CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS: (6) desajustes o incoherencias narratológicas en la segunda parte del Quijote

1. CONSIDERACIONES

La edición príncipe de la segunda parte del Quijote sale a la luz en noviembre de 1615. Es esta una edición que se gestó y se llevó a cabo con tiempo y sin prisas en los talleres de la imprenta madrileña de Juan de La Cuesta. Así lo indica el tiempo transcurrido entre el privilegio de impresión, concedido el 30 de marzo, y la aprobación definitiva, que es de 5 de noviembre. Siete meses para editar la obra y someterla a todo tipo de correcciones.

Sin embargo, esta segunda parte tiene mayor número de erratas que la primera, que, como ya hemos dicho, fue una edición ejecutada con prisas y sin correcciones. Francisco Rico, al analizar la historia del texto de esta parte en su magnífica edición de 2004, nos habla del «penoso desaliño del Ingenioso caballero» desde el punto de vista material de la impresión.

Dejando aparte las erratas obvias achacables a los cajistas, hay que seguir indicando, como en el caso de la primera parte,  que encontramos desajustes narratológicos que solo son imputables al descuido y a la falta de corrección de su autor Miguel de Cervantes, si bien es cierto que son menos numerosos que en la primera parte.

2. DESAJUSTES

2.1. ANACRONISMO EN LA VESTIMENTA DE MONTESINOS

En los capítulos 22 y 23 se narra la aventura de don Quijote en la cueva de Montesinos. Este, atado a una soja, sujetándola el primo y Sancho, baja a la cueva y allí se encuentra con Montesinos, personaje medieval que da nombre a la sima. Es este un personaje del romancero viejo español, en concreto del ciclo carolingio. Deriva del protagonista del cantar de gesta francés Aïol et Mirabel (siglo XII). Fue un paladín de Carlomagno y con él lucho en la batalla de Roncesvalles. Por tanto, un personaje medieval.

Montesinos-02

MONTESINOS

En el interior de la cueva ve don Quijote un suntuoso palacio cuyas paredes parecían de cristal. Se abren las puertas y sale al encuentro de don Quijote Montesinos:

Por ellas salía y hacia mí se venía un venerable anciano, vestido con un capuz de bayeta morada que por el suelo le arrastraba. Ceñíale los hombros y los pechos una beca de colegial, de raso verde; cubríale la cabeza una gorra milanesa negra, y la barba, canísima, le pasaba de la cintura; no traía arma ninguna, sino un rosario de cuentas en la mano, mayores que medianas nueces, y los dieces asimismo como huevos medianos de avestruz (II, 23).

El anacronismo radica en presentar a Montesinos con una vestimenta que es mezcla del héroe de romancero medieval y de colegial humanista cristiano del siglo XVII.

2.2. PROBLEMAS TEMPORALES

El primo y Sancho descuelgan a don Quijote al interior de la cueva de Montesinos. Al cabo de media hora, deciden volver a subirlo a la superficie:

Cuando las voces, que acanaladas por la cueva salían, dejaron de oírse, ya ellos tenían descolgadas las cien brazas de soga, y fueron de parecer de volver a subir a don Quijote, pues no le podían dar más cuerda. Con todo eso, se detuvieron como media hora, al cabo del cual espacio volvieron a recoger la soga… (II, 22)

SACANDO A DON QUIJOTE DE LA CUEVA

DON QUIJOTE VUELTO A LA SUPERFICIE (G. DORÉ)

Cuando don Quijote se encuentra fuera cuenta al primo y a Sancho sus visiones en el interior. En un momento determinado don Quijote pregunta a Sancho cuánto tiempo ha estado dentro de la cueva. Este le respondió que «poco más de una hora» (II, 23). Observemos que poco antes había dicho que media hora. A lo que don Quijote le replicó:

Eso no puede ser, porque allá me anocheció y amaneció, y tornó a anochecer y amanecer tres veces, de modo que, a mi cuenta, tres días he estado en aquellas partes remotas y escondidas a la vista nuestra.

Si anocheció y amaneció cuatro veces, serán cuatro días y no tres. Y aquí no cabe argumentar error tipográfico como cuando don Quijote se confunde en la multiplicación de nueve por siete que dice que son setenta y tres en vez de sesenta y tres (I, 4).

2.3. SANCHO, ¿MUÑIDOR O PRIOSTE?

Antes de ejercer Sancho como gobernador de la ínsula Barataria, don Quijote le aconseja cómo ha de realizarlo. Una de las carencias que ve en Sancho para desempeñar bien el cargo es que no sabe leer ni escribir, cualidades que don Quijote cree necesarias y de gran valía en los gobernadores. Por ello le propone que, al menos, aprenda a firmar. Ante lo cual Sancho contesta:

Bien sé firmar mi nombre; que cuando fui prioste en mi lugar, aprendí a hacer unas letras como de marca de fardo, que decían que decía mi nombre (II, 43).

El prioste era el mayordomo de las cofradías. Cervantes se ha olvidado que en la primera parte del Quijote había dicho que el cargo que había desempeñado era otro de inferior categoría, el de muñidor, aunque le habría gustado llegar a desempeñar el de prioste:

Porque por vida mía que un tiempo fui muñidor de una cofradía, y que me asentaba tan bien la ropa de muñidor que decían todos que tenía presencia para poder ser prioste de la mesma cofradía (I, 21).

(Muñidor: «Criado de cofradía, que sirve para avisar a los hermanos de las fiestas, entierros y otros ejercicios a que deben concurrir». DRAE)

2.4. SUCESO QUE SE DA POR CONTADO Y NO ES ASÍ

SANCHO GOBERNADOR

SANCHO IMPARTIENDO JUSTICIA (G. DORÉ)

Nombrado Sancho gobernador de la ínsula Barataria, comienza a impartir justicia. El primer caso en el que interviene es el del labrador,  el sastre y las caperuzas. Resuelto este con la sentencia, se presenta uno nuevo que es el de los dos hombres ancianos, uno de los cuales ha prestado al otro diez escudos que no le ha devuelto. Antes de iniciarse dicho relato se dice lo siguiente:

Si la sentencia pasada de la bolsa del ganadero movió a admiración de los circunstantes, esta les provocó la risa (II, 44).

El caso de las relaciones entre la dueña y el ganadero y su bolsa de cuero con dinero se relata a continuación y no antes como se ha dicho. Claro cambio de orden sin que se corrija la frase de encabezamiento.

2.5. DOÑA CASILDA, DUQUESA

En el palacio de los duques, don Quijote permanece convaleciente sin salir de su habitación. En ella entra doña Rodríguez, criada de la duquesa, alumbrándose con una vela, quien a don Quijote cuenta su vida pasada. Le dice que es natural de las Asturias de Oviedo y que sus padres la llevaron a servir a Madrid donde la dejaron con una señora principal, llamada Casilda, de cuya categoría social nada se dice. Se casó con un escudero de Casilda. Al contar la muerte de este, hace a Casilda duquesa, sin que antes se hubiera dicho que lo era:

Divulgóse la cortesía de mi esposo, tanto que los muchachos le corrían por las calles, y por esto y porque él era algún tanto corto de vista, mi señora la duquesa le despidió, de cuyo pesar, sin duda alguna, tengo para mí que se le causó el mal de la muerte (II, 48).

Posible confusión de la antigua señora con la actual, la duquesa.

DOÑA RODRIGUEZ

DOÑA RODRÍGUEZ Y DON QUIJOTE (G. DORÉ)

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