VILLANCICOS NAVIDEÑOS DE TERESA DE CEPEDA Y AHUMADA, SANTA TERESA DE JESÚS

0. INTROITO

Adelantándonos a la celebración del V centenario del nacimiento de Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús, que tendrá lugar a partir del 28 de marzo del 2015, quiero publicar una parcela de la poesía de la santa que no es muy conocida y que en la RED circula con abundantes variantes que, incluso, llegan a alterar la cantidad métrica de los versos: sus villancicos de tema navideño, que también los tiene de otros temas[1]. Sea esta nuestra contribución a su centenario fuera del estruendo oficial y oficioso.

La producción poética de santa Teresa conservada es escasa, aunque según su compañera de orden, María de san José, había compuesto muchas; dice la religiosa que hacía romances y coplas de todos los succesos que les acontecían. La realidad es que no se conservan autógrafos teresianos; los códices que han transmitido su poesía son de amanuenses que o bien copiaron de autógrafos o bien copiaron oyendo recitar a la santa o bien copiaron de otras copias. Por ello, los códices teresianos son ricos en variantes, que hacen difícil fijar el texto originario y delimitar entre lo auténtico y lo atribuido.

SANTA TERESA DE JESÚS. ANÓNIMO, S. XVII

SANTA TERESA DE JESÚS. ANÓNIMO, S. XVII

Añadamos nosotros que la copia manuscrita era el medio normal de difusión de la poesía en el siglo XVI y que, en ocasiones, la popularidad de un gran poeta o poetisa hacía que se le atribuyeran poemas que no había escrito. Por eso no resulta fácil discernir entre las que son auténticas y las atribuidas.

Téngase en cuenta, además, que, según los editores de las obras completas que manejo, había en la orden «tan buenas trazadoras como ella (así María de San José)», lo que habría contribuido a aumentar la confusión en las atribuciones. Si comparamos las dos ediciones que cito a pie de página, se observarán la discrepancia en cuanto a la autenticidad de algunas poesías. Los editores de las obras completas han editado 33 poemas: 8 de tema lírico, 7 villancicos navideños, 3 de tema votivo, 17 denominadas «familiares», entre las que figuran cinco (28-33) que consideran de atribución dudosa. El padre Custodio Vega incluye en su edición 32 poemas, de los que cuatro –editados en apéndice- considera apócrifos. No obstante y a pesar de estas divergencias, ambos coinciden en que los siete villancicos navideños son auténticos.

La crítica literaria pasada y la actual, repitiendo cánones ya establecidos, han considerado y consideran a santa Teresa de Jesús como la cumbre de la literatura mística del Siglo de Oro Español escrita por mujeres. ¿No se podría poner a su misma altura a sor María Jesús de Ágreda (1602-1665)? ¿No sería ya el momento de abandonar dogmatismos literarios? ¿De levantar silencios pontificios que tanto daño han hecho a la de Ágreda?

En el plano poético, si bien es cierto que no llegó a alcanzar la perfección y profundidad de san Juan de la Cruz, se pueden compartir las palabras de su coetáneo fray Luis de León cuando dice que «en la alteza de las cosas que trata y en la delicadeza y claridad con que las trata, excede a muchos ingenios», destacando la pureza y facilidad de estilo, la gracia y buena compostura de las palabras y la elegancia desafeitada que deleita en extremo. Como ha señalado acertadamente Antonio Prieto, la glosa de los tres archiconocidos versos «Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero/ que muero porque no muero»[2] «construyen un asunto en cuyo desarrollo alcanza Teresa los mejores logros místicos de su poesía».[3]

Si santa Teresa dio o no importancia a sus poemas no lo sabremos nunca. Por eso chocan las palabras del padre Ángel Custodio Vega:

Verdad es que ella no se cuidó lo más mínimo de estas «obrecillas» que se le caían como de entre las manos, como a aquel vate salmantino […] y que, como este, no se cuidó ni poco ni mucho de corregirlas y limarlas literariamente.[4]

Se está refiriendo a fray Luis de León y unas palabras de este poeta salmantino que aparecen en el «Prologo» que escribió para la edición de sus poesías. Pero para corroborar o no la opinión del padre Vega, nada mejor que dar voz al poeta salmantino, en el mismo «Prólogo», sobre la importancia que tenían para él  la lima y corrección de sus poesías, que, alteradas en copias manuscritas, corrían por el solar literario español del siglo XVI:

Y recogiendo a este mi hijo perdido y apartándole de mil malas compañías que se le habían juntado, y emendándole de otros tantos malos siniestros que había cobrado con el andar vagueando, le vuelvo a mi casa y recibo por mío.

