MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (5) Feria de maestros en Cangas de Tineo

1. A MODO DE INTRODUCCIÓN

Antes de entrar en la llamada «feria de maestros», creo conveniente explicitar, para los más jóvenes, qué era una feria en los años 20 del siglo pasado. Y no he encontrado mejor explicación que la que nos da el Diccionario de Autoridades (1732):

concurrencia de mercaderes y negociantes en un lugar y día señalado para vender, comprar y trocar ropas, ganados, frutos u otros géneros necesarios al uso común.

Centrémosnos en el ganado y en su venta. El propietario acude al recinto ferial, procedente del lugar en el que se celebra la feria y de los pueblos aledaños. Allí expondrá sus animales, bien presentados, para su venta. Los tratantes intentarán comprar dichas reses una vez examinadas visualmente y a través de un proceso negociador que se caracteriza por el regateo. Si se llega al acuerdo, la venta se sella con un apretón de manos. Entonces se procede al registro del animal para determinar que no tiene defecto alguno que no haya sido detectado en el primer examen visual y que cumple todas las virtualidades que el vendedor dice tener el animal. Entonces se ratifica la compra por parte del tratante y finaliza esta con el pago y la robla en la taberna. Este es el proceso, grosso modo.

Pues bien, Luis Bello, en su obra ya citada Viajes por las escuelas de España (1926), nos habla de una feria en la que se vendían y compraban los llamados maestros babianos y que tenía lugar en tierras del concejo de Cangas de Tineo. En su recorrido asturiano va acompañado por el médico de Villablino (León) y un amigo de Oviedo, a quien le preocupa dicha feria, por lo que se ve obligado a hablar de ella, a pesar de que el tema no es de su agrado y quisiera obviarlo por parecerle denigrante.

Comienza diciendo que la contratación de los maestros babianos en el concejo de Cangas de Tineo «es falso que tenga hoy [1926 o poco antes] sitio en la feria, junto al ganado; pero todavía van a Asturias muchos mozos de Omaña y Babia a ofrecerse de diciembre a marzo, según tradición». Lo que sí admite, como se habrá podido ver,  es la existencia de estos maestros –y en abundancia- en tierras asturianas, que es tradición y que eran considerados como una institución: maestros babianos.

Para describir la feria de maestros se va a valer de una novela publicada en 1922, Entre montañas (La novela de un maestro rural), cuyo autor era Antonio Juan Onieva, inspector de primera enseñanza en Asturias durante varios años y, por tanto, buen conocedor de la realidad docente de los numerosos pueblos asturianos.

A dicha novela recurriremos nosotros directamente. Onieva le dedica el capítulo XVII, que titula «Una feria de Maestros» (pp. 59-63). La sitúa en una población imaginaria que llama Lete, el día de san Andrés. Esta población bien pudiera ser Cangas de Tineo, ya que la feria de san Andrés, el 30 de noviembre, tenía lugar en dicha población. En cualquier caso, según Bello, en el concejo de Cangas.

CONCEJO DE CANGAS DE TINEO (NARCEA)

Ahora sigamos con la novela  de Onieva para conocer los pormenores de estos maestros babianos, cómo son contratados y cuáles eran sus saberes. Aunque el lector se dará cuenta, advertimos que los nombres de los pueblos citados son ficticios.

2. PROCEDENCIA DE LOS MAESTROS Y TITULACIÓN

El maestro de Turuelves, Saturnino Cagigal, se dirige a Castrido, donde desempeña su labor docente el joven maestro titulado José Miguel, protagonista de la novela. A pie, ambos se dirigen hacia Lete, donde llegan a las 12. Allí se les une el maestro de la plaza y los tres van al ferial a presenciar la feria del ganado (vacuno, de cerda, caballar y lanar) y de otras mercaderías. Finalizado el mercado de ganado al mediodía y una vez que han comido en la fonda se dirigen los tres maestros nacionales (de oposición) de nuevo al ferial, pues allí tendría lugar por la tarde la feria de maestros:

Acompañados del maestro de Lete, un señor de avanzada edad, llamado D. Ramiro, se dirigieron los de Turuelves y Castrido al ferial de maestros.

