MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (3) Maestros de La Uña (León) en Asturias en los siglos XIX y XX

La Uña en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del siglo XX, al igual que hoy, era un pequeño pueblo de la montaña oriental leonesa situado en la cabera del río Esla y levantado entre montañas. En 1850, según el Diccionario de Madoz tenía 23 casas y 90 almas.

No limita con Asturias, pero su territorio es cercano y a través del puerto de Ventaniella o de La Fonfría se llega pronto a los pueblos asturianos del concejo de Ponga. Se utilizaba para ello fundamentalmente la calzada romana que comunicaba Asturias y León por el puerto antes citado de Ventaniella. Venía desde Riaño siguiendo el curso del río Esla hasta La Uña, de donde tomaría rumbo por el valle de Valdosín hacia el puerto de Ventaniella. De aquí a San Juan de Beleño, capital del concejo de Ponga, para enlazar con el valle del Sella.

CASERÍO Y ERMITA DE VENTANIELLA

Antonio del Blanco dedica un capítulo de su libro El pueblo de La uña  y su entorno (2011) a lo que él llama «Jóvenes maestros». En él afirma que desde tiempos inmemorables y hasta 1920 hombres jóvenes de La Uña, una vez finalizadas las tareas agrícolas propias de la estación veraniega y recogido ya el ganado en las cuadras, se dirigían a tierras asturianas (Ponga, Cangas de Onís, Corao…) a lo que se denominaba «dar escuela» o lo que es lo mismo, ejercer de maestros de primera enseñanza en los cientos de escuelas temporeras existentes en Asturias[1].

De 1846 es este documento referido al concejo de Ponga, que presenta y define este tipo de escuelas ligadas a las juntas vecinales:

Desde inmemorial tiempo los pueblos de este concejo cada cual tuvo su escuela de primeras letras para la enseñanza de niños manteniendo y pagando su maestro con los fondos del común y con aportaciones de los asistentes, cuyas escuelas jamás fueron de año y sólo desde Todos los Santos o desde primeros de noviembre hasta primeros de mayo de cada año en que se cierran atendiendo no solo a la miseria de los pueblos, sino también a la necesidad indispensable que en la estación de verano tienen los padres de valerse de sus hijos tiernos alumnos para el pastoreo de sus ganados de que este país subsiste. Los pueblos con equidad ajustaban los maestros y les pagaban con la misma según las bases que para ello fijaban.[2]

El regreso de estos maestros leoneses viene marcado por el cierre de las escuelas que iba ligado al inicio, tanto en la montaña asturiana como en la leonesa, del nuevo ciclo agrícola y ganadero que requería en sus respectivos lugares la mano de obra de alumnos y profesores: preparación de las tierras para la siembra y suelta de los ganados estabulados al campo.

CONCEJO DE PONGA

Los elementos definidores de estos maestros rurales LEONESES eran los siguientes:

– Carecen de titulación alguna.

– Desempeñan su labor docente en los pequeños y recónditos pueblos de la montaña asturiana: «escuela vecinal».

– Durante el día dará clase a los niños y por la noche a jóvenes y adultos («ir a cuentas»).

– Son contratados por las juntas vecinales. Estas se encargaban de buscar al maestro, firmar el contrato, habilitar el local para escuela (no siempre había un edificio ad hoc)[3] y fijar el programa escolar que el maestro debía desarrollar[4]. Como veremos al hablar de los maestros babianos, eran examinados por un maestro titulado de las localidades vecinas en que iban a ejercer.

– El salario solía ser muy bajo: se habla de que no solía pasar de los 40 duros por temporada. Esto hacía que también ejercieran otros oficios al margen del de maestros. Se conocen ejemplos de maestros que implementaban su sueldo como amanuenses, madreñeros, herreros, etc.

– Comían y dormían en las casas de los vecinos que enviaban niños a la escuela, de acuerdo con el número de estos («maestros cata-potes»).

– Cuando repiten como maestros, no siempre van al mismo pueblo.

– Son, por tanto, temporeros.

Ahora cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué estos pueblos asturianos contrataban a personas leonesas para que ejercieran de maestros en sus pedanías hasta la década de los sesenta del siglo pasado?

La respuesta parece obvia: no había suficientes maestros nacionales titulados para desempeñar su labor docente en estas poblaciones pobres, atrasadas y remotas de la montaña. Los titulados se quedaban en las poblaciones que tenían mayor número de habitantes, mejores condiciones de vida y mayor salario.

La razón de que fueran leoneses ya he hablado de ella en el post anterior:

– Por su dominio correcto de la lengua castellana sin los modismos de los bables locales imperantes en Asturias.

– Por su saber, su rudeza y experiencia para transmitir dicho saber a los niños.

– Por su fortaleza para resistir los crudos inviernos en las aldeas asturianas, ya que venían de zonas en las que el invierno era similar o más crudo.

– Por su disposición a dormir y comer de forma ambulante.

– Y por su bajo salario.

FOTO ANTIGUA DE LA UÑA

Antonio del Blanco, en el libro antes citado, da el nombre y los lugares donde ejercieron algunos de estos maestros temporeros de La Uña:

  • Juan Piñán Valdeón, en Pezeñil-Canga de Onís.
  • Marcelino Valdeón Ibáñez, en Santa Eulalia (Los Oscos), La Borbolla (Llanes).
  • Tomás Rodríguez Paniagua, en Abiegos, Taranes y Tanda (Ponga).
  • Eugenio Paniagua Pellón, en Ambingue (Ponga).
  • Pascual Rodríguez Paniagua, en Tanda y Taranes (Ponga).
  • Valero Valdeón Fernández, en San Juan de Beleño (Ponga).
  • Patricio Rodríguez Paniagua, en Granda (Siero).
  • Víctor Ibáñez Díez, en Caranga (Ponga).

Otros nombres se pueden añadir a la lista anterior:

  • Simón Valdeón Alonso
  • Jerónimo Reguera Piñán.
  • José Lario Valdeón.
  • Pedro Díez Miguel, en Tanda y Taranes (Ponga).
  • Bernardino Paniagua, en Abiegos (Ponga).

Capítulo aparte merecen la institución docente en la que habían conseguido los saberes que les capacitarán para desempeñar la tarea de «dar escuela» y qué currículum enseñaban.

Los conocimientos adquiridos por estos maestros temporeros procedían de cuatro fuentes diferentes:

– De los años que asistieron a la escuela en La Uña en su etapa de niños. Ya hemos dicho que esta etapa educativa era obligatoria desde 1857 (Ley Moyano) y comprendía de los 6 a los 10 años. Más tarde se extendería la obligatoriedad hasta los 14 años. Habría que suponer que fueron los alumnos aventajados los que a posteriori, siendo adultos, pasaron a Asturias a transmitir sus saberes.

– De su asistencia a las clases nocturnas que el maestro de la localidad daba por las noches para jóvenes y adultos, que eran voluntarias y tenían que pagar. Conozco a buen número de personas que «fueron a cuentas» en La Uña con tal o cual maestro/a, como así se llama esta actividad nocturna.

– De su autodidactismo. Siempre ha habido personas preocupadas por seguir su formación docente una vez fuera de las aulas. Para ello utilizan el préstamo o la compra de libros.

– De la competencia en saberes. Este procedimiento es singular y consiste en reunirse varias personas para demostrar quién es el que más sabe de una determinada materia. Esto supone una preparación previa. En el momento de la competición, cada uno plantea a su máximo nivel los conocimientos que tiene sobre ella a través de preguntas o breves exposiciones para comprobar si sus competidores lo saben. Así nos presenta esta actividad en La Uña (León) Hipólito Diez Muñiz en su libro Los años perdidos (2015) al hablar de sus padres:

Tanto mi padre como mi madre tenían estudios, básicos, pero bastante elevados. Mi padre de matemáticas estaba a nivel de cualquier maestro. Se codeaba con el que más sabía del pueblo, el ya mencionado Pascual [Mediavilla], y con Antonio Pellón, «El Moreno», y, alguna vez se juntaban en nuestra casa para competir en matemáticas. (p. 75)

Conviene, por último, dejar claro que ninguno de estos maestros temporeros de La Uña pasó por la cátedra de Latinidad de Lois (León), a pesar de su cercanía y de que estaba funcionando desde 1744. En ella ingresaban los alumnos a los 10 años para cursar los cuatro años de latinidad y humanidades.

En cuanto al currículo que enseñaban estos maestros temporeros, llamados también de primeras letras, hay que señalar que groso modo se ajustaba a lo establecido por la propia Ley Moyano para la primera enseñanza elemental (véase lo dicho en el primer post) y que se podría resumir así:

  • Enseñar a leer.
  • Enseñar a escribir.
  • Nociones básicas de aritmética: sumar, restar, multiplicar, dividir y algunos problemas.
  • Nuevo sistema de monedas, pesas y medidas.
  • Algo de literatura (romances).
  • Doctrina cristiana a través del catecismo del padre Astete.
  • Habría que añadir que también estaban obligados a atender a los jóvenes y adultos que en horario nocturno quisieran asistir a implementar sus conocimientos. Lecciones de noche o de domingo las llama la Ley Moyano en su artículo 106. Por tanto, los contenidos que se impartían en estas clases eran básicamente los mismos que los de la escuela de niños, pero a nivel superior.

[1] Ángel Mato Díaz, «Las escuelas y los maestros de primeras letras (Siglo XIX)», Magister, 23 (2010), p. 26

[2] Ibídem, p. 22.

