DESDE “MARIVINOS” A “LA TRICARA”. 2. SUTIL INSULTO QUEVEDESCO: Matus-Gongorra

Como ya he dicho en el post anterior dedicado a Quevedo, es este escritor el genio de la invención de palabras del Siglo de Oro Español, neologismos, o de la combinación de palabras dentro de la frase, que aparentemente son inofensivas, pero que se convierten en sutiles insultos en la frase que toma un significado totalmente nuevo.

Solamente dos ejemplos de lo dicho anteriormente.

El primero pertenece a lo que Alarcos Llorach ha llamado «neologismos por condensación», que reflejan el gusto quevedesco por la amalgama de nombres.

MADRID. Ahí estuvo la casa de la discordia

Se trata de la palabra Matus-Gongorra. Es producto del enfrentamiento personal entre Quevedo y Góngora. Se podría decir que del odio. Tal es así que Quevedo compra la casa en la que mal vivía Góngora en Madrid por impago, en un momento de dificultades económicas del cordobés, para echarle de ella. Este episodio lo cuenta Quevedo en una silva  de la sátira que comienza así: «Alguacil del Parnaso, Gongorilla». En ella dice que tuvo que «desengongorarla» quemando libros de Garcilaso:

Y págalo Quevedo
porque compró la casa en que vivías,
molde de hacer arpias,
y me ha certificado el pobre cojo
que de tu habitación quedó de modo
la casa y barrio todo,
hediendo a Polifemos estantíos,
coturnos tenebrosos y sombríos,
y con tufo tan vil de Soledades,
que para perfumarla
y desengongorarla
de vapores tan crasos,
quemó como pastillas Garcilasos:
pues era con tu vaho el aposento
sombra del sol y tósigo del viento.

Recordemos que Garcilaso de la Vega era el paradigma de la poesía sencilla, clara, de fácil entendimiento (se le llegó a acusar de que su poesía estaba prosificada), mientras que Góngora era el príncipe de las tinieblas, de la oscuridad poética. El ingenio de la metáfora y del hipérbaton.

La palabra a la que antes hacía referencia se halla en esta misma sátira, en los siguientes versos:

y solamente tú, Matus-Gongorra
cuando garciclopeas Soledades
francigriegas latinas necedades.

Para entender el insulto hay que tener en cuenta lo siguiente.

1.º Matusalén es un personaje bíblico que aparece en el libro del Génesis (5, 21-27) de quien se dice que vivió 969 años, convirtiéndose en la persona que más años había vivido en el mundo según el relato bíblico. De aquí pasó a convertirse en el paradigma del hombre-viejo dando origen en español a frases como «eres más viejo que Matusalén», «eres un Matusalén», «tienes más años que Matusalén», etc., frases cargadas de sentido despectivo. No olvidemos que la palabra «viejo», por sí sola, se utiliza hoy en muchas ocasiones como insulto.

2.º Luis de Góngora y Argote (1561-1627) era el adalid del movimiento barroco denominado culterano y enemigo acérrimo de Francisco de Quevedo (1580-1645), el primero de los conceptistas también barrocos.

3.º Gorra es palabra que aparece en frases como «vivir de gorra», que significa vivir a costa de los demás, o lo que es lo mismo, lo que hoy entendemos por «gorrón».

Y ya tenemos un trío de palabras cuyos significados Quevedo condensará en una, Matus-Gongorra, en la que junta dos insultos con el apellido del poeta cordobés: el de viejo y el de gorrón.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

ORILLA DE MAR

Verdes jardines palideciendo
en la oscuridad de la noche,
explicad cómo es el amor
que tantas veces habéis oído susurrar
a los arrullados palomos,
y convertir vuestra silueta
en prenda de vuestra boda.

Pescadora manchada por el óxido de los metales,
que han dejado rasgar sus vestidos
por el oleaje del monstruo marino,
mira alegre la llegada de tus pesqueros
y protege bajo tus sucias vestiduras
la prole de la pesca.

Erígete en patrona de la orilla
y camina hasta llegar a la villa,
demuestra que eres mujer varonil,
que ganas el fruto de tus hijos
con el sudor de tus cuerdas vocales
y el descabello de tus manos.

(LUIS DE VALDETÉ)

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DESDE “MARIVINOS” A “LA TRICARA” . 1. MARIVINOS

Uno, que ya va teniendo años, guarda recuerdos, anécdotas, que, a veces, sirven para ilustrar su preocupación por la lengua que mamó en un pueblo de la montaña de Riaño, el español, y por lo que quedaba de la antigua habla leonesa.

