MICRORRELATOS DE PUEBLO (o no tanto): (40) Noche clara de luna de lobos

A la entrada de Valdosín, dando acceso al valle de Los Lobos, surcado por profundos arroyos y cubierto de un poblado hayedo que lo convierte en el reino de las sombras, se hallan los albergues de las novillas de Burón en medio de la pradera, con su caseta pastoril adosada.

El otoño ya se hace patente en la arboleda. La noche ya ha caído sobre el valle. La luna llena ilumina con luz difuminada el camino que viene de la peña el Castiello. Una fina y continua lluvia va empapando la campiña. De momento, solo se oye el silencio que lo invade todo.

En la caseta, alrededor de la lumbre, se calientan los moradores de esa noche, varios jóvenes, parloteando, que quieren pasar la noche esperando escuchar el aullido de los lobos o la voz ronca y estremecedora de la caraviella.

A Riosol la cerveza le pide que desagüe la vejiga. Lo hace en dirección a la peña el Castiello. Al levantar la cabeza del suelo, divisa la silueta de una mujer, alta y con la melena empapada al viento, ataviada con una gabardina blanca, caminando con paso raudo bajo la lluvia en dirección a la caseta.

Penetra de nuevo en la penumbra del ocasional refugio.

No llega la inesperada visita. Se impacienta. Vuelve a salir. De momento no ve a la mujer. Ha desaparecido. Pero no. Se ha desviado. Se percibe claramente su espalda blanca sobre la que cae su larga melena. Va bordeando el río, lo va a cruzar camino del valle de los lobos.

Se vuelve hacia la puerta. Sale Cardosa. Le dice:

–  Mira, la mujer va a cruzar el río.

– ¿Qué mujer? No veo a ninguna.

– Sí. Allí estaba. Al lado del río. A punto de cruzarlo.

– No. No la veo. Al otro lado solo se ve el reflejo de la luna.

– Ahora, tampoco yo. Pero allí estaba. Sí. La vi.

Algo se remueve en sus entrañas.

La negrura que invade la caseta no deja ver el rictus de miedo de sus rostros. El silencio lo invade de nuevo todo.

¿Llegará el aullido del lobo? ¿Tal vez la voz cabruna de la caraviella? ¿Quizá la inesperada visita?

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LA HISTORIA CASI INTERMINABLE DEL PRIMER EDIFICIO PROPIO DEL INSTITUTO LEONÉS DE SEGUNDA ENSEÑANZA, denominado a la sazón «Instituto General y Técnico de León»

El Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de León se creó mediante Real Orden del Ministerio de la Gobernación de 26 de agosto de 1846 con un déficit importante: carecía de edificio propio.

El primer curso la docencia se impartió en el edifico conocido como Casa de los Escolapios (propiedad del Ayuntamiento, mayoría de las asignaturas), que no era otro que el colegio que los jesuitas habían levantado en la ciudad de León a finales del siglo XVI, y en aulas cedidas por el Seminario Conciliar de San Froilán (algunas asignaturas).

PLANO DE LEÓN EN 1847

En el curso siguiente pasó a ocupar el Convento de San Marcos (propiedad del Estado) y allí se mantuvo hasta el curso 1855-1856 que volvió de nuevo a la Casa de los Escolapios.

Los 105 alumnos matriculados en el primer curso de su andadura se habían convertido en 1867 en 299. El incremento significativo hacía que el viejo edificio se quedara pequeño y su director, Vicente Andrés y Andrés, pidiera ya un nuevo edificio que pudiera albergar con comodidad a los alumnos, las cátedras, la biblioteca y los diferentes gabinetes. Así lo explicaba el director del centro en la Memoria acerca del estado del Instituto de Segunda Enseñanza de León, leída el 16 de septiembre de 1867 al hablar de las mejoras realizadas en el edificio:

Ninguna mejora importante ha sido necesaria, salvo los reparos que son indispensables todos los años para la conservación del edificio. Mas esto no ha de interpretarse en manera alguna que el edificio satisface a las necesidades siempre crecientes de la enseñanza. No solamente es reducidísimo el local para una concurrencia de 300 alumnos, sino que también nos vemos imposibilitados de aumentar los medios de instrucción, por falta de local para este objeto. Los gabinetes de Física e Historia natural no pueden contener más aparatos y ejemplares que los que hoy poseen; y, aun cuando no recibieran aumento alguno, los ya adquiridos se hallan expuestos constantemente a deteriorarse por la falta de desahogo para su fácil manejo. La cátedra de dibujo, la de mayor capacidad que tiene el Instituto, es de tan reducidas proporciones para el fin a que está destinada que en el curso anterior nos hemos visto en la imposibilidad de admitir a todos los que intentaron matricularse. Si a esto agregamos que se carece absolutamente de un laboratorio químico, medio sin el cual los alumnos no pueden adquirir conocimientos, aproximados siquiera, de tan importante ramo de las ciencias naturales, y que la Biblioteca del Instituto no puede llegar a ser una realidad por la misma falta de local para ello, comprenderán cuantos me escuchan la urgente necesidad de proporcionar un edificio de buenas condiciones, si se quiere que el primer establecimiento científico que costea la provincia , sea digno de ella y dignos también los esfuerzos que se hacen para mejorarle.

