CANTO Y BACÍN DE REGLA

1. IMPUESTOS O TRIBUTOS QUE LOS HABITANTES DE LA UÑA (LEÓN) PAGABAN A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII

Si leemos con detenimiento las respuestas a las preguntas 15,16, 24, 26, 27 y 28 del Catastro del Marqués de la Ensenada (1749-1753) obtendremos la nómina de los impuestos que los castellanos y leoneses de mediados del siglo XVIII pagaban. Y desde luego que no eran pocos. Incluso alguno nos puede resultar hasta desconocido. Y es que existen impuestos o tributos de ámbito general o particular, reales o señoriales, eclesiásticos o reales, aplicados a todos los ciudadanos o solo a algún sector (estado llano, estado noble, eclesiásticos, etc.), que pagan las entidades o los individuos, etc. Nos serviremos del ejemplo del pueblo de La Uña –llamado lugar en el Catastro– y sus Respuestas Generales en el mencionado Catastro de Ensenada (1753).

Hasta 13 tributos diferentes encontraremos. Estos son:

  • ECLESIÁSTICOS: diezmo, rediezmo, primicia, tercia, voto a Santiago, forales de los carros y canto de Regla.
  • MUNICIPALES: sisa y arbitrio.
  • REALES: alcabala, servicio ordinario y extraordinario.
  • SEÑORIALES: martiniega y fumazgo.

2. UN TRIBUTO DESCONOCIDO

De estos trece solamente me detendré en uno, el llamado «Canto de Regla». La razón es muy sencilla: cuando estaba leyendo el Catastro y me encontré con este tributo me llevé una sorpresa porque era la primera vez que tenía noticia de su existencia; no sabía de qué se trataba.

La respuesta fue la habitual en estas ocasiones y en estos tiempos modernos: intentar aclarar en qué consistía este tributo. Inicié el camino a través de Internet y ahí tuve ya una primera sorpresa: aparecía en numerosos archivos relacionados con Ensenada, pero no se explicaba su significado. Solamente lo encontré en uno, perteneciente a un blog santanderino llamado Curiosón. Esta era su explicación:

«El canto de regla [sic] debe referirse a la contribución que recibía el sacerdote a cambio de los salmos litúrgicos o rezado de las horas».

La explicación me pareció errónea por una sencilla razón. En las Respuestas Generales del Catastro no se dice quién lo cobra, pero sí en el libro dedicado a los tributos que paga El Común y en el dedicado a los eclesiásticos: es un  tributo que cobra la fábrica de la catedral de León a través de sus administradores o cobradores; por tanto, no es adecuado hablar de sacerdotes de las parroquias, sino que habría que hacerlo, en todo caso, de canónigos del cabildo catedralicio, aspecto este que tampoco es acertado como veremos más adelante. Obsérvese, además, que el Curiosón ha escrito «regla» con minúscula y debiera hacerlo con mayúscula ya que la palabra forma parte de un enunciado lingüístico más amplio cual es el nombre de la catedral de León: NUESTRA SEÑORA DE REGLA.

Todo lo anterior me obligó a proseguir la búsqueda. Me dirigí a uno de los representes del cabildo catedralicio, quien tampoco conocía el tributo. Entonces decidí realizar la búsqueda directa en el lugar que debía tener documentación al respecto: el Archivo de la Catedral de León. La atención prestada allí por su personal fue excelente y fruto de ella fue la consulta de dos carpetas de documentos referidas al tema: una de 1676-1677 y otra de 1800-1856. En ambas el tributo se llama «Canto y bacín de Regla», lo que añade un nuevo problema: «bacín». Quiere decir esto, que en realidad se está hablando de un solo tributo, pero con dos partidas económicas diferentes que la fábrica de la catedral de León cobraba en todas las parroquias de su diócesis: el «canto» recababa una cantidad fija en cada parroquia ya que se cobraba un tanto por cada habitante mayor de siete años, mientras que el «bacín» se refería a una cantidad variable ya que estaba ligado a las limosnas que los feligreses daban a la iglesia en los días festivos.

ACL

ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE LEÓN

3. DESHACIENDO POLISEMIAS

Pero, antes de entrar en el análisis del contenido de las carpetas y en el pleito entre el fiscal de la Real Audiencia de León y el administrador de la fábrica de la catedral de León por el citado tributo, me parece pertinente precisar el significado de cuatro palabras claves que ya hemos utilizado y cuyo significado es necesario aclarar por ser las cuatro polisémicas y dos utilizadas metonímicamente.

