LA MANQUEDAD DE MIGUEL DE CERVANTES CANTADA POR SÍ MISMO

1. LA BATALLA

La documentación conservada sobre la batalla naval de Lepanto es abundantísima. A través de ella, se puede seguir todo lo que ocurrió en dicho enfrentamiento naval.

Fue este un enfrentamiento religioso-político. En él combatieron las naves cristianas de la llamada  Liga Santa (España, El Papado, Venecia, Génova, Ducado de Saboya y Orden de Malta), mandada por don Juan de Austria (24 años), y las del Imperio Otomano, al mando de Alí-Pachá, que nunca habían sido vencidas. Del lado cristiano peleaban 236 naves y 63. 500 soldados, frente a las 354 y 47. 000 soldados del lado turco. El enfrentamiento tuvo lugar el día 7 de octubre de 1571 frente a la ciudad griega de Lepanto (actualmente Naupaktos), en la unión del golfo de Patrás y de Corinto. La victoria se decantó del lado de los cristianos con la muerte de unos 30. 000 turcos, entre ellos Alí- Pacha, y 190 galeras hundidas o capturadas; del lado cristiano murieron 7. 600 soldados, 21. 000 fueron heridos, entre ellos Cervantes,  y fueron capturadas 12 naves, más tarde recuperadas.

El ala izquierda de la escuadra cristiana estaba formado por cincuenta y cinco galeras más la capitana, al mando del veneciano Agostino Barbarigo. Entre estas naves se hallaba la Marquesa, a bordo de la cual se hallaba Miguel de Cervantes. Este peleó en el esquife junto con otros doce soldados más, embarcación que se lleva a bordo de la galera como bote auxiliar. En los combates, este se desembarcaba y se situaba junto a la galera para evitar el abordaje. Por tanto, era uno de los lugares más peligrosos. Allí recibió Cervantes dos arcabuzazos: uno en el pecho, y otro en la mano izquierda, que se la dejó inutilizada.

El 31 de octubre la escuadra española entraba en Mesina donde el herido Miguel de Cervantes fue hospitalizado. Allí permanecerá hasta mediados de abril de 1572 en que fue dado de alta, aunque la herida del pecho le seguía sangrando. El 24 vuelve a su actividad militar y se incorpora a la compañía de Manuel Ponce de León, del tercio de don Lope de Figueroa.

golfo de lepanto

MAPA DE LA BATALLA DE LEPANTO 

2. CERTIFICACIÓN DE LA PARTICIPACIÓN DE CERVANTES Y DE SU MANQUEDAD

El 21 de mayo de 1590 Miguel de Cervantes Saavedra solicita al Consejo de Indias un puesto en las Indias. La respuesta fue la siguiente: «Busque por acá   en que se le haga merced». Amén de la solicitud, se adjunta un memorial al que acompaña su hoja de servicios a la Corona. Entre estos se encuentra su participación en la batalla naval de Lepanto, que forma parte del siguiente documento:

Información de Miguel de Cervantes de lo que ha servido a S. M. y de lo que ha hecho estando cautivo en Argel, y por la certificación que aquí presenta del duque de Sesa se verá cuando lo cautivaron se le perdieron otras muchas informaciones, fees y recados que tenía de lo que había servido a S. M. (Información fechada el 17 de mayo de 1578. Recibida por Rodrigo Cervantes en Madrid, a 29 de mayo de 1590).

La Información consta de seis preguntas dirigidas a los entonces alféreces  Mateo Santisteban y Gabriel de Castañeda, al sargento Antonio González de Monsalve y a don Beltrán del Salto y de Castilla,  La que nos interesa es la cuarta pregunta:

Si saben que en la dicha batalla naval, se reconoció la armada del turco, estaba el dicho Miguel de Cervantes con calentura, y unos amigos suyos le dijeron que, pues estaba tan malo, que se metiese debajo de cubierta de la galera, pues no estaba sano para pelear; y el dicho Miguel de Cervantes respondió que no hacía lo que debía metiéndose bajo cubierta, sino que mejor haría morir como buen soldado en servicio de Dios y del rey; y así peleó como valiente soldado en el lugar del esquife como su capitán [Sancto Pietro, que murió en el combate] le mandó; y después de la batalla, sabido por el señor don Juan de Austria cuán bien le había servido, la acrecentó cuatro ducados más de su paga.

