ESTILOESTADÍSTICA. (11) VERSOS ALITERADOS: Elegía a Ramón Sijé

1. BREVES NOTAS ACLARATORIAS

Proponemos hoy para el disfrute estético y para el análisis de la aliteración uno de los poemas más conocidos de la literatura española: la elegía que el poeta de Orihuela (Alicante) Miguel Hernández (1910-1942) escribió (o finalizó) el día 10 de enero de 1936 a su amigo Ramón Sijé, encontrándose en Madrid.

Y para quienes no lo recuerden, avanzamos la definición de este subgénero poético, el de la elegía:

Composición lírica en que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro acontecimiento infortunado. (DRAE)

La persona fallecida era José Ramón Martín Gutiérrez (1913-1935), amigo de Hernández y oriolano como él. Fallecía la Nochebuena de 1925 a la edad de 22 años de una septicemia. Fue el fundador y director de la revista neocatólica El Gallo Crisis y autor del libro La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas (1935), ensayo sobre el Romanticismo.

RAMÓN SIJÉ

El lamentable suceso fue el hecho que determinó que naciera esta sentida composición poética formada por 15 tercetos encadenados y un serventesio final, y que lleva como fecha el 10 de enero de 1936. Junto a esta a elegía cabe citar otras por ocupar un lugar destacado en la literatura española como la considerada la más importante, Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique; Llanto por la muerte de Trotaconventos, del Arcipreste de Hita; Canción a la muerte de Carlos Félix, de Lope de Vega; Canto a Teresa, de Espronceda, o Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, de García Lorca.

Tres son los protagonistas del poema de Miguel Hernández: la Muerte, Ramón Sijé (seudónimo literario) y los sentimientos del poeta (el yo poético), entrelazados y unidos formando un todo literario poético.

Para comprender este poema daré dos breves apuntes biográficos del poeta. El primero de ellos es de carácter biográfico. Nació Miguel Hernández en el seno de una familia humilde en Orihuela. Su padre se dedicaba al pastoreo del ganado, combinándolo con la práctica de tratante. A los 14 años abandona el colegio y vuelve a la vida campestre y a su rebaño. Sin apenas salir de Orihuela, lee con avidez cuantos libros se ponen a su alcance y especialmente a los poetas del Siglo de Oro español: Garcilaso, San Juan, Cervantes, Góngora, etc.  Su trabajo se centra en el pastoreo y otras actividades agrícolas. En 1931 se traslada a Madrid en busca de la gloria literaria. Allí le sorprendió la muerte en Orihuela de su amigo Ramón Sijé.

ORIHUELA

ORIHUELA

Por último, recordaremos que el entierro de Ramón Sijé se produjo en una tumba escavada en la tierra del cementerio, en el que crecen las amapolas; que Orihuela era el centro de la comarca de la vega baja del Segura, zona agrícola y ganadera, por cuyas huertas y sierras pastoreó Hernández el rebaño paterno y se «empapó de la naturaleza recogiendo sus latidos y sus profundos alientos»; que la higuera del poema es la que todavía se halla plantada en el huerto de la casa del poeta y bajo la cual seguro que los dos amigos se refugiaron para protegerse del calor en sus conversaciones literarias; que los almendros, con sus flores blancas, abundan por doquier en la zona y que en la parte final late un cierto animismo junto a la presencia de la reencarnación del alma del muerto en abeja.

2. TEXTO

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como el rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(10 de enero de 1936. Miguel Hernández, El rayo que no cesa, Losada, Buenos Aires, 1973)

3. ALITERACIÓN

En el serventesio final encontramos una de las aliteraciones que se citan con frecuencia en los estudios del tema. Se trata del verso «A las aladas almas de las rosas». Si antes Miguel Hernández ha convertido el alma de su amigo en abeja, ahora también dota de alma a las flores blancas de los almendros, cuyos pétalos se convierten en alas, y a los que se requiere que acuda la abeja para «hablar de muchas cosas, / compañero del alma, compañero». Almendros bajo los cuales vagará el ama y el cuerpo del poeta en busca del rencuentro con el amigo muerto.

3.1. ESTADÍSTICA DE VOCALES

VOCALES       POEMA    ESTROFA    VERSO
% DES. NO. % DES. NO. % DES. NO.
A 34,57 13,99 43,73 12,89 81,81 51,23
E 25,36 -3,46 32,60 3,77 9,09 -19,73
O 21,16 -0,18 19,56 1,78 9,09 -12,25
I 12,76 -0,90 19,56 -1,78 0 -21,35
U 6,13 -0,56 2,17 -3,39 0 -5,57

En este primer cuadro se pone de manifiesto que lo más sobresaliente es el uso del sonido vocálico [A]. En el conjunto de la elegía se aprecia una desviación positiva (significativa) de la norma de casi 14 puntos porcentuales; se mantiene la desviación más o menos estable en el serventesio y se dispara en el verso hasta el 51 %. Clara desviación significativa de la vocal A con valor de aliteración.

3.2. ESTADÍSTICA DE CONSONANTES

CONSONANTE        POEMA     ESTROFA    VERSO
% DES. NO. % DES. NO. % DES. NO.
VIBRANTES 15,04 2,30 12,06 0,67 7,14 -5,59
S 14,06 -0,69 17,24 2,48 42,85 28,09
L 10,40 1,95 15,51 7,06 28,57 20,12
D 10,26 1,38 12,06 3,18 14,28 5,40

Dejando a un lado los sonidos consonánticos nasales, observaremos que los sonidos [s] y [l] son los preponderantes. En el conjunto de la elegía su uso se ajusta prácticamente a la norma para aumentar en la estrofa final y adquirir en el verso que nos ocupa una desviación significativa positiva relevante con un 28 y un 20 %, respectivamente.

3.3. INTERPRETACIÓN

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­A las aladas almas de las rosas: la aliteración de los sonidos [l] y [s] evoca una sensación de suavidad, ligereza y delicadeza acorde con las flores de los almendros y el vuelo de las abejas. Nos transporta al aleteo y vuelo de las tres almas que se buscan: la del muerto, la de las rosas del almendro y la del poeta vivo.

Como coadyuvante significativo, a los sonidos consonánticos se une la aliteración preponderante de la vocal [a], la vocal más abierta, clara, la vocal de la llamada y de la luz, presente en las tres palabras claves del verso. Igualmente, se puede decir que los tres sonidos aliterados los hallamos en la palabra clave: almas.

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