de niños manteniendo y pagando su maestro con los fondos del común y con aportaciones de los asistentes, cuyas escuelas jamás fueron de año y sólo desde Todos los Santos o desde primeros de noviembre hasta primeros de mayo de cada año en que se cierran atendiendo no solo a la miseria de los pueblos, sino también a la necesidad indispensable que en la estación de verano tienen los padres de valerse de sus hijos tiernos alumnos para el pastoreo de sus ganados de que este país subsiste. Los pueblos con equidad ajustaban los maestros y les pagaban con la misma según las bases que para ello fijaban.[2]

El regreso de estos maestros leoneses viene marcado por el cierre de las escuelas que iba ligado al inicio, tanto en la montaña asturiana como en la leonesa, del nuevo ciclo agrícola y ganadero que requería en sus respectivos lugares la mano de obra de alumnos y profesores: preparación de las tierras para la siembra y suelta de los ganados estabulados al campo.

CONCEJO DE PONGA

Los elementos definidores de estos maestros rurales LEONESES eran los siguientes:

– Carecen de titulación alguna.

– Desempeñan su labor docente en los pequeños y recónditos pueblos de la montaña asturiana: «escuela vecinal».

– Durante el día dará clase a los niños y por la noche a jóvenes y adultos («ir a cuentas»).

– Son contratados por las juntas vecinales. Estas se encargaban de buscar al maestro, firmar el contrato, habilitar el local para escuela (no siempre había un edificio ad hoc)[3] y fijar el programa escolar que el maestro debía desarrollar[4]. Como veremos al hablar de los maestros babianos, eran examinados por un maestro titulado de las localidades vecinas en que iban a ejercer.

– El salario solía ser muy bajo: se habla de que no solía pasar de los 40 duros por temporada. Esto hacía que también ejercieran otros oficios al margen del de maestros. Se conocen ejemplos de maestros que implementaban su sueldo como amanuenses, madreñeros, herreros, etc.

– Comían y dormían en las casas de los vecinos que enviaban niños a la escuela, de acuerdo con el número de estos («maestros cata-potes»).

– Cuando repiten como maestros, no siempre van al mismo pueblo.

– Son, por tanto, temporeros.

Ahora cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué estos pueblos asturianos contrataban a personas leonesas para que ejercieran de maestros en sus pedanías hasta la década de los sesenta del siglo pasado?

La respuesta parece obvia: no había suficientes maestros nacionales titulados para desempeñar su labor docente en estas poblaciones pobres, atrasadas y remotas de la montaña. Los titulados se quedaban en las poblaciones que tenían mayor número de habitantes, mejores condiciones de vida y mayor salario.

La razón de que fueran leoneses ya he hablado de ella en el post anterior:

– Por su dominio correcto de la lengua castellana sin los modismos de los bables locales imperantes en Asturias.

– Por su saber, su rudeza y experiencia para transmitir dicho saber a los niños.

– Por su fortaleza para resistir los crudos inviernos en las aldeas asturianas, ya que venían de zonas en las que el invierno era similar o más crudo.

– Por su disposición a dormir y comer de forma ambulante.

– Y por su bajo salario.

FOTO ANTIGUA DE LA UÑA

Antonio del Blanco, en el libro antes citado, da el nombre y los lugares donde ejercieron algunos de estos maestros temporeros de La Uña:

  • Juan Piñán Valdeón, en Pezeñil-Canga de Onís.
  • Marcelino Valdeón Ibáñez, en Santa Eulalia (Los Oscos), La Borbolla (Llanes).
  • Tomás Rodríguez Paniagua, en Abiegos, Taranes y Tanda (Ponga).
  • Eugenio Paniagua Pellón, en Ambingue (Ponga).
  • Pascual Rodríguez Paniagua, en Tanda y Taranes (Ponga).
  • Valero Valdeón Fernández, en San Juan de Beleño (Ponga).
  • Patricio Rodríguez Paniagua, en Granda (Siero).
  • Víctor Ibáñez Díez, en Caranga (Ponga).

Otros nombres se pueden añadir a la lista anterior:

  • Simón Valdeón Alonso
  • Jerónimo Reguera Piñán.
  • José Lario Valdeón.
  • Pedro Díez Miguel, en Tanda y Taranes (Ponga).
  • Bernardino Paniagua, en Abiegos (Ponga).