En un largo fin de semana de la década de los noventa del siglo pasado nos desplazamos desde León a Osera (Orense) a bucear en los archivos del monasterio cisterciense allí ubicado. Dentro de aquellos imponentes muros de piedra pasamos algunos días, con noches que ni la potente calefacción era capaz de calentar aquellas gélidas celdas. Acostarse tarde y levantarse pronto era la práctica para combatir el frío invernal.

 

MONASTERIO CISTERCIENSE DE OSERA (ORENSE)

Terminada la investigación, una mañana de domingo iniciamos el regreso a León. Por el camino debíamos realizar una parada en El Barco del Valdeorras para rendir tributo a la amistad de un compañero de fatigas archivísticas.

Era la hora de comer y la visita tendría lugar más tarde. Tanto mi acompañante como yo descocíamos la población. Nos dirigimos al centro. Allí nos recomendaron un restaurante en el que podíamos saciar nuestras ganas de comer y que tenía buenos precios. Hicimos bueno el consejo y a él nos encaminamos. Yo ya sabía que la zona tenía fama de buenos vinos desde los tiempos de los romanos, por lo que, una vez acomodados en una mesa, elegimos el menú. El vino pedimos que fuera de la comarca, lo que el camarero nos aseguró, diciendo que, además, era casero. El dueño del restaurante alternaba los fogones con la industria de Baco.

Estábamos aprovechando la espera del servicio de comedor para realizar un recuento de nuestros hallazgos sobre el monje leonés Cipriano de la Huerga (c. 1509-1560), humanista y maestro de sagrada escritura. No nos percatamos de cómo había llegado a la mesa una botella de vino, casero y de la comarca, sin etiquetar, por supuesto. Cuando llegó el primer plato, que, por cierto, eran lentejas estofadas, me dispuse a servir el vino. Primero a mi acompañante, como manda la «educancia». Al coger la botella en la mano observé algo raro en la parte entre los hombros y el cuello, pero no le di mayor importancia. Me serví y nos disponíamos a brindar por los éxitos conseguidos cuando observo que en el vaso de mi compañero y también en el mío, aunque en menor cantidad, había MARIVINOS. La sorpresa fue mayúscula, seguida de un ataque de risa. Acudió el camarero y le mostramos el vino y sus acompañantes. Mil perdones pidió y explicaciones dio que no vienen al caso.

EL BARCO DE VALDEORRAS

Es muy posible, sufrido lector, que ya sepas de qué estoy hablando: de mosquitos en el vino o lo que es lo mismo marivinos, con permiso del genial Francisco de Quevedo (1580-1645), a quien se debe el neologismo.

La palabra no obedece en su creación a un capricho ni carece de explicación lógica. Es el resultado del conceptismo quevedesco aplicado a la lengua: en una sola palabra condensa el significado de una o varias frases. Esto solo lo puede hacer el genio, uno de nuestros mejores artífices y conocedores de la lengua española: Quevedo.

El cómo se ha creado dicha palabra es el siguiente.

Partimos de la palabra  MARIPOSA. Sabemos que esta está compuesta de dos lexemas: MARI (apócope de María) + POSA (del verbo posar). También sabemos que si hay mariposas en una habitación cerrada y a oscuras, cuando se enciende la luz acuden a ella y allí se queman, mueren y caen al suelo.

ATRAPAMOSQUITOS

Ahora prescindimos del segundo elemento de la palabra en cuestión y lo sustituimos por VINO (en plural) y ya tenemos MARIVINOS. El resultado es lo que hoy conocemos como una palabra compuesta, en la que el primer lexema mantiene su significado originario y se carga de uno nuevo. Es un neologismo por comparación condensada, en terminología de Emilio Alarcos García[1], que no tuvo continuación en su uso y por eso los diccionarios no lo registran. (Partiendo también de mariposa crea Quevedo diabliposa: «diablo de aspecto agradable»).

Utiliza Quevedo dicha palabra para referirse a los mosquitos que caen a los toneles del vino, allí se ahogan y, si el tabernero no tiene cuidado, se los sirve al cliente.[2] Lo mismo que le sucede a las mariposas con su cercanía a la candela. Quevedo, con una sola palabra, nos transmite las ideas para las que nosotros necesitamos un conjunto de palabras para poder expresarlas.

