EL CALVARIO COMO GÉNERO LITERARIO (a través de los manuscritos de Siero (León): I ESTUDIO

Literatura y otros mundos

1. EL NOMBRE Y EL GÉNERO LITERARIO

Si en la pasada Navidad hablábamos del auge que había tomado el ramo de Navidad en la provincia de León y que, junto con los villancicos y las pastoradas, se habían convertido en los géneros literarios más representativos de esa temática, hoy nos toca presentar un tema que se incardina en la Semana Santa de toda España: la dramatización de los hechos luctuosos que sufrió Jesús camino del monta Gólgota. Estos dos ciclos religiosos católicos son los que han llevado a uno de sus estudiosos a resaltar su importancia en la historia del arte y en concreto, en la literatura:

«Hay dos temas de hondo contenido cristiano, Navidad y Pasión, veneros de fecunda inspiración para artistas de todas las épocas, que han sabido conmoverse con el Niño de Belén y condolerse con el Cristo del Calvario. Son las dos Pascuas o pasos de…

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LA SIARRÉ

El medio utilizado para viajar en España hasta el siglo XVI dependía del estatus social y, sobjre todo, del poder económico. La mayoría de la gente se desplazaba a pie o, como se dice no sin cierta retranca, en el coche de san Fernando, unas veces a pie y otras andando. Las clases adineradas utilizaban otros medios como el palanquín, la litera, las andas, la silla de mano, el caballo, la mula, el burro, etc.

A partir de mediados del siglo XVI, comienza a utilizarse un nuevo medio en España: el coche de caballos, sin que esto quiera decir que los anteriores medios se eliminaran. Lo que sí es cierto es que era un medio de transporte para los pudientes y que se convirtió en el transporte preferido para los desplazamientos largos y que requerían cierta rapidez. Incluso se podría decir que se convirtió en un elemento de ostentación social.

Después de más de tres siglos en los que su construcción, tipología y uso fueron regulados por ley, que los prohibía, autorizaba, limitaba, etc., llegamos al siglo XIX, siglo en el que se produce un desarrollo espectacular del coche de caballos. Su construcción se convierte en una próspera industria. Se perfeccionan, se diversifican y se hacen más cómodos y fiables.

Pero en 1886 aparecerá un duro competidor para el coche de caballos y otros medios: el automóvil, aunque caro y fabricado a mano. Y será a partir de 1908 cuando se comience a fabricar en cadena el Ford T y comience a expandirse este medio. Supondría la muerte del coche de caballos para los adinerados.

A España el automóvil no llegará hasta 1900: el 31 de octubre se matricula en Mallorca el primero. El 20 de julio de 1907 se matriculará el primer automóvil en León.

Y en el pueblo leonés de La Uña ¿qué sucedía? Sus habitantes realizaban sus traslados mayoritariamente a pie, aunque también se utilizaba el caballo y el burro.
El coche de caballos no llegará hasta los años treinta del siglo pasado. El primero fue adquirido por Isidoro Rodríguez para realizar el correo entre La Uña y Riaño. Era una diligencia de cuatro ruedas, tirada por dos caballos. Las delanteras más pequeñas que las traseras. Las cuatro de hierro. Su capacidad era de nueve personas. Su propietario, a la vez que llevaba y traía el correo desde Riaño, aprovechaba el viaje para realizar el traslado de viajeros.

El coche no llegaría hasta 1934. Isidoro Rodríguez sustituyó la diligencia por un Chevrolet con carrocería de madera. En el verano de 1937, según su nieto Fidel Paniagua, el coche fue quemado por los moros en Los Esquiñones (La Uña) durante la estancia de las tropas del teniente coronel Muñoz Grandes en esta población leonesa, que formaba parte del frente norte de guerra en la contienda civil.

El coche de caballos de dos ruedas no llegaría a La Uña hasta los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado. Se le conocía con el nombre de SIARRÉ.

Tres hubo en el pueblo: la de Eusebio Piñán, la de Dionisio Piñán y la de Avelino Paniagua.

La siarré de La Uña, como ya he dicho, era un coche de caballos, de dos ruedas de hierro, mayores que las de los carros normales, pero de llanta más estrecha y menos pesada. Tenía capacidad para dos personas. Pertenecía a lo que se conoce como coche de camino por estar destinado a hacer viajes o coche de varas, por llevar dos varas entre las cuales se engancha el caballo de tiro.

