AYUNO Y ABSTINENCIA INFORMÁTICOS

Existe una realidad incontestable a lo largo de la Historia: las instituciones, del tipo que sean, siempre han ido a remolque de la evolución y de los cambios que se han ido operando, que la sociedad ha ido impulsando. Y esto es así en los gobiernos, en las iglesias, en los ejércitos, en el derecho, en el mundo urbano, en el mundo rural, en las culturas avanzadas, en las culturas atrasadas, etc. Se muestran incapaces de prever el futuro, hacia dónde se camina. La duda que se me plantea es la siguiente: ¿se produce ese ir a remolque porque no es posible adelantarse al futuro –y no hablo de mirar la bolita de cristal-o no interesa ser previsor? ¿Es que nadie ve venir las cosas o a los que han regido y siguen rigiendo el mundo –los de siempre que no son otros que el poder económico- no les interesa, no ven negocio en invertir en previsión? ¿O es mayor el negocio de invertir después de que se produzca el hecho que hay que subsanar y por eso no interesa evitarlo? Después de la pregunta, la duda ya se me ha disuelto: no interesa en unos casos y, en otros, se vive mejor en la acomodaticia realidad de esperar a ver qué pasa.

ATAQUE A LAS TORRES GEMELAS

ATAQUE A LAS TORRES GEMELAS

Tuvo que llegar el 11S del 2001 para que se viera la fragilidad de la seguridad aérea. Y nada menos que en Estados Unidos. Entonces se legisla rápidamente, se toman medidas y se refuerza la seguridad del acceso a las cabinas de los pilotos. Algunos países, incluso, determinaron que siempre en la cabina debiera haber dos personas capaces de manejar un avión: fue el caso de Canadá y Estados Unidos. Pero la vieja Europa no lo vio así. No lo creyó necesario porque el desastre no le tocó de cerca. Y esto nos ha llevado al fatídico y terrible accidente de Los Alpes del 24 de marzo de 2015 con nada más y menos que 150 muertos. Ahora sí toca de cerca. Cuando se descubrió que el piloto alemán había estrellado voluntariamente el avión, mi experto en seguridad me confirmaba que ahora la Comisión Europea se pondría rápidamente a legislar. No tardaremos en leer –me decía- que en Europa será obligatorio que siempre haya dos personas en cabina capaces de volar un avión, y no solo en el despegue y en el aterrizaje como ahora. De nuevo a remolque de la realidad.

BULA

BULA DE CRUZADA (1965)

Y como estamos en Semana Santa y en época de ayuno y abstinencia para la Iglesia católica, me pregunto si lo dicho anteriormente no le será de aplicación. Y yo creo que sí. Pero solo es mi opinión, que, como decía el catecismo del padre Astete «doctores tiene la santa madre Iglesia que te sabrán responder».

Siguen yendo al remolque de la situación en cuanto al ayuno y a la abstinencia de carne. Si esta tuvo sentido en los inicios del cristianismo porque la carne, sus derivados y los productos que tenían origen animal como los huevos, la leche, la grasa y la mantequilla eran el alimento esencial y suponía realmente realizar un acto de penitencia el no comerla –esta era la interpretación popular-, incluso en las zonas rurales de nuestra España hasta la segunda mitad del siglo XX, hoy en día en la era de la informática no tiene sentido alguno porque el poder económico puede sustituir perfectamente a todos los niveles sociales la carne por otras viandas sin que esto suponga un quebranto económico,  un acto de penitencia que era el sentido originario que tenía. Así lo podemos constatar hoy en el Código de derecho canónico, en concreto en el canon 1249:

Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

Para justificar tan obsoleta prohibición, estudiosos del tema manifiestan que, aunque hoy no suponga sacrificio la abstinencia de carne, tiene el mérito y el valor ejemplar de la obediencia a la ley y a la Iglesia. Sigo creyendo que esa abstinencia que se estableció en otros tiempos para todos los viernes del año, toda la Cuaresma amén de determinadas fiestas, que recordaban la muerte de Jesús en viernes y los cuarenta días de ayuno y abstinencia en el desierto,  entonces pudo tener sentido penitencial, pero hoy no tiene sentido alguno y debiera cambiarse, la Iglesia debiera adaptarse a la realidad del siglo XXI. Realizar propuestas del siglo XXI.

