ADARGA Y RODELA EN EL QUIJOTE: UN NUEVO DESAJUSTE NARRATOLÓGICO  

1. PLURISIGNIFICACIÓN DE LA OBRA LITERARIA

La obra literaria es plurisignificativa. Quiero decir con esto que cada vez que relees un texto literario completo de enjundia encuentras aspectos significativos, detalles,  que la vez anterior no habías advertido, porque leer es proyectarse sobre la obra. Y esa proyección es cambiante, va con el individuo, forma parte de su desarrollo vital. Por eso, cambian los mensajes del texto literario, se reinterpretan, se hacen nuevos. Se percibe algo que antes no había merecido la atención del lector.

Esto es lo que me ha pasado con una relectura de la primera parte del Quijote por motivos profesionales y deleitosos.

Comentaba con mi inquiridor cómo Cervantes hacía pasar dos noches en la misma noche en la venta a sus ocupantes en la historia del capitán cautivo y, a la vez, les hacía cenar dos veces. Igualmente se alteraba el orden de nacimiento de los tres hermanos montañeses de León, los Pérez de Viedma, y su oficio en el encuentro del capitán y del oidor. Y la causa es muy probable que fuera por ser dicha historia episodio narrativo intercalado después de haberse escrito el resto de la primera parte y no revisar concienzudamente Cervantes lo que sucedía antes, durante y después de la inserción.

Igualmente le comentaba que de estos dos desajustes ya había dado cuenta en este mismo blog en la serie CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS, pero que no había incluido un nuevo desajuste, ahora observado, por la sencilla razón de que en la anterior lectura del Quijote no me había percatado de él. Tiene este que ver con las armas defensivas que utiliza don Quijote a lo largo de la obra.

ASTILLERO

2. DON QUIJOTE SE PROTEGE CON UNA ADARGA

Así inicia Cervantes la primera parte del Quijote:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Dos son las armas que don Quijote guarda en su casa, ejemplos patentes de su hidalguía guerrera, vestigios de una edad pasada, tal vez heredadas de los Quijana, sus nobles antepasados: la lanza y la adarga. Estas, junto con el caballo, eran elementos imprescindibles para servir al rey cuando este lo pidiera y no decaer de su condición de hidalgo.

ADARGA

Centrémonos en la adarga.
Era esta un arma defensiva de guerra. Se trataba de un escudo ligero de cuero de forma ovalada o de corazón utilizada en los enfrentamientos a caballo para defenderse de la lanza. El Diccionario de Autoridades (1726) nos la describe y nos aporta información interesante:

Cierto género de escudo compuesto de duplicados cueros, engrudados y cosidos unos con otros, de figura cuasi oval, y algunos de la de un corazón. Por la parte interior tiene en el medio dos asas: la primera entra en el brazo izquierdo, y la segunda se empuña con la mano. Usábanlas antiguamente en la guerra contra los moros los soldados de a caballo de lanza. Y aún hasta poco a esta parte se conservaba esta milicia en Orán, Melilla y costa de Granada, y hoy día se conserva en la plaza de Ceuta, aunque en menor número que antes. Servía la adarga para guarecerse de los golpes de la lanza del enemigo. Consérvase el uso de ellas (aunque menos fuertes) para las fiestas de cañas y alcancías.

DON QUIJOTE EN SU PRIMERA SALIDA

Don Quijote abandonó su lugar en el capítulo dos. Solo y a lomos de Rocinante, en un día caluroso del mes de julio. Sale sin que nadie le viera pertrechado de todas sus armas: brida, lanza, adarga y coselete. Con ellas le encontraremos en la venta (I, 3) donde fue armado caballero. Y con ellas inicia en enfrentamiento con los mercaderes. Al embestirlos, Rocinante cae al suelo y con él don Quijote, quien no se puede levantar por el peso de sus armas: «tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada». (I, 4)

En tal estado es encontrado por un vecino de su mismo lugar, Pedro Alonso, quien le levantó del suelo y le acomodó en su jumento para volverle a su pueblo.

Respecto de las armas de don Quijote, esto es lo que dice el narrador:

recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liolas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo. (I, 5).

3. ABANDONA LA ADARGA POR UNA RODELA

Vuelto a casa, repuesto de sus heridas, en el capítulo siete encontramos de nuevo a don Quijote que inicia su segunda salida. Esta vez acompañado ya de escudero: Sancho.

Nada se sabe de qué ha sucedido de la adarga que llevaba en su primera salida y que era escudo apropiado para la lucha a caballo con lanza. Recordemos que las armas o lo que quedaba de ellas habían sido recogidas por Pedro Alonso y llevadas a lomos de Rocinante hasta su lugar de origen.

La adarga se ha sustituido por una rodela o escudo redondo y delgado, de madera. En esa época, era el arma defensiva que se utilizaba normalmente para pelear a pie con espada. Así pues, ¿no resulta incongruente el uso de dicha arma para luchar a caballo como hará don Quijote?

RODELA

De esta guisa consiguió don Quijote su rodela:

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros; y, vendiendo una cosa y empeñando otra, y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. Acomodóse asimesmo de una rodela, que pidió prestada a un su amigo, y, pertrechando su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester (I, 7).

Con rodela embiste a los molinos de viento (I, 8), se enfrenta al vizcaíno (I, 8) y se defiende del apedreamiento que recibe por parte de Ginés de Pasamonte y sus amigos (I, 22).

APEDREAMIENTO DE DON QUIJOTE

Antes de este último episodio, después del enfrentamiento con los encamisados, don Quijote decide ponerse un «nombre apelativo como lo tomaban todos los caballeros pasados». Elige el de caballero de la Triste Figura. Pero no lo utilizará antes de cumplir con un rito caballeresco cual era grabar en su escudo su signo identificativo. Así lo llevaban grabado en sus escudos dos de los caballeros a los que se enfrentó don Quijote: el de los Espejos y el de la Blanca Luna. En el caso de don Quijote este será su emblema, «una muy triste figura»:

Rióse don Quijote del donaire de Sancho, pero, con todo, propuso de llamarse de aquel nombre en pudiendo pintar su escudo, o rodela, como había imaginado. (I, 19).

Lo vemos acompañado de rodela por última vez en la venta cuando se presenta a la princesa Micomicona para ofrecerle la defensa de su persona y la reconquista de su reino:

Salió, en esto, don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y arrimado a su tronco o lanzón. Suspendió a don Fernando y a los demás la estraña presencia de don Quijote, viendo su rostro de media legua de andadura, seco y amarillo, la desigualdad de sus armas y su mesurado continente, y estuvieron callando hasta ver lo que él decía, el cual, con mucha gravedad y reposo, puestos los ojos en la hermosa Dorotea, dijo: (I, 37)

4. DE NUEVO, LA ADARGA

Sin que Cervantes dé explicación alguna, sin que se pueda aventurar la razón, encontramos de nuevo que don Quijote ha trocado rodela por adarga en la misma venta.

Sintiéndose caballero andante, defensor de todos, cuando los huéspedes de la venta deciden acostarse, don Quijote se ofrece a velar por la seguridad de los inquilinos de la venta. Para ello, sale fuera, se pertrecha de sus armas y se sube a lomos de su caballo Rocinante. Inicia su vigilia defensiva. Maritornes llamará su atención a través de un hueco en la pared del pajar. Allí le pide que le dé su mano para contemprarla. Don Quijote, aunque a regañadientes, accede y Maritornes aprovecha para atarle el brazo con una cuerda a un cabestro. Así estará don Quijote hasta que es apeado de Rocinante y queda colgado en la pared por su brazo:

En efeto, fueron tantas las voces que don Quijote dio, que, abriendo de presto las puertas de la venta, salió el ventero, despavorido, a ver quién tales gritos daba, y los que estaban fuera hicieron lo mesmo. Maritornes, que ya había despertado a las mismas voces, imaginando lo que podía ser, se fue al pajar y desató, sin que nadie lo viese, el cabestro que a don Quijote sostenía, y él dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los caminantes, que, llegándose a él, le preguntaron qué tenía, que tales voces daba. Él, sin responder palabra, se quitó el cordel de la muñeca, y, levantándose en pie, subió sobre Rocinante, embrazó su adarga , enristró su lanzón, y, tomando buena parte del campo, volvió a medio galope, diciendo:(I, 44)

A partir de aquí desaparece la rodela y vuelve a utilizar la adarga sin que sepamos el motivo de tal cambio, como queda dicho.

Un nuevo desajuste narrativo.

Sirva de advertencia para los ilustradores que representan a don Quijote con adarga o rodela indistintamente. En la primera salida debe llevar adarga. Rodela, en la segunda, hasta el capítulo 37. A partir de aquí, adarga de nuevo.

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MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (5) Feria de maestros en Cangas de Tineo

1. A MODO DE INTRODUCCIÓN

Antes de entrar en la llamada «feria de maestros», creo conveniente explicitar, para los más jóvenes, qué era una feria en los años 20 del siglo pasado. Y no he encontrado mejor explicación que la que nos da el Diccionario de Autoridades (1732):

concurrencia de mercaderes y negociantes en un lugar y día señalado para vender, comprar y trocar ropas, ganados, frutos u otros géneros necesarios al uso común.

Centrémosnos en el ganado y en su venta. El propietario acude al recinto ferial, procedente del lugar en el que se celebra la feria y de los pueblos aledaños. Allí expondrá sus animales, bien presentados, para su venta. Los tratantes intentarán comprar dichas reses una vez examinadas visualmente y a través de un proceso negociador que se caracteriza por el regateo. Si se llega al acuerdo, la venta se sella con un apretón de manos. Entonces se procede al registro del animal para determinar que no tiene defecto alguno que no haya sido detectado en el primer examen visual y que cumple todas las virtualidades que el vendedor dice tener el animal. Entonces se ratifica la compra por parte del tratante y finaliza esta con el pago y la robla en la taberna. Este es el proceso, grosso modo.