El porqué de tal creación es aún más fácil: el afán paródico, satírico, burlesco de don Francisco de Quevedo, no muy amigo de los taberneros «aguanosos» a los que apoda «falsificadores de las viñas» y «fregonas de las uvas».

FRANCISCO DE QUEVEDO

Ya es hora de que podamos acudir al maestro y regocijarnos con sus palabras:

Bebe vino precioso con mosquitos dentro

Tudescos moscos de los sorbos finos,
caspa de las azumbres más famosas,  
que, porque el fuego tiene mariposas,          
queréis que el mosto tenga marivinos;       

aves luquetes, átomos mezquinos,  
motas borrachas, pájaras vinosas,               
pelusas de los vinos envidiosas,           
abejas de la miel de los tocinos;          

liendres de la vendimia, yo os admito           
en mi gaznate, pues tenéis por soga    
al nieto de la vid, licor bendito.            

Tomá en el trago hacia mi nuez la boga,              
que, bebiéndoos a todos, me desquito          
del vino que bebistes y os ahoga.

(FRANCISCO DE QUEVEDO)

NOTA

OTRAS PALABRAS QUEVEDESCAS CREADAS SIGUIENDO EL PROCEDIMIENTO DE LA CONDENSACIÓN:

DIABLIPOSA, QUINTAINFAMIA, MATUSGONGORRA, ALCAMADRES, LIBROPESÍA, DEMONICHUCHO, CORNICANTANO…



[1] «Quevedo y la parodia idiomática», Archivum, 5 (1955), pp. 3-38.
[2] La presencia de los mosquitos en el vino no fue un hecho casual; por eso, antiguamente existían los atrapamosquitos del vino.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

20

Expresión sincera de vagos sentimientos,
que en la triste realidad no se ven cumplidos,
que el continúo ajetreo de los sinsabores
convertirá en el paso del tiempo
en inexistentes.

Pero no te aflijas, corazón,
que la dura piedra te prestará
su dureza envidiable y así, solo,
podrás dar luz a luz una obra de amor.

Obra de amor paradójico,
mas el bien que reporta
eso es amor, solo eso,
y no la tan verborreada palabra.

Y ¿qué derecho tengo a reprimir los sentimientos,
si es que existen,
de un pueblo. Ninguno.
El derecho solo es propio de Dios
y el hombre es sujeto de los derechos de Dios.

Hombre, que te envileces
diciendo que eres libre,
que harás grandes proyectos
y te convertirás en un donjuán imperioso,
vuelve a tu insignificancia,
porque la marioneta de la vida
está a punto de ser cortada
por quien solo tiene derecho sobre ella,
el destino inmisericorde,
y no tú, soberbio, audaz, infeliz.

Sin más corroboración
termino estas palabras,
que de mala manera se pueden llamar así,
pero que son mi amada y mi esposa.


Ellas cuidarán de mí
y me introducirán en nuevos mundos
donde la justicia sea paz,
el odio, amistad (el latrocinio, amor).

(LUIS DE VALDETÉ)

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LA CARIDAD EN LA IGLESIA DE SIERO (LEÓN)

Varias son las ceremonias religiosas que mi infancia y juventud presenciaron en la iglesia de Siero en las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado y que el tiempo (los nuevos tiempos mudan las costumbres) se ha encargado de ir suprimiendo. Una de ellas era la conocida como LA CARIDAD.

Giraba esta ceremonia en torno del PAN, ese alimento que ha estado presente en la Iglesia desde su comienzo. Recordemos el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (Mt, 14, 13-21) o la institución de la eucaristía la noche de Jueves Santo (Lc., 22, 7-20), que Jesús mandó continuar a sus apóstoles.

LA ÚLTIMA CENA, de Leonardo da Vinci

Así pues, el pan está en el origen del cristianismo, que lo ha hecho presente a lo largo de su historia. En sus comienzos, en la iglesia primitiva, los fieles presentaban panes en el ofertorio. Una parte de ellos era consagrada. Otra se bendecía y se distribuía entre los propios fieles, incluso los ausentes, y otra se daba a los pobres. Aparece aquí ya el fin caritativo del pan presente en la misa, que iba a perdurar durante siglos, con especial relevancia en épocas de hambrunas.