Transcribo solo la respuesta del alférez Castañeda, presente en dicha batalla:

El dicho Miguel de Cervantes estaba malo con calentura, y este testigo vio que su capitán e otros amigos suyos le dijeron que, pues estaba malo, no pelease y se retirase debajo de cubierta, porque no estaba para pelear; y entonces vio este testigo que el dicho Miguel de Cervantes respondió a dicho capitán y a los demás, que le habían dicho lo sudodicho, muy enojado: «Señores, en todas las ocasiones que hasta hoy en día se han ofrecido de guerra a su majestad y se me ha mandado he servido muy bien, como buen soldado, y así, ahora, no haré menos, aunque esté enfermo y con calentura; más vale pelear en servicio de Dios y de su majestad y morir por ellos que no bajarme bajo cubierta; y que el capitán le pusiese en la parte y lugar que fuese más peligrosa y que allí estaría y moriría peleando, como dicho tenía». Y así el dicho capitán le entregó el lugar del esquife con doce soldados, adonde vio este testigo que peleó muy valientemente como buen soldado contra los dichos turcos hasta que se acabó la batalla, de donde salió herido en el pecho de un arcabuzazo, y de una mano de que salió estropeado.

 La actuación de Miguel de Cervantes se nos muestra acorde con lo que escribiera años más tarde en la segunda parte del Quijote, en la que por boca de don Quijote nos da a conocer las cinco razones por las que un hombre debe exponer su vida:

Los varones prudentes, las repúblicas bien concertadas, por cuatro cosas han de tomar las armas y desenvainar las espadas, y poner a riesgo sus personas, vidas y haciendas: la primera, por defender la fe católica; la segunda, por defender su vida, que es de ley natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, en servicio de su rey, en la guerra justa; y si le quisiéremos añadir la quinta, que se puede contar por segunda, es en defensa de su patria. (II, 27)

 3. VICTORIA HEROICA

Si para el historiador oficial del reinado de Felipe II, la batalla naval de Lepanto supuso «La vitoria mayor que en el mar jamás alcanzaron los cristianos [que] rompió la potencia del turco, tenida por invencible y sus fuerzas por insuperables» (Cabrera de Córdoba, Historia de Felipe II, libro IX, cap. 27), para Miguel de Cervantes fue una victoria heroica al frente de la cual estaba don Juan de Austria y en la que tuvo el honor de participar:

Arrojose mi vista a la campaña
rasa del mar, que trujo a mi memoria
el heroico don Juan la heroica hazaña.

Donde con alta de soldados gloria,
y con propio valor y airado pecho
tuve, aunque humilde, parte en la vitoria.

(Viaje del Parnaso, I, vv. 139-144, 1614)

4. CÁNTICO Y DEFENSA DE LA MANQUEDAD

 1738DIBUJO DE KENT, GRABADO POR VERTUE. Londres, 1738

4.1. LA VICTORIA ENMASCARA EL DOLOR

En fecha cercana a la victoria naval, hacia 1577, encontrándose preso en Argel, Cervantes escribe su famosa Epístola a Mateo Vázquez de Leca, secretario de Felipe II. En ella describe el enfrentamiento entre las dos armadas y nos da noticia de su participación y de sus consecuencias, convirtiéndolas en su mayor timbre de gloria:

Vi el formado escuadrón roto y deshecho,
y de bárbara gente y de cristiana
rojo en mil partes de Neptuno el lecho;

la muerte airada, con su furia insana,
aquí y allí con prisa discurriendo,
mostrándose a quien tarda, a quien temprana;

el son confuso, el espantable estruendo,
los gestos de los tristes miserables
que entre el fuego y el agua iban muriendo;

los profundos suspiros lamentables
que los heridos pechos despedían,
maldiciendo sus hados detestables.

Helóseles la sangre que tenían,
cuando, en el son de la trompeta nuestra,
su daño y nuestra gloria conocían.

Con alta voz, de vencedora muestra,
rompiendo el aire claro, el son mostraba
ser vencedora la cristiana diestra.

A esta dulce sazón, yo, triste, estaba
con la una mano de la espada asida,
y sangre de la otra derramaba.

El pecho mío, de profunda herida
sentía llagado, y la siniestra mano
estaba por mil partes ya rompida.

