MICRORRELATOS DE PUEBLO

21. HERALDO DE LA LLUVIA

La madre Naturaleza le dio forma de vela henchida por el viento. La contemplo desde mi ventana. Hoy se halla cubierta por una blanca capa que la hace invisible. No barrunta buenas nuevas…

Se ha quitado su capa blanca. Rañuberu viene en su auxilio y le coloca una más clara, transparente, adornada con rayas. Parece una cortina de agua transparente.

Pasa poco tiempo. No dejo de contemplarla. Veo avanzar la cortina. Oigo las primeras gotas golpeando en los cristales. Anunciadoras son de que ya ha me ha visitado la hija lluvia.

Se hace realidad la cancioncilla que dice:

Cuando la pica La Vela

se pone la toca,

las mocitas de Acebedo

se mojan.

Y las de los pueblos vecinos…

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PATATAS VERRIONDAS

Ahora que tanto se habla de despoblación rural, presentándola como si esto fuera algo novedoso (probablemente para los políticos sí), siempre se ha dicho por los amantes y defensores de las hablas populares que  lo mejor es sumergirse en el presente lingüístico de los pueblos de España para que sus hablas no se pierdan y las fagociten la incuria y desidia política de nuestros gobernantes. La mejor manera es observar en directo (interactuar) cómo hablan entre sí sus habitantes, especialmente los de más edad, antes de que se nos mueran.

A pesar del influjo de la educación, de los medios de comunicación y de las modas sociales, los habitantes de la ruralidad siguen utilizando  palabras de su acervo antiguo, bien precisas, aprendidas en el contacto con sus mayores, y conservadas hoy solo en su entorno. Pronto dejarán de ser escuchadas. Una de ellas es la palabra VERRIONDA y con el significado que veremos.

En La Uña (León) oí decir a Mercedes Canal, que ya pasa de los ochenta, lo siguiente: «No dejes esas patatas al sol que se ponen VERRIONDAS». Esta última palabra era desconocida para mí. Preguntada por su significado, me aclara que quiere decir que las patatas se calientan con el sol y se ponen mustias, se ajan. Tercia Isolina en la conversación para manifestar que ella la oyó utilizar a sus mayores para referirse a las patatas o verduras que no se habían cocido suficientemente y quedaban algo duras. Por tanto, se aclara que el adjetivo VERRIONDO/A se utiliza en La Uña con doble significado, pero no con el primario relacionado con las cerdas en celo. Aquí a estas se dice que están VERRIDAS, adjetivo que no recoge el DRAE y que tiene el mismo origen..

Quedaba realizar la investigación pertinente para conocer el origen del término VERRIONDO/A, sus significados y desde cuando se halla en la lengua española.

Aunque Corominas registra ya el adjetivo en cuestión en 1631, el primer diccionario que lo recoge es Autoridades en 1739. Da dos acepciones: puerco en celo y, por extensión, se dice de las hierbas o cosa semejante cuando están marchitas o mal cocidas y duras. Nueva sorpresa. El primer significado proviene del latín VERRES ‘verraco’ y el sufijo intensificador –IBUNDUS. Así encontraremos otros adjetivos hermanos que indican hembra en celo como MORIONDA (oveja), BOTIONDA (cabra), TORIONDA (vaca). También hay otros adjetivos con el mismo sufijo intensificador –IONDO, pero que no tienen nada que ver con el grupo anterior, como HEDIONDO (heder) o SABIONDO (saber).

La sorpresa de la que hablaba lanza la siguiente pregunta. ¿Cómo se pasa de VERRACO a hierbas o cosas semejantes marchitas o mal cocidas y duras? Todo un misterio.

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LA TÍA MARÍA LA DEL BEYO (BEYU). EL BEYO. LOS DEL BEYO

La Uña es un pequeño pueblo de la provincia de León situado en la montaña oriental, perteneciente a la comarca de Riaño. Aunque sus terrenos no limitan con Asturias, están muy próximos, lo que ha permitido que haya mantenido relaciones comerciales y sociales con los pueblos asturianos de  su entorno, Tarna, Sobrefoz, San Juan de Beleyo, etc., a través de las calzadas romanas que pasaron primero a vías reales, Tarna y Ventaniella, para después convertirse en  carretera, como así sucedió con la primera. También se relacionaban con el concejo de Ponga a través del camino que subía por Carcedo, la Fonfría y llegaba  al Arcenorio para bajar hacia san Juan. El viaje se realizaba andando o a caballo, según las posibilidades de cada uno.

Es zona rural, en la que la ganadería y la agricultura han sido y siguen siendo sus fuentes de vida para los escasos habitantes que resisten la despoblación. De los más de 300 que llegó a tener a mediados del siglo XX, ahora no llegan a una veintena los que pasan aquí el invierno.

Los habitantes de esta población formaban en el siglo XX una sociedad en la que la religión y la escuela eran factores esenciales. Esenciales eran también las relaciones familiares, su entorno, sus miembros y el respeto a las personas mayores, que ocupaban el lugar preeminente de la casa. Formaban parte de la familia en la que era habitual que convivieran abuelos, padres e hijos. Su saber y experiencia formaban parte del acerbo común del pueblo, y de ahí su respeto por los más jóvenes.

Este pueblo, como los de su entorno, se halla dividido en barrios.  Son dos, con nombres tan poco originales como barrio arriba y barrio abajo, utilizando como demarcación la carretera. En la escuela de antaño, recuerdan Isolina y Polín, latía cierto enfrentamiento entre los escolares de uno y otro barrio, como lo manifestaban los dos pareados de versos pentasílabos y rima asonante que usaban los del barrio de arriba para diferenciarse de los de barrio abajo:

Barrio arriba,

pan y tortilla.

Barrio abajo,

pan y cascajo.

Dentro de barrio abajo, hay una zona del pueblo, la que se halla al otro lado del puente sobre el  río Esla, que se conoce y se denomina en la actualidad como el Beyo, y a los que allí vivieron no hace mucho tiempo o lo hacen temporalmente los del Beyo. Destaca, sobre todos, LA TÍA MARÍA LA DEL BEYO, que nació en La Uña en 1887, allí vivió y  murió en Abiegos, concejo de Ponga, en 1971, y cuya casa se conserva en ruinas.