Existieron, y algunas aún continúan, otras ceremonias religiosas en las que el pan también estuvo presente, como en las misas de difunto, en la presentación de la madre y su hijo a la comunidad, en determinadas fiestas religiosas, en las romerías (especialmente roscas), en la consagración de los obispos, en la canonización de los santos, etc.

Heredera de esas tradiciones primitivas cristianas que perduraron durante siglos, pero ya sin el fin caritativo inicial de alimentar a los pobres, era LA CARIDAD de Siero que  yo viví, y de todas aquellas iglesias en las que tenía lugar.

IGLESIA DE SIERO

Al igual que las mayordomías de la Virgen eran desempeñadas de forma rotativa por las mozas, y al igual que la mayordomía de la iglesia era desempeñada anualmente por los matrimonios, también de forma rotativa y siguiendo la fecha de su boda, el agente externo de la caridad era la familia, la unidad familiar. Se llevaba el pan de la caridad a la iglesia de forma rotativa siguiendo el orden de las viviendas.

Tenía lugar esta liturgia del pan los domingos y días festivos en la misa mayor.

OBLADA

La familia a la que le correspondía llevar ese domingo la caridad a la iglesia debía preparar dos cosas: una oblada[1] y un canastillo llano de mimbre con borde de poca altura, llamado azafate, con pequeños trozos de pan cortados uniformemente en forma de prisma rectangular. El pan debía ser pan blanco, o lo que es lo mismo, de trigo. La oblada era un pan mediano con una cruz en la cara superior, cuyo destinatario era el sacerdote de la parroquia. Los trozos de pan iban dirigidos a los feligreses; por tanto, había que calcular tantos como parroquianos acudieran a la misa, que era de obligado cumplimiento, para que cada uno pudiera comer dicho pan a la finalización de la misa. Eran tiempos en que el pan se amasaba en los hornos que prácticamente tenían todas las casas. La familia a la que le tocaba llevar la caridad, si esa semana no le correspondía amasar (normalmente los amasados se hacían de quince panes), encargaba a otra familia, que amasara cercano al domingo, que le hiciera la oblada y un pan grande para los trozos. En los últimos tiempos de su existencia, era ya el panadero de La Villa, el tío Átalo, el que proveía del pan pertinente para llevar la caridad a la iglesia.

OBLADA Y AZAFATE 

Normalmente era el «ama de la casa» la que llevaba la caridad a la iglesia. La tenía consigo hasta la hora del ofertorio. En ese momento dejaba su lugar en los bancos o reclinatorios de la iglesia y la depositaba en el altar. El sacerdote, antes de proceder a la oferta de la ostia y el vino, bendecía la caridad. Por tanto, se convertía en un pan bendito.

A la finalización de la misa, la encargada de llevar la caridad entregaba la oblada al sacerdote y con la cesta de los trozos de pan se dirigía la primera al exterior de la puerta de la iglesia. Allí iban recogiendo su trozo de pan los feligreses según iban abandonando el recinto religioso. Especial interés despertaba este pan en la chavalería, que intentaba coger más de un trozo.

La participación de este pan bendito tenía una obligación religiosa: una vez comido el pan bendito se debía rezar un padrenuestro por las ánimas del purgatorio.

Sobre el significado de esa liturgia del pan que se mantuvo en tiempos en que ya había perdido el fin caritativo inicial de saciar el hambre de  los pobres hay varias teorías. Los más se inclinan por pensar que continuó como símbolo de unión de la feligresía, de la hermandad, afecto y amistad que debía reinar entre todos aquellos que asistían a la misa.

ADENDA

Existe un refrán que tiene como centro de interés las OBLADAS, entendidas estas como ofrendas que se hacen en las iglesias. Dice así: «Quien lleva las obladas, que taña las campanas». Ya lo recogía Gonzalo Correas en su Vocabulario de refranes y frases populares de 1627.

Es un refrán de significado un tanto oscuro. Por eso, los estudiosos de los refranes lo han explicado desde antiguo, explicitando que quiere decir que «el que lleva la utilidad debe llevar el trabajo».

Parece ser que tuvo su origen en la antigua costumbre de suministrar alimentos a las personas que tañían las campanas durante la víspera del día de los difuntos.


 

[1] OBLADA: palabra que procede del latín medieval OBLATA, que, a su vez, procede del participio OBLATUS del verbo AFERRE, que significa ‘ofrecer’. Por tanto, en términos generales OBLADA significaba ofrenda que se llevaba a la iglesia y, como regularmente era de pan, pasó a llamarse por antonomasia dicho pan OBLADA.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

                 19

Fuerza y vigor, y la extraña sensación
de estar en lo alto;
no lo olvides: el edificio más sólido y estable
se derrumba, si corroen sus cimientos.

