ADARGA Y RODELA EN EL QUIJOTE: UN NUEVO DESAJUSTE NARRATOLÓGICO  

1. PLURISIGNIFICACIÓN DE LA OBRA LITERARIA

La obra literaria es plurisignificativa. Quiero decir con esto que cada vez que relees un texto literario completo de enjundia encuentras aspectos significativos, detalles,  que la vez anterior no habías advertido, porque leer es proyectarse sobre la obra. Y esa proyección es cambiante, va con el individuo, forma parte de su desarrollo vital. Por eso, cambian los mensajes del texto literario, se reinterpretan, se hacen nuevos. Se percibe algo que antes no había merecido la atención del lector.

Esto es lo que me ha pasado con una relectura de la primera parte del Quijote por motivos profesionales y deleitosos.

Comentaba con mi inquiridor cómo Cervantes hacía pasar dos noches en la misma noche en la venta a sus ocupantes en la historia del capitán cautivo y, a la vez, les hacía cenar dos veces. Igualmente se alteraba el orden de nacimiento de los tres hermanos montañeses de León, los Pérez de Viedma, y su oficio en el encuentro del capitán y del oidor. Y la causa es muy probable que fuera por ser dicha historia episodio narrativo intercalado después de haberse escrito el resto de la primera parte y no revisar concienzudamente Cervantes lo que sucedía antes, durante y después de la inserción.

Igualmente le comentaba que de estos dos desajustes ya había dado cuenta en este mismo blog en la serie CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS, pero que no había incluido un nuevo desajuste, ahora observado, por la sencilla razón de que en la anterior lectura del Quijote no me había percatado de él. Tiene este que ver con las armas defensivas que utiliza don Quijote a lo largo de la obra.

ASTILLERO

2. DON QUIJOTE SE PROTEGE CON UNA ADARGA

Así inicia Cervantes la primera parte del Quijote:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Dos son las armas que don Quijote guarda en su casa, ejemplos patentes de su hidalguía guerrera, vestigios de una edad pasada, tal vez heredadas de los Quijana, sus nobles antepasados: la lanza y la adarga. Estas, junto con el caballo, eran elementos imprescindibles para servir al rey cuando este lo pidiera y no decaer de su condición de hidalgo.

ADARGA

Centrémonos en la adarga.
Era esta un arma defensiva de guerra. Se trataba de un escudo ligero de cuero de forma ovalada o de corazón utilizada en los enfrentamientos a caballo para defenderse de la lanza. El Diccionario de Autoridades (1726) nos la describe y nos aporta información interesante:

Cierto género de escudo compuesto de duplicados cueros, engrudados y cosidos unos con otros, de figura cuasi oval, y algunos de la de un corazón. Por la parte interior tiene en el medio dos asas: la primera entra en el brazo izquierdo, y la segunda se empuña con la mano. Usábanlas antiguamente en la guerra contra los moros los soldados de a caballo de lanza. Y aún hasta poco a esta parte se conservaba esta milicia en Orán, Melilla y costa de Granada, y hoy día se conserva en la plaza de Ceuta, aunque en menor número que antes. Servía la adarga para guarecerse de los golpes de la lanza del enemigo. Consérvase el uso de ellas (aunque menos fuertes) para las fiestas de cañas y alcancías.

DON QUIJOTE EN SU PRIMERA SALIDA

Don Quijote abandonó su lugar en el capítulo dos. Solo y a lomos de Rocinante, en un día caluroso del mes de julio. Sale sin que nadie le viera pertrechado de todas sus armas: brida, lanza, adarga y coselete. Con ellas le encontraremos en la venta (I, 3) donde fue armado caballero. Y con ellas inicia en enfrentamiento con los mercaderes. Al embestirlos, Rocinante cae al suelo y con él don Quijote, quien no se puede levantar por el peso de sus armas: «tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada». (I, 4)

En tal estado es encontrado por un vecino de su mismo lugar, Pedro Alonso, quien le levantó del suelo y le acomodó en su jumento para volverle a su pueblo.

Respecto de las armas de don Quijote, esto es lo que dice el narrador:

recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liolas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo. (I, 5).

3. ABANDONA LA ADARGA POR UNA RODELA

Vuelto a casa, repuesto de sus heridas, en el capítulo siete encontramos de nuevo a don Quijote que inicia su segunda salida. Esta vez acompañado ya de escudero: Sancho.

