ETAPAS EDUCATIVAS EN ESPAÑA EN EL SIGLO XVI: (2) después de los diez años

ENSEÑANZA DE LA GRAMÁTICA

La segunda etapa educativa en la España del siglo XVI es la que se conoce como «enseñanza de la gramática». Pero ¿de qué gramática se trata? La respuesta es la gramática latina, porque en esta etapa la enseñanza giraba alrededor del latín. Es la etapa educativa que vendría a coincidir con lo que no hace muchos años se llamaba segunda enseñanza o enseñanza secundaria.

Las razones por las que el latín se convirtió en el eje sobre el que giraba la enseñanza en esta etapa son varias y evidentes en este siglo del Renacimiento del mundo clásico grecolatino, del humanismo español.

El latín era la lengua de la Iglesia, su lenguaje vehicular. En latín estaban escritas las obras fundamentales de la Iglesia, como la conocida como Biblia Vulgata, en latín se enseñaba en los centros eclesiásticos y en latín se comunicaban los clérigos.

Además, el latín era la lengua general de la cultura y la ciencia. Era el lenguaje universal para el mundo científico. En la lengua de Cicerón se encontraban escritos la mayoría de los libros científicos, aunque su lengua de origen fuera otra.

En la Universidad, en latín se hablaba y se impartían las clases y en latín estaban escritos los libros de texto. Estaba prohibido dentro del recinto universitario hablar otra lengua que no fuera el latín, prohibición que tardaría en levantarse siglos. El Reglamento general de instrucción pública de 29 de junio de 1821 estableció en su artículo 46 que la enseñanza de las asignaturas en la Universidad se haría en castellano, excepto en teología, derecho canónico y derecho romano.

Esta preponderancia del latín sobre el español es uno de los elementos que configuran la dura batalla que las lenguas romances tuvieron que librar en Europa durante siglos para convertirse en lenguas de cultura y de enseñanza.

Esta etapa se solía comenzar a la edad de diez años, aunque dicha edad podía variar hacia arriba o hacia abajo. Variaba en función de las circunstancias personales de los alumnos, de su preparación intelectual. Solía durar entre cuatro y seis años. Las variaciones se debían a que no existía normativa al efecto que estableciera el fin de una etapa y el inicio de otra.

Se iniciaba una vez que los alumnos de primeras letras dominaban la lectura y la escritura del castellano, habían aprendido las reglas básicas de la aritmética y lo esencial de la doctrina cristiana.

¿Cuáles eran las enseñanzas que se impartían en esta etapa? Como ya se ha dicho, la asignatura clave era el aprendizaje del latín. Se estudiaba su gramática, su léxico, sus autores, etc. Para este aprendizaje el libro de texto más usado fueron las Introductiones latinae de Elio Antonio de Nebrija, cuya primera edición es de 1481. De 1495 es la tercera y definitiva edición. Los autores que se leían eran César, Cicerón, Horacio, Tito Livio, Virgilio, etc. Además de continuar con la enseñanza de la doctrina cristiana, había otra serie de enseñanzas que se impartían en esta etapa, como la geografía, la historia, las matemáticas, la filosofía y la retórica.

Estas enseñanzas se impartían en el hogar, a través  del ayo, o en los «colegios» o «escuelas de gramática». Y así nos podemos encontrar escuelas palatinas, cátedras universitarias, privadas, municipales, seminarios conciliares, escuelas monacales, escuelas de latinidad de los jesuitas, así como obras pías destinadas a tal fin. Estos centros podían ser de titularidad municipal, eclesiástica o particular.

Los edificios en los que se impartía esta enseñanza dependían del titular. En ellos vivía el profesorado y se impartían las enseñanzas. En muchos casos, eran edificios mal dotados y peor acondicionados.

Comencemos por la enseñanza de la gramática en el hogar. Era este el procedimiento elegido por la aristocracia, como lo era también para esta clase social en las primeras letras. El ayo o preceptor era por lo general un joven titulado universitario en artes o filosofía que más allá de la gramática latina y su literatura enseñaba a sus alumnos lenguas modernas, matemáticas, historia y astrología. Añadía la enseñanza de artes marciales y caballerescas con el objetivo de conseguir crear al «gentilhombre», cuyo modelo inmortalizara Baltasar Castiglione en El cortesano (1528). Este procedimiento fue el más elegido en la educación de los hijos de los grandes desde el siglo XVI hasta el XVIII.

Paras quienes no disponían de recursos suficientes para poder tener su preceptor de latinidad en el domicilio, los colegios o escuelas de gramática fueron el medio elegido. Aunque estos centros ya existían en la Edad Media, en los años siguientes al reinado de los Reyes Católicos fueron creados numerosos centros educativos de este tipo, bien con fondos municipales o privados. Así se llega a finales del siglo XVI con unos 4000, según Fernández de Navarrete. No había ciudad, villa o pueblo grande que se preciara que no tuviera su escuela de gramática organizada. Junto a ellas encontramos a los preceptores independientes o párrocos que enseñaban por su cuenta en las poblaciones de menos habitantes, cobrando un estipendio a los estudiantes. A este desmesurado crecimiento de escuelas de gramática puso coto Felipe IV en 1623 mediante su Pragmática Sanción de 10 de febrero, que supuso una reducción importante del número de cátedras de latinidad.

PALACIO DE LOS CONSEJOS DE MADRID, EN EL LUGAR DONDE ESTUVO LA ESCUELA DE LATINIDAD DE LA VILLA EN EL SIGLO XVI

El régimen de enseñanza podía ser externo o interno. En el primero, los alumnos acudían a las escuelas un determinado número de horas y regresaban a sus casas. En el segundo, denominado sistema de colegíos, los alumnos vivían en un internado. Allí desarrollaban su actividad docente.

Un caso singular fue el de la Compañía de Jesús. Esta se convertiría rápidamente en el más importante organizador de la enseñanza de la gramática en la era de los Austrias, frente a las escuelas de gramática municipales y universitarias, en las que su enseñanza era irregular y desigual por la falta de profesores cualificados y entregados a su labor docente. En sus colegios y escuelas había dos tipos de alumnos. Los de enseñanza gratuita, que eran aquellos que acudían a sus colegios como alumnos externos, y los que vivían en el internado a cambio de un estipendio. Su éxito radicó en que ofrecían un programa bien organizado, que duraba entre cuatro y seis años, y contaban con un profesorado entregado a su labor docente.

El aumento de estas cátedras de latinidad, que no estuvo ausente de críticas de sus contemporáneos, se sustentó en dos hechos importantes. El primero de ellos, y fundamental, es de carácter socio-cultural. Se debió a la popularización de saber leer y escribir, tanto en castellano como en latín, traído por el humanismo. A través del latín se accedía al nuevo modelo de hombre y de sociedad que defendían los humanistas y que se hallaba en el mundo clásico, se podía acceder a la universidad y a otros numerosos puestos de trabajo que la sociedad demandaba. Por otra parte, en aquellas poblaciones que no disponían de estas escuelas, se fueron creando por las autoridades municipales para que los padres no tuvieran necesidad de gastar parte de su hacienda en enviar a estudiar a sus hijos fuera de su localidad de origen, como ocurría en Medina de Rioseco (Valladolid).

Como ya he adelantado, varios fueron los nombres que recibieron los profesores que impartían la enseñanza del latín en los domicilios de los adinerados, en las escuelas municipales o eclesiásticas y en su propio domicilio. El nombre más generalizado fue el de preceptor de latinidad, pero también su utilizaron otros como catedrático de latín, lector, bachiller o dómine. Recordemos aquí la caracterización burlesca que realizó Quevedo en El Buscón del dómine Cabra y de su internado de enseñanza instalado en la ciudad de Segovia.

La titulación de los dómines o preceptores de latinidad carecía de regulación legal alguna. Por ello, era variada. Los había que habían conseguido un título universitario de bachiller o licenciado en artes o filosofía. Este grupo, bien formado académicamente, solía regentar las cátedras más reconocidas y mejor remuneradas. Otros, tenían la titulación que sus estudios eclesiásticos les confería. Pero también había profesores que carecían de titulación alguna. Se habían iniciado como ayudantes, pasantes o sustitutos de profesores titulados y en un determinado momento se independizaban y argüían su experiencia docente para ser contratados o regentar sus propias cátedras. No es de extrañar que con este panorama sus contemporáneos los arbitristas nos hablen de un profesorado en el que escaseaban los profesores cualificados y capaces.

