ASUSTADORES DE NIÑOS: (Y 4) «LOS GITANOS», «LOS HÚNGAROS» Y «LOS CIVILES»

He reservado para este último post sobre personajes asustaniños, que otrora se utilizaban en Siero (León), a los gitanos, los húngaros y los civiles porque forman un conjunto que tiene tres características en común:

  • son humanos
  • forman grupo
  • se utilizan como asustadores de niños mayores.

Los GITANOS, ese pueblo errante y perseguido, con origen en la India, llegaron a España a comienzos del siglo XV, dispersándose y viajando por todo el país. En esa dispersión y gracias a su carácter nómada los encontramos en la década de los cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado en la zona de Riaño (León). Era frecuente ver llegar a los gitanos al pueblo en sus destartalados carromatos tirados por viejos burros o famélicas mulas. La familia estereotipo estaba constituida por una pareja, relativamente joven,  cargada con varios hijos, a la que acompañaba un matrimonio mayor, padres de uno de los cónyuges. No sobresalían por su limpieza, más bien por lo contrario –sobre todo los niños. Vestían ropas extrañas a los ojos de los autóctonos: largas faldas hasta los tobillos de llamativos colores

CARROMATO DE GITANOS

CARROMATO DE GITANOS

las mujeres, acompañadas de blusas, igualmente de colores llamativos, y pañoletas sobre los hombros; el pelo largo, normalmente recogido en un moño. Los hombres, especialmente los adultos, vestían traje de pana o paño negro, con chaleco de rayas y camisa blanca; no le podía faltar el sombrero y la fusta o bastón en la mano. Venían acompañados de antigua mala fama: podían resultar ser peligrosos y les era consustancial la manía robadora. Por eso, llegar los gitanos, y los niños, que deambulábamos sin control por el pueblo, no volvíamos a salir del corral de la casa. Allí, se asentaban por corto espacio de tiempo en alguna portalada que el vecindario les cedía, normalmente en las de barrio Abajo. El carromato y el suelo se convertían en sus colchones para pernoctar, protegidos del relente nocturno por el tejado de la portalada. Varias eran las actividades que realizaban, repartidas por sexos y edades. Los niños jugaban y correteaban por el pueblo. Las mujeres se dedicaban a la venta ambulante y pedir limosna de casa en casa, sin saltarse una y ofrecer el servicio de hojalatería de sus maridos. Entre los hombres se podrían establecer dos grupos: el de los que se dedicaban a arreglar los cacharros y los especialistas en el chalaneo de burros y mulas; este último oficio recaía en el patriarca del clan. Rara era la vez que no cambiaran o mercaran algún cuadrúpedo con engaño asegurado. La razón del miedo tenía que ver con lo que tus mayores te habían contado: miedo al desconocido, al extranjero, a que se llevaban a los niños aunque no sabíamos adónde ni para qué. Y, desde luego, miedo daban aquellas mujeres gitanas cuando intentaban decir la buenaventura a las mujeres lugareñas a través de la lectura de las rayas de las manos y estas se negaban amparadas en sus creencias cristianas que les impedían hacer caso de prácticas consideradas propias de brujas. A la negativa, le seguía la maldición gitana o el mal fario en aquella lengua que apenas entendíamos: el caló. Eso sí que provocaba miedo. Como se les acusaba de robadores, también se decía que eran capaces de cambiar de dirección las herraduras de sus burros o mulas para despistar en su huida a los vecinos burlados o a la Guardia Civil.

El segundo de los grupos era el conocido como los HÚNGAROS. No sabíamos de dónde venían porque, además del español, hablaban una lengua rara. Más tarde sabríamos que venían de Hungría y que su lengua era el magiar. Formaban, al igual que los gitanos, un grupo humano no homogéneo y se caracterizaban por desplazarse en carromatos, normalmente dos o tres, con vestimenta también diferente de los lugareños. Se decía que

CARROMATO DE HÚNGAROS

CARROMATO DE HÚNGAROS

intentaban atraer a los niños –preferentemente niñas- para llevárselos y dedicar a las féminas a la prostitución, servicio que algunas de las más jóvenes ofrecían después de sus actuaciones. Su actividad fundamental era la representación de espectáculos circenses, al caer la tarde, en improvisados circos formados por sus carros a modo de escenario, entre los que no podía faltar la exhibición de sus atractivas mujeres, el del oso danzante al son del tambor, el de la cabra que subía a un pináculo donde apenas cabían tres de sus cuatro patas, el de la niña equilibrista sobre el respaldo de una silla, el toque de instrumentos musicales, etc. La asistencia exigía el pago de una cantidad dineraria establecida. Se permitía la concurrencia de los niños, pero siempre acompañados de sus mayores. Cuando terminaba la función, todos, sin excepción, a casa. Y dejar todo bien guardado porque también les seguía la fama de robadores. Después de su marcha, a veces, oías a mozos viejos hablar de los encantos de aquellas bellas mujeres húngaras que la luz de la luna dejaba al descubierto.