¿Cuál es el origen de este nombre tan asturiano dado a las casas y habitantes allende el puente? Sin lugar a dudas tiene que ver con el concejo de Ponga, al que pertenece parte del desfiladero del río Sella conocido como los Beyos. En este concejo se halla una población que se llama El BEYO. Y A los habitantes de dicho concejo se les conocía en La Uña con el nombre de BEYUSCOS, derivado de BEYO. Y en casa de la tía María paraban los beyuscos que venían con sus caballos y sus serones cargados a vender en La Uña productos de su tierra, como avellanas, castañas, nueces, manzanas, etc, que escaseaban en el territorio leonés. Y de ahí le vino el nombre a la tía María, la del  Beyo,  y el nombre al conjunto de las casas vecinas, el Beyo.

EXPLICACIÓN DEL NOMBRE BEYO

EL término BEYOS tiene su origen en BEYO, en asturiano BEYU ‘gargante profunda o encañonamiento de un río’  Es lo que en castellano se llama HOZ. Procede de una palabra celta latinizada *BEDUM ‘zanja’, ‘arroyo’, en la que se pierde la dental intervocálica –D- y aparece una palatal –Y- antihiática. Esta sería su evolución: BEDUM  > BEDU > BEU> BEO > BEYO.

EXPLICACIÓN DEL NOMBRE TÍA

Hoy seguro que sorprende que a una persona sin relación de parentesco alguno se la llamara por todos TÍA, como en el caso de MARÍA LA DEL BEYO.

Hasta finales del siglo pasado, en las zonas rurales existía un tratamiento de respeto para sus mayores que se manifestaba en el uso el sustantivo TÍO/A, equivalente a SEÑOR: La tía Mercedes, la tía Andrea, la tía Mina, el tío Santiago, el tío Pedro, el tío José, etc. Todos ellos bien conocidos en La Uña.

Procedía dicho tratamiento de la Edad Media. En esta época, para la realeza y la nobleza las fórmulas de tratamiento de respeto eran SEÑOR y DON. Para el estado llano, TÍO, pero solo en las zonas rurales.

Llama la atención que dicha fórmula de tratamiento no  se diera en todas las personas del lugar, como hemos podido observar los que tenemos cierta edad y hemos usado dicha fórmula en el tratamiento con las personas mayores en el pueblo. Hoy dicha fórmula ha desaparecido totalmente y la palabra, con varias acepciones, se utiliza fundamentalmente para designar el parentesco con el hermano/a del padre/madre..

TÍO procede del latín tardío THIUS y este del griego TEIOS ‘divino’, respetable, venerable, señor’. La palabra con el significado de parentesco se encuentra en castellano ya en la segunda mitad del siglo X. Como fórmula de tratamiento, bajo la influencia del griego, aparece en el siglo XV, aunque los diccionarios no la recogen con esta acepción hasta el de Autoridades en 1739: «tío llaman en algunos lugares la gente rústica a los hombres de edad crecida».

El ejemplo más conocido es del siglo XVI, del Lazarilo de Tormes. Aquí Lázaro, niño, da ese tratamiento a su primer amo, el ciego, para negar que le bebiera el vino del jarro: «No diréis, tío, que os lo bebo yo, –decía-, pues no le quitáis de la mano».

NOTA BENE

Elías, ya jubilado, siempre que se dirige a quien esto escribe, también jubilado, así lo hace: «¿Qué dice el del Beyo?» o «¿Qué hace el del Beyo?» La juventud actual ya no sabe qué quiere decir ni por qué.

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LA UÑA (LEÓN): ETIMOLOGÍA Y PRIMERAS FUENTES DOCUMENTALES

A MODO DE PREÁMBULO NECESARIO

No hace mucho me llegó a través de Facebook un artículo de Isidoro Pajín en el que exponía el origen y las etimologías de los topónimos Acebedo y La Uña, ambas poblaciones en la montaña oriental de León.

No estando de acuerdo con lo allí expuesto, hoy analizaré las diversas teorías sobre el origen y significado del topónimo LA UÑA.

Comenzaré diciendo que en este caso solo se puede hablar de hipótesis y de ninguna certeza. Pero si son hipótesis, deben estar bien argumentadas, deben ser razonables y nunca caprichosas.

Forma este topónimo parte de una nutrida lista que en el término de La Uña su explicación es solo una hipótesis, cuando la hay: JAGARIZ, PERUJÁN, MELENDRÍN, GUSPEPE, YELFE, etc.

Por el contrario, hay otros cuya explicación es clara y acertada. Concuerdan en la actualidad el significado y la realidad. LLOMBA procede de llombo, leonesismo, que tiene su origen en el latín LUMBUS ‘altura pequeña y prolongada’, mediante palatización de L-. JOYO ROBLEDO. El primer término tiene su origen en joya, del latín FOVEA ‘concavidad u hondura grande en la tierra’; conserva la aspiración de la F- que se confunde con la j moderna, propio del leonés oriental. La segunda palabra procede del latín ROBORĒTU(M) ‘sitio poblado de robles’, que, a su vez, tiene su origen en ROBORE(M) ‘roble’. Por tanto, el significado es «hoya grande poblada de robles».  LA LLERA tiene su origen en el latín GLAREA ‘grava o lugar cubierto de grava, cantizal’. El grupo consonántico GL-se reduce a L-, que se palataliza en leonés. Quienes conozcan estos lugares saben que la descripción se adapta perfectamente al terreno.

