CURIOSIDADES BIOGRÁFICAS CERVANTINAS: (9) excomunión y cárcel en Andalucía

1. EXCOMUNIÓN

Antonio de Guevara había sido nombrado por Felipe II abastecedor general de la escuadra naval que ultimaba don Álvaro de Bazán para invadir Inglaterra y derrocar a Isabel I. A su vez, Guevara delegó en Diego de Valdivia el cometido de su trabajo en Sevilla. Este nombró a Miguel de Cervantes comisario real de abastos para la Armada Invencible con el encargo de recoger trigo, aceite y cuantos artículos fuesen necesarios para su abastecimiento. Cobraría 12 reales por día trabajado.

A finales de abril o en los primeros días de mayo de 1587 Miguel de Cervantes emprende viaje desde Esquivias con destino a Sevilla, ciudad que se había de convertir en su lugar de residencia y centro desde el que partía para realizar sus comisiones de abastos por Andalucía a las órdenes del licenciado Diego de Valdivia.

Así, como comisario real de abastos para la Armada Invencible lo encontramos  el 22 de septiembre de 1587 en Écija (Sevilla). Entre septiembre y noviembre Cervantes había requisado las siguientes cantidades de trigo y cebada:

A Rodrigo Dávila, vecino de Écija, 170 fanegas de trigo; a don Gutierre Lasso, 96 y media, pertenecientes al diezmo; a Luis Vázquez de Alderete, 161 y media, también de diezmos; a la fábrica de Santa María de Écija, 30 y media; a la de la parroquia de Santa Cruz, 90; al obispo de Guadix, 118; a don Francisco de Alfaro, vecino de Sevilla, 45; al canónigo Isidro de las Cuevas, 56 y 10 almudes; a Antonio de Mercado y Jerónimo de Montoro, arrendadores de los diezmos de las collaciones de Santa María, Santa Cruz y Santiago, 309 y media; al referido Montoro, de diezmos, 365 y 10 almudes; al deán y cabildo de la catedral de Sevilla, 256; a los mismos deán y cabildo, 99 y media; al beneficiado Martín de la Puebla, 106 y media, y a don Francisco Enríquez de Ribera, maestrescuela de la catedral de Sevilla, 120. En total, hasta primeros de Noviembre, 2.024 fanegas de trigo más 20 almudes.

(Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra)

Obsérvese que en la relación de personas o instituciones a quienes se les ha embargado aparecen el deán de la catedral de Sevilla, su cabildo y dos cargos más. Todos ellos protestarán ante el obispado quien reacciona por medio de su provisor dictando la orden de excomunión de Cervantes por haber embargado bienes a la Iglesia y ordenando al vicario de Écija que hiciera pública dicha excomunión colocando copia del documento en las tablillas de las iglesias. En aquel tiempo de dominio e imperio de la religión católica era un castigo muy grave ya que suponía dejarle fuera de la Iglesia (Excomulgar: Apartar a alguien de la comunión de los fieles y del uso de los sacramentos).

Así pues, Cervantes tendrá aquí el primer gran contratiempo como comisario al enfrentarse a la Iglesia, o lo que es lo mismo, se produce un enfrentamiento entre la Iglesia y la Corona, ya que Cervantes representa al rey Felipe II. Cervantes actúa de acuerdo con las órdenes, poderes y atribuciones reales que se le habían dado para abastecer a la Armada Invencible: «Ordenar prisiones, embargos, secuestros de bienes, aprehensión de bagajes, carros, carretas y lo demás a ello No consta documentalmente cuándo fuera absuelto; pero es de suponer que lo estaría en Junio, cuando Guevara comenzó a pagar el trigo embargado tanto a particulares como a eclesiásticos. anejo y dependiente» para poder sacar el grano o el aceite por la fuerza a las personas que se negaran, fueran seglares o eclesiásticos.

El 24 de febrero de 1588 Cervantes seguía excomulgado. De esa fecha es un poder notarial que otorga en Sevilla a Fernando de Silva «a fin de que compareciese por él ante el provisor y juez vicario general de Sevilla y su arzobispado y ante el de Écija y otros cualesquier jueces y justicias eclesiásticas, y gestionara y suplicase le absolviesen de la censura y excomunión que contra él pesaba».