CAPTURA DEL PLANO DE RUIZ DE SALAZAR, 1889. CON EL N.º 26, SITUACIÓN DEL INSTITUTO

Esta queja se irá transmitiendo de año en año, pero sin conseguir su objetivo. Hasta 1900, he destacado los siguientes hechos que me han parecido más significativos.

En 1885, a las deficiencias anteriormente señaladas, se añade la de las malas condiciones higiénicas del edificio como motivo de solicitud de uno nuevo. A los representantes leoneses en Cortes acude el claustro del Instituto para que realicen en Madrid las gestiones necesarias para dotar al centro de un nuevo edificio.

El deterioro del edificio con el paso de los años era evidente. Así, en 1895, se señala que la torre en la que está situada la estación meteorológica estaba en ruinas y convenía «estar alerta para que mañana no tengamos que lamentar ninguna desgracia».

Y así llegamos a 1900. A partir de dicho año se irán desencadenando una serie de hechos que culminarán en la edificación de un nuevo edificio para el centro leonés de segunda enseñanza.

La Ley de Presupuestos Generales del Estado de 1900, en su artículo 20, facultaba para que el Ministerio de Fomento, en el que radicaban las competencias de educación, se pudiera dividir en dos. Esto se llevaría a cabo mediante el Real Decreto de 18 de abril de 1900 por el que por primera vez en España la enseñanza tendrá su propio ministerio, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes:

Artículo 1-. Queda suprimido el Ministerio de Fomento. En su lugar se crean dos nuevos departamentos ministeriales, que se denominarán respectivamente Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes y Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras públicas.

Artículo 2. El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes entenderá en lo relativo a la enseñanza pública y privada en todas sus diferentes clases y grados, en el fomento de las ciencias y de las letras, bellas artes, archivos, bibliotecas y museos. Formará parte de este Ministerio la Dirección General del Instituto Geográfico Estadístico.

El 19 de abril del citado año se nombra al primer titular del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas artes, recayendo tal nombramiento en Antonio García Alix.

El Real Decreto del  Ministerio de Instrucción Pública de 17 de agosto de1901 reorganiza la segunda enseñanza y cambia de nombre a los centros, estableciendo en su artículo primero que

Los actuales institutos de segunda enseñanza tendrán, desde la publicación de este decreto, el nombre de Institutos Generales y Técnicos, y en ellos se dará las siguientes enseñanzas:

1.° Estudios generales del grado de Bachiller.

2.° Estudios elementales y superiores del Magisterio de primera enseñanza.

3.° Estudios elementales de Agricultura.

4.° Estudios elementaos de Industrias.

5.° Estudios elementales de Comercio.

6.° Estudios elementales de Bellas Artes.

7.° Enseñanzas nocturnas para obreros.

CAPTURA DEL PLANO DE LEÓN DE 1901. EL INSTITUTO EN LA CALLE LA CANÓNIGA

Hay un hecho que pudo resultar trascendente para que se levantara un nuevo edificio, pero a la postre parece que no lo fue. El 29 de mayo de 1901 visitó el Instituto de León el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Álvaro de Figueroa y Torres (conde de Romanones). Declaraba el ministro que el contenido del centro educativo era bueno, pero el continente muy malo.

Al año siguiente, el claustro del Instituto nombra una comisión para que realice las actuaciones pertinentes para que la sociedad leonesa y sus instituciones puedan contribuir a que se lleve a cabo el eterno proyecto de construcción del nuevo edificio.

EL SOLAR QUE SE IBA A ELEGIR PARA EL NUEVO CENTRO ERA EL QUE EN LA CAPTURA DEL PLANO DE 1901 FIGURA COMO «MERCADO CUBIERTO »

Y así llegamos al 1 de octubre de 1904, fecha en que el secretario del centro comunica al claustro que gracias a las gestiones del Claustro de catedráticos, de la Diputación provincial y de los diputados leoneses en Cortes se ha conseguido que el nuevo edificio para el Instituto comience su andadura. Por un Real Decreto del Ministerio de Instrucción Pública de 18 de abril de 1904 se realiza la convocatoria para la redacción de un proyecto destinado a un nuevo edifico que albergue el Instituto. El Claustro de catedráticos del Instituto encarga  al arquitecto Torbado que realice los planos del nuevo centro, que estaría situado en el solar del mercado viejo. Estos fueron enviados al Ministerio el 26 de junio de dicho año.

En la Gaceta de Madrid del 2 de enero de 1905 se publica un concurso abierto para presentar proyecto para la construcción del nuevo edifico para el instituto leonés, en sustitución del «viejo y destartalado edifico que ocupa el Instituto», en palabras del secretario del centro.

Después de año y medio, la Gaceta del 6 de julio de 1906 publicaba un real decreto que establecía que de entre los proyectos presentados había sido elegido el de los arquitectos José Luis de Oriol y Emilio García Martínez, que fijaba el importe de la construcción del nuevo edifico en 740 626, 35 pesetas.

Casi dos años se tuvo que esperar para que se publicara la primera licitación de la obra, 22 de enero de 1908, con la particularidad de que quedó desierta.

De nuevo se vuelve a licitar la obra el día 10 de noviembre del mismo año, adjudicándose la construcción al contratista Manuel Suárez García el día 19 de diciembre, con un plazo de ejecución de tres años.