Y antes de comenzar el análisis de las diversas hipótesis conviene conocer que el topónimo (La) Uña no es privativo de esta zona norteña, situada en la montaña de Riaño, estribaciones de los Picos de Europa, y que existen otros en la península ibérica y fuera de ella: UÑA DE QUINTANA (Zamora), UÑA (Cuenca), UNHA (Lérida), UHA (Portugal), UNGHIA (Italia)…

También se deben tener en cuenta los dos primeros documentos en los que aparece explícitamente el nombre La Uña, ambos del siglo XIII. El primero de ellos es un documento del Monasterio de Carrizo en el que aparece como fiador un Pedro Juanes de «La HUNA». [1] El segundo, es de carácter eclesiástico. En el Becerro de presentaciones de curatos y beneficios de la catedral de León, copia de 1468 que remite a un original de mediados del siglo XIII,  al describir las 38 parroquias del arciprestazgo de Burón, con el número 2 aparece la de La Uña[2]:

Sant Christoual de La Unla. Del arçedianadgo[3]. Da terçia[4] como esta otra [al çellero de Vegamián[5]] e II sueldos[6] en procuración[7] e II sueldos de en çenso.[8]

Obsérvese la escritura diferente del topónimo en ambos documentos: HUNA y UNLA, que acabarán en UÑA. Como veremos más adelante, el grupo consonántico NL palatizó en Ñ. Las letras del abecedario español proceden del latín, excepto cuatro: u, j, ñ y w. El nuevo fonema palatal nasal /ñ/, inexistente en latín, se representaba en la Edad Media de varias formas, aunque la más usual era el dígrafo nn. Este se comenzó a escribir de forma abreviada mediante una sola n con una virgilla encima, dando origen a una letra genuinamente española (también la adaptaron el gallego y el vasco), que la RAE en su Ortografía de 1754 convirtió en la 17.ª letra del abecedario español.[9]

Anterior a los escritos citados, tenemos otro del Archivo Histórico Nacional de 17 de diciembre de 1089 (Becerro de Sahagún, ff. 139v. – 140r.) en el que aparecen dos nombre relacionados con La Uña, pero no el de la población. En él, Domingo y su madre Flámula donan al monasterio de Sahagún un monasterio situado en territorio de Riaño, en donde nace el Esla, que linda con el camino que va al barrio de los Gallegos –hoy desconocido-, con Martín Díaz, con el término de la señora Tota –posiblemente lo que hoy se conoce como la Cota- y con el atrio de la iglesia de san Cristóbal[10].

Por último, se inserta un mapa de la península ibérica antes del 300 a. C. para que se puedan observar cuáles eran las lenguas que se hablaban, sus dominios y a que área lingüística pertenecía La Uña:

PRIMERA HIPÓTESIS: del latín UNGŬLA ‘uña’

En primer lugar, hay que aclarar que el artículo forma parte del nombre y, por tanto, son inseparables artículo y sustantivo, debiéndose escribir con mayúscula la L., como sucede con otros topónimos como El Escorial, La Coruña, La Cepeda, La Ercina, etc. LA procede del latín ILLA> ELA >LA.

El sustantivo común UÑA en español viene del latín UNGULA´uña` a través de una serie de cambios fonéticos: UNGŬLA > UNGLA (por pérdida de la vocal breve postónica) >UNLA (por reducción del grupo consonántico) > UÑA (por palatalización del grupo NL)[11].  Lo encontramos ya documentado en 1112 y, a partir de aquí, se convierte en término de uso general en todas las épocas. En el caso de que este fuera el origen del nombre de esta población habría que tomarlo en sentido metafórico. Así como la uña es la parte final del dedo y por ende del pie y de la pierna, la población así llamada tendría su origen en que es la última de un valle, que es el de Valdeburón. No creo que tuviera nada que ver con la forma de la uña, porque la población carece de tal forma.

SEGUNDA HIPÓTESIS: orónimo prelatino *UNC-ULA ‘montaña’

Más plausible me parece la teoría de quienes consideran que el origen no es el de la hipótesis anterior y suponen que es un orónimo[12] que deriva de una base prelatina *UNC-ULA que significa «montaña». Y rodeada de montañas está La Uña.

TERCERA HIPÓTESIS: de Vadinia

Esto es lo que escribe Isidoro Pajín:

Algunos expertos [¿?] piensan que esta posibilidad podría ser factible. Los vadinienses podrían ser los habitantes de un poblado llamado Vadinia que, evolucionando, ¿daría el nombre de Ladinia, Ladunia, La Unia, La Uña… ? Hermoso nombre: ¿Ladinia, en lugar de La Uña?

Disparate lingüístico. De una palabra extraen dos: artículo y sustantivo. Caso insólito. No respetan ninguna de las normas de evolución fonética del castellano ni del leonés.

CUARTA HIPÓTESIS: del euskera OINA ‘pie’, ‘base’

Seguimos con Isidoro Pajín:

Pero otros etimólogos dicen que el nombre de La Uña procedería del euskera (prototipo de lengua de toda la Cordillera Cantábrica). Vendría de Onia, cuña: el río que habría abierto eso, una cuña en la roca, de igual manera que en Burgos está Oña, antes Onia, sobre el río Oca.

En primer lugar, hay que decir que ONIA no existe en euskera. En esta lengua sí existe OINA ‘pie, base’, palabra compuesta del lexema OIN- y el artículo –A.

Tampoco es cierto que el euskera haya sido prototipo de lengua en toda la cordillera cantábrica, como se puede observar en el mapa arriba insertado. Sí que hay que hablar aquí de la existencia de lenguas prerromanas de filiación céltica o precéltica, pero no del euskera.

Respecto de OÑA, las teorías sobre el origen de este topónimo son varias: de la condesa traidora MIONIA, de un prefecto romano, del latín OMNIA, del euskera (1950, Juan del Álamo), del ibérico, del céltico, de origen precéltico. Como se sabe, Oña pertenece a la Bureba burgalesa. También se pensaba que dicho topónimo era de origen euskérico, hasta que se descubrieron varias aras dedicadas al dios prerromano VUROVIU, de origen celta, de donde procede Bureba. El estudioso de la zona, Eduardo Rojo Díez,[13] considera como hipótesis más probable el origen céltico (fresno) o precéltico (fuente), ya que el topónimo encaja con estas dos posibilidades.

QUINTA HIPÓTESIS: de origen céltico *ONNA ‘fresno’ o precéltico *ONNO ‘curso de agua’, ‘fuente’

Eduardo Rojo Díez afirma al hablar de los topónimos de Oña lo siguiente:

El sustrato lingüístico en el que se enmarcan casi todos los topónimos prelatinos estudiados es de tipo indoeuropeo o céltico, no es ibérico ni  eusquérico, lo cual indica la filiación de la población indígena que se encontraron los romanos en la zona (ver apartados 4.3 y 4.4.).[14]

Las dos etimologías propuestas para Oña podrían valer para UÑA.