Yo soy el perrillo fiel, zalamero,
pero eres tan alto,
que no ves mis actividades,
porque no te dignas mirar abajo,
porque siempre quieres mirar arriba.

Y yo te voy corroyendo, minando,
y un día caerás indefenso,
y yo me erguiré victorioso,
y estaré siempre atento
a lo que suceda en mis pies.

Quizá pueda anidar en ellos
una potencia que hoy por hoy no ladra,
pero que maña muerda.

(LUIS DE VALDETÉ)

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HISTORIA DE DOS HERMANAS QUE NACIERON CON NUEVE SIGLOS DE DIFERENCIA: IVIERNO // HIBERNACIÓN

Estamos en otoño. Es época en que los árboles pierden sus hojas, pero también es época de recolección de frutos. Los que nacimos entre montañas, y el monte fue nuestra primera escuela, sabemos que el OSO anda afanándose en proveerse de grasas necesarias para pasar el venidero INVIERNO en HIBERNACIÓN[1] allá por La Rasa, Valponguero, Hormas, Lechada o Peña Prieta. En estos idílicos y solitarios parajes irá buscando su cueva favorita, su osera, la irá preparando para INVERNAR ‘pasar el invierno en un lugar’ protegiéndose de los rigores del TEMPUS HIBERNUM ‘estación invernal’, que dirían los latinos. En otras palabras, se prepara para HIBERNAR ‘pasar el invierno en estado de hibernación’, aunque no siempre le sea necesario.

EJEMPLAR DE OSO PARDO EN LA CORDILLERA CANTABRICA

Y ya tenemos aquí un grupo de palabras que tienen la misma madre, pero que han nacido con siglos de diferencia. Todas tienen que ver con el vocablo latino HIBERNUN, de él proceden. Son su descendencia romance en español, son palabras que se asemejan, como los hermanos, pero que cada una tiene su propio significado y no son intercambiables.

Antes de proseguir, permítame el lector interesado en hacer dos aclaraciones para los no versados o los que ya no se acuerden.

Las palabras del español procedentes del latín, atendiendo a su evolución y el momento en que entran en la lengua, se clasifican en PATRIMONIALES y CULTAS. Las primeras son las que hallamos en la lengua desde sus primeros tiempos y han experimentado una serie de cambios fonéticos que las diferencian claramente del original; las segundas, se han incorporado a la lengua tardíamente y apenas si han experimentado cambios formales en su paso de la lengua madre al español. El ejemplo tópico es el siguiente: del latín CONCILUM proceden las españolas CONSEJO, por la vía tradicional, y CONCILIO, por la culta. O este otro: del vocablo latino CĂTHEDRA (con acento en la e) proceden CADERA y CÁTEDRA.

Y ahora voy a comenzar con la familia de INVIERNO, patrimonial, y que como ya he dicho más arriba procede de lo que los romanos llamaban TEMPUS HIBERNUM ‘estación invernal’ (sustantivo más adjetivo)

El primer fenómeno lingüístico que se produjo ya en latín vulgar fue la eliminación del sustantivo TEMPUS, quedando solo el adjetivo. Y de HĪBĚRNŬM encontramos ya en castellano hacia 1140 la palabra IVIERNO,[2] que es el resultado fonético lógico en su paso del latín al castellano: la H latina se pierde; conservación de la vocal larga Ī; las consonantes B y V intervocálicas confluyeron ya en latín vulgar en V, que en romance pasaron a escribirse V o U; la Ě diptongó en IE; la R y la N se conservan; la Ŭ se convierte en O y la M del acusativo desaparece.

Después llegarían IVERNAL, del latín HIBERNALE(M), e IVERNAR, de HIBERNARE.

En 1335 hallamos ya la palabra INVIERNO, con el añadido de una N, que no está en la etimología. Este fenómeno se llama epéntesis o añadidura de un sonido, en este caso nasal, sin razón aparente, a no ser que se deba al reflejo de la otra nasal que hay en la misma palabra, según don Ramón Menéndez Pidal en su Gramática histórica.[3]

Y después irán apareciendo el resto de las palabras de esta familia lingüística con N: INVERNIZO, INVERNADA, INVERNAR, INVERNADERO, INVERNAL, INVERNAZO, INVERNÁCULO. Notemos que en español no existe la palabra *INVERNACIÓN.

