EN EL GYM DE LOW COST

La edad no perdona. Los excesos de juventud aparecen en la senectud, o antes. El cuerpo humano guarda todos los recuerdos. Estas y otras ideas me lanzaba mi galeno cuando con sus gafas a media nariz leía el informe de una delatora resonancia magnética de espalda: hernia discal entre L2-L3 y hernia del contorno posterior izquierdo con rotura del anillo. Los dolores son evidentes, pero estas lesiones no se pueden revertir con operación. En este momento. Medicación y ejercicios físicos específicos hasta conseguir lo asintomático. Y comenzó a escribir.

Medical equipment. MRI room in hospital.

Era más o menos lo esperado después de varios meses de dolores constantes. Me vuelvo a casa con la panacea: medicación y un folleto con ejercicios físicos.

Para lo primero no hubo problema. Mi farmacia me suministró los medicamentos advirtiéndome que me faltaba el omeprazol, ese protector del estómago contra tanto antiinflamatorio y antidoloroso.

Para lo segundo, la cosa se complicó algo más. Hacía años que yo no pisaba un gimnasio, y no conocía ninguno, por lo que decidí preguntar a mi inquiridor por uno cercano a casa y en el que pudiera realizar todos aquellos ejercicios que el galeno indicaba. Me dio la dirección de el que él consideraba el más cercano y el mejor: DISCOBOLO.

No tardé mucho en dirigir mis pasos hacia él. Y aquí comenzaron las sorpresas lingüísticas que me hicieron sentir desfasado, anticuado, fuera de la posmodernidad.

DISCOBOLO

El gimnasio que yo buscaba estaba en medio de una parcela, rodeada de un verde césped, bien cuidado y bien segado. Era un edificio moderno. Atravieso la verja y veo una fachada con una gran puerta, que supuse sería la entrada principal. Al acercarme, encima de la puerta y con letras grandes y en colores un rótulo que supuse sería el nombre: GYM DISCOBOLO LOW COST. Estuve a punto de darme la vuelta, porque por el momento creí que me había confundido. Pero no lo hice. Seguí avanzando. Aquel era el gimnasio que buscaba. En un principio pensé que se le habrían caído parte de las letras a la primera palabra, pero al ver el resto y la colocación me di cuenta de que no: ya había oído algunas conversaciones de jóvenes que decían que iban al GYM. Las dos últimas me dejaron aún más descolocado. No sabía que había gimnasios de bajo coste, como gasolineras, panaderías, tiendas deportivas, etc.

Cuando estaba cruzando la puerta de entrada iba pensando que me había confundido: «este gimnasio tiene que para gente que hable solo inglés», pero no fue así, para mi sorpresa.  Una señorita uniformada, con educación exquisita me saludó y me preguntó qué que deseaba. Yo, sacando mi folleto de ejercicios curativos de espalda, le pregunté que si allí podría realizar lo que el galeno me había prescrito. Me pidió el folleto y con él en la mano me paso al despacho del director. Le explicó mi objetivo, a lo que él respondió, una vez observado con atención mi prospecto médico,  que no había ningún problema, que me encontraba en el lugar adecuado.

Llamó por teléfono y al momento se presentó otra señorita, con una tarjeta en la solapa de su chaquetilla roja que indicaba su nombre y su profesión de fisioterapeuta, envuelta en modales de exquisitez, que me invitó a que le acompañara.

Tras ella, me dirigí confiado hacia lo que yo creía que era una piscina. Y pensaba: «en esta piscina olímpica realizaré mis ejercicios de natación». Se abrieron unas puertas automáticas y comenzó a describirme la instalación en la que yo podría realizar SWIMMING con un grupo que ya estaba formado y que tenía mis dolencias de espalda. Simplemente tenía que venir proveído de SOWER CAP, SWIMSUIT, TOWEL y SANDAL. Ante mi cara de sorpresa, me explicó que SWIMMING era el nombre moderno con el que designaban a los tradicionales ejercicios de natación. Ya comprendo –le respondí. Y me callé.

