TENTE NUBE Y SANTA BRÍGIDA DE KILDARE (SIGLO V)

En la noche de transición entre el día 31 de enero y el 1 de febrero, a eso de las doce de la noche,  en muchos pueblos de la provincia de León –antes en muchos más que ahora- los mozos hacían repicar las campanas de forma ininterrumpida hasta llegar el alba. Era un rito preventivo para ahuyentar las malas nubes venideras y sus perniciosos efectos.

En el calendario cristiano, el día 1 de febrero se celebra la fiesta de santa Brígida, monja irlandesa fundadora de uno de los primeros monasterios de la isla y continuadora de la labor evangelizadora de san Patricio, con quien comparte patronazgo de Irlanda. Es, pues, una de las festividades cristianas invernales, pero que de algún modo preludia ya la primavera porque los días se van alargando.

hqdefaultLas campanas tocaban a «tente nube» y su toque duraba varias horas, como se ha dicho. En las celebraciones actuales el tiempo dedicado a ese menester nocturno de campanas es ya muy limitado, para no molestar, incluso hay casos que se ha trasladado a la tarde.   El rito tenía como objetivo ahuyentar de la comarca las malas nubes para que no perjudicaran a los productos de la tierra que se había sembrado o se había de sembrar, tanto en su inicio como en su desarrollo primaveral y mucho menos en la época estival, cuando se debía recoger el fruto.

Se creía que esa noche era cuando los diablos tormenteros (rañuberos) preparaban las tormentas que iban destinadas a arruinar las cosechas con su pedrisco durante el resto del año. También se consideraba como un mal presagio no tocar  las campanas. Referido al toque de campanas para conjurar los males de las tormentas en las situaciones amenazantes de estas, en 1538 había escrito Pedro Sánchez Ciruelo (c. 1470-1560) que era este un procedimiento natural que se apoyaba en los estudios de física de Aristóteles. El otro procedimiento que él recomendaba era de tipo moral: las oraciones.  Con estos dos procederes intentaba rechazar la siguiente creencia popular:

Los nigromantes hacen creer a la simple gente que los diablos engendran el nublado, el granizo o pedrisco y toda la tempestad de truenos, relámpagos y rayos, y que en aquellas nubes vienen los diablos y que es menester conjurarlos para echarlos de sobre la ciudad y lugar y de sus términos. Pues para en este caso ellos han ordenado ciertos conjuros y dicen que con ellos harán huir de allí a los diablos con sus nublados (Reprobación de las supersticiones y hechicerías, parte tercera, cap. IX).

PEDRO SÁNCHEZ CIRUELO (Antigua facultad de Medicina de Zaragoza)

PEDRO SÁNCHEZ CIRUELO (Antigua facultad de Medicina de Zaragoza)

Como decía recientemente el campanero de Villabalter –que se esfuerza en transmitir a cuatro jóvenes de ambos sexos los diferentes toques de campana-, a las campanas había que hacerles cantar una y otra vez aquellas dos rendondillas de versos tetrasílabos y rimas abrazadas (4a-4b-4a-4b) -que también se suele llamar cuarteta- , con las que el campanero se acompañaba en recitado silencioso en su repique de campanas:

Tente, nube,
tente tú,
que Dios puede
más que tú.

Tente, nube;
tente, palo,
que más puede
Dios que el diablo.

La variabilidad del poema es evidente y depende de las poblaciones y zonas.

Santa_Brigida_dIrlanda-di_Cell_Dara-BAhora surge la pregunta: ¿Por qué se anexiona este ritual religioso a santa Brígida? Yo creo que la respuesta está, una vez más, en la cristianización de un rito pagano. La religión cristiana, para erradicar una fiesta pagana de gran arraigo en el pueblo, lo que hizo fue hacerla suya despojándola del elemento pagano y trasvasar su contenido esencial a moldes y creencias ajustadas a su paradigma religioso.

Brigid era una diosa pagana céltica  a quien, entre sus atribuciones, se la consideraba como la diosa del hogar, del fuego, protectora de los alimentos (diosa de la fertilidad), de la vivienda campesina, etc. y que fue una de las diosas más populares de los pueblos nórdicos. Se la anexionaba con el imboolc, fiesta celta que tenía lugar al inicio de la primavera. Era esta festividad una de las cuatro grandes de su calendario. En ella tenían lugar rituales diversos, como los de la fertilidad o el fuego purificador.

Al cristianizarse la festividad, los atributos paganos pasan a la santa cristiana del siglo V, santa Brígida de Kildare. Y así en la celebración de su muerte, el día 1 de febrero, con la proximidad de la primavera, cuando ya hay varios productos sembrados o se está preparando el terreno para sembrar, se la invoca para que el campo, incluso los ganados, sean fértiles. Y para que la fertilidad no se trunque por la acción de las tormentas se acude al toque de campana para que el mal destructor de las nubes (rayos y pedriscos) no afecta a los sembrados de los que depende la alimentación y el bienestar de los campesinos.

Sería un caso similar al de la cristianización la fiesta de la candelaria –día 2 de febrero-, de la que ya hablé en un post en este mismo blog.

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