El sistema de contratación del profesorado era también diverso. A los preceptores que enseñaban en los hogares de la aristocracia los contrataban los padres de los alumnos de forma individual y directa. Tenían en cuenta su titulación y su fama y el periodo de contratación variaba. En los centros eclesiásticos el procedimiento era el del nombramiento de alguno de los miembros de su propio estado eclesial. En las escuelas municipales, el procedimiento más habitual era el de la oposición. Se convocaba la plaza con los requisitos exigidos como titulación, buena conducta, informe de limpieza de sangre, horas de clase que debían impartir, duración del curso, etc., así como el salario establecido.

Finalizaremos con una breve referencia a la finalidad que perseguían estos estudios de gramática. Como cualquier etapa educativa, sus estudios tienen un fin en sí mismo: aprender unos saberes y formar unas personas. Pero en el caso que nos ocupa, esta finalidad no era la esencial, sino el carácter propedéutico que se daban a dichos estudios: preparar a los alumnos para acceder a los estudios universitarios, para iniciar la carrera eclesiástica o servir de preparación para desempeñar puestos de la administración que la nueva sociedad demandaba.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

3

AL LIBRO

Las palabras,
las que solo tienen cuerpo de sonido
y alma efímera,
esas las vuela el rápido
y helador viento
del olvido,
aunque un eco momentáneo,
no por mucho tiempo,
siga repiqueteando en el yunque
del oído.

No, eso no lo queríamos
para L.G.O.

Queríamos que su palabra
y la de sus amigos
y la de quienes la conferenciaron en su honor,
tomaran cuerpo de papel,
alma imperecedera,
se convirtieran en deposito
muerto-vivo,
latente-patente,
al alcance de manos amigas-vivificadoras,
deseosas
de entablar, en un nuevo presente,
antigua conversación con LUCIO.

Deseantes de archivo vivo:

LIBROOOOOOOO…

(Luis de Valdeté)

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ETAPAS EDUCATIVAS EN ESPAÑA EN EL SIGLO XVI: (1) Hasta los diez años

1. PRESUPOSICIONES

Finalizaré esta serie de post relacionados con la universidad española con uno breve, como le gustan a mi inquiridor. Y lo dedicaré a precisar, dentro de lo que cabe y se puede, cuáles eran las etapas educativas en España en el siglo XVI, la época del Renacimiento, del humanismo y del inicio de nuestro Siglo de Oro de las letras.

Comenzaremos diciendo que en el siglo XVI en España no existe una ley general que regule la enseñanza. Esta no llegará a España hasta 1857 con la conocida como Ley Moyano. A pesar de ello, sorprende la escasa legislación civil sobre la enseñanza de las primeras letras en el siglo XVI, lo que se puede interpretar como el resultado de la falta de interés de la Corona por el tema educativo. Por ello, la regulación de los centros de enseñanza, así como de su profesorado, dependen más del interés de la Iglesia o de los municipios. Así y todo, es una normativa escasa, diversa y dispersa.

Solamente un ejemplo de la dejadez de la Corona en este asunto. Habrá que esperar a la segunda mitad del siglo XVII para que se constituya la Hermandad de San Casiano, una organización gremial de los maestros, que supuso la primera regulación y control del acceso y ejercicio de los maestros. La Corona delegó en dicha organización la facultad de examinar a los maestros y se reservó para sí la facultad exclusiva de expedir el título. En la práctica, suponía la primera regulación seria de la función docente en las escuelas de primeras letras.

Otro aspecto que se debe considerar es que la documentación sobre la que se deben realizar los estudios sobre la familia en el siglo XVI es escasa y proviene generalmente de las familias de los nobles y los ricos; son representativos solo de la élite, no de la sociedad en general.

La diferenciación entre la ciudad y el campo es otro hecho que se debe tener en cuenta. El tratamiento que darán a la enseñanza será diferente, como diferente lo será entre los ricos y los pobres.

La familia del siglo XVI es de corte patriarcal. Esto significa que el padre es quien toma las decisiones importantes sobre el hogar, la crianza y la educación de los hijos.

La enseñanza se reserva para los hijos, mientras que para las hijas la educación iba dirigida al aprendizaje de las tareas del hogar, las llamadas tareas propias de su sexo como la costura, el bordado, el encaje, la preparación para ser damas de honor, el ingreso en monasterios o la preparación para el matrimonio. Esto no quiere decir que no hubiera mujeres que adquirieron una gran formación intelectual, pero es la excepción que confirma la regla. No había escuelas de niñas.

Estos presupuestos habrá que tener en cuenta a la hora de analizar las cuatro etapas en que dividiremos el sistema educativo del siglo XVI en España, teniendo en cuenta que las edades señaladas son aproximadas, generales,  ya que no existía normativa que estableciera la edad de paso de una etapa educativa a otra y la duración exacta de estas, salvo para los estudios universitarios.

2. EN EL HOGAR (0-7 años)

De los cero a los siete años los niños permanecen en el hogar paterno. Atendidos por su nodriza, mimados por los sirvientes, cuidados para que no enfermaran, su actividad fundamental era el juego. Esto en las casas de los ricos. En las casas de los pobres el cuidado estaba a cargo de sus madres o hermanos mayores. El juego seguía siendo su actividad fundamental

Aparte del juego, se puede decir que tres eran sus obligaciones principales: aprendizaje del aseo y el vestir, respeto a la autoridad paterna y participación en los rituales de la fe católica.

3. PRIMERAS LETRAS (7-10 años)

A los siete años comenzaba una nueva etapa: la «edad de la discreción». Se iniciaba esta  con la primera comunión, ya que la Iglesia consideraba que a esa edad el niño había adquirido lo que se llamaba «uso de razón»; el niño tenía ya capacidad de raciocinar. Cambiaba su estado religioso: pasaba a pertenecer al grupo denominado «almas de comunión». Incluso cambiaba su atuendo en el vestir.

En general, a esta edad los niños seguían caminos diferentes dependiendo de su origen social y de su estatus económico:

  • a la corte como pajes;
  • a la residencia de amigos o parientes para aprender el arte de la caballería y de la guerra;
  • a los monasterios o al servicio de un prelado;
  • a buscar trabajo como sirvientes o domésticos;
  • a aprender un oficio con un maestro artesano;
  • a desarrollar tareas agrícolas y ganaderas;
  • a iniciarse en la enseñanza.

Para el último de los grupos citados, era, pues, el inicio  de la enseñanza formal y rigurosa de las letras y la religión.

En el plano de la enseñanza, esta etapa se la conoce como la de las «primeras letras». Se centraba en cuatro saberes:

– aprendizaje de la escritura del castellano;

– aprendizaje de la lectura, primero en voz alta y después de forma silenciosa;

– aprendizaje de las cuentas u operaciones matemáticas de sumar, restar, multiplicar o dividir, con sus tablas que se recitaban en voz alta y con aplicaciones a la vida real;

– aprendizaje de la doctrina cristiana a través de los catecismos, como los de Astete o Ripalda.

Las primeras letras se impartían o bien en el hogar o fuera de él, en las escuelas.

La enseñanza a través del ayo venía de la antigüedad Clásica y fue el sistema que se utilizó en el Medievo por la realeza, la nobleza y la aristocracia del dinero. Y así pasaría al siglo XVI. El ayo vivía en el hogar del niño, y era la enseñanza de mayor prestigio, pero la menos común, porque esta educación particular resultaba muy cara. Ya recoge Nebrija en 1495 la palabra con este significado docente (“que enseña niño”) y que precisa muy bien Autoridades en 1726: «La persona a cuyo cuidado está el criar, educar e instruir algún niño en buenas costumbres y modo civil. A las mujeres pertenece esta incumbencia hasta que llegan los niños al uso de la razón, y desde aquí en adelante a los ayos».

