PRESUPOSICIONES NECESARIAS PARA UNA LECTURA INTERPRETATIVA Y GUSTATIVA DEL MEJOR SONETO DE LA LITERATURA ESPAÑOLA (ABSTÉNGASE EXPERTOS Y CRÍTICOS)

LECTURA POÉTICA: donde sería bueno conjugar el provecho y el deleite horacianos (Arte poética, v. 333) al proyectar el yo lector sobre el texto poético y recibir su respuesta. El acceso a la poesía para los no expertos o buenos conocedores del texto objeto de lectura se puede realizar de dos formas, como ya escribí en otro post titulado «A la poesía a través del comentario de texto: el soneto XXIII de Garcilaso de la Vega»: sin ayuda o con ayuda (https://literaturayotrosmundos.wordpress.com/2014/08/).

Sin ayuda, apoyado el lector en su bagaje cultural, interpretando por sí mismo, buscando lo que le sugiere, sin importarle el contexto ni el autor, proyectando sobre él su yo sapiencial para ver que le devuelve el texto, etc. De forma independiente, autosuficiente.

Cuando se requiere a la ayuda, a nuestro bagaje cultural le servirá de complemento la información que nos puedan aportar otros que antes han estudiado o gustado del poema. Siempre recordaré cómo defendía el poeta José Antonio Llamas la teoría de que la poesía quien mejor nos puede ayudar a comprenderla es el propio poeta que le dio vida; así, él, en las lecturas poéticas públicas, siempre comenzaba explicando el proceso creativo y lo que se había propuesto con su poesía quedándose maravillado de las interpretaciones que los críticos hacían de su poesía que, en muchas ocasiones, no coincidían con lo que él había querido decir; también comentaba que determinados aspectos que en su poesía veían algunos críticos él nunca se los había imaginado. El problema es que solo en unos pocos casos podemos contar con el poeta para que nos explique su poesía; no es el caso que nos ocupa.

EXPERIENCIA AL SERVICIO DE QUIENQUIERA. Cuando se llega a una determinada edad, uno ha ido llenando su mochila «recordatoria» con una abultada carga de experiencias que le sirven en su devenir vital camino de lo poco que le queda por recorrer y que pueden servir a otros. Yo voy a contar una que experimenté allá por los años ochenta del siglo pasado. Me inscribí en un curso de arte moderno que giraba en torno al Guernica de Pablo Picasso, impartido por el catedrático de la Universidad de León Manuel Valdés Fernández. Yo conocía el cuadro citado, lo había visto varias veces; conocía Guernica (Vizcaya), lo que había supuesto el bombardeo de la ciudad vasco por la legión Cóndor alemana el 26 de abril de 1937, pero de pintura mi bagaje cultural era más bien escaso. Lo que descubrí con las explicaciones del profesor Valdés fue otro cuadro: por mí mismo no había sido capaz de ver muchos de sus elementos constitutivos y eso que los tenía delante; con su ayuda apareció otro universo temático. Solo pongo un ejemplo: el triángulo como forma poligonal de conformación del cuadro.

Quevedo

PRESUPOSICIONES. Dicho lo anterior, lo que yo ofrezco al lector son una serie de presuposiciones básicas, elementales, sacadas de mi experiencia, que le ayuden a leer este difícil soneto quevedesco, que ha sido estudiado por varios críticos literarios (D. Alonso, A. Alonso, F. Lázaro Carreter, C. Blanco Aguinaga, A. Terry, M. Lida de Malkiel, P. Jauralde Pou, etc.) a lo largo de su historia sin que en algunos versos se hayan puesto de acuerdo en su interpretación, ni siquiera en la puntuación. Si no lo había dicho, es hora de decir que me estoy refiriendo al mejor soneto de la literatura española, el que el gran poeta barroco Francisco de Quevedo (1580-1645) escribió y no tituló y cuyo primer verso comienza con una proposición subordinada adverbial concesiva: «Cerrar podrá mis ojos la postrera». Se publicó por primera vez en la edición póstuma de las obras poéticas de Quevedo, Parnaso español (1648), sin que se conozca manuscrito alguno anterior que lo contenga.