NATACIÓN

De allí, un tanto anonadado, me llevó a otra estancia en la que una bicicleta estática presidía varias filas indias de bicicletas, también estáticas. Pensé: esto ya lo conozco. Un uniformado joven pedaleaba sin parar e iba transmitiendo órdenes al grupo de hombres y mujeres que detrás de él y a lomos de las bicicletas pedaleaban sudorosos: «subimos dos puntos de carga, que vamos a comenzar a subir La Camperona». Mi acompañante me explicó que allí podría realizar yo los ejercicios de SPINNING, también llamados BIKE, y que necesitaría un equipaje similar al que llevaban aquellos ciclistas, aunque no era necesario que fuera tan completo, porque allí había muchos globeros. Nada le pregunté, porque intuía que lo antes se llamaba hacer bicicleta, ahora se había modernizado.

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Dejamos las bicicletas y me traslada a otra estancia repleta de cintas transportadoras. Me explica que, aunque el folleto aconseja realizar los ejercicios de RUNNING a aire libre y por el campo, que los puedo sustituir por la cinta transportadora porque está preparada, incluso, para realizar los pertinentes SPRINTING. Lo que sí me aconsejaba que, si quería convertirme en un auténtico RUNNER y para no perjudicar mi espalda,   me aconsejaba que me comprara unas buenas zapatillas que podría encontrar en las tiendas de deportes en las secciones modernas de RUNNING. Mientras la seguía iba pensando: «primero fue correr por el campo, después hacer footing y ahora nada menos que running. ¡Cuánto descubrimiento y desconocimiento!»

Long_Distance_Runners,_Ancient_Greece,_Amphora

Lo que no me aconsejaba, como experta en lesiones de espalda, era realizar TREKKING, porque en este país los senderos no están bien preparados y las pisadas en falso podían hacer mayor la hernia discal.

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Tras volver a revisar los ejercicios de mi folleto, me invitó a volver al despacho del director, quien me indicaría los horarios y el precio, recordándome que era un GYM LOW COST, pero que esto no significaba menos calidad o dedicación del personal. Era simplemente ECONOMIC POLICY de la empresa.

Después de darles las gracias, abandoné el gimnasio abrumado por tanta amabilidad y buenas maneras y runruneando en mi cabeza las incontables PLEASE, OK y THANK YOU con que me habían obsequiado.

Pensaba: «es inevitable, las modas vuelven y vuelven». Esta querencia de anglicismos ya la habría sufrido yo en mi juventud, pero se había pasado, como el sarampión; ahora observaba que había vuelto con furia, no estaba bien curada la enfermedad: no solo en el gimnasio, sino también en la televisión, en las revistas, en la conversación normal, etc.

Y yo sin entrar en la posmodernidad. Y, además, sin saberlo.

Finalizaré con estas palabras que escribía sarcásticamente Cadalso en el siglo XVIII al socaire de los galicismos que recorrían el bien hablar de los cortesanos afrancesados (entonces era Francia la que dictaba la moda), para que podamos entrar en la posmodernidad a través del estudio los que creemos que en nuestra lengua española es bueno utilizar sus palabras y no los extranjerismos, aunque no nos neguemos a usarlos cuando la lengua no pueda crear las palabras que han de referirse a las nuevas realidades:

en cada un año se fijen las costumbres para el siguiente, y, por consecuencia, se establezca el idioma que se ha de hablar durante sus 365 días. (Cartas marruecas, 35).

POST DATA

Por sugerencia de mi inquiridor, envié este relato al Ilmo. Sr. Director de la Academia que «limpia, fija y da esplendor» por si creía oportuno tomar nota y realizar alguna gestión en defensa de una lengua tan antigua como la española y con más de 450 millones de hablantes.

RAE

A las 48 horas recibí un emilio (email, correo electrónico, carta, misiva  o como se diga) desde el Departamento de atención a los hablantes de español correcto, firmado por su secretario, en el que me daba las gracias por la información facilitada, que, no obstante, ya obraba en su poder desde hacía tiempo, lamentando que la Academia no podía realizar gestión alguna al respecto, ni pronunciarse ante tanto deslate, porque había recibido órdenes de la SUPERIORIDAD de que no se tomaran medidas que no fueran políticamente correctas, y menos aun en momentos tan delicados internacionalmente como los del Brexit [sic], porque el imperio anglosajón podía sentirse ofendido.

 

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