No son maestros titulares estos babianos ―díjoles D. Ramiro―. Ni tienen siquiera certificado de aptitud. Son aldeanos de la región de Las Babias [Babia, Laciana y Omaña], en León, que vienen a esta provincia a dar escuela durante el invierno.

 

BABIA

3. RECONOCIMIENTOO DE SU LABOR DOCENTE

A pesar de que carecen de la titulación académica de maestros, que a la sazón otorgaban las llamadas escuelas normales, de que ni siquiera están en posesión del certificado de aptitud y buena conducta que habilitaba para dar clase de primera enseñanza en escuelas incompletas, su trabajo era reconocido y estimado. Como dirá Bello, «no dejaban de cumplir humildemente un elevado fin».

Generalmente se les contrata para pueblecitos donde no hay escuela nacional, y en determinados casos no puede negarse que hacen un buen servicio, puesto que muchachos, que forzosamente se verían incapacitados para aprender por lo menos a leer y escribir, lo hacen con estos individuos.

4. METODOLOGÍA

Si no han cursado estudios superiores, tampoco han tenido ocasión de aprender metodología alguna docente. Por tanto, hay que suponer que ellos reproducirán la que sus maestros de escuela habían utilizado con ellos o la que de su reflexión pedagógica surja. Eran discípulos del lema educativo «la letra con sangre entra» que aplicarán a rajatabla y de la repetición y memorización como mecanismos de aprendizaje.

No saben otro procedimiento que el del «machaqueo». Es un repeticionismo monótono y pesado hasta la exageración; pero para ellos el único eficaz de la pedagogía.

Antonio Machado (1875-1939 recuerda así la escuela sevillana de su infancia, recuerdos acordes con lo que cuenta la novela:

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

5. SITUACIÓN EN EL FERIAL

Al igual que por la mañana los propietarios de ganados y otros productos exponen sus mercancías, los maestros babianos se exponen a sí mismos para vender su saber:

Acercáronse los tres juntos a un grupo de hombres y muchachos reunidos en corrillos; otros puestos en fila, dispuestos a vender su saber, como aquel sabio griego que en lugar público vendía «prudencia».

6. VESTIMENTA

Van a ejercer en territorio ajeno. Tienen que comenzar vendiendo su ciencia a contratantes desconocidos. La impresión que cause el físico y el vestido no serán ajenos. Por ello, se podría decir que lucen sus mejores galas aptas para pasar el frío invierno en las montañas asturianas. Atrás han dejado el traje de sayal y las madreñas:

Vestían invariablemente traje de pana; tocábanse con boina; envolvíanse el cuello en una bufanda, una de cuyas puntas caía sobre el hombro; llevaban sobre la espalda, a manera de mochila, un atadijo con cintas blancas; calzaban bota fuerte, guarnecida de clavos, y casi ninguno carecía de reloj sujeto con gruesa cadena. Instrumento habitual era un  garrote de nudos o cayada fuerte, labrada por ellos mismos a punta de navaja.

7. INSTRUMENTOS DOCENTES QUE LLEVA CONSIGO Y SABER DE LOS MAESTROS

Como equipaje solo lleva una mochila, por tanto escasa será su ropa de recambio y sus instrumentos pedagógicos. Se diría que estos son los indispensables para probar su saber y después desarrollar su enseñanza: tinta y el tintero, pluma y un libro para enseñar caligrafía.  En cuanto a saberes, todos manifiestan saber leer y escribir, los cuatro tipos de operaciones básicas y algunos problemas, el nuevo sistema de monedas pesas y medidas, romances, la doctrina cristiana, ayudar a misa y un saber muy especial: tocar a «tente nube».[1] En definitiva, lo que exigía la Ley Moyano para la primera enseñanza (Art. 2):