– FÁBRICA DE LA CATEDRAL: en las catedrales existían tres entidades bien diferenciadas, que llevaban su contabilidad por separado bajo la dirección de un administrador: mesa capitular, la obra y fábrica de la catedral y la mesa episcopal. La segunda es la que nos interesa. Es un fondo económico catedralicio dedicado fundamentalmente a la conservación del edificio y al mantenimiento del culto. Sus ingresos son de procedencia diversa.

– CANTO: en este caso no tiene que ver con «cantar», como a primera vista pudiera parecer,  sino que está relacionado con la construcción y mantenimiento del edificio: «trozo de piedra». Primera metonimia.

– BACÍN: recipiente (bacineta) que se utilizaba en las iglesias para pedir las limosnas en determinados actos litúrgicos, especialmente en la misa. Segunda metonimia.

-REGLA: en documentos antiguos del siglo IX aparece ya la catedral de León dedicada a la Virgen («a la Reina celestial Virgen María», 874). De ahí que no nos sorprenda los tres nombres con que se la conoce: Virgen Blanca, Nuestra Señora de Regla o Santa María de Regla. El primero se debe a la escultura de la Virgen que se hallaba en la puerta occidental, del siglo XIII, actualmente en la capilla de la Virgen Blanca. En el segundo y el tercero,  los más usuales, el apelativo de «Regla» se debe a que el cabildo se regía por la regla de san Agustín, sin que se puede precisar cuándo sus integrantes comenzaron a practicar la vida en común. Lo que sí es cierto es que la vida regular se observaba ya en el siglo IX como evidencia el texto de algunas donaciones a la catedral  y confirma en 1073 el testamento del obispo de León don Pelagio II (1065-1085). Referido a la vida del cabildo catedralicio dice: «sub canonica institutione viverent». Así siguieron viviendo hasta 1120, año en que el obispo don Diego secularizó el cabildo por diversos motivos.[1]

VIRGEN BLANCA (1280-1290) EN EL PÓRTICO OCCIDENTAL, EN LA PORT

VIRGEN BLANCA (1280-1290) EN EL PÓRTICO OCCIDENTAL

4. LITIGIO ENTRE EL FISCAL DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE LEÓN Y EL FABRIQUERO DE LA CATEDRAL DE LEÓN: CONFLICTO JURISDICCIONAL Y CRITERIOS LEGALES DISPARES SOBRE EL TRIBUTO

Y ahora ya podemos entrar con el tributo en cuestión. Comencemos por la carpeta que lleva como signatura «Doc. 8980» del Archivo de la Catedral de León. Contiene varios documentos fechados en 1676 y 1677. Lleva el siguiente título: «Litigio entre el sr. administrador de la fábrica de esta Santa Iglesia y el fiscal de la Audiencia Real sobre los procedimientos hechos por el tribunal eclesiástico contra los seglares para la paga del canto de Regla [y] bacín».[2]

PORTADA LITIGIO

El litigio se inicia el 12 de diciembre de 1676 con un escrito del fiscal de la Audiencia, Francisco Álvarez Alonso, al tribunal eclesiástico que ha dictado autos (censuras[3]) contra seglares que se niegan a entregar el tributo cobrado.[4] Dice el fiscal:

«Digo se ha venido a mí noticia que vuestra merced procede con censuras contra seglares de este obispado a la paga de un tributo que llaman Canto y bacín de Regla, que no se puede imponer sin [autorización] real».

Más adelante pide que se le entreguen los autos pendientes de ejecución y se suspenda el cobro de dicho tributo, recabando para sí la jurisdicción por afectar a derechos reales y a seglares. El tribunal eclesiástico dio traslado del escrito del fiscal al administrador de la fábrica de la catedral, quien contesta el 17 de diciembre aduciendo que la parte del tributo que se llama «canto» la pagan voluntariamente los fieles desde tiempos inmemoriales por ser la catedral la iglesia matriz y querer participar en su conservación y por otras causas que aparecen en diversas bulas otorgadas por los papas Clemente IV, Alejandro IV, Urbano IV, Clemente VII y el concilio de Basilea. Esta última (Exultate Deo, de 22 de noviembre de 1439) regula el sacramento de la extremaunción y los santos óleos[5]. Estos los debe bendecir el obispo en la catedral en la misa matutina de Jueves Santo y desde aquí repartirlos a todas las parroquias. El coste de los óleos y su reparto es uno de los razonamientos que el fabriquero aduce para el cobro del tributo.