A continuación voy a referirme a una serie de lo que modernamente se llaman en la pragmática «presuposiciones» (información necesaria para interpretar un texto, pero que no está en él) y que nos ayudarán, sin lugar a dudas, a entender el enunciado poético. Serán el punto de partida necesario para quienes no las conozcan. Para unos puede que resulten demasiadas; quizá para otros habría que añadir otras nuevas. Tú, lector, dirás.

EL SONETO. El continente en el que Quevedo ha encerrado su mensaje es el soneto, famosa composición poética italiana del siglo XIV (Dante, Petrarca), que introdujera en España el marqués de Santillana en Sus sonetos fechos al itálico modo y que, desde entonces ha sido utilizado con muchísima frecuencia convirtiéndose en la forma poética de más éxito en las literaturas modernas. Encerrar en 14 versos endecasílabos, agrupados en cuatro estrofas (dos cuartetos y dos tercetos encadenados), el desarrollo completo de una sola idea o pensamiento –y solo una- es tarea difícil. Conlleva síntesis y comprehensión. Someter la lengua a las exigencias de la poesía. Además, el soneto requiere al poeta que en los dos cuartetos plantee y desarrolle su idea y la resuelva en los dos tercetos deduciendo una lección o consecuencia, estableciendo una reflexión sobre el asunto o presentando un efecto inesperado, como señala Rudolf Baehr en su Manual de versificación española. Téngase esto en cuenta. En literatura, y especialmente en poesía, el mensaje total proviene de la suma de la información que aportan tanto el plano del contenido como el plano del continente. Por ejemplo, si yo quiero describir un taller de un zapatero remendón de los de antes, caracterizado por el desorden y el amontonamiento, una descripción desordenada ayudará a nuestro objetivo; si a esto le añadimos enumeraciones acumulativas, también desordenadas, el efecto será más claro. Así pues, la elección de una estructura secuencial que no sigue un orden lógico coadyuvará a nuestro objetivo, suma significativamente.

VERSO ENDECASÍLABO. El verso utilizado es el endecasílabo (once sílabas), verso al que Cristóbal de Castillejo tildó de prosaico, con sus ictus acentuales que le confieren el ritmo poético y con su rima. Este verso, y no solo este, tiene dos lugares sobresalientes en los que el poeta colocará palabras o estructuras lingüísticas trascendentes para la comprensión del mensaje poético: comienzo y fin. Veámoslo en el verso uno-dos y en el catorce del soneto. Comienza el verso uno con el infinitivo Cerrar, referido a la actuación de la muerte metaforizada en la postrera (final) sombra (inicio del dos) que reclama su tributo: la vida (el blanco día– final del verso dos). En el verso catorce la primera palabra es polvo, elemento en el que se convertirá el cuerpo humano a la muerte, pero seguirá, contra toda lógica, estando enamorado (última palabra). Esta última palabra es la clave del soneto: nos revela ya sin lugar a dudas el tema que aborda, que no es otro que el AMOR, al que se refiere con toda una serie de imágines tópicas amorosas: llama, venas, humor (sangre), medulas, fuego, arder. Ya tenemos a los dos actantes del soneto: la muerte y el amor, presentados en lucha, como términos antagónicos; lucha de la que saldrá vencedor este último.

TÍTULO. Como ya he dicho más arriba, el soneto se publicó sin título, que es un coadyuvante significativo en la introducción a toda lectura poética. Es su puerta de entrada. La crítica posterior le ha publicado con dos títulos que ya nos acercan al meollo significativo: «El amor más poderoso que la muerte» o «Amor constante después de la muerte».