La hipótesis céltica se basa en la forma céltica reconstruida *ONNA ‘fresnos’, «que ha sobrevivido en el galés o el bretón y que procedería de la raíz indoeuropea *OS-, rehecha a partir del latín ORNUS, ambas con el significado de ‘fresno’». Aunque desconocemos la arboleda existente en tiempos de la creación del topónimo, en la actualidad en el casco urbano de La Uña podemos contemplar fresnos y también en la conocida como vega el Fresno.

La segunda de las hipótesis defiende el origen precéltico. Se hallaría en la voz ONNO, ONNA ‘curso de agua, fuente’. La Uña se encuentra situada en la margen derecha del río Esla, que la limita; además, hay que añadir que los manantiales son abundantes en todo el casco urbano.

CONCLUSIÓN

El topónimo La Uña (León) sigue siendo de origen desconocido, aunque varias son las hipótesis sobre su origen, unas con mayor probabilidad que otras de estar en su nacimiento, pero ninguna con evidencia probatoria.

NOTA BENE

Isidoro Pajín, al hablar de los orígenes de La Uña, se refiere a las excavaciones realizadas por la Universidad de León en la «cueva del Burro». Hay que precisar que el nombre es «cueva de los Burros».

En cuanto al nacimiento del río Esla, da por sentado que tiene lugar en la fuente el Naranco en Valdosín, valle perteneciente al municipio de Burón. Como ya demostré en mi post «Más sobre el río Esla, el Ástura de los romanos» documentalmente solo se puede afirmar que el río Esla pasa por La Uña, viene de aguas arriba, pero nada se puede asegurar sobre su nacimiento. ¿Nace en Riosol? ¿Nace en la fuente el Naranco en Valdosín? ¿Nace en el valle de los Lobos también en Valdosín?


[1] Vid. María Concepción Casado Lobato, Colección diplomática del Monasterio de Carrizo, León, 1983, n.º 602. Con carácter general, sobre la toponimia de las poblaciones de León, vid. Javier García Martínez, El significado de los pueblos de León, León, 1992.

[2] Vid. José Antonio Fernández Flórez, «Becerro de presentaciones», en León y su historia. Miscelánea histórica. V., León, 1984, p. 436.

[3] Arcedianato: era una unidad territorial del obispado al frente del cual se hallaba el arcediano (vicario del obispo en su territorio) y que estaba integrado por varios arciprestazgos.

[4] Tercia: tributo eclesiástico que consistía en dos novenos de los diezmos o tercera parte de los dos tercios.

[5] Cellero: el que tiene a su cargo guardar los granos y frutos de los diezmos en la «cilla», dar cuenta de ellos y entregárselo a los partícipes. También podía significar casa o cámara donde se recogen los granos.

[6] Sueldo: moneda que tenía diferente valor según los reinos. En 1739, en Aragón valía medio real de plata. Moneda antigua de Castilla, que valía doce dineros de a cuatro meajas. MEAJA: Moneda de vellón que corrió antiguamente en Castilla y valía la sexta parte de un dinero, o medio maravedí burgalés.

[7] Procuración: cierta cantidad de dinero o de víveres que las iglesias dan a los obispos u otros superiores con motivo de sus visitas (obispos, arcedianos y arciprestes).

[8] Censo: «Contrato por el cual se sujeta un inmueble al pago de un canon o pensión anual, bien como interés perpetuo de un capital recibido, bien como reconocimiento de la propiedad cedida inicialmente» (DRAE). Sería el equivalente al actual préstamo hipotecario.

[9] Vid. Mi serie de cinco post  sobre la letra Ñ en mi blog Literatura y otros mundos titulada «Aventuras y desventuras de doña Ñ», publicada en 2013.

[10] Vid. Eutimio Martino, La montaña de Valdeburón, Madrid, 1980, § 9. El documento en latín ha sido publicado por Marta Herrero de la Fuente, Colección diplomática del Monasterio de Sahagún (875-1230), III (1073-1109), León, CSIC-CECEL, Caja de Ahorros, AHD, 1958, pp. 154-155.

[11] Vid. Ramón Menéndez Pidal, Manual de gramática histórica española, Madrid, Espasa-Calpe, 1973, § 61, 2.

[12] Orónimo: Nombre de cordillera, montaña, colina, etc.

[13] «Los nombres de lugar en Oña (Burgos): un caso de toponimia en el primitivo solar castellano», B.I.F.G. Burgos, LXXXV, 233 (2006/2), pp. 281-300.

[14] Artículo citado, p. 299.

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¡CUIDADO!, LA LEÑA SE PUEDE «AMONTALGAR»

La Uña (León). Montaña oriental. Tierras próximas a poblaciones asturianas bien por Tarna, bien por Ventaniella, bien por el Arcenorio. Último pueblo de la provincia de León en el paso de Valdeburón hacia Asturias por el puerto de Tarna, antigua calzada romana. Área del leonés oriental antiguo.

Mediados del mes de septiembre. En el tablón de anuncios de la casa concejo se puede leer un edicto del presidente de la Junta Vecinal que indica que a partir de la fecha queda abierto el aprovechamiento de la leña, que previamente deberá ser marcada por el guarda forestal. Antiguamente la leña seca se daba en un pago determinado del monte y la verde en otro. Hoy, la marcación se realiza en el lugar elegido por el vecino usufructuario.

Son tiempos en que esta actividad se adelanta, ya que la siega de la paja y la trilla, la siega del otoño y su recogida, la poda de la hoja y sus coloños o la recogida de la patata han pasado a mejor vida.

La leña se hace en los montes propiedad del pueblo, que son dos. Son montes de utilidad pública, lo que quiere decir que el aprovechamiento de ellos solo lo pueden realizar los vecinos de la comunidad. Y comunalmente se realiza el aprovechamiento de los pastos por los ganaderos, antes en régimen de vecera y ahora de forma individual. Atrás quedaron los tiempos en que los montes prestaban otra gran utilidad: proveer a los vecinos de la madera necesaria para armar casas, cuadras o portaladas o para reformarlas.

