LA PATATA DEL CIELO

¿Son las patatas del cielo o de la tierra? ¿O las hay de las dos clases?

La lectura durante este verano del mamotreto manuscrito Catastro del marqués de la Ensenada de La Uña (León) me ha dejado varias incógnitas. Una de ellas tiene que ver con la alimentación de los hombres y mujeres de esta localidad leonesa en 1753, y que se podía extender a muchas otras. Según las respuestas generales, por aquellas tierras solo se cultivaba trigo, centeno, lino, linaza y hierba. Animales de carne pocos eran los que pastaban aquellas altas tierras. ¿Cuál era su alimento básico a la vista de lo que producían? Consultado el catastro del resto de las poblaciones de la zona de Riaño pude observar que los cultivos eran más o menos semejantes: bien se añadía la cebada, bien las hortalizas, bien los arvejos, pero en ninguna aparecía la patata, ese tubérculo que libró de tantas hambrunas a Europa. Esta, como sabe todo oriundo de la montaña nacido a mediados de la década de los cincuenta o anteriores del siglo pasado, se producía con facilidad y en abundancia y había sido el alimento fundamental: había casas en las que formaba parte del desayuno, comida y cena. Todavía conocí alguna en que era el plato único y diario de la cena hasta bien entrados los años setenta. ¿Quién no recuerda las patatas viudas? La pregunta que se me planteó fue obvia: ¿cuándo llegó este cultivo a la montaña riañesa? La respuesta quedó aparcada, porque la bibliografía de la que dispongo sólo me permite afirmar que para 1850 (Madoz) su cultivo estaba ya extendido en esta zona.

Junto a esa preocupación, sin saber qué mecanismos se activan ni el porqué,  la memoria me resucitó otra patata: la del cielo. Así es como se titula el capítulo cuarto de la primera parte de la novela El alimento de los dioses (1996) de Gonzalo Moure. Para esa fecha ya había leído algunas cosas de Moure, pero esta novela me causó una grata sorpresa y me produjo una gran satisfacción. En el Departamento de Lengua y Literatura Españolas del IES «Padre Isla» de León, que a la sazón dirigía, fue leída por otros compañeros y todos convinimos que merecía figurar entre las lecturas obligatorias que nuestros alumnos  de la ESO debían realizar ese curso. Así se hizo. Lo que no recuerdo fue el nivel de la ESO en el que se implantó su lectura: tal vez en cuarto.

Busqué en mi biblioteca y allí hallé el ejemplar con varias sorpresas en su interior, que ya no recordaba. Como Jefe del Departamento al que antes aludí me correspondió presentar a Moure en el libroforum que el Padre Isla realizó una tarde del mes de diciembre de 1997 sobre El alimento de los dioses con la presencia de su autor. Se realizaban estos actos como actividad complementaria y extraescolar una vez que todos los alumnos del curso elegido lo habían leído y preparado sus preguntas para el autor. Y relacionado con el acto vienen las sorpresas de las que hablaba.

La primera de ellas es la dedicatoria de la obra, que por sí sola se califica:

Para Javier, que hizo posible un precioso acto de amor por la literatura. Nos seguiremos viendo en el camino.

Y efectivamente, algunos años más tarde Moure volvió al Padre Isla con otra de sus novelas, que ahora no recuerdo.

FOTOGRAFÍA

La segunda es una fotografía del autor que encontré también el interior de la novela y que en el reverso lleva escrita una explicación sugerente y relativizadora de la existencia:

Este soy yo, a veces.

La tercera es la más valiosa y querida. Como tenía que realizar una pequeña presentación del autor en el acto del libroforum, poco antes del inicio le pedí que me facilitara algún dato esencial de su biografía y vida literaria, lo que hizo a vuela pluma en una cuartilla de papel reciclado encabezada por una imagen llamativa con pluma estilográfica y que tituló «Autobiografía sumarísima» y que hoy ve por primera vez la luz como homenaje a uno de los escritores contemporáneos que más ha hecho por hacer vivir la literatura a miles de jóvenes estudiantes dentro y fuera de los centros educativos. Es muy posible que su autor no lo recuerde. Pero es documento vivo de quien decidió casarse con la literatura, vivir con ella y no tenemos noticia de que tal matrimonio se haya roto. Allá va la primicia.

BIOGRAFÍA

˗̶ Y la patata era de la Tierra, como tú has dicho: imperfecta. ¿Te das cuenta de lo que podría pasar con esta otra? […]

La patata del cielo era, debía ser, un descubrimiento maravilloso para la humanidad.

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Una respuesta a LA PATATA DEL CIELO

  1. Gonzalo dijo:

    Qué maravilla tu túnel del tiempo… Gracias, desde la nostalgia. Eran solo 8 años, ahora ya son 26 desde que decidí aquella suelta de amarras. Y no me arrepiento, entre otras cosas por haber encontrado a gente como tú en ese camino.
    Gonzalo.

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