Capítulo aparte merecen la institución docente en la que habían conseguido los saberes que les capacitarán para desempeñar la tarea de «dar escuela» y qué currículum enseñaban.

Los conocimientos adquiridos por estos maestros temporeros procedían de cuatro fuentes diferentes:

– De los años que asistieron a la escuela en La Uña en su etapa de niños. Ya hemos dicho que esta etapa educativa era obligatoria desde 1857 (Ley Moyano) y comprendía de los 6 a los 10 años. Más tarde se extendería la obligatoriedad hasta los 14 años. Habría que suponer que fueron los alumnos aventajados los que a posteriori, siendo adultos, pasaron a Asturias a transmitir sus saberes.

– De su asistencia a las clases nocturnas que el maestro de la localidad daba por las noches para jóvenes y adultos, que eran voluntarias y tenían que pagar. Conozco a buen número de personas que «fueron a cuentas» en La Uña con tal o cual maestro/a, como así se llama esta actividad nocturna.

– De su autodidactismo. Siempre ha habido personas preocupadas por seguir su formación docente una vez fuera de las aulas. Para ello utilizan el préstamo o la compra de libros.

– De la competencia en saberes. Este procedimiento es singular y consiste en reunirse varias personas para demostrar quién es el que más sabe de una determinada materia. Esto supone una preparación previa. En el momento de la competición, cada uno plantea a su máximo nivel los conocimientos que tiene sobre ella a través de preguntas o breves exposiciones para comprobar si sus competidores lo saben. Así nos presenta esta actividad en La Uña (León) Hipólito Diez Muñiz en su libro Los años perdidos (2015) al hablar de sus padres:

Tanto mi padre como mi madre tenían estudios, básicos, pero bastante elevados. Mi padre de matemáticas estaba a nivel de cualquier maestro. Se codeaba con el que más sabía del pueblo, el ya mencionado Pascual [Mediavilla], y con Antonio Pellón, «El Moreno», y, alguna vez se juntaban en nuestra casa para competir en matemáticas. (p. 75)

Conviene, por último, dejar claro que ninguno de estos maestros temporeros de La Uña pasó por la cátedra de Latinidad de Lois (León), a pesar de su cercanía y de que estaba funcionando desde 1744. En ella ingresaban los alumnos a los 10 años para cursar los cuatro años de latinidad y humanidades.

En cuanto al currículo que enseñaban estos maestros temporeros, llamados también de primeras letras, hay que señalar que groso modo se ajustaba a lo establecido por la propia Ley Moyano para la primera enseñanza elemental (véase lo dicho en el primer post) y que se podría resumir así:

  • Enseñar a leer.
  • Enseñar a escribir.
  • Nociones básicas de aritmética: sumar, restar, multiplicar, dividir y algunos problemas.
  • Nuevo sistema de monedas, pesas y medidas.
  • Algo de literatura (romances).
  • Doctrina cristiana a través del catecismo del padre Astete.
  • Habría que añadir que también estaban obligados a atender a los jóvenes y adultos que en horario nocturno quisieran asistir a implementar sus conocimientos. Lecciones de noche o de domingo las llama la Ley Moyano en su artículo 106. Por tanto, los contenidos que se impartían en estas clases eran básicamente los mismos que los de la escuela de niños, pero a nivel superior.

[1] Ángel Mato Díaz, «Las escuelas y los maestros de primeras letras (Siglo XIX)», Magister, 23 (2010), p. 26

[2] Ibídem, p. 22.

[3] Ángel Mato nos habla de tendejones, la sacristía, el atrio de la iglesia. Y en la novela de Onieva, Entre montañas, el pedáneo dice que en sus tiempos de escuela se daba debajo de un hórreo.

[4] A veces se incluía la obligación de acudir con los niños a los actos religiosos que tenían lugar en la iglesia.