No existe constancia documental de cuándo fue absuelto. Lo cierto es que Cervantes continuó con sus comisiones, ya que finalizada la saca de Écija se dirigió a Castro del Río (Córdoba). Es de suponer que en junio de 1588 lo estaría, ya que en esa fecha Antonio de Guevara comenzó a pagar el trigo embargado en Écija tanto a los seglares como a los eclesiásticos.

En resumen, Cervantes, una vez finalizadas sus comisiones en tierras cordobesas, regresa a Sevilla hacia el 10 de enero de 1588. «Su comisión a las órdenes de Valdivia había durado ciento doce días, que a 12 reales de salario, sumaban 1.344 reales, o sea 45.696 maravedís, que le quedaba debiendo el Rey».

Vista panorámica parcial con campanarios. Campiña de Sevilla.

ÉCIJA (SEVILLA)

2. CÁRCEL EN CASTRO DEL RÍO (CÓRDOBA)

De nuevo en Écija. El juez de comisarios y corregidor de la villa de Écija Francisco Moscoso se traslada a Castro del Río (Córdoba), donde se encontraba Cervantes ejerciendo su comisión,  por una denuncia que se ha presentado contra él en la que se le acusa de haber vendido de forma ilegal para su particular aprovechamiento trescientas fanegas de trigo pertenecientes a la saca realizada en Écija. Dicta sentencia condenatoria contra Cervantes el 19 de septiembre de 1592. Dicha documentación, que se hallaba en el Archivo de Simancas, se ha perdido. Con los extractos que en la segunda mitad del siglo XIX se habían sacado de dicha documentación, Jerónimo de Morán realiza el siguiente relato en su Vida de Cervantes (1863):

Por lo que consta y resulta de autos, condenó a Cervantes a que dentro el día de la notificación dé y entregue, vuelva, restituya y ponga en Écija, en poder del depositario del pósito de dicha ciudad, trescientas fanegas de trigo, que se habían sacado por cuenta de S. M. para el servicio de sus galeras, las cuales sin orden suya vendió para que disponga de ellas el proveedor general de S. M. lo que conviniere al real servicio; y en cuanto a diez fanegas de trigo del regidor Juan de Valcárcel, y seis fanegas de cebada de Don Benito de Aguilar, les dé certificaciones para que puedan cobrar su valor de S. M. dentro de quince días; y si no, las pague él, pasado dicho término, en que le da por condenado: y en cuanto a los cien reales que tomó por sus salarios de la villa de Montilla, que si en la cuenta no los hubiere metido por cuenta de su salario, los vuelva a la real hacienda; y si la tuviere por dar, se le bajen de su salario; y en cuanto a los demás cargos, le absuelve y da por libre. Y si no entrega luego las trescientas fanegas de trigo, le condena a que las pague a catorce reales cada fanega, que es al precio que vale y se compraron. Condénale además en seis mil maravedís para gastos de guerra, y en cuatro días del salario del juez y sus oficiales, y costas del proceso y viajes; y no teniendo bienes, a sus fiadores.

La sentencia se le comunicó a Cervantes el día 21 de septiembre y se le encarcela sin permitírsele que se defienda. Salió de la cárcel en libertad bajo fianza. No se sabe exactamente el tiempo que estuvo preso, pero lo cierto es que a finales de octubre se halla ejerciendo su comisión y ayudando a Andrés de Cerio en la saca de 5000 arrobas de aceite de Écija, Marchena, El Arahal y Utrera. La orden la había firmado Pedro de Isunza, sustituto del destituido comisario general Antonio de Guevara,  el 24 de octubre en el Puerto de Santa María.

CASTRO DEL RÍO

CASTRO DEL RÍO (CÓRDOBA)

3. CÁRCEL EN SEVILLA

En 1594 finaliza Miguel de Cervantes su trabajo como comisario de abastos en Andalucía. No obstante, en Madrid, el 23 de agosto de ese mismo año consigue un nuevo puesto: recaudador para cobrar ciertos atrasos de tercias y alcabalas en varios pueblos del Reino de Granada. Firman como fiadores Francisco Suárez Gascó además del propio Cervantes y su mujer.

