ROMANCE DEL DESCENDIMIENTO, SEGÚN LA VERSIÓN DE SIERO (LEÓN)

 A ti, madre

Un año más acudo a la Semana Santa leonesa este Viernes de Dolores, aunque sea una contradictio in terminis. Pero así es la realidad. Marca este día el inicio de las procesiones con la de la Dolorosa tanto en la ciudad como en las villas y pueblos de León, reflejo de lo que fue la fe religiosa y de lo poco que queda. Mucho de postureo.

En Siero, la Cuaresma iba jalonada con los calvarios y con los rosarios. El rosario de la Aurora y el de la Buena Muerte se podrán encontrar en este mismo blog. Así mismo, varios calvarios como Alerta, cristianos, alerta; Lágrimas de corazón, Llevemos animosos, Madre afligida, Poderoso Jesús nazareno, y Perdona, Jesús, todos ellos cantados en alternancia en los días penitenciales de Cuaresma y Semana Santa.  Se acompañan con un estudio pormenorizado de este género poético y ejemplo de cómo se tradicionaliza la poesía religiosa.

NUESTRA SEÑORA DEL MERCADO (León)

Al Viernes de Dolores se llegaba después de su novena, preparación para la gran semana. Lo que he llamado Pasión en verso, y publicado aquí, iba recorriendo todos los días desde el Domingo de Ramos y explicando lo esencial de ese día en la vida de Jesucristo. Finalizaba con el día de Pascua y aquella procesión del encuentro en que siempre me llamó la atención aquella talla de Jesús, chiquita, que se procesionaba por no haber otra más adecuada. Destacaba por su pequeñez frente a la de la Virgen dolorosa y después gozosa, a la que le cambiaba su luto por el blanco de la esperanza y de la alegría.

Hoy rindo homenaje a esta semana grande con la publicación de un romance religioso que narra la muerte, el descendimiento y el entierro de Jesús. En Siero se recitaba, y se cantaba, en estas fechas como obra religiosa anónima, sin saber que tenía autor conocido. La habían hecho suya, servía para que el autor legión exteriorizara sus sentimientos religiosos. Era propia del día de Viernes Santo y Sábado Santo, pero no importaba para que resonara en la iglesia en otros días de la Semana Santa.

Y ahí la encontré. Entre las pertenencias de María Fernández Domínguez (Siero de la Reina, 1907-1973), en una vieja libreta bastante deteriorada por el paso del tiempo y seguramente por el uso. En la portada se puede leer «Siero de la Reina 1932». En su interior un título: «Pasio». A continuación, de forma manuscrita, un poema estructurado en series de cuatro líneas, con alguna excepción. Pretende imitar la estrofa de cuatro versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, sin conseguirlo por el desconocimiento poético de su copista. Este no sabía que lo que estaba escribiendo era un romance, serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, y no uno de los muchos poemas tradicionales de carácter religioso que sí se estructuraban en coplas.

Al final de la «Pasio» aparecen tres datos importantes:

  1. a) Un título más largo que el del inicio: «Pasión de Nuestro Señor Jesucristo».
  2. b) El nombre del copista: «Escrita por el señor Fidel Domínguez». Familiar de la destinataria, natural de Villafrea de la Reina (León).
  3. c) La destinataria: «Para la señorita María Fernández». Natural de Siero.

Es muy probable que el copista actuara de amanuense y escribiera al dictado de alguien que conocía la «Pasio» y se la iba recitando. Es decir, el archivo que contenía tal poema era la memoria; la oralidad su medio de transmisión.

Y se puede afirmar casi con total seguridad que ni el recitador/a ni el copista ni la destinataria sabían que dicha «Pasio» era un romance compuesto en el siglo XVIII por el poeta jerezano Lucas del Olmo Alfonso[1], autor de buen número de composiciones religiosas que circulaban impresas en pliegos de cordel por toda la geografía española. Ejemplares de este romance, impresos en Valencia y en Madrid en el citado siglo, se pueden encontrar reproducidos en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, por citar solo un ejemplo. Lleva el siguiente título: Romance Mystico a la dolorosa passion de Nuestro Señor Jesu Crhisto, y Mysterio del Descendimiento de la Cruz. Compuesto por Lucas del Olmo Alfonso. Es un romance de 162 versos con rima asonante en e-a.