Publicado en CONCEJO DE ONGA, ENSEÑANZA, La Uña, MAESTROS SIGLO XIX, MAESTROS SIGLO XX, Maestros temporeros | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

ROMANCE DEL DESCENDIMIENTO, SEGÚN LA VERSIÓN DE SIERO (LEÓN)

 A ti, madre

Un año más acudo a la Semana Santa leonesa este Viernes de Dolores, aunque sea una contradictio in terminis. Pero así es la realidad. Marca este día el inicio de las procesiones con la de la Dolorosa tanto en la ciudad como en las villas y pueblos de León, reflejo de lo que fue la fe religiosa y de lo poco que queda. Mucho de postureo.

En Siero, la Cuaresma iba jalonada con los calvarios y con los rosarios. El rosario de la Aurora y el de la Buena Muerte se podrán encontrar en este mismo blog. Así mismo, varios calvarios como Alerta, cristianos, alerta; Lágrimas de corazón, Llevemos animosos, Madre afligida, Poderoso Jesús nazareno, y Perdona, Jesús, todos ellos cantados en alternancia en los días penitenciales de Cuaresma y Semana Santa.  Se acompañan con un estudio pormenorizado de este género poético y ejemplo de cómo se tradicionaliza la poesía religiosa.

NUESTRA SEÑORA DEL MERCADO (León)

Al Viernes de Dolores se llegaba después de su novena, preparación para la gran semana. Lo que he llamado Pasión en verso, y publicado aquí, iba recorriendo todos los días desde el Domingo de Ramos y explicando lo esencial de ese día en la vida de Jesucristo. Finalizaba con el día de Pascua y aquella procesión del encuentro en que siempre me llamó la atención aquella talla de Jesús, chiquita, que se procesionaba por no haber otra más adecuada. Destacaba por su pequeñez frente a la de la Virgen dolorosa y después gozosa, a la que le cambiaba su luto por el blanco de la esperanza y de la alegría.

Hoy rindo homenaje a esta semana grande con la publicación de un romance religioso que narra la muerte, el descendimiento y el entierro de Jesús. En Siero se recitaba, y se cantaba, en estas fechas como obra religiosa anónima, sin saber que tenía autor conocido. La habían hecho suya, servía para que el autor legión exteriorizara sus sentimientos religiosos. Era propia del día de Viernes Santo y Sábado Santo, pero no importaba para que resonara en la iglesia en otros días de la Semana Santa.

Y ahí la encontré. Entre las pertenencias de María Fernández Domínguez (Siero de la Reina, 1907-1973), en una vieja libreta bastante deteriorada por el paso del tiempo y seguramente por el uso. En la portada se puede leer «Siero de la Reina 1932». En su interior un título: «Pasio». A continuación, de forma manuscrita, un poema estructurado en series de cuatro líneas, con alguna excepción. Pretende imitar la estrofa de cuatro versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, sin conseguirlo por el desconocimiento poético de su copista. Este no sabía que lo que estaba escribiendo era un romance, serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, y no uno de los muchos poemas tradicionales de carácter religioso que sí se estructuraban en coplas.

Al final de la «Pasio» aparecen tres datos importantes:

  1. a) Un título más largo que el del inicio: «Pasión de Nuestro Señor Jesucristo».
  2. b) El nombre del copista: «Escrita por el señor Fidel Domínguez». Familiar de la destinataria, natural de Villafrea de la Reina (León).
  3. c) La destinataria: «Para la señorita María Fernández». Natural de Siero.

Es muy probable que el copista actuara de amanuense y escribiera al dictado de alguien que conocía la «Pasio» y se la iba recitando. Es decir, el archivo que contenía tal poema era la memoria; la oralidad su medio de transmisión.

Y se puede afirmar casi con total seguridad que ni el recitador/a ni el copista ni la destinataria sabían que dicha «Pasio» era un romance compuesto en el siglo XVIII por el poeta jerezano Lucas del Olmo Alfonso[1], autor de buen número de composiciones religiosas que circulaban impresas en pliegos de cordel por toda la geografía española. Ejemplares de este romance, impresos en Valencia y en Madrid en el citado siglo, se pueden encontrar reproducidos en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, por citar solo un ejemplo. Lleva el siguiente título: Romance Mystico a la dolorosa passion de Nuestro Señor Jesu Crhisto, y Mysterio del Descendimiento de la Cruz. Compuesto por Lucas del Olmo Alfonso. Es un romance de 162 versos con rima asonante en e-a.