El contratista comunica al director del Instituto el 22 de marzo de 1909 que ha comenzado las obras dentro del plazo reglamentario.

COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA DEL IGYT DE LEÓN

Las obras no avanzan al ritmo previsto, mas bien todo lo contrario: se solicitan nuevos plazos de ejecución que se agotan sin finalizarlas a la vez que se van pidiendo nuevas ampliaciones del presupuesto.

CAPTURA DEL PLANO DE LEÓN DE 1910 DONDE SE PUEDE OBSERVAR LA SITUACIÓN DEL INSTIUTO EN FUNCIONAMIENTO (PARTE SUPERIOR) Y LA DEL QUE SE ESTABA CONSTRUYENO (ENTRE LAS CALLES DEL RASTRO Y RUIZ DE SALAZAR)

Así se llega a 1915. El 20 de noviembre se recepciona la obra provisionalmente por orden del subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Se levanta acta del estado del edificio en la que el arquitecto Emilio García Martínez pormenoriza las muchas y graves deficiencias encontradas, por lo que el edifico no puede utilizarse para el fin a que se tiene que destinar  y en consecuencia no puede ser ocupado por la Administración.

El 23 de abril de 1917 el director del Instituto recibió la orden del subsecretario del Ministerio (fechada el 16) para que se realice la recepción definitiva del nuevo edificio. Así se hizo. El arquitecto García Martínez confirma que el edifico se halla finalizado de acuerdo con el proyecto aprobado por la superioridad, pero también señala una serie de carencias que impiden que allí se pueda desarrollar la docencia, como el material fijo de las seis aulas, el de los laboratorios, del salón de actos, de la biblioteca, del archivo, el entarimado de las aulas, la falta de calefacción, depósito de agua y medio de elevar esta, la instalación de la luz, etc.

FACHADA PRINCIPAL DEL NUEVO EDIFICIO

La dirección del Instituto solicita al subsecretario del Ministerio que dé las órdenes oportunas para que subsanen las carencias detectadas a fin de que el nuevo edifico pueda ser utilizado y se le dote de los medios económicos necesarios.

La dotación económica ministerial para subsanar las carencias del nuevo edificio no llega. Gracias a la Diputación Provincial, al Ayuntamiento de la ciudad y a los representantes de los leoneses en Cortes se consiguió el 20 de diciembre de 1917 un crédito de 20.000 pesetas que se emplearon para amueblar parcialmente el edifico durante los primeros meses del año 2018.

La llegada a León en la primera mitad del año 1918 de la pandemia conocida como gripe española tuvo mucho que ver en el traslado del Instituto del viejo edificio al nuevo.

El curso escolar 1917-1918 finalizó en el viejo edifico del Instituto el 19 de mayo. Entre el 20 y el 30 se realizaron los exámenes finales. El día 1 de junio tenían que examinar a 191 alumnos de ingreso y 1136 libres. El Claustro del Instituto consideró que no era prudente acumular a tantas personas (alumnos y familiares) en el viejo edificio y de reducidas dimensiones por el peligro de contagio evidente de la gripe. Por ello solicitó al subsecretario del Ministerio que se autorizase la realización de dichos exámenes en el nuevo edificio mucho más espacioso. Se autorizó. Se llevó del viejo al nuevo edifico el mobiliario de las aulas y la secretaría del centro. Y allí se realizaron los exámenes del día 1 de junio.

Finalizados los exámenes, continuó durante el verano el traslado al nuevo edifico de los materiales existentes en el viejo. Este traslado se vio favorecido porque, debido a la gripe, el curso escolar no comenzó hasta el 18 de noviembre de 1918.

En síntesis, la dotación de un nuevo edificio para el Instituto General y Técnico de León fue un largo y tedioso proceso que comenzó un 18 de abril de 1904 (convocatoria de la redacción del proyecto) y finalizó el 1 de junio de 1918 con la realización de la primera actividad docente en el centro: los exámenes de los alumnos de ingreso y de los libres.

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EL INSTITUTO PROVINCIAL DE SEGUNDA ENSEÑANZA DE LEÓN EN LA EXPOSICIÓN REGIONAL LEONESA DE 1892

El Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de León, como institución docente, participó en la Exposición Regional Leonesa de 1892, después del éxito conseguido en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, en la que obtuvo medalla de bronce y diploma por los libros presentados por varios catedráticos del centro, entre ellos Juan Eloy Díaz-Jiménez, Gerardo Cuervo Arango y Policarpo Mingote y Tarazona. (Véase mi post en este mismo blog titulado «EL INSTITUTO PROVINCIAL DE SEGUNDA ENSEÑANZA DE LEÓN, MEDALLA DE BRONCE EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE BARCELONA DE 1888»).

La exposición de 1892 pretendía seguir los pasos de la celebrada en León en 1876, organizada por la Asociación Económica de Amigos del País. En este caso, la organización corrió a cargo de un ente genérico denominado «el pueblo de León». Se inauguró el 20 de septiembre de 1892 y parece que su éxito fue relativo: «no fue lo que algunos querían y nosotros también anhelábamos, se dice en la introducción del Catálogo  que firma la Junta de Gobierno.

