LOS ESGUILOS

Cuando se habla de la montaña de Riaño (nordeste de la provincia de León), no todo son malas noticias (despoblación, envejecimiento, abandono de las administraciones provinciales, autonómicas y estatales, decadencia económica, falta de oportunidades, atraso, etc.). Las hay reconfortantes, porque todavía hay personas e instituciones municipales empeñadas en no dejar morir el pasado, en conservar la tradición mirando al futuro. Y esto es lo que viene haciendo el Instituto etnográfico de la montaña de Riaño, inaugurado en 2004, de titularidad municipal, situado en Riaño. Muestra de ese interés por la cultura de la montaña oriental fue la inauguración de una nueva sala el verano pasado: está dedicada a la mitología de la zona, a la recreación de sus personajes mitológicos más señeros.

Siguiendo en la misma dirección, han recreado un nuevo personaje, el ESGUILADOR. Y lo han hecho precisamente ejecutando su cometido: ESGUILAR el mayo[1], que se halla en las proximidades del museo en Riaño.

Es posible que a estas alturas te estés preguntando, lector de otras tierras, quién es ese personaje a quien llaman ESGUILADOR y qué significa ESGUILAR. Si la paciencia te acompaña, trataré de explicártelo.

En la montaña de Riaño a las ardillas[2] comunes (Sciurus vulgaris es su nombre científico) se las llama ESGUILOS. Dicha nominación la aprendí de niño en Siero y tiempo tardé en saber que eran lo que en otras zonas llamaban ardillas, el nombre más generalizado de estos roedores, que así define el DRAE: «Mamífero roedor, de unos 20 cm de largo, de color negro rojizo por el lomo, blanco por el vientre y con cola muy poblada, que dobla hasta sobresalir de la cabeza. Se cría en los bosques, y es muy inquieto, vivo y ligero». Añadamos una característica nueva: es delgado. En la actualidad se conserva el

nombre en dicha montaña y su familia léxica: ESGUILO, ESGUILAR, ESGUILADO y ESGUILADOR. Con variantes, como ENGUILAR, debido probablemente al influjo de anguila. Así pues, esguilar es trepar a los árboles valiéndose de las manos y los pies, como hacen los esguilos, y por comparación, también subir por lugares difíciles agarrándose con las manos y los pies. El esguilador es la persona que trepa a los árboles, a los mayos o a esos lugares de difícil acceso. Las personas de cierta edad todavía decimos ¡Cómo esguila! o ¡Esguila que se mata!, para referirnos a las personas que trepan con facilidad por los árboles o suben rápidos y seguros por los riscos.

Los esguilos siempre han estado presentes en la vida de los habitantes de los pueblos de la montaña de Riaño. Así se lo oí comentar a mi padre en Siero, que era cazador y que a su vez se lo había oído comentar a sus antepasados. Por tanto, esta actividad cinegética se data ya en Siero en el último cuarto de siglo diecinueve y con ella la presencia de palabras como esguilo, esguilar, esguilado y esguilador. De niño, era un espectáculo ver corretear a los esguilos por los montes de Samartino, La Corona, la loma Albao o el hayedo de El Rollo portando sus alimentos para el duro invierno. Iban cargados con avellanas (su alimento preferido), ayucos, bellotas, manzanas, etc., a la hueca del roble o del haya que habían convertido en despensa, en su «madurera». También era un espectáculo ver como las avellanas, entre sus patas, se iban convirtiendo en sabroso manjar. Hoy, ya de adulto, el espectáculo ha desaparecido en aquellos montes.

Desde los años cincuenta hasta 1974, como me recuerda un afamado cazador de Siero, los esguilos eran abundantes en Siero. Varios eran los cazadores que se dedicaban a su caza. Eran tiempos de escasez económica y el esguilo ofrecía carne sabrosa para añadir al guiso de las patatas de la Fuentelavega, amén de vender sus cotizadas pieles, contribución a la pobre economía de la tierra. Recuerdo que en algunos bares de la zona se servían de tapa. También me recuerdan cómo en las fiestas moceriles quienes dominaban el arte cinegético tenían  el encargo de aportar algunos esguilos para que formaran parte del guiso de la cena. Era caza preferida a la de la liebre. Su caza quedó prohibida por la Ley de Caza 1/1970 de cuatro de abril en la que el Coto Nacional Picos de Europa se constituyó en reserva nacional de caza.

Allá por 1974, prácticamente desaparecieron acosados por una grave y duradera epidemia. Hoy se puede ver algún ejemplar, pero son muy escasos. No se ha recuperado la población.

En cuanto a la etimología de ESGUILO, base de las demás palabras derivadas que constituyen su familia léxica, hay que decir que viene del latín SCIURU(M), el nombre científico de este género de roedores. Es cierto que la palabra latina viene del griego SKÍOUROS ,  pero creo que no se puede afirmar que la palabra española proceda directamente de dicha lengua, como sostiene el DRAE: Del gr. σκουρος skíouros, de σκι skiá ‘sombra’ y ορ ourá ‘cola1’. Sí habrá que precisar que en el latín vulgar hay que presuponer la palabra *SCIRU(M), por reducción del grupo –IU-, inusual en el latín, para explicar tanto ESQUILO como ESGUILO y sus derivados.