OSERA

La otra hermana de la que hablaba al comienzo es la palabra HIBERNACIÓN. Procede del sustantivo latino HIBERNATIONE(M). Ha entrado en español por la vía culta y muy tardíamente. El DRAE no la registra hasta 1970 con el significado específico que ya he dado.

También en 1970 recoge el DRAE el verbo HIBERNAR, que procede también del latín HIBERNARE por la vía culta.

Y ya tenemos la otra familia lingüística: HIBERNACIÓN, HIBERNAR, HIBERNAL, HIBERNIZO.

Jugando con las palabras podríamos construir la siguiente frase ilustrativa: «En las oseras de Peña Prieta y otros lugares de los valles altos del Esla, en 2017-2018 INVERNARON varios osos; su periodo de HIBERNACIÓN fue corto, porque la primavera se adelantó y los liberó de estar más tiempo HIBERNANDO. La estación INVERNAL no fue especialmente dura y propició que los tiempos HIBERNIZOS fueran cortos ».

HIBERNANDO

OSO HIBERNANDO


[1] «Estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0 y disminución general de las funciones metabólicas» (DRAE). En los osos el ritmo cardiaco desciende hasta unas 10 pulsaciones por minuto, el ritmo respiratorio baja a la mitad y la temperatura se reduce en 4 o 5 grados.

[2] Todavía el DRAE recoge las palabras, calificadas ya como antiguas y poco usadas, IVERNAR, IVERNAL amén de IVIERNO.

[3] Otros ejemplos: MACULA > MANCHA; MACELLA > MANCHA; POTIONE > PONZOÑA; MATTIANA > MANZANA; LOCUSTA > LANGOSTA, etc.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

18

Nuevos proyectos que abren horizontes,
ilusiones que se convertirán en tristes realidades;
habrá una realidad que será la meta de una ilusión
y una ilusión que será el final de una vida.

Acicate para el estudio de Románicas,
licenciatura en los dogmas deustensis,
aprobación del idioma madre,
que te llevará a las aulas del doctorado.

Extraños que se preguntan por el intruso,
que miran con el rabillo del ojo al español (leonés)
que pretende arrebatarles de sus lares
una gota de ciencia,
aunque nacionales, universales de todos.

Regreso a la casa patria (perdida)
y la solución a un problema que no existía,
porque la vida se fue
cuando comenzaba a ser vida.

(LUIS DE VALDETÉ)

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ESTILOESTADÍSTICA. (5). VERSOS ONOMATOPÉYICOS: Antonio Machado (1875-1939).


1. MODERNISMO MACHADIANO

El poeta Antonio Machado fue vivió acaballo del siglo XIX y XX. En su poesía primera se puede observan claramente el influjo del Modernismo y del Simbolismo. Dichos influjos se harán patentes en Soledades (1903), su primer libro de poemas. Es obra de lírica intimista y de brillantez formal.

RETRATO DE ANTONIO MACHADO REALIZADO POR LEANDRO OROZ EN 1925

A la obra citada pertenece un poema que lleva por título «Tarde», que con leves modificaciones y sin título encontramos en Soledades, galerías y otros poemas (1907).

Es un poema en el que Machado muestra su tristeza, sin que explicite el porqué. Probablemente las causas sean la falta de amor en su juventud y la angustia vital que le persigue.

El poeta dialoga con la fuente sonora de un solitario parque en una tarde de verano triste y soñolienta tratando de desentrañar la realidad del tiempo pasado. La melancolía impregna todo el poema que comienza así:

Fue una clara tarde, triste y soñolienta 
tarde de verano. La hiedra asomaba 
al muro del parque, negra y polvorienta…
La fuente sonaba. 
   

Rechinó en la vieja cancela mi llave; 
con agrio ruïdo abriose la puerta 
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave 
golpeó el silencio de la tarde muerta. 

En el solitario parque, la sonora 
copia borbollante del agua cantora 
me guió a la fuente. La fuente vertía 
sobre el blanco mármol su monotonía.

La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano, 
un sueño lejano mi canto presente? 
Fue una tarde lenta del lento verano.
Respondí a la fuente: 

—No recuerdo, hermana, 
mas sé que tu copla presente es lejana.