Pero el contento fue tan soberano
que a mi alma llegó, viendo vencido
el crudo pueblo infiel por el cristiano,

que no echaba de ver si estaba herido,
aunque era tan mortal mi sentimiento,
que a veces me quitó todo el sentido
(vv. 115-144)

4.2. HERMOSA HERIDA

De 1613 es este texto perteneciente al retrato que el propio Cervantes  nos ofrece de sí mismo en el «Prólogo al lector» en sus Novelas ejemplares en el que vuelven algunas de las ideas del texto citado anteriormente:

Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria.

4.3. GLORIA DE LA MANO DIESTRA

El dios Mercurio, guía de la nave que llevará hasta el Parnaso a Cervantes, realiza el elogio de su actuación en Lepanto y de los resultados gloriosos de su mano derecha:

Y él a mí dijo: -¡Oh sobrehumano y sobre
espíritu cilenio levantado!,
¡toda abundancia y todo honor te sobre!

Que, en fin, has respondido a ser soldado
antiguo y valeroso, cual lo muestra
la mano de que estás estropeado.

Bien sé que en la naval dura palestra
perdiste el movimiento de la mano
izquierda, para gloria de la diestra.

(Viaje del Parnaso, I, 208-216, 1614)

 4.4. OFENSA DE AVELLANEDA Y DEFENSA DE CERVANTES

Corría el año de 1614 cuando bajo el nombre falso de Alonso Fernández de Avellaneda apareció una segunda parte apócrifa del Quijote: Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha. En el «Prólogo», su autor ofende a Cervantes y su manquedad:

—y digo mano pues confiesa de sí que tiene sola una; y hablando tanto de todos, hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos,  tiene más lengua que manos—

Un año después, en 1615, Cervantes publica la verdadera segunda parte del Quijote con cambios significativos en el título para diferenciarse del falso: Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de La Mancha. En el «Prólogo al lector» Cervantes responde a los insultos e injurias que contra él había dirigido Avellaneda:

Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimación de los que saben dónde se cobraron; que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga; y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza; y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

4.5. EL ÚLTIMO TEXTO: EL MANCO SANO

El último texto cervantino que se conserva en el que nos habla de su manquedad se halla en el «Prólogo» de Los Trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), obra póstuma. Es este un texto que ha sido considerado como el mejor escrito en lengua española tanto por lo que dice como por cómo lo dice: perfecta imbricación entre contenido y forma. En él encontramos al estudiante pardal que, camino de Madrid a lomos de su burra, se encuentra con Cervantes. Esta fue su reacción al oír el nombre de nuestro autor:

Apenas hubo oído el estudiante el nombre de Cervantes, cuando, apeándose de su cabalgadura, cayéndosele aquí el cojín y allí el portamanteo, que con toda esta autoridad caminaba, arremetió a mí y acudiendo a asirme de la mano izquierda, dijo:

– ¡Sí, sí; este es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y finalmente el regocijo de las musas!

4.6. EL ENEMIGO QUE ALABA LA MANQUEDAD

De todos es conocida la enemistad manifiesta que Lope de Vega profesaba en vida a Cervantes. A él se debe aquel comentario de que  ningún poeta «hay tan malo como Cervantes», ni nadie «tan necio que alabe a Don Quijote». Sin saber por qué, cuando Cervantes llevaba ya catorce años muerto, en El Laurel de Apolo (1630), Lope realiza un encendido elogio de la manquedad cervantina:

En la batalla donde el rayo austrino,
hijo inmortal del águila famosa,
ganó las hojas del  laurel divino
al rey de Asia en la campaña undosa,
la fortuna envidiosa
hirió la mano de Miguel Cervantes;
pero su ingenio, en versos de diamantes,
los del plomo volvió con tanta gloria
que por dulces, sonoros y elegantes,
dieron eternidad a su memoria,
porque se diga que una mano herida
pudo dar a su dueño eterna vida.

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LOPE DE VEGA

CONCLUSIONES

  1. Miguel de Cervantes Saavedra, aunque estaba enfermo, participó activamente en la batalla naval de Lepanto el día 7 de octubre de 1571.
  1. Su participación tuvo lugar en el esquife de la nave Marquesa.
  1. Como consecuencia de los enfrentamientos con los soldados turcos, sufrió un arcabuzazo en el pecho que le causó una herida que tardo largo tiempo en curar y otro en la mano izquierda que se la dejó inútil.
  1. Tanto la batalla, como su participación y sus heridas las convirtió el propio protagonista en materia literaria en varias de sus obras.
  1. Siempre se sintió orgulloso de su participación en la citada batalla y de su contribución a la victoria cristiana sobre el turco.
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