Nada se sabe de qué ha sucedido de la adarga que llevaba en su primera salida y que era escudo apropiado para la lucha a caballo con lanza. Recordemos que las armas o lo que quedaba de ellas habían sido recogidas por Pedro Alonso y llevadas a lomos de Rocinante hasta su lugar de origen.

La adarga se ha sustituido por una rodela o escudo redondo y delgado, de madera. En esa época, era el arma defensiva que se utilizaba normalmente para pelear a pie con espada. Así pues, ¿no resulta incongruente el uso de dicha arma para luchar a caballo como hará don Quijote?

RODELA

De esta guisa consiguió don Quijote su rodela:

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros; y, vendiendo una cosa y empeñando otra, y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. Acomodóse asimesmo de una rodela, que pidió prestada a un su amigo, y, pertrechando su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester (I, 7).

Con rodela embiste a los molinos de viento (I, 8), se enfrenta al vizcaíno (I, 8) y se defiende del apedreamiento que recibe por parte de Ginés de Pasamonte y sus amigos (I, 22).

APEDREAMIENTO DE DON QUIJOTE

Antes de este último episodio, después del enfrentamiento con los encamisados, don Quijote decide ponerse un «nombre apelativo como lo tomaban todos los caballeros pasados». Elige el de caballero de la Triste Figura. Pero no lo utilizará antes de cumplir con un rito caballeresco cual era grabar en su escudo su signo identificativo. Así lo llevaban grabado en sus escudos dos de los caballeros a los que se enfrentó don Quijote: el de los Espejos y el de la Blanca Luna. En el caso de don Quijote este será su emblema, «una muy triste figura»:

Rióse don Quijote del donaire de Sancho, pero, con todo, propuso de llamarse de aquel nombre en pudiendo pintar su escudo, o rodela, como había imaginado. (I, 19).

Lo vemos acompañado de rodela por última vez en la venta cuando se presenta a la princesa Micomicona para ofrecerle la defensa de su persona y la reconquista de su reino:

Salió, en esto, don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y arrimado a su tronco o lanzón. Suspendió a don Fernando y a los demás la estraña presencia de don Quijote, viendo su rostro de media legua de andadura, seco y amarillo, la desigualdad de sus armas y su mesurado continente, y estuvieron callando hasta ver lo que él decía, el cual, con mucha gravedad y reposo, puestos los ojos en la hermosa Dorotea, dijo: (I, 37)

4. DE NUEVO, LA ADARGA

Sin que Cervantes dé explicación alguna, sin que se pueda aventurar la razón, encontramos de nuevo que don Quijote ha trocado rodela por adarga en la misma venta.

Sintiéndose caballero andante, defensor de todos, cuando los huéspedes de la venta deciden acostarse, don Quijote se ofrece a velar por la seguridad de los inquilinos de la venta. Para ello, sale fuera, se pertrecha de sus armas y se sube a lomos de su caballo Rocinante. Inicia su vigilia defensiva. Maritornes llamará su atención a través de un hueco en la pared del pajar. Allí le pide que le dé su mano para contemprarla. Don Quijote, aunque a regañadientes, accede y Maritornes aprovecha para atarle el brazo con una cuerda a un cabestro. Así estará don Quijote hasta que es apeado de Rocinante y queda colgado en la pared por su brazo:

En efeto, fueron tantas las voces que don Quijote dio, que, abriendo de presto las puertas de la venta, salió el ventero, despavorido, a ver quién tales gritos daba, y los que estaban fuera hicieron lo mesmo. Maritornes, que ya había despertado a las mismas voces, imaginando lo que podía ser, se fue al pajar y desató, sin que nadie lo viese, el cabestro que a don Quijote sostenía, y él dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los caminantes, que, llegándose a él, le preguntaron qué tenía, que tales voces daba. Él, sin responder palabra, se quitó el cordel de la muñeca, y, levantándose en pie, subió sobre Rocinante, embrazó su adarga , enristró su lanzón, y, tomando buena parte del campo, volvió a medio galope, diciendo:(I, 44)

A partir de aquí desaparece la rodela y vuelve a utilizar la adarga sin que sepamos el motivo de tal cambio, como queda dicho.

Un nuevo desajuste narrativo.

Sirva de advertencia para los ilustradores que representan a don Quijote con adarga o rodela indistintamente. En la primera salida debe llevar adarga. Rodela, en la segunda, hasta el capítulo 37. A partir de aquí, adarga de nuevo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ARMAS, CERVANTES NOVELISTA, CURIOSIDADES QUIJOTESCAS, NOVELA y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s