Lo realmente sorprendente de este tipo de coche de caballos es el nombre que se le dio en La Uña y otros lugares: SIARRÉ. Tiene su origen dicho sustantivo en la palabra francesa CHARRETE ‘carreta, vehículo de dos ruedas’, diminutivo de CHAR ‘carro’. Encontramos ya esta palabra en la famosa novela poética Lancelot ou le chevalier de la charrette (1176-1181).

Por tanto, en español es un extranjerismo, perteneciente al grupo de los galicismos.

Como la pronunciación francesa de la palabra CHARRETE es diferente a la española, lo que se hizo en la montaña de Riaño fue una adaptación fonética al español de lo que se creía oír en la pronunciación de la palabra francesa: la CH- se oía como si fuera SI-, el grupo -TTE no se pronunciaba y el acento se ponía en la sílaba -RRÉ. Y así nació en el habla popular la palabra SIARRÉ, que no pasaría al diccionario de la Academia. Fue un proceso lingüístico en el que se intentó mantener la pronunciación original, pero adaptando la forma extranjera al sistema gráfico español.

El DRAE sí recogerá la palabra francesa en su edición de 1927 y en él se mantiene hasta hoy, pero con una adaptación diferente: CHARRETE, y con la siguiente definición: “coche de caballos de dos ruedas y dos o cuatro asientos”. En este caso la Academia optó por el mantenimiento de la ortografía original, pero con pronunciación a la española y acentuación gráfica según las reglas del español.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO

8. FRUTO DE DOS
El trabajo de marzo y el amor dan su fruto ovalado en abril.

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A COLLITE, A RECOLLO, A COLLO, A HOMBROS

Este tiempo de confinamiento sirve, entre otras muchas actividades, para ejercitar el recuerdo.
Uno de esos me lleva a la feria de Ventaniella (Asturias), alla por el año de 1989. El recorrido había que realizarlo a pie. Antes de que el sol comenzara a calentar la cabeza salió de casa la comitiva. Dos niños formaban parte de ella: 10 y 5 años. Hasta iniciar la subida al Sierro todo transcurrió con normalidad. La primera pendiente hizo que el más pequeño pidiera ayuda. Se sentó en la vereda. La solución, los hombros de su padre.
Este hecho me retrotrajo a mi niñez. A aquellos tiempos en que yo también requería la ayuda de mi padre, y este me llevaba a COLLITE, como se decía en Siero (León).
Tercia Isolina en el recuerdo. Aquí en La Uña se dice a RECOLLOS. También he oído decir a COLLOS.
¡Cómo cambia la forma de hablar! ¡Cómo el sistema educativo y los medios de comunicación lo aplanan todo! ¡Hoy solo se lleva a los niños A HOMBROS!
Llevar los niños a hombros requiere que estos entren en contacto también con el cuello y el cogote, (se agarran al cuello) y de ahí las expresiones a collite, a recollos y a collos.
Las tres palabras están relacionadas con el sustantivo latino COLLUM, de donde procede la palabra castellana CUELLO.
Del latín medieval COLLETUS ‘collar’ derivan COLLITE (leonés), COLLETE (asturiano) o el francés COLLET.
Para RECOLLOS habría que recurrir al prefijo RE- y el sustantivo COLLUM, que darían RECOLLO, sin diptongar la O breve latina, que es propio del dialecto leonés, como hemos visto en collite y collete.
No penséis que me olvidaba del final. Fue más afortunado. El caballo de Maxi hizo la labor de transportista. Se paso de ir a collite, recollos o collos a ir a lomos de…

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MICRORRELATOS DE PUEBLO

7. ENTRE LEYENDA Y REALIDAD: LA PEÑA LOS BUEÑES
Dejas atrás la casa-escuela abandonada. Las senaras te llevan hasta la falda del Navarín. En la valleja rampante con la peña los Bueyes se halla. Peñasco informe. Hace tiempo abandonó la casa materna. Se convirtió en lápida de dos bueyes. Sin inscripción. Anónima.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO

6. NO PIDAS AUXILIO EN VANO
El lobo llegó.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO

5. LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA LINGÜÍSTICA

PEONIL caminaba lento. Iba cargado de años. Se encontró con PEATONAL, extranjero, más joven y con poca mochila de edad. Pronto este le adelantó en su caminar social. Le fue dejando atrás, le hizo desistir, hasta que abandonó el maratón lingüístico. Lo recluyó en la aldea.