Los participantes concurrieron en dos grandes grupos: CERTÁMENES (se celebraron 49 repartidos en el ámbito musical, literario, científico y pirotécnico) y EXPOSITORES. Estos últimos se dividieron en cinco series: educación y ciencia, obras de arte y arte retrospectivo (143 participantes); mineralogía y metalurgia; agricultura y ganadería; industrias manufactureras y productos químicos y maquinaria y herramienta. El mayor número de expositores corresponde a la provincia de León con 504, seguida de Valladolid con 20, Oviedo con 18, Lugo con 10, Burgos y Salamanca con 7, etc. Incluso participó un parisino en la sección de Instrucción Pública con un libro titulado L’Espagnol Comercial.

A su vez, las series se dividían en secciones. La primera sección iba dedicada a la Instrucción pública (43 participantes). En ella encontramos al Instituto leonés como institución y a tres profesores a título personal.

El Instituto, que a la sazón estaba dirigido por Juan Eloy Díaz-Jiménez (catedrático de Sicología, Lógica y Filosofía Moral),  figura con el número 42 de la sección y se le otorgó el diploma de colaboración (D. C.). Presentó un interesante y nutrido grupo de aparatos y colecciones didácticas pertenecientes a diversas cátedras:

  • Aparato de poleas.
  • Modelo de plano inclinado.
  • Prensa hidráulica.
  • Rosca de Arquímedes.
  • Barómetro de cubeta profunda.
  • Máquina neumática de Bianchi.
  • Fuente intermitente.
  • Bomba de incendios.
  • Fuente de Herón.
  • Aparato hidro dinámico de Escriche.
  • Molinete hidráulico.
  • Aparato en que se ve el movimiento ondulatorio de los líquidos.
  • Aparato de Cisenlorf para hacer ver el movimiento molecular de la propagación del sonido.
  • Tabla para explicar el movimiento vibratorio longitudinal, de Escriche.
  • Tabla para explicar el movimiento curvilíneo, de Escriche.
  • Tabla para explicar el movimiento transversal, de Escriche.
  • Aparato de composición de movimientos vibratorios, de Escriche.
  • Alambique de Sallerón.
  • Calorímetro de Berthelot.
  • Higrómetro de Daniell.
  • Radiómetro.
  • Máquina de Watt, gran modelo.
  • Aparato que muestra el movimiento del éter al propagarse la luz.
  • Tres espejos (plano, cóncavo y convexo).
  • Lente convergente con sostén de latón.
  • Lente divergente con sostén de latón.
  • Espectroscopio.
  • Modelo de telescopio de Gregori.
  • Anteojo terrestre, con dos oculares de cambio.
  • Microscopio compuesto de Nachet.
  • Máquina eléctrica de Carré.
  • Máquina de Gramone, para laboratorio.
  • Galvanómetro.
  • Endiómetro de Volh.
  • Estuche para determinar volumétricamente el hierro, el plomo, el zinc, el cobre y la plata.
  • Colección de mamíferos, aves, reptiles y peces en la que se cuentan importantes especies propias de la región.
  • Ídem de moluscos de diferentes mares y regiones.
  • Ídem de fósiles, muchos de los cuales han sido recogidos en terrenos de la provincia.
  • Diversas piezas anatómicas dispuestas con arreglo a los últimos adelantos.
  • Herbario con más de cuatro mil especies clasificadas según el sistema sexual de Linneo.
  • Colección de pequeños modelos de aparatos y máquinas agrícolas.
  • Ídem de medidas de capacidad, según el sistema métrico decimal.
  • Una vértebra y un trozo de mandíbula de una ballena.
  • Colección de rocas perfectamente determinadas, según Laparen.
  • Aparato cosmográfico de Girode, con motor automático de los señores Prieto y Mingote.
  • Globo terráqueo en relieve.
  • Colección de mapas de geografía general e histórica, ejecutados por los alumnos.
  • Diversos trabajos de dibujo de figura y adorno, ejecutados por los alumnos.

En esta misma sección aparecen tres profesores del Instituto que participan a título individual:

En el n.º 10 se halla Tomás Mallo López, catedrático de Matemáticas, quien presentó ejemplares de su libro Lecciones de Matemáticas elementales. Primer curso. Aritmética y Álgebra, publicado en  León en  1889. Obtuvo el diploma de mérito y progreso (D. M. P.).

Policarpo Mingote y Tarazona, catedrático de Geografía e Historia, aparece en el número 11. Presenta su libro Tratado elemental de geografía astronómica, física, política y descriptiva, que había sido editado ya en 1878 en León. Recibió también el diploma de mérito y progreso (D. M. P.).

En el número 41, vuelve a citarse al señor Mingote (responsable del observatorio astronómico del Instituto), junto a Eduardo Prieto Villareal, quienes presentaron un aparato astronómico (no se especifica más), que no obtuvo galardón alguno.

Esta fue la participación del Instituto leonés, que ilustra cómo este centro educativo estaba bien dotado de medios didácticos, aunque seguía con su sede en el viejo caserón del siglo XVI situado en la entonces llamada calle de la Canóniga, actual calle Pablo Flórez.