IGLESIA DE SIERO

Esta pasión de Siero es un claro ejemplo de la tradicionalización de una obra impresa de autor conocido (Véase al respecto mis post titulado  TRADICIONALIZACIÓN DE OBRAS POÉTICAS RELIGIOSAS: CALVARIOS Y OTROS GÉNEROS LITERARIOS EN VERSO). Se ha perdido la autoría, se la considera anónima, su vía de transmisión es la oral, se han eliminado fragmentos del original, se ha reorganizado y ha sido sometida al proceso que Menéndez Pidal denominó vivir en variantes. Solo dos ejemplos ilustrativos de cuanto vengo diciendo, amén de los solecismos que el lector podrá encontrar y que son propios de un amanuense iletrado.

Comienzo del romance original: «Alma, si eres compasiva, / atiende y considera/ al pie de la Cruz María / viendo estar pendiente de ella / a su Dulcísimo Hijo…»

Comienzo de la «Pasio» de Siero: «Alma, si eres compasiva, mira,/ atiende y considera que, al/  pie de la cruz, María viendo/ está el pendiente en ella,/ a su santísimo hijo…»

El segundo de los ejemplos es el final. Así es en el romance original: «para recibir el premio / después de la vida eterna». En la «Pasio» de Siero: «para recibir el / premio después en la / gloria eterna».

Y sin más explicaciones, transcribo el texto sierense adecuándolo a la ortografía vigente y estructurándolo en una serie seguida de versos octosílabos conforme al original.

 PASIO

Alma, si eres compasiva,
mira, atiende y considera
que, al pie de la cruz, María
viendo está el pendiente en ella,
a su santísimo hijo
abierto por cinco puertas[2],
corriendo arroyo de sangre;
coronada la cabeza
de penetrantes espinas,
cayendo la sangre en ellas[3],
que por el divino rostro
a hilo a hilo gotea.

MARÍA Y SAN JUAN AL PIE DE LA CRUZ

Mira qué color difunto,
a aquella boca de perlas;
parece un clavel morado
de haber caído en las piedras.
Las rosas de sus mejillas,
dos cardenales en ellas;
la garganta que a la nieve
no la hacía diferencia.
Desollados[4], renegridos
hombros y espaldas abiertas
por la cruz y los azotes;
los huesos se ven por ellas.
Su madre le está mirando
y oye cómo se lamenta:
―Hijo del mi corazón,
¿qué culpas fueron las vuestras
para quitaros la vida
siendo la misma inocencia?
¡Ay de lo que me hacéis,
atended, mirar mis penas,
si hay dolor que a mi dolor
pueda hacerle competencia;
que solo este hijo tenía
y por envidia y soberbia,
[5]sin culpa, me le han muerto.
¡Oh, mi Dios, que me atraviesa
una espada el corazón!
¡Y ay, que la noche se acerca¡
No tengo una sepultura
ni una mortaja siquiera
ni quien de la cruz le abaje.
¿Qué hará aquí esta esclava vuestra?
Ángeles de mi custodia,
¿cómo no aliviáis mis penas?
Los ángeles la dicen:
«No nos han dado licencia
de[6] bajar a vuestro hijo,
que corre por otra cuenta».
Vuelve la Virgen los ojos
y vio que tenía cerca
una cuadrilla de gente;
traían dos escaleras.
Le[7] dice sobresaltada
a san Juan desta manera:
«Dime, Juan, hijo querido:
¿sabrás qué gente es aquella?;
¿qué injurias quedrán hacer
a esta infinita grandeza?»
San Juan dice: «Madre mía,
calle y no tengáis pena,
que es[8] José[9] y Nicudemos[10]
y vendrán a cosa buena[11].