En Sevilla, Cervantes había depositado las sumas recaudadas en manos del banquero Simón Freire de Lima. Este cae en bancarrota y Cervantes no puede recuperar el dinero allí depositado. Con fecha 6 de septiembre de 1597, el fiador de Cervantes Suárez Gascó logra una provisión en Madrid para que este acuda a la corte a rendir cuentas en el plazo de veinte días. Se traslada dicha provisión a Sevilla al licenciado Gaspar de Vallejo, juez de la Audiencia hispalense, quien, en un claro abuso de poder, encarcela a Cervantes en la cárcel real de Sevilla, una de las seis existentes, dadas las diferentes jurisdicciones (cárcel de la Hermandad, cárcel del Arzobispo, cárcel de la Audiencia, cárcel de la Casa de Contratación y cárcel de la Inquisición). Estaba situada en la confluencia de la actual calle de Sierpes con la plaza de San Francisco. Hoy no queda nada del edificio.

Teniendo en cuenta el lugar y la fecha de la provisión (Madrid, 6 de septiembre) y el tiempo que tardaría en llegar hasta Sevilla, habrá que pensar que el encarcelamiento cervantino tendría lugar a finales de septiembre.

CÁRCEL DE SEVILLA

CÁRCEL REAL DE SEVILLA EN EL SIGLO XVI, SEGÚN UN  DIBUJO DE JUAN NAVARRO (h. 1700)

El 1 de diciembre de dicho año se ordena al licenciado Vallejo que ponga a Cervantes en libertad bajo fianza. No acatará dicha orden hasta meses después. Sabemos que el 31 de marzo se encontraba ya libre en Sevilla, aunque seguía debiendo dinero al erario público.

Este periodo de cárcel sevillano es el que se ha considerado como el tiempo en que Cervantes comenzó a escribir la primera parte del Quijote haciendo caso de lo que el propio autor dice en el prólogo de la obra cuando afirma que «se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación». Si esto fue así, Miguel de Cervantes fue uno de los encarcelados con privilegios, pues de lo contrario no habría podido escribir nada en aquel recinto en el que vivían en condiciones infrahumanas los presos hacinados, era lugar de encuentro de los bajos fondos sevillanos y tenían lugar lucrativos negocios entre sus habitantes y las autoridades.  Esta es la descripción que nos ofrece la página Alma mater hispalense en su capítulo dedicado a «La administración de justicia del siglo XVI» según el testimonio de Cristóbal Chaves y Pedro de León, que conocieron de cerca la cárcel sevillana en el último cuarto de siglo del XVI y dejaron testimonio escrito de ello:

Como existían pocos medios para financiar la estancia de tantos delincuentes y los que había solían mermarse por los corruptos administradores, los internos tenían que procurarse su propio sustento o, en caso contrario, correr el peligro de morir de hambre. Había celdas que podían ser alquiladas al precio de quince reales al mes, y que evitaban al preso tener que convivir con 300 o más compañeros de desgracia, en una celda común y en condiciones infrahumanas. Los funcionarios que guardaban la cárcel, explotaban a los presos por toda clase de procedimientos, pero éstos también procuraban sacar provecho de su situación, utilizando todos los resortes, que tan bien conocían, de la estafa, la extorsión, o la simple amenaza. Algunos hacían guardia ante las letrinas y obligaban a pagar a todo aquel que quería usarlas, un pequeño canon por pisar las piedras que había colocadas en el suelo para evitar los excrementos. Otros, que sabían escribir, montaban un escritorio para redactar las cartas de los analfabetos, naturalmente mediante el pago de una determinada cantidad.

Finalicemos indicando que no fue esta la última vez que Cervantes entró en la cárcel. Lo haría en Valladolid entre el 29 de junio y el 1 de julio de 1605 por el llamado caso Ezpeleta. De ello hablaremos en el post dedicado a las Cervantas.

 

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