Estaríamo ante un caso similar al de los TORDOS, cuyo nombre general es el de MIRLO, y que en la montaña de Riaño se le designa con una palabra que procede del nombre científico: Turdus merula.

La palabra latina SCIURU(M)>*sciru(m) ha producido en español un doblete: ESQUILO y ESGUILO. La primera la encontramos ya en el siglo XIII en los Aranceles santanderinos y en el Libro de la Casa de Sancho IV. Hoy esta palabra, o alguno de sus derivados, se emplea en Santander, Asturias, Burgos, Palencia, Vizcaya La Coruña, Orense, Pontevedra, etc. NO en León. En Asturias, León, Santander y Palencia la que sigue estando viva es esguilo (Véase Janick Le Men, Léxico del leonés actual).

Aclaremos ahora cuáles han sido los cambios fonéticos que se han producido hasta llegar a ESGUILO, ya que unos se ajustan a lo que ha sido el proceso general, como en ESQUILO, y otros no:

– Las palabras latinas que comenzaban por S- líquida, seguida de otra consonante (como es nuestro caso), se le antepone ya en el latín vulgar (el latín hablado por las legiones romanas) una i- o una e-. En este caso una e-, como en espejo (de SPECULUM), escribo (de SCRIBO) o escaño (de SCAMNUM).

– El grupo consonántico SC– se conserva en su paso del latín al español, como norma general, tal como hemos visto en los casos antes citados y en esquilo. Sin embargo aquí la C (velar oclusiva sorda) se ha sonorizado, se ha convertido en G, como sucedía en posición intervocálica.

– En latín vulgar había una tendencia a destruir los hiatos, como es el caso de –iu-. Una de las opciones era reducirlo por pérdida de una de las vocales, como es este caso: iu> i. Ya hemos dicho que estos grupos vocálicos eran inusitados en latín.

– La equivalencia acústica entre las consonantes líquidas, R=L, L=R, fue un fenómeno lingüístico frecuente. Aquí R=L.

– Por último, la Ŭ latina se convierte en O, y la –M del acusativo desaparece.

Del sustantivo ESGUILO provienen el resto de las palabras que forman su familia léxica: ESGUILAR, ENGUILAR, ESGUILADO y ESGUILADOR. Y sus variantes ESQUINO, ESGUILU, Son las que encontramos en la provincia de León: zona de Murias de Paredes, La Vecilla, Riaño, Astorga o Valencia de don Juan.

Para finalizar, querría aclarar algunas informaciones que da el DRAE. Desde su edición de 1927 admite esguilar, dando a dichas palabras origen asturiano. En la edición electrónica actual ha incorporado esguilo, dando también  origen asturiano al término. Como estamos viendo, en la provincia de León se utilizaron mucho antes (igualmente en otras provincias) y se siguen utilizando. Y una prueba más de su uso es que en Siero existía el mote de «el esguilo» y a su hijo se le apodaba «el esguilín». En 1926 nacía en el seno de una familia de lugareños de Siero un niño al que pusieron por nombre Félix. Su extrema delgadez y su pequeño tamaño hicieron exclamar a su hermana María: «Parece un esguilo». Y ahí quedó bautizado con ese sobrenombre. Su uso nunca fue peyorativo, como en otros casos. Recordaré que era de uso frecuente «Está como un esguilo» para referirse a las personas muy delgadas. ESGUILADO se utilizaba como adjetivo para referirse a las personas altas y delgadas.

VEASE MI POST SOBRE LOS MOTES: VIOLENCIA VERBAL EN LAS AULAS: EL MOTE

Todo lo anterior no quiere decir que estemos hablando únicamente de leonesismos, y de que en Asturias no se usen. Su uso lo ponen de manifiesto tanto el DALLA, como el DGA, que recogen ESGUIL, ESGUILU, ESGUILAR, ESGUILAU y ESGUILADOR, amén de las variantes ERGUILAR, ISGUILAR o ESGUILAR. Lo que revindicamos es que el DRAE corrija los lugares de uso.


[1] Mayo: árbol pelado y alto (en ocasiones se unían dos), convenientemente alisado y engrasado, que se levantaba en los pueblos de la montaña de Riaño cuando un hijo del pueblo cantaba misa. En lo alto se colocaba la recompensa para aquel que primero lograra subir hasta la copa: el esguilador.

[2] La palabra ardilla proviene del diminutivo de ARDA, que, a su vez, tiene su origen en HARDA, de origen incierto. Según Corominas-Pascual, harda ‘ardilla’ se documenta ya en el siglo XIII. En 1495 la recoge Nebrija en su Vocabulario español latino.

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