Pues bien, Luis Bello, en su obra ya citada Viajes por las escuelas de España (1926), nos habla de una feria en la que se vendían y compraban los llamados maestros babianos y que tenía lugar en tierras del concejo de Cangas de Tineo. En su recorrido asturiano va acompañado por el médico de Villablino (León) y un amigo de Oviedo, a quien le preocupa dicha feria, por lo que se ve obligado a hablar de ella, a pesar de que el tema no es de su agrado y quisiera obviarlo por parecerle denigrante.

Comienza diciendo que la contratación de los maestros babianos en el concejo de Cangas de Tineo «es falso que tenga hoy [1926 o poco antes] sitio en la feria, junto al ganado; pero todavía van a Asturias muchos mozos de Omaña y Babia a ofrecerse de diciembre a marzo, según tradición». Lo que sí admite, como se habrá podido ver,  es la existencia de estos maestros –y en abundancia- en tierras asturianas, que es tradición y que eran considerados como una institución: maestros babianos.

Para describir la feria de maestros se va a valer de una novela publicada en 1922, Entre montañas (La novela de un maestro rural), cuyo autor era Antonio Juan Onieva, inspector de primera enseñanza en Asturias durante varios años y, por tanto, buen conocedor de la realidad docente de los numerosos pueblos asturianos.

A dicha novela recurriremos nosotros directamente. Onieva le dedica el capítulo XVII, que titula «Una feria de Maestros» (pp. 59-63). La sitúa en una población imaginaria que llama Lete, el día de san Andrés. Esta población bien pudiera ser Cangas de Tineo, ya que la feria de san Andrés, el 30 de noviembre, tenía lugar en dicha población. En cualquier caso, según Bello, en el concejo de Cangas.

CONCEJO DE CANGAS DE TINEO (NARCEA)

Ahora sigamos con la novela  de Onieva para conocer los pormenores de estos maestros babianos, cómo son contratados y cuáles eran sus saberes. Aunque el lector se dará cuenta, advertimos que los nombres de los pueblos citados son ficticios.

2. PROCEDENCIA DE LOS MAESTROS Y TITULACIÓN

El maestro de Turuelves, Saturnino Cagigal, se dirige a Castrido, donde desempeña su labor docente el joven maestro titulado José Miguel, protagonista de la novela. A pie, ambos se dirigen hacia Lete, donde llegan a las 12. Allí se les une el maestro de la plaza y los tres van al ferial a presenciar la feria del ganado (vacuno, de cerda, caballar y lanar) y de otras mercaderías. Finalizado el mercado de ganado al mediodía y una vez que han comido en la fonda se dirigen los tres maestros nacionales (de oposición) de nuevo al ferial, pues allí tendría lugar por la tarde la feria de maestros:

Acompañados del maestro de Lete, un señor de avanzada edad, llamado D. Ramiro, se dirigieron los de Turuelves y Castrido al ferial de maestros.

No son maestros titulares estos babianos ―díjoles D. Ramiro―. Ni tienen siquiera certificado de aptitud. Son aldeanos de la región de Las Babias [Babia, Laciana y Omaña], en León, que vienen a esta provincia a dar escuela durante el invierno.

 

BABIA

3. RECONOCIMIENTOO DE SU LABOR DOCENTE

A pesar de que carecen de la titulación académica de maestros, que a la sazón otorgaban las llamadas escuelas normales, de que ni siquiera están en posesión del certificado de aptitud y buena conducta que habilitaba para dar clase de primera enseñanza en escuelas incompletas, su trabajo era reconocido y estimado. Como dirá Bello, «no dejaban de cumplir humildemente un elevado fin».

Generalmente se les contrata para pueblecitos donde no hay escuela nacional, y en determinados casos no puede negarse que hacen un buen servicio, puesto que muchachos, que forzosamente se verían incapacitados para aprender por lo menos a leer y escribir, lo hacen con estos individuos.

4. METODOLOGÍA

Si no han cursado estudios superiores, tampoco han tenido ocasión de aprender metodología alguna docente. Por tanto, hay que suponer que ellos reproducirán la que sus maestros de escuela habían utilizado con ellos o la que de su reflexión pedagógica surja. Eran discípulos del lema educativo «la letra con sangre entra» que aplicarán a rajatabla y de la repetición y memorización como mecanismos de aprendizaje.

No saben otro procedimiento que el del «machaqueo». Es un repeticionismo monótono y pesado hasta la exageración; pero para ellos el único eficaz de la pedagogía.

Antonio Machado (1875-1939 recuerda así la escuela sevillana de su infancia, recuerdos acordes con lo que cuenta la novela:

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

5. SITUACIÓN EN EL FERIAL

Al igual que por la mañana los propietarios de ganados y otros productos exponen sus mercancías, los maestros babianos se exponen a sí mismos para vender su saber:

Acercáronse los tres juntos a un grupo de hombres y muchachos reunidos en corrillos; otros puestos en fila, dispuestos a vender su saber, como aquel sabio griego que en lugar público vendía «prudencia».

6. VESTIMENTA

Van a ejercer en territorio ajeno. Tienen que comenzar vendiendo su ciencia a contratantes desconocidos. La impresión que cause el físico y el vestido no serán ajenos. Por ello, se podría decir que lucen sus mejores galas aptas para pasar el frío invierno en las montañas asturianas. Atrás han dejado el traje de sayal y las madreñas:

Vestían invariablemente traje de pana; tocábanse con boina; envolvíanse el cuello en una bufanda, una de cuyas puntas caía sobre el hombro; llevaban sobre la espalda, a manera de mochila, un atadijo con cintas blancas; calzaban bota fuerte, guarnecida de clavos, y casi ninguno carecía de reloj sujeto con gruesa cadena. Instrumento habitual era un  garrote de nudos o cayada fuerte, labrada por ellos mismos a punta de navaja.

7. INSTRUMENTOS DOCENTES QUE LLEVA CONSIGO Y SABER DE LOS MAESTROS

Como equipaje solo lleva una mochila, por tanto escasa será su ropa de recambio y sus instrumentos pedagógicos. Se diría que estos son los indispensables para probar su saber y después desarrollar su enseñanza: tinta y el tintero, pluma y un libro para enseñar caligrafía.  En cuanto a saberes, todos manifiestan saber leer y escribir, los cuatro tipos de operaciones básicas y algunos problemas, el nuevo sistema de monedas pesas y medidas, romances, la doctrina cristiana, ayudar a misa y un saber muy especial: tocar a «tente nube».[1] En definitiva, lo que exigía la Ley Moyano para la primera enseñanza (Art. 2):

A ver ―gritó un babiano dando una palmada.
Los demás se pusieron en fila. El aldeano de más viso la recorrió con la mirada, como estudiando las cataduras. Y por fin se dirigió a uno de ellos. Mas, como viera allí al maestro de Lete, le dijo:
―Don Ramiro, ¿quiere usted examinar a este?
Don Ramiro se acercó al babiano.
―Vamos a ver. ¿Qué sabe usted?
El babiano descolgó inmediatamente su mochila y sacó de ella un libro, un cuerno con tinta, papel y pluma. El libro era el «Guía del artesano»[2].
―Yo sé leer de corrido, como se puede probar. Y sé echar una firma. Y sé también cuentas. Y además toco el acordeón.
―¿Qué cuentas?
―De las cuatro clases. Y además problemas […]
―¿Y nada más?
―Aparte de la escuela, sé el modo de tocar la campana para desconxurar (disolver o alejar) la nube. Y hago dibujos de navaja en los bastones. Y sé los romances del aparecido, y de Luis Candelas y de Fierabrás y de…

8. EL EXAMEN

La taberna o cantina del pueblo es lugar multiusos. Sirve para beber, para divertirse, para las relaciones sociales, para sellar una compraventa, para recibir a los foráneos… y para examinar a los maestros babianos. Téngase en cuenta que en los pueblos la taberna era el hogar social, el centro de reunión, y por eso se subvencionaba su funcionamiento en aquellos casos de escasa rentabilidad por la escasez de parroquianos. Era lugar importante en los pueblos junto a la iglesia, la escuela y la casa concejo. Y a ella se dirigen maestro y su examinador:

Se marcharon todos con el babiano a la taberna más próxima, como es de rigor que en tal sitio se formalice el contrato, y allí, sentados alrededor de una mesa, leyó, escribió, púsose una suma de dos sumandos larguísimos, inacabables; dijo las pesetas y los duros que son tantos reales y los reales que contienen tantos duros y tantas pesetas, y explicó al fin, dándose mucha importancia, el problema del gitano en la iglesia de los tres altares.

―¿Y de doctrina cristiana?―preguntó don Ramiro.

―Esto no hay que decirlo, porque me sé el catecismo de memoria. Y además enseño a ayudar a misa.

9. EL SUELDO

Ya hemos visto que el sueldo de los maestros nacionales que ejercían en poblaciones de menos de 500 habitantes era escaso; menor que el de cualquier obrero. Por ello, no nos extrañe que estos maestros sin título alguno y pagados por la junta vecinal cobren aun menos. Poco más de una peseta diaria, a lo que hay que añadir el sustento y la cama. Como ya hemos indicado, el hecho de ir pasando por las diversas casas del pueblo que tenían niños de escuela sirvió para que se les designara con un nombre tan expresivo como «cata-potes». En el sueldo no hay regateo:

Cuanto el precio, no hubo regateo. El babiano pidió treinta duros por toda la temporada, desde diciembre a marzo ―con obligación de dar escuela también de noche―, y comida y cama un día en casa de cada vecino. El babiano se despidió de sus compañeros de feria, y con los aldeanos contratantes partió para la aldea.

10. PREFERENCIA DE LOS BABIANOS A LOS MAESTROS DE CARRERA

Aplicando la lógica de que estos maestros babianos se van a adaptar bien a los pueblos asturianos por ser muy similares en la orografía, en la meteorología y en las condiciones de vida, el maestro nacional don Ramiro, el examinador, lamenta que los babianos sean preferidos a los de otras tierras y con titulación. Veamos el razonamiento:

Los aldeanos dicen de nosotros que con bata y gabán ellos, con tanto perifollo ellas, las manos tan blandas de no trabajar, y sin castigar apenas ―porque es de notar que todos estos babianos golpean a los niños bárbaramente-, no se amoldan a los pueblos. Además, matamos a los «neños» haciéndoles que se laven, sobre todo en invierno cuando el agua está tan fría, y que se corten el pelo, las uñas y otras geografías. Si pasan ustedes junto a la escuela de un babiano, no oirán sino el eterno canturreo.