Completaré esta cita con otra no menos importante sobre la labor creadora literaria de fray Luis extraída de su obra De los nombres de Cristo, en la «Dedicatoria del libro III»:

pongo en las palabras concierto, y las escojo y les doy su lugar […] de las palabras que todos hablan elige las que convienen, y mira el sonido dellas, y aun cuenta a vezes las letras, y las pesa y las mide y las compone, para que no solamente digan con claridad lo que se pretende dezir, sino también con armonía y dulçura.

 1. BREVE HISTORIA DEL VILLANCICO COMO COMPOSICIÓN LITERARIA

Si realizáramos una encuesta a pie de calle preguntando por el significado de la palabra villancico, estoy seguro que un porcentaje muy alto la definirían como canción popular de tema navideño. Y esto es cierto. Es uno de sus significados, pero no el único ni el primero de la palabra. El villancico es una composición poética escrita para ser cantada por un coro y un solista, que ya encontramos como composición poética en las Cantigas de Alfonso X, pero con nombre diferente: cantiga de estribillo. Tiene su origen en el zéjel, una de las composiciones métricas más antiguas y famosas de la métrica española, inventado por el poeta hispanomusulmán Mucáddam ben Muafa, nacido en Cabra (Córdoba) a mediados del siglo IX. Esta era su estructura métrica: aa : bbba : aa, etc. Hasta finales del siglo XV el nombre de villancico no fue el usual para designar a la forma métrica que conocemos hoy como tal. Este término comienza a aparecer de forma regular con sentido propiamente métrico en el Cancionero general de 1511.

Consta el villancico de un conjunto no definido de versos de arte menor con predominio del octosílabo, que se estructuran en tres partes: cabeza, mudanza y versos de enlace y de vuelta. La cabeza consta en general de cuatro versos en orden de redondilla (abba), aunque también podemos encontrar cabezas de tres y dos versos. Enuncia el tema o temas que se han de desarrollar y funcionará como estribillo. La mudanza se compone normalmente de cuatro versos –cuarteta (abab) o redondilla (abba)- y es el desarrollo temático de la cabeza. Le siguen a la mudanza normalmente dos versos: el primero llamado de enlace y que rima con la mudanza y el segundo de vuelta, que rima con el estribillo al que anuncia. Esta estructura se desarrollará cuantas veces considere poéticamente oportuno el poeta. Los metros más usuales eran el octosílabo y el hexasílabo. Abordaban tanto temas profanos como religiosos; su tono preferido era el popular. Así pues, una de sus posibles combinaciones sería esta: abba : cdcdda : aa, etc.

En el siglo XVI el villancico se convirtió en la forma más abundante de la canción lírica. El octosílabo será el verso preferido y se emplea igualmente en temas religiosos y profanos. Los religiosos son ya en gran parte canciones de Navidad. A partir del siglo XVIII el villancico, como composición poética con su estructura métrica definida,  reduce su uso prácticamente al tema navideño, aunque esto no quiera decir que no haya habido poetas que lo hayan utilizado para otro tipo de temas.[5]

 2. VILLANCICO NAVIDEÑOS DE SANTA TERESA

EL NIÑO JESÚS DORMIDO EN LA CRUZ. MURILLO, S. XVII

EL NIÑO JESÚS DORMIDO EN LA CRUZ. MURILLO, S. XVII

Al hablar de los villancicos de Santa Teresa con carácter general, Navarro Tomás resume así la caracterización de este tipo de poesía teresiana:

Los villancicos de Santa Teresa se distinguen por la diversidad de sus combinaciones; en su conjunto de unos veinte apenas se encuentran más de tres que coincidan en la misma forma. Sus rasgos revelan tradición arcaica en la preferencia por los estribillos de cuatro veros, en la abundancia de la rima consonante y en la libertad con que se reduce o aumenta el número de versos de enlace entre la mudanza y la represa del estribillo.[6]

Del conjunto, siete son los que abordan el tema navideño, pero solo los cinco primeros que edito son métricamente villancicos; el seis y el siete utilizan la forma del zéjel, aunque con desviaciones de la forma canónica. Los agrupo, pues, por razones métricas. El análisis detallado de la métrica contempla cómo se cumplen plenamente las palabras de Navarro Tomás: ninguno de los cinco villancicos repite la misma estructura métrica, como tampoco lo hacen los dos zéjeles.