Dos son los montes de La Uña: el 416, Bueyería y Hayedo, y el 419, La Cuesta. En ellos tiene lugar el acopio de la leña. Recuerdo cuando no había tractores ni motosierras.  Dicha actividad se realizaba con el carro y la pareja. Los árboles se cortaban con el hacha o con el tronzador. Se arrastraban en forma de trechadas por los trechorios hasta el lugar del cargue. Allí se cortaban a medida del carro o de las fuerzas necesarias para poder cargarlos; los troncos más gordos se hacían rollas. En casa se apilaba en los leñeros y a medida de las necesidades se iban convirtiendo en tizones o astillas a base de hacha, tronzador o de pinas y maza. Cuando había lugares para guardar la leña hecha, normalmente en portaladas, esta se apilaba formando rimas.

El aprovechamiento de la leña se realiza para poder calentar sus hogares los vecinos del pueblo durante todo el año, especialmente durante el duro y largo invierno, aunque ahora los fríos días y las gélidas noches se amortiguan con la calefacción que ya tienen muchos hogares.

Atrás quedaron los tiempos en que la lumbre del hogar en la hornilla (hornacha) se tenía encendida todos los días del año para cumplir con otra función esencial: aquí se tenía que cocinar, con el pote o la pota arrimados a las brasas o, con la ayuda de las trebedes en medio del fuego, en la cazuela. También se utilizaban con frecuencia latas o calderos colgados de los pregancines (llarines) para calentar agua o cocer la comida de los gochos. Este ancestral sistema fue sustituido, primero, por la cocina económica de leña y carbón (la chapa) y después por el gas butano o la electricidad. ¡Y también el gusto de las comidas cambió!

En este ambiente de aprovechamiento de la leña, o en lo que aquí se llama simplemente «hacer la leña», oigo por primera vez la siguiente frase (en mi pueblo nunca la oí): «La leña verde y húmeda no se puede apilar en lugar cerrado porque SE AMONTALGA. Hay que dejarla que se oree y se seque al aire libre». En los duros inviernos, a veces, había que depalar el leñero para poder sacar alguna pìeza y convertirla en rachas. Y ardía sin problemas.

Ante mi sorpresa, Rosa Mari, enciclopedia viviente de la cultura popular de este pequeño pueblo, me explica el significado de  AMONTALGARSE la leña. Dice que le salen unas manchas y vetas negras y que, cuando se echa a la lumbre, no arde; termina pudriéndose. Añade: también se dice de la ropa cuando esta se mete húmeda en un recipiente y se tiene cierto tiempo en lugar cerrado y sin ventilación. Especialmente afecta a la ropa blanca que se llena de manchas negras.

Otras personas consultadas de La Uña utilizan la variante AMONTARGARSE. El cambio de la lateral por la vibrante es un fenómeno lingüístico normal del habla coloquial, sobre todo cuando se desconoce su etimología.

El Léxico del leonés actual recoge varias zonas de la provincia de León en el que se utiliza dicho verbo o alguna de sus variantes. Así, en el Bierzo se utiliza AMONTALGAR y AMONTARGAR. En Murias de Paredes, AMUNTALGAR. En La Vecilla, AMONTALGAR. En Oseja de Sajambre, AMONTARGAR.

También es de uso en buena parte de Asturias según registran el DGLA y el DALLA. Dado que es palabra polémica, estos son algunos de los significados con los que lo recogen los diccionarios asturianos: Criar montalva el pan, la ropa la madera; descomponer, apodrecer la madera; enmohecerse por la humedad; pudrirse por la humedad; dañarse la madera, etc.

AMONTALGARSE, término no recogido en el DRAE, es verbo pronominal y palabra parasintética desde el punto de vista morfológico. Tiene su origen en el sustantivo MONTALGA ´moho´, ‘alga de monte’, recogido por los dos diccionarios asturianos antes citados. Los componentes morfológicos son los siguientes:

– SE: morfema independiente constitutivo del verbo.

– A-: morfema dependiente afijo; interviene sin aportar significado; procede del latín AD.

– -MONT-: lexema, MONTE; del latín MONTE(M).

– -ALG-: lexema, ALGA; del latín ALGA(M).

– -A-: morfema dependiente verbal que indica primera conjugación.

– -R: morfema dependiente verbal de infinitivo mediante el que presenta la realidad verbal (su significado) con todas las posibilidades  de desarrollo.

Por lo tanto, la etimología que da el DHLE (de abotagar o abotargar, con influencia de monte o montar), no me parece la correcta, ya que en Asturias existe el sustantivo MONTALGA, que etimológicamente significaría ‘alga de monte’, y la leña se pudre por la acción de este moho que el DALLA llama MUGOR.

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ESTILOESTADÍSTICA. (15) VERSOS ALITERADOS: «Cántico espiritual»

ACLARACIÓN

El «Cántico espiritual» (1578-1584) es el poema más significativo de San Juan de La Cruz (1542-1591) y de la mística española, como expresión de una profunda experiencia de lo divino. Es una de las obras literarias cumbre de la literatura española de todos los tiempos, un poema extraordinario, que ha convertido a su autor en un poeta de reconocido prestigio universal.

A lo largo de cuarenta liras garcilasianas, Juan de Yepes describe los tres estadios del alma mística en su camino hacia y hasta Dios: purgativo, iluminativo y unitivo. Por ello, en esta obra poética lo esencial es el contenido, no el continente, ese proceso místico inefable que resulta harto difícil verter en el molde lingüístico poético que le brindaba tanto la tradición culta como la popular.

Su autor fue capaz de aunar contenidos que se sumergen en la biblia y en la tradición cristiana con símbolos y estructuras poéticas propias del Renacimiento, movimiento pagano, y de la poesía tradicional. La estrofa, el metro, los recursos retóricos que jalonan todo el poema habían sido ya utilizados por sus predecesores poetas del amor pagano renacentista. Dentro de ese uso retórico hay que incluir este nuestro estudio de la aliteración en tres de las liras sanjuanistas. Dicha figura literaria es utilizada conscientemente por San Juan al servicio de la idea, como elemento potenciador del significado y llamada de atención para el lector. «Es el suyo un lenguaje poético, lírico, enriquecido con palabras eufónicas, de estética transcendida porque antes ha sido una experiencia divinal, una iluminación interior, más allá de la inspiración de las musas del olimpo griego».