También en el hogar en el siglo XVI se producía la enseñanza a través de maestros, que eran contratados por horas, pero que no vivían en el hogar. Su función era estrictamente docente. Este medio no fue tampoco general.

Una conjunción de factores políticos, religiosos, sociales, económicos  y culturales (de pensamiento)  hicieron que en el siglo XVI, por primera vez en España, apareciera una red de centros de primeras letras que se unieron al tradicional método de enseñanza del ayo.

Esta enseñanza fuera del hogar fue la más habitual en el siglo XVI. Se impartía en escuelas públicas (municipales) o privadas, que existían en la mayoría de las ciudades y en las cuales enseñaban los conocidos como «maestros de primeras letras». Entre las privadas se pueden distinguir las escuelas monacales, catedralicias, obispales, parroquiales, las creadas por órdenes religiosas como los jesuitas o los escolapios, los centros de educación especial para los niños pobres, expósitos y huérfanos, vagabundos y pícaros. Añádanse las clases impartidas por clérigos particulares en sus domicilios o en dependencias eclesiásticas.

La técnica pedagógica, según Richar L. Kagan, se puede resumir de la siguiente forma: «memorización, repetición y repasos interminables, ejercitación y copia permanentes, siempre ayudadas por la libre aplicación de la vara a los aburridos, desatentos, flojo y traviesos». Es esta técnica la que perduró durante siglos, y que defendía que «la letra con sangre entra.» Con lo cual, los maestros llevaban consigo la reputación de brutalidad y crueldad.

Para esta primera enseñanza se disponía ya en el siglo XVI de cartillas de abecedario, gramáticas españolas, cuadernos de lecturas, cartillas-catecismos y catecismos, diversas versiones del Catón, todos ellos publicados en número creciente desde el advenimiento de la imprenta a España en el último cuarto del siglo XV. Para la lectura, una vez dominada la técnica del silabeo, palabra y oración, se utilizaban libros autorizados por la Corona y la Iglesia, como los de caballerías, los pastoriles, los de romances y otros. No obstante, hay que seguir reseñando que los materiales impresos seguían siendo caros.

Parece ser que ya en el siglo XIV, en época de Enrique II de Castilla (1369-1379), se dictaron ya normas para regular el procedimiento de adquisición del título de maestro de primeras letras, aunque estos documentos hoy se consideran apócrifos. En el siglo XVI esta función de examen la realizaba el Consejo Real.

En definitiva, la Corona a través del Consejo Real, La Iglesia y las autoridades municipales eran quienes velaban porque las escuelas de primeras letras cumplieran con su función y que las enseñanzas allí impartidas se ajustaran a los principios del catolicismo. En 1573 se decretó que fueran excluidos de la profesión de maestros los conversos y cuantos hubieran tenido ascendentes condenados por la Inquisición.

Esta etapa educativa finalizaba a los diez años y los niños que se educaban con ayos o asistían a escuelas, bien fueran públicas o privadas, laicas o religiosas, tenían que haber adquirido la competencia lectora en su lengua, el castellano; haber aprendido la escritura correctamente; dominar las operaciones básicas aritméticas (con sus tablas respectivas) y haber adquirido el saber religioso que el catecismo le ofrecía y la Iglesia le exigía.

Se preparaba en esta etapa para acceder a las escuelas de gramática latina.

No obstante, hay que reseñar que el analfabetismo en el siglo XVI en España siguió siendo generalizado. A la enseñanza no tuvieron acceso los hijos de los pobres, las mujeres, determinados grupos sociales como el de los moriscos, etc. Ello ha llevado a considerar a los estudiosos del tema que el 90 % de la población era analfabeta.

Por último, y como caso significativo, continuando con el enfrentamiento secular entre campo y ciudad, cabe remarcar que en las áreas rurales el analfabetismo era aún mayor que en la ciudad. Siguió siendo general por la escasez de escuelas y por la falta de interés de su población y dirigentes por la alfabetización.

 

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

2

EX ET IN PRINCIPIO…

Noche más allá de la noche,
misterio fecundo,
noche engendradora del silencio total,
padre y madre del humano género,
del universo potencial.

Noche presente en el día,
motor inmóvil.

Noche creadora de la luz
regidora del día,
luz que se hará noche en el umbral.

Nada, noche día,
noche trascendida,
noche total.

(Luis de Valdeté)

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

1

A MIGUEL HERNÁNDEZ

Lira de los campos,

silbo tierno de las cabras,

amante del sudor,

loco de amor,

roto del sino,

eres tú, amigo,

dolorido.

(Luis de Valdeté)

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ESTILOESTADÍSTICA. (11) VERSOS ALITERADOS: Elegía a Ramón Sijé

1. BREVES NOTAS ACLARATORIAS

Proponemos hoy para el disfrute estético y para el análisis de la aliteración uno de los poemas más conocidos de la literatura española: la elegía que el poeta de Orihuela (Alicante) Miguel Hernández (1910-1942) escribió (o finalizó) el día 10 de enero de 1936 a su amigo Ramón Sijé, encontrándose en Madrid.

Y para quienes no lo recuerden, avanzamos la definición de este subgénero poético, el de la elegía:

Composición lírica en que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro acontecimiento infortunado. (DRAE)

La persona fallecida era José Ramón Martín Gutiérrez (1913-1935), amigo de Hernández y oriolano como él. Fallecía la Nochebuena de 1925 a la edad de 22 años de una septicemia. Fue el fundador y director de la revista neocatólica El Gallo Crisis y autor del libro La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas (1935), ensayo sobre el Romanticismo.

RAMÓN SIJÉ

El lamentable suceso fue el hecho que determinó que naciera esta sentida composición poética formada por 15 tercetos encadenados y un serventesio final, y que lleva como fecha el 10 de enero de 1936. Junto a esta a elegía cabe citar otras por ocupar un lugar destacado en la literatura española como la considerada la más importante, Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique; Llanto por la muerte de Trotaconventos, del Arcipreste de Hita; Canción a la muerte de Carlos Félix, de Lope de Vega; Canto a Teresa, de Espronceda, o Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, de García Lorca.

Tres son los protagonistas del poema de Miguel Hernández: la Muerte, Ramón Sijé (seudónimo literario) y los sentimientos del poeta (el yo poético), entrelazados y unidos formando un todo literario poético.

Para comprender este poema daré dos breves apuntes biográficos del poeta. El primero de ellos es de carácter biográfico. Nació Miguel Hernández en el seno de una familia humilde en Orihuela. Su padre se dedicaba al pastoreo del ganado, combinándolo con la práctica de tratante. A los 14 años abandona el colegio y vuelve a la vida campestre y a su rebaño. Sin apenas salir de Orihuela, lee con avidez cuantos libros se ponen a su alcance y especialmente a los poetas del Siglo de Oro español: Garcilaso, San Juan, Cervantes, Góngora, etc.  Su trabajo se centra en el pastoreo y otras actividades agrícolas. En 1931 se traslada a Madrid en busca de la gloria literaria. Allí le sorprendió la muerte en Orihuela de su amigo Ramón Sijé.

ORIHUELA

ORIHUELA

Por último, recordaremos que el entierro de Ramón Sijé se produjo en una tumba escavada en la tierra del cementerio, en el que crecen las amapolas; que Orihuela era el centro de la comarca de la vega baja del Segura, zona agrícola y ganadera, por cuyas huertas y sierras pastoreó Hernández el rebaño paterno y se «empapó de la naturaleza recogiendo sus latidos y sus profundos alientos»; que la higuera del poema es la que todavía se halla plantada en el huerto de la casa del poeta y bajo la cual seguro que los dos amigos se refugiaron para protegerse del calor en sus conversaciones literarias; que los almendros, con sus flores blancas, abundan por doquier en la zona y que en la parte final late un cierto animismo junto a la presencia de la reencarnación del alma del muerto en abeja.