EL SER HUMANO COMO COMPUESTO DE ALMA Y CUERPO. Imprescindible es recordar ahora la teoría cristiana sobre la composición del ser humano: lo forman el cuerpo y el alma con una relación indisoluble durante su periodo vital, que se rompe con la muerte, pero que volverá con la resurrección de los muertos al final de los tiempos. El cuerpo es mortal, es barro, es polvo, pertenece al mundo de lo sensible, es la prisión del alma, y con la muerte se convertirá en polvo, según el relato bíblico del Génesis, 3, 19: «polvo eres y al polvo has de tornar». En el texto poético las medulas enamoradas del verso once se convertirán en polvo en el verso catorce. Vuelve a la tierra de donde salió. El alma, el otro componente del ser humano, es inmortal, espiritual, imperecedera, pertenece al mundo de lo inteligible. A la muerte la espera el premio (en el cielo) o el castigo (en el infierno). Según la doctrina cristiana, el cuerpo es la prisión del alma, por lo que esta se muestra ansiosa («afán ansioso») por dejar el cuerpo (Sab., 9, 15; Rom. 7, 23-24 y 8 21-23; Fil. 1, 23-24). Anhela liberarse de los lazos que la atan a lo sensible y retornar a su origen primigenio. El alma del texto poético está enamorada y en su otro mundo seguirá enamorada: es el alma que se siente prisionera del cuerpo (verso tres y nueve), que se convierte en llama de amor (verso siete) que desafía las leyes de la muerte y continúa enamorada en el más allá.

La idea de que el cuerpo es la prisión del alma la hallamos con anterioridad en Platón (c. 428-347 a.C.). Afirma este que el cuerpo es una cárcel para el alma (Fedón, 62 a y 67 e; en Cratilo, 400 c, atribuye esta idea a Orfeo (s. VI a.C.) y los suyos) y que la muerte es la liberación del alma que está aprisionada en el cuerpo, por tanto, no se debe temer a la muerte ya que esta significa la purificación del alma y como tal la desea.

TRANSMIGRACIÓN DE LAS ALMAS. También es obligado referirnos a la mitología griega y su doctrina sobre la vida y la muerte, y en concreto sobre la transmigración de las almas. Según esta tradición clásica, existen dos mundos: el de los vivos y el de los muertos del dios Hades. Ambos están separados por el río infernal Leteo, río del olvido. Cuando la persona muere, el alma debe cruzar este río a nado y beber en él para olvidar su vida terrestre. Así, sin recuerdos, se instalará en su nuevo mundo, el de los muertos, donde será recibida por Hades y Cancerbero a las puertas del Averno. En este poema, el alma enamorada desafía esta ley y conservará en el mundo de los muertos el recuerdo de su amado. Es lo que se poetiza  en los versos cinco a ocho.

LAGUNA ESTIGIA, DE JOACHIM PATINIR, H. 1520

LAGUNA ESTIGIA, DE JOACHIM PATINIR, h. 1520

Así pues, en el poema aparecen en una simbiosis perfecta dos mundos diferentes y contrarios: el cristiano y el pagano.

EJES SEMÁNTICOS. El enfrentamiento entre la muerte y el amor es el eje semántico del texto: La muerte cumple su misión y desata el alma del cuerpo, pero reclama al alma que cumpla su ley, la del olvido, en el tránsito al mundo de los muertos. El amor no respeta dicha ley y seguirá presente en el alma después de la separación del cuerpo. Así pues, el amor resulta vencedor.

CORRESPONDENCIAS. Decir que la poesía es el reino de la figura retórica, del artificio literario, no es nada nuevo. Constatarlo es nuestra obligación. Como decía el profesor Lázaro Carreter, la voluntad de forma es lo que convierte un texto en literario. Y dentro de estos recursos que pueden afectar a varios planos del texto, quiero referirme a uno importante en el poema: el sistema de correspondencias que se establecen en los dos tercetos. Cada una de las palabras con que se inician los versos del primer terceto funciona correlativamente como sujeto del verbo que aparece en los tres versos del segundo terceto; por ello, léanse seguidos los versos nueve y doce, diez y trece y once y catorce. No olvidemos otros dos recursos, por no enunciar más, que los hay, la metáfora y el hipérbaton constante.

