MITOLOGÍA LEONESA: (y 5) REÑUBERO

EL QUE A LA TORMENTA NO TEME,
A DIOS OFENDE (Refrán)

Nuberu en la nube5.1. ORIGEN DEL NOMBRE

Los nombres con que se designa al dios de las nubes y tormentas son varios, dependiendo de su ubicación geográfica: nuberu, ñuberu, nubero, nubeiro, nubreiro, reñuberu, reñubero, reñubeiru, reñubeiro, riñobero, renobero, etc. Todos ellos proceden del término latino NUBE(M) que en leonés dará ÑUBE por palatalización de la nasal inicial (ñublado, ñalga, ñabo, ñarigudo, ñiebla, ñudoso, etc.). De esta, mediante el sufijo –eru, que indica oficio, saldrá ÑUBERO, y de esta, mediante el prefijo intensificador re-, REÑUBERO. El Diccionario de las hablas leonesas de Eugenio Miguélez lo recoge con la terminación -ero o -eiro en la Maragatería, Tierra de Astorga, el Valle Gordo (Omaña), La Lomba (Riello) y en la colección de Cuentos en dialecto leonés de C. A. Bardón.

5.2. EL MITO

En el mundo campesino los fenómenos atmosféricos están muy presentes, ya que de ellos depende el éxito o el fracaso de las cosechas. Aparecen personificados en las creencias populares y se les considera como producto de seres mitológicos, como el Troneiro y el Reñubeiro.

Reñubero, por tanto, es un dios de los fenómenos meteorológicos, deidad de la tempestad, encarnación de las temidas tormentas, que casi siempre está enfadado (así lo refleja el dicho popular «Púsose com´un reñubero») y suele ser maléfico. Domina las nubes, las tempestades y la lluvia. Es de carácter caprichoso y las descarga donde quiere, en función de la relación que mantenga con los habitantes y dueños de las comarcas, avisando, a veces, a quienes se comportan bien con él, pero no siempre.

La fuerza y la furia de este personaje es tal que no solo puede arrasar campos sembrados y árboles frutales, hender árboles, destruir edificios, matar personas y animales, sino que incluso puede llegar a destruir barrios como cuenta la leyenda de Las Diez Cruces en Geras (León) o poblados enteros como el de San Pedro en La Collada (León).

También se le atribuye la creación de la niebla que hace perderse a los pastores en el monte y despeñarse a sus ganados.

Su descripción es variable, en función de las zonas. Se le suele presentar como un ser que habita en las nubes. Unas veces, de forma invisible, hablando desde dentro de las nubes o cabalgando sobre ellas. Otras, puede presentar forma humana (viejo, feo, tuerto, con barba, cubierto con pieles, con un sombrero de ala ancha o boina negros, gigantesco o enano deforme, monstruoso), de perro negro o de macho cabrío gigantes, también monstruosos. Al igual que Júpiter Tonante de la mitología romana, llevaría en la mano derecha un haz de rayos y centellas y en la izquierda el odre depósito del pedrisco.

El origen del Reñubero es discutido. Según algunos, este mito sería un ejemplo de la pervivencia de mitos precristianos en los que se hallan dioses del cielo con poderes sobre la lluvia y las tormentas. Así, se les inserta en la tradición indoeuropea, donde los dioses de la tormenta lanzadores de rayos son al mismo tiempo los dioses de la guerra (Odín, Donar, Thor). Otros los relacionan con el demonio (Antonio de Torquemada, Jardín de flores curiosas (1570) o con ciertos espíritus celestes. También hay quien los relaciona con los antiguos tempestarii, especie de brujos productores o conjuradores de las tormentas a su antojo (Agobardo de Lyon, s. IX).

Lo que parece evidente es su relación con el dios romano Júpiter, asimilado al griego Zeus. Es el gran dios por excelencia del panteón romano. Aparece como la divinidad del cielo, de la luz diurna, del tiempo atmosférico, del rayo y del trueno. Como dios del rayo y del trueno, Júpiter es invocado con los epítetos de Elicius y Tonante. Él atrae el rayo del cielo y permite al hechicero lanzarlo sobre la tierra. La introducción de este culto en la península itálica se atribuye al rey Numa (715-673 a. C.), el rey mago. En una escultura romana conservada en el museo del Prado se le representa con el rayo en la mano derecha y con el cetro en la izquierda.