A ver ―gritó un babiano dando una palmada.
Los demás se pusieron en fila. El aldeano de más viso la recorrió con la mirada, como estudiando las cataduras. Y por fin se dirigió a uno de ellos. Mas, como viera allí al maestro de Lete, le dijo:
―Don Ramiro, ¿quiere usted examinar a este?
Don Ramiro se acercó al babiano.
―Vamos a ver. ¿Qué sabe usted?
El babiano descolgó inmediatamente su mochila y sacó de ella un libro, un cuerno con tinta, papel y pluma. El libro era el «Guía del artesano»[2].
―Yo sé leer de corrido, como se puede probar. Y sé echar una firma. Y sé también cuentas. Y además toco el acordeón.
―¿Qué cuentas?
―De las cuatro clases. Y además problemas […]
―¿Y nada más?
―Aparte de la escuela, sé el modo de tocar la campana para desconxurar (disolver o alejar) la nube. Y hago dibujos de navaja en los bastones. Y sé los romances del aparecido, y de Luis Candelas y de Fierabrás y de…

8. EL EXAMEN

La taberna o cantina del pueblo es lugar multiusos. Sirve para beber, para divertirse, para las relaciones sociales, para sellar una compraventa, para recibir a los foráneos… y para examinar a los maestros babianos. Téngase en cuenta que en los pueblos la taberna era el hogar social, el centro de reunión, y por eso se subvencionaba su funcionamiento en aquellos casos de escasa rentabilidad por la escasez de parroquianos. Era lugar importante en los pueblos junto a la iglesia, la escuela y la casa concejo. Y a ella se dirigen maestro y su examinador:

Se marcharon todos con el babiano a la taberna más próxima, como es de rigor que en tal sitio se formalice el contrato, y allí, sentados alrededor de una mesa, leyó, escribió, púsose una suma de dos sumandos larguísimos, inacabables; dijo las pesetas y los duros que son tantos reales y los reales que contienen tantos duros y tantas pesetas, y explicó al fin, dándose mucha importancia, el problema del gitano en la iglesia de los tres altares.

―¿Y de doctrina cristiana?―preguntó don Ramiro.

―Esto no hay que decirlo, porque me sé el catecismo de memoria. Y además enseño a ayudar a misa.

9. EL SUELDO

Ya hemos visto que el sueldo de los maestros nacionales que ejercían en poblaciones de menos de 500 habitantes era escaso; menor que el de cualquier obrero. Por ello, no nos extrañe que estos maestros sin título alguno y pagados por la junta vecinal cobren aun menos. Poco más de una peseta diaria, a lo que hay que añadir el sustento y la cama. Como ya hemos indicado, el hecho de ir pasando por las diversas casas del pueblo que tenían niños de escuela sirvió para que se les designara con un nombre tan expresivo como «cata-potes». En el sueldo no hay regateo:

Cuanto el precio, no hubo regateo. El babiano pidió treinta duros por toda la temporada, desde diciembre a marzo ―con obligación de dar escuela también de noche―, y comida y cama un día en casa de cada vecino. El babiano se despidió de sus compañeros de feria, y con los aldeanos contratantes partió para la aldea.

10. PREFERENCIA DE LOS BABIANOS A LOS MAESTROS DE CARRERA

Aplicando la lógica de que estos maestros babianos se van a adaptar bien a los pueblos asturianos por ser muy similares en la orografía, en la meteorología y en las condiciones de vida, el maestro nacional don Ramiro, el examinador, lamenta que los babianos sean preferidos a los de otras tierras y con titulación. Veamos el razonamiento:

Los aldeanos dicen de nosotros que con bata y gabán ellos, con tanto perifollo ellas, las manos tan blandas de no trabajar, y sin castigar apenas ―porque es de notar que todos estos babianos golpean a los niños bárbaramente-, no se amoldan a los pueblos. Además, matamos a los «neños» haciéndoles que se laven, sobre todo en invierno cuando el agua está tan fría, y que se corten el pelo, las uñas y otras geografías. Si pasan ustedes junto a la escuela de un babiano, no oirán sino el eterno canturreo.