San Juan se muestra en el «Cántico espiritual» como el místico enamorado que da a conocer su ansia de Dios y también como el poeta técnico expertísimo en el uso adecuado de los recursos artísticos que le brinda la tradición y la literatura de su tiempo..

PRIMERA LIRA

ESPOSA

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

Esta es la primera estrofa del «Cántico espiritual». En ella he remarcado la vocal i y las consonantes nasales. La vocal supone el 22,45% del total de las vocales utilizadas, lo que conlleva una desviación significativa en el uso del 9,08%. Es la vocal del gemido (este inicio es una lamentación amorosa), de la herida causada por la huida del amado, de ti. La i es la vocal de la expresión del dolor, del lamento expresado mediante hipido.

Las consonantes nasales son las preponderantes. Con una presencia del 21,57% manifiestan una desviación significativa del 8,06% en su uso. Confieren a la estrofa una sonoridad especial por su alto índice de sonoridad (60 decibelios sobre 80). La aliteración es especialmente significativa en el verso dos (amado, y me dejaste con gemido), en el que de las trece consonantes utilizadas el 33,33% son nasales, lo que supone elevar la desviación significativa del uso hasta el 19,82%. Es la consonante clave (la nasal bilabial) que une el yo de la esposa (me) con el amado y el gemido.

TERCERA LIRA

ESPOSA

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
no cogeré las flores,
ni temeré a las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

En esta tercera estrofa lo primero que se observa es el elevado uso de consonantes: un 62,34 % frente al 37,86% de las vocales. Esto supone una desviación significativa de casi 14 % en el uso.

En cuanto al uso de las vocales, la preponderante es la e, con una desviación significativa en el uso de un 6,41%. Es la vocal de la primera persona del futuro imperfecto de indicativo, del yo de la esposa, que es la que está hablando.

Tres son las consonantes que presentan una desviación significativa en su uso: las vibrantes con un 14,13%, la s con un 9,73% y la f con un 5,36%.

Esta última es la que se ha venido señalando por la crítica especializada junto al paralelismo de estos versos. Con ella se incide en las realidades significativas de las palabras que la encabezan. La aliteración de la f- es significativa, ya que se halla en el inicio de las palabras situadas en una posición clave del verso como es su final. En este caso, así finalizan los tres últimos versos.

Nada se ha dicho de la aliteración de la vibrante o  de la sibilante. Con la primera se convierte la estrofa en expresión de duras realidades por las que tendrá que pasar el alma, la esposa en busca del amado, el esposo.

Con la aliteración de la sibilante, signo de pluralidad lingüística, se remarca el abandono de todo placer (flores) y la presencia de numerosos obstáculos (fuertes y fronteras) que debe sortear en el conseguimiento de su objetivo: la unión con el amado.

QUINTA LIRA

RESPUESTA DE LAS CRIATURAS

Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

La Naturaleza, creada por Dios, responde a la esposa en su búsqueda desesperada del esposo. Naturaleza que simboliza la perfección natural, el goce máximo contemplativo en el mundo terrenal, pero que trasciende su significado mundanal. Toda la creación la ha convertido san Juan en una caja de resonancia de lo divino.

En el conjunto de vocales se nota una ligera aliteración de la vocal o (4,2% de desviación), presente en soto o en los gerundios que describen la acción del amado sobre la Naturaleza (hermosura).

En el plano consonántico, la sibilante muestra una aliteración clara en su conjunto, con una desviación significativa del 8,41%. Si nos fijamos exclusivamente en el verso segundo de la estrofa, la desviación de uso se eleva hasta casi al 21%. Posiblemente se busca señalar el paso silencioso (la s de silencio), sin hacer ruido, pero a la vez con prisa, del amado por en medio de la Naturaleza.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO

20. EL PEOR MIEDO

Caminaba lentamente contemplando el hayedo. Sintiendo el silencio que le rodeaba. De repente, el vello de los brazos se le erizó…

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ESTILOESTADÍSTICA. (14) VERSOS ALITERADOS: «Marina»

1. TEXTO

MARINA

Una antorcha es el mar y, derramada
por tu boca, una voz de sustantivos,
de finales, fugaces, fugitivos
fuegos fundidos en tu piel fundada.

Una nieve navega resbalada
en resplandor de ojos reflexivos,
de sonoros silencios sucesivos
y de sol en la sal por ti mojada.

La turbamulta del color procura
dejar sobre tu tez la tatuada
totalidad miniada de la espuma.

Tu cuerpo suena a mar. Y tu figura,
en la arena del aire reflejada,
a sol, a sal, a ser, a son, a suma.

2. ALGUNAS NOTAS ACLARATORIAS

«Marina» es una composición poética del poeta valenciano Jaime Siles (1951-), cuyo primer poemario es Génesis de la luz (1969). Catedrático de Filología Latina y reconocido poeta, aunque también discutido, que ha publicado más de veinte libros de poesía.

Se inició en la corriente poética culturalista conocida con el nombre de Novísimos, nombre que José María Castellet dio a su antología de 1970. No aparece en ella, pero sí en una nueva de 1979 que se tituló Joven poesía española, que recogía poemas de los Nueve novísimos y añadía otros poetas entre los que figuraba Jaime Siles. Recorría un periodo histórico que iba desde 1939, fecha de nacimiento de Vázquez Montalbán, y llegaba hasta 1951, nacimiento de los más jóvenes: Villena y Siles.

Pertenece «Marina» a su obra Columnae, de 1987. El poeta valenciano ha abandonado el culturalismo, la poesía pura, y «da un soplo de vitalismo a su lírica. El verso se hace menos tenso, la palabra exalta su sonoridad con la aliteración prolongada y con ingeniosas repeticiones. El tono es gozoso y admirativo» (Cecilia Castro Lee). La poesía de Siles se humaniza.

Ejemplo general de lo dicho con anterioridad es su libro Columnae, en el que el fonetismo adquiere especial relevancia, y ejemplo particular, su poema «Marina» por el uso de la aliteración continuada (campo fonético)  Este se halla en la tercera parte del poemario, que es la que da título al libro. En esta, todos los poemas, a excepción del primero, son sonetos.

«Marina», junto con «Alfabeto de luz» e «Isla» forman el corazón del libro, según el profesor David Pujante.

