CHICHISBEO Y PASTORADA

Los intercambios culturales entre Italia y España han sido frecuentes a los largo de la historia. No hay que olvidar la presencia española continuada en tierras italianas desde la Edad Media hasta el siglo XVIII. Primero fue el Reino de Aragón y después el de Castilla el que tuvo en Italia posesiones. Citemos el Ducado de Milán, los reinos de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, etc.

Uno de los fenómenos sociales en el que la mujer tuvo especial protagonismo en Italia entre los siglos XVII y XIX se conoce con el nombre italiano de CICISBEO, palabra de origen incierto.

Así lo explica Ángeles Arce (1995) en un magnífico artículo[1]:

Íntimamente ligado al tema de la participación activa de la mujer en sociedad, estaría el de la relación de esta con el sexo opuesto, tanto si se trataba de su esposo o prometido, como del trato más o menos íntimo o platónico, con otro u otros hombres que le rendían atenciones, regalos y galanterías que no recibían de parte de su marido, y que éste podía otorgar, a su vez, a otra dama casada que no fuera su esposa.

Tanto a dicho galanteo, como al hombre que lo ejecuta se les denominó en Italia CICISBEO.

Sin que se pueda determinar con exactitud cuál fue la vía de entrada de dicho fenómeno social en España (se ha relacionado con las dos esposas italianas del rey español Felipe V (1700-1746) María Luisa Gabriela de Saboya (1701-1714) y Isabel de Farnesio (1714-1746), lo cierto es que documentalmente ya se puede precisar su existencia en las primeras décadas del siglo XVIII tanto en verso como en prosa. La Academia incluye ya  el término en la edición de su diccionario de 1729, añadiendo una información interesante en la de 1780: «Hoy se llama más comúnmente cortejo».

El primer texto poético en el que aparece se debe a la pluma de Eugenio Gerardo Lobo (1679-1750), quien incluye una décima en su obra Selva de las musas (1717) titulada «Definición del chichisbeo, escrita por obedecer una dama»:

Es, señora, el chichisbeo
una inmutable atención
donde nace la ambición
extranjera del deseo;
ejercicio sin empleo,
vagante llama sin lumbre,
una elevación sin cumbre,
un afán sin inquietud,
y, no siendo esclavitud,
es la mayor servidumbre.

Pero no solo encontraremos el chichisbeo en la poesía, también lo hallaremos en el teatro, en la novela y en el ensayo. Por ello, varios son los estudiosos que se han encargado del tema. Entre ellos, citemos a la escritora Carmen Martín Gaite (1925-2000), quien incluyó el estudio del chichisbeo en su tesis doctoral de 1972.[2] Tomando como núcleo fundamenta el contenido de la tesis, al año siguiente, publicó un libro titulado Usos amorosos del dieciocho en España, obra que ha sido reeditado en varias ocasiones.

Desde el punto de vista etimológico, es claro que la palabra española es una mera transcripción fonética de la italiana, manteniendo incluso la grafía B, aunque en el propio Lobo encontraremos la palabra escrita ya con V. Así pues, desde comienzos del siglo XVIII encontramos el término en el que alternan ambas grafías.

Este fenómeno social, esta costumbre, era evidente que no era en España, como no lo había sido en Italia, del agrado de los moralistas cristianos, porque veían en él la destrucción de la familia. Así, su condena se halla ya en textos también de la primera parte del siglo XVIII, cuyo título es significativo: El chichisveo impugnado (1729) o Escandalosa moda del chichisveo (1737). Se hablaba, incluso, del chichisbeo en los conventos de monjas.

Dicha palabra (con B), aún vigente en el Diccionario de la lengua de la RAE, la podemos encontrado en un tipo de obra de carácter religioso como es la popular pastorada leonesa, cuyo origen y datación son controvertidos. En las diferentes versiones de esta obra de tema navideño hallaremos la palabra, pero bajo diferentes formas. Cuatro son estas.

  1. CHICHISBEO

Con esta forma la encontramos en la pastorada de Aviados y Villaquejida. Es la palabra más fiel a su origen italiano, la que primero se utilizó en el siglo XVIII. Como ya he dicho, es una mera transcripción fonética de la palabra italiana.

  1. CHICHIVEO

Con esta ligera variante la hallaremos en las pastoradas de Navatejera y Barniedo de la Reina. El desconocimiento del original, de su procedencia, es lo que hace que haya perdido la S, fenómeno lingüístico que no es raro en castellano. Quizá la explicación podría estar en un falso análisis etimológico de la palabra, basándose en otras que el usuario conoce y usa, como pudieran ser chichi, chiche, chicha, chichinavo, cuchicheo, en las que se observa la reduplicación de la sílaba inicial. Consideran los usuarios que la palabra debe repetir como reduplicación la sílaba inicial y por ello elimina la S: CHI-CHI. El último elemento de la palabra, -VEO, me parece más claro y, por eso, se repetirá en tres de las cuatro variantes. Desconociendo su origen, se considera que proviene del verbo VER en presente y por ello no cambia: CHI-CHI-VEO. Este es el texto de la pastorada de Barniedo:

El rabadán[3] ha oído las palabras del ángel y quiere despertar a sus pastores con unos versos en los que el tono de la voz y sus palabras son delicados, amorosos y corteses, que se asemejarían a las que dirige el chichisbeo a su dama:

¡Arriba los mis amigos,
arriba los mis compañeros,
gozaréis de las delicias,
quiero quitaros el sueño,
que vos priva de gozar
un grandísimo misterio.

El pastor Juan Lorenzo, que estaba durmiendo como los demás pastores, se levanta con gran indignación y con su porracho[4] pega un golpe fuerte sobre el de su rebadán y le dice:

Déjame dormir, mi rebadán,
déjame de chichiveos,
que, si otra vez me despiertas,
armaremos paloteo
y veremos cuál es más majo,
rabadán o Juan Lorenzo.
Si me llamas a almorzar,
yo me levantaré presto.

  1. CHICHIRIVEO

Esta forma es la más utilizada en las pastoradas. La encontramos en Terradillos de Templarios, Acebedo, Sahelices, Gusendo, Valverde Enrique, Izagre, Gragalejo, etc. Aquí, igualmente por desconocimiento, se ha creado la sílaba –RI-, en la que la sibilante –S- se ha convertido en vibrante con el añadido de la vocal de las dos sílabas anteriores. Recordemos que en la localidad de Los Santos (Salamanca) hay un juego de niños que se llama sí.

  1. DRIDRIBLEO

Esta es la variante más alejada de la forma etimológica, aunque mantiene el mismo procedimiento constitutivo. Se ha alterado incluso el final que se respetaba en las demás, y la duplicación se hace con la sílaba DRI. ¿Habrán tenido alguna influencia las palabras driblar, drible, dribleador, driblear? La hallamos en Santa María del Condado.

  1. CONCLUSIÓN

En resumen, las cuatro palabras son un claro ejemplo de cómo una palabra puede evolucionar fonéticamente a lo largo de los siglos debido al desconocimiento que sus usuarios tienen de su etimología y al aplicar criterios de etimología popular para su representación.


[1] «Sobre el cicisbeo y el chichisveo. ¿Una misma realidad del siglo XVIII?», Cuadernos para investigación de la literatura hispánica, 20 (1995), pp. 101-122.

[2] Lenguaje y estilo amorosos en los textos del siglo XVIII.

[3] RABADÁN: pastor que gobierna un rebaño de ganado y manda sobre el resto de los pastores.

[4] PORRACHO: palo o bastón corvo por la  parte superior, especialmente el usado por los pastores.

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