[3] Ángel Mato nos habla de tendejones, la sacristía, el atrio de la iglesia. Y en la novela de Onieva, Entre montañas, el pedáneo dice que en sus tiempos de escuela se daba debajo de un hórreo.

[4] A veces se incluía la obligación de acudir con los niños a los actos religiosos que tenían lugar en la iglesia.

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ROMANCE DEL DESCENDIMIENTO, SEGÚN LA VERSIÓN DE SIERO (LEÓN)

 A ti, madre

Un año más acudo a la Semana Santa leonesa este Viernes de Dolores, aunque sea una contradictio in terminis. Pero así es la realidad. Marca este día el inicio de las procesiones con la de la Dolorosa tanto en la ciudad como en las villas y pueblos de León, reflejo de lo que fue la fe religiosa y de lo poco que queda. Mucho de postureo.

En Siero, la Cuaresma iba jalonada con los calvarios y con los rosarios. El rosario de la Aurora y el de la Buena Muerte se podrán encontrar en este mismo blog. Así mismo, varios calvarios como Alerta, cristianos, alerta; Lágrimas de corazón, Llevemos animosos, Madre afligida, Poderoso Jesús nazareno, y Perdona, Jesús, todos ellos cantados en alternancia en los días penitenciales de Cuaresma y Semana Santa.  Se acompañan con un estudio pormenorizado de este género poético y ejemplo de cómo se tradicionaliza la poesía religiosa.

NUESTRA SEÑORA DEL MERCADO (León)

Al Viernes de Dolores se llegaba después de su novena, preparación para la gran semana. Lo que he llamado Pasión en verso, y publicado aquí, iba recorriendo todos los días desde el Domingo de Ramos y explicando lo esencial de ese día en la vida de Jesucristo. Finalizaba con el día de Pascua y aquella procesión del encuentro en que siempre me llamó la atención aquella talla de Jesús, chiquita, que se procesionaba por no haber otra más adecuada. Destacaba por su pequeñez frente a la de la Virgen dolorosa y después gozosa, a la que le cambiaba su luto por el blanco de la esperanza y de la alegría.

Hoy rindo homenaje a esta semana grande con la publicación de un romance religioso que narra la muerte, el descendimiento y el entierro de Jesús. En Siero se recitaba, y se cantaba, en estas fechas como obra religiosa anónima, sin saber que tenía autor conocido. La habían hecho suya, servía para que el autor legión exteriorizara sus sentimientos religiosos. Era propia del día de Viernes Santo y Sábado Santo, pero no importaba para que resonara en la iglesia en otros días de la Semana Santa.

Y ahí la encontré. Entre las pertenencias de María Fernández Domínguez (Siero de la Reina, 1907-1973), en una vieja libreta bastante deteriorada por el paso del tiempo y seguramente por el uso. En la portada se puede leer «Siero de la Reina 1932». En su interior un título: «Pasio». A continuación, de forma manuscrita, un poema estructurado en series de cuatro líneas, con alguna excepción. Pretende imitar la estrofa de cuatro versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, sin conseguirlo por el desconocimiento poético de su copista. Este no sabía que lo que estaba escribiendo era un romance, serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, y no uno de los muchos poemas tradicionales de carácter religioso que sí se estructuraban en coplas.

Al final de la «Pasio» aparecen tres datos importantes:

  1. a) Un título más largo que el del inicio: «Pasión de Nuestro Señor Jesucristo».
  2. b) El nombre del copista: «Escrita por el señor Fidel Domínguez». Familiar de la destinataria, natural de Villafrea de la Reina (León).
  3. c) La destinataria: «Para la señorita María Fernández». Natural de Siero.

Es muy probable que el copista actuara de amanuense y escribiera al dictado de alguien que conocía la «Pasio» y se la iba recitando. Es decir, el archivo que contenía tal poema era la memoria; la oralidad su medio de transmisión.

Y se puede afirmar casi con total seguridad que ni el recitador/a ni el copista ni la destinataria sabían que dicha «Pasio» era un romance compuesto en el siglo XVIII por el poeta jerezano Lucas del Olmo Alfonso[1], autor de buen número de composiciones religiosas que circulaban impresas en pliegos de cordel por toda la geografía española. Ejemplares de este romance, impresos en Valencia y en Madrid en el citado siglo, se pueden encontrar reproducidos en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, por citar solo un ejemplo. Lleva el siguiente título: Romance Mystico a la dolorosa passion de Nuestro Señor Jesu Crhisto, y Mysterio del Descendimiento de la Cruz. Compuesto por Lucas del Olmo Alfonso. Es un romance de 162 versos con rima asonante en e-a.

IGLESIA DE SIERO

Esta pasión de Siero es un claro ejemplo de la tradicionalización de una obra impresa de autor conocido (Véase al respecto mis post titulado  TRADICIONALIZACIÓN DE OBRAS POÉTICAS RELIGIOSAS: CALVARIOS Y OTROS GÉNEROS LITERARIOS EN VERSO). Se ha perdido la autoría, se la considera anónima, su vía de transmisión es la oral, se han eliminado fragmentos del original, se ha reorganizado y ha sido sometida al proceso que Menéndez Pidal denominó vivir en variantes. Solo dos ejemplos ilustrativos de cuanto vengo diciendo, amén de los solecismos que el lector podrá encontrar y que son propios de un amanuense iletrado.

Comienzo del romance original: «Alma, si eres compasiva, / atiende y considera/ al pie de la Cruz María / viendo estar pendiente de ella / a su Dulcísimo Hijo…»

Comienzo de la «Pasio» de Siero: «Alma, si eres compasiva, mira,/ atiende y considera que, al/  pie de la cruz, María viendo/ está el pendiente en ella,/ a su santísimo hijo…»

El segundo de los ejemplos es el final. Así es en el romance original: «para recibir el premio / después de la vida eterna». En la «Pasio» de Siero: «para recibir el / premio después en la / gloria eterna».

Y sin más explicaciones, transcribo el texto sierense adecuándolo a la ortografía vigente y estructurándolo en una serie seguida de versos octosílabos conforme al original.

 PASIO

Alma, si eres compasiva,
mira, atiende y considera
que, al pie de la cruz, María
viendo está el pendiente en ella,
a su santísimo hijo
abierto por cinco puertas[2],
corriendo arroyo de sangre;
coronada la cabeza
de penetrantes espinas,
cayendo la sangre en ellas[3],
que por el divino rostro
a hilo a hilo gotea.

MARÍA Y SAN JUAN AL PIE DE LA CRUZ

Mira qué color difunto,
a aquella boca de perlas;
parece un clavel morado
de haber caído en las piedras.
Las rosas de sus mejillas,
dos cardenales en ellas;
la garganta que a la nieve
no la hacía diferencia.
Desollados[4], renegridos
hombros y espaldas abiertas
por la cruz y los azotes;
los huesos se ven por ellas.
Su madre le está mirando
y oye cómo se lamenta:
―Hijo del mi corazón,
¿qué culpas fueron las vuestras
para quitaros la vida
siendo la misma inocencia?
¡Ay de lo que me hacéis,
atended, mirar mis penas,
si hay dolor que a mi dolor
pueda hacerle competencia;
que solo este hijo tenía
y por envidia y soberbia,
[5]sin culpa, me le han muerto.
¡Oh, mi Dios, que me atraviesa
una espada el corazón!
¡Y ay, que la noche se acerca¡
No tengo una sepultura
ni una mortaja siquiera
ni quien de la cruz le abaje.
¿Qué hará aquí esta esclava vuestra?
Ángeles de mi custodia,
¿cómo no aliviáis mis penas?
Los ángeles la dicen:
«No nos han dado licencia
de[6] bajar a vuestro hijo,
que corre por otra cuenta».
Vuelve la Virgen los ojos
y vio que tenía cerca
una cuadrilla de gente;
traían dos escaleras.
Le[7] dice sobresaltada
a san Juan desta manera:
«Dime, Juan, hijo querido:
¿sabrás qué gente es aquella?;
¿qué injurias quedrán hacer
a esta infinita grandeza?»
San Juan dice: «Madre mía,
calle y no tengáis pena,
que es[8] José[9] y Nicudemos[10]
y vendrán a cosa buena[11].

DESCENDIMIENTO DE JESÚS DE LA CRUZ, DE JUAN DE JUANES, SIGLO XVI

Llegan los santos varones
y, viendo la humilde reina
al pie de la cruz llorando,
comenzaron con gran pena
a decir su sentimiento.
En las palabras primeras,
con la fuerza del dolor,
todos a llorar comienzan.
Llora José, Nicudemos;
llora la sagrada reina
y todos los que allí estaban,
san Juan y la Madalena.
Tales eran los sollozos
que los corazones quiebran.
La humilde reina les dice:
«La noche se acerca»[12].
Y José y[13] Nicudemos
arriman las escaleras
al santo árbol de la cruz;
ambos subieron por ellas.
Ya le quitan la corona
y a su madre se la entregan,
que corona el Rey del cielo
tuvo puesta en la cabeza.
―¡Ay, mi Dios, que los mortales
la traten con reverencia!
Luego le quitan los clavos
y a su madre se le entregan.
―¡Oh, clavos, que atravesasteis
aquellas palmas inmensas,
que al cielo y todas las cosas
dieron ser[14], y las conserva;
heristeis[15] mi corazón
como una aguda saeta!
Bajan al difunto cuerpo
y san Juan por la cabeza,
Madalena por los pies,
a su madre se le entregan.
Recibiéndolo en su brazos
y viendo a aquella belleza,
que está tan desfigurada,
muy triste, a decir comienza:
«Venir los que estéis enfermos,
que la medicina es esta;
venir, que a todos convido
y que a ninguno se niega».
Nicudemos y José,
con los ungüentos que llevan,
ponen el difunto cuerpo
en una sábana nueva.
Le envuelven, y[16] un sudario
pusieron en su cabeza.
Van muchos fieles delante
y los que al difunto llevan:
Nicudemos y José;
detrás va la humilde reina
rodeada de serafines,
las tres Marías con ella[17].

