CANTOS DE BODA TRADICIONAL EN SIERO (LEÓN)

Las zonas rurales también han entrado en la modernidad, aunque para ello hayan renunciado a buena parte de su tradición. Es el caso de los cánticos que acompañaban a las bodas religiosas. Para que dichos cantos no se pierdan y perduren, publico aquí una recopilación de los que antaño se cantaban en Siero (León).

Cantar es un hecho connatural al ser humano. Se canta en todas las situaciones, aunque las más propicias son las que implican alegría, felicidad. Y esos sentimientos son los que producen muchos eventos, como pueden ser las reuniones de amigos, de familiares o las bodas. Por ello es natural que se celebren con cantos, más cuando los medios de diversión son escasos, como sucedía en el mundo rural de antaño.

Todavía recuerdo alguna de las bodas a las que yo asistí en las década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Ese recuerdo de niño y de joven será el sustento del siguiente relato.

Acordad la fecha del evento por parte de los actores principales, se procedía a los preparativos de la boda y a la celebración de una serie de actos religiosos y no religiosos que anunciaban la celebración del evento: la boda.

Entre los anteriores cabe citar la petición de la mano de la novia, las velaciones, la invitación a los futuros asistentes, las despedidas de la novia y del novio por parte de la mocedad del pueblo, la preparación del banquete con la selección del lugar y el menú, etc.

La boda se celebraba en el pueblo de la novia; en nuestro caso en Siero. Y se podía dar la circunstancia de que el novio fuera del pueblo o forastero. Tanto el banquete como la celebración eclesiástica se celebraba allí.

El banquete tenía lugar en casa de la novia o en algún otro recinto que fuera más espacioso, como podía ser la casa del pueblo. Entonces se ponía a prueba la solidaridad de todo el vecindario, fuera o no familia. Todos aportaban lo que fuera necesario para que el banquete se pudiera celebrar con garantías de éxito, especialmente los componentes de la vajilla que había de utilizarse para tanto comensal. Recuerdo cómo se marcaban todos los utensilios con pintauñas para identificar a sus propietarios.

En la preparación de la comida intervenían las casas de la novia y del novio y personas afines o con conocimientos culinarios. Eran días en que se ponía a prueba el funcionamiento de fogones, cocinas económicas y horneras. De estas últimas salían panes frescos, hornazos, escaldón, tortas, mazapanes, pastas,  magdalenas, brazos de gitano, etc. Recordemos que había víspera, boda y tornaboda.

Cuando se celebraba el banquete en la casa de la novia, esta se ponía patas arriba: todas las estancias se convertían en improvisados comedores, atendidos por la gente joven que asistía a la boda y que se convertían por unas horas en diligentes cameras y camareros ataviadas unas y otros con mandiles negros ribeteados con puntillas blancas.

El mediodía solía ser la hora elegida para la ceremonia religiosa. Se anunciaba esta con el toque pertinente de campanas, «toque por alto», como exigía el evento. Era la señal para que los invitados de parte de la novia acudieran a casa de esta para ir formando el cortejo nupcial. Allí se desplazaba también el novio con sus invitados para buscar a la novia. Reunidos todos y una vez que las campanas habían dado las tres, el cortejo se dirigía hacia la iglesia encabezado por la novia y sus familiares más cercanos y seguido por el novio y los suyos. Así se llegaba al patio de la iglesia, donde ya se congregaba para asistir a la misa los vecinos del pueblo que no estaban invitados.

Finalizada la ceremonia religiosa, los nuevos esposos abandonan la iglesia. A la salida se dirigían hacia la casa de la novia donde se invitaba a vino y pastas a todo el pueblo. Desde la salida de la iglesia hasta la llegada a la casa de la novia el padrino iba tirando monedas (perronas y perrinas, y alguna peseta) que recogían los asistentes más jóvenes; la madrina, por su parte, regaba el trayecto con abundantes caramelos. Dos costumbres que vienen de siglos atrás y que hoy en día todavía se pueden observar en los bautizos.

Finalizado la convidada para todos, se inicia el banquete para los invitados.

Y con esta breve introducción se podrá entender lo que dicen algunas de las estrofas sin necesidad de más explicación. Solo añadir que los cantos corrían a cargo del grupo de cantoras y cantores que siempre había en el pueblo, estuvieran o no invitados a la boda.

 1. A LA PUERTA DE LA CASA Y CAMINO DE LA IGLESIA

Buenos días los señores,
los del valor añadido,
benos días les daremos
dentro y fuera del castillo.

Aquí están tus amigas,
amigas y compañeras,
a darte los buenos días
y también la enhorabuena.

En esta mañana fresca,
con el rocío que ha caído,
venimos a verte, niña,
que bien te sienta el vestido.

Hinca la rodilla en tierra
en un lindo cobertor
y pídeles a tus padres
que den la bendición.

En el corazón de muchos
la emoción ha penetrado
y las lágrimas ocultas
por las mejillas rodaron.

De lejos han venido
los hermanos del novio
a darle un tierno abrazo
y acompañarle en todo.

Despídete, niña hermosa,
de la casa de tus padres
por ser la última vez
que de ella soltera sales.

¡Qué bonita va la novia,
rodeada de capullos,
sus padres y sus hermanos
la miran con mucho orgullo!