DESCENDIMIENTO DE JESÚS DE LA CRUZ, DE JUAN DE JUANES, SIGLO XVI

Llegan los santos varones
y, viendo la humilde reina
al pie de la cruz llorando,
comenzaron con gran pena
a decir su sentimiento.
En las palabras primeras,
con la fuerza del dolor,
todos a llorar comienzan.
Llora José, Nicudemos;
llora la sagrada reina
y todos los que allí estaban,
san Juan y la Madalena.
Tales eran los sollozos
que los corazones quiebran.
La humilde reina les dice:
«La noche se acerca»[12].
Y José y[13] Nicudemos
arriman las escaleras
al santo árbol de la cruz;
ambos subieron por ellas.
Ya le quitan la corona
y a su madre se la entregan,
que corona el Rey del cielo
tuvo puesta en la cabeza.
―¡Ay, mi Dios, que los mortales
la traten con reverencia!
Luego le quitan los clavos
y a su madre se le entregan.
―¡Oh, clavos, que atravesasteis
aquellas palmas inmensas,
que al cielo y todas las cosas
dieron ser[14], y las conserva;
heristeis[15] mi corazón
como una aguda saeta!
Bajan al difunto cuerpo
y san Juan por la cabeza,
Madalena por los pies,
a su madre se le entregan.
Recibiéndolo en su brazos
y viendo a aquella belleza,
que está tan desfigurada,
muy triste, a decir comienza:
«Venir los que estéis enfermos,
que la medicina es esta;
venir, que a todos convido
y que a ninguno se niega».
Nicudemos y José,
con los ungüentos que llevan,
ponen el difunto cuerpo
en una sábana nueva.
Le envuelven, y[16] un sudario
pusieron en su cabeza.
Van muchos fieles delante
y los que al difunto llevan:
Nicudemos y José;
detrás va la humilde reina
rodeada de serafines,
las tres Marías con ella[17].

ENTIERRO DE JESÚS, DE SISTO BADOLOCCHIO (1581-1647)

Al pasar por el Calvario,
adoró la humilde reina
al santo árbol de la cruz,
todos los demás con ella.
Se despidieron llorando
y su bendición les echa;
hasta la resurrección
que con mucha fe la esperan[18].
Tratemos de acompañarla
y consolarla en sus penas
para recibir el premio
después en la gloria eterna.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
Escrita por el señor Fidel Domínguez.
Para la señorita María Fernández.


[1] Muy poco es lo que se sabe de este poeta. Solo conocemos los datos que se pueden extraer de sus obras. Así sabemos que entre 1700 y 1733 publicó en Sevilla al menos dieciséis romances.

[2] Las cinco llagas: la lanzada del costado, las dos de los clavos de las manos y las dos de los clavos de los pies.

[3] En la libreta las.

[4] En la libreta desollándose, que no tiene sentido.

[5] Suprimo la preposición en con la que comienza el verso.

[6] Añado esta preposición, que está en el original del pliego, para que el verso no quede cojo.

[7] Añado el pronombre le, que está en el original, para que el verso no quede cojo.

[8] Elimino el adjetivo san que precede a José, que está en la libreta, ya que el que se halla al pie de la Cruz es José de Arimatea y no san José, esposo del Virgen. Además, el verso resultaría de nueve sílabas y no ocho como requiere el texto.

[9] Se trata de José de Arimatea, presente en el descendimiento. Era este judío, el hermano menor de Joaquín, el padre de la Virgen. Era miembro del Sanedrín y decurión del Imperio Romano. Según la tradición cristiana, era el propietario del sepulcro en el que fue enterrado Jesús.

[10] El nombre es Nicodemo. Estuvo presente en el descendimiento de la cruz de Jesús. Era judío, rico fariseo y miembro del Sanedrín. El evangelio dice que era hombre principal entre su pueblo.

[11] En la libreta, con error evidente y sin sentido: «y vendrá una casa buena».

[12] Verso cojo al modificar el original: «Mas la dolorosa madre / dixo: la noche se acerca».

[13] He añadido las dos conjunciones copulativas y que faltan en la libreta, pero que están en el original,  para que el verso sea octosílabo

[14] En la libreta: fuiste nira.

[15] En la libreta iristis.

[16] Añado la conjunción copulativa y para evitar que el verso resulte cojo.

[17] María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé.

[18] Sigo al original en estos dos  versos porque los de la libreta carecen de sentido: «esta la resurrecion que con mucho fiel pera».

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