El poema que nos ocupa es un claro ejemplo de virtuosismo lingüístico en el que la retórica, con sus recursos literarios, recorre todo el texto: metáfora, paranomasia, antítesis, enumeración, dilogía, oxímoron, hipérbaton, recolectio disemintaio, y aliteración. Esta última es la que vertebra por completo el poema. Es llamada de atención poética constante de carácter fónico sobre realidades esenciales del poema, como veremos más adelante. El lector no se puede abstraer de su presencia, va martilleando su cerebro lector. La aliteración se halla en las cuatro estrofas de que consta el, contribuyendo tanto en el plano del significado (incidiendo en realidades poetizadas) como en el del significante (con su musicalidad y sonoridad del texto).

Antes de comenzar con el análisis estiloestadístico, una última y breve reflexión sobre el título, «Marina». Creo que es una palabra dialógica, y así se debe interpretar para comprender el poema. Hace referencia a los dos planos del texto. Por una parte, se refiere al paisaje marino (lo que es una marina pintada, contemplada) y a la amada que forma parte de la marina, cuyo nombre es, a su vez,  Marina, erguida en medio de la arena y proyectando su sombra sobre esta y sobre el mar. Por tanto, naturaleza marina y amada se entrelazarán constantemente en el soneto.

(ÓLEO DE SUSANA RÍOS)

 3. ANÁLISIS ESTILOESTADÍSTICO FONOLÓGICO

3.1. GENERAL

Tomando en consideración los fonemas vocálicos de todo el poema por un lado y los consonánticos por otro, no se observa una desviación significativa de la norma en su uso, ya que los primeros suman el 46,80% del total (la norma: 43,56 %) y los segundos, el 53,20% (la norma: 55,61%). La vocal más frecuente es la a, y la menos, la i, aunque la que manifiesta un uso más desviado respecto de la norma es la u, con un 8,75%, preludio de su presencia en la aliteración. La consonante más frecuente es la s (con desviación significativa escasa), que no adelante la aliteración de este fonema en dos de las estrofas del soneto, como veremos más adelante. Sí que apunta ya el carácter aliterativo la consonante f con un 3,2% de desviación de la norma.

3.2. PRIMER CUARTETO: el mar y la amada

La vocal u (cerrada, posterior), con una presencia del 20,40%, presenta una desviación significativa del 14,83%.

La consonante f (labiodental, fricativa, sorda), con una presencia del 10,16%, supone una clara desviación de la norma en un 8,70%.

Si tomamos en consideración solamente los versos 3-4,

de finales, fugaces, fugitivos
fuegos fundidos en tu piel fundada,

estos serán los resultados:

La desviación significativa de la vocal u se eleva hasta el 19,43% y el de la f, al 18,54 %. Son cinco las palabras que comienzan por fu-, y seis las que lo hacen por f-. Ambos fonemas, presentes en fuego, son claros ejemplos de la aliteración buscada por el poeta para acompañar y resaltar el núcleo semántico representado por la metáfora tópica amorosa del fuego, amor-pasión.

Si prescindimos de la primera palabra con F-, finales, en las cinco restantes se podría decir que aparece la onamotopeya. Con los sonidos FU- se estaría imitando el soplo que se realiza con los labios para apagar el fuego, el fugitivo fuego, la pasión amorosa.

 3.3. SEGUNDO CUARTETO: espuma marina y la amada

La estadística general de vocales y consonantes arroja el siguiente resultado en cuanto a desviaciones significativas:

  • La vocal o (semiabierta, posterior), con una frecuencia del 26,8 %, supone una desviación significativa del 4,73%.
  • La consonante s (alveolar, fricativa, sorda), con un 25% de uso, supone una desviación de la norma del 10,24%.

Si tomamos en consideración solamente los versos 7-8,

de sonoros silencios sucesivos
y de sol en la sal por ti mojada,

los resultados son más significativos para la aliteración: la vocal o pasa a una desviación del 13,43% y la s, a un 17,28%. El sonoro silencio sucesivo (obsérvese el oxímoron), que sigue a cada ola y a la espuma generada por esta (nieve, metáfora de espuma), además del sol que luce, se enfatizan a través de la aliteración de los dos fonemas antes analizados y presentes en estas palabras claves y en los adjetivos que acompañan a silencio. La paranomasia de sol y sal une estas dos realidades presentes en la marina, compañeras de la amada, también presente, que la iluminan (el cuerpo) y la impregnan (la figura).

3.4. PRIMER TERCETO: tez de la amada y la espuma

De nuevo encontramos la aliteración en esta estrofa. En este caso tiene especial importancia en las consonantes; es el fonema consonántico oclusivo dental sordo /t/ (vv. 9-11). Así, dicho fonema se halla utilizado un 10,72 % por encima de la norma. Es el fonema que encabeza la palabra clave tez, poniéndola de relieve. También es significativa la aliteración de la a y la u, con un 12,27 % y 11, 57 % por encima de la norma respectivamente.

3.5. SEGUNDO TERCETO: la sombra del cuerpo proyectada en la arena

Especial relieve adquiere el verso 14, cierre de la composición poética. Este verso utiliza la misma técnica compositiva que utilizara Góngora para finalizar el soneto «Mientras por competir con tu belleza». En el verso de Siles se acumulan las figuras retóricas: enumeración, recolectio diseminatio, paranomasia y aliteración. Compárense los dos versos aludidos:

  • en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada. (Góngora)
  • a sol, a sal, a ser, a son, a suma (Siles).

La aliteración es clara. La del fonema consonántico fricativo, alveolar, sordo /s/. Los cinco sustantivos que integran la enumeración, y que resumen la esencialidad del poema, comienzan por s-. Su uso se halla un 35,24 % por encima de la norma. También es significativo el uso de la vocal a, un 33,05 % por encima de la norma. Tanto la aliteración de la consonante como la de la vocal inciden en llamar la atención del lector en las realidades a las que hacen alusión los cuatro primeros sustantivos, que se aglutinan, resumen, en el último, SUMA. Este sirve de cierre del poema y reasume los anteriores: aldabonazo.

 

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MICRORRELATOS DE PUEBLO

 

  1. PARA EL PEQUEÑO TODO SON DESGRACIAS

La tormenta le obligó a refugiarse debajo de una berza.

