LA SIARRÉ

El medio utilizado para viajar en España hasta el siglo XVI dependía del estatus social y, sobjre todo, del poder económico. La mayoría de la gente se desplazaba a pie o, como se dice no sin cierta retranca, en el coche de san Fernando, unas veces a pie y otras andando. Las clases adineradas utilizaban otros medios como el palanquín, la litera, las andas, la silla de mano, el caballo, la mula, el burro, etc.

A partir de mediados del siglo XVI, comienza a utilizarse un nuevo medio en España: el coche de caballos, sin que esto quiera decir que los anteriores medios se eliminaran. Lo que sí es cierto es que era un medio de transporte para los pudientes y que se convirtió en el transporte preferido para los desplazamientos largos y que requerían cierta rapidez. Incluso se podría decir que se convirtió en un elemento de ostentación social.

Después de más de tres siglos en los que su construcción, tipología y uso fueron regulados por ley, que los prohibía, autorizaba, limitaba, etc., llegamos al siglo XIX, siglo en el que se produce un desarrollo espectacular del coche de caballos. Su construcción se convierte en una próspera industria. Se perfeccionan, se diversifican y se hacen más cómodos y fiables.

Pero en 1886 aparecerá un duro competidor para el coche de caballos y otros medios: el automóvil, aunque caro y fabricado a mano. Y será a partir de 1908 cuando se comience a fabricar en cadena el Ford T y comience a expandirse este medio. Supondría la muerte del coche de caballos para los adinerados.

A España el automóvil no llegará hasta 1900: el 31 de octubre se matricula en Mallorca el primero. El 20 de julio de 1907 se matriculará el primer automóvil en León.

Y en el pueblo leonés de La Uña ¿qué sucedía? Sus habitantes realizaban sus traslados mayoritariamente a pie, aunque también se utilizaba el caballo y el burro.
El coche de caballos no llegará hasta los años treinta del siglo pasado. El primero fue adquirido por Isidoro Rodríguez para realizar el correo entre La Uña y Riaño. Era una diligencia de cuatro ruedas, tirada por dos caballos. Las delanteras más pequeñas que las traseras. Las cuatro de hierro. Su capacidad era de nueve personas. Su propietario, a la vez que llevaba y traía el correo desde Riaño, aprovechaba el viaje para realizar el traslado de viajeros.

El coche no llegaría hasta 1934. Isidoro Rodríguez sustituyó la diligencia por un Chevrolet con carrocería de madera. En el verano de 1937, según su nieto Fidel Paniagua, el coche fue quemado por los moros en Los Esquiñones (La Uña) durante la estancia de las tropas del teniente coronel Muñoz Grandes en esta población leonesa, que formaba parte del frente norte de guerra en la contienda civil.

El coche de caballos de dos ruedas no llegaría a La Uña hasta los primeros años de la década de los cincuenta del siglo pasado. Se le conocía con el nombre de SIARRÉ.

Tres hubo en el pueblo: la de Eusebio Piñán, la de Dionisio Piñán y la de Avelino Paniagua.

La siarré de La Uña, como ya he dicho, era un coche de caballos, de dos ruedas de hierro, mayores que las de los carros normales, pero de llanta más estrecha y menos pesada. Tenía capacidad para dos personas. Pertenecía a lo que se conoce como coche de camino por estar destinado a hacer viajes o coche de varas, por llevar dos varas entre las cuales se engancha el caballo de tiro.

Lo realmente sorprendente de este tipo de coche de caballos es el nombre que se le dio en La Uña y otros lugares: SIARRÉ. Tiene su origen dicho sustantivo en la palabra francesa CHARRETE ‘carreta, vehículo de dos ruedas’, diminutivo de CHAR ‘carro’. Encontramos ya esta palabra en la famosa novela poética Lancelot ou le chevalier de la charrette (1176-1181).

Por tanto, en español es un extranjerismo, perteneciente al grupo de los galicismos.

Como la pronunciación francesa de la palabra CHARRETE es diferente a la española, lo que se hizo en la montaña de Riaño fue una adaptación fonética al español de lo que se creía oír en la pronunciación de la palabra francesa: la CH- se oía como si fuera SI-, el grupo -TTE no se pronunciaba y el acento se ponía en la sílaba -RRÉ. Y así nació en el habla popular la palabra SIARRÉ, que no pasaría al diccionario de la Academia. Fue un proceso lingüístico en el que se intentó mantener la pronunciación original, pero adaptando la forma extranjera al sistema gráfico español.

El DRAE sí recogerá la palabra francesa en su edición de 1927 y en él se mantiene hasta hoy, pero con una adaptación diferente: CHARRETE, y con la siguiente definición: “coche de caballos de dos ruedas y dos o cuatro asientos”. En este caso la Academia optó por el mantenimiento de la ortografía original, pero con pronunciación a la española y acentuación gráfica según las reglas del español.

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