CURIOSIDADES QUIJOTESCAS-CERVANTINAS: (2) El QUIJOTE NO ES UNA NOVELA

Miguel de Cervantes cultivó todos los géneros literarios en boga de su tiempo, aunque con suerte desigual. No triunfó en las tablas madrileñas, llevándose el laurel el gran Lope de Vega; en la poesía no logró alcanzar la fama y la altura de sus rivales Quevedo y Góngora, aunque se le haya tachado injustamente de mal poeta –solo por su soneto al túmulo de Felipe II merece ser recordado como gran poeta y formar parte de la mejor poesía española de todos los tiempos-; será en la novela donde más éxitos alcance, aunque no le sirvan para ser reconocido en su tiempo y dejar de ser un vividor empedernido de pobreza, él que fuera el creador de la novela moderna.

Si preguntamos hoy a teóricos de la novela y a simples lectores a qué género literario pertenece el Quijote, sin lugar a dudas todos contestarán que a la novela. Nadie aducirá las numerosas poesías que hallaremos en su interior o los numerosos diálogos que jalonan la obra para atribuirlo a otro género literario que no sea el narrativo, porque la narración es la esencia novelesca de esta creación cervantina. Téngase en cuenta, además, que hoy existe escasa preocupación por las reglas y preceptos que en otro tiempo rigieron la escritura literaria y sirvieron de canon para definir su valor literario. Más problemas encontraríamos si preguntáramos por la definición de novela. No es de extrañar. Ni los entendidos se ponen de acuerdo sobre qué se debe entender por novela. Dejemos la definición al DRAE: «Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.» Obsérvese que se ha obviado el criterio de la extensión, aspecto clave en los siglos XVI y XVII para definir el género. En cualquier caso, el Quijote será una novela bajo la cobertura de dicha definición.

2.ª PARTE DEL QUIJOTE

¿Y en el siglo XVI y XVII se podría decir lo mismo? ¿Se le llamó novela? NO, porque no se podía utilizar este término para este tipo de narraciones extensas. El propio Cervantes no lo hará, y ya hemos visto en el post anterior (I, 1) llamar a la historia de don Quijote cuento.

Si examinamos el título de las tres grandes obras narrativas cervantinas, observaremos que en ninguna de ellas aparece la palabra novela, pero sí la de historia en la tercera:

Primera parte de La Galatea, dividida en seis libros. Compuesta por Miguel de Cervantes Saavedra. 1585. Su primera novela, en la que rinde tributo a uno de los géneros literarios de más éxito en el siglo XVI: la novela pastoril. Sigue el rumbo marcado en 1554 por Jorge de Montemayor en La Diana.

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. 1605. La segunda parte lleva una ligera variación en el título: Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de La Mancha. 1615. El modelo que pretende derribar con su edición satírica es el de Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo. 1508. Los más de 40 títulos de este género de novela que se publicaron en el siglo XVI son testimonio de su éxito editorial.

Los trabajos de Persiles y Sigismunda, Historia setentrional, por Miguel de Cervantes Saavedra. 1617. Es una novela de aventuras –también llamada bizantina- que sigue los modelos griegos de  la Historia de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacio o Teágenes y Cariclea de Heliodorol. Obsérvese que aparece en el título la palabra historia.

Los_trabajos_de_Persiles_y_Sigismunda_(1617)

También a la novela pertenecen los doce relatos cortos que Cervantes publicó en 1613. No obstante, en el título de conjunto de dichos relatos Cervantes sí ha incluido la palabra novela llamándolos Novelas ejemplares. ¿Qué ha sucedido aquí? ¿Por qué estos relatos son novelas y no los anteriores? La explicación se halla en el concepto que su autor –y sus contemporáneos, sean novelistas, preceptistas literarios o público en general-tiene de la novela y en el significado de la palabra en los siglos XVI y XVII.

novelasejemplares

Cervantes, en el «Prólogo» a las Novelas ejemplares, se jacta de ser el primero que ha novelado en lengua castellana:

Y es así, que yo soy el primero que he novelado en la lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras, y estas son mías propias, no imitadas ni hurtadas. Mi ingenio las engendró y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa.

