LA IGLESIA DE LA UÑA (LEÓN) EN 1806

Cayetano Antonio Cuadrillero fue obispo de León entre 1777 y 1800. Le sucedió en la sede episcopal el extremeño Pedro Luis Blanco, quien estuvo al frente de ella entre 1800 y 1811.

Este último giró su primera visita pastoral en 1806. Entre las parroquias visitadas se halla la de La Uña, arciprestazgo de Valdeburón de Arriba.

CAMPANARIO ACTUAL DE LA UÑA: La campana grande es de 1862; la pequeña (procedente no ha mucho tiempo de Escaro), de 1733, y la del martillo del reloj, de 1793.

Como era preceptivo, el cura párroco, Manuel Díez, emite un informe sobre el estado de su parroquia, que va datado el 21 de julio de 1806:

«Certifico yo, el infra escrito cura párroco del lugar de La Uña, en cumplimiento de lo mandado por su Ilma.
[…].
Y para que conste, lo firmo en La Uña, y julio, 21, de 1806.
Dn. Manuel Diez».

Los asuntos más relevantes de los que da cuenta en un sucinto informe son los siguientes.

Comienza dando los datos de población: 40 vecinos y 110 almas de comunión (personas mayores de siete años). Si comparamos estas cifras con las de la segunda visita del obispo Cuadrillero en 1786, observaremos  que la población de La Uña ha sufrido una bajada considerable: ha perdido 6 vecinos y 63 almas de comunión.

A continuación entra en la información propiamente eclesial. Se nos dice que sigue existiendo una capellanía de sangre[1], atendida por un capellán que es vicario en el cercano pueblo de Liegos. Recordemos que las capellanías de sangre pertenecían a las colativas, que son las autorizadas por la Iglesia, que administra sus bienes como apoyo económico del capellán, quien tiene la obligación de decir en la parroquia de La Uña una misa diaria.

También se informa de que existe un estudiante de Teología, de cuarto curso, nativo del lugar.

RESTOS ACTUALES DE LA ERMITA DE SAN MIGUEL

Para finalizar, detalla el estado económico de la parroquia y demás santuarios del pueblo, observándose que los ingresos han disminuido respecto de 1786. El curato ha pasado de ingresar 2320 reales al año a 1980. La iglesia como tal ingresa 130 reales y tiene de alcance (superávit) 960 reales.                        

De los santuarios existentes (San Miguel, San Roque y Santa Águeda, cuyas imágenes estuvieron en la iglesia vieja y desaparecieron), solo el primero obtiene superávit: 960 reales anuales, contando con unas reservas monetarias de 1100 reales, en poder de tres mayordomos.

SAN ROQUE

SANTA ÁGUEDA

Y nada más dice el informe (AHD de León).

ADENDA POBLACIONAL

AÑO VECINOS ALMAS DE COMUNIÓN
1753 52 ¿?
1786 46 173
1806 40 110

[1] Las capellanías eran fundaciones religiosas, abundantes en la España de los siglos XVI a XVIII, de carácter perpetuo, que tenían una doble finalidad: contribuir a la salvación del alma de sus fundadores y generar una renta para mantener de forma vitalicia al capellán. Intervenían en su fundación tres partes: el fundador, que es quien aportaba los medios económicos, establecía las características de la capellanía y decretaba el proceso de sucesión ante una vacante; el patrono, que velaba por el cumplimiento de las cláusulas de la capellanía, administraba sus bienes, verificaba la celebración de las misas u otros oficios religiosos estipulados, proponía un nuevo capellán y asistía a la visita del obispo u otras autoridades eclesiásticas a la capellanía; el capellán, que cumplía con las cargas espirituales establecidas (misas y demás actos religiosos por el alma del fundador o de sus familiares), residía en la localidad de la capellanía y asistía y servía a las funciones estipuladas. Existían dos clases de capellanías: las colativas (constituidas con la intervención del ordinario del lugar, los bienes pertenecían a la Iglesia, quien a su vez, era su administrador) y las laicales (los bienes se segregaban de la herencia del fundador y quedaban vinculados a la capellanía, no intervenía la autoridad eclesiástica en su constitución, aunque sí velaba por el cumplimiento de las cargas espirituales, y tenían un administrador o patrón que gestionaba sus bienes).

 

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