11. EL ACORDEÓN

La diversión en aquellos pueblos montañeses era una realidad reducida a los meses de invierno en los que los trabajos agrícolas habían cesado y los ganaderos requerían menor presencia. Por ello, no debe sorprendernos que se valore especialmente el hecho de que el maestro sepa tocar el acordeón. Con él se animarán las veladas nocturnas y se organizará el baile en zonas en las que los mozos y las mozas necesitaban de pocos y primitivos instrumentos musicales para organizar sus bailes; una botella y un rascador, unas castañuelas, una pandereta, un tambor… Lo que sí puede sorprender es el lugar elegido:

―La clase de día que dan estos maestros apenas tiene importancia. Pero por la noche es ella. Se reúnen en una cuadra, porque no se dispone de otro local en las aldeas, treinta o cuarenta personas entre niños, niñas, mozos y mozas. No hay otra luz que un mal candil de petróleo con un humo apestante, el cual, unido al hedor que exhalan aquellas gentes y a los vahos del estiércol, produce una atmósfera cálida y densa, capaz de arrancar náuseas del estómago más probado. Los mozos suelen apagar la luz y prorrumpen en relinchos, chillan las mozas, lloran los chiquillos, alborota el babiano golpeando con la cayada en el techo, porque sobre el suelo no haría ruido, y se arma una baraúnda infernal un pandemónium infinito…, que termina tirando el babiano de acordeón y armándose un baile agarrao, y…a tragar sudor, polvo y briznas de estiércol.

ACORDEÓN ANTIGUO

12. VUELTA A CASA

Cumplido el contrato y vencido el plazo de dar escuela, el 1 de abril los maestros babianos emprenden el regreso a casa con su dinero ahorrado y con algunas compras a cuestas.  Como nos dice Bello, se reúnen para volver juntos y en ocasiones llenan ellos solos un autobús:

―Y así hasta Pascua Florida ―prosigue don Ramiro―, en que el maestro de Las Babias termina su misión. Cobra sus pesetas, compra un par de botas y alguna prenda de vestir en la villa cercana y se vuelve a su tierra.

13. NO HAY NUEVA CONTRATACIÓN

La lógica de los habitantes de estos pueblos asturianos, hoy, sin duda, sorprende. Nos parecería razonable que el maestro babiano que hubiera cumplido con su trabajo y este hubiera sido del agrado de los vecinos continuara al año siguiente en el mismo puesto de trabajo. Sin embargo, la realidad era otra. Ni los maestros ni los vecinos apostaban por la renovación. Este era el motivo:

―De ningún modo. No hay babiano que pase dos temporadas seguidas en el mismo pueblo. Bien es verdad que dicen los aldeanos que conviene cambiar cada año de maestro, porque los chicos torpes aprenden mejor, y para que los demás no tomen confianza con aquel ni aquel con ellos, y les casque de lo lindo.

CONCLUYENDO

Finalicemos esta panorámica escolar asturiana de las primeras décadas del siglo pasado con las palabras de Bello que dice de los maestros babianos que, con sus luces y sombras, «no dejan de cumplir humildemente un elevado fin». Este no era otro que evitar el analfabetismo y sacar de la ignorancia a un segmento de la población que, por las condiciones geográficas y sociales, las autoridades habían condenado al olvido. Contra este, estas poblaciones, encabezadas por sus juntas vecinales, intentarán poner remedio de la mejor manera que saben.

Parece que en 1926 el sistema de contratación de los maestros babianos no era ya la feria, se había dignificado. Pero Bello reconoce que dichos maestros eran necesarios, «no hay razón para que la costumbre se pierda, pues no ha cesado la necesidad que la creó».

Y esa necesidad, aunque nos parezca mentira hoy, siguió vigente hasta la década de los sesenta del siglo pasado, como podemos atestiguar en el concejo de Ibias (Asturias).


[1] Véase mi post titulado MITOLOGÍA LEONESA: (y 5) REÑUBERO.

[2] Esteban Paluzie y Cantalozella, Guía del artesano. Libro que contiene los documentos de uso más frecuente en los negocios de la vida, y 240 caracteres de letra, para facilitar a los niños la lectura de manuscritos, tan útil a toda clase de personas, Barcelona, 1857. Diversas reediciones en los años posteriores.

 

 

 

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MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (3) Maestros de La Uña (León) en Asturias en los siglos XIX y XX

La Uña en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del siglo XX, al igual que hoy, era un pequeño pueblo de la montaña oriental leonesa situado en la cabera del río Esla y levantado entre montañas. En 1850, según el Diccionario de Madoz tenía 23 casas y 90 almas.

No limita con Asturias, pero su territorio es cercano y a través del puerto de Ventaniella o de La Fonfría se llega pronto a los pueblos asturianos del concejo de Ponga. Se utilizaba para ello fundamentalmente la calzada romana que comunicaba Asturias y León por el puerto antes citado de Ventaniella. Venía desde Riaño siguiendo el curso del río Esla hasta La Uña, de donde tomaría rumbo por el valle de Valdosín hacia el puerto de Ventaniella. De aquí a San Juan de Beleño, capital del concejo de Ponga, para enlazar con el valle del Sella.

CASERÍO Y ERMITA DE VENTANIELLA

Antonio del Blanco dedica un capítulo de su libro El pueblo de La uña  y su entorno (2011) a lo que él llama «Jóvenes maestros». En él afirma que desde tiempos inmemorables y hasta 1920 hombres jóvenes de La Uña, una vez finalizadas las tareas agrícolas propias de la estación veraniega y recogido ya el ganado en las cuadras, se dirigían a tierras asturianas (Ponga, Cangas de Onís, Corao…) a lo que se denominaba «dar escuela» o lo que es lo mismo, ejercer de maestros de primera enseñanza en los cientos de escuelas temporeras existentes en Asturias[1].

De 1846 es este documento referido al concejo de Ponga, que presenta y define este tipo de escuelas ligadas a las juntas vecinales:

Desde inmemorial tiempo los pueblos de este concejo cada cual tuvo su escuela de primeras letras para la enseñanza de niños manteniendo y pagando su maestro con los fondos del común y con aportaciones de los asistentes, cuyas escuelas jamás fueron de año y sólo desde Todos los Santos o desde primeros de noviembre hasta primeros de mayo de cada año en que se cierran atendiendo no solo a la miseria de los pueblos, sino también a la necesidad indispensable que en la estación de verano tienen los padres de valerse de sus hijos tiernos alumnos para el pastoreo de sus ganados de que este país subsiste. Los pueblos con equidad ajustaban los maestros y les pagaban con la misma según las bases que para ello fijaban.[2]

El regreso de estos maestros leoneses viene marcado por el cierre de las escuelas que iba ligado al inicio, tanto en la montaña asturiana como en la leonesa, del nuevo ciclo agrícola y ganadero que requería en sus respectivos lugares la mano de obra de alumnos y profesores: preparación de las tierras para la siembra y suelta de los ganados estabulados al campo.

CONCEJO DE PONGA

Los elementos definidores de estos maestros rurales LEONESES eran los siguientes:

– Carecen de titulación alguna.

– Desempeñan su labor docente en los pequeños y recónditos pueblos de la montaña asturiana: «escuela vecinal».

– Durante el día dará clase a los niños y por la noche a jóvenes y adultos («ir a cuentas»).

– Son contratados por las juntas vecinales. Estas se encargaban de buscar al maestro, firmar el contrato, habilitar el local para escuela (no siempre había un edificio ad hoc)[3] y fijar el programa escolar que el maestro debía desarrollar[4]. Como veremos al hablar de los maestros babianos, eran examinados por un maestro titulado de las localidades vecinas en que iban a ejercer.

– El salario solía ser muy bajo: se habla de que no solía pasar de los 40 duros por temporada. Esto hacía que también ejercieran otros oficios al margen del de maestros. Se conocen ejemplos de maestros que implementaban su sueldo como amanuenses, madreñeros, herreros, etc.

– Comían y dormían en las casas de los vecinos que enviaban niños a la escuela, de acuerdo con el número de estos («maestros cata-potes»).

– Cuando repiten como maestros, no siempre van al mismo pueblo.

– Son, por tanto, temporeros.

Ahora cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué estos pueblos asturianos contrataban a personas leonesas para que ejercieran de maestros en sus pedanías hasta la década de los sesenta del siglo pasado?

La respuesta parece obvia: no había suficientes maestros nacionales titulados para desempeñar su labor docente en estas poblaciones pobres, atrasadas y remotas de la montaña. Los titulados se quedaban en las poblaciones que tenían mayor número de habitantes, mejores condiciones de vida y mayor salario.

La razón de que fueran leoneses ya he hablado de ella en el post anterior:

– Por su dominio correcto de la lengua castellana sin los modismos de los bables locales imperantes en Asturias.

– Por su saber, su rudeza y experiencia para transmitir dicho saber a los niños.

– Por su fortaleza para resistir los crudos inviernos en las aldeas asturianas, ya que venían de zonas en las que el invierno era similar o más crudo.

– Por su disposición a dormir y comer de forma ambulante.

– Y por su bajo salario.

FOTO ANTIGUA DE LA UÑA

Antonio del Blanco, en el libro antes citado, da el nombre y los lugares donde ejercieron algunos de estos maestros temporeros de La Uña:

  • Juan Piñán Valdeón, en Pezeñil-Canga de Onís.
  • Marcelino Valdeón Ibáñez, en Santa Eulalia (Los Oscos), La Borbolla (Llanes).
  • Tomás Rodríguez Paniagua, en Abiegos, Taranes y Tanda (Ponga).
  • Eugenio Paniagua Pellón, en Ambingue (Ponga).
  • Pascual Rodríguez Paniagua, en Tanda y Taranes (Ponga).
  • Valero Valdeón Fernández, en San Juan de Beleño (Ponga).
  • Patricio Rodríguez Paniagua, en Granda (Siero).
  • Víctor Ibáñez Díez, en Caranga (Ponga).