Probablemente Cervantes se esté refiriendo cuando habla de novelas traducidas al Decamerón de Bocaccio, que se difundió con relativa rapidez en España donde fue traducido al castellano y publicado con el título de Las cien novelas (1496) –otras cuatro ediciones tuvo hasta 1550, pero fue condenada al ostracismo al ser incluida en el Índice de libros prohibidos de Valdés de 1559- o a la colección de El Patrañuelo (1567) de Juan de Timoneda. Por otra parte, Cervantes no podía aludir con el término novelar a las narraciones extensas, ya que en tal género evidentemente él no había sido el primero en ninguno de los subgéneros del XVI. Sus palabras tendrán que ver con lo que significaba la palabra novela en italiano.

Novela, en cuanto género literario, es un italianismo procedente del diminutivo novella. Con él se referían en Italia a los relatos cortos a la manera de los escritos por Bocaccio en su Decameron (escrito entre 1351 y 1353, pero no publicado hasta 1470) y luego por Bandello, Straparola, Giraldi Cinthio, etc. En España fue aceptado el término, como veremos más adelante al hablar de Covarrubias, o rechazado por los puristas, quienes preferían la palabra cuento. El propio Cervantes utilizará esta en sus Novelas ejemplares, en la dedicatoria a don Pedro Fernández de Castro:

Solo suplico que advierta vuestra excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que a no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los más pintados.

Así pues, en los tiempos cervantinos, caracterizados por el imperio del dogmatismo, de la regulación y de la preceptiva, en los que todo estaba sometido al imperio de la norma clásica derivada de Aristóteles y Horacio, especialmente lo literario, los relatos largos –lo que hoy llamaríamos novela, entre las que incluimos al Quijote– estaban excluidos de los tratados de preceptiva literaria o se hablaba de ellos con desprecio. La razón se hallaba en que era un género relativamente nuevo y había sido muy poco cultivado en la Antigüedad, por lo que Aristóteles no lo había incluido en su Poética, al igual que harían los preceptistas del Renacimiento que fueron seguidores e imitadores del filósofo griego.

Un último apunte de historia de la lengua. Nebrija ya registra la palabra novela en su diccionario de 1495, pero con el significado de «conseja para contar, fábula».

Avanzamos hasta el siglo XVII, hasta el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias: En el primer significado nos dice que es «nueva que viene de alguna parte, que comúnmente llamamos nuevas». El segundo significado ya hace referencia al género literario: «Novela, un cuento bien compuesto o patraña parta entretener los oyentes, como las novelas de Bocacio».

Llegamos hasta 1734, al diccionario de Autoridades, en el que hallaremos en el primer significado el siguiente: «Historia fingida y tejida de los casos que comúnmente suceden o son verdaderos».  Ya ha desaparecido la referencia al género literario.

Tendremos que esperar a 1884 para que el Diccionario de la Academia admita el significado, en primer lugar, con el que hoy utilizamos el término, después de haber luchado enconadamente con otro, el de romance: «(Del ita. novella). Obra literaria en que se narra una acción fingida en todo o en parte y cuyo fin es causar placer estético a los lectores mediante la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones,  y de costumbres».

Es evidente que en la primera parte del siglo XIX la palabra novela ya se había impuesto sobre otras y designaba, en cuanto a género literario, lo que hoy conocemos en una definición difusa como narración extensa.

Así pues, en el siglo XVII, al Quijote no se le podía designar como novela, término que estaba reservado para los relatos cortos de origen italiano, como los que el propio Cervantes nos ofrece en sus Novelas ejemplares: La gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, y así hasta doce, o los de otros autores como Salas Barbadillo, Castillo Solórzano, Tirso de Molina, Lope de Vega, Pérez de Montalbán, Cristóbal Lozano o María de Zayas, la narradora más importante del siglo XVII después de Cervantes.

 

 

 

 

 

 

 

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