2. TEXTO

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como el rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(10 de enero de 1936. Miguel Hernández, El rayo que no cesa, Losada, Buenos Aires, 1973)

3. ALITERACIÓN

En el serventesio final encontramos una de las aliteraciones que se citan con frecuencia en los estudios del tema. Se trata del verso «A las aladas almas de las rosas». Si antes Miguel Hernández ha convertido el alma de su amigo en abeja, ahora también dota de alma a las flores blancas de los almendros, cuyos pétalos se convierten en alas, y a los que se requiere que acuda la abeja para «hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero». Almendros bajo los cuales vagará el ama y el cuerpo del poeta en busca del rencuentro con el amigo muerto.

3.1. ESTADÍSTICA DE VOCALES

VOCALES       POEMA    ESTROFA    VERSO
% DES. NO. % DES. NO. % DES. NO.
A 34,57 13,99 43,73 12,89 81,81 51,23
E 25,36 -3,46 32,60 3,77 9,09 -19,73
O 21,16 -0,18 19,56 1,78 9,09 -12,25
I 12,76 -0,90 19,56 -1,78 0 -21,35
U 6,13 -0,56 2,17 -3,39 0 -5,57

En este primer cuadro se pone de manifiesto que lo más sobresaliente es el uso del sonido vocálico [A]. En el conjunto de la elegía se aprecia una desviación positiva (significativa) de la norma de casi 14 puntos porcentuales; se mantiene la desviación más o menos estable en el serventesio y se dispara en el verso hasta el 51 %. Clara desviación significativa de la vocal A con valor de aliteración.

3.2. ESTADÍSTICA DE CONSONANTES

CONSONANTE        POEMA     ESTROFA    VERSO
% DES. NO. % DES. NO. % DES. NO.
VIBRANTES 15,04 2,30 12,06 0,67 7,14 -5,59
S 14,06 -0,69 17,24 2,48 42,85 28,09
L 10,40 1,95 15,51 7,06 28,57 20,12
D 10,26 1,38 12,06 3,18 14,28 5,40

Dejando a un lado los sonidos consonánticos nasales, observaremos que los sonidos [s] y [l] son los preponderantes. En el conjunto de la elegía su uso se ajusta prácticamente a la norma para aumentar en la estrofa final y adquirir en el verso que nos ocupa una desviación significativa positiva relevante con un 28 y un 20 %, respectivamente.

3.3. INTERPRETACIÓN

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­A las aladas almas de las rosas: la aliteración de los sonidos [l] y [s] evoca una sensación de suavidad, ligereza y delicadeza acorde con las flores de los almendros y el vuelo de las abejas. Nos transporta al aleteo y vuelo de las tres almas que se buscan: la del muerto, la de las rosas del almendro y la del poeta vivo.

Como coadyuvante significativo, a los sonidos consonánticos se une la aliteración preponderante de la vocal [a], la vocal más abierta, clara, la vocal de la llamada y de la luz, presente en las tres palabras claves del verso. Igualmente, se puede decir que los tres sonidos aliterados los hallamos en la palabra clave: almas.

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LA PALABRA «UNIVERSIDAD»: Una lucha de 10 siglos por liderar la institución docente

ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADOS ACTUALES

La palabra española UNIVERSIDAD, al igual que buena parte de las que conforman el léxico de la lengua de Cervantes, es polisémica. Pero no todas sus acepciones están relacionadas con la enseñanza, como pudiera parecer en principio.

Procede la palabra universidad de la latina UNIVERSITATE(M), que significaba ‘universalidad’, totalidad’, ‘conjunto’. Derivaba, a su vez, este sustantivo abstracto del adjetivo UNIVERSUS –A –UM, con el significado de ‘todo’, ‘entero’, ‘universal’. Por eso, universidad forma parte de la familia léxica a la que pertenecen universo, universalidad, universal, universalísimo, universitario, universalmente y universalizar.

Estos son los significados que recoge actualmente el Diccionario de la lengua de la RAE:

  1. f. Institución de enseñanza superior que comprende diversas facultades, y queconfiere los grados académicos correspondientes. Según las épocas y países puedecomprender colegios, institutos, departamentos, centros de investigación, escuelas profesionales, etc. Universidad de Salamanca, universidades populares.
  2. f. Edificio o conjunto de edificios destinado a las cátedras y oficinas de una universidad.
  3. f. Conjunto de personas que forman una corporación.
  4. f. Conjunto de las cosas creadas.
  5. f. universalidad(‖ cualidad de universal).
  6. f. Instituto público de enseñanza donde se hacían los estudios mayres de ciencias y letras, y con autoridad para la colación de grados en las facultades correspondientes.
  7. f. Conjunto de poblaciones o de barrios que estaban unidos por intereses comunes, bajo una misma representación jurídica.

Lo primero que hay que decir es que el primer significado que da el DRAE no se corresponde con el que la palabra latina tenía y que el que más se acerca al original es el cuarto. Ahora habrá que demostrar cómo se ha invertido el orden en la prelación de significados para llegar al primero, que es el que todos conocemos y usamos, desde el tercero que es el primero en la Edad Media.

 UNIVERSIDAD Y ESTUDIO GENERAL DE BOLONIA

La universidad es una creación medieval. Pero en sus inicios, esta institución académica no se conocía con este nombre, sino con el de studium generale (ESTUDIO GENERAL). De él formarán parte escolares, maestros, autoridades y  otro personal.

El primero de ellos en el mundo occidental fue el de Bolonia (Italia). Se da la fecha de 1088 como la de su inicio. Es el momento en que un grupo de estudiantes contratan a maestros para que estos les transmitan su saber, les enseñen, mediante una retribución voluntaria que aportan los escolares. Así constituyen el estudium generale. Así pues, el protagonismo inicial y durante mucho tiempo lo tendrán los escolares, agrupados, como si fueran un gremio medieval más, en asociaciones llamadas universitates, con sus propios estatutos y gobernantes, independientes del poder municipal y eclesiástico.

Más de medio siglo tardaría el estudio boloñés en conseguir lo que se conoce como su carta fundacional. Será entre 1555 y 1558 cuando Federico I, emperador del Sacro Imperio Románico-Germánico, les conceda la constitución Authentica habita mediante la cual se establecen los derechos, reglas y privilegios del studium boloñés, especialmente de sus scolares y magistri. Estos fueron los dos privilegios más importantes concedidos: Libertad de desplazamiento de escolares y maestros por razones académicas (estudiar y enseñar) e inmunidad ante el derecho de represalia.

El estudio boloñés pronto adquirió fama internacional, especialmente por sus estudios de derecho, lo que provocó que acudieran a Bolonia estudiantes extranjeros en gran número. Estos, para defender sus intereses y defenderse de los abusos de las autoridades locales y rfeligiosas, crearon en el siglo XII asociaciones a las que llamaron universitas scolarium, debido al carácter universal de sus escolares. Se distinguían en estas universitates las de los ultramontanos (los que habían llegado a Bolonia cruzando Los Alpes) y los citramontanos (los italianos de fuera de Bolonia). Pronto se subdivirían en naciones y subnaciones. De 1252 datan los primeros estatutos conocidos de las universitates de Bolonia que tuvieron un gran peso en el estudio boloñés: estudiante era el rector y estudiantes formaban su consejo asesor. Hubo estudios generales españoles del Medievo que siguieron en su fundación el modelo boloñés, por lo que el rector era estudiante, como el de Salamanca, Sigüenza o Alcalá de Henares.

Por tanto, en un principio y durante un tiempo hay que diferenciar entre studium (institución educativa formada por diversas facultades al frente de la cual se halla un rector) y universitas (asociación de escolares). En italiano la palabra latina evolucionara a università.

 UNIVERSIDAD Y ESTUDIO GENERAL DE PARÍS

El otro gran studium generale europeo medieval fue el de París, cuya especialidad fue la de teología. Se da 1150 como la fecha de su creación: universitas magistrorum et scholarium Parisiensis. Desde sus comienzos encontramos ya las asociaciones (universitas) tanto de maestros como de escolares. En 1215, el legado del papal Roberto Courcon dota al estudio de París de estatutos propios para reglamentar las condiciones de la enseñanza en París. En ellos se hace referencia tanto a la universitas scolarium como a la universitas magistrorum. Así comienza la bula de Gregorio IX de 1231 para el estudio parisino: Dilecti filii magistri et universitas scolarium parisiensium vobis humiliter supplicantur. Dicha bula supuso el reconocimiento jurídico y académico de la palabra universitas. Al igual que en Bolonia, se diferencia claramente entre studium y universitas. Université será la palabra francesa procedente de la latina.

