BIENES PROPIOS Y BIENES COMUNALES DE LOS PUEBLOS LEONESES: QUIÑÓN/QUIÑONES Y EXQUIÑONES

Como te lo conté te lo vuelvo a contar. Espero que lo recuerdes. Ahora pasa el filtro de la escritura y vuelve a la letra la explicación de aquel tórrido sol de septiembre en Los Exquiñones. No hicimos caso de la soleadura y de que en los meses con erre es mala. Así, al día siguiente ya había alguno con catarro, incluso con fiebre.

Son muchos pueblos leoneses, en la actualidad, los que todavía son propietarios de bienes rústicos y urbanos, propiedades que en algunos casos vienen ya de la Edad Media y que algún político avezado, recientemente, quiso poner en entredicho para gobernarlos él.

SIERO

SIERO

Dichas propiedades no gozaban ni gozan del mismo régimen jurídico de aprovechamiento y uso. Sus ordenanzas, cuando se han conservado, lo certifican. Se distinguían y distinguen dos tipos de propiedades concejiles: bienes propios y bienes comunales.

Tienen la consideración de bienes propios aquellos cuyo uso y explotación se realiza a través de arrendamiento y cuyo esquilmo se utiliza para pagar los gastos públicos. No se pueden aprovechar comunalmente. Son la base sobre la que se ha sustentado el pago de las cargas del pueblo como entidad.

Me referiré como ejemplo de lo dicho a los pueblos de La Uña y de Siero, ambos en la montaña oriental de la provincia de León.

En 1753, según el Catastro del marqués de Ensenada, los propios de La Uña eran los puertos de ganado fino (normalmente ganado lanar) de La Cuesta, Buspepe (actualmente Guspepe) y La Horcada (mixto con Acebedo). De ellos obtenían una renta anual de 3450 reales. En la actualidad solo se conserva como bien propio la parte que le corresponde con Acebedo del puerto de La Horcada.

Siero, también según el Catastro de Ensenada (1752) que comienza «En el lugar de Siero», sin más aditivos, tenía sus bienes propios: el puerto de Valdeguiza, el de El Rollo y el de La Viesca; el de Picones pertenecía a la marquesa de Valverde que abonaba al pueblo de Siero 266 reales anuales; también era propietario de una casa arrendada en 12 reales anuales. En total los bienes propios producían 4425 reales anuales al pueblo. Actualmente estos bienes propios han pasado a ser bienes comunales.

Los bienes comunales son aquellos que se utilizan y explotan o bien comúnmente por todos los vecinos del pueblo o de forma individual sin que el pueblo ceda la titularidad. Entre estos bienes se hallan:

– aquellos montes que no son bienes propios, a los que se llevan los ganados del Común para pastar organizados en veceras o de forma individual, se realiza el aprovechamiento de la leña para alimentar el fuego de los hogares (las llamadas suertes, que en otros lugares se llaman quiñones), se cortaba la madera para armar las casas o se practicaba la caza;
– los prados conocidos como quiñones;
– las senaras;
– fraguas, molinos…
– y otros edificios.

En Siero, actualmente, de aquellos bienes de antaño solo conservan como bienes comunales los montes en los que se integraron los puertos de ganado fino citados. Son los montes catastrados como 431, Rollo y Valdemolinos, y 433, Valdeguiza.

En La Uña, también a día de hoy, han desaparecido la fragua y un prado que en 1753 se citaban como bienes comunales; estos lo constituyen los montes 416, Güería y Hayedo, y 419, La Cuesta.

Habría que añadir, que no se me había olvidado,  que, así como en buena parte de España los bienes comunales fueron enajenados, en el presente los pueblos montañeses se han conservado los bienes comunales antiguos y los han ampliado con propiedades urbanas, como la casa de concejo, casa del médico, consultorio médico, escuelas desafectadas, los toriles, etc.

Volviendo al Catastro de Ensenada, se puede leer en él que en los dos pueblos citados hay prados situados en un paraje denominado Los Quiñones, aunque, como veremos más adelante, ya habían perdido el carácter de bien comunal del pueblo. Hoy estos parajes han pasado a denominarse Exquiñones en ambos lugares. Y es que estos topónimos son testigos mudos de un sistema de explotación agrícola que hoy aquí ha desaparecido, pero que se conserva en otros pueblos de la provincia de León como Laguna de Negrillos o Villaturiel, por poner solo dos ejemplos, cuya explotación se regula mediante las correspondientes ordenanzas: se define quiénes son los que tienen derecho a los quiñones, el modo de repartirlos, la duración del usufructo, la renta que han de pagar, etc.