SABERES. Por último, la poesía quevedesca, y en especial este soneto, nos revela a un escritor pertrechado con un elenco de saberes que proyecta al unísono en su obra creativa: saber poético, saber clásico, saber cristiano y saber histórico-literario.

LECTURAS. Ahora se deberían realizar los tres tipos de lectura, general, comprensiva e interpretativa, de los que he hablado en varios de mis post y llegaríamos a gustar y disfrutar de este manjar poético.

PARNASO

TEXTO

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
(llevare=quitare)
i podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera:
(La hora de la muerte complace al alma, al liberarla del lastre corporal)

mas no, de essotra parte en la rivera,
dejará la memoria, en donde ardía:
(el alma no dejará…)
nadar sabe mi llama la agua fría,
i perder el respeto a lei severa.

Alma, a quien todo un dios prissión ha sido,
(el alma ha servido de prisión a todo un dios (la pasión amorosa)
venas, que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

(Francisco de Quevedo (1580-1645)

Hades-et-Cerberus-III

HADES Y CERBERO

LECTURA COMPLEMENTARIA: «ROMANCE DEL CONDE OLINOS»

Es este romance una modulación del mismo tema, pero, al menos, dos siglos anterior. Más romántica, popular, sin tanta complejidad ni formal ni temática, pero no carente de dramatismo.

Es un romance viejo del que se tienen noticias de su existencia ya en el siglo XV, aunque no se recoja por escrito en su versión exenta hasta el siglo XIX. A partir de ahí, numerosas son las versiones que se pueden hallar y oír a lo largo y ancho de la geografía española.

Tres motivos temáticos son los que desarrolla: el poder del canto, el amor prohibido y perseguido y las transformaciones sobrenaturales. El primero y el tercero ausentes en el soneto de Quevedo. El predominante será, no obstante, el del amor más allá de la muerte, el amor con el que nada ni nadie puede: ni siquiera la muerte.

Ofrecemos una de tantas versiones: la razón del porqué de esta elección es porque recoge perfectamente los tres motivos temáticos que he enunciado.

TEXTO

Madrugaba el conde Olinos
mañanita de san Juan
a dar agua a su caballo,
a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe,
se oye un hermoso cantar,
las aves que iban volando,
se paraban a escuchar.
Bebe, mi caballo, bebe,
Dios te me libre de mal,
de los vientos de la tierra
y de las furias del mar.

CONDE OLINOS

Desde las torres más altas
la reina le oyó cantar.
Mira, hija, cómo canta
la sirena de la mar.
No es la sirenita, madre,
que esa tiene otro cantar,
es la voz del conde Olinos,
que por mí penando está.
Si es la voz del conde Olinos,
yo le mandaré matar,
que, para casar contigo,
le falta la sangre real.
No le mande matar, madre,
no le mande usted matar,
que, si mata al conde Olinos,
a mí la muerte me da.
Guardias mandaba la reina
al conde Olinos buscar:
que le maten a lanzadas
y echen su cuerpo a la mar.
La infantina con gran pena
no dejaba de llorar;
él murió a la medianoche,
y ella, a los gallos cantar.
A ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
y a él como hijo de condes,
cuatro pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba,
no dejaba de llorar.
De ella naciera una garza,
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos se van a posar.
(https://cursoprofesoresespanol.files.wordpress.com/…/conde-olinos.pdf)

OTRA VERSIÓN DEL ROMANCE CANTADA POR PETRA FUENTE, DE SIERO (LEÓN)

http://youtu.be/o8GCvYwUjMU

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2 respuestas a PRESUPOSICIONES NECESARIAS PARA UNA LECTURA INTERPRETATIVA Y GUSTATIVA DEL MEJOR SONETO DE LA LITERATURA ESPAÑOLA (ABSTÉNGASE EXPERTOS Y CRÍTICOS)

  1. Marivi Fuente Fernandez. dijo:

    Megusta mucho recordar esta cancion yotras muchas q cantabamos de jovenes.

  2. Pingback: Comentario 2.0 de un soneto de Quevedo – trabajos de literatura

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