SIGLO XIII

Ahora continuemos en España.

Alfonso X El Sabio será quien primero regule la enseñanza de grado superior en España. Lo hará en Las siete Partidas (h. 1256).

Dedica a ello en la Partida II el título 31 que lleva el siguiente rótulo: «De los estudios en los que se aprenden los saberes y de los maestros y de los escolares».

Por razón del tema, solamente me referiré a la ley uno y a la diez. En la primera define qué es un estudio («ayuntamiento de maestros y escolares») y diferencia entre estudio general y estudio particular. El primero de ellos es el que se dedica a  los saberes de grado superior: gramática, lógica, retórica, // aritmética, geometría, música, astronomía, // cánones y leyes. A las siete artes liberales del trivium y quadrivium se añadía el estudio del derecho.  Quien tiene facultad para crearlo es el emperador, el papa o el rey. Reserva el nombre de estudio particular para las escuelas de villas o catedrales fundadas por el concejo o el obispo.

La ley 10 se dedica a los escolares. Aquí aparece el nombre de sus asociaciones: universidad de los escolares. Algunas de sus funciones son «ver y ordenar algunas cosas de su provecho comunalmente o hacer examinar a los escolares que quieren ser maestros». Es una agrupación gremial más del Medievo creada para velar y defender los intereses de sus asociados.

Así pues, observamos que el esquema docente de Bolonia y París se repite en España a mediados del siglo XIII, diferenciándose claramente entre el estudio general y la universidad de los escolares.

Del siglo XIII es también un documento importante para el estudio y universidad de Salamanca conocido como su carta magna institucional. Es la real cédula de Alfonso X El Sabio de 8 de mayo de 1254 en la que confirma los privilegios de la universidad de Salamanca y le da una reglamentación. Aquí queda claro, una vez más, que una cosa es el estudio general (institución dedicada a la transmisión de saberes integrada por escolares y maestros al frente del cual se halla el rector) y otra es la universidad de los escolares (asociación gremial). Solo citaré el comienzo: «como los escolares de la universidad del estudio de salamanca»[1]. Creo que queda claro que aquí no se habla de universidad en el sentido actual como se ha escrito repetidamente.

Como el propio Alfonso X había establecido en Las siete Partidas, será el papa o el emperador quien valide los estudios de grado superior. En el caso del estudio de Salamanca fue el papa Alejandro IV quien mediante la bula Dignum arbitramur de 22 de septiembre de 1255 conceda validez universal a los grados otorgados por el estudio de Salamanca (ius ubique docendi), excepto en París y Bolonia, restricción que fue abolida en 1333.

Un último documento citaré del siglo XIII. Es una carta del infante don Sancho del 23 de abril de 1282 que confirma los privilegios otorgados a los escolares del estudio de Salamanca por sus antepasados regios: «por hacer bien y merced a la uniuersidad de los escolares de Salamanca otórgolos los privillegios y las libertades y confírmoselos segun ellos los tienen del rey don Alfonso mío bisabuelo y del rey don Fernando mío abuelo y del rey mío padre».

SIGLO XIV

Para el siglo XIV citaré solamente cuatro documentos en los que se puede observar cómo todavía estaba claramente diferenciada la universidad de los estudiantes y el estudio general.

Del 7 de agosto de 1300 es una carta del rey Fernando IV en la que confirma los privilegios que tiene la universidad de los escolares de Salamanca y en la queda clara la diferencia entre universidad y estudio. Al comienzo de ella se puede leer: «por hacer bien y merced a la universidad del mi estudio de Salamanca». Y así finaliza: «mandé dar a la universidad delos escolares esta carta sellada con mío sello de cera colgado».

El segundo de los textos pertenece a la bula de Juan XXII de dos de diciembre de 1333: «Nuper siquidem ex tenore petitionis dilectorum filiorum rectorum, universitatis, doctorum et scholarium studii civitatis Salamantinae ac ipsius universitatis ac consilii civitatis ejusdem».

Lo mismo se puede leer en un texto en latín de 27 de octubre de 1343 en el que se concede un canonicato en Mondoñedo a Juan Pérez: Supplicant s. v. devotissimi filii vestri doctores, rectores totaque universitas scholarium vestri studii Salamantini.

Por último citaré una disposición del Juan I de Castilla del 18 de mayo de 1387 por la que se exime de dar posada regia a los universitarios salmantinos: «Nos el rey de Castilla, de León y de Portugal, por hacer bien y merçed a vos la universidad del nuestro estudio de Salamanca […] estudiantes del dicho nuestro estudio».

 SIGLO XV

En el siglo XV se continuó diferenciando universidad y estudio general, pero ya hay casos en los que la palabra universidad ha asumido el significado de estudio general. Se ha producido una sinonimia.

Ejemplo claro de la diferenciación pueden ser estos dos ejemplos. El 15 de septiembre de 1401 el rey Enrique III expide una cédula en la que confirma ciertos privilegios a la universidad y estudio de Salamanca. Quienes han realizado la petición son «el rector y colegio y estudiantes de la ciudad de Salamanca enviaron me». Y los destinatarios de la cédula serán «al rector y colegio y la universidad del estudio de la dicha ciudad de Salamanca». El otro ejemplo es de 9 de febrero de 1409, fecha que lleva la cédula real de Juan II por la que se concede el privilegio de tener carnicería propia a la universidad de Salamanca (escolares): «Sepáis que el rector y universidad del mi estudio de esa dicha ciudad me…»

En 1495 apareció la primera edición del diccionario de Elio Antonio de Nebrija (1441-1522), primer diccionario del castellano. Su autor fue estudiante de Salamanca y Bolonia y profesor de gramática y retórica de Salamanca y Alcalá de Henares. Por tanto, era un buen conocedor del sistema universitario español y europeo y de la terminología que se utilizaba en el ámbito de los estudios de grado superior en España en su tiempo.

La segunda edición y definitiva del diccionario antes citado, revisada por el propio autor, se publicó en Sevilla en 1516 con el título de Vocabulario de romance en latín. Tiene dos entradas para la palabra universidad, con significados diferentes. La primera se corresponde con el significado original de la palabra latina. Dice: Universidad de las cosas = universitas. El segundo recoge el significado docente: Universidad estudio = gymnasium, academia. Se podrá observar que en la segunda entrada equipara universidad y estudio,  y los identifica con los términos latinos gymnasium y academia, que indicaban respectivamente el lugar y el centro de enseñanza de grado superior. Creo que es un ejemplo claro de la sinonimia que se había producido ya entre universidad y estudio, ambos términos con el significado de institución docente. Aquí la palabra universidad no se utiliza ya como asociación de escolares, ha perdido su significado originario.

 SIGLO XVI

El siglo XVI será el siglo en el que la palabra universidad abandone ya su significado de asociación de escolares para utilizarse con el significado de institución académica, con el significado que la conocemos hoy. No obstante, encontraremos documentos oficiales en que todavía se utilizan indistintamente universidad y estudio o las dos a la vez.

De 1538 son uno de los varios estatutos que la Universidad de Salamanca tuvo en el siglo XVI. En la portada de su edición se lee Estatutos hechos por la Universidad de Salamanca. En el desarrollo de los diversos títulos podemos encontrar la palabra universidad sola o asociada con estudio, pero como términos sinónimos: «Por cuanto en esta universidad y estudio…por toda la universidad en claustro…Que estos estatutos no se puedan alterar sino fuer por la universidad

Existen abundantes ejemplos que confirman que la palabra universidad es la más utilizada, aunque no única. Solo citaré uno.

En una cédula del emperador Carlos V, de 31 de enero de 1539, en que se consulta al maestro fray Francisco de Vitoria sobre asuntos de Indias podemos leer: «Maestro Fray Francisco de Vitoria, catedrático de Prima de la Universidad de Salamanca…con los otros teólogos de esa universidad que a vos os pareciera.»