En cuanto al «bacín», dice que son las limosnas que los fieles dan voluntariamente los días de fiesta. Tanto para el recobro del «canto» como del «bacín» el ordinario eclesiástico expedía poderes (recudimientos) a nombre de seglares que realizaban dicha función y entregaban a la fábrica de la catedral el importe recaudado. Así pues, las censuras van contra «las personas seculares que han recogido y tienen en su poder detenidas las dichas limosnas», como dice en su escrito el fabriquero.

Este, además de los argumentos utilizados, aporta como pruebas de que su proceder en esta materia se ajusta a lo establecido en la ley eclesiástica dos recudimientos o poderes para el cobro tanto del «canto» como del «bacín»: el primero va firmado por Antonio Ramírez, canónigo y provisor del obispado de León siendo obispo Alonso González Aguilar (1613-1615); el segundo lleva la firma del también obispo de León Santos de Risoba (1633-1649).

En el primero de ellos, fechado el 6 de diciembre de 1613,  se establece con claridad las cantidades que se debían cobrar por el canto y que por su interés transcribo:

«todas las personas de siete años arriba, hombres y mujeres, mozos y mozas, de cualquier calidad y condición que sean de los siete años arriba, deben y han de pagar en cada un año un maravedí leonés viejo de los derechos del canto, y por todos los que en sus casas tuvieren así hijos como criados. Asimismo deben y han de pagar de todos los que se hubieren muerto desde el último día del año 1610 a esta parte y fallecieren de aquí en adelante 5 maravedíes leoneses viejos. Y todos los que se hubieren casado y casaren, 5 maravedíes leoneses viejos el marido y otro tanto la mujer. Y todos los niños y niñas que hubieren entrado en edad de 6 años para 7 deben 3 maravedíes de la dicha moneda leonesa vieja.

El último documento que se conserva de este pleito es del fiscal de la Audiencia de León. Lleva fecha de 29 de marzo de 1767 y en él manifiesta

que la indición[6] de los tributos reales o personales y las contribuciones precisas  es regalía que debe litigarse en juicio contradictorio con el fiscal de su majestad y en su Consejo.

Por lo tanto, solicita al administrador de la fábrica suspenda «absolutamente» los despachos dados y la ejecución de las censuras para el cobro del tributo citado y remita el conocimiento de la causa al consejo que le corresponde ver la causa.

A partir de este momento nada se vuelve a saber de dicho pleito.

 5. SIGLO XVIII

Lo que sí se sabe es que el tributo «Canto y bacín de Regla» se seguía cobrando a mediados del siglo XVIII como pone de manifiesto el Catastro del marqués de la Ensenada. Lo pagaba El Común y podía oscilar entre los 4 reales que pagaba Salomón, los 10 de Siero, los 13 de Izagre, los 28 de Triollo o los 30 de Sajambre, por poner solo algunos ejemplos de localidades pequeñas. La variación se debía al número de los habitantes de la población correspondiente.

CATEDRAL DE LEÓN 2

6. SIGLO XIX: HACIA LA SUPRESIÓN

Así llegamos a 1812. La invasión napoleónica había  impedido el cobro del «Canto y bacín de Regla». El quebranto para las arcas de la fábrica de la catedral de León era considerable. Liberada la provincia del dominio francés,  estando la sede episcopal vacante, se reúnen los gobernadores, provisores y vicarios generales «pro capitulo sede episcopali vacante» de la ciudad y obispado de León y solicitan a los corregidores, alcaldes mayores, justicias ordinarios y demás se haga cumplir la obligación de pagar el tributo de «Canto y bacín de Regla»:

Entre las rentas de que goza la fábrica de esta Santa Iglesia para el culto, conservación del edificio y alimento de sus ministros y dependientes lo es la titulada de Canto y bacín con el destino especial de los reparos de su delicado templo, que se paga por los pueblos de esta diócesis por una cuasi posesión inmemorial y costumbre inconcusa, cuyo origen se obscurece en los tiempos más remotos y es de presumir procede de la construcción del actual edifico. La revolución presente ha impedido la cobranza de esa renta en los últimos años.