JÚPITER TONANTE1(JÚPITER TONANTE)

5.3. EL RIÑOBERO DE VELILLA DE LA REINA (León)

El miedo ancestral a las tormentas (mi madre me decía que quien no tuviera miedo a la tormenta no tenía miedo a nada), el poder seductor de las nubes, han generado en los pueblos reacciones diversas para protegerse de ellas. La más universal era tañer las campanas por alguien[1] que supiera el toque especial requerido para la ocasión, que, según lo legado, debían ir repitiendo con su sonido

Tente, nube,
tente tú,
que Dios puede
más que tú.
Tente, nube,
tente, palo,
que más puede
Dios que el diablo.[2]

Este toque de campana combativo de tormentas lo hallamos ya registrado en la Edad Media, como lo atestigua Guillermo Durando en su Speculum iudiciale (1291).

Relacionado con este rito del toque de las campanas antinubeiros se halla la celebración de la fiesta de santa Brígida el día 1 de febrero en Fresno de la Vega (León), festividad conocida como de mozos. Esta santa, muy popular en Irlanda, es la cristianización de la diosa celta Briga o Brigid y de la importante festividad céltica de Imbolc. Es la diosa de la luz y la señora del fuego, anunciadora de que el invierno va entrando en su recta final, sus rigores se atenúan y de que se acerca la primavera. Los días son más largos y el cereal sembrado ya luce su verdor. Para proteger precisamente los campos y los cultivos, la noche-víspera de santa Brígida, hacia las 10 y por tiempo prolongado, tiene lugar en Fresno el toque de campana conocido como «Tente, nube», utilizando para ello la campana llamada Santa Bárbara. Lo llevan a cabo los mozos con el objetivo de conjurar los renuberos y que en el futuro sus nubes y tormentas no dañen las cosechas.

Cuenta la tradición de Velilla de la Reina (León) que, durante una tormenta, el campanero, cuando estaba tañendo las campanas para ahuyentarla, vio como un riñobero encargado de la producción de los rayos y truenos y de arrojar sobre las nubes el pedrisco cayó al suelo. Inmediatamente un rayo le tendió una escalera y subió de nuevo a su puesto. Era un ser muy pequeño, pero con mucha fuerza y cara de firmeza.

5.4. OTRAS ZONAS DE NUBEROS O REÑUBEIROS

Se encuentra esta antigua deidad de los fenómenos atmosféricos y de la tempestad en el folklore de Galicia, Asturias, Extremadura y algunas partes de Castilla. También es parecido al Odei de Vizcaya.

5.5. CONJUROS CONTRA LOS NUBEROS

Muchos y variados son los conjuros o remedios contra la tormenta y el rayo que se pueden recoger en la provincia de León. Aparte del antes descrito, se pueden citar:

A) Las advocaciones a santos (santa Bárbara, san Bartolomé, san Clemente, san Cristóbal, san Tormentero, santa Catalina) o a la Virgen. Lo ilustraremos con la recurrencia a santa Catalina en La Bañeza (León):

Truenos, centellas, nublados,
con el arco de santa Catalina
y la hoja de laurel de este suelo
os destierro. Amén.

B) Otras medidas antinuberos: encender una vela que el día de Jueves Santo había lucido delante del Santísimo o se había llevado en la procesión de Las Candelas, colocar en forma de cruz de San Andrés las palas de madera que se utilizaban para meter y sacar el pan en el horno, colocar una vasija en el tejado, en el balcón o en una ventana con la verbena recogida el día de san Juan, colocar un hacha con el filo hacia arriba, etc.

5.6. REPRESENTACIONES

Para el parque temático: Personaje que cabalga sobre una nube de panza de burro, de la que cae copiosísima lluvia gruesa, lanzando rayos y abundante pedrisco sobre un poblado en el que tañen las campanas de una iglesia con su torre o espadaña. Los alrededores estarán conformados por campos en los que los sembrados se hallen arrasados, los árboles frutales pelados con sus frutos en el suelo, algunos árboles hendidos, etc.

5.7. A MODO DE RECAPITULACIÓN

El mito de Reñubero, como los anteriormente analizados, se ha ido borrando en la realidad social llevada por nuevos vientos ideológicos. Solo queda en el recuerdo de los mayores o en los testigos mudos de la escritura.


[1] Según Antonio del Blanco en su libro El pueblo de La Uña y su entorno, en este pequeño pueblo de la montaña de Riaño, donde las montañas calizas lo circundan (el macizo de Mampodre o la peña Ten) y la presencia de las tormentas se hace patente, la encargada de realizar el toque de campana contra el rayo en el siglo XIX era  Cipriana Piñán, nacida en 1833. Continuadores o continuadoras de tal actividad en el siglo XX no se han conocido.

[2] Obsérvese el uso de la métrica tradicional y popular: redondilla de versos tetrasílabos con rima asonante (a-b-a-b). Según las zonas y como rasgo de la poesía tradicional, el texto de esta composición varía. Un ejemplo del Bierzo: <<Tente trona,/ tente trona,/ que Dios pode/ mais que tú>>.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en MITOLOGÍA y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s