Como ya hemos dicho, el siglo XVI español fue prolífico en la fundación de universidades. Entre ellas nos encontramos con las del Nuevo Mundo, en cuya fundación se toma como referencia a alguna de las tres grandes peninsulares con las que se equiparan en privilegios.

En 1551 se funda la Universidad de Lima. En el documento fundacional de Carlos V encontramos referencias continuadas a estudio general: «Por cuanto fray Tomas de San Martín, de la Orden de Santo Domingo, provincial de la dicha orden en las provincias del Perú, nos ha hecho relación que en la ciudad de los Reyes de las dichas provincias está hecho y fundado un monasterio de su orden en el cual hay buen aparejo para se hacer un estudio general, el cual sería muy provechoso en aquella tierra […] que en el dicho monasterio hubiese el dicho estudio general con los privilegios, franquezas, libertades que ha y tiene el estudio y universidad de la ciudad de Salamanca […] haya el dicho estudio general el cual tenga y goce de todos los privilegios, franquezas y exenciones que tiene y goza el estudio de la ciudad de Salamanca.»

En una real provisión de Felipe II de 2 de octubre de 1562 por la que se concede a quienes se gradúen en la Universidad de Méjico los mismos privilegios que a los de Salamanca, se puede leer: «Por cuanto por nos está ordenado y mandado que en la ciudad de Tenustitán México de la Nueva España haya un estudio y universidad, la cual tenga y goce de todos los privilegios, franquezas y libertades y exenciones que tiene y goza el estudio e universidad de la ciudad de Salamanca.»

Finalizaré las referencias al siglo XVI con un diccionario extranjero, el Diccionario de Richard Percival (1591) en español, inglés y latín. La entrada universidad tiene las siguientes correspondencias: an universitie, universitas, academia. Ejemplo del triunfo de la palabra universidad sobre estudio general, aunque no era todavía total como veremos más adelante. La lucha por la prevalencia no había finalizado.

 SIGLO XVII

El diccionario más famoso del siglo XVII es el de Sebastián de Cocarrubias: Tesoro de la lengua castellana o española (1611). No recoge como entrada estudio general. En la de universidad, sigue apareciendo en primer lugar la acepción que está ligada al significado etimológico de la palabra latina, apareciendo en segundo lugar el significado actual: «Vale comunidad y ayuntamiento de gentes y cosas, // y porque en las escuelas generales concurren estudiantes de todas partes, se llamaron universidades, como la universidad de Salamanca, Alcalá, etc. // También se llaman universidades ciertos pueblos que entre sí tienen unión y amistad».

 SIGLO XVIII

Para el siglo XVIII utilizaremos el diccionario conocido como Autoridades (1739) de la RAE. Cinco son las acepciones que recoge para la palabra universidad. La primera sigue siendo la ligada a su significado etimológico. La relacionada con la institución docente es la tercera: «UNIVERSIDAD. Se llama asimismo el cuerpo o compuesto de los maestros y discípulos que enseñan y estudian en algún lugar determinado variedad de ciencias, y forman en él comunidad con subordinación a un superior, que llaman rector o maestrescuela. Tómase también por el mismo lugar en que está establecido.»

Este diccionario todavía recoge el término estudio general como equivalente a universidad: «ESTUDIO GENERAL: Universidad donde se leen y enseñan las ciencias y facultades mayores, como teología, filosofía, derechos civil y canónigo, escritura sagrada, medicina y otras, cuales son Salamanca, Alcalá, Valladolid, París, etc.»

HASTA NUESTROS DÍAS

Estudio general seguirá apareciendo como sinónimo de universidad en los diccionarios de la RAE. En la actual edición electrónica, la acepción número nueve de ESTUDIO es la siguiente: «Institución que da origen a la universidad».

La palabra universidad no tendrá como primera acepción de institución docente hasta la edición del Diccionario de la RAE de 1884.

Esta es, en forma sintética, la lucha de dos palabras, estudio general y universidad, que desde el siglo XIII han luchado en español por convertirse en la elegida para designar a la institución académica que todos conocemos hoy como UNIVERSIDAD.


[1] Modernizo la ortografía de los textos utilizados.

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DURACIÓN DE LOS ESTUDIOS DE GRADO SUPERIOR  EN EL SIGLO XVI (Las carreras universitarias de hoy): (2) Grados universitarios en la Universidad de Salamanca en 1538

Desde el siglo XII hasta el siglo XV se habían creado en suelo hispano 14 estudios generales, más tarde llamados universidades. Otras 14 se crearían en el siglo XVI, sin contar las del Nuevo Mundo.

En ese conjunto, ya en el siglo XVI se distinguían por su importancia universidades menores y mayores. El grupo de estas últimas lo constituían las de Salamanca, Valladolid y Alcalá de Henares. Entre estas, destacaba la de Salamanca. Era la universidad más prestigiosa, afamada e influyente por la variedad de sus enseñanzas, el prestigio de sus catedráticos y el alumnado más internacional. Por eso, tomaré como ejemplo del sistema de grados universitarios los que figuran en uno de los primeros estatutos de la Universidad de Salamanca del siglo XVI, el de 1538.

El punto de partida para el análisis de los grados universitarios hay que situarlo en el hecho de que la duración de estos en su consecución no era la misma en todas las universidades, y por ello en 1496 los Reyes Católicos intentaron poner orden en el sistema universitario español desde fuera.

Se había observado a finales del siglo XV que la duración de los diferentes grados en los estudios generales españoles (las universidades) era más nominal que real. La causa era que había muchos estudiantes que con excusas diversas conseguían licencias especiales para reducir los periodos de escolaridad, especialmente en las facultades de cánones y derecho civil. Lo que se establecía como excepción pasó a convertirse en práctica corriente y habitual, acortándose significativamente los años naturales invertidos para conseguir los grados.

Esa práctica fraudulenta daría lugar a la premática de los Reyes Católicos dada en Barcelona el 6 de julio de 1496, en la que se establecían dos requisitos para los licenciados en cánones y derecho civil que optaran a un puesto tanto en la administración civil como eclesiástica:

  • haber cursado los estudios durante al menos diez años (bachiller + licenciado) y
  • tener como mínimo 26 años.

A comienzos del siglo XVI la Universidad de Salamanca contaba con las facultades de cánones, derecho civil, artes, teología y medicina. Se regía por las constituciones que el 20 de febrero de 1422 le había dado el papa Martín V. Supusieron estas «la fijación de su organización constitucional hasta la reforma de las universidades realizada por Carlos III en 1771 […] guiaron el funcionamiento básico de la institución durante trescientos cincuenta años, adaptándose a los tiempos mediante distintos y sucesivos cuerpos de estatutos, que las fueron completando y matizando», como ha señalado Ana María Carabias Torres.

Uno de estos estatutos fue el de 1538. Por ello nos guiaremos en nuestro intento de precisar la duración de los bachilleres, licenciados y doctores por lo que se ordena en estas constituciones y en el citado estatuto.

Se aprobaron estos el 14 de octubre de 1538, siendo rector Diego de Córdoba. Se inician con la exposición motivada del porqué de nuevos estatutos:

Por cuanto en la universidad y estudio hay mucha diversidad de estatutos y confusión en el entendimiento de ellos, y porque hay unos contrarios a otros, para la buena gobernación de la dicha universidad hay necesidad de ordenar y hacer algunos estatutos.

Los grados que confería la universidad eran los de bachiller, licenciado y maestro o doctor. Estos dos últimos nombres representan el grado máximo académico de la universidad. Son dos nombres para un mismo título. Doctor se utiliza en las facultades de medicina, cánones y derecho civil. Maestro era el utilizado en las de artes y teología. Con el paso del tiempo se unificarían en uno: doctor.

El título XI regula la lengua vehicular de la universidad, que no era otra que el latín:

Estatuimos y ordenamos que los lectores [profesores] sean obligados a leer [dar clase] en latín y no hablen en las cátedras en romance, excepto refiriendo alguna ley del reino o poniendo ejemplos.

Por ello, el primer requisito que tenían que cumplir los alumnos que accedieran a la universidad para cursar el grado de bachiller era el de aprobar el examen de gramática (latín), como establece el título XXIV. Dicho examen se encomienda en estos estatutos al comendador Hernán Núñez de Toledo (1475-1553), catedrático de retórica en dicha universidad.