Los cánones 1250 a 1252 del derecho canónico son los que regulan el ayuno y la abstinencia, que la Conferencia Episcopal Española desarrolla para España en el vigente  Decreto de 21 de noviembre de 1986:

A tenor del canon 1250, son días penitenciales todos los viernes del año (a no ser que coincidan con una solemnidad) y todo el tiempo de Cuaresma. De acuerdo con esto:

1. Durante la Cuaresma, en la que el pueblo cristiano se prepara para celebrar la Pascua y renovar su propia participación en este misterio, se recomienda vivamente a todos los fieles cultivar el espíritu penitencial, no solo interna e individualmente, sino también externa y socialmente, que puede expresarse en la mayor austeridad de vida, en las diversas prácticas que luego se indican a propósito de los viernes del año, en iniciativas de caridad y ayuda a los más necesitados, emprendidas como comunidad cristiana a través de las parroquias, de Cáritas o de otras instituciones similares.

2. El Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, y el Viernes Santo, memoria de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo, son días de ayuno y abstinencia. Los otros viernes de Cuaresma son también días de abstinencia, que consiste en no tomar carne, según antigua práctica del pueblo cristiano. Es además aconsejable y merecedor de alabanza que, para manifestar el espíritu de penitencia propio de la Cuaresma, se priven los fieles de gastos superfluos tales como manjares o bebidas, costosos espectáculos y diversiones.

3. En los restantes viernes del año, la abstinencia puede ser sustituida, según la libre voluntad de los fieles, por cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del rosario, etc.) y mortificaciones corporales.

Se mantiene la observancia de lo prescrito en el derecho canónico, pero se atisba ya una evolución al introducir otras privaciones que supongan un acto de penitencia. Se superó ya la compra de las bulas y buletos que en nuestra infancia y juventud –década de los cincuenta y de los sesenta del siglo pasado- había que hacer efectiva para librarse de la abstinencia de los viernes de todo el año, aunque no evitaba la de los viernes de Cuaresma y el ayuno y la abstinencia del Miércoles de Ceniza y del Viernes Santo. Léase el buleto que se acompaña.

BULETO DE INDULTO DE AYUNO Y ABSTINENCIA  (1965)

BULETO DE INDULTO DE AYUNO Y ABSTINENCIA (1965)

Y ahora vendría la atrevida propuesta: obligue la Iglesia a sus seguidores mediante el cambio de los cánones pertinentes por obsoletos a que durante toda la Cuaresma, para manifestar el espíritu de penitencia propio de ella, guarden moderación en sus comidas y bebidas y se priven de costosos espectáculos y diversiones, añadiendo el siguiente mandato: que todos los viernes de Cuaresma, más el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, se abstengan de usar medio informático alguno, sea teléfono móvil, tableta, PC, etc. ¿No crees, sufrido lector, que esto sería un verdadero acto de penitencia acorde con el espíritu cuaresmal y con los tiempos modernos y no sustituir el filete de carne por la lubina al horno en estos tiempos que recomiendan los dietistas consumir pescado varias veces a la semana durante todo el año y que la sociedad consumista realiza sin rechistar?

Seguro que os estaréis preguntando qué bicho le ha picado a este bloguero para escribir este post. Os lo confesaré sin ambages. El Domingo de Resurrección (29-04-2015), después de ver maniobrar diligentemente y con precisión a los braceros de los tres pasos de la Procesión del Cristo de la Redención para salvar la confluencia en ángulo recto de la calle Conde Rebolledo con la de La Rúa, volvía hacia El Húmedo y observé cómo en una mesa de uno de los cafetines de Fernández Cadórniga se encontraba sentada una joven pareja, separada por una pequeña mesa. Ya habían consumido

MÓVILsendos cafés; así lo decían sus tazas vacías. Los dos, en silencio, concentrados sobre su móvil en la mano, se afanaban en escribir, jugar o ver, que esto no lo pude averiguar, como si la presencia del otro les fuera indiferente, como si el otro no existiera. Y entonces me pregunté en voz alta sin darme cuenta: «¿no será esto adición incurable al móvil?» Alguien, a mi lado, me respondió: «es el pan nuestro de cada día de jóvenes y no tan jóvenes, el sino de nuestro tiempo, la nueva droga del siglo XXI: la incomunicación mediante el móvil». Atrás quedó la palabra oral vestida de sentimientos y amor; la palabra envuelta en los ropajes de la amistad, del respeto, del compañerismo, del cariño. Ya se olvidó la mirada limpia, cómplice, que abrasaba con su luz amorosa, que iluminaba el interior del cerebro para despertar el corazón, para penetrar las entrañas sin hacer daño.

Todo lo está envolviendo el frío móvil, la impersonal tableta, el poderoso ordenador. Fría conversación, frío mensaje, frío juego. El frío se ha instalado en el interior de nuestra alma sin darnos cuenta. Avanzamos en la incomunicación en la era de la mayor comunicación, en la era de la información despersonalizada, de la comunicación de espaldas.

movil-parejas

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