11. EL ACORDEÓN

La diversión en aquellos pueblos montañeses era una realidad reducida a los meses de invierno en los que los trabajos agrícolas habían cesado y los ganaderos requerían menor presencia. Por ello, no debe sorprendernos que se valore especialmente el hecho de que el maestro sepa tocar el acordeón. Con él se animarán las veladas nocturnas y se organizará el baile en zonas en las que los mozos y las mozas necesitaban de pocos y primitivos instrumentos musicales para organizar sus bailes; una botella y un rascador, unas castañuelas, una pandereta, un tambor… Lo que sí puede sorprender es el lugar elegido:

―La clase de día que dan estos maestros apenas tiene importancia. Pero por la noche es ella. Se reúnen en una cuadra, porque no se dispone de otro local en las aldeas, treinta o cuarenta personas entre niños, niñas, mozos y mozas. No hay otra luz que un mal candil de petróleo con un humo apestante, el cual, unido al hedor que exhalan aquellas gentes y a los vahos del estiércol, produce una atmósfera cálida y densa, capaz de arrancar náuseas del estómago más probado. Los mozos suelen apagar la luz y prorrumpen en relinchos, chillan las mozas, lloran los chiquillos, alborota el babiano golpeando con la cayada en el techo, porque sobre el suelo no haría ruido, y se arma una baraúnda infernal un pandemónium infinito…, que termina tirando el babiano de acordeón y armándose un baile agarrao, y…a tragar sudor, polvo y briznas de estiércol.

ACORDEÓN ANTIGUO

12. VUELTA A CASA

Cumplido el contrato y vencido el plazo de dar escuela, el 1 de abril los maestros babianos emprenden el regreso a casa con su dinero ahorrado y con algunas compras a cuestas.  Como nos dice Bello, se reúnen para volver juntos y en ocasiones llenan ellos solos un autobús:

―Y así hasta Pascua Florida ―prosigue don Ramiro―, en que el maestro de Las Babias termina su misión. Cobra sus pesetas, compra un par de botas y alguna prenda de vestir en la villa cercana y se vuelve a su tierra.

13. NO HAY NUEVA CONTRATACIÓN

La lógica de los habitantes de estos pueblos asturianos, hoy, sin duda, sorprende. Nos parecería razonable que el maestro babiano que hubiera cumplido con su trabajo y este hubiera sido del agrado de los vecinos continuara al año siguiente en el mismo puesto de trabajo. Sin embargo, la realidad era otra. Ni los maestros ni los vecinos apostaban por la renovación. Este era el motivo:

―De ningún modo. No hay babiano que pase dos temporadas seguidas en el mismo pueblo. Bien es verdad que dicen los aldeanos que conviene cambiar cada año de maestro, porque los chicos torpes aprenden mejor, y para que los demás no tomen confianza con aquel ni aquel con ellos, y les casque de lo lindo.

CONCLUYENDO

Finalicemos esta panorámica escolar asturiana de las primeras décadas del siglo pasado con las palabras de Bello que dice de los maestros babianos que, con sus luces y sombras, «no dejan de cumplir humildemente un elevado fin». Este no era otro que evitar el analfabetismo y sacar de la ignorancia a un segmento de la población que, por las condiciones geográficas y sociales, las autoridades habían condenado al olvido. Contra este, estas poblaciones, encabezadas por sus juntas vecinales, intentarán poner remedio de la mejor manera que saben.

Parece que en 1926 el sistema de contratación de los maestros babianos no era ya la feria, se había dignificado. Pero Bello reconoce que dichos maestros eran necesarios, «no hay razón para que la costumbre se pierda, pues no ha cesado la necesidad que la creó».

Y esa necesidad, aunque nos parezca mentira hoy, siguió vigente hasta la década de los sesenta del siglo pasado, como podemos atestiguar en el concejo de Ibias (Asturias).


[1] Véase mi post titulado MITOLOGÍA LEONESA: (y 5) REÑUBERO.

[2] Esteban Paluzie y Cantalozella, Guía del artesano. Libro que contiene los documentos de uso más frecuente en los negocios de la vida, y 240 caracteres de letra, para facilitar a los niños la lectura de manuscritos, tan útil a toda clase de personas, Barcelona, 1857. Diversas reediciones en los años posteriores.

 

 

 

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