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SANTA MARTA SEGÚN «LA LEYENDA DORADA» DE SANTIAGO DE LA VORÁGINE: segunda parte

Continúa La leyenda dorada su relato y afirma que la hemorroísa de que habla el evangelio[1] y de la que no se dice su nombre, a quien Jesús había curado, era Marta.

CURACIÓN DE LA HEMORROÍSA. FRESCO DE LAS CATACUMBAS ROMANAS

El relato prosigue diciendo que Marta había levantado en el jardín de su casa una escultura dedicada a Jesús que colocó sobre un pedestal. Las hierbas, cuando llegaban a tocar la túnica del Señor, adquirían virtudes medicinales. Dicha estatua fue derribada por Juliano el Apóstata para levantar una suya en su lugar. Realizada la sustitución, un rayo del cielo cayó sobre ella y la convirtió en ceniza.

Marta conoció con un año de antelación la fecha de su muerte. Se lo comunicó el Señor. La muerte sucedió ocho días después de que ocurriera la de su hermana María. A los asistentes al sepelio de esta les comunicó que muy pronto sucedería el suyo y que debían mantener, a partir de ese instante, encendidas lámparas en aquella estancia hasta el momento de su muerte. A la media noche un fuerte viento las apagó y una turba de demonios ocupó la habitación. Ante sus ruegos, apareció su hermana María que con una antorcha en la mano las volvió a encender retirándose los demonios. Entonces se presentó Cristo y la llevó consigo, pronunciando estas bellas palabras:

¡Ven, querida hospedera! ¡Ven conmigo! En adelante estarás ya siempre a mi lado. Tú me diste alojamiento en tu casa y yo desde ahora te alojaré eternamente en el cielo y, por el amor que te tengo, atenderé a cuantos recurran a mí pidiendo algo en tu nombre.

Momentos antes de morir, conociendo que su final estaba próximo, pidió a sus acompañantes que le sacarán de la habitación y la llevaran a un lugar desde donde pudiera ver el cielo, la tendieran en tierra sobre un montón de ceniza y colocaran a su lado un crucifijo. Hecho esto, solicitó a sus acompañantes que le leyeran la historia de la pasión de Cristo escrita por san Lucas. Cuando el lector llegó a las palabras en las que Cristo dice «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», ella entregó el suyo.[2]

SEPULCRO DE SANTA MARTA EN TARASCÓN

Al día siguiente, domingo, mientras era velada por los religiosos y religiosas del convento de Tarascón, celebraba misa en la catedral de Périgueux[3] el obispo san Frontón.[4] Cuando el diácono iniciaba el canto de la epístola, san Frontón se quedó dormido. En ese momento se le presentó Jesús y le instó a que le acompañara para enterrar a Marta. Así lo hizo. Con sus propias manos Jesús y san Frontón condujeron el cuerpo de Marta hasta la sepultura. Al finalizar la epístola y otros cánticos, el diácono se dirigió a san Frontón y le despertó. Este les contó lo sucedido y les dijo que había olvidado en la iglesia en que se celebraba el sepelio de Marta el anillo de oro y los guantes, y que los tenía el sacristán. Envió a Tarascón a por ellos y allí estaban. El sacristán le entregó el anillo y un guante. El otro se quedó con él como testimonio de que san Frontón había estado en las exequias de Marta.

ENTIERRO DE SANTA MARTA, DE SANO DI PIETRO (Ca. 1460-1470)

Todo lo sucedido en el entierro de santa Marta fue contado con posterioridad por el santo francés, incluyendo este episodio: cuando ya había finalizo el entierro de la santa y salían de la iglesia Jesús y él, se les presentó un hombre docto que llevaba en la mano un libro que desde la primera página hasta la última iba repitiendo el siguiente texto:

«A lo largo de toda la eternidad permanecerá vivo el recuerdo de mi hospedera; por haber vivido santamente puede estar segura de que en el día del juicio no se va a encontrar con ninguna desagradable sorpresa».

En el penúltimo capítulo La leyenda dorada refiere un milagro que obra santa Marta. Encontrándose gravemente enfermo Clodoveo I, rey de los francos (481-511), acudió a la tumba de santa Marta al enterarse de que allí se obraban constantemente milagros. En cuanto llegó a la tumba quedó repentinamente curado. En agradecimiento entregó a la iglesia de la santa todas las tierras en un círculo de tres millas de radio, con sus gentes, castillos y villas.[5]

CLODOVEO I DE FRANCIA (481-511)

Por último, la obra citada refiere que la criada de santa Marta, llamada Martilla, escribió la obra de la santa[6] y que después se marchó a predicar el evangelio de Cristo a Esclavonia.[7] Allí murió después de diez años predicando el evangelio de Jesús.

SANTA MARTA EN LA IGLESIA DE SAN ANDRÉS DE SEVILLA. ES UNA TALLA DEL ESCULTOR SEBASTIÁN SANTOS ROJAS (1950)


[1] Mt 9, 20-22 / Mc 5, 25-34 / Lc 8, 43-48.

[2] Según la tradición, las reliquias de santa Marta fueron encontradas en 1187 y conservadas en su santuario de la ciudad francesa de Tarascón. La iglesia, de estilo románico, fue consagrada el 1 de junio de 1197 por Imbert de Eyguières, arzobispo de Arlés. Fue reconstruida en el siglo XIV, rehecha en el XV y en el XVII, dañada en 1944 y luego reconstruida. Fue elevada a la categoría de colegiata en 1482.

[3] Ciudad francesa del departamento de Dordoña, en la región de Nueva Aquitania, situada a unos 500 kilómetros de Tarascón.

[4] San Frontón es el legendario evangelizador del Périgord (Francia), primer obispo de Périgueux y santo patrono de la región.

[5] Llama la atención que de los tres hermanos, Marta, María y Lázaro, solo la primera haya sido elevada a los altares. Quienes primeros celebraron su festividad fueron los franciscanos, el 29 de julio de 1262.

[6] La primera de las biografías que se conservan de santa Marta es la de Marcela y Sínteques, del siglo XII, escrita en Tarascón. Del siglo XIII son las de Vicente de Beauvais en el Speculum historiale (muy abreviada) y la de Jacobo de la Voragine, breve también.

[7] Es una región de la actual Croacia.

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