POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

36

CANCIÓN DE CUNA (JUVENTUD)

En mi última estancia,
en la estancia en mi patria chica,
vi cómo un árbol nacía,
yo mismo lo regaba con amor,
con pasión;
sus ramas crecían hacia arriba,
apoyadas por el esfuerzo de la voluntad,
buscaban el aire del cielo.

Comenzó a torcerse,
no tenía rodrigón,
el viento era demasiado fuerte,
y el retoño, tierno aún,
no pudo con el embate de la corriente,
casi muere.

Oigo sus quejas
entre las voces asustadas de los jilgueros;
el descorazonamiento me invade
porque no sé qué escuchar
entre el lamento o el jolgorio.

Salgo de mi casquete
y comprendo por qué llora:
llora locamente el pequeño,
que con tanto amor había plantado,
llora porque no tiene resistencia,
porque el oleaje es insoportable,
porque el furor del viento está ebrio de venganza,
porque el cielo se desata,
porque él y solo él es frágil y silencioso,
porque no puede contenerse en pie.

Rápidamente le presto apoyo:
un cuento tirado en medio del huerto
aplico a su costado,
y el gemir y sollozar de sus ramas
agoniza paulatinamente.

Ha pasado un tiempo,
lo he vuelto a ver
y ya no me reconocía,
no le reconocía,
el dueño ya no era yo.

Su altura, contextura, fuerza eran tales
que ya me despreció,
fuerte y robusto como gigante.

Le pregunto por su pasado,
de su juventud,
y me responde que son veinte años
los pasados a solas,
que ya es fuerte,
que se siente fuerte,
que su savia le regenera,
que resiste el viento más fuerte
sin rodrigón,
que en sus ramas crece
la paz de los gorriones
todo el año.

Siento decirlo:
me invade la debilidad,
me da envidia,
trato de imitarlo
y veo que soy hombre,
solo hombre.

Mudaron los papeles,
me convierto en ayudado,
él en ayudante y rodrigón
y después de haberlo amamantado,
de haberlo procurado la vida,
me creía como él,
pero no soy nada,
estoy muerto,
la vida solo le pertenece,
solo la posee él.

Nuevo tiempo:
consejos, amigos,
amigas, cursos,
títulos, horas,
días, hambre,
años, novias,
sed, olvido,
calamidad, deseos,
para llegar al fin aquí,
donde querías llegar,
donde tienes que cambiar necesariamente,
porque tu fruto te ha superado,
ha roto tu personalidad,
tu fortaleza.

(LUIS DE VALDETÉ)

Esta entrada fue publicada en POESÍA ANÓNIMA, POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO, POESÍA ANÓNIMA LUIS DE VALDETÉ y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s