POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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JUICIO CONTRA…

Infame, alumnos universitarios que desconocen la docta lengua de Cicerón, elocuencia, gentes ancestrales que creen ser superiores por sus extrambóticos atuendos y superaciones inteligibles, nulidades, grupo que se defiende y busca el integracionismo de un elemento disociado.

Sí, todo esto y en el fondo un complejo de culpabilidad que incapacita a los héroes para sentir sus hazañas y poder expresar sus incomprendidos amores.

Tú, que en la facilidad de palabra no llegas a Góngora y que la flexibilidad del ingenio no se agudiza como en Quevedo, prosaico, estudia y aleja de tu espíritu del erótico mundo donde todo es maldad y putrefacción, donde el odio, disfrazado de sonrisa, es el elemento que domina en una sociedad huraña y avara.

Dinero, dinero… poderoso caballero es don dinero, más poderosa es la honra conseguidora de todo fruto espiritual y de entes en estado de satisfacción anímica.

Locos que ruláis por el mundo al son de la ruleta mágica salid al encuentro de vuestra existencia y preguntaros si el amor y el dolor os reportan la existencia unamuniana. Velad y no cejéis en la lucha porque la hora de la traición está pronta y la puñalada rauda se asentará en el corazón muerto, ya por el soponcio del hedor de los muertos caminantes, ya por la inexistencia de vida anímica. Caminantes.

Láminas de acero que encuadráis recintos sociales,
expirad con gritos sonoros toda la profanación
que a vuestros metálicos oídos ha llegado
y deshaced el encubrimiento de la desfachatez.

Hierros sensibles más que corazones,
almas empedernidas por la dureza pétrea,
conjugad vuestros amores en el seno de la muerte que es vida,
y cerrad las llaves de vuestras puertas
a los muertos que viven en la vida.

Y vosotras, limas de acero,
que porfiáis por las virutas ennegrecidas,
roed, si en vuestro poder está, el odio
del corazón brillantemente retocado.
No dejéis vuestra lucha
y obtendréis el premio
de haber construido una columna retílica
con las milésimas de valor
que soportará la lerda carga de la cáscara celeste.

(LUIS DE VALDETÉ)

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