DESDE “MARIVINOS” A “LA TRICARA”. 4. LA TRICARA

Vamos a finalizar esta serie dedicada a Francisco de Quevedo como creador de palabras, de neologismos inventados por la necesidad conceptual para expresarse mediante la condensación de ideas en una sola palabra, pero que no pasaron a formar parte del acervo común de la lengua española.

En esta ocasión, dejamos el carácter burlesco de los anteriores post y nos centraremos en una palabra que obedece a la creación de palabras mediante la derivación. La encontraremos en la siguiente octava real correspondiente a su poema épico burlesco Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado:

Un poderoso príncipe reinaba,
de grande tarazón del mundo dueño,
donde la India empieza y donde acaba
la murria el sol y la Tricara el ceño.
Gradaso el rey que digo se llamaba,
rey que tiene más cara que un barreño,
y juega, ¡ved qué fuerza tan ignota!,
con peñascos de plomo a la pelota (vv. 89-96).

La palabra seleccionada es el sustantivo Tricara. La ha creado Quevedo para referirse a la luna, la de las tres caras. Por tanto, su composición es clara: al prefijo tri- (tres) le añade el sustantivo cara. Y ¿por qué? La razón se halla en las fases lunares. Cuatro son estas: luna llena, cuarto menguante, cuarto creciente y luna nueva. Salvo en esta última fase, en la que la luna carece de cara, en las tres restantes se podrá observar claramente su cara diferenciada:

CUARTO CRECIENTE

LUNA LLENA

CUARTO MENGUANTE

Es muy probable que Quevedo en la creación del nombre Tricara tuviera presente a la diosa Hécate. Era una diosa de la Antigüedad afín a Artemis. No posee mito propio, por lo que se convierte en una diosa un tanto misteriosa. Se la define por las funciones y atributos que las leyendas la confieren. Fue diosa de inmensos poderes dados por el todopoderoso Zeus, lo que la convirtió en una diosa temida.

HECATE CAPITOLINA

En época posterior se convirtió en la divinidad que presidía la magia y los hechizos, ligada al mundo de las sombras. Como maga, preside la encrucijadas, sobre todo las de tres caminos. En ellos se levanta su estatua en forma de mujer de triple cuerpo o bien tricéfala. Estaba muy presente en los campos.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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LLEGADA

Carretera ondeante

por los montes exuberantes

de vegetación en plena estación rutilante.

 

Llegada al pueblo amoroso

donde la gente se arremolina en torno al foso,

donde te inquieren los rapaces

que son la gloria de campesinos capaces.

(LUIS DE VALDETÉ)

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ESTILOESTADÍSTICA. (6). VERSOS ONOMATOPÉYICOS: FRANCISCO DE QUEVEDO (1580-1645)

1. POESÍA DE QUEVEDO

Es Francisco de Quevedo y Villegas uno de los más grandes poetas de nuestra literatura de todos los tiempos. Se le considera como el representante más destacado del conceptismo barroco español: la idea sobre todo.

Su producción poética es casi tan amplia como su obra en prosa, y no le va a la zaga en importancia y calidad. Es una poesía que hay que comenzar calificándola como poesía de contrastes. Junto a poemas graves, doctrinales, de temas religiosos, morales, amorosos, nos podemos encontrar con poemas chocarreros, bajos, en los que el insulto, la burla, la sátira, el chiste, etc., campan por doquier.

Quevedo, al igual que la mayoría de los poetas de nuestro Siglo de Oro, no publicó en vida edición alguna completa de sus poesías. Sí encontraremos en diversos medios innumerables composiciones sueltas suyas. Su amigo Jusepe Antonio Gonzáles de Salas publicó con el nombre de El Parnaso Español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve musas[1] en 1648 una parte de su poesía, la dedicada a las seis primeras musas. Continuó la labor editorial Pedro de Alderete en 1670 publicando el resto de la poesía bajo el nombre de Las tres musas últimas castellanas. Son dos ediciones en las que se pueden encontrar poemas que no son de Quevedo y alteraciones de los originales. Habrá que esperar hasta 1963 para encontrar una buena edición realizada por José Manuel Blecua bajo el título de  Poesía original completa.

Tan amplio corpus poético es difícil de clasificar. Pero por razones didácticas, las poesías de Quevedo se han clasificado en seis grandes grupos:

  • Poesía amorosa.
  • Poesía severa, religiosa, moralista.
  • Poesía burlesca y satírica.
  • Poesía de carácter político.
  • Romances.

2. POEMA HEROICO DE LAS NECEDADES Y LOCURAS DE ORLANDO EL ENAMORADO

Este poema épico-burlesco se publicó en la edición de Alderete. Aparece en la tercera parte, titulada «Urania[2], musa nona». Esta parte recoge su poesía religiosa. El hecho de que este poema aparezca cerrando esta parte de la edición se debe, según su editor, a que llegó tarde a la imprenta y no tuvo más remedio que colocarlo al final. Pertenece este a la poesía burlesca, convirtiéndose en el ejercicio quevedesco de parodia más relevante y ambicioso. Es su obra poética más extensa. Consta de 214 octavas reales. Está dividida en tres cantos, pero está  incompleta, ya que del tercer canto Quevedo escribió solo una octava. De este tipo de poesía ha escrito Juan Luis Alborg lo siguiente:

el Quevedo personalísimo, absolutamente impar, está en sus versos burlescos y satíricos, donde su fuerza expresiva puede extraer del lenguaje registros y tonos que no tienen precedentes ni luego han conocido imitadores.

En este poema, Quevedo parodia el poema épico italiano Orlando innamorato de Matteo Maria Boiardo (1441-1494) escrito en 1486 y dejado inconcluso. Lo continuó Ludovico Ariosto en 1516 en Orlando furioso. El objetivo quevedesco queda ya patente en su contradictorio título.

El mundo mitológico, resucitado por la fantasía del Renacimiento, y el caballeresco medieval aparecen en la pluma de Quevedo sometidos a un proceso de degradación, de burla, de chanza. Lo noble y ejemplar lo convierte en vil y aborrecible. Así aparecen los personajes principales: Orlando (el Roldán de la corte de Carlo Magno), Angélica y Medoro.

Es este poema, sin lugar a dudas, una de las obras maestras de Quevedo, muchas veces olvidado. Se puede considerar que es la «culminación de su poesía satírica burlesca y un compendio de los recursos de su vena festiva». Junto con La gatomaquia de Lope de Vega, es el poema paródico más importante del Siglo de Oro español.

3. VERSO ONOMATOPÉYICO

Francisco de Quevedo es el representante más eximio del conceptismo barroco: prima la idea, el concepto, sobre su expresión. Su originalidad no reside tanto en el mundo conceptual que nos da a conocer, sino en la organización de este, en su ordenación y sobre todo en su expresión, en su ornato elocutivo. Más en la forma que en el contenido.

Como adalid del conceptismo, en sus obras predominarán, desde el punto de vista estilístico, los tropos y las figuras de pensamiento, pero no le serán ajenas las de dicción en su afán de dar expresividad a sus textos, él que es el gran artífice de la palabra. Dentro de estos últimos recursos encontraremos el uso de la onomatopeya, que es lo que ahora nos ocupa.

Al poema antes citado y a su primer canto pertenece la siguiente octava real (estrofa de origen italiano muy utilizada en la épica), en la que se describe al gigante Gradoso practicando el juego de la pelota:

Un poderoso príncipe reinaba,
de grande tarazón[3] del mundo dueño,
donde la India empieza y donde acaba
la murria[4] el sol y la Tricara[5] el ceño.
Gradaso el rey que digo se llamaba,
rey que tiene más cara que un barreño[6],
y juega, ¡ved qué fuerza tan ignota!,
con peñascos[7] de plomo[8] a la pelota (vv. 89-96).

El último verso, de gran expresividad, es un verso claramente onomatopéyico, envuelto, a su vez, por la hipérbole (la pelota es un peñasco de uno de los metales más pesados, el plomo), ese recurso tan querido por Quevedo en sus creaciones burlescas y satíricas.

Desde el punto de vista fónico, en esta octava nada relevante hallamos en el campo de las vocales, ya que no hay desviaciones significativas en cuanto a su uso. Solo apuntar, por lo que veremos más adelante, que la vocal o (vocal media posterior) tiene una desviación negativa del -3,42%.

En cuanto a las consonantes se refiere, es reseñable el uso de los sonidos nasales y el de [d] (dental oclusiva sonora) con una desviación positiva de casi un cuatro y medio por ciento; el sonido [p] (bilabial oclusivo sordo) no llega a una desviación positiva de uno y medio.

En el análisis del verso que nos ocupa, en el plano de las vocales se observa que la vocal o ha disparado su uso hasta un 20,31% por encima de la norma. Por su forma redonda es la pelota.

Por lo que se refiere a los sonidos consonánticos, [p] es el que más destaca por su desviación significativa y positiva de un 15,17%. Es  el sonido de la explosión, del ruido.

Así pues, se observa que los sonidos [o] y [p], por su forma el primero y por su contenido fónico el segundo, son los que confieren el carácter onomatopéyico a este verso y mediante los cuales Quevedo quiere imitar el ruido sordo que la enorme pelota de pesado plomo produciría al golpear contra el suelo: ¡pom!, ¡plof! Además, se remarca el sonido consonántico [p] por ser el que aparece encabezando (lugar preeminente) las tres palabras claves: peñascos, plomo y pelota. Contenido fónico y posición de consuno.

Finalizo: ¿Acaso no es [p] el sonido que encabeza las palabras onomatopéyicas que utilizamos para indicar determinados ruidos de la realidad relacionados con el golpe, como en pum, pom, paf, plas, etc.?


[1] Las musas eran divinidades femeninas de la cultura griega. En un principio su número era variable. Desde la época clásica se impuso el número de nueve. Eran las diosas inspiradoras y protectoras de la poesía, las artes y las ciencias. Estos eran sus nombres y atribuciones: Calíope (épica), Clío (historia), Euterpe (flauta), Erato (lírica), Melpómene (tragedia), Polimnia (pantomima), Talía (comedia), Terpsicore (danza) y Urania (astronomía).

[2] En la edición de la poesía de Quevedo, la musa séptima es Euterpe; la octava, Calíope y la nona, Urania.

[3] TARAZÓN: Trozo que se parte o corta de algo.

[4] MURRIA: Tristeza y cargazón de cabeza que obliga al hombre a andar cabizbajo y mustio. Aquí el ocaso del sol.

[5] TRICARA: Palabra inexistente en español. Es un neologismo creado por Quevedo para referirse a la luna. La llama así por las tres caras diferentes correspondientes a sus tres fases: llena, cuarto menguante y cuarto creciente. La mitología clásica la identificó con la diosa Hécate, que se representaba con tres cabezas. Es la diosa de la triplicidad.

[6] BARREÑO: Vasija de barro, metal, plástico, etc., de bastante capacidad, generalmente más ancha por la boca que por la base.

[7] PEÑASCO: Peña grande.

[8] PLOMO: Uno de los metales más pesados.


 

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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LLEGADA

Carretera ondeante
que serpenteas por los montes exuberantes
de vegetación
en plena estación rutilante.

Llegada al pueblo amoroso,
donde la gente se arremolina
en torno al foso,
donde te inquieren las miradas inocentes
que son la gloria
de campesinos honrosos.

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¿EMMANUEL O JESÚS?

La noche del día 24 de diciembre, a las 12 (24 horas), la liturgia cristiana celebra el nacimiento de un niño nacido de la virgen María y de su esposo san José. En la misa se lee el evangelio de san Mateo (1, 18-25) que narra el episodio del nacimiento. En él aparecen dos nombres para el recién nacido: ENMANUEL y JESÚS. Este hecho produce en algunos fieles cierta duda y sorpresa sobre cuál es el verdadero nombre del recién nacido porque no es un nombre compuesto. Se preguntan si tiene dos nombres. La respuesta es la siguiente.

En el Antiguo Testamento, el profeta Isaías, el primero de los grandes profetas del siglo VIII antes de Cristo, profetiza lo siguiente: «He aquí que la doncella concebirá y parirá un hijo a quien se denominará con el nombre de EMMANUEL» (7, 14). Este pasaje ha sido muy debatido. Para la tradición cristiana, se estaría refiriendo a la virgen María, recalcando en que el hijo nacería de una virgen y que su nombre sería Emmanuel, que significa «Dios con nosotros».

 

En el Nuevo Testamento, solo dos evangelistas relatan el nacimiento de Jesús: san Mateo y san Lucas.

San Mateo (1,18-24) refiere que la concepción de Jesús fue virginal «por obra y gracia del Espíritu Santo». Enterado José de que su esposa estaba en cinta pensó en repudiarla. De pronto se le apareció en sueños un ángel que le dijo: «No temas por recibir a María, tu mujer, pues lo engendrado en ella lo es por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un niño y le pondrá por nombre Jesús». Añade el evangelista que todo esto sucedió para que se cumpliera la profecía de Isaías, que antes hemos referido y que, por lo que se refiere al nombre del recién nacido no se cumplió. Cuando José despierta del sueño no repudió a su mujer, sino que la aceptó y cuando nació el hijo le puso por nombre Jesús. Lo que quiere reseñar el evangelista es que en el momento de dar a luz María era virgen, no el nombre del nacido.

El otro evangelista que relata el nacimiento es san Lucas. Aquí no hay lugar a dudas. En dos momentos habla del nombre del niño que ha de nacer:

– No temas María [le dice el ángel], pues hallaste gracia ante Dios. Mira, concebirás en tu seno, y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús (1,21).

Más adelante escribe lo siguiente:

– Y cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarlo, le pusieron por nombre Jesús, el nombre puesto por el ángel antes de ser concebido en el seno materno (2,21).

Por tanto, el nombre del niño nacido de María y José es JESÚS. El nombre profético del Antiguo Testamento, Emmanuel, no se cumplió, y habría que considerarlo como un título, que significa «Dios con nosotros», porque, según el cristianismo, Dios se hizo hombre en la persona de Jesús. De ahí la santísima Trinidad: un solo Dios verdadero y tres personas distintas: padre, hijo y Espíritu Santo.

 
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DESDE“MARIVINOS” A “LA TRICARA”. 3. SUTIL INSULTO QUEVEDESCO: «Novillo de legítimo matrimonio»

Otro de los procedimientos burlescos utilizados por Francisco de Quevedo, es la parodia de frases usuales, de estructura fija. En ellas sustituirá una palabra por otra que viene impuesta por el tema del que se habla o por la situación y el significado cambia radicalmente, convirtiéndose en un insulto.

En el derecho matrimonial, bien sea civil o religioso, encontramos con frecuencia la siguiente frase: «hijo de legítimo matrimonio». Con ello se dice que el hijo habido dentro del matrimonio, legítimo por haberse celebrado según las leyes, es hijo de los dos cónyuges. Pero como todo el mundo sabe, puede suceder que esto no sea así.

La Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños (1626) es la novela picaresca de Quevedo. En ella podremos encontrar todos los procedimientos de creación de neologismos que Quevedo ha utilizado en la burla y la sátira. En este caso, nos referimos a la parodia de una frase.

En el capítulo II, titulado «De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió», encontramos el siguiente relato de lo que le sucedió a Pablos:

«Al fin, con todo cuanto andaban royéndome los zancajos, nunca me faltaron, gloria a Dios. Y, aunque yo me corría, disimulaba. Todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces  hijo de puta y hechicera, lo cual, como me lo dijo tan claro (que aun si lo dijera turbio no me diera por entendido) agarré una piedra y descalabrele. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese; contela el caso; díjome:

―Muy bien hiciste; bien muestras quién eres; solo anduviste errado en no preguntarle quién se lo dijo.

Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvime a ella y roguela me declarase si le podía desmentir con verdad o que me dijese si me había concebido a escote entre muchos o si era hijo de mi padre. Riose y dijo:

―¡Ah, noramaza! ¿Eso sabes decir? No serás bobo; gracia tienes. Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que estas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir.

Yo con esto quedé como muerto y dime por novillo de legítimo matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza. Disimulé, fue mi padre, curó al muchacho, apaciguolo y volviome a la escuela, adonde el maestro me recibió con ira hasta que oyendo la causa de la riña se le aplacó el enojo considerando la razón que había tenido.»

Obsérvese cómo a Pablos, después de oír la respuesta de su madre, no le queda duda de que no son falsos los rumores de la infidelidad conyugal de su madre. Por eso, llega a la conclusión de que él es novillo de legítimo matrimonio, que se explica de la siguiente manera:

a) En el matrimonio de los padres de Pablos, el padre es cornudo, como se dice coloquialmente para referirse a la persona que está ligada a otra por matrimonio y esta mantiene relaciones sexuales con alguien fuera del matrimonio.

b) Por sus cuernos, el padre es «toro».

c) Pablos, como hijo de toro, es «novillo».

d) Así se justifica el cambio de «hijo» por «novillo» y resulta la nueva frase cargada de burla e insulto.

Una sutil e ingeniosa manera de insultar.

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DESDE “MARIVINOS” A “LA TRICARA”. 2. SUTIL INSULTO QUEVEDESCO: Matus-Gongorra

Como ya he dicho en el post anterior dedicado a Quevedo, es este escritor el genio de la invención de palabras del Siglo de Oro Español, neologismos, o de la combinación de palabras dentro de la frase, que aparentemente son inofensivas, pero que se convierten en sutiles insultos en la frase que toma un significado totalmente nuevo.

Solamente dos ejemplos de lo dicho anteriormente.

El primero pertenece a lo que Alarcos Llorach ha llamado «neologismos por condensación», que reflejan el gusto quevedesco por la amalgama de nombres.

MADRID. Ahí estuvo la casa de la discordia

Se trata de la palabra Matus-Gongorra. Es producto del enfrentamiento personal entre Quevedo y Góngora. Se podría decir que del odio. Tal es así que Quevedo compra la casa en la que mal vivía Góngora en Madrid por impago, en un momento de dificultades económicas del cordobés, para echarle de ella. Este episodio lo cuenta Quevedo en una silva  de la sátira que comienza así: «Alguacil del Parnaso, Gongorilla». En ella dice que tuvo que «desengongorarla» quemando libros de Garcilaso:

Y págalo Quevedo
porque compró la casa en que vivías,
molde de hacer arpias,
y me ha certificado el pobre cojo
que de tu habitación quedó de modo
la casa y barrio todo,
hediendo a Polifemos estantíos,
coturnos tenebrosos y sombríos,
y con tufo tan vil de Soledades,
que para perfumarla
y desengongorarla
de vapores tan crasos,
quemó como pastillas Garcilasos:
pues era con tu vaho el aposento
sombra del sol y tósigo del viento.

Recordemos que Garcilaso de la Vega era el paradigma de la poesía sencilla, clara, de fácil entendimiento (se le llegó a acusar de que su poesía estaba prosificada), mientras que Góngora era el príncipe de las tinieblas, de la oscuridad poética. El ingenio de la metáfora y del hipérbaton.

La palabra a la que antes hacía referencia se halla en esta misma sátira, en los siguientes versos:

y solamente tú, Matus-Gongorra
cuando garciclopeas Soledades
francigriegas latinas necedades.

Para entender el insulto hay que tener en cuenta lo siguiente.

1.º Matusalén es un personaje bíblico que aparece en el libro del Génesis (5, 21-27) de quien se dice que vivió 969 años, convirtiéndose en la persona que más años había vivido en el mundo según el relato bíblico. De aquí pasó a convertirse en el paradigma del hombre-viejo dando origen en español a frases como «eres más viejo que Matusalén», «eres un Matusalén», «tienes más años que Matusalén», etc., frases cargadas de sentido despectivo. No olvidemos que la palabra «viejo», por sí sola, se utiliza hoy en muchas ocasiones como insulto.

2.º Luis de Góngora y Argote (1561-1627) era el adalid del movimiento barroco denominado culterano y enemigo acérrimo de Francisco de Quevedo (1580-1645), el primero de los conceptistas también barrocos.

3.º Gorra es palabra que aparece en frases como «vivir de gorra», que significa vivir a costa de los demás, o lo que es lo mismo, lo que hoy entendemos por «gorrón».

Y ya tenemos un trío de palabras cuyos significados Quevedo condensará en una, Matus-Gongorra, en la que junta dos insultos con el apellido del poeta cordobés: el de viejo y el de gorrón.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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ORILLA DE MAR

Verdes jardines palideciendo
en la oscuridad de la noche,
explicad cómo es el amor
que tantas veces habéis oído susurrar
a los arrullados palomos,
y convertir vuestra silueta
en prenda de vuestra boda.

Pescadora manchada por el óxido de los metales,
que han dejado rasgar sus vestidos
por el oleaje del monstruo marino,
mira alegre la llegada de tus pesqueros
y protege bajo tus sucias vestiduras
la prole de la pesca.

Erígete en patrona de la orilla
y camina hasta llegar a la villa,
demuestra que eres mujer varonil,
que ganas el fruto de tus hijos
con el sudor de tus cuerdas vocales
y el descabello de tus manos.

(LUIS DE VALDETÉ)

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DESDE “MARIVINOS” A “LA TRICARA” . 1. MARIVINOS

Uno, que ya va teniendo años, guarda recuerdos, anécdotas, que, a veces, sirven para ilustrar su preocupación por la lengua que mamó en un pueblo de la montaña de Riaño, el español, y por lo que quedaba de la antigua habla leonesa.

En un largo fin de semana de la década de los noventa del siglo pasado nos desplazamos desde León a Osera (Orense) a bucear en los archivos del monasterio cisterciense allí ubicado. Dentro de aquellos imponentes muros de piedra pasamos algunos días, con noches que ni la potente calefacción era capaz de calentar aquellas gélidas celdas. Acostarse tarde y levantarse pronto era la práctica para combatir el frío invernal.

 

MONASTERIO CISTERCIENSE DE OSERA (ORENSE)

Terminada la investigación, una mañana de domingo iniciamos el regreso a León. Por el camino debíamos realizar una parada en El Barco del Valdeorras para rendir tributo a la amistad de un compañero de fatigas archivísticas.

Era la hora de comer y la visita tendría lugar más tarde. Tanto mi acompañante como yo descocíamos la población. Nos dirigimos al centro. Allí nos recomendaron un restaurante en el que podíamos saciar nuestras ganas de comer y que tenía buenos precios. Hicimos bueno el consejo y a él nos encaminamos. Yo ya sabía que la zona tenía fama de buenos vinos desde los tiempos de los romanos, por lo que, una vez acomodados en una mesa, elegimos el menú. El vino pedimos que fuera de la comarca, lo que el camarero nos aseguró, diciendo que, además, era casero. El dueño del restaurante alternaba los fogones con la industria de Baco.

Estábamos aprovechando la espera del servicio de comedor para realizar un recuento de nuestros hallazgos sobre el monje leonés Cipriano de la Huerga (c. 1509-1560), humanista y maestro de sagrada escritura. No nos percatamos de cómo había llegado a la mesa una botella de vino, casero y de la comarca, sin etiquetar, por supuesto. Cuando llegó el primer plato, que, por cierto, eran lentejas estofadas, me dispuse a servir el vino. Primero a mi acompañante, como manda la «educancia». Al coger la botella en la mano observé algo raro en la parte entre los hombros y el cuello, pero no le di mayor importancia. Me serví y nos disponíamos a brindar por los éxitos conseguidos cuando observo que en el vaso de mi compañero y también en el mío, aunque en menor cantidad, había MARIVINOS. La sorpresa fue mayúscula, seguida de un ataque de risa. Acudió el camarero y le mostramos el vino y sus acompañantes. Mil perdones pidió y explicaciones dio que no vienen al caso.

EL BARCO DE VALDEORRAS

Es muy posible, sufrido lector, que ya sepas de qué estoy hablando: de mosquitos en el vino o lo que es lo mismo marivinos, con permiso del genial Francisco de Quevedo (1580-1645), a quien se debe el neologismo.

La palabra no obedece en su creación a un capricho ni carece de explicación lógica. Es el resultado del conceptismo quevedesco aplicado a la lengua: en una sola palabra condensa el significado de una o varias frases. Esto solo lo puede hacer el genio, uno de nuestros mejores artífices y conocedores de la lengua española: Quevedo.

El cómo se ha creado dicha palabra es el siguiente.

Partimos de la palabra  MARIPOSA. Sabemos que esta está compuesta de dos lexemas: MARI (apócope de María) + POSA (del verbo posar). También sabemos que si hay mariposas en una habitación cerrada y a oscuras, cuando se enciende la luz acuden a ella y allí se queman, mueren y caen al suelo.

ATRAPAMOSQUITOS

Ahora prescindimos del segundo elemento de la palabra en cuestión y lo sustituimos por VINO (en plural) y ya tenemos MARIVINOS. El resultado es lo que hoy conocemos como una palabra compuesta, en la que el primer lexema mantiene su significado originario y se carga de uno nuevo. Es un neologismo por comparación condensada, en terminología de Emilio Alarcos García[1], que no tuvo continuación en su uso y por eso los diccionarios no lo registran. (Partiendo también de mariposa crea Quevedo diabliposa: «diablo de aspecto agradable»).

Utiliza Quevedo dicha palabra para referirse a los mosquitos que caen a los toneles del vino, allí se ahogan y, si el tabernero no tiene cuidado, se los sirve al cliente.[2] Lo mismo que le sucede a las mariposas con su cercanía a la candela. Quevedo, con una sola palabra, nos transmite las ideas para las que nosotros necesitamos un conjunto de palabras para poder expresarlas.

El porqué de tal creación es aún más fácil: el afán paródico, satírico, burlesco de don Francisco de Quevedo, no muy amigo de los taberneros «aguanosos» a los que apoda «falsificadores de las viñas» y «fregonas de las uvas».

FRANCISCO DE QUEVEDO

Ya es hora de que podamos acudir al maestro y regocijarnos con sus palabras:

Bebe vino precioso con mosquitos dentro

Tudescos moscos de los sorbos finos,
caspa de las azumbres más famosas,  
que, porque el fuego tiene mariposas,          
queréis que el mosto tenga marivinos;       

aves luquetes, átomos mezquinos,  
motas borrachas, pájaras vinosas,               
pelusas de los vinos envidiosas,           
abejas de la miel de los tocinos;          

liendres de la vendimia, yo os admito           
en mi gaznate, pues tenéis por soga    
al nieto de la vid, licor bendito.            

Tomá en el trago hacia mi nuez la boga,              
que, bebiéndoos a todos, me desquito          
del vino que bebistes y os ahoga.

(FRANCISCO DE QUEVEDO)

NOTA

OTRAS PALABRAS QUEVEDESCAS CREADAS SIGUIENDO EL PROCEDIMIENTO DE LA CONDENSACIÓN:

DIABLIPOSA, QUINTAINFAMIA, MATUSGONGORRA, ALCAMADRES, LIBROPESÍA, DEMONICHUCHO, CORNICANTANO…



[1] «Quevedo y la parodia idiomática», Archivum, 5 (1955), pp. 3-38.
[2] La presencia de los mosquitos en el vino no fue un hecho casual; por eso, antiguamente existían los atrapamosquitos del vino.

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POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

20

Expresión sincera de vagos sentimientos,
que en la triste realidad no se ven cumplidos,
que el continúo ajetreo de los sinsabores
convertirá en el paso del tiempo
en inexistentes.

Pero no te aflijas, corazón,
que la dura piedra te prestará
su dureza envidiable y así, solo,
podrás dar luz a luz una obra de amor.

Obra de amor paradójico,
mas el bien que reporta
eso es amor, solo eso,
y no la tan verborreada palabra.

Y ¿qué derecho tengo a reprimir los sentimientos,
si es que existen,
de un pueblo. Ninguno.
El derecho solo es propio de Dios
y el hombre es sujeto de los derechos de Dios.

Hombre, que te envileces
diciendo que eres libre,
que harás grandes proyectos
y te convertirás en un donjuán imperioso,
vuelve a tu insignificancia,
porque la marioneta de la vida
está a punto de ser cortada
por quien solo tiene derecho sobre ella,
el destino inmisericorde,
y no tú, soberbio, audaz, infeliz.

Sin más corroboración
termino estas palabras,
que de mala manera se pueden llamar así,
pero que son mi amada y mi esposa.


Ellas cuidarán de mí
y me introducirán en nuevos mundos
donde la justicia sea paz,
el odio, amistad (el latrocinio, amor).

(LUIS DE VALDETÉ)

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