Antes de iniciar la lectura, que es lo verdaderamente importante, enunciemos a modo de guía rápida algunas características de estos poemas:

  • como es evidente, el tema navideño,
  • compuestos para la meditación y alegría conventuales
  • carácter comunitario,
  • presencia del mundo pastoril,
  • y el diálogo estructurador.

 2.1. PASTORES QUE VELÁIS

¡Ah, pastores que veláis
por guardar vuestro rebaño,
mirad que os nace un Cordero,
hijo de Dios Soberano!

Viene pobre y despreciado,
comenzadle ya a guardar,
que el lobo os le ha de llevar
sin que le hayamos gozado.
—Gil, dame acá aquel cayado
que no me saldrá de mano,
no nos lleven al Cordero:
¿no ves que es Dios Soberano?

—Sonzas, que estoy aturdido
de gozo y de penas junto.
—¿Si es Dios el que hoy ha nacido,
cómo puede ser difunto?
—¡Oh, que es hombre también junto,
la vida estará en su mano!
Mirad que es este el Cordero,
hijo de Dios Soberano.

—No sé para qué le piden,
pues le dan después tal guerra.
—Mi fe, Gil, mejor será
que se nos torne a su tierra.
—Si el pecado nos destierra,
y está el bien todo en su mano,
ya que ha venido, padezca
este Dios tan Soberano.

—Poco te duele su pena.
¡Oh, cómo es cierto que al hombre,
cuando nos viene provecho,
el mal ajeno se esconde!
—¿No ves que gana renombre
de pastor de gran rebaño?
—Con todo, es cosa muy fuerte
que muera Dios Soberano.

2.2. AL NACIMIENTO DEL REDENTOR

Hoy nos viene a redimir
un zagal, nuestro pariente,
Gil, que es Dios onipotente.

—Por eso nos ha sacado
de prisión a Satanás;
mas es pariente de Bras,
y de Menga y de Llorente.
¡Oh, que es Dios onipotente!

—Pues si es Dios, ¿cómo es vendido
y muere crucificado?
—¿No ves que mató el pecado,
padeciendo el inocente?
Gil, que es dios onipotente.

—Mi fe, yo lo vi nacido
y una muy linda zagala.
—Pues si es Dios, ¿cómo ha querido
estar con tan pobre gente?
¿No ves que es onipotente?

—Déjate de esas preguntas.
—Miremos por le servir
y, pues él viene a morir,
muramos con él, Llorente,
pues es Dios onipotente.

ADORACIÓN DE LOS PASTORES. BONIFACIO DE PIATI, H. 1523

ADORACIÓN DE LOS PASTORES. BONIFACIO DE PIATI, H. 1523

2.3. NAVIDAD

Pues [que][7] el amor
nos ha dado Dios,
ya no hay que temer:
muramos los dos.

Danos el Padre
a su único Hijo:
hoy viene al mundo
en pobre cortijo.
¡Oh, gran regocijo,
que ya el hombre es Dios!
Ya no hay que temer:
muramos los dos.

—Mira, Llorente,
qué fuerte amorío:
viene el inocente
a padecer frío.
Deja un señorío;
en fin, como Dios,
ya no hay que temer:
muramos los dos.

—Pues, ¿cómo, Pascual,
hizo esa franqueza,
que toma un sayal
dejando riqueza?
Mas, quiere pobreza,
sigámosle nos;
pues ya viene hombre,
muramos los dos.

—Pues, ¿qué le darán
por esta grandeza?
—[Muy][8] grandes azotes
con mucha crudeza.
—¡Oh, qué gran tristeza
será para nos!
Si esto es verdad,
muramos los dos.

—Pues, ¿cómo se atreven,
siendo onipotente?
—El ha de ser muerto
de una mala gente.
—Pues si eso es, Llorente,
hurtémosle nos.
—¿No ves que él lo quiere?
Muramos los dos.

 2.4. VERTIENDO SANGRE (Circuncisión)

Vertiendo está sangre,
¡Dominguillo, eh!
Yo no sé por qué.

—¿Por qué —te pregunto—
hacen dél justicia,
pues qu’es inocente
y no [tien][9] malicia?
—Tuvo gran codicia,
yo no sé por qué,
de mucho amarme,
¡Dominguillo, eh!

—¿Pues luego, en naciendo,
le han de atormentar?
—Sí, que está muriendo
por quitar el mal.
—¡Oh, qué gran zagal
será, por mi fe!
¡Dominguillo, eh!

—¿Tú no lo has mirado,
que es niño inocente?
—Ya me lo han contado
Brasillo y Llorente.
—Gran inconveniente
será no amalle,
¡Dominguillo, eh!

 2.5. EN LA FIESTA DE LOS REYES

Pues que la estrella
es ya llegada,
va con los Reyes
la mi manada.

Vamos todos juntos
a ver al Mesías,
que vemos cumplidas
ya las profecías.
Pues en nuestros días
nos es ya llegada,
va con los Reyes
la mi manada.

Llevémosle dones
de grande valor,
pues vienen los Reyes
con tan gran hervor.
Alégrese hoy
nuestra gran zagala:
va con los Reyes
la mi manada

No cures, Llorente,
de buscar razón,
para ver que es Dios
aqueste garzón.
Dale el corazón,
y yo esté empeñada.
Va con los Reyes
la mi manada.

ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS. PIETRO DE LIGNIS, 1616

ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS. PIETRO DE LIGNIS, 1616

 

2.6. SANGRE A LA TIERRA (Circuncisión)

Este niño viene llorando.
Mírale, Gil, te está llamando.

Vino del cielo a la tierra
para quitar nuestra guerra.
Ya comienza la pelea,
su sangre está derramando.
Mírale, Gil, te está llamando.

Fue tan grande el amorío,
que no es mucho estar llorando,
que comienza a tener brío
habiendo de estar mandando.
Mírale, Gil, te está llamando.

Caro nos ha de costar.
Pues comienza tan temprano
a su sangre derramar,
habremos de estar llorando.
Mírale, Gil, te está llamando.

No viniera él a morir,
pues podia estarse en su nido.
—¿No ves, Gil, que, si ha venido,
es como león bramando?
Mírale, Gil, te está llamando.

—Dime, Pascual, ¿qué me quieres,
que tantos gritos me das?
—Que le ames, pues te quiere,
y por ti está tiritando.
Mírale, Gil, te está llamando.

 2.7. YA VIENE EL ALBA

Migallejo, mira quién llama.
—Ángeles son, [10]ya viene el alba.

—Hame dado un gran zumbido,
Cantillana parecía[11].
—Mira, Bras, que ya es de día,
vamos a ver la zagala.
Migallejo, mira quién llama.
—Ángeles son, ya viene el alba.

—¿Es parienta del alcalde
u quién es esta doncella?
—Ella es hija de Dios padre,
relumbra como una estrella.
—Migallejo, mira quién llama.
—Ángeles son, ya viene el alba.

 


[1] Utilizaré las ediciones de Efrén de la Madre de Dios y Otger Steggink: Santa Teresa de Jesús, Obras completas, Madrid, BAC, 1967, 2.ª ed., y la de Ángel Custodio Vega, La poesía de Santa Teresa, Madrid, BAC, 1972. Partiendo de ambos introduzco algunos cambios textuales de orden ortográfico y léxico, estos últimos dictados por la necesidad métrica.

[2] Estos versos figuran en todos los manuales modernos de retórica escolar como el ejemplo de la paradoja. Recordemos que solo los dos primeros son de santa Teresa; el tercero corría ya en el siglo XV en cancioneros y romanceros.

[3] La poesía española del siglo XVI. II Aquel valor que respetó el olvido, Madrid, Cátedra, 1987, p. 740.

[4] Op. cit, p. XIV.

[5] Véase Tomás Navarro Tomás, Métrica española, Madrid, Guadarrama, 1974.

[6] Ibídem, p. 236.

[7] Al ser los veros hexasílabos se hace necesario añadir esta conjunción para que el verso tengo las seis sílabas, sino quedaría cojo.

[8] Para que el verso tenga seis sílabas.

[9] Si se pusiera la forma moderna tiene, el verso tendría una sílaba más.

[10] Suprimo la conjunción que, que aparece en las ediciones citadas, ya que, si no, el verso tendría diez sílabas, en vez de las nueve que debe tener.

[11] En las ediciones: que parecía Cantillana. Altero el orden por razones de rima; con esta alteración rimarían los dos últimos versos de la mudanza.

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