ENTIERRO DE JESÚS, DE SISTO BADOLOCCHIO (1581-1647)

Al pasar por el Calvario,
adoró la humilde reina
al santo árbol de la cruz,
todos los demás con ella.
Se despidieron llorando
y su bendición les echa;
hasta la resurrección
que con mucha fe la esperan[18].
Tratemos de acompañarla
y consolarla en sus penas
para recibir el premio
después en la gloria eterna.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
Escrita por el señor Fidel Domínguez.
Para la señorita María Fernández.


[1] Muy poco es lo que se sabe de este poeta. Solo conocemos los datos que se pueden extraer de sus obras. Así sabemos que entre 1700 y 1733 publicó en Sevilla al menos dieciséis romances.

[2] Las cinco llagas: la lanzada del costado, las dos de los clavos de las manos y las dos de los clavos de los pies.

[3] En la libreta las.

[4] En la libreta desollándose, que no tiene sentido.

[5] Suprimo la preposición en con la que comienza el verso.

[6] Añado esta preposición, que está en el original del pliego, para que el verso no quede cojo.

[7] Añado el pronombre le, que está en el original, para que el verso no quede cojo.

[8] Elimino el adjetivo san que precede a José, que está en la libreta, ya que el que se halla al pie de la Cruz es José de Arimatea y no san José, esposo del Virgen. Además, el verso resultaría de nueve sílabas y no ocho como requiere el texto.

[9] Se trata de José de Arimatea, presente en el descendimiento. Era este judío, el hermano menor de Joaquín, el padre de la Virgen. Era miembro del Sanedrín y decurión del Imperio Romano. Según la tradición cristiana, era el propietario del sepulcro en el que fue enterrado Jesús.

[10] El nombre es Nicodemo. Estuvo presente en el descendimiento de la cruz de Jesús. Era judío, rico fariseo y miembro del Sanedrín. El evangelio dice que era hombre principal entre su pueblo.

[11] En la libreta, con error evidente y sin sentido: «y vendrá una casa buena».

[12] Verso cojo al modificar el original: «Mas la dolorosa madre / dixo: la noche se acerca».

[13] He añadido las dos conjunciones copulativas y que faltan en la libreta, pero que están en el original,  para que el verso sea octosílabo

[14] En la libreta: fuiste nira.

[15] En la libreta iristis.

[16] Añado la conjunción copulativa y para evitar que el verso resulte cojo.

[17] María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé.

[18] Sigo al original en estos dos  versos porque los de la libreta carecen de sentido: «esta la resurrecion que con mucho fiel pera».

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MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (2) La enseñanza de las primeras letras en la provincia de León y en la de Asturias en las zonas rurales en los años 20 del siglo pasado

La preocupación de las autoridades locales leonesas por la enseñanza, derivada e impuesta por la de los padres, es un hecho evidente a lo largo de los siglos XIX y XX. Existía la mentalidad en el padre de que su hijo estudiara, se formara para que llegara a ser más que él, saliera de la ignorancia en la que sumía la no existencia de escuelas. Que prosperara y pudiera vivir mejor que él. Se podría decir que ligaban el futuro mejor de sus hijos al saber.

Existe un libro de un maestro y profesor de la Escuela Normal de Palma, Luis Bello, publicado en Madrid en 1926 con el título Viaje por las escuelas de España, que es una verdadera radiografía de las diferentes provincias por las que pasó y del trato y atención que ayuntamientos y juntas vecinales dispensan a la enseñanza, plasmada en la existencia o no de escuelas y en el adecuado mantenimiento y dotación de estas.

Al hablar de la provincia de León dice que es esta modelo educativo con sus 1439 escuelas y con una tasa de analfabetismo sensiblemente inferior a la de la media de España. Mientras a nivel nacional la tasa se sitúa en el 30 %, en León baja hasta el 9 %.

Sírvanos de ejemplo de lo dicho anteriormente lo que Bello cuenta de la escuela del pueblo Sosas de Laciana (León). Tiene el pueblo 52 vecinos. La escuela ha sido construida por él. Es amplia, clara, limpia, magnífica. Tiene su propia biblioteca. Leña y carbón suficiente para que el maestro y los niños se calientan durante el largo y frío invierno. Asisten 58 niños. En marzo y abril faltan algunos niños (uno de cada cinco) porque sus padres les envían a guardan las veceras[1], pero el resto del año acuden todos a clase. Los propios vecinos reprochan a quienes no mandan a sus hijos a la escuela. No hay analfabetos en el pueblo. Este cuadro será muy diferente del que veremos en algunos pueblos asturianos.

NIÑOS DE LA ESCUELA DE SOSAS DE LACIANA DEL SIGLO PASADO

En el caso de Asturias, Luis Bello, al pasar de la zona de Villablino (León) al concejo de Cangas de Tineo[2] (Asturias), tras quedar prendado de la hermosura de sus montañas, esto es lo que dice de las escuelas de dicho concejo, vivo contraste con lo expuesto anteriormente sobre la zona leonesa:

La población de estas Cangas se halla esparcida en pueblos y aldeas, la mayoría sin maestros. Cangas de Tineo reúne en un solo Concejo cerca de setenta lugares. No llega a tener cuarenta escuelas. En invierno las comunicaciones son penosas; quedan las aldehuelas de aquellas brañas aisladas por la nieve. Los niños no pueden exponerse a los azares de una caminata de varios kilómetros.

Como segundo documento, tomaremos una novela, calificada por su autor como verdadera historia, novela histórica. Se trata de Entre montañas (La novela de un maestro rural), publicada en Madrid en 1922. Su autor es Antonio Juan Onieva Santamaría (1886-1977). Fue maestro y después inspector de enseñanza. A Asturias llega en 1914, y allí permanecerá varios años ejerciendo su labor inspectora de enseñanza, por lo que conocerá bien las escuelas de los pueblos asturianos.

La acción se sitúa en un pueblo de montaña, zona rural, llamado Castrido. Allí llega un joven maestro (26 o 28 años), a su primer destino como maestro después de haber estudiado la carrera de magisterio y haber sacado la oposición. Es, por tanto, un maestro titulado. Lo primero por lo que se interesa al llegar a su destino es por la escuela. Por ello, se pone en contacto con el alcalde pedáneo que se halla segando hierba y que no le hace mucho caso. La opinión del pedáneo sobre la escuela es reveladora: «No es demasiado buena, pero para lo que el pueblo es, aun le sobran elegancias». Continua su conversación con el nuevo maestro, al que califica por su vestimenta como «maestro señorito» y manifiesta que prefiere a un maestro babiano. Respecto de su época de niñez dice que «Cuando yo era rapaz, dábamos las letras debajo de un hórreo, y nadie se quejó jamás». Una vez que el maestro ha encontrado la llave de la escuela, que se utiliza como morgue en los días que llueve, se dirige hacia ella. Se encuentra con un destartalado edificio, situado entre la iglesia y el cementerio:

«se alzaba una pareducha ruinosa de piedras desnudas e irregulares, rematada con un tejadillo cubierto de musgo y hierbajos. En la pareducha citada, que era nada menos que la fachada principal del local de la escuela, había una puerta rota y desquiciada que mal tapaba un hueco lo suficientemente bajo para tropezar en su dintel al menor descuido y una ventana con el marco desclavado, podrido y sin un solo cristal en sus cuarterones».

Continúa la descripción indicando que sobre la puerta principal se hallaba pintado el escudo nacional, símbolo distintivo de las escuelas nacionales, que las diferenciaba de las municipales o de otra índole. Otra muestra del abandono en que se halla la escuela es que sirve de refugio para las gallinas, que dentro se encontrará el nuevo maestro. El suelo es de tierra, el techo es de teja vana que deja pasar la luz, el agua y el frío. Las paredes sin revocar. Como dotación de material escolar, media docena de libros escolares sin principio ni fin, unas cartulinas con las letras, un banco para los niños hecho de rudos tablones colocados sobre troncos de madera y una mesa para el maestro también de tablones. Este era el local que funcionaba como escuela y en el que el joven maestro tendrá que impartir sus enseñanzas.

De la novela histórica pasemos a la realidad que nos brinda de nuevo Viaje por las escuelas de España. Así describe la escuela de Brañas de Arriba (Asturias), en la que una maestra interina, de una vecina localidad, impartía clase y con un periodo invernal que podía durar de tres a cuatro meses, en el que el pueblo permanecía tapado por la nieve. Estas eran las condiciones del edificio y su dotación académica:

Brañas de Arriba tiene una escuela de montaña. Un albergue… la estrechez y pobreza de sus cuatro paredes, la vejez de sus vigas, por donde fue filtrándose el humo de muchos inviernos y la modestia de su menaje… Aquí tienen pocos libritos, pocas comodidades. Siéntanse en sus tachuelos[3], dejan las madreñas arrimadas a la pared… (p. 228).