Otros nombres se pueden añadir a la lista anterior:

  • Simón Valdeón Alonso
  • Jerónimo Reguera Piñán.
  • José Lario Valdeón.
  • Pedro Díez Miguel, en Tanda y Taranes (Ponga).
  • Bernardino Paniagua, en Abiegos (Ponga).

Capítulo aparte merecen la institución docente en la que habían conseguido los saberes que les capacitarán para desempeñar la tarea de «dar escuela» y qué currículum enseñaban.

Los conocimientos adquiridos por estos maestros temporeros procedían de cuatro fuentes diferentes:

– De los años que asistieron a la escuela en La Uña en su etapa de niños. Ya hemos dicho que esta etapa educativa era obligatoria desde 1857 (Ley Moyano) y comprendía de los 6 a los 10 años. Más tarde se extendería la obligatoriedad hasta los 14 años. Habría que suponer que fueron los alumnos aventajados los que a posteriori, siendo adultos, pasaron a Asturias a transmitir sus saberes.

– De su asistencia a las clases nocturnas que el maestro de la localidad daba por las noches para jóvenes y adultos, que eran voluntarias y tenían que pagar. Conozco a buen número de personas que «fueron a cuentas» en La Uña con tal o cual maestro/a, como así se llama esta actividad nocturna.

– De su autodidactismo. Siempre ha habido personas preocupadas por seguir su formación docente una vez fuera de las aulas. Para ello utilizan el préstamo o la compra de libros.

– De la competencia en saberes. Este procedimiento es singular y consiste en reunirse varias personas para demostrar quién es el que más sabe de una determinada materia. Esto supone una preparación previa. En el momento de la competición, cada uno plantea a su máximo nivel los conocimientos que tiene sobre ella a través de preguntas o breves exposiciones para comprobar si sus competidores lo saben. Así nos presenta esta actividad en La Uña (León) Hipólito Diez Muñiz en su libro Los años perdidos (2015) al hablar de sus padres:

Tanto mi padre como mi madre tenían estudios, básicos, pero bastante elevados. Mi padre de matemáticas estaba a nivel de cualquier maestro. Se codeaba con el que más sabía del pueblo, el ya mencionado Pascual [Mediavilla], y con Antonio Pellón, «El Moreno», y, alguna vez se juntaban en nuestra casa para competir en matemáticas. (p. 75)

Conviene, por último, dejar claro que ninguno de estos maestros temporeros de La Uña pasó por la cátedra de Latinidad de Lois (León), a pesar de su cercanía y de que estaba funcionando desde 1744. En ella ingresaban los alumnos a los 10 años para cursar los cuatro años de latinidad y humanidades.

En cuanto al currículo que enseñaban estos maestros temporeros, llamados también de primeras letras, hay que señalar que groso modo se ajustaba a lo establecido por la propia Ley Moyano para la primera enseñanza elemental (véase lo dicho en el primer post) y que se podría resumir así:

  • Enseñar a leer.
  • Enseñar a escribir.
  • Nociones básicas de aritmética: sumar, restar, multiplicar, dividir y algunos problemas.
  • Nuevo sistema de monedas, pesas y medidas.
  • Algo de literatura (romances).
  • Doctrina cristiana a través del catecismo del padre Astete.
  • Habría que añadir que también estaban obligados a atender a los jóvenes y adultos que en horario nocturno quisieran asistir a implementar sus conocimientos. Lecciones de noche o de domingo las llama la Ley Moyano en su artículo 106. Por tanto, los contenidos que se impartían en estas clases eran básicamente los mismos que los de la escuela de niños, pero a nivel superior.

[1] Ángel Mato Díaz, «Las escuelas y los maestros de primeras letras (Siglo XIX)», Magister, 23 (2010), p. 26

[2] Ibídem, p. 22.

[3] Ángel Mato nos habla de tendejones, la sacristía, el atrio de la iglesia. Y en la novela de Onieva, Entre montañas, el pedáneo dice que en sus tiempos de escuela se daba debajo de un hórreo.

[4] A veces se incluía la obligación de acudir con los niños a los actos religiosos que tenían lugar en la iglesia.

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ROMANCE DEL DESCENDIMIENTO, SEGÚN LA VERSIÓN DE SIERO (LEÓN)

 A ti, madre

Un año más acudo a la Semana Santa leonesa este Viernes de Dolores, aunque sea una contradictio in terminis. Pero así es la realidad. Marca este día el inicio de las procesiones con la de la Dolorosa tanto en la ciudad como en las villas y pueblos de León, reflejo de lo que fue la fe religiosa y de lo poco que queda. Mucho de postureo.

En Siero, la Cuaresma iba jalonada con los calvarios y con los rosarios. El rosario de la Aurora y el de la Buena Muerte se podrán encontrar en este mismo blog. Así mismo, varios calvarios como Alerta, cristianos, alerta; Lágrimas de corazón, Llevemos animosos, Madre afligida, Poderoso Jesús nazareno, y Perdona, Jesús, todos ellos cantados en alternancia en los días penitenciales de Cuaresma y Semana Santa.  Se acompañan con un estudio pormenorizado de este género poético y ejemplo de cómo se tradicionaliza la poesía religiosa.

NUESTRA SEÑORA DEL MERCADO (León)

Al Viernes de Dolores se llegaba después de su novena, preparación para la gran semana. Lo que he llamado Pasión en verso, y publicado aquí, iba recorriendo todos los días desde el Domingo de Ramos y explicando lo esencial de ese día en la vida de Jesucristo. Finalizaba con el día de Pascua y aquella procesión del encuentro en que siempre me llamó la atención aquella talla de Jesús, chiquita, que se procesionaba por no haber otra más adecuada. Destacaba por su pequeñez frente a la de la Virgen dolorosa y después gozosa, a la que le cambiaba su luto por el blanco de la esperanza y de la alegría.

Hoy rindo homenaje a esta semana grande con la publicación de un romance religioso que narra la muerte, el descendimiento y el entierro de Jesús. En Siero se recitaba, y se cantaba, en estas fechas como obra religiosa anónima, sin saber que tenía autor conocido. La habían hecho suya, servía para que el autor legión exteriorizara sus sentimientos religiosos. Era propia del día de Viernes Santo y Sábado Santo, pero no importaba para que resonara en la iglesia en otros días de la Semana Santa.

Y ahí la encontré. Entre las pertenencias de María Fernández Domínguez (Siero de la Reina, 1907-1973), en una vieja libreta bastante deteriorada por el paso del tiempo y seguramente por el uso. En la portada se puede leer «Siero de la Reina 1932». En su interior un título: «Pasio». A continuación, de forma manuscrita, un poema estructurado en series de cuatro líneas, con alguna excepción. Pretende imitar la estrofa de cuatro versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, sin conseguirlo por el desconocimiento poético de su copista. Este no sabía que lo que estaba escribiendo era un romance, serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, y no uno de los muchos poemas tradicionales de carácter religioso que sí se estructuraban en coplas.

Al final de la «Pasio» aparecen tres datos importantes:

  1. a) Un título más largo que el del inicio: «Pasión de Nuestro Señor Jesucristo».
  2. b) El nombre del copista: «Escrita por el señor Fidel Domínguez». Familiar de la destinataria, natural de Villafrea de la Reina (León).
  3. c) La destinataria: «Para la señorita María Fernández». Natural de Siero.

Es muy probable que el copista actuara de amanuense y escribiera al dictado de alguien que conocía la «Pasio» y se la iba recitando. Es decir, el archivo que contenía tal poema era la memoria; la oralidad su medio de transmisión.

Y se puede afirmar casi con total seguridad que ni el recitador/a ni el copista ni la destinataria sabían que dicha «Pasio» era un romance compuesto en el siglo XVIII por el poeta jerezano Lucas del Olmo Alfonso[1], autor de buen número de composiciones religiosas que circulaban impresas en pliegos de cordel por toda la geografía española. Ejemplares de este romance, impresos en Valencia y en Madrid en el citado siglo, se pueden encontrar reproducidos en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, por citar solo un ejemplo. Lleva el siguiente título: Romance Mystico a la dolorosa passion de Nuestro Señor Jesu Crhisto, y Mysterio del Descendimiento de la Cruz. Compuesto por Lucas del Olmo Alfonso. Es un romance de 162 versos con rima asonante en e-a.

IGLESIA DE SIERO

Esta pasión de Siero es un claro ejemplo de la tradicionalización de una obra impresa de autor conocido (Véase al respecto mis post titulado  TRADICIONALIZACIÓN DE OBRAS POÉTICAS RELIGIOSAS: CALVARIOS Y OTROS GÉNEROS LITERARIOS EN VERSO). Se ha perdido la autoría, se la considera anónima, su vía de transmisión es la oral, se han eliminado fragmentos del original, se ha reorganizado y ha sido sometida al proceso que Menéndez Pidal denominó vivir en variantes. Solo dos ejemplos ilustrativos de cuanto vengo diciendo, amén de los solecismos que el lector podrá encontrar y que son propios de un amanuense iletrado.

Comienzo del romance original: «Alma, si eres compasiva, / atiende y considera/ al pie de la Cruz María / viendo estar pendiente de ella / a su Dulcísimo Hijo…»

Comienzo de la «Pasio» de Siero: «Alma, si eres compasiva, mira,/ atiende y considera que, al/  pie de la cruz, María viendo/ está el pendiente en ella,/ a su santísimo hijo…»

El segundo de los ejemplos es el final. Así es en el romance original: «para recibir el premio / después de la vida eterna». En la «Pasio» de Siero: «para recibir el / premio después en la / gloria eterna».

Y sin más explicaciones, transcribo el texto sierense adecuándolo a la ortografía vigente y estructurándolo en una serie seguida de versos octosílabos conforme al original.

