RAMO DE NAVIDAD DE SANTIBÁÑEZ DE LA ISLA (LEÓN)

En la década de los ochenta del siglo pasado, realicé varias encuestas por los pueblos de la provincia de León sobre el ramo de Nochebuena o Navidad. Unos se fueron publicando en los años siguientes. Otros han vivido sumidos en el infierno de los papeles pendientes. Hoy verá la luz, por fin, el ramo de Navidad de Santibáñez de la Isla (León), pueblo de la comarca de La Bañeza, en la vega del río Tuerto.

Los publicados hasta ahora los puedes consultar en mi blog titulado LITERATURA Y OTROS MUNDOS.

La encuesta se realizó a doña Felicísima Bernardo, que a la sazón tenía 67 años. Por aquel entonces ya no se cantaba el ramo de Navidad. La última vez había sido en 1957. No obstante, ella lo recordaba perfectamente, ya que lo había cantado varias veces en sus años de moza.

La estructura del ramo era de madera. Tenía forma de cruz, y de ahí que se le conociera como ´crucero`. En la parte horizontal iban colocadas las velas, una por cada moza que cantaba. Las velas iban forradas con cintas, llamadas `colonia`. Iban apagadas porque era la ofrenda que se hacía. No llevaba otro tipo de ofrenda.

El ramo se vestía el domingo antes de Navidad en la casa donde se ensayaba el texto que se iba a cantar. Además de las cintas ya mencionadas, se adornaba con abanicos de papel, pañuelos y algún pequeño ramo también de papel. A veces, se incorporaba alguna estampa de la Virgen o de santos.

El portador del ramo era un mozo elegido de entre los quintos de ese año.

El ramo lo cantaban las mozas del pueblo. La parte del texto que llamaremos ´entrada` la cantaban todas las mozas al unísono. Para el resto del cantar, se formaban dos coros, cuyo número dependía de las mozas del pueblo que participaran en la ceremonia ese año. Cada coro cantaba una estrofa alternativamente.

La ´entrada` se cantaba en el pórtico de la iglesia. El resto, de forma seguida, en el interior de la iglesia al finalizar la misa del día de Navidad.

IGLESIA DE SANTIBÁÑEZ DE LA ISLA

TEXTO

ENTRADA

En este portal estamos
estas humildes doncellas
esperando al sacristán
que nos venga a abrir las puertas.

Las puertas ya están abiertas,
entraremos con respeto
a visitar a María
y al divino nacimiento.

Después a Dios le pedimos
y al Señor una licencia
y a nuestros queridos padres
para entrar en esta iglesia.

Adelante, compañera,
hasta el portal de Belén,
que tenemos por muy cierto
que ha nacido Cristo Rey.

En un humilde pesebre
en un establo arruinado,
bello más que un serafín,
hay un niño reclinado.

En unas míseras pajas,
apoyado suavemente,
blanco cual lindo jazmín,
descansa su pura frente.

Una señora admirable,
de peregrina belleza,
más que un tallo de una flor,
reclinando su cabeza.

Se contempla embelesado
un afecto de ternura
y el rostro encantador
imprime su boca pura.

De lejanas tierras, Señora,
vienen tus reyes del suelo,
llenos de amor y de fe,
ante el monarca del cielo.

El incienso como a Dios,
oro como al rey divino
y la mirra como hombre,
hombre mortal y nacido.

Y nosotras las doncellas
no tenemos que ofrecer
más que esta poquita cera,
bien corta dádiva es.

Allá vamos, compañeras,
todas juntas para un lado,
mientras celebra la misa
de Jesús Sacramentado.

CANTAR

Para empezar a cantar
en este sagrado templo,
a Dios pedimos licencia
y al sacerdote del pueblo.

Hoy, día de Navidad,
con muchísima alegría,
venimos a visitar
a nuestra madre María.

Ocupado en vida santa
que hacía sobre la tierra,
esperando el nacimiento
que de los cielos viniera.

Conocía las razones
misteriosas que tenía
reveladas por el cielo
hacia la virgen María.

Ocupado san José
en estos pensamientos
cuando el ángel del Señor
se le apareció en sueños.

Arca llena de virtudes
donde Dios quiso encerrarse,
obra el Espíritu Santo
el misterio más notable.

Por las estrellas del cielo,
paloma que vas volando,
y en sus entrañas llevaba
al Dios santo soberano.

Busca el mismo refugio
en un miserable establo;
entra la virgen María
para Belén caminando.

Y a las puertas de Belén
picó la virgen María,
las puertas ya están cerradas,
que abrir ya no se podían.

Y la caridad ya perdida,
¡oh pobreza despreciada!,
que en la ciudad de Belén
la Virgen no halló posada.

Caminemos adelante,
que el padre eterno nos lo manda,
que no nace el redentor
ni en mesones ni posadas.

Que ha de nacer en un portal,
que más adelante estaba,
a eso de la media noche,
cuando más arrecia la helada.

Nació el Redentor del mundo,
nació el lucero del alba,
más blanco que una paloma,
que a san José le agradaba.

Vinieron los Reyes Magos
guiados por una estrella
a ofrecerle al niño Dios
todas aquellas ofrendas.

Unos le ofrecieron oro,
incienso y mirra también,
y, postrados, le adoraron
como rey de sumo bien.

La Virgen sagrada y pura
lo reclina en un pesebre
con unos pobres pañales
que acomodó de repente.

Mientras que Jesús lloraba
por el frío que tenía,
Herodes, en su opulencia,
lloraba lleno de envidia.

Y mandó que los infantes
de Belén y cercanías
fueran todos degollados
para matar al Mesías.

Y nosotras, muy humildes,
con alegría inefable,
le ofrecemos estas velas
que nos dieron nuestros padres.

Terminamos el cantar,
ahora vamos por la salve,
Dios quiera que bien salgamos
con María nuestra madre.

SALVE

Dios te salve, rosa hermosa,
lucero de la mañana,
estrella resplandeciente,
paloma divina y santa.

Como fuisteis escogida
por la Trinidad sagrada
para ser madre del verbo,
toda la Iglesia es llama.

Madre llena de virtudes,
iluminada de gracia,
concebida sin pecado
en el vientre de santa Ana.

Son tus purísimos ojos
fuente cristalina y clara
donde los fieles devotos
llenan sus almas de gracias.

Es tu lengua angelical
que al niño recién nacido
no cesaba de alabar
y llamarle hijo querido.

Son tus purísimas manos
manos de misericordia
para hacerle el bien a todos
los que tu favor imploran.

Con la planta de los pies
quebrantasteis la cabeza
de la serpiente infernal,
la que engañó a Adán y a Eva.

¡Oh Virgen la más hermosa,
oh pureza angelical,
porque fuiste concebida
sin pecado original!

Te pedimos muy de veras,
Purísima Concepción,
que de guerra, peste y hambre
libres a nuestra nación.

Hallándonos oprimidos
en triste situación,
dad más paz a todo el mundo,
que va de mal en peor.

Te suplicamos, Señora,
con muchísimo dolor;
por mediación de tu hijo
pedimos este favor.

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