Pero ¿qué eran los quiñones?

La palabra quiñón (del latín QUNIO –ONIS ‘grupo de cinco’) se registra ya en el siglo XI. Y es una palabra polisémica. En la Edad Media se utiliza mayoritariamente en el campo agrícola para referirse a la división de la tierra que se siembra o de los prados. Su uso está ampliamente documentada en toda la provincia de León y en otras provincias españolas.

Apliquémosla a la montaña, en la que desde la Edad Media domina la actividad ganadera: predomina el ganado vacuno y se complementa la actividad con ganado lanar, caprino y caballar. La actividad agrícola siempre ha sido complementaria y nunca ha sido esencial.

En primer lugar habría que decir que los quiñones en estos dos pueblos montañeses eran bienes comunales del pueblo; eran parcelas o suertes de terreno pertenecientes a la pradería que se daban al cabeza de familia con carácter temporal o vitalicio sin renta o coste alguno, pero sin que el pueblo perdiera su titularidad. Hay ejemplos en los que las ordenanzas señalan que al cabeza de familia de los nuevos matrimonios se le entregaba un quiñón como ayuda a su nueva vida. Aquí no hay quiñones de tierras de sembradura, como, por ejemplo, en El Páramo.

LA UÑA

LA UÑA

En La Uña, los quiñones se hallaban en el paraje que hoy se conoce como los Exquiñones, situado a la entrada del pueblo viniendo desde Acebedo, entre la carretera y el río. En Siero están ubicados entre boca de Valdefraes y boca de Valdehabla. En ambos casos son praderías llanas y de regadío; por tanto, buenos prados.

Según el testimonio de Ensenada, para 1752-53 todavía eran quiñones, aunque no figuran entre los bienes comunales del pueblo. Hay que suponer que todavía no habían pasado a ser propiedad de particulares, como en la actualidad. Este proceso parece que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX. Y de ahí que se le añadiera el prefijo privativo ex– (‘que ya no es’), produciéndose el topónimo Exquiñones. Los más antiguos del lugar nacidos al comienzo del siglo XX, con recuerdos e información del siglo XIX, siempre conocieron los pagos a los que me vengo refiriendo con su nombre actual.

¿Cuál fue el origen de los quiñones? Se desconoce. Pero se podría pensar que en los casos que nos ocupan, y teniendo en cuenta su ubicación, bien pudieron ser una finca grande que un señorío dona al pueblo o este la compra en un momento que desconocemos, convirtiéndose el Común en propietario y administrador: la divide en suertes o quiñones.

En el caso de las senaras, de las que hablaremos otro día, parece que su origen está en el desbroce de zonas de montes comunales para ser aprovechadas como tierra de siembra colectiva y de propiedad del pueblo, que más tarde se reparte y pasa a propiedad particular.

Finalicemos con una nueva referencia. En el valle de Riosol, en la propiedad del Ayuntamiento de Burón, hay un término que se conoce en la actualidad como El Quiñón. Está formado por tres prados, rodeados de vegetación arbórea, pertenecientes a tres familias diferentes de La Uña, el pueblo más cercano a dicho enclave. Lo más probable es que en su origen fuese una sola propiedad, ya que los propietarios actuales tienen vínculos familiares, y de ahí el nombre de quiñón, en singular. Por su ubicación en la falda de la montaña conocida como La Cerra, se podría pensar que en su origen el terreno estaba poblado por árboles, al igual que el terreno que lo rodea,  y que en un momento determinado el Ayuntamiento de Burón decidió eliminar la vegetación arbórea –como se hacía con las senaras- y convertirlo en pradería y sacarlo a arrendamiento; uno de los vecinos de La Uña  se quedaría con dicha parcela arrendada hasta que en el siglo XIX los quiñones se enajenan y quedan en propiedad de los arrendatarios. Sería este un ejemplo de un quiñón ganado al monte y convertido en bien propio de un pueblo, como hoy siguen existiendo en diversas partes de la provincia de León, donde los quiñones se siguen repartiendo entre los vecinos, pero mediante el pago de una determinada cantidad de dinero al año.

VALLE DE RIOSOL

VALLE DE RIOSOL

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