IGLESIA DE SIERO

Esta pasión de Siero es un claro ejemplo de la tradicionalización de una obra impresa de autor conocido (Véase al respecto mis post titulado  TRADICIONALIZACIÓN DE OBRAS POÉTICAS RELIGIOSAS: CALVARIOS Y OTROS GÉNEROS LITERARIOS EN VERSO). Se ha perdido la autoría, se la considera anónima, su vía de transmisión es la oral, se han eliminado fragmentos del original, se ha reorganizado y ha sido sometida al proceso que Menéndez Pidal denominó vivir en variantes. Solo dos ejemplos ilustrativos de cuanto vengo diciendo, amén de los solecismos que el lector podrá encontrar y que son propios de un amanuense iletrado.

Comienzo del romance original: «Alma, si eres compasiva, / atiende y considera/ al pie de la Cruz María / viendo estar pendiente de ella / a su Dulcísimo Hijo…»

Comienzo de la «Pasio» de Siero: «Alma, si eres compasiva, mira,/ atiende y considera que, al/  pie de la cruz, María viendo/ está el pendiente en ella,/ a su santísimo hijo…»

El segundo de los ejemplos es el final. Así es en el romance original: «para recibir el premio / después de la vida eterna». En la «Pasio» de Siero: «para recibir el / premio después en la / gloria eterna».

Y sin más explicaciones, transcribo el texto sierense adecuándolo a la ortografía vigente y estructurándolo en una serie seguida de versos octosílabos conforme al original.

 PASIO

Alma, si eres compasiva,
mira, atiende y considera
que, al pie de la cruz, María
viendo está el pendiente en ella,
a su santísimo hijo
abierto por cinco puertas[2],
corriendo arroyo de sangre;
coronada la cabeza
de penetrantes espinas,
cayendo la sangre en ellas[3],
que por el divino rostro
a hilo a hilo gotea.

MARÍA Y SAN JUAN AL PIE DE LA CRUZ

Mira qué color difunto,
a aquella boca de perlas;
parece un clavel morado
de haber caído en las piedras.
Las rosas de sus mejillas,
dos cardenales en ellas;
la garganta que a la nieve
no la hacía diferencia.
Desollados[4], renegridos
hombros y espaldas abiertas
por la cruz y los azotes;
los huesos se ven por ellas.
Su madre le está mirando
y oye cómo se lamenta:
―Hijo del mi corazón,
¿qué culpas fueron las vuestras
para quitaros la vida
siendo la misma inocencia?
¡Ay de lo que me hacéis,
atended, mirar mis penas,
si hay dolor que a mi dolor
pueda hacerle competencia;
que solo este hijo tenía
y por envidia y soberbia,
[5]sin culpa, me le han muerto.
¡Oh, mi Dios, que me atraviesa
una espada el corazón!
¡Y ay, que la noche se acerca¡
No tengo una sepultura
ni una mortaja siquiera
ni quien de la cruz le abaje.
¿Qué hará aquí esta esclava vuestra?
Ángeles de mi custodia,
¿cómo no aliviáis mis penas?
Los ángeles la dicen:
«No nos han dado licencia
de[6] bajar a vuestro hijo,
que corre por otra cuenta».
Vuelve la Virgen los ojos
y vio que tenía cerca
una cuadrilla de gente;
traían dos escaleras.
Le[7] dice sobresaltada
a san Juan desta manera:
«Dime, Juan, hijo querido:
¿sabrás qué gente es aquella?;
¿qué injurias quedrán hacer
a esta infinita grandeza?»
San Juan dice: «Madre mía,
calle y no tengáis pena,
que es[8] José[9] y Nicudemos[10]
y vendrán a cosa buena[11].