CARROMATO HÚNGARO DE 1843

CARROMATO HÚNGARO DE 1843

Por último, los CIVILES. Se llamaba así a la pareja de la Guardia Civil que se desplazaba andando desde el cuartel de Riaño a los pueblos de su circunscripción. Aquella indumentaria de traje gris, sujeto con anchos cintos y llamativos correajes, cubierto por un capote que llegaba casi hasta los pies y que dejaba asomar la boca del cañón del fusil que colgaba del hombre derecho y el tricornio que tapaba sus cabezas, amén de sus mostachos, imponían miedo, causaban terror. Cuando llegaban al pueblo, no aparecía un niño más por las calles. Todos se encontraban a buen recaudo en las cocinas. En las picias de los robos de frutas, en las desobediencias, en las faltas de respeto a los mayores, siempre se oía aquella temida frase: «¡Que llamo a los civiles¡» Y todos pensábamos que, si les llamaban, irremediablemente se llevaban al niño autor de la picia a un calabozo oscuro, que no sabíamos muy bien qué era, ni dónde estaba, pero que atemorizaba. A este temor, que

Pareja de la Guardia Civil

PAREJA DE LA GUARDIA CIVIL

 como en los casos anteriores venía de la información trasmitida por los mayores, no era ajena la actuación de este cuerpo de seguridad en aquella época en que la libertad de la gente del pueblo no existía y el orden y la obediencia al régimen se les imponía  con métodos coercitivos. No era ajena a su mala fama la actuación que llevaban contra «los del monte», aquellos guerrilleros y maquis que en la década de los cincuenta aún quedaban y seguían creyendo en los viejos ideales de la república. No se me olvidarán las historias que se contaban de los dos más famosos en aquella época que actuaban en la montaña de Riaño y Potes: Juanín (1917-1957) y Bedoya (1929-1957).

OTRA PAREJA DE LA GUARDIA CIVIL

OTRA PAREJA DE LA GUARDIA CIVIL

Finalicemos esta serie sobre los asustadores de niños en Siero con un intento de clasificación de lo que fue una variada realidad de seres ficticios o reales que fueron convertidos en guardianes del buen comportamiento de los niños, utilizados como metodología didáctica de aquellos viejos tiempos. ¡Y es que cada tiempo trae sus métodos!

CLASIFICACIÓN DE LOS ASUSTADORES DE NIÑOS

  1. A) Usados en casa: Camuñas y el coco. Para fuera de casa: el resto
  2. B) Personajes reales: Camuñas, el tío del unto, el tío de la sangre, los húngaros, los civiles, los gitanos, los lobos. Personajes de ficción: el coco y el tío del saco.
  3. C) Animales: los lobos. Seres humanos: el resto.
  4. D) Grupos: los guardias, los húngaros, los gitanos y los lobos. Individuales: el resto.
  5. E) Antiguos: el coco, el tío del unto, el tío de la sangre y los lobos: Modernos: el resto.
  6. F) Miedo a la muerte: los lobos, el tío del unto, el tío de la sangre. Miedo genérico a desaparecer: el resto

 A MODO DE COROLARIO

Nada mejor para cerrar esta serie de leyendas cortas centradas en los personajes asustaniños que recurrir a las palabras de María MENÉNDEZ-FONTE y Ana SERNA VARA a propósito de las nanas, palabra que yo cambiaré por leyendas:

«Rescatar estas [leyendas] supone acercarnos a nuestra niñez, recuperar nuestras raíces, nuestra historia, ligarnos a la tierra, viajar a través del mundo y perpetuar la cultura»[1].

 

[1] Duérmete, niño. Antología de nanas, Madrid, SM, 1999, p. 8. Con CD.

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Una respuesta a ASUSTADORES DE NIÑOS: (Y 4) «LOS GITANOS», «LOS HÚNGAROS» Y «LOS CIVILES»

  1. ¿Pedagogía del miedo? Creo que más de un niño creció con el miedo en el cuerpo ;(

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