Plano de Ruiz Salazar de 1889: el número 26 se correspondía con el Instituto leonés.
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EL LOBO ACEMILERO DE SAN FROILÁN

En 832 nacía en las afueras de Lugo un niño al que pusieron por nombre Froilán. A los dieciocho años inició una vida itinerante de retiro, penitencia y predicación por varios lugares de la provincia de Lugo, León  y Zamora.

Se trasladó al Bierzo y después, junto a Atilano, se recluyó en el picacho Cucurrino de la Valdorria (León). Después de fundar varios monasterios en el llano, en el 900 fue nombrado obispo de León. Aquí murió en el 905.

El Seminario Conciliar de León fue fundado por el obispo fray Andrés de Caso en 1606. Se le puso bajo la advocación de San Froilán. Tal como informa la fachada norte, en 1895 se iniciaron obras de ampliación del edificio que concluyeron en 1926. Así figura en dos inscripciones independientes con la presencia de la primera y última letra del alfabeto griego: А 1895     Ω 1926.

En esta misma fachada se encuentra la escultura de san Froilán que hemos insertado. En su representación aparece en actitud de bendecir, revestido con tres atributos propios de su  función obispal: la capa, la mitra y el báculo, en su mano izquierda. Lo singular de esta escultura radica en la figura que encontramos junto a su pierna izquierda: un cánido, que tiene que ser un lobo. La razón de esta figura la proporciona la leyenda.

Según cuenta una versión de la leyenda, encontrándose en su refugio eremítico de Valdorria apareció un lobo que se abalanzó sobre el burro que acompañaba al santo como medio de transporte y le dio muerte. El santo estaba orando cuando se percató del incidente. Al observar la escena, miró fijamente al lobo y este dejó de devorar al pobre borrico. Por haber matado al burro, le impuso san Froilán como penitencia que a partir de entonces le acompañara y él sería el que llevara las alforjas con los pertrechos del santo.

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VICARIO EXCUSADOR

Revisando libros parroquiales de la década de los cuarenta del siglo XIX me he encontrado que existen los párrocos, y como tales se denominan y firman, y otros sacerdotes que se denominan y firman como vicario, vicario ecónomo o vicario excusador. Esta tipología significa que su nombramiento se debía a circunstancias parroquiales diferentes y que sus funciones eran, igualmente, diferentes.

El oficio de vicario parroquial en la Iglesia Católica es antiguo, aunque posterior al de párroco. Hay noticias de la existencia de vicarios parroquiales (socii in divinis) desde el siglo XII.

No obstante, habrá que esperar al Concilio de Trento (1545-1563) para que se reglamente este oficio parroquial de ayuda al titular. Se hace en la sesión 21, capítulo 4:

Los obispos, aun como delegados de la sede apostólica, obliguen a los curas, u otros que tengan obligación, a tomar por asociados en su ministerio el número de sacerdotes que sea necesario para administrar los sacramentos y celebrar el culto divino en todas las iglesias parroquiales o bautismales, cuyo pueblo sea tan numeroso que no baste un cura solo a administrar los sacramentos de la Iglesia ni a celebrar el culto divino.

Desde entonces dicho oficio queda ligado al del párroco y a las funciones del culto en las parroquias.

 La legislación posterior al Concilio sobre dicho tema fue diversa y dispersa. Habrá que esperar hasta el Código de Derecho de Canónico de 1917 que lo regula en los cánones 471 a 478.

Establece cinco tipos de vicarios parroquiales, cuyo nombramiento venía determinado por alguna circunstancia especial del párroco o de la parroquia y que denomina de la siguiente forma[1]:

a) vicario actual (c. 471, vicarius actualis): Se nombra cuando una parroquia estaba unida a una casa religiosa, a una iglesia capitular o a otra persona jurídica de manera plena.

b) vicario ecónomo (cc. 472-473, vicarius oeconomus): Se nombra cuando la parroquia quedaba vacante.

c) vicario sustituto (c. 474, vicarius substitutus): Se nombra cuando el párroco tenía que ausentarse por más de una semana.

d) vicario auxiliar (c. 475, vicarius adiutor): Se nombra cuando el párroco por sus condiciones personales (edad, impericia, enfermedad) no podía atender adecuadamente una parroquia

d) y vicario cooperador (c. 476, vicarius cooperator): Se nombra cuando la parroquia es muy extensa o tiene gran número de fieles y el párroco no podía atenderla solo.

Al examinar la documentación parroquial de Castrofuerte y Villaornate, pueblos de la provincia de León aunque en aquel entonces pertenecieran al Obispado de Oviedo, con el objetivo de determinar en qué parroquias había ejercido el ministerio sacerdotal Francisco del Valle Ducal (natural de Castrofuerte), entre 1836 y 1843, y futuro director del primer instituto de segunda enseñanza de la provincia de León (1846), me sorprendió que durante un tiempo firmara simplemente como vicario y durante un periodo lo hiciera como «vicario excusador», sin saber entonces su significado preciso y su porqué.

El intento de explicación me llevó de inmediato a consultar el primer código de derecho canónico de la Iglesia, que es el de 1917, creyendo que allí podría encontrar la respuesta. No fue así, ya que de los cinco tipos de vicarios establecidos en sus cánones, que ya he descrito antes, ninguno de ellos coincidía con el nombre de «vicario excusador».

