INVOCACIÓNES LITERARIAS A LAS DIVINIDADES: I EL MUNDO GRECOLATINO

La retórica grecolatina, o arte de bien hablar, aconsejaba al orador dividir su discurso en partes para que fuera efectivo y que el oyente así las percibiera. Cicerón en Retórica a Herenio las concreta en seis: exordio, narración, división, confirmación, confutación y conclusión.

M-T-Cicero

CICERÓN (106 – 43 a. C.)

Las teorías retóricas también se aplicaron a las obras literarias, que obedecían, al igual que el discurso en su creación, a unas normas y estructura. Desde el punto de vista de la estructura, las seis partes de la Retórica a Herenio  se reducían a tres: un  principio (exordio), un medio (nudo) y un final (desenlace). Dos son los objetivos del exordio: captar la atención, el favor  y la benevolencia del lector y presentar la materia que se va a desarrollar. Hablando de Homero, Quintiliano, uno de los rétores latinos más famosos y cuya obra ha ejercido gran influencia en los siglos posteriores,  nos da las características de estos inicios de las obras poéticas en  sus Instituciones oratorias, X, 1, 48:

Pues por lo que hace a esto, ¿por ventura no guardó,  o por mejor decir, no estableció la ley de los exordios en los muy pocos versos que puso en el principio de uno [Ilíada] y otro [Odisea] de sus poemas? Porque se hace benévolo al oyente con la invocación de las diosas que creían presidir a los poetas; se le hace atento proponiendo la grandeza de las cosas, y dócil haciéndole entender  ligeramente él todo el asunto.

QUINTILIANO (c. 95 D. C. - ¿?)

QUINTILIANO (c. 95 d. C. – ¿?)

Es en esta parte en la que, con carácter general, se encuentra la invocación a las divinidades, aunque pueda aparecer también en el nudo. Sigamos con el testimonio de Quintiliano:

Y si nadie extraña que los más grandes poetas invoquen la asistencia de las musas, no solamente al principio de sus obras, sino en medio de ellas, cuando ocurre algún pasaje dificultoso,  donde de nuevo se repiten sus invocaciones, también a mí se me podrá disimular ejecute ahora lo que no hice al principio, invocando la asistencia de todos los dioses, y principalmente la de aquel mismo que es el dios más benigno, y que más fomenta  las letras, para que me comunique tanto ingenio, cuantas son las esperanzas que de mí concibió; para que me sea propicio y favorable, y sea yo tal, cual es el concepto que formó de mí. (Instituciones oratorias, IV, Prohemio)

El escritor se dirige a las divinidades, sean paganas o cristianos, para procurar la inspiración, el ánimo y la fuerza para componer la obra literaria, la capacidad de distinguir entre lo falso y lo verdadero, la palabra poética adecuada. Recaba de ellas su ayuda, ya que se considera un simple intermediario. Así pues, la invocación se fundamente en el concepto que el hombre tiene del proceso creativo literario. Para Platón, la creación poética no depende de conocimientos o saberes adquiridos por el poeta, sino que surge de una intervención divina: se trata de un don gratuito que recibe el poeta; la divinidad le inspira, le trasmite el contenido poético (Apología de Sócrates, Ion y Fedro). Aunque el propio Platón admite también otro proceso creativo: la imitación de la realidad (República). Es este proceso inferior al de la inspiración porque la copia de un modelo siempre resulta imperfecta.

PLATÓN (427 - 347 a. C.)

PLATÓN (427 – 347 a. C.)

Con tres ejemplos ilustraremos la invocación pagana del mundo grecolatino:

a) Homero, Ilíada, 2, 484-489:

Decidme ahora, musas, dueñas de olímpicas moradas,
pues vosotras sois diosas, estáis presentes y lo sabéis todo,
mientras que nosotros solo oímos la fama y no sabemos nada,
quiénes eran los príncipes y los caudillos de los dánaos.

LAS MUSAS

LAS MUSAS

b) Hesíodo, Teogonía, 104-115:

¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la estirpe sagrada de los sempiternos inmortales, los que nacieron de Gea y del estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crio el salobre Ponto. (…) E inspiradme esto, musas, que desde un principio habitáis las mansiones olímpicas, y decidme lo que de ello fue primero.

HESÍODO Y LA MUSA, de Gustave Moreau (1891)

HESÍODO Y LA MUSA, de Gustave Moreau (1891)

c) Virgilio, Eneida, I, 8-11:

Cuéntame, Musa, las causas; ofendido qué numen
o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas
empujó a un hombre de insigne piedad, a hacer frente
a tanta fatiga. ¿Tan grande es la ira del corazón de los dioses?

VIRGILIO (70 - 19 a. C.)

VIRGILIO (70 – 19 a. C.)

Eneida, IX, 77-79:

¿Qué dios, oh musas, alejó de los teucros incendios
tan crueles? ¿Quién libró a los barcos de fuego tan grande?,
decidme: antigua es la fe en lo sucedido y perenne su fama.

La poesía antigua no solo invocaba a las musas, también invocaba al gran dios Zeus / Júpiter. Así lo harán Píndaro, Teócrito, Arato, Virgilio, Ovidio, Boecio, etc. Veamos a Píndaro (VI-V a. C), Nemea, II:

Al igual que los rapsodas de Homero comienzan ordinariamente sus cánticos por las alabanzas de Zeus, así Timodemo, que yo canto hoy, ha recibido en el bosque consagrado a Zeus las primicias de las coronas que debe un día ceñir su frente.

ZEUS

ZEUS

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