 PASIO

Alma, si eres compasiva,
mira, atiende y considera
que, al pie de la cruz, María
viendo está el pendiente en ella,
a su santísimo hijo
abierto por cinco puertas[2],
corriendo arroyo de sangre;
coronada la cabeza
de penetrantes espinas,
cayendo la sangre en ellas[3],
que por el divino rostro
a hilo a hilo gotea.

MARÍA Y SAN JUAN AL PIE DE LA CRUZ

Mira qué color difunto,
a aquella boca de perlas;
parece un clavel morado
de haber caído en las piedras.
Las rosas de sus mejillas,
dos cardenales en ellas;
la garganta que a la nieve
no la hacía diferencia.
Desollados[4], renegridos
hombros y espaldas abiertas
por la cruz y los azotes;
los huesos se ven por ellas.
Su madre le está mirando
y oye cómo se lamenta:
―Hijo del mi corazón,
¿qué culpas fueron las vuestras
para quitaros la vida
siendo la misma inocencia?
¡Ay de lo que me hacéis,
atended, mirar mis penas,
si hay dolor que a mi dolor
pueda hacerle competencia;
que solo este hijo tenía
y por envidia y soberbia,
[5]sin culpa, me le han muerto.
¡Oh, mi Dios, que me atraviesa
una espada el corazón!
¡Y ay, que la noche se acerca¡
No tengo una sepultura
ni una mortaja siquiera
ni quien de la cruz le abaje.
¿Qué hará aquí esta esclava vuestra?
Ángeles de mi custodia,
¿cómo no aliviáis mis penas?
Los ángeles la dicen:
«No nos han dado licencia
de[6] bajar a vuestro hijo,
que corre por otra cuenta».
Vuelve la Virgen los ojos
y vio que tenía cerca
una cuadrilla de gente;
traían dos escaleras.
Le[7] dice sobresaltada
a san Juan desta manera:
«Dime, Juan, hijo querido:
¿sabrás qué gente es aquella?;
¿qué injurias quedrán hacer
a esta infinita grandeza?»
San Juan dice: «Madre mía,
calle y no tengáis pena,
que es[8] José[9] y Nicudemos[10]
y vendrán a cosa buena[11].

DESCENDIMIENTO DE JESÚS DE LA CRUZ, DE JUAN DE JUANES, SIGLO XVI

Llegan los santos varones
y, viendo la humilde reina
al pie de la cruz llorando,
comenzaron con gran pena
a decir su sentimiento.
En las palabras primeras,
con la fuerza del dolor,
todos a llorar comienzan.
Llora José, Nicudemos;
llora la sagrada reina
y todos los que allí estaban,
san Juan y la Madalena.
Tales eran los sollozos
que los corazones quiebran.
La humilde reina les dice:
«La noche se acerca»[12].
Y José y[13] Nicudemos
arriman las escaleras
al santo árbol de la cruz;
ambos subieron por ellas.
Ya le quitan la corona
y a su madre se la entregan,
que corona el Rey del cielo
tuvo puesta en la cabeza.
―¡Ay, mi Dios, que los mortales
la traten con reverencia!
Luego le quitan los clavos
y a su madre se le entregan.
―¡Oh, clavos, que atravesasteis
aquellas palmas inmensas,
que al cielo y todas las cosas
dieron ser[14], y las conserva;
heristeis[15] mi corazón
como una aguda saeta!
Bajan al difunto cuerpo
y san Juan por la cabeza,
Madalena por los pies,
a su madre se le entregan.
Recibiéndolo en su brazos
y viendo a aquella belleza,
que está tan desfigurada,
muy triste, a decir comienza:
«Venir los que estéis enfermos,
que la medicina es esta;
venir, que a todos convido
y que a ninguno se niega».
Nicudemos y José,
con los ungüentos que llevan,
ponen el difunto cuerpo
en una sábana nueva.
Le envuelven, y[16] un sudario
pusieron en su cabeza.
Van muchos fieles delante
y los que al difunto llevan:
Nicudemos y José;
detrás va la humilde reina
rodeada de serafines,
las tres Marías con ella[17].

ENTIERRO DE JESÚS, DE SISTO BADOLOCCHIO (1581-1647)

Al pasar por el Calvario,
adoró la humilde reina
al santo árbol de la cruz,
todos los demás con ella.
Se despidieron llorando
y su bendición les echa;
hasta la resurrección
que con mucha fe la esperan[18].
Tratemos de acompañarla
y consolarla en sus penas
para recibir el premio
después en la gloria eterna.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
Escrita por el señor Fidel Domínguez.
Para la señorita María Fernández.


[1] Muy poco es lo que se sabe de este poeta. Solo conocemos los datos que se pueden extraer de sus obras. Así sabemos que entre 1700 y 1733 publicó en Sevilla al menos dieciséis romances.

[2] Las cinco llagas: la lanzada del costado, las dos de los clavos de las manos y las dos de los clavos de los pies.

[3] En la libreta las.

[4] En la libreta desollándose, que no tiene sentido.

[5] Suprimo la preposición en con la que comienza el verso.

[6] Añado esta preposición, que está en el original del pliego, para que el verso no quede cojo.

[7] Añado el pronombre le, que está en el original, para que el verso no quede cojo.

[8] Elimino el adjetivo san que precede a José, que está en la libreta, ya que el que se halla al pie de la Cruz es José de Arimatea y no san José, esposo del Virgen. Además, el verso resultaría de nueve sílabas y no ocho como requiere el texto.

[9] Se trata de José de Arimatea, presente en el descendimiento. Era este judío, el hermano menor de Joaquín, el padre de la Virgen. Era miembro del Sanedrín y decurión del Imperio Romano. Según la tradición cristiana, era el propietario del sepulcro en el que fue enterrado Jesús.

[10] El nombre es Nicodemo. Estuvo presente en el descendimiento de la cruz de Jesús. Era judío, rico fariseo y miembro del Sanedrín. El evangelio dice que era hombre principal entre su pueblo.

[11] En la libreta, con error evidente y sin sentido: «y vendrá una casa buena».

[12] Verso cojo al modificar el original: «Mas la dolorosa madre / dixo: la noche se acerca».

[13] He añadido las dos conjunciones copulativas y que faltan en la libreta, pero que están en el original,  para que el verso sea octosílabo

[14] En la libreta: fuiste nira.

[15] En la libreta iristis.

[16] Añado la conjunción copulativa y para evitar que el verso resulte cojo.

[17] María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé.

[18] Sigo al original en estos dos  versos porque los de la libreta carecen de sentido: «esta la resurrecion que con mucho fiel pera».

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MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (2) La enseñanza de las primeras letras en la provincia de León y en la de Asturias en las zonas rurales en los años 20 del siglo pasado

La preocupación de las autoridades locales leonesas por la enseñanza, derivada e impuesta por la de los padres, es un hecho evidente a lo largo de los siglos XIX y XX. Existía la mentalidad en el padre de que su hijo estudiara, se formara para que llegara a ser más que él, saliera de la ignorancia en la que sumía la no existencia de escuelas. Que prosperara y pudiera vivir mejor que él. Se podría decir que ligaban el futuro mejor de sus hijos al saber.

Existe un libro de un maestro y profesor de la Escuela Normal de Palma, Luis Bello, publicado en Madrid en 1926 con el título Viaje por las escuelas de España, que es una verdadera radiografía de las diferentes provincias por las que pasó y del trato y atención que ayuntamientos y juntas vecinales dispensan a la enseñanza, plasmada en la existencia o no de escuelas y en el adecuado mantenimiento y dotación de estas.

Al hablar de la provincia de León dice que es esta modelo educativo con sus 1439 escuelas y con una tasa de analfabetismo sensiblemente inferior a la de la media de España. Mientras a nivel nacional la tasa se sitúa en el 30 %, en León baja hasta el 9 %.

Sírvanos de ejemplo de lo dicho anteriormente lo que Bello cuenta de la escuela del pueblo Sosas de Laciana (León). Tiene el pueblo 52 vecinos. La escuela ha sido construida por él. Es amplia, clara, limpia, magnífica. Tiene su propia biblioteca. Leña y carbón suficiente para que el maestro y los niños se calientan durante el largo y frío invierno. Asisten 58 niños. En marzo y abril faltan algunos niños (uno de cada cinco) porque sus padres les envían a guardan las veceras[1], pero el resto del año acuden todos a clase. Los propios vecinos reprochan a quienes no mandan a sus hijos a la escuela. No hay analfabetos en el pueblo. Este cuadro será muy diferente del que veremos en algunos pueblos asturianos.

NIÑOS DE LA ESCUELA DE SOSAS DE LACIANA DEL SIGLO PASADO

En el caso de Asturias, Luis Bello, al pasar de la zona de Villablino (León) al concejo de Cangas de Tineo[2] (Asturias), tras quedar prendado de la hermosura de sus montañas, esto es lo que dice de las escuelas de dicho concejo, vivo contraste con lo expuesto anteriormente sobre la zona leonesa:

La población de estas Cangas se halla esparcida en pueblos y aldeas, la mayoría sin maestros. Cangas de Tineo reúne en un solo Concejo cerca de setenta lugares. No llega a tener cuarenta escuelas. En invierno las comunicaciones son penosas; quedan las aldehuelas de aquellas brañas aisladas por la nieve. Los niños no pueden exponerse a los azares de una caminata de varios kilómetros.

Como segundo documento, tomaremos una novela, calificada por su autor como verdadera historia, novela histórica. Se trata de Entre montañas (La novela de un maestro rural), publicada en Madrid en 1922. Su autor es Antonio Juan Onieva Santamaría (1886-1977). Fue maestro y después inspector de enseñanza. A Asturias llega en 1914, y allí permanecerá varios años ejerciendo su labor inspectora de enseñanza, por lo que conocerá bien las escuelas de los pueblos asturianos.