Fue esta misma tarde: mi cristal vertía 
como hoy sobre el mármol su monotonía. 
¿Recuerdas, hermano?… Los mirtos talares, 
que ves, sombreaban los claros cantares 
que escuchas. Del rubio color de la llama, 
el fruto maduro pendía en la rama, 
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?… 
Fue esta misma lenta tarde de verano.

—No sé qué me dice tu copla riente 
de ensueños lejanos, hermana la fuente.

Yo sé que tu claro cristal de alegría 
ya supo del árbol la fruta bermeja; 
yo sé que es lejana la amargura mía 
que sueña en la tarde de verano vieja.

Yo sé que tus bellos espejos cantores 
copiaron antiguos delirios de amores: 
mas cuéntame, fuente de lengua encantada, 
cuéntame mi alegre leyenda olvidada.

 —Yo no sé leyendas de antigua alegría, 
sino historias viejas de melancolía.

 Fue una clara tarde del lento verano… 
Tú venías solo con tu pena, hermano; 
tus labios besaron mi linfa serena, 
y en la clara tarde dijeron tu pena.

Dijeron tu pena tus labios que ardían; 
la sed que ahora tienen, entonces tenían.

—Adiós para siempre la fuente sonora, 
del parque dormido eterna cantora. 
Adiós para siempre; tu monotonía, 
fuente, es más amarga que la pena mía.

Rechinó en la vieja cancela mi llave; 
con agrio ruïdo abriose la puerta 
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave 
sonó en el silencio de la tarde muerta.

(ANTONIO MACHADO)

2. EJEMPLO DE ONOMATOPEYA

Rechinó en la vieja cancela mi llave; 
con agrio ruïdo abriose la puerta 
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave 
sonó en el silencio de la tarde muerta

Estos cuatro versos, que se repiten dos veces, forman un serventesio de versos dodecasílabos, en los que la musicalidad, la innovación métrica y la sonoridad, propias del Modernismo, se hallan presentes. Y al servicio de la sonoridad se hallan la aliteración y la onomatopeya, que analizaremos a continuación.

Respecto de las vocales, nada significativo se percibe. A nivel de poema la e es la más usada y tiene una desviación respecto de la norma del 2,90 %, que no considero significativa.

Por lo que se refiere a los sonidos consonánticos, igualmente en el poema, reseñemos que lo más destacado es que [r] (tanto simple como múltiple) se utiliza un 2,90 % por encima de la norma y [l] un 2,84 %.

Centrándonos en el serventesio, la vocal e sigue siendo la más utilizada, pero sin desviación significativa.

En cuanto a los sonidos consonánticos, hay que destacar la aliteración del sonido lateral [l], con una desviación significativa del 6,09 %, presente en silencio y cancela. Observemos que a silencio se opone ruido en relación antitética.

ONOMATOPEYA. La alteración de la silenciosa tarde la produce el ruido que realizan tanto el girar de la llave dentro de la cancela como el de las oxidadas bisagras. Ese ruido es el que imita onomatopéyicamente Antonio Machado a través del sonido consonántico [r,ř], ese sonido duro, áspero, en opinión del poeta y crítico literario Dámaso Alonso. Ese áspero sonido que rompe el silencio de la tarde y del solitario parque. Parece que penetra en nuestros oídos el chirrido de la puerta y de la llave mediante el uso del sonido vibrante, con una desviación significativa del 7,26 % respecto de la norma. Esta es la serie de palabras que lo confirman: rechinó, agrio, ruido, hierro // puerta, abrió, cerrarse, grave // tarde, muerta.

Un ejemplo más del uso de la fonética al servicio del estilo poético.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

17

DESESPERACIÓN

Perros malditos que pululáis por el mundo,
hijos de puta que acecháis como lobos,
destruiros mutuamente
para que el reino de la paz sea inexistente.

Dejad que los hombres de bien
laven sus culpas con sudor
y que la mujer embarazada
para un fruto…

Fruto de entrañas, levántate y grita,
pide explicaciones de por qué te han engendrado,
y vuelve al reino de la muerte-paz.

Di que no, que no quieres vivir así,
pregunta qué culpas tienes para venir del más allá,
y, si las has cometido,
paga el infortunio de tus osadías.

Llegará el día en que todos muramos,
en que nos despedacemos como perros,
y ojalá las damas de blancos peinados
sean quienes adulen a los peces alados.

(LUIS DE VALDETÉ)

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