A continuación traté de precisar el término excusador a través del Diccionario de la lengua española, que tampoco solucionó totalmente mis dudas:

EXCUSADOR: «Hombre que exime y excusa a otro de una carga, servicio o ministerio, sirviéndolo por él. Teniente de un beneficiado, que sirve el beneficio por él.»

La respuesta me estaba esperando en el libro parroquial de Villaornate titulado Libro de bautizados de 1827 a 1848. Una partida de bautismo correspondiente al 28 de agosto de 1831 tenía el encabezamiento siguiente que aclaraba todas mis dudas:

En esta villa de Villaornate, a veinte y ocho días del mes de agosto de mil ochocientos treinta y uno, yo, el VICARIO EXCUSADOR, nombrado por don Francisco Fernández Arango, cura párroco de Santa María Magdalena, única de la referida villa, por su ausencia, con la aprobación necesaria por el señor vicario de San Millán…

Así pues, el vicario excusador era el que el Código de 1917 llamó sustituto, cuyo nombramiento se debía a la ausencia de la parroquia durante un determinado tiempo de su titular, que era quien lo nombraba con la aprobación de su superior inmediato, y cuyas funciones eran las propias del cura párroco.


[1] Véase Neil González Amaya, La potestad de régimen en el oficio del vicario parroquial, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de Derecho Canónico, 2013, pp. 45-49.

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SESTIL DEL CUETO

Es este un topónimo compuesto que requiere, por tanto,  doble explicación. En sí encierra una doble referencia. La primera parte, nos retrotrae a una actividad ganadera ya desaparecida. La segunda, nos describe la orografía con la que nos encontraremos si decidimos acercarnos a este lugar.

Pertenece al pueblo de La Uña y se halla situado a la terminación de la sierra del Venero, en su parte este, mirando hacia el río Balagar y su valle.

La primera parte, SESTIL (sesteadero), hace referencia a vecera de ganado. En este caso, al lugar que la vecera de las paridas, y en alguna ocasión la de la cabaña (integrada por las vacas jóvenes que no han parido o están horras) elegía para sestear, para pasar las horas centrales de los calurosos días de verano. En aquel alto corría la brisa y las vacas se sentían a gusto y libres de los rigores del sol y de las molestas moscas. Las vacas acudían solas, sin necesidad de que el pastor las llevara. Conocían bien el lugar y la hora a la que tenían que acudir. Como la de abandonar aquel agradable lugar y volver a buscar los pastos de la cena.

La palabra SESTIL tiene su origen en la voz latina SĚXTA, sin diptongar, propio del dialecto leonés. Era  la hora sexta de las doce en que el mundo romano dividía el día o tiempo que equivalía al mediodía (las doce), la hora de máximo calor. De SĚXTA proviene la palabra española SIESTA mediante diptongación de la –Ě- breve latina.

Se le ha añadido el sufijo –IL (del latín –ILIS) que indica «relación o pertenencia», con el añadido de lugar. Así pues, SEST-IL, lugar donde se echa la siesta.

Es palabra que ha entrado tarde en los diccionarios, ya que no se recoge hasta 1803 por el de la Academia. Lo hace indicando que es lo mismo que SESTEADERO.

SESTIL DEL CUETO EN EL PRIMER PLANO

En La Uña también se utiliza como sinónimo MOSQUIL (con origen en mosca), que el Diccionario de la lengua española recoge como voz propia de Salamanca.

La segunda parte del topónimo, CUETO, es el nombre topográfico que designa una elevación de terreno aislada y de menor altura que el monte. Es voz arraigada en León, Asturias y Cantabria, y de uso escaso en otras regiones.

Tiene su origen en la voz prerromana *CŎTTO > cueto ‘cerro, altura de tierra, comúnmente peñascosa y áspera’. La –Ŏ– breve diptonga en –UE-.

Si subimos a este lugar en La Uña, observaremos que cumple todas las condiciones semánticas que hemos indicado: es una pequeña elevación aislada, de forma cónica, peñascosa y áspera. En su parte más alta se pueden observar hoy vestigios de la guerra civil de 1936: un nido de ametralladora.

Forma grupo con los topónimos que designan una elevación del terreno aislada y de menor altura que el monte, como COLLE y COLLADO (< CŎLLEM + SUFIJO), POYO (< PŎDIUM), CERRO (< CĬRRUM) y OTERO (<ALTARIUM). En La Uña se halla el Otero el Concejo y la Cota, topónimo este último que está relacionado con Cueto y que como nombre de población se conserva en LA CUETA, el pueblo más alto de la provincia de León.

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(El) PINIDIELLO y BUSTETIELLO

El PINIDIELLO y BUSTETIELLO son los dos pequeños valles en los que finaliza el más largo y ancho denominado EL ROLLO. Son los brazos que rodean a Corcollorudo en su base por la parte de Siero (León).

Ambos topónimos comparten, desde el punto de vista lingüístico, la pertenencia a la clase de los diminutivos y el haber conservado la terminación -IELLO, fenómeno propio del leonés actual. Procede del sufijo latino –ĔLLŬ(M), que evolucionó a -IELLO por diptongación de la E breve latina y la conversión en O de la también breve Ŭ. En castellano desde el siglo XIV el diptongo se había reducido ya a I.