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LA UNIÓN Y EL SABER POPULAR SIEMPRE VENCEN AL MAL

Con este coronavirus,
el gran pueblo español
demuestra, enclaustrándose,
mucho saber y valor.

Sanitarios, policías,
transportistas y muchos más,
se esfuerzan día a día
en erradicar el mal.

Todos juntos, en unión,
formando piña humana,
encaramos el futuro
pensando nuevo mañana.

(L. F. y J. F.)

 

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4. EL MES LO EXIGE

Cruzaba el cielo azul con una vedija negra en el pico. Nialarzo.

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A PEONIL

«Hay en la dicha calzada siete pontones de madera peoniles» (1749). El texto pertenece a un documento real, una carta-privilegio, en el que se habla del tramo de calzada romana que baja de Asturias procedente de Tarna y Ventaniella hasta el puente de Torteros (León).

PEONILES es un adjetivo calificativo que complemente a «pontones de madera» para indicar que por esos puentes estrechos, generalmente construidos por dos vigas paralelas colocadas sobre dos cabezales, solo pueden pasar las personas a pie. Es un adjetivo que funciona como especificativo seleccionando al sustantivo dentro de un grupo: tipos de puentes.

No ha recogido la palabreja diccionario alguno del español en toda su historia, pero ahí está en un texto escrito en español del siglo XVIII, y además oficial, porque salió del Real Consejo de Castilla. Sí lo recoge el diccionario de la Academia gallega y también se constata su uso en Portugal. En tierras leonesas, se localiza su uso en la montaña de Riaño y en La Vecilla. Fuera de la provincia leonesa se utiliza en Asturias (camín peonil) y en Cantabria. Es claramente de uso restringido. Y cada vez más.

 

PUENTE DE LOS CARRIZALES (LA UÑA) SOBRE EL RÍO ESLA. PUENTE PEONIL MODERNO

Pero yo siempre oí, y lo utilicé en mis años jóvenes de cazador, que las perdices corrían por entre las hierbas altas y las enraizadas escobas a peonil cual alma que quiere llevar el diablo. Sin perro, misión imposible seguirlas o localizarlas. Todavía hoy, en mis caminatas por el monte te puedes encontrar con algún bando de perdices pardas o rojas que, al verte, levantan el vuelo o desaparecen raudas a peonil. Es todo un espectáculo ver como se esconde entre la maleza la perdiz-madre seguida de sus polluelos recién nacidos y sin capacidad para volar.

Ya quedamos pocos usuarios que en español utilicemos la palabra peonil, a la que derrotó su pariente peatonal, con origen en peatón, adoptada del francés piéton. Peatón lo registra por primera vez el DRAE en 1884; para peatonal hay que esperar hasta 1989. Unas vez más, de esa lucha entre el campo y la ciudad, sale vencedora esta última. Ya no se oye ni se escucha «Qué descansada vida / la del que huye del mundanal rüido…»

Cómo dice la canción, ¿de dónde viene?, ¿con quién se relaciona? ¿cómo está formada? Dos son sus elementos compositivos de la palabra PEONIL: PEÓN (lexema) e –IL (sufijo formador de adjetivos que indican relativo o perteneciente o la cualidad, como en este caso).

Para PEÓN tenemos que remontarnos a PIE, procedente del latín PES, DIS  a través de su acusativo PĒDEM > PEE (pérdida de la desinencia del acusativo y de la consonante bilabial intervocálica) >PIE (disimilación).

La forma clásica PES-DIS genera en latín vulgar un nuevo sustantivo PĒDO, NIS ‘que tiene grandes pies’. Esta es su evolución fonética:

PĒDONEM > PEDONE (pérdida de la terminación de acusativo) > PEONE (pérdida de la oclusiva sonora intervocálica) > PEÓN (apócope medieval de –e) ‘el que anda a pie’. Ya lo encontramos en el Cantar de mio Cid (s. XII-XIII):

Sus caballeros fortuna alcanzan,
a cada uno de ellos, caen cien marcos de plata;
y a los peones, la mitad sin falta. (vv. 512-514).

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