Los problemas para su cobro continúan por las sucesivas normas que llamaremos desamortizadoras y que incitaban o prohibían el cobro de tributos eclesiásticos, como el decreto de 13 de septiembre de 1813, pasando por la desamortización de Mendizábal (1836) y Espartero (1841) hasta llegar a 1851 en que desaparecerán todos los impuestos eclesiásticos con la firma del nuevo concordato entre la Santa Sede y el Gobierno de Isabel II en el que se establece un nuevo sistema de financiación del clero. No obstante, existen documentos posteriores que reflejan posturas diferentes respecto del cobro o no cobro de dicho impuesto. Se encuentran en la carpeta Doc. 24532 del Archivo de la catedral de León y son de 1853. Dos me parecen los más elocuentes.

El primero de ellos es de 29 de agosto. Es una carta del gobernador de Valladolid –recordemos que la diócesis de León incluía una parte del territorio de la provincia de Valladolid- dirigida al deán de la catedral de León. En ella se dice lo siguiente:

  1. Que en 1841 se entregaron a la Hacienda Real todos los bienes, acciones y derechos del clero.
  2. Que en 1846 se excluyeron de pagar todas las cargas voluntarias, a las que pertenecería el «Canto y bacín de Regla».
  3. Que los bienes y derechos no se devolvieron al clero hasta 1851.
  4. Que el citado tributo era considerado como limosna voluntaria y que ahora no se puede obligar a su pago.

Tan solo con dos días de diferencia con la carta anterior, el gobernador de Palencia –igualmente la diócesis de León tiene territorio palentino- envía  un oficio al deán de la catedral de León contestando a una petición que le ha hecho. Con ese oficio le adjunta un ejemplar del boletín oficial de la provincia en el que se inserta una circular del gobernador, dirigida a los alcaldes de las localidades palentinas pertenecientes a la diócesis de León, para que paguen el «Canto y bacín de Regla».

7. A MODO DE RECAPITULACIÓN

Así finalizamos el recorrido por el sinuoso camino de este tributo eclesiástico leonés llamado «Canto y bacín de Regla»

del que desconocemos cuándo se comenzó a cobrar y cuándo definitivamente se dejó de cobrar,

que se cobró a los habitantes mayores de siete años de las parroquias de la diócesis de León,

que se componía de una parte fija cobrada por proveer la catedral de los santos óleos a las parroquias y otra variable que procedía de las limosnas recogidas los días festivos,

que pertenecía a la fábrica de la catedral,

que se destinaba al mantenimiento de su edificio y de la celebración del culto,

que su cobro desde comienzos del siglo XVII no estuvo exento de polémicas y negativas

 y que se dejó de cobrar cuando a partir del concordato de 1851 se estableció un nuevo sistema retributivo para el mantenimiento de la Iglesia y sus ministros.


[1] Véase Manuel Risco, España Sagrada, Madrid, 1784, t. XXXIV, pp. 264-266 o Tomás Villacorta, El cabildo catedral de León,  León, 1974, pp. 36-42.

[2] En la portada de este documento y en otros se puede leer «canto o bacín», lo que es un claro error de los copistas; por eso la corrección. Además, modernizaré los textos citados de los manuscritos.

[3] CENSURA: pena eclesiástica de fuero externo impuesta por algún delito con arreglo al derecho canónico.

[4] En la respuesta 15 del Catastro del marqués de la Ensenada se dice que los tributos los cobran los mayordomos, administradores o arrendatarios «en cada un año».

[5] SANTOS ÓLEOS: aceites consagrados por el obispo que se destinan a la unción en diferentes ceremonias litúrgicas como los sacramentos. Tres son las clases de santos óleos: óleo de los catecúmenos, óleo de los enfermos y el crisma (mezcla de aceite de oliva y bálsamo). En las parroquias los santos óleos se utilizan en la administración de tres sacramentos: bautismo, confirmación y extremaunción.

[6] INDICIÓN: mandamiento.

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Una respuesta a CANTO Y BACÍN DE REGLA

  1. Almanaque dijo:

    Magnífico trabajo, curioso y muy documentado. Enhorabuena.

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