La acción se sitúa en un pueblo de montaña, zona rural, llamado Castrido. Allí llega un joven maestro (26 o 28 años), a su primer destino como maestro después de haber estudiado la carrera de magisterio y haber sacado la oposición. Es, por tanto, un maestro titulado. Lo primero por lo que se interesa al llegar a su destino es por la escuela. Por ello, se pone en contacto con el alcalde pedáneo que se halla segando hierba y que no le hace mucho caso. La opinión del pedáneo sobre la escuela es reveladora: «No es demasiado buena, pero para lo que el pueblo es, aun le sobran elegancias». Continua su conversación con el nuevo maestro, al que califica por su vestimenta como «maestro señorito» y manifiesta que prefiere a un maestro babiano. Respecto de su época de niñez dice que «Cuando yo era rapaz, dábamos las letras debajo de un hórreo, y nadie se quejó jamás». Una vez que el maestro ha encontrado la llave de la escuela, que se utiliza como morgue en los días que llueve, se dirige hacia ella. Se encuentra con un destartalado edificio, situado entre la iglesia y el cementerio:

«se alzaba una pareducha ruinosa de piedras desnudas e irregulares, rematada con un tejadillo cubierto de musgo y hierbajos. En la pareducha citada, que era nada menos que la fachada principal del local de la escuela, había una puerta rota y desquiciada que mal tapaba un hueco lo suficientemente bajo para tropezar en su dintel al menor descuido y una ventana con el marco desclavado, podrido y sin un solo cristal en sus cuarterones».

Continúa la descripción indicando que sobre la puerta principal se hallaba pintado el escudo nacional, símbolo distintivo de las escuelas nacionales, que las diferenciaba de las municipales o de otra índole. Otra muestra del abandono en que se halla la escuela es que sirve de refugio para las gallinas, que dentro se encontrará el nuevo maestro. El suelo es de tierra, el techo es de teja vana que deja pasar la luz, el agua y el frío. Las paredes sin revocar. Como dotación de material escolar, media docena de libros escolares sin principio ni fin, unas cartulinas con las letras, un banco para los niños hecho de rudos tablones colocados sobre troncos de madera y una mesa para el maestro también de tablones. Este era el local que funcionaba como escuela y en el que el joven maestro tendrá que impartir sus enseñanzas.

De la novela histórica pasemos a la realidad que nos brinda de nuevo Viaje por las escuelas de España. Así describe la escuela de Brañas de Arriba (Asturias), en la que una maestra interina, de una vecina localidad, impartía clase y con un periodo invernal que podía durar de tres a cuatro meses, en el que el pueblo permanecía tapado por la nieve. Estas eran las condiciones del edificio y su dotación académica:

Brañas de Arriba tiene una escuela de montaña. Un albergue… la estrechez y pobreza de sus cuatro paredes, la vejez de sus vigas, por donde fue filtrándose el humo de muchos inviernos y la modestia de su menaje… Aquí tienen pocos libritos, pocas comodidades. Siéntanse en sus tachuelos[3], dejan las madreñas arrimadas a la pared… (p. 228).

BRAÑAS DE ARRIBA

Pues bien, a esas numerosas aldeas asturianas -sin maestros, con escuelas como las antes descritas o sin escuelas- no solo de Cangas de Tineo, sino también de otros concejos,  es adonde irán a dar escuela cada invierno numerosos leoneses de sus montañas –sin titulación alguna- de las zonas limítrofes con Asturias, bien fueran de la montaña oriental, bien fueran de la montaña central. La proximidad geográfica determinaba su destino y así vemos como al concejo de Ponga acudirán los maestros temporeros de Valdeburón (especialmente de La Uña)  y al de Cangas de Tineo los de Las Babias (Omaña, Babia y Laciana).

Se les contrataba por temporada, con salario que suele oscilar entre 30 y 40 duros y su labor se desarrollaba normalmente entre los meses de noviembre y abril, aunque había contratos de menor duración: diciembre-marzo, ambos incluidos. Su obligación era dar clase durante el día a los niños y por la noche a jóvenes y adultos. Las juntas vecinales serán las contratantes actuando el maestro titulado de una localidad vecina como asesor y examinador del nuevo maestro temporero.

Se valoraba su dominio correcto de la lengua castellana sin los modismos de los bables locales imperantes en Asturias, su saber, su rudeza y experiencia para transmitir dicho saber a los niños y su fortaleza para resistir los crudos inviernos en las aldeas asturianas.

Se les conoce con diferentes nombres: maestros de medio año (duración del período en que impartían escuela), ambulantes, lazariegos, catapotes (porque comían cada día en una casa), aunque la denominación más común es la de maestros babianos, llamados así porque procedían de lo que llamaban Las Babias. De estas comarcas leonesas acudían todos los años un numeroso grupo de hombres sin titulación a dar escuela al concejo vecino de Cangas de Tineo o a otros más lejanos como el de Ibias en el límite con Galicia. Y esto hasta la década de los sesenta del siglo pasado.


[1] Las labores agrícolas y ganaderas han sido las causantes de que en algunos casos los padres no enviaran a sus hijos a la escuela de primera enseñanza, que desde 1857 era obligatoria de 6 a 10 años, y los dedicaran a dichas actividades.

[2] En 1927 pasó a llamarse Cangas de Narcea.

[3] Taburetes pequeños.

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MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (1) El marco legislativo

El sistema educativo español estuvo reglado desde 1857 a 1970 por la Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857, conocida popularmente como Ley Moyano. El nombre se debe al ministro de Fomento que fue su impulsor: Claudio Moyano Samaniego (1809-1890). Por aquel entonces la enseñanza carecía de ministerio propio. Hasta 1900 no se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

En los más de 100 años de la existencia de la Ley Moyano los diferentes gobiernos la fueron desarrollando mediante sucesivos desarrollos reglamentarios, pero sin cambiar la ley. Fue ley de la monarquía, de la república y de la dictadura.

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CLAUDIO MOYANO

Como nuestro análisis se va a centrar esencialmente en el papel que los maestros temporeros leoneses desarrollaban en los pequeños pueblos asturianos durante los meses de noviembre a mayo en la segunda mitad del siglo XIX y primera del siglo XX, es necesario que comencemos señalando las principales características que dicha ley establecía para la primera enseñanza elemental, ámbito en el que se ha de desenvolver el colectivo al que nos referimos y por el que se ha de regir.

La Ley Moyano establecía tres niveles educativos: primera enseñanza, segunda enseñanza  y enseñanza superior. A su vez, dividía la primera, objeto de nuestro estudio, en elemental  y superior.

La enseñanza primera elemental era obligatoria para todos los españoles y comprendía el periodo de 6 a 9 años. Los padres o tutores que no enviaban a sus hijos a la escuela eran sancionados con multas que van desde los 2 a los 20 reales. Solamente era  gratis para aquellos hogares que no la podían pagar. El curso escolar durará todo el año, con disminución del número de horas de clase en el período veraniego (la ley lo llama canícula). Las escuelas eran de niños y de niñas, con las excepciones que veremos más adelante.

Los contenidos educativos de esta etapa se regulan en el artículo 2:

Primero. Doctrina cristiana y nociones de Historia sagrada, acomodadas a los niños.

Segundo. Lectura.

Tercero. Escritura.

Cuarto. Principios de Gramática castellana, con ejercicios de Ortografía.

Quinto. Principios de Aritmética, con el sistema legal de medidas, pesas y monedas.

Sexto. Breves nociones de Agricultura, Industria y Comercio, según las localidades.

Se establecen tres tipos de escuelas de primera enseñanza: completas (se imparten todas las enseñanzas del artículo 2), incompletas (solo una parte) y temporeras (funcionan solo una parte del año, normalmente de noviembre a mayo y en algunos casos menos: de diciembre a marzo).

En los pueblos de 500 habitantes existirá una escuela completa de niños y otra, aunque sea incompleta, de niñas. El número de escuelas irá subiendo en función del número de habitantes. Para los pueblos de menos de 500 habitantes, que es nuestro caso, se establece lo siguiente:

Art. 102. Los pueblos que no lleguen a 500 habitantes deberán reunirse a otros inmediatos para formar juntos un distrito donde se establezca escuela elemental completa, siempre que la naturaleza del terreno permita a los niños concurrir a ella cómodamente; en otro caso cada pueblo establecerá una escuela incompleta, y si aun esto no fuera posible, la tendrá por temporada.

Las Escuelas incompletas y las de temporada se desempeñarán por adjuntos o pasantes, bajo la dirección y vigilancia del Maestro de la Escuela completa más próxima:

Art. 103. Únicamente en las escuelas incompletas se permitirá la concurrencia de los niños de ambos sexos en un mismo local, y aun así con la separación debida.

El sostenimiento económico de todo tipo de escuelas correrá a cargo de las rentas propias (si las tuviera), de la aportación de los alumnos y de los presupuestos municipales, provinciales o del Estado, dependiendo del tipo de escuela. A partir de 1901 el Estado asume el pago del salario de los maestros de oposición, ya que los municipios pagaban poco, tarde y en algunos casos dejaban meses sin retribuir;  para los municipios se deja el coste de mantenimiento de la escuela, que en muchos casos dejaba mucho que desear.

Existían tres tipos de maestros:

  1. los de oposición, que habían obtenido su título en las Escuelas Normales y daban clases en las escuelas completas;
  2. los habilitados: personas sin la carrera de magisterio que se sometían a un examen de aptitud y moralidad ante la Junta Local de Instrucción Pública e impartían sus clase en las escuelas incompletas;
  3. los temporeros: carecían de carrera o habilitación y solo podían dar clase en las escuelas temporeras contratados por las juntas vecinales.

Ley moyano

La ley también estable los sueldos de los maestros

Art. 191. Los Maestros de Escuelas públicas elementales completas disfrutarán:

Primero. Habitación decente y capaz para sí y su familia.

Segundo. Un sueldo fijo de 2.500 rs. anuales, por lo menos en los pueblos que tengan 500 a 1.000 almas; de 3.300 rs. en los pueblos de 1.000 a 3.000; de 4.400 rs. en los de 3.000 a 10.000; de 5.500 rs. en los de 10, a 20.000; de 6.600 rs. en los de 20.000 a 40.000; de 8.000 rs. en los de 40.000 en adelante, y de 9.000 reales en Madrid.

