MAESTROS «TEMPOREROS» DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN EN ASTURIAS EN LOS SIGLOS XIX Y XX: (1) El marco legislativo

El sistema educativo español estuvo reglado desde 1857 a 1970 por la Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857, conocida popularmente como Ley Moyano. El nombre se debe al ministro de Fomento que fue su impulsor: Claudio Moyano Samaniego (1809-1890). Por aquel entonces la enseñanza carecía de ministerio propio. Hasta 1900 no se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

En los más de 100 años de la existencia de la Ley Moyano los diferentes gobiernos la fueron desarrollando mediante sucesivos desarrollos reglamentarios, pero sin cambiar la ley. Fue ley de la monarquía, de la república y de la dictadura.

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CLAUDIO MOYANO

Como nuestro análisis se va a centrar esencialmente en el papel que los maestros temporeros leoneses desarrollaban en los pequeños pueblos asturianos durante los meses de noviembre a mayo en la segunda mitad del siglo XIX y primera del siglo XX, es necesario que comencemos señalando las principales características que dicha ley establecía para la primera enseñanza elemental, ámbito en el que se ha de desenvolver el colectivo al que nos referimos y por el que se ha de regir.

La Ley Moyano establecía tres niveles educativos: primera enseñanza, segunda enseñanza  y enseñanza superior. A su vez, dividía la primera, objeto de nuestro estudio, en elemental  y superior.

La enseñanza primera elemental era obligatoria para todos los españoles y comprendía el periodo de 6 a 9 años. Los padres o tutores que no enviaban a sus hijos a la escuela eran sancionados con multas que van desde los 2 a los 20 reales. Solamente era  gratis para aquellos hogares que no la podían pagar. El curso escolar durará todo el año, con disminución del número de horas de clase en el período veraniego (la ley lo llama canícula). Las escuelas eran de niños y de niñas, con las excepciones que veremos más adelante.

Los contenidos educativos de esta etapa se regulan en el artículo 2:

Primero. Doctrina cristiana y nociones de Historia sagrada, acomodadas a los niños.

Segundo. Lectura.

Tercero. Escritura.

Cuarto. Principios de Gramática castellana, con ejercicios de Ortografía.

Quinto. Principios de Aritmética, con el sistema legal de medidas, pesas y monedas.

Sexto. Breves nociones de Agricultura, Industria y Comercio, según las localidades.

Se establecen tres tipos de escuelas de primera enseñanza: completas (se imparten todas las enseñanzas del artículo 2), incompletas (solo una parte) y temporeras (funcionan solo una parte del año, normalmente de noviembre a mayo y en algunos casos menos: de diciembre a marzo).

En los pueblos de 500 habitantes existirá una escuela completa de niños y otra, aunque sea incompleta, de niñas. El número de escuelas irá subiendo en función del número de habitantes. Para los pueblos de menos de 500 habitantes, que es nuestro caso, se establece lo siguiente:

Art. 102. Los pueblos que no lleguen a 500 habitantes deberán reunirse a otros inmediatos para formar juntos un distrito donde se establezca escuela elemental completa, siempre que la naturaleza del terreno permita a los niños concurrir a ella cómodamente; en otro caso cada pueblo establecerá una escuela incompleta, y si aun esto no fuera posible, la tendrá por temporada.

Las Escuelas incompletas y las de temporada se desempeñarán por adjuntos o pasantes, bajo la dirección y vigilancia del Maestro de la Escuela completa más próxima:

Art. 103. Únicamente en las escuelas incompletas se permitirá la concurrencia de los niños de ambos sexos en un mismo local, y aun así con la separación debida.

El sostenimiento económico de todo tipo de escuelas correrá a cargo de las rentas propias (si las tuviera), de la aportación de los alumnos y de los presupuestos municipales, provinciales o del Estado, dependiendo del tipo de escuela. A partir de 1901 el Estado asume el pago del salario de los maestros de oposición, ya que los municipios pagaban poco, tarde y en algunos casos dejaban meses sin retribuir;  para los municipios se deja el coste de mantenimiento de la escuela, que en muchos casos dejaba mucho que desear.

Existían tres tipos de maestros:

  1. los de oposición, que habían obtenido su título en las Escuelas Normales y daban clases en las escuelas completas;
  2. los habilitados: personas sin la carrera de magisterio que se sometían a un examen de aptitud y moralidad ante la Junta Local de Instrucción Pública e impartían sus clase en las escuelas incompletas;
  3. los temporeros: carecían de carrera o habilitación y solo podían dar clase en las escuelas temporeras contratados por las juntas vecinales.