La primera diferencia que se observa entre ellos es que el primero pide la presencia del artículo EL para su integración en el discurso, mientras que el segundo no la necesita. Esto no quiere decir que forme parte del nombre propio. Véase mi post en este mismo blog titulado «EL ARTÍCULO Y LOS TOPÓNIMOS».

EL PINIDIELLO A LA IZQUIERDA. BUSTETIELLO A LA DERECHA

PINIDIELLO

Si no tenemos en cuenta el sufijo diminutivo -IELLO, nos quedaría el lexema PINID- ‘empinado, pendiente’, que es el mismo que el del adjetivo PINDIO, adjetivo propio de Asturias, Castilla y León y Cantabria, aplicado a terrenos, montes, valles, carreteras, caminos, veredas, vargas … (El camino de la Rebisquera tiene vargas muy pindias).

 Su origen habría que buscarlo en un supuesto participio latino *PENDIDUS, relacionado con el verbo PENDĒRE ‘colgar’, que habría evolucionado a PENDIO (pérdida de la oclusiva dental sonora en posición intervocálica -D-) > PINDIO. En nuestro caso, el grupo consonántico latino -ND-, que normalmente se conserva, se habría disuelto por la epéntesis de -I-.

En síntesis, PINIDIELLO significaría «valle pequeño empinado, pendiente».

BUSTETIELLO

Del latín BUSTU(M) se forma el diminutivo BUSTELLU(M), que en leonés habría producido BUSTIELLO y en castellano BUSTILLO. Ambas palabras aparecen tanto en la toponimia mayor como en la menor.

Como nombre de población encontramos varias con el nombre BUSTIELLO en Asturias, mientras que en Castilla y León la forma es BUSTILLO.

En el topónimo sierense BUSTETIELLO, que sigue siendo un diminutivo, habría que distinguir varias partes:

— BUST-: Es el lexema apocopado que procede del latín BUSTU(M) ‘quemado’.

— -ET-: Es un infijo, enlace entre el lexema y el sufijo diminutivo, sin significado. Lo que se conoce como aumento lexicológico.

— -IELLO: Sufijo del diminutivo.

En definitiva, su significado originario vendría a ser «pequeño lugar de pastos conseguidos mediante la quema de montes o barbechos».

N.B.

Véase mi post titulado «Guspepe / Buspepe», donde se aborda con más detenimiento el término latino BUSTUM.

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GUSPEPE / BUSPEPE

En La Uña (zona noreste de la provincia de León) nos encontramos con el topónimo GUSPEPE, que en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1753) figuraba como BUSPEPE, uno de los tres puertos pirenaicos de ganado de pata fina que había en su término municipal. Su majada era la que hoy se conoce como Majada Vieja junto a los Carbellares.

De BUSPEPE se ha pasado a GUSPEPE por la misma razón que de ABUELO se dice AGÜELO; de BOYERÍA, GÜERÍA o de BOHARDILLA, GUARDILLA. El fonema consonántico oclusivo, bilabial, sonoro (representado por el grafema B) ha evolucionado en el habla local a oclusivo, velar, sonoro (representado por el grafema G).

PARTE DE LO QUE HOY FORMA PARTE DE GUSPEPE

BUSPEPE es un topónimo compuesto, formado por dos lexemas: BUS y PEPE.

BUS es una apócope de la palabra latina BUSTUM que significaba «lugar donde se queman y sepultan los cadáveres». Procedía del verbo latino en desuso BURO `quemar´.

Así explica Xosé Lluis García Arias en Toponimia Asturiana los topónimos relacionados con BUSTUM:

creemos que la costumbre de ganar nuevos terrenos al monte o barbecho habría dado lugar a que los terrenos quemados y los nuevos pastos así obtenidos (incluso los rebaños que pastaban en tales pastos) se denominaran con el genérico de bustos, término que ya se documenta en nuestros textos al menos desde el año 803.

En los topónimos compuestos de dos elementos, que es el caso que nos ocupa, en que el primer elemento es la expresión apocopada BUS(T), este aporta el significado de «terreno quemado convertido en pasto».

En el segundo elemento, normalmente nos encontraremos con dos casos. El primero forma el topónimo añadiendo a BUS un calificativo, como en BUSTAPENA `busto de la peña´ o BUSTOUTO `busto alto`. En el segundo caso, a BUS le sigue el nombre del dueño o poseedor: BUSPOL `busto de Pablo´, BUSMARTÍN `busto de Martín´ o BUSANTIANE `busto de san Juan´.

Al segundo de los casos que he citado pertenece BUSPEPE. En este caso el topónimo habría sido el resultado de añadir a BUS el nombre del propietario: PEPE. Así pues, el significado del topónimo citado sería «terreno de pastos conseguidos mediante la quema de monte o rastrojos propiedad de Pepe».

En la zona, aunque no en el término de La Uña, existen otros dos topónimos cuyo primer elemento es GUS, que son GUSTANDE y GUSMERÍN. Varias son las poblaciones de la provincia de León cuyo nombre contiene el lexema BUS, como BUSTOS, BUSMAYOR, BUSTILLO O BUSNADIEGO. En Asturias es frecuente el topónimo tanto con BUS como con GUS.

