CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS: (3) EL OLVIDO DEL ROBO DEL RUCIO DE SANCHO

1. EL OLVIDO

En el capítulo 22 de la primera parte del Quijote (1605) de la edición príncipe –o primera-, narra Cervantes el famoso episodio de los galeotes. Son estos doce condenados a galeras por diversos delitos. El trasladado hacia su destino se realiza a pie formando una cadena humana, en la que todos van unidos por una cadena con una argolla al cuello y con esposas en las manos. Les custodian dos guardas a caballo y dos a pie. Se encuentran con don Quijote, quien después de interesarse por sus condenas y en virtud de lo establecido en las órdenes de caballerías –«favorecer a los menesterosos y opresos de los mayores»-, decide liberarlos atacando a las guardas. Huyen estas y los galeotes son liberados de sus cadenas

LIBREACIÓN DE LOS GALEOTES. GUSTAVO DORÉ
LIBERACIÓN DE LOS GALEOTES

ayudados por don Quijote y Sancho. Una vez que se ven libres, cuando don Quijote les pide que vayan a la aldea del Toboso a presentar sus respetos a su amada Dulcinea del Toboso, se ríen de él, apedrean a sus libertadores, les quitan sus ropas y huyen. Entre ellos se hallaba Ginés de Pasamonte, a quien encontraremos más adelante disfrazado de gitano (I, 30) y del titiritero Maese Pedro (II, 25). Temiendo que las guardias dieran parte a la Santa Hermandad (la policía de entonces) don Quijote y Sancho deciden adentrarse en Sierra Morena para esconderse.

Así llegamos al capítulo 23 en que se presenta al caballero y a su escudero a lomos de sus caballerías:

Subió don Quijote sin replicarle más palabras, y guiando Sancho sobre su asno, se adentraron por una parte de Sierra Morena que allí junto estaba, llevando Sancho intención de atravesarla toda e ir a salir al Viso o a Almodóvar del Campo y esconderse unos días por aquella aspereza, por no ser hallados si la Hermandad los buscase. Animole a esto haber visto que de la refriega de los galeotes se había escapado libre la despensa que sobre su asno venía, cosa que la juzgó a milagro, según fue lo que llevaron y buscaron los galeotes.

 CABALGANDO DON QUIJOTE Y SANCHO

CABALGANDO DON QUIJOTE Y SANCHO

Dentro ya de Sierra Morena, don Quijote decide hacer penitencia a imitación de la que había realizado Amadís cuando fue rechazado por Oriana. Llegamos así al capítulo 25 donde todavía el asno acompaña a Sancho:

Despidiose del cabrero don Quijote y, subiendo otra vez sobre Rocinante, mandó a Sancho que le siguiese, el cual lo hizo, con su jumento, de muy mala gana.

Al final del capítulo, cuando don Quijote va a poner en práctica su penitencia, le pide a Sancho que le facilite algunas hilas para curarse de las calabazadas penitenciales que se ha de dar y que han de ser verdaderas. A lo que Sancho le responde:

Más [verdadero] fue perder el asno –respondió Sancho-, pues se perdieron en él las hilas y todo.

DON QUIJOTE HACIENDO PENITENCIA

DON QUIJOTE HACIENDO PENITENCIA

Sorpresa. Nos enteramos de que Sancho ha perdido su burro, cuando hacía poco le veíamos acompañado de él. Cervantes se había olvidado de tal hecho. Cuando aparece de nuevo el rucio en el capítulo 42, nada se dice al respecto de su desaparición. Solamente encontramos a Sancho que, después de haber escuchado la larga  historia del cautivo y el oidor, y cansado, se acomodó para dormir echándose sobre los aparejos de su jumento, que le habían costado muy caros.

