POESÍA ANÓNIMA DEL HIJO DEL CAMPO

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Constancia es firmeza,
no corresponder por olvido deliberado
merece tenue disculpa.

Licor, veneno del cuerpo y alma,
¿qué tienes que el espíritu enciendes
y la razón no ve con calma
los raciocinios del consciente?

Embriaguez desoladora,
compensa las pérdidas del amor
y suple la degradación hedionda
de la cínica sociedad
en el momento eufórico
de su vigor.

¿No convendría más recato,
menos desenfreno,
y surcar la nave
con vientos plácidos y con remos vigorosos?

Espíritu y cuerpo cansados del veneno,
que el inconsciente os proporciona,
replicaz ante el hacedor eterno
que la libertad os devuelva.

Domingo, día eufórico de la plena tristeza,
lleno de nada y con granos de lánguido estudio
que el deber les imputa su dominio.
Vuelve el ritmo diario y,
ya el descanso te aconseja,
no soportes el minuto flácido de la hora perdida.

«Cada minuto de la vida que se pierde es una fracción de la misma que se pierde».

Un día más y sin comentarios bienhechores,
horas de sueño que transportan verdaderas realidades,
hechos que nunca serán posteriores
porque no existe valor para la posteridad.

(LUIS DE VALDETÉ)

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