BRAÑAS DE ARRIBA

Pues bien, a esas numerosas aldeas asturianas -sin maestros, con escuelas como las antes descritas o sin escuelas- no solo de Cangas de Tineo, sino también de otros concejos,  es adonde irán a dar escuela cada invierno numerosos leoneses de sus montañas –sin titulación alguna- de las zonas limítrofes con Asturias, bien fueran de la montaña oriental, bien fueran de la montaña central. La proximidad geográfica determinaba su destino y así vemos como al concejo de Ponga acudirán los maestros temporeros de Valdeburón (especialmente de La Uña)  y al de Cangas de Tineo los de Las Babias (Omaña, Babia y Laciana).

Se les contrataba por temporada, con salario que suele oscilar entre 30 y 40 duros y su labor se desarrollaba normalmente entre los meses de noviembre y abril, aunque había contratos de menor duración: diciembre-marzo, ambos incluidos. Su obligación era dar clase durante el día a los niños y por la noche a jóvenes y adultos. Las juntas vecinales serán las contratantes actuando el maestro titulado de una localidad vecina como asesor y examinador del nuevo maestro temporero.

Se valoraba su dominio correcto de la lengua castellana sin los modismos de los bables locales imperantes en Asturias, su saber, su rudeza y experiencia para transmitir dicho saber a los niños y su fortaleza para resistir los crudos inviernos en las aldeas asturianas.

Se les conoce con diferentes nombres: maestros de medio año (duración del período en que impartían escuela), ambulantes, lazariegos, catapotes (porque comían cada día en una casa), aunque la denominación más común es la de maestros babianos, llamados así porque procedían de lo que llamaban Las Babias. De estas comarcas leonesas acudían todos los años un numeroso grupo de hombres sin titulación a dar escuela al concejo vecino de Cangas de Tineo o a otros más lejanos como el de Ibias en el límite con Galicia. Y esto hasta la década de los sesenta del siglo pasado.


[1] Las labores agrícolas y ganaderas han sido las causantes de que en algunos casos los padres no enviaran a sus hijos a la escuela de primera enseñanza, que desde 1857 era obligatoria de 6 a 10 años, y los dedicaran a dichas actividades.

[2] En 1927 pasó a llamarse Cangas de Narcea.

[3] Taburetes pequeños.

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MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (1) El marco legislativo

El sistema educativo español estuvo reglado desde 1857 a 1970 por la Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857, conocida popularmente como Ley Moyano. El nombre se debe al ministro de Fomento que fue su impulsor: Claudio Moyano Samaniego (1809-1890). Por aquel entonces la enseñanza carecía de ministerio propio. Hasta 1900 no se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

En los más de 100 años de la existencia de la Ley Moyano los diferentes gobiernos la fueron desarrollando mediante sucesivos desarrollos reglamentarios, pero sin cambiar la ley. Fue ley de la monarquía, de la república y de la dictadura.

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CLAUDIO MOYANO

Como nuestro análisis se va a centrar esencialmente en el papel que los maestros temporeros leoneses desarrollaban en los pequeños pueblos asturianos durante los meses de noviembre a mayo en la segunda mitad del siglo XIX y primera del siglo XX, es necesario que comencemos señalando las principales características que dicha ley establecía para la primera enseñanza elemental, ámbito en el que se ha de desenvolver el colectivo al que nos referimos y por el que se ha de regir.

La Ley Moyano establecía tres niveles educativos: primera enseñanza, segunda enseñanza  y enseñanza superior. A su vez, dividía la primera, objeto de nuestro estudio, en elemental  y superior.

La enseñanza primera elemental era obligatoria para todos los españoles y comprendía el periodo de 6 a 9 años. Los padres o tutores que no enviaban a sus hijos a la escuela eran sancionados con multas que van desde los 2 a los 20 reales. Solamente era  gratis para aquellos hogares que no la podían pagar. El curso escolar durará todo el año, con disminución del número de horas de clase en el período veraniego (la ley lo llama canícula). Las escuelas eran de niños y de niñas, con las excepciones que veremos más adelante.

Los contenidos educativos de esta etapa se regulan en el artículo 2:

Primero. Doctrina cristiana y nociones de Historia sagrada, acomodadas a los niños.

Segundo. Lectura.

Tercero. Escritura.

Cuarto. Principios de Gramática castellana, con ejercicios de Ortografía.

Quinto. Principios de Aritmética, con el sistema legal de medidas, pesas y monedas.

Sexto. Breves nociones de Agricultura, Industria y Comercio, según las localidades.

Se establecen tres tipos de escuelas de primera enseñanza: completas (se imparten todas las enseñanzas del artículo 2), incompletas (solo una parte) y temporeras (funcionan solo una parte del año, normalmente de noviembre a mayo y en algunos casos menos: de diciembre a marzo).

En los pueblos de 500 habitantes existirá una escuela completa de niños y otra, aunque sea incompleta, de niñas. El número de escuelas irá subiendo en función del número de habitantes. Para los pueblos de menos de 500 habitantes, que es nuestro caso, se establece lo siguiente:

Art. 102. Los pueblos que no lleguen a 500 habitantes deberán reunirse a otros inmediatos para formar juntos un distrito donde se establezca escuela elemental completa, siempre que la naturaleza del terreno permita a los niños concurrir a ella cómodamente; en otro caso cada pueblo establecerá una escuela incompleta, y si aun esto no fuera posible, la tendrá por temporada.

Las Escuelas incompletas y las de temporada se desempeñarán por adjuntos o pasantes, bajo la dirección y vigilancia del Maestro de la Escuela completa más próxima:

Art. 103. Únicamente en las escuelas incompletas se permitirá la concurrencia de los niños de ambos sexos en un mismo local, y aun así con la separación debida.

El sostenimiento económico de todo tipo de escuelas correrá a cargo de las rentas propias (si las tuviera), de la aportación de los alumnos y de los presupuestos municipales, provinciales o del Estado, dependiendo del tipo de escuela. A partir de 1901 el Estado asume el pago del salario de los maestros de oposición, ya que los municipios pagaban poco, tarde y en algunos casos dejaban meses sin retribuir;  para los municipios se deja el coste de mantenimiento de la escuela, que en muchos casos dejaba mucho que desear.

Existían tres tipos de maestros:

  1. los de oposición, que habían obtenido su título en las Escuelas Normales y daban clases en las escuelas completas;
  2. los habilitados: personas sin la carrera de magisterio que se sometían a un examen de aptitud y moralidad ante la Junta Local de Instrucción Pública e impartían sus clase en las escuelas incompletas;
  3. los temporeros: carecían de carrera o habilitación y solo podían dar clase en las escuelas temporeras contratados por las juntas vecinales.

Ley moyano

La ley también estable los sueldos de los maestros

Art. 191. Los Maestros de Escuelas públicas elementales completas disfrutarán:

Primero. Habitación decente y capaz para sí y su familia.

Segundo. Un sueldo fijo de 2.500 rs. anuales, por lo menos en los pueblos que tengan 500 a 1.000 almas; de 3.300 rs. en los pueblos de 1.000 a 3.000; de 4.400 rs. en los de 3.000 a 10.000; de 5.500 rs. en los de 10, a 20.000; de 6.600 rs. en los de 20.000 a 40.000; de 8.000 rs. en los de 40.000 en adelante, y de 9.000 reales en Madrid.

Art. 192. Los Maestros y Maestras de las Escuelas percibirán, además de su sueldo fijo, el producto de las retribuciones de los niños que puedan pagarlas. Estas retribuciones se fijarán [44] por la respectiva Junta local, con aprobación de la de provincia.

Art. 193. En los pueblos que tengan menos de 500 almas el Gobernador fijará, oyendo al Ayuntamiento, la dotación que éste ha de dar al Maestro, o la cantidad con que ha de contribuir para dotar al del distrito que se forme, según lo prevenido en el art. 102.

Art. 194. Las Maestras tendrán de dotación respectivamente una tercera parte menos de lo señalado a los Maestros en la escala del art. 191

Tomemos como referencia dos tipos de poblaciones:

  1. a) Las de 500 a 1000 almas: 2500 reales anuales. No llegan a 7 reales diarios o lo que es lo mismo menos de dos pesetas.
  2. b) Las de menos de 500 almas: los ayuntamientos pagarán a los maestros y como veremos más adelante, estos, a su vez, delegarán en las juntas vecinales.

Demos un paso en el tiempo y situémosnos en la década 1910 a 1920, cuando ya el Estado se ha hecho cargo del pago del salario a los maestros y veremos que la situación económica de este colectivo sigue siendo similar a la de 1857. Estos son los salarios según el estudio de Antonio Rodríguez Pérez[1]:

En 1911 había en España 7.810 maestros que cobraban 500 Ptas. anuales; 6.552 que cobraban 625 Ptas. a los veinticinco años de servicio y 1.301 tenían un sueldo de 825 Ptas. Es decir hay un conjunto de unos 15.000 maestros cuyo haber diario oscila entre 5 y 9 reales.

Realicemos ahora una rápida comparativa de sueldos. En 1753, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, un obrero agrícola ganaba en La Uña (León) 2 pesetas diarias por día trabajado. En 1910, los peones del Ayuntamiento de Valladolid[2], la categoría laboral más baja de dicha institución, ganaban 810 pesetas anuales, es decir, 310 más que un maestro de oposición y que era destinado a los lugares más recónditos. También en 1910, el sueldo medio diario de los obreros de Altos Hornos de Bilbao[3] era de 5,06 pesetas, o lo que es lo mismo 1847 pesetas anuales. Diferencias significativas.