2. SOLUCIÓN POCO AFORTUNADA

Los enemigos de Cervantes al leer la primera parte del Quijote se habían dado cuenta de tal olvido narrativo: no se decía quién había sido el ladrón, cuándo se había producido el robo ni cómo. Esto sirvió para la chanza y burla, y la diatriba contra el escritor alcalaíno no se hizo esperar. Entre los que se burlaron de tal olvido se hallaba Lope de Vega, quien en 1605 había escrito: «no conozco ningún poeta tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote». El Fénix, caricaturizando claramente a Cervantes, en su comedia Amar sin saber a quién,  hace decir al gracioso Limón al perder una mula lo siguiente:

Decidnos della, que hay hombre
que hasta de una mula parda
saber el suceso aguarda,
la color, el talle y nombre,
o si no dirán que fue
olvido del escritor

Cervantes intentó solucionar el error. Así, en la segunda edición de Juan de la Cuesta, publicada unos meses después de la príncipe, al comienzo del el capítulo 23 introduce una interpolación en la que se cuenta cómo Ginés de Pasamonte –uno de los galeotes liberados- robó el asno de Sancho siguiendo el procedimiento que el famoso ladrón Brunelo utilizó en el Orlando innamorato para robar el caballo a Sacripante, dejando a Rocinante «por ser prenda tan mala para empeñada como para vendida». Pero se olvidó de suprimir la referencia que hace a Sancho y su asno en el capítulo 25, a que me he referido más arriba.  Si la interpolación se hubiera realizado en este capítulo, después del pasaje mencionado, hubiera sido correcta, congruente. Introduce, además, otra interpolación en el capítulo 30 en la que se nos cuenta cómo recobro Sancho su rucio, el cual no vuelve a figurar en la narración hasta el capítulo 42. ¡A pesar de ser correcta en cuanto al lugar, nos parecen demasiados capítulos sin el burro de Sancho!

GINÉS DE PASAMONTE ROBA EL ASNO A SANCHO

GINÉS DE PASAMONTE ROBA EL ASNO A SANCHO

En resumen: dos son los errores de Cervantes –que él quiere atribuir al editor, como se verá más adelante-: 1) haberse olvidado de narrar el robo del asno de Sancho y cómo este le había recuperado y 2) haber introducido la explicación del robo en el lugar equivocado.

3. EL LADRÓN Y LOS RESPONSABLES DEL OLVIDO

En el capítulo 3 de la segunda parte del Quijote (1615) se hallan reunidos don Quijote, Sancho y el bachiller Sansón Carrasco en casa del hidalgo extremeño. Comentan diversos asuntos que aparecen en la primera parte del Quijote. Entre ellos, el bachiller alude al olvido de indicar que a Sancho le habían robado su asno y que dicho fallo los lectores de la obra lo atribuyen al autor. Finaliza el capítulo sin que nadie dé respuesta. La contestación la dará Sancho en el capítulo siguiente. En tono jocoso relata cómo Ginés de Pasamonte llevó a cabo el robo y cómo él rescato a su rucio. Respecto de quién fue el responsable del olvido no lo tiene claro e indica que o bien fue Cide Hamete, el historiador arábigo autor de la historia de don Quijote, o bien el impresor de la obra, sin decantarse por uno u otro. Exonera, pues, al autor. De nuevo se vuelve sobre el asunto en el capítulo 27 y aquí sí que aparece claramente tanto el autor del robo como el responsable del olvido en boca del narrador:

Este Ginés de Pasamonte, a quien don Quijote llamaba «Ginesillo de Parapilla», fue el que hurtó a Sancho Panza el rucio, que, por no haberse puesto el cómo ni el cuándo en la primera parte, por culpa de los impresores, ha dado en qué entender a muchos, que atribuían a poca memoria del autor la falta de emprenta.

4. CONCLUSIÓN

El olvido del que venimos hablando, así como otras incongruencias que se pueden hallar en el Quijote, son responsabilidad de su autor, Miguel de Cervantes Saavedra, quien no realizó una revisión detenida de la obra antes de darla a la imprenta, aunque él las cargue en el debe de los impresores:

La explicación de esas anomalías probablemente está en que Cervantes nunca llegó a someter el Quijote a una revisión detenida que concordara por completo las abundantes modificaciones que introdujo tanto mientras escribía la novela como a última hora, al entregarla a la imprenta, cambiando de sitio algunos capítulos, intercalando nuevos materiales y omitiendo otros (edición del Instituto Cervantes, Barcelona, 2004, t. I, pp. 273-274).

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