POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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               DESPEDIDA

Llaman a la puerta de la luz,

abro con sigilo y con miedo,

y veo que mi guarda me reclama,

que ya está pronta la muerte.

Dulce muerte inexistente en el lecho,

que refrigeras el cuerpo del alma,

haz la alegría de pasar sin fin,

pero, al menos, dale quía

que le conduzca sus pasos

por entre las tinieblas del lumínico mundo.

(LUIS DE VALDETÉ)

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