Ley moyano

La ley también estable los sueldos de los maestros

Art. 191. Los Maestros de Escuelas públicas elementales completas disfrutarán:

Primero. Habitación decente y capaz para sí y su familia.

Segundo. Un sueldo fijo de 2.500 rs. anuales, por lo menos en los pueblos que tengan 500 a 1.000 almas; de 3.300 rs. en los pueblos de 1.000 a 3.000; de 4.400 rs. en los de 3.000 a 10.000; de 5.500 rs. en los de 10, a 20.000; de 6.600 rs. en los de 20.000 a 40.000; de 8.000 rs. en los de 40.000 en adelante, y de 9.000 reales en Madrid.

Art. 192. Los Maestros y Maestras de las Escuelas percibirán, además de su sueldo fijo, el producto de las retribuciones de los niños que puedan pagarlas. Estas retribuciones se fijarán [44] por la respectiva Junta local, con aprobación de la de provincia.

Art. 193. En los pueblos que tengan menos de 500 almas el Gobernador fijará, oyendo al Ayuntamiento, la dotación que éste ha de dar al Maestro, o la cantidad con que ha de contribuir para dotar al del distrito que se forme, según lo prevenido en el art. 102.

Art. 194. Las Maestras tendrán de dotación respectivamente una tercera parte menos de lo señalado a los Maestros en la escala del art. 191

Tomemos como referencia dos tipos de poblaciones:

  1. a) Las de 500 a 1000 almas: 2500 reales anuales. No llegan a 7 reales diarios o lo que es lo mismo menos de dos pesetas.
  2. b) Las de menos de 500 almas: los ayuntamientos pagarán a los maestros y como veremos más adelante, estos, a su vez, delegarán en las juntas vecinales.

Demos un paso en el tiempo y situémosnos en la década 1910 a 1920, cuando ya el Estado se ha hecho cargo del pago del salario a los maestros y veremos que la situación económica de este colectivo sigue siendo similar a la de 1857. Estos son los salarios según el estudio de Antonio Rodríguez Pérez[1]:

En 1911 había en España 7.810 maestros que cobraban 500 Ptas. anuales; 6.552 que cobraban 625 Ptas. a los veinticinco años de servicio y 1.301 tenían un sueldo de 825 Ptas. Es decir hay un conjunto de unos 15.000 maestros cuyo haber diario oscila entre 5 y 9 reales.

Realicemos ahora una rápida comparativa de sueldos. En 1753, según el Catastro del Marqués de la Ensenada, un obrero agrícola ganaba en La Uña (León) 2 pesetas diarias por día trabajado. En 1910, los peones del Ayuntamiento de Valladolid[2], la categoría laboral más baja de dicha institución, ganaban 810 pesetas anuales, es decir, 310 más que un maestro de oposición y que era destinado a los lugares más recónditos. También en 1910, el sueldo medio diario de los obreros de Altos Hornos de Bilbao[3] era de 5,06 pesetas, o lo que es lo mismo 1847 pesetas anuales. Diferencias significativas.

De las 500 pesetas de 1911 se pasará a las 2000 de 1920, salto cuantitativo importante:

En 1920 había nueve categorías de maestros de los cuales 16.440 pertenecían a la categoría más baja con un salario anual de 2.000 Ptas. y sólo 50 componían la categoría más elevada, con un sueldo de 8.000 Ptas. anuales.

Así pues, los de la categoría más baja tenían un salario diario de 5,47 pesetas, o lo que es lo mismo casi 22 reales. Si lo comparamos con las 10, 23 que cobraba un obrero de Altos Hornos de Bilbao, la diferencia nos parece que sigue siendo significativa.

Con este sistema retributivo, que no se alteraría significativamente hasta la década de los sesenta del siglo pasado, no es extraño que naciera el refrán que aún perdura en la mente de nuestros mayores: «pasar más hambre que un maestro de escuela». Ejemplos de la primera mitad del siglo XX tanto en pueblos de la montaña leonesa como de la asturiana son los que sobran. Por ello, haremos nuestra la conclusión a la que llega Antonio Pérez y que es harto elocuente: «la historia del magisterio [español] es una historia de endémica pobreza».


[1] «El maestro y su salario: visión sociohistórica», Aula, 1 (1985), p. 103

[2] Guillermo A. Pérez Sánchez, «La evolución del empleo y del salario en el Ayuntamiento de Valladolid: 1875-1930. Análisis cuantitativo», IH, 10 (1990), p. 34.

[3] Emiliano Fernández de Pinedo, «Beneficios, salarios y nivel de vida obrero en una gran empresa siderúrgica vasca, Altos Hornos de Vizcaya (1902-1927). Una primera aproximación», Revista de Historia Industrial, 1 (1992), p. 141.

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