¡Qué bonita va la novia,
parece un  ramo de flores,
en el medio de sus padre,
de sus hermanos y amores!

Esta calle está adornada
con hojas de perejil,
que la adornó el novio
cuando la vino a pedir.

La señora novia tiene
una cruz en los pendientes
con un letrero que dice
viva el novio y sus parientes.

Aunque la lleves al lado
no puedes decir que es tuya,
que puede decir que no
delante el señor cura.

Caminito de la iglesia,
al subir la cuesta arriba,
súbela poquito a poco,
no se fatigue la niña.

Llevarla de piedra en piedra,
llevarla de canto en canto,
que no se manche la seda
ni la hebilla del zapato.

Ya se divisa la iglesia,
ya se divisa la entrada,
ya se divisa la iglesia
donde vas a ser casada.

Ya se divisa la iglesia,
ya se divisa la entrada,
ya se divisa la pila
donde fuiste bautizada.

Cuando llegues al rellano,
descansa, ramo de flores,
que vendrás fatigada
de seguir a tus amores.

Lo que vas a hacer ahora
piénsalo, piénsalo bien,
que el nudo que vas a dar
no se puede deshacer.

Al entrar para la iglesia
pisarás losa sagrada,
la última de soltera,
la primera de casada.

Salga, señor cura, salga,
que a la puerta hay una rosa
y un caballero que dice:
«yo la quiero por esposa».

Salga, señor cura, salga,
con los libros de casar,
que está la novia en ayunas
y se nos va a desmayar.

Salga, señor cura, salga,
con los libros de san Pedro,
que está la novia en ayunas
y también el caballero.

Señor cura salga pronto,
aquí en el patio le esperan,
dos novios quieren casarse
por Dios y por la Iglesia.

Salga señor cura, salga,
y amárrelos bien seguro,
si es poco una lazada,
deles un montón de nudos.

2. AL SALIR DE LA IGLESIA

Salgan los señores novios,
les estamos esperando
para darles la enhorabuena,
que sea por muchos años.

Al tomar agua bendita
ten mucho cuidado
no se te caiga el anillo
que el caballero te ha dado.

Viva el novio y la novia,
el padrino y la madrina
y todos los convidados
con todita su familia.

El compromiso que hicisteis
lo tenéis que respetar,
de no separaos nunca
y amaros hasta el final.

Ya sois marido y mujer
con anillos de casados,
que lo que Dios ha unido
nadie podrá separarlo.

El «sí te quiero» se dieron
los novios, enamorados,
y al tiempo intercambiaron
los anillos de casados.

Dios bendiga vuestro enlace
viviendo en buena armonía,
como vivió san José
en Nazareth con María.

Por el sí que dio la novia
en el altar de la iglesia,
por un sí que dio la novia
entró libre y salió presa.

A la familia del novio
le tenemos que decir
que se ha llevado una rosa
de las que existen aquí.

Desde Velilla has venido
pasando valles y lomas
y no has podido encontrar
hasta Siero la paloma.

Todo el camino has venido
pisando de rosa en rosa
y a este jardín has llegado
a coger la más hermosa.

Que contento estará el novio
cuando ha pasado Picones,
porque ha encontrado la rosa
que roba los corazones.

Muchas gracias caballeros,
nos vamos a retirar,
Dios les haga muy felices
y también a los demás.

3. PARA EL BANQUETE

Casada ya estás, casada,
que te casó el señor cura,
quiera Dios que en un año
tengáis un niño en la cuna.

Viva el novio y la novia
y el cura que os casó,
el padrino y la madrina,
los invitados y yo.

Los novios están contentos
porque de lejos llegaron
muchos parientes y amigos
para estar a su lado.

La joyas se encuentran poco
y valen mucho dinero
y los mocitos de Prioro
buscan sus novias en Siero.

¡Cuántas veces has bajado
Picones y las Camperas
para llegar hasta Siero
a buscar compañera.

Aunque aquí encontraste novia,
no estuvo nunca perdida,
que en la casa de sus padres
fue criada y muy querida.

A los señores casados
les voy a dar un consejo:
«Juntos se coman la pulpa
y juntos roan el hueso».

Dicen que casar, casar,
yo también me casaría
si la vida de casado
fuera como el primer día.

La casa del señor novio
siempre fue casa honrada
y ahora le van a poner
una flor que le faltaba.

Los hermanos de los novios
les daremos un consejo:
«Que se vayan preparando
y no se queden solteros».

A los señores padrinos
les tenemos que decir
que les regalen un piso
para empezar a vivir.

Aunque te cases y marches
a otra tierra forastera,
la casa de tus padres
siempre la tendrás abierta.

Yo no sé qué tiene, madre,
el pueblecito de Siero,
que toda la juventud
la llevan los forasteros.

Aprendiste tus deberes
y también lo religioso,
y a la hora de casarte
escogiste el mejor mozo.

Hoy los padres de la novia
que contentos estarán
porque tienen a su hija
muy cerquita del hogar.

Hoy los padre de la novia
que contentos estarán,
porque de hoy en adelante
tienen un hijo más.

Los mocitos de este pueblo
que no lo echen a broma,
que los mozos forasteros
les van llevando las mozas.

Este vino es de Tudela,
no es como lo de La Mata,
beban poco los señores,
no andemos todos a gatas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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