Ahora señalaremos de forma sintética lo establecido para los diferentes grados en cuanto a su duración.

GRADO DE BACHILLER

Común a todos los bachilleres era realizar el examen llamado de titulación (repetición) una vez cursados los años establecidos para cada especialidad También era común para todos el no poder realizar más de un curso por año académico. Este comenzaba el 18 de octubre, san Lucas, y finalizaba el 8 de septiembre, natividad de la Virgen María.

– ARTES: 3 años

– CÁNONES Y LEYES: 6 años

– TEOLOGÍA: se exigía tener el bachiller en artes; el de teología duraba 4 años.

– MEDICINA: se exigía tener el bachiller en artes; el de medicina duraba 4 años.

GRADO DE LICENCIADO

 Se exigía acreditar el título de bachiller en la especialidad en que se quería licenciar. Al finalizar los años de estudios, se sometían al examen de licenciatura. También se requería haber impartido un número de lecciones y en algunos casos, como medicina, haber realizado un tiempo de prácticas.

– ARTES: 3 años.

– CÁNONES Y LEYES: 5 años.

-TEOLOGÍA: entre 3 y 4 años.

– MEDICINA: 4 años.

GRADO DE DOCTOR O MAESTRO

Era el grado máximo universitario. Era una ceremonia de gran boato (que duraba varios días) y muy cara para el doctorando por los estipendios que debía pagar, y que se debía realizar en día no lectivo para no perturbar el normal funcionamiento de la vida docente. Contaba con un protocolo de realización pormenorizado en el que se detallaban todos los actos desde el comienzo de la fiesta hasta su finalización (Uno de los actos era una corrida de toros).

Para ser doctor o maestro no se necesitaba cursar nuevos estudios. Conseguido el título de licenciado se podía acceder a este.

En medio de los diferentes actos que llevaba la ceremonia de graduación de doctor o maestro, quiero referirme a dos de ellos, requisitos fundamentales de carácter eliminatorio y que tenían carácter público:

– El primero se conoce como declaración de vita et moribus. El doctorando lo realizaba delante del maestreescuela y los miembros del tribunal examinador (formado por el padrino y un mínimo de tres doctores o maestros). Consistía en una declaración jurada del aspirante sobre su limpieza de sangre (no tener en varias generaciones anteriores sangre judía o mora), ser hijo legítimo, carecer de antecedentes penales y certificado de buena conducta. Superado este requisito, se le comunicaba el día del examen.

– El segundo de los requisitos, en muchos casos mero trámite, era superar un examen ante un tribunal de doctores o maestros de su especialidad en el que el doctorando disertaba durante un máximo de dos horas y un mínimo de una sobre un tema que habría elegido de entre los tres que le habían correspondido por sorteo. Finaliza dicha exposición, un mínimo de tres personas presentarán argumentos al graduando, a favor o en contra, a los que deberá contestar (contrarréplica). Finalizada esta parte, el aspirante se ausentaba para que el tribunal votara. El resultado de la votación se le comunicaba otro día.

Así pues, pagadas las tasas correspondientes (entre ellas las establecidas para el tribunal examinador), demostrados sus orígenes sin mácula y su vida sin tacha, superado el examen de conocimientos, aprobado por el tribunal, el nuevo doctor o maestro asistía a la fiesta de graduación que tenía lugar en la que se le entregaba los símbolos de doctor o maestro: anillo de oro (desposorio con la sabiduría), birrete con la borla del color de su especialidad (símbolo del magisterio) y un libro (la ciencia que debe cultivar y difundir).

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DURACIÓN DE LOS ESTUDIOS DE GRADO SUPERIOR  EN EL SIGLO XVI (las carreras universitarias de hoy): (1) El caso de Abraham Zacut

Recibo un correo de mi inquiridor en el que se manifiesta un tanto sorprendido por la información que se transmite en un correo publicado en el diario on line Sahagún Digital el sábado 17 de febrero de 2108 a propósito de la reproducción de mi post titulado «La Universidad de Sahagún (1534-1616)». No comprende cómo se puede afirmar que en la segunda mitad del siglo XVI en España se podía llegar a conseguir el máximo grado académico en medicina, el de doctor, con tal solo 18 años, teniendo en cuenta que antes había que haber obtenido los grados de bachiller y licenciado.[1]

El correo objeto de la sorpresa dice así:

“El judío Zacut, nacido en Lisboa en 1575, obtuvo el título de doctor en medicina con 18 años en la Universidad de Sahagún”. Va firmado por Juan Giraldo.

Y no le falta razón a mi inquiridor. Pero antes de hablar de grados universitarios, conviene realizar alguna aclaración sobre otros aspectos universitarios.

Abraham Zacut (Lisboa 1575-Ámsterdam 1642), afamado médico judío por el descubrimiento de las migrañas oftálmicas,[2] cursó sus estudios de medicina en Salamanca[3], Coimbra y Sigüenza. Según Harry Friedenwald en su obra  Los judíos y la medicina (1944), en Sigüenza consiguió el título de doctor en medicina en 1596, es decir, a los 21 años y no a los 18.[4] Aún así, es una consecución muy temprana, como demostraremos más adelante, y que se debía a las irregularidades que se cometían en la concesión de los títulos en la Universidad de Sigüenza desde su fundación en 1489. Escribe a propósito el profesor Francisco Javier Davara en su «Síntesis histórica de la Universidad de Sigüenza»:

La lamentable situación económica y el ruinoso estado de los edificios hacían difícil la supervivencia de la institución. Era un centro donde no se seguían los cursos completos, habiendo alumnos que pagaban los derechos de examen para conseguir un título sin haber seguido las enseñanzas.

FACHADA DE LA ANTIGUA UNIVERSIDAD DE SIGÜENZA

Para conseguir el título de doctor en medicina en dicha universidad, cuya facultad de medicina se había creado en 1551 mediante bula del papa Julio III, se necesitaba antes haber cursado el bachillerato de artes, seguido del bachillerato de medicina y su licenciatura

correspondiente. En total un mínimo de 10 años: dos años de artes, cuatro para el bachillerato de medicina y otros cuatro para la licenciatura, además de demostrar que había realizado dos años de prácticas con un médico en ejercicio. Esto supondría que el doctorando tendría un mínimo de 24 o 25 años, ya que a la universidad se accedía después de haber cursado los estudios de gramática, que solían terminar alrededor de los 14 o 15 años.

Añádase que la Universidad de Sahagún no tuvo facultad de medicina, como evidencia la bula papal de su creación de 1534: se creaban las facultades de artes, cánones y teología, además de una cátedra de música.


[1] Desde que comenzara su andadura académica allá por c. 1180 el Estudio General de Palencia, lo que más tarde pasaría a llamarse universidad, tres eran los grados académicos que conferían los estudios generales: bachiller, licenciado y doctor o maestro. Los dos últimos son nombres diferentes para una misma titulación. En artes y teología recibía el nombre de maestro, mientras que en cánones, leyes  y medicina el nombre era el de doctor. Con el  tiempo se unificarían los dos en el de doctor.

[2] Sus principales obras son De medicorum principum historia y Praxis medica admiranda

[3] Actualmente la biblioteca del área de ciencias y técnicas de la Universidad de Salamanca lleva el nombre del astrónomo y astrólogo Abraham Zacut (Salamanca 1452-Damasco h. 1515), abuelo de nuestro médico.

[4] La afirmación de que consiguió el máximo grado académico, el de doctor, a los 18 años proviene de la información que aporta la obra de José Rodríguez de Castro titulada Biblioteca española. Tomo primero, que contiene la noticia de los escritores rabinos españoles desde la época conocida de su literatura hasta el presente (Madrid, 1781): «en el [estudio] de la Filosofía y Medicina se aventajó tanto, que acabada su carrera de estudios en la Universidad de Salamanca y Coimbra, de edad de 18 años, recibió el grado de doctor en la de Sahagún».