DESCENDIMIENTO DE JESÚS DE LA CRUZ, DE JUAN DE JUANES, SIGLO XVI

Llegan los santos varones
y, viendo la humilde reina
al pie de la cruz llorando,
comenzaron con gran pena
a decir su sentimiento.
En las palabras primeras,
con la fuerza del dolor,
todos a llorar comienzan.
Llora José, Nicudemos;
llora la sagrada reina
y todos los que allí estaban,
san Juan y la Madalena.
Tales eran los sollozos
que los corazones quiebran.
La humilde reina les dice:
«La noche se acerca»[12].
Y José y[13] Nicudemos
arriman las escaleras
al santo árbol de la cruz;
ambos subieron por ellas.
Ya le quitan la corona
y a su madre se la entregan,
que corona el Rey del cielo
tuvo puesta en la cabeza.
―¡Ay, mi Dios, que los mortales
la traten con reverencia!
Luego le quitan los clavos
y a su madre se le entregan.
―¡Oh, clavos, que atravesasteis
aquellas palmas inmensas,
que al cielo y todas las cosas
dieron ser[14], y las conserva;
heristeis[15] mi corazón
como una aguda saeta!
Bajan al difunto cuerpo
y san Juan por la cabeza,
Madalena por los pies,
a su madre se le entregan.
Recibiéndolo en su brazos
y viendo a aquella belleza,
que está tan desfigurada,
muy triste, a decir comienza:
«Venir los que estéis enfermos,
que la medicina es esta;
venir, que a todos convido
y que a ninguno se niega».
Nicudemos y José,
con los ungüentos que llevan,
ponen el difunto cuerpo
en una sábana nueva.
Le envuelven, y[16] un sudario
pusieron en su cabeza.
Van muchos fieles delante
y los que al difunto llevan:
Nicudemos y José;
detrás va la humilde reina
rodeada de serafines,
las tres Marías con ella[17].

ENTIERRO DE JESÚS, DE SISTO BADOLOCCHIO (1581-1647)

Al pasar por el Calvario,
adoró la humilde reina
al santo árbol de la cruz,
todos los demás con ella.
Se despidieron llorando
y su bendición les echa;
hasta la resurrección
que con mucha fe la esperan[18].
Tratemos de acompañarla
y consolarla en sus penas
para recibir el premio
después en la gloria eterna.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
Escrita por el señor Fidel Domínguez.
Para la señorita María Fernández.


[1] Muy poco es lo que se sabe de este poeta. Solo conocemos los datos que se pueden extraer de sus obras. Así sabemos que entre 1700 y 1733 publicó en Sevilla al menos dieciséis romances.

[2] Las cinco llagas: la lanzada del costado, las dos de los clavos de las manos y las dos de los clavos de los pies.

[3] En la libreta las.

[4] En la libreta desollándose, que no tiene sentido.

[5] Suprimo la preposición en con la que comienza el verso.

[6] Añado esta preposición, que está en el original del pliego, para que el verso no quede cojo.

[7] Añado el pronombre le, que está en el original, para que el verso no quede cojo.

[8] Elimino el adjetivo san que precede a José, que está en la libreta, ya que el que se halla al pie de la Cruz es José de Arimatea y no san José, esposo del Virgen. Además, el verso resultaría de nueve sílabas y no ocho como requiere el texto.

[9] Se trata de José de Arimatea, presente en el descendimiento. Era este judío, el hermano menor de Joaquín, el padre de la Virgen. Era miembro del Sanedrín y decurión del Imperio Romano. Según la tradición cristiana, era el propietario del sepulcro en el que fue enterrado Jesús.

[10] El nombre es Nicodemo. Estuvo presente en el descendimiento de la cruz de Jesús. Era judío, rico fariseo y miembro del Sanedrín. El evangelio dice que era hombre principal entre su pueblo.

[11] En la libreta, con error evidente y sin sentido: «y vendrá una casa buena».

[12] Verso cojo al modificar el original: «Mas la dolorosa madre / dixo: la noche se acerca».

[13] He añadido las dos conjunciones copulativas y que faltan en la libreta, pero que están en el original,  para que el verso sea octosílabo

[14] En la libreta: fuiste nira.

[15] En la libreta iristis.

[16] Añado la conjunción copulativa y para evitar que el verso resulte cojo.

[17] María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé.

[18] Sigo al original en estos dos  versos porque los de la libreta carecen de sentido: «esta la resurrecion que con mucho fiel pera».

Publicado en LITERATURA ESPAÑOLA, Literatura religiosa, RELIGIÓN, SIERO, Siglo XVIII | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario