ESTILOESTADÍSTICA. (16) VERSOS ALITERADOS. SONETO 24 DE EL RAYO QUE NO CESA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

El Rayo que no cesa (1936), para la mayoría de los estudiosos del poeta oriolano Miguel Hernández (1910-1942), es su obra más representativa y lograda. Está compuesta principalmente por sonetos. La temática central es el AMOR. No es obra de fácil lectura, resulta difícil penetrar en su contenido, su estilo es hermético.

La estiloestadística nos ayudará a hacer más comprensible su mensaje, a penetrar en el corazón hernandiano mediante el análisis e interpretación de unos resultados objetivos, huyendo de la vía más utilizada de los estudiosos: el subjetivismo.

Para ello, he elegido el soneto 24, carente de título que nos pudiera facilitar su lectura interpretativa, en el que se viene señalando como rasgo esencial su sonoridad.

En esta ocasión la estadística la aplicaré no solo al plano fónico, sino también al léxico. Con los datos obtenidos podemos explicar y entender mejor el poema, captar el valor literario de algunos de los recursos estilísticos utilizados, y no fiarlo todo a la intuición, como hacen algunos comentaristas.  

SONETO 24

Fatiga tanto andar sobre la arena
descorazonadora de un desierto,
tanto vivir en la ciudad de un puerto
si el corazón de barcos no se llena.

Angustia tanto el son de la sirena
oído siempre en un anclado huerto,
tanto la campanada por el muerto
que en el otoño y en la sangre suena,

que un dulce tiburón, que una manada
de inofensivos cuernos recentales,
habitándome días, meses y años,

ilustran mi garganta y mi mirada
de sollozos de todos los metales
y de fieras de todos los tamaños.

El poema desarrolla el tema central del libro: el amor. Pero no es un amor feliz, dichoso, gozoso, sino doloroso, dolorido, angustioso. Se podría decir que son versos que brotan de una experiencia amorosa de rechazo que causa la muerte poética del amado. AMOR, DOLOR, ANGUSTIA, TAÑIDOS DE MUERTE  se anuncian explícitamente y se resaltan por el acompañamiento de elementos cuantitativos (repetición de lexemas) y sonoros (repetición de elementos de carácter fónico).

ILUSTRACIÓN DE RAMÓN FERNÁNDEZ PALMERAL

En el plano léxico se observa una repetición significativa, única. De las 89 palabras de que consta el poema, el adverbio de cantidad TANTO se repite en cuatro ocasiones en los dos cuartetos. Es la única palabra de significado léxico que se repite, hasta en cuatro ocasiones como ya he dicho. El resto de los lexemas solo aparece en una ocasión. Por tanto, esta repetición anafórica, que forma parte de una estructura sintáctica paralela, no es casual. Busca y consigue intensificar el significado de dos sustantivos, como veremos más adelante. Es un recurso intensificador.

En las dos primeras ocasiones en que aparece se refiere a FATIGA (tanto), que de esta forma aparece intensificada, agrandada. Esa fatiga, ese gran cansancio dolorido lo produce en el poeta de corazón desmesurado, de corazón colosal,  el vivir con la ausencia de amor, el sentir que el corazón está desierto de amor, está vacío, está muerto.

Pero no solo es fatiga lo que siente el poeta desamorado, abandonado por el amor, sino también ANGUSTIA (tanto), dolor, como el que produce el sonido de la sirena de los barcos que abandonan el puerto o el tañido de las campanas que tocan a muerto, el réquiem que sonaba en los campanarios para anunciar a los vecinos la muerte de uno de sus miembros. Y esa angustia se intensifica, como en el caso anterior, por la presencia repetitiva en otras dos ocasiones   del mismo adverbio cuantificador: TANTO.

Esta intensidad, tanto de la fatiga como de la angustia, hará que al final del poema se conviertan en lágrimas y sollozos (vv.11-12). En definitiva, en DOLOR. En corazón desamorado, en corazón dolorido.

En el plano fónico, hay que comenzar diciendo que los sonidos reales (sirenas y tañidos de las campanas) se convierten en elemento poético fundamental, en especial en el segundo cuarteto, sonidos reales que se agrandan con los sonidos lingüísticos que los acompañan, creando una sonoridad fónica que recorre los cuatro versos. Por ello, solo me detendré en el análisis fónico de estos cuatro versos.

En el plano vocálico es reseñable en todo el soneto la desviación significativa de la vocal cerrada posterior U con un 3,43 %. En el segundo cuarteto, bajo un poco dicha desviación hasta el 3,21 %. Junto con la O es la vocal oscura, ronca, del dolor, del sufrimiento.

Por lo que se refiere a las consonantes, cabe destacar en todo el soneto la desviación significativa de las nasales con un 10,28 % y de la dental T con un 2, 29 %.

Examinado por separado lo que ocurre en el segundo cuarteto, observaremos que la desviación significativa de las nasales (las consonantes con mayor índice de sonoridad en la lengua española) se eleva hasta el 16, 85 % y la de la dental T (la de tanto y del tan-tan de las campanas) sube hasta el 4,91 %. Estos son los datos objetivos.

La interpretación que cabe realizar es que dichas desviaciones, tanto vocálicas como consonánticas, contribuyen a resaltar desde el primer verso (TANTO) el eco del TAN-TAN ronco y triste de las campanas que tocan a muerto. Y muerto está el corazón del poeta desde el primer verso por la ausencia de amor.

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HURNIELLO, HURNIELLÍN y VALDEHORNO: tres topónimos sierenses con la misma base léxica latina

Tres son los topónimos que existen en la actualidad en Siero (León) cuyo origen está en el latín clásico FŬRNŬS. En dicha lengua este término se utilizaba con dos significados diferentes. Plinio, en su Historia natural, lo utiliza con el significado de «Horno para cocer pan y otras cosas». Por el contrario, Vitrubio en De architectura lo refiere al horno que utilizan los metalúrgicos para la fundición de metales.

Los tres topónimos a que hacía referencia son los siguientes: HURNIELLO, HURNIELLÍN y VALDEHORNO. Y los tres tienen en común que son denominaciones que se aplican a valles en los que se encuentran los componente esenciales para la fabricación de tejas: a parte del horno, barro (tierra arcillosa), leña para calentar el horno y agua. En un momento en el que el transporte de materiales era costoso, lento y penoso, era muy importante que las materias primas estuvieran cerca del lugar en que trabajaba el artesano.

Comenzaré diciendo que en la montaña de Riaño existieron tres tipos de hornos antiguos artesanales: el de cocer el pan, el de la cocción de tejas y el de fundir la caliza.

En Siero no conocí más que un tipo de horno antiguo: el de cocer el pan, bien adosado a las casas y con la boca en su interior o dentro de edificios específicos llamados ‘horneras’. Sé que existió un horno para la cocción de tejas en Picones, pero no tengo noticia que existieran los hornos caleros, porque aquí  no hay roca caliza, y menos los dedicados a la fundición de metales. Sobre los caleros, abundantes en la montaña de Riaño, ya he publicado un post en este mismo blog: EL ÚLTIMO CALERO DE LA UÑA (LEÓN).

HURNIELLO

HURNIELLO tiene su origen en el sustantivo común latino FŬRNŬS seguido del diminutivo -ĔLLUS: FŬRNĔLLŬ(M) ‘horno pequeño’. Los cambios fonéticos más significativos hasta llegar a la palabra romance han sido los siguientes:

A) La conversión de F- en H– muda. Es un proceso propio del castellano. El leonés adopta dos soluciones: o se conserva la F– o se aspira en H’ , y esa aspiración se confunde en la actualidad con la J moderna (mata la Jelechosa o tras del Joyo).

B) La primera U breve debiera haber dado O, pero aquí se ha interpretado como si fuera Ū tónica, que se conserva siempre (agudo, humo, cuba, sucio).

C) Por último, el diptongo-IE– del diminutivo no se reduce en el leonés a I, mientras que el castellano sí lo hizo desde el siglo XIV (Bostetiello, Castiello, Cudiediello, Hundiello, Pinidiello, Casiella, Escobiellas, Odiaquiella, Palanquiella, Tejediella, son topónimos sierenses).

Por tanto, este topónimo sería un híbrido del castellano, donde ha dado HORNILLO y del leonés donde encontramos FORNIELLO o JORNIELLO.

EL HURNIELLO

El problema se plantea a la hora de determinar el porqué de este topónimo (horno pequeño) aplicado a un pequeño valle que tiene como entrada la Peña, limita por la izquierda con la Fuentelavega y por la derecha con el Pinedo.

Como en esta zona no hay metales para fundir, el significado tendría que estar relacionado con el otro significado: pequeño horno para cocer el pan y otras cosas, utilizado en sentido real o metafórico.

Metafóricamente no hay razón para comparar el terreno con la construcción de forma abovedada que tiene el horno, como sí se podría decir del llamado ‘FORNU LUS MORUS’ (Babia y Laciana) que es un agujero en una peña.

La explicación más lógica me parece que tiene que estar en que el nombre se debiera a que en ese pequeño valle hubo en su día un pequeño horno para cocer cerámica (teja) y dio nombre al valle. Y lo cierto es que en ese lugar existen todos las materias primas necesarias para la fabricación de tejas. Las tejeras han proliferado a lo largo y ancho de toda la geografía española, ya que la cubierta de las viviendas y otros edificios para protegerse de los fenómenos adversos de la naturaleza ha sido considerado por el hombre esencial a lo largo de la historia utilizando diversos materiales como las ramas de los árboles, los tapines, las lajas, la paja, la teja, etc., una vez que abandona la cueva como lugar donde vivir.

Este tipo de horno no habría sido el único en Siero.

HURNIELLÍN

HURNIELLIN deriva de HURNIELLO, y sería un diminutivo creado sobre la base de otro diminutivo. Esto se produce porque en el momento de la creación del topónimo ya no se sabe que la base léxica era, a su vez, un diminutivo. Sería un claro leonesismo, lengua en la que la terminación –INO del sufijo diminutivo ha perdido la –O (muy frecuente en el dominio del leonés actual), como en VECÍN, SOBRÍN, MOLÍN, CAMÍN, BUENÍN, etc.

Su significado sería idéntico al anterior ‘horno pequeño’. En este caso, el topónimo se halla en el valle de Valdeguiza. y la razón de su uso sería la misma que en el caso anterior.

EL HURNIELLÍN

VALDEHORNO

VALDEHORNO, en Picones, es una palabra compuesta por los sustantivos VALLE y HORNO unidos por la preposición DE: valle del horno. Y próximo a este topónimo, que se refiere a un pequeño valle lateral, hay otro que es la TEJERA, en cuyos prados se puede observar cortes en el terreno y pozos debidos a la extracción de tierra. De lo que se puede deducir que primero solo existía un horno en el valle lateral (el proceso de preparación del barro, elaboración de las tejas y su secado se realizaría al aire libre) y más tarde se levantó en el valle central la fábrica de tejas con su casa, horno adosado, la era para el secado y el pozo del agua. De la existencia de esta tejera sí que hay noticias de comienzos del siglo XX y de la causa de su desaparición: la mala calidad de las tejas. En alguna ocasión me enseñaron tejas que se conservaban y procedían de allí.

VALDEHORNO

NOTA BENE

En la montaña de Riaño fueron abundantes los caleros, que no eran otra cosa que pequeños hornos artesanales para fundir la roca caliza y conseguir la cal, usada fundamentalmente, mezclada con arena, como elemento compositivo de la argamasa utilizada en la construcción. Otro de sus usos habituales en aquella zona era el de blanquear fachadas e interiores de las casas. Añádase el que le daban los pescadores furtivos, conocedores de cómo liberaba el oxígeno del agua y producía la muerte de las truchas. Y no olvidemos el poder desinfectante con que se utilizaba en las cuadras.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO. (32) LA TRUCHERA AMIGA

Parece que los tiempos han cambiado en la relación del hombre con su entorno animal silvestre o de los animales silvestres con el solar del hombre.

Hoy no es raro ver por las calles de pueblos y ciudades campando a sus anchas una manada de jabalíes, corzos que pastan en jardines o corren asustados entre los coches, ardillas que se han adueñado de los castaños de indias que rodean el parque, lobos que alcanzan a su víctima en medio del pueblo y allí se la devoran, incluso el oso, el rey de la selva de los montes norteños, se pasea sin recato por los pueblos de la provincia de León.

De vez en cuando me refugio en la casa solariega de la montaña. A orillas del río. No sola, pero sí vive en soledad.

Cuando por la mañana abro la ventana, mi vista se fija en el río, que durante la noche me ha arrullado con su murmullo. Aquí todavía el agua baja limpia y transparente. Fría. Es de alta montaña. No invita su friura al baño.

Pero quien no teme sumergirse debajo del agua una y otra vez es la truchera (dicen que su nombre es mirlo acuático), que habita permanentemente por los cauces y riberas de estos ríos, famosos desde los romanos.

La veo llegar veloz por debajo del arco del puente, como si tuviera prisa,  como si me hubiera visto y quisiera hacerme una demostración de sus saberes. Se posa en la cresta seca de la única piedra que, en medio del río, no moja la corriente.

Viene a lucir su color negro, roto por el babero blanco. Se balancea nerviosa. Se mueve a un lado y a otro. Parece como si fuera a caerse en el agua. Acecha. Escruta. ¿Qué busca? ¿Hacia dónde dirige su mirar? ¿Qué habrá visto?

De repente, se lanza de cabeza como un camicace al agua, bucea, camina sobre el lecho del río, picotea aquí y allá, y vuelve a su atalaya pétrea. Y así varias veces. Una de ellas sale con su trofeo más preciado: una pequeña trucha se retuerce en su pico.

Abandona el lugar, sigue la corriente y se posa en el espino de la orilla de la torga. Contempla el remanso del agua. Otea.

Le esperan nuevas larvas, renacuajos, pececillos, insectos despistados, etc.

¿No se cansará?

Llega la noche. Rutina.

Salgo a dar mi paseo nocturno, Cruzo el puente. Me dejo envolver por la soledad de las calles y, arropado por el silencio, solo roto por el ladrido amigo de Rouco o el lejano lamento de la Caraviella en el pico Piñuelo, camino bajo las estrellas.

Rutina. Regreso.

Al abrir la puerta, un nervioso ruido de aleteo me asusta. Casi se estrella contra mi cara. Abandona precipitadamente la truchera el refugio que había elegido para pasar la noche: el portalín de la casa. Allí, en la parte superior izquierda de la pared, en ese tubo que la cruza, ha asentado sus reales. Este es el lugar que había elegido para pernoctar.

Pasa la noche. Vuelve el día. La he vuelto a ver en el río.

―¿Volverá por la noche a su refugio?

La noche. Nueva rutina. ¿La truchera se habrá ido? Me equivoco. Allí está de nuevo. El ruido del pestillo la vuelve a asustar, se vuelve a marchar.

¡Quizá no se acostumbre!

En las noches sucesivas, salgo y entro con el mayor sigilo posible. La truchera se ha adaptado a mi silencio, a mi saludo de buenas noches: ¡Buenas noches, truchera amiga! Ya no se va. Me mira, pestañea, mueve la cola …cierro la puerta y allí pasa la noche.

Abandono el refugio, y ella allí queda en su río, en su cobijo. Ya nadie la molestará por un tiempo en sus sueños nocturnos.

¿Me esperará?

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MANTAS RAJONAS, y no de abrigo

Lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Era allá por la década de los sesenta y setenta del siglo pasado. En la montaña oriental leonesa.

Durante el verano, las veceras de los bueyes y las paridas salían a pastar a eso de las cuatro o cinco de la tarde, para evitar la calisma de la zona central del día, y, después de recorrer el terreno de pasto asignado para la tarde, dormían bien en el monte de Samartino, bien el de Valdesoña, bien en el Barazón, bien en las Majadas, bien en Avellano, etc. El alba ponía en movimiento las vacas y comenzaba su pación mañanera. A eso de las once, se regresaba a casa: era la hora del ordeño y de otras tareas agrícolas.

No había chozos ni casetas para pastores ni corrales para las vacas. Se aprovechaba para pernoctar un collado o una simple llanada. El pastor dormía debajo de un roble, arrimado a la lumbre que se hacía y toda la noche tapado con aquella manta que no lograba evitar que te penetrara el relente de la noche. Era la MANTA RAJONA que, cruzada sobre el hombro y sujetada por la correa de la morrala (zurrona), se había llevado a cuestas durante el pastoreo de toda la tarde.

MANTA RAJONA

Hoy son ya pocos los que se acuerdan de este tipo de mantas, que la modernidad jubiló de su oficio primigenio y las convirtió en mullida de colchones asentados en somieres de muelles y alambres, cobertores, tapavacas resfriadas, cubremuebles, etc.

Como se puede observar en las fotos, estas mantas están confeccionadas con dos tipos de lana: blanca y negra. Procede directamente de las ovejas de ese color, lo que supone que no hay teñido alguno. Además, revelan que el proceso artesanal de fabricación ha dado como resultado un paño tosco, raso y de baja calidad.

Para quienes las desconozcan, hablaré un poco del adjetivo calificativo RAJONA que acompaña al sustantivo MANTA, conocido de todos.

Morfológicamente la palabra RAJONA deriva mediante sufijación del sustantivo RAJA: RAJ–ON-A. En este caso, el sufijo –ON se utiliza para indicar la propiedad o característica, relativo o perteneciente a la realidad a la que se refiere el lexema: RAJA. La –A final aporta el significado de género femenino.

Indicaré además que RAJA es una palabra homónima-homógrafa, o lo que es lo mismo, bajo su forma (significante) concurren dos palabras diferentes, con diferente etimología y diferente significado, pero con idéntica forma y pronunciación.

RAJA1: voz castellana

Pocede del verbo RAJAR ‘dividir un objeto en rajas’, de origen incierto, aunque Corominas cree que puede ser un cruce de los verbos sinónimos RACHAR y AJAR. La encontramos ya en el diccionario de Nebrija de 1495, aplicada a la madera: hendidura, cada una de las partes de un leño realizada con un hacha, cuña o similar; también se utilizará más tarde para referirse a cada uno de los pedazos en que se corta a lo largo o ancho un fruto u otros comestibles. En la actualidad se sigue utilizando con estos significados. Es evidente que no es esta RAJA la que se halla en la base de la manta que comentamos.

RAJA2: voz leonesa

El origen de esta segunda palabra estaría en el latín medieval RASCIA ‘especie de paño de lana’, que habría evolucionado en el leonés a RAJA al convertirse el grupo consonántico –SC- ante vocal palatal –I- primero en X (prepalatal fricativa sorda: RAXA) y después en J (fricativa velar sorda): RAJA. Otros ejemplos de leonesismos de esta evolución serían los siguientes: FASCIA > FAXA > FAJA; ŪSTIU > UXO > UJO; ASCIATA > AXADA > JADA; ANTE+OSTIU+ANU > ANTOXANO > ANTOJANO. Recordemos que en castellano el grupo consonántico –SC– había evolucionado a Ç (dorsodental africada sorda)y después a C o Z (interdental fricativa sorda): HAZA, UZO, AZADA, ANTEUZANO.

Tenemos constancia que la RASCIA ‘raja2’, paño tosco y barato de lana, se utilizaba para prendas monacales de vestir. Así lo encontramos en las aclaraciones que la Congregación de Santa Justina de Padua, en el siglo XV, realiza a la regla 55 de san Benito dedicada al vestido y calzado de los hermanos.

El primer diccionario que incluye la palabra RAJA2, aplicada a un tipo de paño, es el de Juan Palet (1604), Diccionario muy copioso de la lengua española y francesa. La define como  sarge de drap (tela de sarga). Indicaremos que cuando un diccionario recoge una palabra es que su uso es ya anterior.

En 1611 Sebastián de Covarrubias incorpora a su diccionario RAJA2 con el significado de «Cierto género de carisea [paño delgado como estameña] o paño prensado». Dice que se llamó así porque este tipo de tejido no tenía pelo como los demás paños, como si fuese de raso. Estos paños, una vez que habían salido del telar, se sometían a los mazos de las pisas, y de ahí ‘paño prensado’. Lo llamaremos raja común, porque hay otro tipo de raja, de la que hablaremos más adelante.

En 1737, Autoridades recoge también este significado para la palabra RAJA: «Especie de paño grueso antiguo de baja estofa [calidad]».  Aporta  la frase hecha Salir de capa de raja para referirse a las personas que habían mejorado económicamente y habían dejado una situación de miseria a base de trabajos y esfuerzos. Así pues, las capas hechas con raja y sus portadores denotaban clase social baja y de escasos recursos económicos. Estaban confeccionadas con este tipo de paño, antiguo y de baja calidad, y que no tenía buena consideración. Lo mismo se podrá decir de cualquier otra prenda que con tal paño se hiciera, como la manta.

Al paremiólogo español Luis Montoto (1851-1929) pertenece la siguiente cita, ejemplo claro del tipo de paño que es la raja, en su obra Un paquete de cartas (1888): «Pobre porfiado saca mendrugo, dice el adagio; y yo, que soy tan pobre que no saldré de paño de raja, porfío y porfiaré por sacarle una, dos o más cartas…»

La edición actual del DLE recoge prácticamente la definición de 1737: «Especie de paño grueso y de baja estofa, usado antiguamente».

En el capítulo VI de la primera parte del Quijote (1605) encontramos el siguiente pasaje, puesto en boca del cura,  hablando de Los diez libros de Fortuna de Amor: «Dádmele acá, compadre, que precio más haberle hallado que si me dieran una sotana de raja de Florencia». Aquí la raja es de Florencia y es una sarga de lana muy fina, impermeable y cara. Se llamó así porque comenzó a elaborarse en esta ciudad y se puso de moda a finales del siglo XVI.

Por lo que respecta a la palabra RAJÓN/A, hay que constatar que no es recogida por los diccionarios generales anteriores a la edición electrónica del DLE. Este sí la incluye, pero con significado derivado del verbo RAJAR y usada coloquialmente en algunos países de Sudamérica aplicada a las personas: fanfarrón, dadivoso o que incumple lo prometido.

NUEVO USO DE LAS MANTAS RAJONAS

El Léxico del leonés actual recoge la palabra RAJÓN –NA con nueve significados diferentes en su uso en la provincia de León, ninguno de los cuales tiene que ver con las mantas rajonas. No obstante, incluye una referencia explícita a este tipo de mantas e indica que son propias de Tierra de la Reina. Habría que añadir y de aquella montaña.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO. (31) ABRIL, GÜEVERIL: MODO URBANO

Atrás quedó marzo, nialarzo, me recuerda Cronos. Ya tienes demediado abril, güeveril. Son dos muletillas recordatorias de mi calendario dedicado a memorizar el proceso de la reproducción pajaril. Calendario aprendido en mi niñez por aquellas tierras de la montaña de Siero (León). Allí observaba, casi con devoción, cómo anidaban los pájaros en el campo, en árboles o en el suelo, cómo construían o reconstruían nidos pequeños, medianos o grandes. Y como también se atrevían a hacerlo sin miedo en el casco urbano, con poco ruido y poca presencia humana. Huecos en las paredes, aleros, pajares, árboles, etc., eran los lugares elegidos para la convivencia humano-pajaril.

Mi terraza del cuarto se ha convertido en atalaya observadora. Veo restos de hierbas secas que cuelgan hacia el vacío. Ni rastro de jardinería. Y en medio una oquedad en la que yacen alineados dos huevos blancos. No tarda en acercarse su ave ponedora: una paloma. Alterna sus estancias protectoras, ajuclada, ocultando bajo su plumaje los huevos con ausencias que dejan al descubierto e indefensos dos proyectos de nueva vida envueltos en cáscara blanca.

Lo que no había visto nunca era un nido tan cercano en la ciudad. La pérdida de la hoja de los árboles dejaba al descubierto los nidos en parques, calles y avenidas. Hoy ya recubiertos por las flamantes hojas verdes. Lo sorprendente fue descubrir cómo una paloma, tatuada de blanco en su cuello, se había convertido en nueva vecina. Había elegido una vieja y desusada jardinera colgada en el balcón del tercer piso, sin miedo a la interacción humana.

La observo, me observa estirando el cuello y abriendo sus pequeños ojos. Se da cuenta de que no hay peligro. Vuelve a su relax.

Espero y deseo que la convivencia no se rompa y lleguemos con el nido a san Juan, o antes, cuando los pájaros ya volarán.

¡Ojala que se obre este milagro de la naturaleza!

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TABIQUES DE RAJOLA

Si revisamos una por una la información que el Catastro del Marqués de la Ensenada (1753) nos da de las viviendas de La Uña (León), observaremos que todas ellas están hechas de piedra, cubiertas de paja y la mayoría son de una sola planta. Las divisiones interiores son escasas y se realizan con tabiques de RAJOLA. Vivienda y cuadra van unidas.

Posteriormente las casas se fueron configurando en planta baja y primera, con su desván (bohardilla, pergua) correspondiente. Y la cuadra se fue separando de la casa y adquiriendo una y otra independencia.

RECREACIÓN DE UN TEJADO DE MADERA REALIZADA POR LUIS FUENTE

El tejado se levantaba sobre sendos picales, por lo que vertía a dos aguas. La cubierta, que en un principio fue de paja, se fue sustituyendo por teja. Todavía queda un topónimo, la Tejera, que informa de la existencia de esta industria de fabricación de tejas. En el siglo XX ya no existía. Siempre oí decir que la tejera de Siero (León) había desaparecido porque su teja era muy blanda y no aguantaba la helada y los cambios de temperatura. Esta fue la causa de su desaparición.

El armazón del tejado era de madera. Sobre los picales se asentaba el cumbre, normalmente de una pieza. Sobre las paredes laterales, dos vigas llamadas soleras. De una pared a otra, dependiendo de su vano, se colocaba el tirante o los tirantes. De ellos partía desde el medio el pendolón que llegaba al cumbre para que sirviera de punto de apoyo y descargara sobre él parte de la resistencia. Desde la solera y con final en el pendolón, pero a una altura inferior a la del cumbre, se armaban las tijeras, una por cada lado, formando un triángulo. Partiendo de la pared del pical, dependiendo del vano, se colocaban dos o más vigas llamadas tercias, que descansaban en la tijera y llegaban hasta el pical opuesto. Partiendo del cumbre y en sentido horizontal a los picales, asentados sobre el cumbre, las tercias y la solera,  se colocaban los cabrios que descansaban en la solera y sobresalían formando el alero. Sobre los cabrios se clavaban las tablas (o ratas) que recubrían toda la carada del tejado. Sobre estas se formaba una camada de helechos o de tapines y sobre estos se colocaba la teja formando canales en sentido horizontal a los picales. Las dos caradas del tejado se unían en el cumbre con una fila de tejas cumbreras (más grandes que las normales).

La separación de la planta baja de la primera se realizaba con un piso, también de madera. Si la puerta de entrada estaba en el medio, de cada lado salí una viga que, apoyada en un poste central (con base en una piedra solera), llegaba hasta la otra pared. Partiendo de huecos realizados en la pared salían los vigapiés que descasaban una de sus cabezas en la pared y la otra en  la viga transversal. Sobre los vigapiés se clavaban las tablas y se formaba el piso. Para cubrir el primer piso y base del desván se utilizaba idéntico procedimiento al descrito con anterioridad. La parte baja se comunicaba con la primera mediante una escalera, también de madera.

TABIQUE DE RAJOLA EN LA UÑA (LEÓN)

La división en estancias (cocina, bodega, habitaciones, portal), tanto en la planta baja como en la primera,  se realizaba con tabiques de RAJOLA. Se formaban estos de la siguiente manera. Un primer poste de madera (de variable grosor) se colocaba junto a la pared, se anclaba en el suelo y se clavaba a la viga travesera. Cada cierto espacio, se volvía a colocar otro, en función de la distancia. De un poste a otro se iban clavando tiras de madera largas y estrechas por cada uno de sus lados, dejando un ligero espacio entre ellas y creando una cámara interior. Antes de colocar la última tira de madera de la parte superior, se rellenaba con piedras pequeñas y otros materiales de deshecho la cámara que había quedado entre las tiras de madera. Se revocaban por ambas lados con barro o con argamasa. Después se encalaban las paredes resultantes.


NUEVO DETALLE DE UN TABIQUE DE RAJOLA

Este tipo de tabiques fueron frecuentes en las casas de la montaña asturiana, de los que quedan abundantes pruebas. En Asturias se utiliza la palabra RAXOLA para su denominación. No olvidemos que La Uña siempre ha tenido lazos de unión con los pueblos asturianos limítrofes, como Tarna o los del concejo de Ponga.

También existe la palabra RAJOLA en catalán (datada ya en 1284), con varios significados, entre los que se encuentran ladrillo delgado, baldosa, azulejo, etc.

¿Por qué se llamaban a este tipo de tabiques, de los que todavía queda alguno en La Uña, tabiques de RAJOLA? Pudiera ser por el influjo asturiano. La palabra asturiana RAXOLA se abría castellanizado en RAJOLA.

En cuanto a su etimología, la más difundida es que RAJOLA procedería del árabe andalusí laǧûra (siglo XIII), que, a su vez derivaría del árabe clásico. Para poder explicar la evolución fonética habría que suponer en su paso a las lenguas romances una metátesis de L y R: LAGURA > RAGULA > RAJOLA

En castellano, procedente del verbo RAJAR ‘dividir en rajas’ (registrado ya a comienzos del siglo XV), existe el sustantivo RAJA, del que deriva RAJUELA con un significado igual al que se utiliza en La Uña la palabra RAJOLA: «Piedra delgada y sin labrar que se emplea en obras de poca importancia y esmero».

Como conclusión, se podría aventurar que tanto este tipo de construcción  como su nombre en La Uña (RAJOLA) provienen de Asturias: RAXOLA.

NOTA BENE

He visto este tipo de tabiques en otros pueblos de la montaña de Riaño en el que las tablas eran sustituidas por varas de avellano partidas en dos a la mitad.

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PALABRAS CON HISTORIA, CON VIDA: carbajizo/a, Carbajosa y Carbajal

1. PODA DE LA HOJA

Una de las actividades que me tocó realizar en Siero (León) durante mi niñez y juventud en la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado fue la de la poda de la hoja. Se realizaba esta actividad durante el mes de septiembre, después de haber finalizado la recogida de la hierba y las tareas de la era. Todavía quedaban otras coma la de arrozar gamones, traer la leña, sacar las patatas o el otoño.

Como el invierno era crudo y largo, al llegar la nieve había que encuadrar los animales de que se disponía en cada casa y que era la principal fuente de ingresos. Para alimentarlos se utilizaba la hierba para las vacas y las ovejas y la hoja para las cabras.

La hoja que se recogía era fundamentalmente de roble, aunque también se podaban otros árboles como el chopo y el fresno. No así el haya, sin que pueda saber su porqué.

HOJA  DE ROBLE ALBAR

De niño acompañaba a mis padres y a mis hermanos al monte con el carro de las vacas a por coloños de hoja de roble. Pero no valía la de cualquier roble: tenía que ser la del roble de hoja albar (robur petraea), de un verde claro refulgente en su haz y con escasa aspereza en su envés. Era la preferida de las cabras y también de las vacas. No se aprovechaba la de la otra variedad de roble que había en los montes de Siero: roble de hoja carbajiza (quercus robur), de verde obscuro en su haz y áspera en el envés.

HOJA DE ROBLE CARBAJIZO

Como niño ayudaba en la formación de los coloños, en su transporte y en el cuidado de las vacas. En la mocedad subí de rango y ya me tocaba subir a los robles a podar. Tarea que, a veces se complicaba, porque la distancia entre cañones era mucha y para salvarla al bajar se hacía complicado. Los robles preferidos eran los albares de los Navares y la loma Albao. Los carbajizos eran desechados por la falta de calidad de su hoja para el ganado.

Aprovecharé la ocasión para indicar la precisión terminológica de los leoneses de aquellas latitudes con el siguiente ejemplo. La planta del roble recibía tres nombres diferentes en función de su grosor, altura y edad. A las plantas jóvenes, que crecen muy juntas (espesas) y son delgadas y de poca altura se las llama MATAS. Le siguen los MATIZOS, más longevos, con menos espesor, más altos y gordos que las matas, pero que todavía no han alcanzado su desarrollo regular. Y, por último, estaría el ROBLE: grueso, alto y de muchos años.

2. LA FAMILA «CARBA»

Y ya que hablamos de robles CARBAJIZOS, me voy a fijar en su familia lingüística, que está integrada por CARBA, CARBIZO, CARBAJO, CARBALLO, CARBAYO,  CARBAJIZO, CARBAJOSA y CARBAJAL (más las correspondientes variantes que indicaremos en su lugar), palabras entre las que hay sustantivos comunes, adjetivos calificativos y dos nombres propios (topónimos). Algunas de estas palabras son castellanas, mientras que otras son leonesas, asturianas o gallegas. Adelantemos que no todas se utilizan en Siero.

2.1. CARBA y CARBIZO

La voz que se halla en el origen de todas a las que me he referido antes es el sustantivo común CARBA. El Diccionario de la lengua española (DEL) la recoge como sustantivo femenino, voz prerromana, de uso en Salamanca y con dos significados: «Matorral espeso de carbizos [Roble basto que produce la bellota gorda y áspera, y tiene la hoja ancha como la del castaño]» y «Sitio donde sestea el ganado». Su presencia en la península es mucho más amplia de la que da el DLE y se podría decir que es una voz característica del  noroeste de la península ibérica.

En Siero no se utiliza la palabra y su sustituta, solo en la primera acepción, sería MATA: la mata la Rebisquera.

Respecto del origen de la palabra CARBA, existen varias teorías. Ya hemos aludido a un origen muy general, el prerromano, que es el que le da la RAE. Más precisa, y la más aceptada, que será la que yo recoja aquí, es la de Francisco Javier García Martínez,  «Etimología e interpretación popular en los pueblos de León (II)». Su origen estaría en la base léxica preindoeuropea *KAR– ‘piedra’, incrementada mediante la consonante –B-, resultando KARB-. Este lexema sería la base de algunas palabras castellanas, leonesas, portuguesas, occitanas, sardas, etc. Desde su significado primigenio ‘piedra’ habría evolucionado semánticamente a «plantas duras que se crían entre montañas y rocas». De dicha base léxica procedería CARBA ‘matorrral’. En documentos del siglo XIII de los monasterios leoneses de Carrizo (iacet innas caruas, 1221) y san Pedro de Eslonza encontramos ya la voz CARUA. Este es uno de los testimonios de este último monasterio de 1243: «María Gil e sos fiyos dan una tierra que an ena carua».

Derivado directo de CARBA es CARBIZO, voz que recoge el DEL como de uso en Salamanca con el significado de «Roble basto que produce la bellota gorda y áspera, y tiene la hoja ancha como la del castaño». Se habría formado añadiendo a CARBA el sufijo –IZO (del latín –ICIUS). Estos derivados de base sustantiva «indican posesión de lo significado por el primitivo o de sus cualidades».

2.2. CARBALLO, CARBAYO(U)

Para el resto de las palabras que conforman la familia lingüística de CARBA hay que presuponer en el latín vulgar la voz *CARBALIŬ(M). En el leonés, una vez que se ha perdido la –M del acusativo y que la final –Ŭ se ha convertido en -O, el grupo –LY- (yod segunda) se palataliza y la palabra resultante en la Edad Media es CARBALLO. Sigue la evolución fonética y la palatal lateral –LL- se convierte en palatal central, -Y-, y aparece la voz CARBAYO, también leonesismo. Se había producido la misma evolución fonética que en otros leonesismos medievales recogidos por Ramón Menéndez Pidal, como ACONSEILLÓ, APARELLIADOS, CONCEILLO, CONCELLO, BARALLA, FILLO, MILLERO, MULLER, VIELLA, OVEYA, MIGAYA, MEYOR, etc.

Ya aparece el término en el 912 en un documento de la Catedral de Oviedo que se refiere a la ecclesiam Sancte Marie de Carvalio, del antiguo concejo de Grado (Asturias).

El DLE recoge las voces CARBALLO y CARBAYO como términos sinónimos con el significado de ‘roble’ y como si fueran palabras castellanas, que no lo son. Indica que se pueden escribir también con uve.

2.3. CARBAJO, CARBAJIZO, CARBAJOSA y CARBAJAL

Estas cuatro palabras son castellanas por su evolución fonética, aunque el DEL no recoja ninguna de ellas. Las tres últimas siguen vivas en Siero. La primera es un sustantivo que designa un tipo de roble; la segunda, que es adjetivo,  remite al sustantivo anterior. Y las dos siguientes, adjetivo calificativo y sustantivo común en origen,  se utilizan en Siero como sendos topónimos.

CARBAJO procede, igualmente que los leonesismos anteriores, de la supuesta palabra del latín vulgar *CARBALIŬ(M). En castellano, el grupo –LY- (yod segunda) produce en la Edad Media una prepalatal fricativa sonora /Ž/ que en los siglos XVI-XVII se velariza convirtiéndose en la actual fricativa velar sonora /J/: CARBAJO. En la provincia de León abundan el apellido Carbajo.

Variantes recogidas por el Léxico del leonés actual en lo que llama zona de León y otras zonas:

CARBACHO | CARBALLO | CARVALLO | CARVALLA | CARBAYO | CARVAYU | CARBAYA | CARBAYINO | CARBAYUCO

CARBAJIZO, adjetivo,se habría formado añadiendo al sustantivo  CARBAJO el sufijo –IZO, con el significado que más arriba hemos dado.

CARBAJOSA, en un principio, sería un adjetivo. Se habría formado añadiendo a CARBAJO el sufijo –OSA, con el significado de abundancia. En Siero se utiliza como topónimo, LA CARBAJOSA, que etimológicamente significa lugar abundante en robles carbajizos.

Se documenta ya en 1084 en un documento del monasterio de Sahagún: terminum de Karbaliosa.

CARBAJAL, igual que la anterior, sería un adjetivo. Se habría formado añadiendo a CARBAJO el sufijo –AL, que indica también abundancia. En Siero es topónimo: EL CARBAJAL.

Se encuentra ya en el 995 en un documento de la Catedral de León: medietate in uilla de Karualiare quos conparaui cum uiro meo.

Variantes recogidas por el Léxico del leonés actual en lo que llama zona de León y otras zonas:

CARBACHAL | CARBAYAL | CARVAJAL | CARBALLAL.

Recordemos las poblaciones leonesas que se llaman CARBAJAL: CARBAJAL DE LA LEGUA, CARBAJAL DE RUEDA, CARBAJAL DE VALDERADUEY, FUENTES DE CARBAJAL y CARBAJAL DE FUENTES.

NOTA BENE

En las salgueras, también se distinguen dos variedades, una de las cuales se denomina carbajiza. Se caracteriza por tener la hoja áspera.

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PROCEDIMIENTO ANTIGUO PARA DESHACER LA NIEVE: aterrontar

El progreso y el abandono de los pueblos de la montaña de Riaño han hecho que determinadas actividades se hayan dejado de realizar y con ellas se haya olvidado su nombre (In principio erat verbum, et verbum erat apud Deum), aunque todavía quedan algunas personas que son capaces de recordar la actividad y su nombre cuando se les hurga en el hondón de su memoria.

Una de ellas está relacionada con la CERNADA, comúnmente conocida como ceniza. El frío del otoño y del invierno hace que los hogares de las casas montañesas se vuelvan a reactivar. Allí aparece en la hornacha la lumbre, fuente de calor desde el nacimiento de los tiempos. Normalmente se utiliza como materia combustible la leña de roble, haya, escoba y chopo. El fuego va convirtiendo la materia leñosa en brasas y estas, al consumirse y enfriarse, en polvo gris, la cernada, que se irá depositando en el suelo de la hornacha y que después de apagarse la lumbre se va almacenando en el fondo hasta que se hace necesaria su limpieza para no tupir el cañón.

Varios eran las utilidades que se le venía dando a la cernada en los pueblos montañeses, antes de que la viéramos en los ribones del río o en el fondo de este: servir de abono de árboles y plantas; disuelta en agua, se utilizaba como fungicida contra las arañas o como herbicida contra las ortigas; en la colada de determinado tipo de ropa se añadía para que sirviera de ayudaba para quitar sus manchas; en las cazuelas ennegrecidas en su interior, o con restos de comida agarrados, se cocían con agua y cernada para que blanqueasen o se eliminasen los restos; y en época de nieve, esparciéndola sobre ella, servía para ayudar a que esta se derritiera primero. Todos estos usos los he visto realizar.

Dos testimonios de La Uña (León) confirman esta última utilidad. Rosamari recuerda a su abuela y a Sabina con el balde lleno de ceniza dirigirse a los huertos, que en primavera servían para sembrar las hortalizas, a esparcir la cernada sobre la nieve para que ayudara a que esta se marchara pronto y poder cavar el huerto. Polín me comunica que también conoció este uso. Dice que él mismo llevó la cernada en el carro a las tierras que todavía tenían nieve y que era preciso que se quitara pronto para ararlas (Recordemos las tres fases del arado: arromper, abinar y sembrar). El Léxico del leonés actual recoge este testimonio de Prioro, pueblo no muy lejano al de La Uña y también perteneciente a la montaña de Riaño: «En las nevadas grandes y persistentes, echar tierra o ceniza en las fincas sembradas de cereal para que desaparezca la nieve y no se muera la planta».

A dicha actividad, que en Prioro se hacía con tierra o ceniza, y que en La Uña se realizaba solo con la cernada, se la llamaba ATERRONTAR. Este verbo, y sus variantes, no son muy usados en la provincia de León. Se reduce a la zona de Murias de Paredes y a algunos pueblos de la montaña de Riaño.

Las variantes que se pueden encontrar de este verbo, que no recoge el DLE, son las siguientes: enterrentar l terruntar | terrutar | terrontar | torruntar | terreciar | aterrontar | aterronar | atorrontar.

En el testimonio que hemos aportado de Prioro se decía que para que se deshiciera pronto la nieve se esparcía sobre ella TIERRA o ceniza.

Como se habrá podido observar en la cita de los verbos que se utilizan para nombrar esta actividad, la palabra latina TERRA es la que está funcionando como lexema, o parte de la palabra que aporta el significado léxico (alude a la realidad y nos transporta hasta ella). Y así será en el verbo ATERRONTAR, objetivo de nuestro estudio. Por lo que parece claro que en un primer momento la tierra fue la materia utilizada como fundente y la que dio origen al verbo que designa dicha actividad y que después se utilizó también la ceniza en esa actividad, aunque el verbo no cambió, siguió conservándose el mismo.

Morfológicamente, en el verbo ATERRONTAR se pueden distinguir las siguientes unidades (monemas):

  1. A-: Es un prefijo que, en este caso, se utiliza sin significación precisa en la formación de derivados.
  2. –TERR-: Es el lexema que procede de la palabra latina TERRA ‘Material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural’.
  3. –ON-: Es un sufijo que en este caso indica acción y efecto que se ejerce sobre el lexema.
  4. –T-: Infijo que incidiría en la acción de esparcir.
  5. -A-: Es la vocal que indica primera conjugación.
  6. –R: Es el sufijo formador de infinitivos ‘presenta la realidad verbal en todas sus posibilidades de realización’.

Así pues, sobre el lexema latino TERR- se habría formado por sufijación la palabra TERRÓN (masa pequeña y suelta de tierra compacta), que ya se localiza en 1335. Con posterioridad, mediante prefijación se habría formado ATERRONAR (hacer terrones alguna materia suelta), que en 1770 ya recoge el diccionario de la RAE. Y sobre esta, se habría formado ATERRONTAR (con el significado que más arriba he dado), mediante el añadido del aumento lexicológico –T-, en el leonés. Por ello, el DEL no la recoge.

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MICRORRELATOS DE PUEBLO. (30) DE ESCLAVA-LIBRE A MUJER EMPODERADA, TAMBIÉN EN EL CAMPO

Te pusieron por nombre María en aquel recóndito pueblo de montaña que todos conocían como Malbar. Allá por 1908. No te acompañó la suerte. Pronto tuviste que dejar el hogar. A tu padre lo arrebató un barreno. Erais demasiadas bocas para una madre. Te recibieron con los brazos abiertos tus abuelos. A los seis años iniciaste tu escuela. Los estudios y los trabajos en la casa y en el campo fueron tu ocupación en Villar.

Volviste a tu pueblo natal vestida de novia. Fueron naciendo los hijos. Tu trabajo era la casa, el ganado y el campo. No había tiempo para más. Los domingos y festivos aligeraba tu jornada. Solo había ocupaciones de casa, religiosas y de atención a los ganados. Fueron creciendo los hijos. Te quedaste sola con Macarena. Seguiste en la brecha. Te llegó la jubilación y la muerte te premió con su llamada. Ta agotó el esfuerzo vital ejercido desde niña. Siempre hiciste honor a tu nombre.

Macarena heredó tu fortaleza. Hasta los catorce años compaginó dos aprendizajes: el de la escuela y el de la casa, el campo y el ganado. Te llegó el tiempo y decidiste casarte. Nueva familia. Salida hacia la capital de tus vástagos, menos Mía. El progreso te llegó en forma de carnet de conducir y coche. Dijiste que no era poco para los tiempos que te habían tocado vivir. La satisfacción corría por tus venas. Enarbolabas la esperanza.

Mía siguió tus pasos hasta que acabó la EGB. Decidió no abandonar el pueblo. Quería vivir en y con la naturaleza, pero desde su yo y desde la modernización. Cumplidos los dieciocho, te llegó el carnet de conducir: primero de tractor, después de coche y, por último, de moto. Tú elegiste el orden. Tenías 24 años. Decidiste volar sola. Créditos, ayudas, cuadra y comienzos de tu explotación ganadera: las cabras habían sido siempre la niña de tus ojos. Se te ofrecieron compañeros. Habías decidido caminar sola en lo personal y en el progreso. Creías en ti. No necesitabas la ayuda varonil. Al finalizar la jornada, tu nueva casa te recibe. Tu libertad se impone. Desde tus mandos controlas tus instalaciones ganaderas y manejas tu felicidad. Relajada en tu hamaca, con el libro en la mano, tu música de fondo, observada por las orejudas Makawi y Mailén… «¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruïdo… Despiértenme las aves / con su cantar sabroso no aprendido… Vivir quiero conmigo, / gozar quiero del bien que debo al cielo, / a solas, sin testigo, / libre de amor, de celo, / de odio, de esperanzas, de recelo (Fray Luis de León).

Bocanada de libertad en el campo. 2021.

SIEMPRE MÍA.

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¿POR QUÉ «NIDO» y NO «NIAL»? ¿POR QUÉ «NIAL» y NO «NIDO»?

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León. Miércoles, 17 de marzo de 2021. Está a punto de llegar la primavera. Lucha por dejar atrás el largo y frío invierno. Se nota en la mejoría de la temperatura, aunque los meteorólogos nos amenazan con otra Filomena. Por … Seguir leyendo

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