De las 500 pesetas de 1911 se pasará a las 2000 de 1920, salto cuantitativo importante:

En 1920 había nueve categorías de maestros de los cuales 16.440 pertenecían a la categoría más baja con un salario anual de 2.000 Ptas. y sólo 50 componían la categoría más elevada, con un sueldo de 8.000 Ptas. anuales.

Así pues, los de la categoría más baja tenían un salario diario de 5,47 pesetas, o lo que es lo mismo casi 22 reales. Si lo comparamos con las 10, 23 que cobraba un obrero de Altos Hornos de Bilbao, la diferencia nos parece que sigue siendo significativa.

Con este sistema retributivo, que no se alteraría significativamente hasta la década de los sesenta del siglo pasado, no es extraño que naciera el refrán que aún perdura en la mente de nuestros mayores: «pasar más hambre que un maestro de escuela». Ejemplos de la primera mitad del siglo XX tanto en pueblos de la montaña leonesa como de la asturiana son los que sobran. Por ello, haremos nuestra la conclusión a la que llega Antonio Pérez y que es harto elocuente: «la historia del magisterio [español] es una historia de endémica pobreza».


[1] «El maestro y su salario: visión sociohistórica», Aula, 1 (1985), p. 103

[2] Guillermo A. Pérez Sánchez, «La evolución del empleo y del salario en el Ayuntamiento de Valladolid: 1875-1930. Análisis cuantitativo», IH, 10 (1990), p. 34.

[3] Emiliano Fernández de Pinedo, «Beneficios, salarios y nivel de vida obrero en una gran empresa siderúrgica vasca, Altos Hornos de Vizcaya (1902-1927). Una primera aproximación», Revista de Historia Industrial, 1 (1992), p. 141.

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LOS PRIMEROS VALENTINES, LOS DE VERDAD

DÍA 14 DE FEBRERO, SAN VALENTÍN: regala valentines que no se comercialicen, regala AMOR

Este día se celebra la fiesta de los enamorados. Es evidente que es una fiesta comercial en la actualidad, pero en su origen no lo era. Esta costumbre de regalarse los enamorados arranca de dos viejas tradiciones.

En el calendario litúrgico católico, el día 14 de febrero se celebraba la festividad de tres santos de nombre Valentín, los tres mártires. Dos habían sufrido martirio en Roma y el otro en África. Los romanos, uno sacerdote y el otro obispo,  fueron martirizados en la segunda mitad del siglo III y enterrados en la Vía Flaminiana. La actual Porta del Popolo se conocía antiguamente como puerta de san Valentín. El nombre procedía de un pequeño templo dedicado a san Valentín en el barrio cercano. Y todo según la leyenda. Debido a la escasez de datos históricos sobre estos santos, la Iglesia dejó de celebrar su festividad en 1969, fiesta que había comenzado en el siglo V.

SAN VALENTÍN

SAN VALENTÍN

El Valentín romano sacerdote, según la leyenda, había sido antes médico; fue condenado al martirio el 14 de febrero de 270 por orden del emperador Claudio II (268-270) debido a su popularidad por casar a los soldados romanos jóvenes en ceremonias cristianas secretas, a pesar de que estaba prohibido. Se consideraba que los soldados jóvenes, solteros y sin familia, eras mejores soldados. Ahí tenemos la relación de san Valentín y los enamorados.

A esta leyenda de san Valentín se une una tradición medieval relacionada con las aves, y muy difundida en Francia e Inglaterra. Se creía que el 14 de febrero, día de san Valentín, las aves comenzaban a aparearse. Es el enamoramiento de las aves. Así lo hallamos en el Parlamento de las aves del inglés Geoffrey Chaucer (1343-14000):

«Cuando el día de san Valentín
cada ave su pareja ha de elegir».

Unidas ambas tradiciones, se comienza a celebrar ese día como el día de los enamorados. La celebración consistía en enviarse los enamorados cartas y muestras de amor que terminaron llamándose «valentines».

En la literatura francesa e inglesa de los siglos XIV y XV hay ya muestras de estas prácticas. Se suelen considerar como uno de los primeros testimonios las baladas 34 y 35 de Cinkante Ballades del poeta inglés bilingüe John Gower (1330-1408). Es obra de los últimos años. Está escrita en anglonormando. Va dirigida a un público noble y rico. Es de temática romántica.

En el siglo XVIII, la tradición viaja de Europa a Estados Unidos y en el XX, de Estados Unidos a Europa.

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TUMBA DE JOHN GOWER EN LA CATEDRAL DE SOUTHWARK

Y ahora se ofrecen aquí esos dos valentines, de los que hemos hablado, en su versión original, según la edición de R. F. Yeager,  y traducidos al español por la profesora María Rosa Álvarez Alonso.

BALADA 34

(ORIGINAL, EN ANGLONORMANDO)

Saint Valentin l’amour et la nature
de toutz oiseals ad en governement;
dont chascun d’eaux semblable a sa mesure
une compaigne honeste a son talent
eslist tout d’un acord et d’un assent:
pour celle soule laist a covenir
toutes les autres, car nature aprent,
u li coers est, le corps falt obeïr.

 Ma doulce dame, ensi jeo vous assure
qe jeo vous ai eslieu semblablement;
sur toutes autres estes a dessure
de mon amour si tresentierement,
qe riens y falt par quoi joiousement
de coer et corps jeo vous voldrai servir:
car de reson c’est une experiment,
u li coers est, le corps falt obeïr.

 Pour remembrer jadis celle aventure
de Alceone et Ceïx ensement,
com dieus muoit en oisel lour figure,
ma volenté serroit tout tielement,
qe sanz envie et danger de la gent
nous porroions ensemble par loisir
voler tout francs en nostre esbatement:
u li coers est, le corps falt obeïr.

 Ma belle oisel, vers qui mon pensement
s’en vole ades sanz null contretenir,
pren cest escript, car jeo sai voirement,
U li coers est, le corps falt obeïr.

BALADA 34

(VERSIÓN EN ESPAÑOL)

San Valentín, el amor y la naturaleza
de todas las aves tiene bajo su gobierno,
porque cada una de ellas, a su medida,
una compañera honesta en su inclinación
elige, con acuerdo y consentimiento:
por ella sola deja alegremente
todas las otras, porque la naturaleza enseña:
donde el corazón está, el cuerpo debe de obedecer.

Mi dulce dama, así yo os aseguro
que os he elegido de igual forma;
de todas las otras por encima estáis,
tan sagrada para mi amor
que nada echo en falta, porque con gozo
de corazón y cuerpo desearía serviros
ya que por razón está probado:
donde el corazón está, el cuerpo debe obedecer.

Recordad  aquella antigua historia
de Alceone y Ceix: que de la misma manera
en que los dioses mudaron en pájaros sus cuerpos,
mi voluntad sería la  misma
que sin envidia ni interferencia de nadie
pudiésemos juntos, a nuestro antojo,
volar libres para nuestro contento:
donde el corazón está, el cuerpo debe obedecer.

Mi bella ave, hacia quien mis pensamientos
vuelan sin encontrar oposición,
tomad este escrito, porque sé verdaderamente:
donde el corazón está, el cuerpo debe obedecer.

  aves1

BALADA 35

(ORIGINAL, EN ANGLONORMANDO)

Saint Valentin plus qe null Emperour
ad parlement et convocacion
ses toutz oiseals, qui vienont a son jour,
u la compaigne prent son compaignon
en droit amour; mais par comparison
d’ascune part ne puiss avoir la moie:
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 Com la fenix souleine est au sojour
en Arabie celle regioun,
ensi ma dame en droit de son amour
souleine maint, ou si jeo vuill ou noun,
n’ad cure de ma supplicacion,
sique d’amour ne sai troever la voie:
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 O com nature est pleine de favour
a ceos oiseals q’ont lour eleccion!
O si jeo fuisse en droit de mon atour
en ceo soul cas de lour condicioun!
Plus poet nature qe ne poet resoun,
en mon estat tresbien le sente et voie:
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 Chascun Tarcel gentil ad sa falcoun,
mais j’ai faili de ceo q’avoir voldroie:
ma dame, c’est le fin de mon chançoun,
qui soul remaint ne poet avoir grant joie.

 

BALADA 35

(VERSIÓN EN ESPAÑOL)

San Valentín, más grande que ningún emperador,
convoca a parlamento y asamblea
a todos las aves que vienen ese día
en que la compañera toma su pareja
con verdadero amor; pero en comparación
no me es posible obtener mi parte:
quien solo permanece no puede tener gran contento.

Como el fénix está solo en su hogar
en la región de Arabia,
así mi dama, en lugar de su amor,
sola   está lo quiera yo o no;
no escucha mis ruegos,
porque del amor no sé encontrar el camino:
quien permanece solo no puede tener gran contento.

¡Oh, cómo la  naturaleza está llena de favores
para aquellas aves que han hecho su elección!
¡Oh, si en lugar de lo que tengo
pudiera yo estar en su misma condición!
Más puede la naturaleza que no puede la razón;
en mi estado muy bien lo siento y veo:
quien solo permanece no puede tener gran contento.

Cada gentil Tarcel tiene su halcón,
pero me falta aquello que tener quisiera;
mi dama, es el final de mi canción:
quien solo permanece no tiene gran contento.

EN EL DÍA DE SAN VALENTIÍN, REGALO SOLO VALENTINES, REGALA SOLO AMOR.

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SIMBOLOGÍA ICONOGRÁFICA EN SAN BLAS

Me pregunta mi inquiridor sobre la simbología de algunos de los objetos que acompañan a san Blas en los cuadros publicados en mi post «San Blas: santo protector…». Dice que se le escapan algunos de sus significados. Y no es raro en esta juventud que tiene otros centros de interés. Con brevedad, esta es la explicación.

Las representaciones iconográficas de san Blas en Occidente datan ya del siglo XI y son muy frecuentes.

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

En el cuadro de Memling (1491) encontramos a san Blas con el báculo en una mano y con una vela en la otra.

El báculo (en terminología pastoril: porrracha, cayado, cacha…) es atributo de los obispos. Simboliza su misión fundamental: el pastoreo de las almas de su grey, de su diócesis. Es un símbolo general. Jesucristo es el gran pastor y los obispos, sus representes, los pastores de sus ovejas, los cristianos.

En la mano izquierda porta una vela. Es símbolo particular. Tiene su origen en el mandato que el santo dio a la pobre viuda a la que el lobo le había robado su único bien: un pequeño cerdo. Cuando acudió a ver al santo, encarcelado, le llevó la cabeza y las patas del cerdo, unas semillas y una vela para que se alumbrara en la cárcel. El santo, después de haber comido de la cabeza y patas del cerdo, le encomendó que en el aniversario de su muerte llevara a la iglesia una vela y la ofreciera en su nombre, asegurándola a ella y a cuantos hicieran lo mismo que todas sus cosas marcharían bien. La mujer así lo realizó y comprobó cómo el resto de su vida todo le fue bien. Posteriormente no una vela, sino dos y en forma de aspa, serán utilizadas para la prevención o cura de los males de garganta invocando a san Blas.

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

En otro de los cuadros, anónimo, encontramos a san Blas curando al niño de la espina clavada en la garganta. En él aparecen el báculo, una palma y una carda. Comenzaremos por la palma.

La palma en la era precristiana simbolizaba la victoria. Los cristianos la adoptan con este significado de victoria pero aplicado al espíritu: victoria sobre los enemigos del alma. De aquí se aplicará a los mártires, que con su muerte vencen a los enemigos del cristianismo. Es, por tanto, un símbolo general. Recordemos que san Blas fue decapitado por no renunciar a sus creencias cristianas. Es un mártir de la fe.

El tercer símbolo es la carda. Es este un instrumento textil: «Especie de cepillo con púas de alambre usado en la industria textil para limpiar y separar unas fibras de otras». Fue utilizado como instrumento de tortura en san Blas para rasgar sus carnes.

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). iGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). iGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

En otra representación, como en la tabla de Martín de Soria,  aparece san Blas en una cueva rodeado de fieras. Como ya he dicho, san Blas se retiró en Tasbe a las montañas y allí vivió como un ermitaño en una cueva. A esta acudían las fieras del monte para acompañarle o cuando estaban enfermas o heridas para que fueran curadas por él. De ahí que en algunos lugares sea considerado como protector de los animales, además de la garganta.

SIC…

 

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SAN BLAS: santo protector de la garganta y muy presente en el refranero español

Día 3 de febrero de … SAN BLAS

1. UN POCO DE HISTORIA

Es san Blas, obispo y mártir, uno de los santos de la Iglesia más populares perteneciente al grupo de los que son conocidos como AUXILIADORES, pero carente de consistencia histórica. La mayoría de lo que de él se cuenta se basa en la leyenda. Según esta, habría vivido en Sebaste (Armenia), donde fue obispo y sufrió el martirio en tiempos del emperador Licinius (307-323), hacia el 316.

Fue uno de los santos más populares durante la Edad Media tanto en Oriente como en Occidente, sin que se conozca el motivo. Quizá haya sido por ser invocado en los males de garganta (tan habituales en el género humano). En el siglo VI, el griego Aecio de Amida, autor de una enciclopedia médica (Dieciséis libros médicos) en la que compendia el saber médico del Imperio Bizantino, citaba su intervención como un poderoso remedio contra las enfermedades de garganta.

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

SAN BLAS , DE HANS MEMLIG (1491)

Esta protección, según Santiago de la Vorágine y su Leyenda Áurea (h. 1264), proviene del siguiente hecho. Cuando Agrícola, gobernador de Sebaste,  ordenó a sus soldados que detuvieran a san Blas y lo llevaran a su presencia –vivía en las montañas dentro de una cueva, al modo ermitaño y rodeado de bestias salvajes-, al pasar por un poblado acudió a él una mujer con un hijo en brazos que estaba a punto de morir asfixiado a causa de una espina de pescado que se le había clavado en la garganta. El santo le colocó su mano sobre la cabeza y rogó al Señor que lo curara. Acto seguido el niño expulso la espina y quedó repentinamente sano.

Poco antes de morir decapitado y tras haber sufrido la aplicación del tormento de los garfios incandescentes, san Blas pidió a Dios que todos cuantos tuvieran cualquier mal de garganta obtuvieran su curación si se encomendaban a él y solicitaban su intervención. Entonces se oyó una voz del cielo que decía: «Lo que acabas de decir queda concedido». A partir de aquel entonces san Blas pasó a ser considerado como el protector de los males de garganta. Así se explica esa exclamación tan popular que se dice cuando un niño se añusga: ¡San Blas, san Blas!

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

SAN BLAS CURANDO A UN NIÑO

De acuerdo con el relato anterior, en la festividad de san Blas, el día 3 de febrero en Occidente y el 11 en Oriente, en las iglesias a él dedicadas tienen lugar algunas ceremonias encaminadas a curar o prevenir los males de garganta. Varían según las iglesias, las zonas o los países. Me referiré a tres de ellas. El sacerdote bendice dos velas y manteniéndolas en forma de cruz toca con ellas la cabeza o la garganta. Otra consiste en bendecir aceite y sumergir en ella una mecha ardiendo; a continuación tocará con ella la garganta.

IGLESIA DE SAN BLAS DE BILBAO

IGLESIA DE SAN BLAS DE BILBAO

Por último, contaré lo vivido en la iglesia de san Blas de Bilbao en mi estancia por tierras bilbaínas. El día del santo se acudía a la iglesia. Se compraba un cordón de algodón de colores bendecido, se ponía al cuello y se participaba en la misa. Dicho cordón debía permanecer durante nueve días en el cuello. Al décimo se quitaba y se quemaba. A partir de ese momento la garganta estaba protegida contra todo tipo de males.

CORDONES DE SAN BLAS

CORDONES DE SAN BLAS

2. SAN BLAS Y EL REFRANERO

Se podría decir que san Blas es uno de los santos de la Iglesia que más presencia tiene en el refranero español. Aquí se ofrece una pequeña antología.

REFRANES INVOCADORES DE SALUD

Los disantos de febrero, santa Brígida el primero; el segundo, Candelero, y el tercero, Gargantero.

¡San Blas, san Blas!

¡San Blas bendito, que se ahoga el angelito!

San Blas cura la garganta al joven que come y no canta.

San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito.

REFRANES METEREOLÓGICOS

Por san Blas la cigüeña verás, y si no la vieres año de nieves.

Por san Blas la cigüeña verás, y si no la vieres mal año esperes.

Por san Blas la cigüeña verás, y si la vieres año de bienes.

Como es san Blas, es Semana Santa y Carnaval.

Si hiela por san Blas, treinta días más.

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REFRANES AGRÍCOLAS

Por san Blas, si ya no lo has sembrado, siembra tu ajar.

Por san Blas, planta ajos y comerás.

Por san Blas, tus ajos sembrarás

Por san Blas ajete, mete uno y sacarás siete.

Por san Blas, higuera plantarás e higos comerás.

Por san Blas, las patatas sembrarás

 

REFRANES CRONOLÓGICOS

Candelaria a dos y san Blas a tres, adivina qué mes es.

El primero hace día; el segundo santa María; el tercero san Blas y santa Águeda detrás.

Por san Blas, una hora más.

En febrero, el primer día, san Ignacio es el que guía; el segundo santa María, y después viene San Blas; y despedirse muchachas hasta carnaval.

En llegando San Blas, pon pan y vino en la alforja, que día no faltará.

Por San Blas, una menos y otra más.

REFRANES ALIMENTICIOS

Por san Blas, el besugo atrás.

Voy a hacer como San Blas, que comió y ya se va.

 

REFRANES DE FESTIVIDAD

Mocitas a San Blas, que fiestas no vienen más.

 

REFRANES DE ANIMALES

Por San Blas, el culo a tu gallina tentarás, y, si huevo no tiene, pronto lo tendrá.

 

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). iGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

SAN BLAS ANTE LAS FIERAS, DE MARTÍN DE SORIA (1469). IGLESIA DE SAN SALVADOR DE PALLARUDO DE MONEGROS (HUESCA)

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«EL PINEDO» DE SIERO (LEÓN)

Siero de la Reina es un pueblo de la provincia de León. Está situado en el noreste de la provincia, casi lindando con Cantabria y Palencia. Sus orígenes datan del siglo X y en la Edad Media era frontera entre el Reino de León y el de Castilla. Por su territorio pasa el llamado Camino de los Asturianos, antigua calzada romana, que remite al paso de los habitantes de Asturias hacia la planicie, Castilla.

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Desde el punto de vista lingüístico, forma parte del dialecto leonés oriental. Restos de dicho dialecto se encuentran en la toponimia y en el habla local (Castiello, Pinidiello, Casiella, ñalgas, ñarices, yombo, guardai, entren, jayeta, uso exclusivo del indefinido, etc.). Hoy es una zona castellanizada prácticamente en su totalidad.

Estas dos breves pinceladas, una geográfica y otra lingüística, son necesarias para comprender el desarrollo que a continuación realizaré de dos nombres comunes, pinedo y penedo, que en algunos lugares se han convertido en nombres propios, en topónimos, dentro de la clase de los orónimos (nombres de las montañas y otros accidentes geográficos).

En mi post «SIERO DE LA REINA (LEÓN): Origen y significado del término» en este mismo blog, decía que había topónimos que, aunque hundieran sus raíces en el pasado remoto,  aún hoy nos resulta evidente su significado. Y ponía como ejemplo en el territorio de Siero El Castiello (se conservan los restos del castillo en su alto) y El Pinedo (lugar de pinos, aunque hoy no se conserve ninguno), entre otros. Un amable lector me indicaba respecto del segundo lo siguiente:

ojo, que Pinedo puede no tener nada que ver con pinos, sino con una/s Peña/s, ya que en zonas de habla asturleonesa es bastante frecuente.

La observación despertó mi interés por el tema y hoy aquí os ofrezco mis resultados sobre pinedo y penedo tratando de reflejar su significado partiendo de que «los topónimos son la concreción lingüística de la relación de la gente con el territorio en que viven a lo largo de los siglos. Por lo común, los topónimos de una zona reflejan el habla local de la época en que fueron creados». (Vicente Feijoo Ares).

Comenzaré por PINEDO.

Desde el punto de vista etimológico, PINEDO viene del sustantivo latino PĪNĒTŬ(M) ‘bosque de pinos’, que, a su vez, viene de PĪNŬ(M) `pino’ mediante sufijación (-ETUM: conjunto, grupo o lugar donde abunda algo). Como se podrá ver, la evolución fonética de esta palabra en castellano no ofrece dificultad alguna:

– La Ī (larga) se conserva: I.

– La Ē (larga se conserva): E.

– La T intervocálica se sonoriza: D.

– La Ŭ se convierte en O.

– La –M del acusativo se pierde ya en latín vulgar.

Esta palabra el DRAE actual ya no la registra, como tampoco aparece en el resto de diccionarios históricos. Lo hizo hasta la edición de 1992;  la introdujo en la de 1936 indicando que es un americanismo. Sí que registra PINEDA ‘pinar’ (del latín PINETA, plural de PINETUM). Corominas la data ya en 1210, aunque los diccionarios no la registran hasta 1737, que lo hace el de Autoridades. También en fechas tempranas encontraremos pinar (h. 1140), pino (2.ª mitad del s. XII), pinariego (1495).

Por tanto, podemos afirmar que PINEDO (bosque de pinos) es una palabra relativamente moderna, proveniente del latín, un americanismo que los diccionarios anteriores al siglo XX no registran y que hoy se conserva solo en toponimia. Se podría suponer que en algún momento formó parte del habla. Frente a El Pinedo de Siero, encontramos El Pinar de Boca de Huérgano o el de Lillo. En aquella zona de las montañas de Riaño no existe otro monte que responda a Pinedo, hasta donde yo conozco. Sí que existen dos pueblos en España que responden a dicho nombre: uno en Álava y otro en Valencia.

Sirva también de apoyo a mi tesis el hecho de que hace años en la valleja de Los Arenales y en la de Los Oteros aparecieron trozos de pinos enterrados. Esto hace suponer que en un tiempo no muy lejano dicho monte fue plantado de pinos, como lo fue después Corcolloduro, y que un incendio acabó con él. Yo he visto en mi niñez cómo varios montes de la zona de Riaño se convertían en pinedos, aunque les llamen pinares.

Si rastreamos la toponimia de Siero, nos encontramos con otro topónimo emparentado: EL TEJEDO ‘bosque o lugar de tejos’; aquí hoy los tejos son escasos, y no hace mucho tiempo los ya escasos fueron esquilmados. El sustantivo latino TAXU(M) produjo en castellano TEJO (datado hacia 1325). Mediante sufijación (–EDO) se habría formado en castellano TEJEDO.

Conozco con el topónimo ROBLEDO (de roble) otros dos topónimos en la zona: uno en Riosol (Burón) y otro en La Uña. En ambos lugares la presencia de robles, que en otro tiempo fueron abundantes, hoy es muy escasa.

Para finalizar esta primera parte, indicaré que la toponimia y el habla de Siero revelan otro proceso de formación de palabras mediante sufijación para referirse a los lugares en que abundan los árboles. Se trata del sufijo –AL. Y así encontramos ROBLEDAL, MATIZAL, ESCOBAL o BREZAL.

Continuaremos con PENEDO.

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CASA DO PENEDO, EN EL NORTE DE PORTUGAL

El sustantivo castellano PEÑA deriva del sustantivo latino PĬNNA(M) ‘almena’. Y derivada de esta tenemos que suponer la existencia en latín vulgar de una forma *PĬNNĒTU(M), que habría dado el leonesismo PENEDO. La evolución habría sido la siguiente:

– La Ĭ (breve) se convierte en E.

– Doble N se reduce y no palataliza como en Ñ como en castellano. Este es un rasgo característico del asturleonés: ano (año), cabana (cabaña), cana (caña), cano (caño), canada (cañada), cánamu (cáñamo), panu (paño), etc.

– La T se sonoriza y se convierte en D.

– La Ŭ se transforma en O.

– Desaparece –M.

La palabra penedo la registra por primera vez el diccionario de Autoridades en 1737 con el significado de ´peña o peñasco aislado’. Dice que es voz antigua, igual a la también antigua y sinónima peñedo. Añade que se usa en Asturias y Galicia. La RAE la mantuvo en su diccionario hasta la edición de 1992. La que sí permanece en la edición actual es peñedo, voz castellana, aunque añade que está en desuso.

Corominas registra la palabra peña ya en el año 945. Sus derivados peñasco hacia 1575, peñascal, peñascoso y peñón en 1596. No registra ni penedo ni peñedo.

Quien sí registra penedo es Jannik Le Men en su Léxico del leonés actual, con variantes como penedón, peneo, piñeo. Varios son los significados que recoge: «peñasco, piedra de cierto tamaño, canto rodado grande», etc. En ningún caso ‘monte o montaña de piedra’. Lo localiza en el Bierzo, Murias de Paredes, La Vecilla y La Cabrera. Añade otras localizaciones en Asturias, Zamora y Galicia. Vicente Feijoo, arriba citado, recoge multitud de orónimos en los montes de Orense en los que la palabra PENEDO entra a formar parte; reproduzco algunos  por su interés significativo:

O Penedo Chorido, O Penedo das Quiobras, O Penedo do Reló, O Penedo da Vela, O Penedo do Tambor, O Penedo do Chapeu, O Penedo Redondo, O Penedo Gordo, Os Penedos Moitos, O Penedo de Entrerríos, O Penedo que Bole, O Penedo da Vela, O Penedo das Sete Cruces, etc.

También en Orense se halla un pueblo que así se llama.

Por último, citaré los orónimos de Siero equivalentes a penedo, pero con la palabra castellana peña:

La Peña (separada por un pequeño valle de El Pinedo con el que constituye los dos marcos de la puerta que abre hacia El Hurniello), Peña Aguda, Peña Corva, Peña del Cuclillo, Peña del Cutiel, Peña del Hombre, Peña los Haces, Peña Melonera, Peña Prieta, Peña Tornera y Peña Barrio.

En conclusión, pinedo es orónimo de escaso uso en la provincia de León y significa ‘monte, lugar o bosque de pinos’, mientras que penedo, de uso en varias provincias españolas amén de León (también en Portugal se registra), se utiliza como orónimo o simplemente como un sustantivo común con varios significados, todos ellos relacionados con la piedra.

En el habla, se podría decir que tanto el leonesismo penedo como el castellanismo peñedo han quedado reducidos al ámbito rural y la batalla del uso se la ha ganado peñasco o simplemente peña.

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PENEDO DOS TRES REINOS (Galicia, Castilla-León y Portugal) EN HERMESINDE (Sanabria)

 

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BEBER MÁS QUE UN SALUDADOR

Es propio, que no exclusivo, del habla coloquial el uso de frases hechas y de comparaciones expresivas. Se utilizan estas últimas para reforzar el mensaje, impactar al receptor en el hecho comunicativo, hacerle más visible el contenido de lo que se le quiere transmitir, darle plasticidad. De entre los tres tipos de comparaciones que la gramática estudia, superioridad, igualdad e inferioridad, hoy solo nos referiremos a las de superioridad: más que.

PORTADA DE LA EDICIÓN DE MEDINA

PORTADA DE LA EDICIÓN DE MEDINA

El punto de partida será un pasaje del Lazarillo de Tormes (1554), que los estudiosos del tema de los saludadores suelen olvidar. Dice Lázaro de su segundo amo, el cura de Maqueda (Toledo),  encarnación misma de la avaricia y de la hipocresía, que solo él bebía vino en las comidas, pero con comedimiento y nunca comprado, sino de lo que recibía:

De la taberna nunca le traje una blanca de vino; mas aquel poco que de la ofrenda había metido en su arcaz compasaba de tal forma que le turaba [duraba] toda la semana.

Esa falsa contención, que presenta como virtud, era solamente aparente y fruto de su avaricia y mezquindad. Este era el razonamiento que utilizaba el dómine para no hacer partícipe a Lázaro del preciado licor (Lázaro dice que desde niño estaba hecho al vino y moría por él):

—Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber, y por esto no me desmando como otros.

Sin embargo, el poco virtuoso sacerdote

mentía falsamente, porque en cofradías y mortuorios que rezamos, a costa ajena comía como lobo y bebía más que un saludador.

Y ahora nos preguntamos qué significa «beber más que un saludador» y quiénes eran estos peculiares personajes, y a la vez tan populares, que encarnaban el prototipo de hombre bebedor en el siglo XVI según el autor del Lazarillo, no sin antes ofrecer este pequeño florilegio de frases comparativas sobre beber mucho (alcohol), amén de la anterior, que la historia ha generado y que, en algunos casos, ya no sabemos el porqué o nos queda muy lejano:

  • Beber más que una vaca.
  • Beber más que un pez.
  • Beber más que un camello.
  • Beber más que un odre.
  • Beber más que un soldado valón.
  • Beber más que un cosaco.
  • Beber más que un cura.
  • Beber más que el chico del esquilador.
  • Beber más que un ruso en Nochevieja.
  • Beber más que un Matatrolls.

Volvamos a los saludadores. Una definición adecuada a nuestra explicación la encontramos ya en el  Diccionario de Autoridades en 1739:

Comúnmente se aplica al que por oficio saluda [sana] con ciertas preces, ceremonias y soplos para curar del mal de rabia.

Como se habrá podido apreciar ya, saludador viene de la raíz de salud, de la que procede saludar ‘preguntar y desear la salud’. Nos estamos refiriendo, pues, a un personal pseudosanitario que tenía una especialidad muy concreta: curar la rabia tanto en personas como en animales mediante palabrería acompañada de soplo.

En fecha tan temprana como 1456 tenemos ya noticias de la existencia de este personal, según Francisco Javier Goicolea Julián. Se trata de un sanador que había llegado a Nájera el 31 de agosto para sanar y al que el Concejo le pagó 100 maravedíes.

Un breve, pero interesante, estudio sobre los oficios medievales de Madrid de José Manuel Castellanos Oñate nos presenta en 1483 a un saludador que había llegado a Madrid –eran eventuales-, al que se le pagó 10 reales por «saludar a varias personas que avía mordido un perro que rraviava».

Y así llegamos ya a 1495, cuando el término se generaliza y lo incluye Nebrija en su Vocabulario.

Estos personajes y su forma de sanar no fueron ajenos a la Iglesia, que bien pronto los condenó, a pesar de que algunos ayuntamientos y obispados convocaran plazas para ejercer dicho oficio y una vez examinados les expedían licencia para ejercerlo. Incluso, la Inquisición mantuvo cierta tolerancia ante un proceder que algunos autores ligaban a lo demoníaco.

PEDRO SÁNCHEZ CIRUELO (Antigua facultad de Medicina de Zaragoza)

PEDRO SÁNCHEZ CIRUELO (Antigua facultad de Medicina de Zaragoza)

Me voy a detener solamente en un autor y su obra que nos aportan datos que hasta ahora no hemos citado, cómo quiénes eran sus santos patronos, en nombre de los cuales sanaban. Se trata de Pedro Ciruelo y su Reprobación de las supersticiones y hechicerías (1538). Les dedica el capítulo VII de la tercera parte de su libro y los emparenta con los «ensalmadores».

Comienza afirmando que intentan curar con remedios (palabras y ceremonias vanas) que se hallan fuera de los remedios naturales que aplica la medicina. Su forma de sanar a las personas afectadas de la rabia radica en el uso de la saliva y el aliento, acompañados de palabras mágicas. En el caso de los animales, la sanación se realiza desde lejos con sus palabras curativas.  Los considera como hijos del diablo con quien mantienen pactos secretos. Para no ser rechazados ni condenados por la Iglesia, se proclaman familiares y devotos de santa Catalina de Alejandría (287-305) y santa Quiteria (119-130), a quienes la

SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA, DE CARAVAGGIO

SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA, DE CARAVAGGIO

Iglesia tiene como abogadas a las que se invoca en la curación del mal de la rabia. De estas santas, según los saludadores, han recibido el poder y la virtud de sanar la rabia tanto en personas como en animales. Por ello, llevan tatuados los símbolos de dichas santas: la rueda  con cuchillas con la que se pretendió dar muerte a santa Catalina y la palma símbolo del martirio de santa Quiteria. Para no ser rechazados y que la gente les considere como poseedores de la virtud espiritual de sanar realizan actos que solo pueden tener explicación si son hechiceros ministros del diablo, como tener un rato en la mano carbón o hierro encendido, lavarse las manos con agua o aceite hirviendo, caminar descalzos sobre una barra de hierro incandescente o meterse dentro de un horno encendido. Y todo ello sin quemarse. Advierte, por tanto, que tanto los saludadores como aquellos que les permiten su actuación, sean prelados o jueces, pecan mortalmente contra el primer mandamiento de Dios. Finaliza el capítulo proponiendo remedios naturales para curar la rabia de animales y hombres.

SANTA QUITERIA. TABLA BARROCA

SANTA QUITERIA. TABLA BARROCA

Sus peticiones no fueron atendidas, ya que en épocas posteriores podemos ver a obispos o a la Inquisición examinando para ser saludador y concediéndoles licencia para ejercer dicho oficio.

Muchos otros son los testimonios que se podrían aportar sobre la actuación de los saludadores. Pero me referiré solamente a dos por su importancia para el tema que abordamos, después de aclarar un aspecto al que no se refiere Pedro Ciruelo y que hemos visto en el Lazarillo: ¿por qué se les considera grandes bebedores de vino? La respuesta está en que necesitaban tener gran fuerza interior, en el pecho,  para expeler su  soplo curativo, que debía ser fuerte y frío, y desde lejos curar con él. La fuerza y el frío, según ellos, se la daba la ingesta de buenos tragos de vino.

Francisco de Quevedo, en los Sueños los coloca en el infierno como condenados por embusteros. De los enfermos que acuden a ellos dice que

siempre les agradecen lo que hacen, y dan contento, porque si sanan el enfermo los regala y si matan el heredero los agradece el trabajo.

Al negar la virtud de sanar a los saludadores, estos se quejan y dicen que era verdad que la tenían. A esto les responde un diablo:

-¿Cómo es posible que por ningún camino se halle virtud en gente que anda siempre soplando?

Obsérvese la dilogía de la palabra soplando, recurso característico de Quevedo. Por una parte alude a su método curativo, el soplo, y por otra, al consumo de vino.

EL PADRE FEIJOO

EL PADRE FEIJOO

En el siglo XVIII, el padre Feijoo luchó denodadamente contra las supersticiones, contra las falsas creencias, contra los que confundían ciencia y religión. En definitiva, por instaurar el imperio de la razón:

Yo, ciudadano libre de la República de las Letras, ni esclavo de Aristóteles ni aliado de sus enemigos, escucharé siempre con preferencia a toda autoridad privada lo que me dictaren la experiencia y la razón.

A los saludadores les dedica el discurso primero del tomo tercero de su Teatro crítico universal. Ahí arremete duramente contra ellos descubriendo las trampas de que se valían para poder pisar barras de hierro al rojo, meterse en un horno, etc. Parte del hecho de que los teólogos están divididos en tres grupos:

«unos tienen aquella curación por lícita, otros por supersticiosa, otros creen que entre los que se llaman saludadores hay de todo».

Su postura, que irá exponiendo mediante un proceso argumentativo y con ejemplos tomados de la experiencia, es que

«ni curan supersticiosamente, ni lícitamente, ni por virtud sobrenatural, ni natural, ni diabólica».

Respecto al soplo curativo y al vino, denuncia que los saludadores crean que la ingesta de vino aumenta la virtud y que sean grandes consumidores del preciado licor.

Terminaré estas referencias de Feijoo con una anécdota significativa: uno de los saludadores, que vivía sin trabajar, se jactaba de que «con soplar los días de fiesta ganaba lo que había menester para holgar, comer y beber toda la semana».

A pesar de las demostraciones de Feijoo, y otros muchos, de que los saludadores carecían de poder para curar (la Divinidad no les había concedido lo que la Iglesia llama gratia gratis data) y que todo era una superstición, que no eran otra cosa que unos embaucadores, intrusos en el mudo de la medicina, estos siguieron ejercitando su oficio y gozando de predicamento dentro de la sociedad española. La razón de tal aceptación se puede hallar en el hecho de que la rabia era una enfermedad para la que la ciencia no tenía remedio y los afectados por ella buscan desesperadamente la sanación en cualquier remedio que se les ofrezca.

La proliferación de esta enfermedad es la que puede explicar que «A fines del XIX había repartidos por diferentes barrios madrileños unos 300 [saludadores], de los que más de la mitad eran mujeres. En la segunda década del siglo XX en algunos pueblos del suroeste de la provincia de Madrid, utilizaban todavía los servicios de saludadores para curar a sus ganados», según Alejandro Peris Barrio. Y se puede añadir que en otros muchos lugares de la geografía española.

Creo que con este excurso habrá quedado claro el significado de la frase beber más que un saludador y les quede claro a quienes siguen explicándola erróneamente acudiendo a José María Sbarbi en su Florilegio o ramillete alfabético de refranes y modismos (1873): «Beber con exceso, aludiendo a los aficionados a echar brindis a la salud de los circunstantes».

N.B.:

Los saludadores eran personas que pertenecían a las clases bajas («gente baja, perdida y de mal ejemplo de vida», dice de ellos fray Antonio de Torquemada) y defendían que la virtud de la sanación de que estaban dotados era virtud innata. Se daba esta en aquellas personas que reunían una serie de circunstancias especiales en su nacimiento. Solo citaré dos como ejemplo: haber nacido el Viernes Santo a las tres en punto de la tarde (hora de la muerte de Cristo) o haber llorado tres veces en el vientre de su madre, manteniéndolo esta en secreto.

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