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LA CIUDAD DE LEÓN QUISO TENER UNIVERSIDAD (1573) o el primer intento de crear una universidad en la capital para todos los leoneses

Para no crear confusiones, es preciso aclarar que desde su aparición un centro docente que quisiera llamarse UNIVERSIDAD O ESTUDIO GENENERAL (ayuntamiento de maestros y escolares, con su marco legal, es como la define Alfonso X c. 1256) en el siglo XVI debía reunir una serie de requisitos entre los que citaré:

  • Ser de fundación papal, imperial o real.
  • Tener capacidad de conferir grados de bachiller, maestro y doctor.
  • Universalidad de sus estudiantes.
  • Que estuviera integrada por las facultades de derecho, teología, artes o medicina.
  • Licentia ubique docendi, o lo que es lo mismo, que sus títulos tuvieron validez universal.

La ciudad de León, aunque fue sede y cabeza del reino de su mismo nombre, no fue elegida por sus gobernantes regios para fundar en ella una universidad hasta 1979, más de 790 años después de que comenzara a funcionar en el reino vecino la de Palencia.

Castilla tuvo su primera universidad en Palencia (c. 1185) gracias a su rey Alfonso VIII, convirtiéndose en la primera de los reinos cristianos medievales de Hispania. El Reino de León y su rey Alfonso IX eligieron la ciudad de Salamanca para crear su primera universidad en 1218.

ALFONSO IX

Unificadas las dos coronas en 1230 bajo Fernando III, nuevas universidades irán apareciendo: Valladolid (1241), Murcia (1272), Alcalá (1293), Toledo (1485), Sigüenza (1489), Santiago (1495), Sevilla (1505), Sahagún (1534), etc. No citaré las del Reino de Aragón, que se inicia en esta carrera docente con la Lérida en 1300. Pero León no aparece.

En la segunda mitad del siglo XVI, en León capital, según el magnífico estudio de Isabel Viforcos («La labor educativa del colegio jesuítico de san Miguel de León. Huellas de su trascendencia en el nuevo mundo»), funcionaban tres centros docentes de importancia en los que se impartían enseñanzas de grado superior, aunque no eran universidades (eran previas las primeras letras, seguidas del estudio de la gramática latina), por carecer de autorización para otorgar títulos universitarios. A sus estudiantes únicamente el centro docente les podía certificar los estudios realizados y durante cuántos años.

El más importante era el del monasterio de Santo Domingo, que desde 1518 contaba con enseñanzas de artes y teología, pero reservadas a los estudiantes de su orden.

Otro de los centros era el del convento de san Francisco, que también impartía enseñanzas de teología, pero también reservado para los estudiantes seráficos.

PORTADA DE LA ENTRADA AL COLEGIO DE SAN MIGUEL, ACTUALMENTE DE LA IGLESIA DE SANTA MARINA LA REAL

El tercero era el colegio jesuítico de san Miguel, que inició su andadura docente en el otoño de 1572. Estaba situado en lo que hoy es el barrio de santa Marina la Real, cuya iglesia es el único vestigio que queda de él. Su creador y protector fue el obispo Juan de San Millán, obispo en León entre 1564 y 1578. En 1577, según M. I. Viforcos, contaba ya con 400 alumnos, lo que da una idea de la aceptación que había tenido el colegio en tan pocos años.

El obispo leonés tuvo una finalidad clara al fundarlo: formar a los futuros sacerdotes diocesanos por falta de seminario, centro docente en el que debían formarse estos, tal como había ordenado el concilio de Trento (Decreto de 15 de julio de 1563, canon 18). León tuvo que esperar hasta 1606 para tener su seminario conciliar. Fue el obispo Francisco Andrés de Caso quien lo fundó y lo puso bajo la advocación de San Froilán.

SEMINARIO CONCILIAR SAN FROILÁN DE LEÓN

Desde la fundación del colegio de los jesuitas ya se impartían en él enseñanzas de grado superior como artes y teología y se admitían a estudiantes de otras órdenes y a laicos. Existía, pues, una base para iniciar la fundación de una universidad. Faltaba dotar al colegio de bula o cédula real que lo permitiera y de medios económicos y de maestros para ponerlo en práctica. Y a ello se ofrecían el Ayuntamiento de León, el obispo y el cabildo catedralicio. Había, pues, una iniciativa importante para poner en marcha una universidad en la capital leonesa, ya que estaban de acuerdo las tres instituciones más importantes de esta: el ayuntamiento, el obispo y el cabildo catedralicio.

El día 14 de febrero de 1573, sábado, se reunieron en el Consistorio leonés los regidores de la ciudad bajo la presidencia del corregidor real Juan Romano. Entre los asuntos tratados en esa sesión  figura uno que en epígrafe en el margen izquierdo dice así: sobre lo de la universidad. El contenido de esta parte del acta, transcrita y publicada por Ramón Álvarez de la Braña en 1883, se puede sintetizar en los siguientes términos:

  • En varias ocasiones el Consistorio había tratado de la necesidad de que en la ciudad se creara un colegio (léase universidad) en que se enseñaran latín, artes, teología y cánones para evitar que los estudiantes leoneses («de tierra pobre y estéril y de haciendas cortas») tuvieran que acudir a Salamanca y a otras universidades a cursar estos estudios. Por lo tanto, el asunto de la fundación de una universidad venía ya de antaño.
  • El nivel cultural de los estudiantes leoneses que se ordenaban como sacerdotes era muy bajo, por lo que el obispo (Juan de san Millán) había fundado el colegio de los jesuitas (1571) para subsanar tal deficiencia. En él se enseñaban latín y teología.

ANTIGUO CONSISTORIO DE LEÓN

  • Una vez que se ordene que comiencen las clases de artes (gramática latina, súmulas (lógica) y filosofía), el obispo se compromete a crear una nueva canonjía para que dé una clase diaria de teología.
  • Igualmente, una vez que se ordene que comiencen a impartirse las clases de artes, el deán y su cabildo se comprometen en adelante a que las canonjías (actuales o futuras) de doctoral (derecho canónico), magistral (predicación) y penitencial (sacramento de la penitencia) darán cada día una clase de su especialidad «para aumento de la dicha universidad».
  • Los administradores de los bienes del difunto Juan Getino Robles, regidor que había sido de la ciudad, destinarán dos mil ducados para tres clases diarias de artes «hasta que los estudiantes se puedan graduar de bachilleres y se pongan en estado de poder oír teología y otras facultades»[1].
  • Todos de acuerdo, comisionan a Juan de Villafañe y Bernardo Ramírez, regidores y procuradores en las Cortes que se han de celebrar en Madrid dicho año, para que realicen las gestiones pertinentes en nombre de la ciudad, el reino y la provincia ante el rey para que se cree una universidad en León.

Los regidores Juan de Villafañe y Bernardo Ramírez, como representantes de la ciudad de León, asistieron en Madrid a las Cortes que se habían convocado el 22 de diciembre de 1572 y se iniciaron el día 15 de abril de 1573. Dicho día presentaron sus credenciales en Cortes. Y en Madrid asistieron a las diferentes sesiones  que tuvieron lugar hasta el 22 de septiembre de 1575, fecha de la finalización de dichas Cortes.

Los resultados de las gestiones que realizaron ante el Rey sobre la creación de la universidad para León se desconocen, pero la realidad es que el rey Felipe II no le concedió a la ciudad de León su ansiada universidad.

FELIPE II

La universidad leonesa quería nacer en un siglo XVI al que Paz Alonso Romero ha denominado «la época de mayor brillantez en la historia de las universidades hispánicas» por la expansión de éstas. Recordemos al efecto la creación en la Corona de Castilla y de León de las de Sevilla (1505), Granada (1531), Sahagún (1534),  Baeza (1538), Oñate (1540), Osuna (1548), Burgo de Osma (1550), Orihuela (1552), Estella (1565), Almagro (1574), Ávila (1576) y El Escorial (1587). En la Corona de Aragón se crearon en este siglo las de Gandía (1548) y Tortosa (1551). Añádanse las creadas en el Nuevo Mundo.

Hubo otros intentos en los siglos posteriores que tampoco dieron resultados, hasta el año 1979.


[1] La universidad confería tres títulos: bachiller, maestro y doctor. Para estudiar teología era preceptivo haber obtenido antes el título de bachiller en artes.

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