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TRES PERCEPCIONES DE UNA SOLA REALIDAD INDISOLUBLE: el pasado

—¿Qué es el PRESENTE vital?

Y tú me lo preguntas… diría el poeta. Una sucesión de instantes que me parece que se detienen, que no pasan. Cuando quiero atraparlo, cuando quiero vivirlo, ya se me ha ido. Es la realidad inasible. Se ha convertido en un pasado querido o no querido, buscado o no buscado, pero ido.

—¿Tiene razón vivir el presente sin el pasado?, me sigues preguntando.

—NO.

Porque el presente no existe. Vuelve a releer lo anterior y encontrarás la respuesta.

—¿Nada me dices del FUTURO?

El futuro…lo que no existe, pero que puede llegar a ser.

Es lo buscado, lo deseado, pero desde el presente pasado. Decimos que planificamos nuestro futuro como si fuera un tiempo independiente, algo lejano. No. El futuro es la sucesión de presentes hacia lo que todavía no existe, pero queremos que exista de alguna manera pensada o sin pensar. Dejado en manos de lo que pueda suceder controlado por tu YO o dejado en manos del arbitrio.

—Si me lo permites, querido YO, te diré que tu vida es un continuo proyectar el PASADO en un presente efímero para que se haga realidad tu futuro inmediato. El pasado es la luz que ilumina tu PRESENTE, la esperanza de la certeza de lo que has de vivir, cuándo lo has de vivir y cómo lo has de vivir.

Tu futuro es la sucesión de presentes ejecutables

Te lo quisiera repetir: Proyecta continuamente tu pasado en tu presente para que tu futuro se haga realidad iluminado con la luz de la razón o de la sin razón.

PASADO, PRESENTE Y FUTURO SON TRES REALIDADES COALIGADAS, TRES PERCEPCIONES DE UNA SOLA REALIDAD INDISOLUBLE: EL PASADO VERIFICABLE.

P. D.

Si la reflexión que precede no te ha convencido, sustituye PASADO, PRESENTE y FUTURO por (el) AYER, (el) HOY y (el) MAÑANA y puede que tú percepción de la existencia o no de los momentos de la vida haya cambiado. No es otra cosa que el poder de las palabras.

(LUIS DE VALDETÉ)

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LLÁBANA, CUBIERTA DE TEJADO

Un paseo por la calzada romana que une Asturias con León a través del puerto de Ventaniella (desde el Sella hasta el Esla) nos permite descubrir algunas cabañas de ganaderos todavía en pie en la zona asturiana denominada el Xerru. De las que se mantienen en las diferentes majadas, dos están cubiertas con hormigón y el resto todavía dejan ver esa cubierta milenaria de piedra, alguna de las cuales llaman poderosamente por su gran

ENORME LAJA DESPRENDIDA DE SU TEJADO

dimensión. Me sorprende cómo sus constructores fueron capaces de izarlas y colocarlas en el tejado. Sin duda, cuestión de saber y habilidad de GANADEROS que supìeron aprovechar los materiales del entorno para levantar esas construcciones que han desafiado el paso de los años, de los vientos y de los inviernos cargados de nieve y helada.

Cuando subí una de las fotos a mi cuenta de Facebook, la acompañé del siguiente comentario: Tejados milenarios de lajas. Un amable lector precisaba el nombre de las piedras: LLÁBANAS. Efectivamente, en castellano utilizamos la palabra LAJA, que en ASTURIAS ha sido sustituida por LLÁBANA, tal como lo recoge el Diccionario de la lengua española: «LLÁBANA: Ast. Laja tersa y resbaladiza». Pero no solo en Asturias se localiza su uso. También en el Bierzo, Murias de Paredes, La Vecilla y Sajambre, en la provincia de León, como señala el Léxico del leonés actual. Incluso en Salamanca.

Aparte de LLÁBANA, podemos encontrar las formas LÁBANA, CHÁBANA, TSÁBANA y YÁBANA (zona yeísta), todas ellas procedentes de la misma raíz o etimología. Las soluciones diferentes se deben a las zonas lingüísticas (cada una con su habla diferente) en que se usa.

Su origen es discutido, aunque es muy probable que tenga que ver con la voz latina LAPĬDEM `piedra´ y no con LAMĬNA `lámina´, como propone el DLE.

Su evolución al castellano (hipótesis razonable) podría haber sido la siguiente: LAPĬDE(M) > LAPĬDE (pérdida de la desinencia de acusativo) > LABĬDE > (la oclusiva sorda se sonoriza) > LABEDE > (la i breve intervocálica se convierte en e) > LABED (pérdida de -e en época de apócope extrema) > LÁBADA > (cuando se restituye la vocal final, como la palabra latina era femenina, toma la -a del femenino y no la -e, como el cultismo LÁPIDA, de la misma etimología) > LÁBANA (atraída por el sufijo -ANA).

En el leonés, como es sabido, la L- inicial se palataliza y se convierte en LL-. Y de ahí, LLÁBANA, que pasa a CHÁBANA o TXÁBANA según el habla de la zona.

El primer diccionario que recoge la palabra LLÁBANA  es el de Vicente Salvá en 1846; lo hace como sinónimo de LANCHA, e indica que es voz asturiana. El diccionario de la RAE no lo hará hasta 1884.

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