Art. 192. Los Maestros y Maestras de las Escuelas percibirán, además de su sueldo fijo, el producto de las retribuciones de los niños que puedan pagarlas. Estas retribuciones se fijarán [44] por la respectiva Junta local, con aprobación de la de provincia.

Art. 193. En los pueblos que tengan menos de 500 almas el Gobernador fijará, oyendo al Ayuntamiento, la dotación que éste ha de dar al Maestro, o la cantidad con que ha de contribuir para dotar al del distrito que se forme, según lo prevenido en el art. 102.

Art. 194. Las Maestras tendrán de dotación respectivamente una tercera parte menos de lo señalado a los Maestros en la escala del art. 191

Tomemos como referencia dos tipos de poblaciones:

  1. a) Las de 500 a 1000 almas: 2500 reales anuales. No llegan a 7 reales diarios o lo que es lo mismo menos de dos pesetas.
  2. b) Las de menos de 500 almas: los ayuntamientos pagarán a los maestros y como veremos más adelante, estos, a su vez, delegarán en las juntas vecinales.

Demos un paso en el tiempo y situémosnos en la década 1910 a 1920, cuando ya el Estado se ha hecho cargo del pago del salario a los maestros y veremos que la situación económica de este colectivo sigue siendo similar a la de 1857. Estos son los salarios según el estudio de Antonio Rodríguez Pérez[1]:

En 1911 había en España 7.810 maestros que cobraban 500 Ptas. anuales; 6.552 que cobraban 625 Ptas. a los veinticinco años de servicio y 1.301 tenían un sueldo de 825 Ptas. Es decir hay un conjunto de unos 15.000 maestros cuyo haber diario oscila entre 5 y 9 reales.

Realicemos ahora una rápida comparativa de sueldos. En 1753, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, un obrero agrícola ganaba en La Uña (León) 2 pesetas diarias por día trabajado. En 1910, los peones del Ayuntamiento de Valladolid[2], la categoría laboral más baja de dicha institución, ganaban 810 pesetas anuales, es decir, 310 más que un maestro de oposición y que era destinado a los lugares más recónditos. También en 1910, el sueldo medio diario de los obreros de Altos Hornos de Bilbao[3] era de 5,06 pesetas, o lo que es lo mismo 1847 pesetas anuales. Diferencias significativas.

De las 500 pesetas de 1911 se pasará a las 2000 de 1920, salto cuantitativo importante:

En 1920 había nueve categorías de maestros de los cuales 16.440 pertenecían a la categoría más baja con un salario anual de 2.000 Ptas. y sólo 50 componían la categoría más elevada, con un sueldo de 8.000 Ptas. anuales.

Así pues, los de la categoría más baja tenían un salario diario de 5,47 pesetas, o lo que es lo mismo casi 22 reales. Si lo comparamos con las 10, 23 que cobraba un obrero de Altos Hornos de Bilbao, la diferencia nos parece que sigue siendo significativa.

Con este sistema retributivo, que no se alteraría significativamente hasta la década de los sesenta del siglo pasado, no es extraño que naciera el refrán que aún perdura en la mente de nuestros mayores: «pasar más hambre que un maestro de escuela». Ejemplos de la primera mitad del siglo XX tanto en pueblos de la montaña leonesa como de la asturiana son los que sobran. Por ello, haremos nuestra la conclusión a la que llega Antonio Pérez y que es harto elocuente: «la historia del magisterio [español] es una historia de endémica pobreza».


[1] «El maestro y su salario: visión sociohistórica», Aula, 1 (1985), p. 103

[2] Guillermo A. Pérez Sánchez, «La evolución del empleo y del salario en el Ayuntamiento de Valladolid: 1875-1930. Análisis cuantitativo», IH, 10 (1990), p. 34.

[3] Emiliano Fernández de Pinedo, «Beneficios, salarios y nivel de vida obrero en una gran empresa siderúrgica vasca, Altos Hornos de Vizcaya (1902-1927). Una primera aproximación», Revista de Historia Industrial, 1 (1992), p. 141.

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LOS PRIMEROS VALENTINES, LOS DE VERDAD

DÍA 14 DE FEBRERO, SAN VALENTÍN: regala valentines que no se comercialicen, regala AMOR

Este día se celebra la fiesta de los enamorados. Es evidente que es una fiesta comercial en la actualidad, pero en su origen no lo era. Esta costumbre de regalarse los enamorados arranca de dos viejas tradiciones.

En el calendario litúrgico católico, el día 14 de febrero se celebraba la festividad de tres santos de nombre Valentín, los tres mártires. Dos habían sufrido martirio en Roma y el otro en África. Los romanos, uno sacerdote y el otro obispo,  fueron martirizados en la segunda mitad del siglo III y enterrados en la Vía Flaminiana. La actual Porta del Popolo se conocía antiguamente como puerta de san Valentín. El nombre procedía de un pequeño templo dedicado a san Valentín en el barrio cercano. Y todo según la leyenda. Debido a la escasez de datos históricos sobre estos santos, la Iglesia dejó de celebrar su festividad en 1969, fiesta que había comenzado en el siglo V.

SAN VALENTÍN

SAN VALENTÍN

El Valentín romano sacerdote, según la leyenda, había sido antes médico; fue condenado al martirio el 14 de febrero de 270 por orden del emperador Claudio II (268-270) debido a su popularidad por casar a los soldados romanos jóvenes en ceremonias cristianas secretas, a pesar de que estaba prohibido. Se consideraba que los soldados jóvenes, solteros y sin familia, eras mejores soldados. Ahí tenemos la relación de san Valentín y los enamorados.

A esta leyenda de san Valentín se une una tradición medieval relacionada con las aves, y muy difundida en Francia e Inglaterra. Se creía que el 14 de febrero, día de san Valentín, las aves comenzaban a aparearse. Es el enamoramiento de las aves. Así lo hallamos en el Parlamento de las aves del inglés Geoffrey Chaucer (1343-14000):

«Cuando el día de san Valentín
cada ave su pareja ha de elegir».

Unidas ambas tradiciones, se comienza a celebrar ese día como el día de los enamorados. La celebración consistía en enviarse los enamorados cartas y muestras de amor que terminaron llamándose «valentines».

En la literatura francesa e inglesa de los siglos XIV y XV hay ya muestras de estas prácticas. Se suelen considerar como uno de los primeros testimonios las baladas 34 y 35 de Cinkante Ballades del poeta inglés bilingüe John Gower (1330-1408). Es obra de los últimos años. Está escrita en anglonormando. Va dirigida a un público noble y rico. Es de temática romántica.

En el siglo XVIII, la tradición viaja de Europa a Estados Unidos y en el XX, de Estados Unidos a Europa.

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TUMBA DE JOHN GOWER EN LA CATEDRAL DE SOUTHWARK

Y ahora se ofrecen aquí esos dos valentines, de los que hemos hablado, en su versión original, según la edición de R. F. Yeager,  y traducidos al español por la profesora María Rosa Álvarez Alonso.

BALADA 34

(ORIGINAL, EN ANGLONORMANDO)

Saint Valentin l’amour et la nature
de toutz oiseals ad en governement;
dont chascun d’eaux semblable a sa mesure
une compaigne honeste a son talent
eslist tout d’un acord et d’un assent:
pour celle soule laist a covenir
toutes les autres, car nature aprent,
u li coers est, le corps falt obeïr.

 Ma doulce dame, ensi jeo vous assure
qe jeo vous ai eslieu semblablement;
sur toutes autres estes a dessure
de mon amour si tresentierement,
qe riens y falt par quoi joiousement
de coer et corps jeo vous voldrai servir:
car de reson c’est une experiment,
u li coers est, le corps falt obeïr.

 Pour remembrer jadis celle aventure
de Alceone et Ceïx ensement,
com dieus muoit en oisel lour figure,
ma volenté serroit tout tielement,
qe sanz envie et danger de la gent
nous porroions ensemble par loisir
voler tout francs en nostre esbatement:
u li coers est, le corps falt obeïr.

 Ma belle oisel, vers qui mon pensement
s’en vole ades sanz null contretenir,
pren cest escript, car jeo sai voirement,
U li coers est, le corps falt obeïr.

BALADA 34

(VERSIÓN EN ESPAÑOL)

San Valentín, el amor y la naturaleza
de todas las aves tiene bajo su gobierno,
porque cada una de ellas, a su medida,
una compañera honesta en su inclinación
elige, con acuerdo y consentimiento:
por ella sola deja alegremente
todas las otras, porque la naturaleza enseña:
donde el corazón está, el cuerpo debe de obedecer.

Mi dulce dama, así yo os aseguro
que os he elegido de igual forma;
de todas las otras por encima estáis,
tan sagrada para mi amor
que nada echo en falta, porque con gozo
de corazón y cuerpo desearía serviros
ya que por razón está probado:
donde el corazón está, el cuerpo debe obedecer.

Recordad  aquella antigua historia
de Alceone y Ceix: que de la misma manera
en que los dioses mudaron en pájaros sus cuerpos,
mi voluntad sería la  misma
que sin envidia ni interferencia de nadie
pudiésemos juntos, a nuestro antojo,
volar libres para nuestro contento:
donde el corazón está, el cuerpo debe obedecer.

Mi bella ave, hacia quien mis pensamientos
vuelan sin encontrar oposición,
tomad este escrito, porque sé verdaderamente:
donde el corazón está, el cuerpo debe obedecer.

  aves1

BALADA 35

(ORIGINAL, EN ANGLONORMANDO)

Saint Valentin plus qe null Emperour
ad parlement et convocacion
ses toutz oiseals, qui vienont a son jour,
u la compaigne prent son compaignon
en droit amour; mais par comparison
d’ascune part ne puiss avoir la moie:
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 Com la fenix souleine est au sojour
en Arabie celle regioun,
ensi ma dame en droit de son amour
souleine maint, ou si jeo vuill ou noun,
n’ad cure de ma supplicacion,
sique d’amour ne sai troever la voie:
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 O com nature est pleine de favour
a ceos oiseals q’ont lour eleccion!
O si jeo fuisse en droit de mon atour
en ceo soul cas de lour condicioun!
Plus poet nature qe ne poet resoun,
en mon estat tresbien le sente et voie:
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 Chascun Tarcel gentil ad sa falcoun,
mais j’ai faili de ceo q’avoir voldroie:
ma dame, c’est le fin de mon chançoun,
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 

BALADA 35

(VERSIÓN EN ESPAÑOL)

San Valentín, más grande que ningún emperador,
convoca a parlamento y asamblea
a todos las aves que vienen ese día
en que la compañera toma su pareja
con verdadero amor; pero en comparación
no me es posible obtener mi parte:
quien solo permanece no puede tener gran contento.

