LECCIONES SIERENSES DE ANDAR POR CASA. 4. UNA TARDE DE DOMINGO DEL MES DE JUNIO

La proliferación de alergias primaverales en muchos de nuestros niños y jóvenes actuales me despierta en el recuerdo la forma de criarnos que tuvimos las generaciones de los años sesenta del siglo pasado en aquellos pueblos de la montaña de Riaño (León), condicionados por una economía de subsistencia.

No hablaré de limpieza, protección alimentaria, forma de vestir, etc. Desde que fuimos capaces de dar los primeros pasos, la calle fue nuestra primera escuela externa y el segundo hogar. No había miedo a coches, camiones o tractores, por la sencilla razón de que no existían. Las calles sin asfalto era nuestro gran patio de aprendizaje y de recreo. Siempre vigilados por los mayores y, sobre todo, por el miedo al tío del unto, que te impedía relacionarte con cualquier extraño, si es que aparecía. Nada que decir de capotes y tricornios: la calle se quedaba desierta.

El domingo era el gran día de la semana. Era festivo y esto significaba que no había tareas escolares ni domésticas. Tampoco tocaba madrugar. A las diez era buena hora para irse dejando ver por la cocina. El desayuno era el mismo, seguido de una tarea especial. Como todos los domingos y festivos, tocaba lavado en profundidad, a fondo, con inclusión de piedra pómez. En casa o en el río. Dependía de la estación y de la climatología. No había llegado todavía el cuarto de baño. Y después, la ropa de domingo. Había que ponerse guapo para ir a misa. Los días de la semana se toleraba el pantalón cosido, remendado, pero el domingo la ropa debía ser nueva y estar impoluta. Se llevaba mal, muy mal, los rotos que hoy están tan de moda. Entonces eran por obligación.

A las doce menos cuarto sonaban las campanas. Tocaban por alto, señal de domingo. La grande y la pequeña repicaban armónicamente en manos expertas. Los tañidos graves y agudos se sucedían, se alternaban o confluían en música campanil. Recuerdo subir al campanario al tío Lorenzo, a Emiliano el Rubio, a Macario…, ¡qué grandes campaneros fueron! Hoy no sé quién repica las campanas de Siero. Después de dar las tres con la campana grande el monaguillo de turno, comenzaba la misa. Hecha la comunión, se entraba en la rueda de los monaguillos. ¡Qué bien venía la propina del cura!

Después de comer, se oía de nuevo la campana grande llamando al rosario. Su salida era el comienzo de una tarde que había que ocupar. Dependía de la estación del año y del tiempo.

ACEDERAS

En la segunda quincena del mes de junio, los prados de La Serna y del molino tenían ya la hierba crecida. No les faltaba mucho para la siega. Allí acudíamos la chavalería, sin ser avistados por los mayores, a buscar nuestras hierbas comestibles: tallos, lechugas, acederas

MALVAS

y otras que no recuerdo. Era la merienda exquisita. Aquellos prados ya no se podían pisar para no hacer rastros, que eran enemigos de la guadaña. Por eso, cuando aparecía alguna persona mayor paseando por la carretera, cundía el pánico y se producía la desbandada, con el cruce del río en dirección al brezal.

También recuerdo otras excursiones. A La Cuesta a sacar cilingreñas. A la fuente de El Canalón a coger berros. Me viene a la memoria la canción de versos octosílabos que dice que «la fuente que cría berros / siempre tiene el agua fría; / la niña que tiene amores / siempre está descolorida». A La Rebisquera a comer los carneros (tallos verdes de los espinos). Por ciertos lugares del pueblo a recoger las tortillas de las malvas.

BERROS

La caída del sol marcaba el regreso a la casa. Aunque era domingo, había que encerrar vacas, cabras, ovejas, corderos, chivos, que regresaban a sus cuadras. De esa tarea no nos librábamos.

Hoy no sabría identificar la mayor parte de aquellas plantas herbáceas que comíamos. Sí recuerdo, que nunca hubo intoxicación alimentaria alguna. Los pequeños aprendíamos con rapidez de los mayores y así sucesivamente.

Aquella vida en la calle como escuela y recreo, aquel contacto diario con el campo y los animales, aquel vivir en y con la naturaleza, fueron, sin duda, los que nos inmunizaron contra las alergias modernas.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en COSTUMBRES POPULARES, SIERO y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s