Como el fénix está solo en su hogar
en la región de Arabia,
así mi dama, en lugar de su amor,
sola   está lo quiera yo o no;
no escucha mis ruegos,
porque del amor no sé encontrar el camino:
quien permanece solo no puede tener gran contento.

¡Oh, cómo la  naturaleza está llena de favores
para aquellas aves que han hecho su elección!
¡Oh, si en lugar de lo que tengo
pudiera yo estar en su misma condición!
Más puede la naturaleza que no puede la razón;
en mi estado muy bien lo siento y veo:
quien solo permanece no puede tener gran contento.

Cada gentil Tarcel tiene su halcón,
pero me falta aquello que tener quisiera;
mi dama, es el final de mi canción:
quien solo permanece no tiene gran contento.

EN EL DÍA DE SAN VALENTIÍN, REGALO SOLO VALENTINES, REGALA SOLO AMOR.

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SIMBOLOGÍA ICONOGRÁFICA EN SAN BLAS

Me pregunta mi inquiridor sobre la simbología de algunos de los objetos que acompañan a san Blas en los cuadros publicados en mi post «San Blas: santo protector…». Dice que se le escapan algunos de sus significados. Y no es raro en esta juventud que tiene otros centros de interés. Con brevedad, esta es la explicación.

Las representaciones iconográficas de san Blas en Occidente datan ya del siglo XI y son muy frecuentes.

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

En el cuadro de Memling (1491) encontramos a san Blas con el báculo en una mano y con una vela en la otra.

El báculo (en terminología pastoril: porrracha, cayado, cacha…) es atributo de los obispos. Simboliza su misión fundamental: el pastoreo de las almas de su grey, de su diócesis. Es un símbolo general. Jesucristo es el gran pastor y los obispos, sus representes, los pastores de sus ovejas, los cristianos.

En la mano izquierda porta una vela. Es símbolo particular. Tiene su origen en el mandato que el santo dio a la pobre viuda a la que el lobo le había robado su único bien: un pequeño cerdo. Cuando acudió a ver al santo, encarcelado, le llevó la cabeza y las patas del cerdo, unas semillas y una vela para que se alumbrara en la cárcel. El santo, después de haber comido de la cabeza y patas del cerdo, le encomendó que en el aniversario de su muerte llevara a la iglesia una vela y la ofreciera en su nombre, asegurándola a ella y a cuantos hicieran lo mismo que todas sus cosas marcharían bien. La mujer así lo realizó y comprobó cómo el resto de su vida todo le fue bien. Posteriormente no una vela, sino dos y en forma de aspa, serán utilizadas para la prevención o cura de los males de garganta invocando a san Blas.

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

En otro de los cuadros, anónimo, encontramos a san Blas curando al niño de la espina clavada en la garganta. En él aparecen el báculo, una palma y una carda. Comenzaremos por la palma.

La palma en la era precristiana simbolizaba la victoria. Los cristianos la adoptan con este significado de victoria pero aplicado al espíritu: victoria sobre los enemigos del alma. De aquí se aplicará a los mártires, que con su muerte vencen a los enemigos del cristianismo. Es, por tanto, un símbolo general. Recordemos que san Blas fue decapitado por no renunciar a sus creencias cristianas. Es un mártir de la fe.

El tercer símbolo es la carda. Es este un instrumento textil: «Especie de cepillo con púas de alambre usado en la industria textil para limpiar y separar unas fibras de otras». Fue utilizado como instrumento de tortura en san Blas para rasgar sus carnes.

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). iGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). iGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

En otra representación, como en la tabla de Martín de Soria,  aparece san Blas en una cueva rodeado de fieras. Como ya he dicho, san Blas se retiró en Tasbe a las montañas y allí vivió como un ermitaño en una cueva. A esta acudían las fieras del monte para acompañarle o cuando estaban enfermas o heridas para que fueran curadas por él. De ahí que en algunos lugares sea considerado como protector de los animales, además de la garganta.

SIC…

 

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SAN BLAS: santo protector de la garganta y muy presente en el refranero español

Día 3 de febrero de … SAN BLAS

1. UN POCO DE HISTORIA

Es san Blas, obispo y mártir, uno de los santos de la Iglesia más populares perteneciente al grupo de los que son conocidos como AUXILIADORES, pero carente de consistencia histórica. La mayoría de lo que de él se cuenta se basa en la leyenda. Según esta, habría vivido en Sebaste (Armenia), donde fue obispo y sufrió el martirio en tiempos del emperador Licinius (307-323), hacia el 316.

Fue uno de los santos más populares durante la Edad Media tanto en Oriente como en Occidente, sin que se conozca el motivo. Quizá haya sido por ser invocado en los males de garganta (tan habituales en el género humano). En el siglo VI, el griego Aecio de Amida, autor de una enciclopedia médica (Dieciséis libros médicos) en la que compendia el saber médico del Imperio Bizantino, citaba su intervención como un poderoso remedio contra las enfermedades de garganta.

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

Esta protección, según Santiago de la Vorágine y su Leyenda Áurea (h. 1264), proviene del siguiente hecho. Cuando Agrícola, gobernador de Sebaste,  ordenó a sus soldados que detuvieran a san Blas y lo llevaran a su presencia –vivía en las montañas dentro de una cueva, al modo ermitaño y rodeado de bestias salvajes-, al pasar por un poblado acudió a él una mujer con un hijo en brazos que estaba a punto de morir asfixiado a causa de una espina de pescado que se le había clavado en la garganta. El santo le colocó su mano sobre la cabeza y rogó al Señor que lo curara. Acto seguido el niño expulso la espina y quedó repentinamente sano.

Poco antes de morir decapitado y tras haber sufrido la aplicación del tormento de los garfios incandescentes, san Blas pidió a Dios que todos cuantos tuvieran cualquier mal de garganta obtuvieran su curación si se encomendaban a él y solicitaban su intervención. Entonces se oyó una voz del cielo que decía: «Lo que acabas de decir queda concedido». A partir de aquel entonces san Blas pasó a ser considerado como el protector de los males de garganta. Así se explica esa exclamación tan popular que se dice cuando un niño se añusga: ¡San Blas, san Blas!

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

De acuerdo con el relato anterior, en la festividad de san Blas, el día 3 de febrero en Occidente y el 11 en Oriente, en las iglesias a él dedicadas tienen lugar algunas ceremonias encaminadas a curar o prevenir los males de garganta. Varían según las iglesias, las zonas o los países. Me referiré a tres de ellas. El sacerdote bendice dos velas y manteniéndolas en forma de cruz toca con ellas la cabeza o la garganta. Otra consiste en bendecir aceite y sumergir en ella una mecha ardiendo; a continuación tocará con ella la garganta.

IGLESIA DE SAN BLAS DE BILBAO

IGLESIA DE SAN BLAS DE BILBAO

Por último, contaré lo vivido en la iglesia de san Blas de Bilbao en mi estancia por tierras bilbaínas. El día del santo se acudía a la iglesia. Se compraba un cordón de algodón de colores bendecido, se ponía al cuello y se participaba en la misa. Dicho cordón debía permanecer durante nueve días en el cuello. Al décimo se quitaba y se quemaba. A partir de ese momento la garganta estaba protegida contra todo tipo de males.

CORDONES DE SAN BLAS

CORDONES DE SAN BLAS

2. SAN BLAS Y EL REFRANERO

Se podría decir que san Blas es uno de los santos de la Iglesia que más presencia tiene en el refranero español. Aquí se ofrece una pequeña antología.

REFRANES INVOCADORES DE SALUD

Los disantos de febrero, santa Brígida el primero; el segundo, Candelero, y el tercero, Gargantero.

¡San Blas, san Blas!

¡San Blas bendito, que se ahoga el angelito!

San Blas cura la garganta al joven que come y no canta.

San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito.

REFRANES METEREOLÓGICOS

Por san Blas la cigüeña verás, y si no la vieres año de nieves.

Por san Blas la cigüeña verás, y si no la vieres mal año esperes.

Por san Blas la cigüeña verás, y si la vieres año de bienes.

Como es san Blas, es Semana Santa y Carnaval.

Si hiela por san Blas, treinta días más.

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REFRANES AGRÍCOLAS

Por san Blas, si ya no lo has sembrado, siembra tu ajar.

Por san Blas, planta ajos y comerás.

Por san Blas, tus ajos sembrarás

Por san Blas ajete, mete uno y sacarás siete.

Por san Blas, higuera plantarás e higos comerás.

Por san Blas, las patatas sembrarás

 

REFRANES CRONOLÓGICOS

Candelaria a dos y san Blas a tres, adivina qué mes es.

El primero hace día; el segundo santa María; el tercero san Blas y santa Águeda detrás.

Por san Blas, una hora más.

En febrero, el primer día, san Ignacio es el que guía; el segundo santa María, y después viene San Blas; y despedirse muchachas hasta carnaval.

En llegando San Blas, pon pan y vino en la alforja, que día no faltará.

Por San Blas, una menos y otra más.

REFRANES ALIMENTICIOS

Por san Blas, el besugo atrás.

Voy a hacer como San Blas, que comió y ya se va.

 

REFRANES DE FESTIVIDAD

Mocitas a San Blas, que fiestas no vienen más.

 

REFRANES DE ANIMALES

Por San Blas, el culo a tu gallina tentarás, y, si huevo no tiene, pronto lo tendrá.

 

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). iGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). IGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

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