MITOLOGÍA LEONESA: (2) EL CUÉLEBRE

CUÉLEBRE12.1. Origen del nombre

Cuélebre es palabra del dialecto leonés, que tiene la misma raíz que las castellanas culebra y culebrón y que con ellas forma una familia léxica a la que también pertenecen otras palabras del leonés actual como colebra, culiebra, culuibra, cobra, cuebra, crioba, quiluebra, culuebroculiebrón.

Tienen su origen en el término latino CŎLŬBER –RI (-RIS) ‘culebra’ a partir  del acusativo CŎLŬBRE(M). Al igual que para culebra hay que presuponer en el latín vulgar el término intermedio *CŎLŎBRA –con acento en la segunda Ŏ-,  para cuélebre  la presunción es *CŎLŎBRE, el cual, mediante diptongación de las dos Ŏ breves latinas en UE, habría dado *CUÉLUEBRE con desplazamiento del acento a la sílaba anteúltima;  a su vez, en los diptongos se aprecian dos comportamientos diferentes: en el primero se conserva, como es la tendencia general del español[1], y quizá también debido al  influjo del leonés que tiende a conservar el diptongo ie que en español se reduce a i;[2] en el segundo diptongo se reduce a e, como ocurre en muchos otros casos (como en culebra) cuando se halla seguido de labial (b)+ alveolar (l, r). Y después de estos cambios fonéticos tenemos la palabra CUÉLEBRE.[3] El Diccionario de la Real Academia Española la recoge por primera vez en su edición de 1899 con el significado que se ha ido repitiendo hasta la actualidad.

Aunque el DRAE asigne el término a Asturias y lo defina como «dragón fabuloso de la mitología asturiana», por ser en esta zona donde más referencias hay al mito, no por ello habrá que dejar de reconocer que en León también existe el término y el mito y que sería más exacto hablar de palabra perteneciente al dominio del leonés, aunque el ámbito del mito sea mucho más amplio. Además de dicho término, en la geografía leonesa se utilizan las palabras CULUEBRO, SIERPE o CULEBRÓN para referirse a dicho mito.

2.2. El mito

Las creencias, leyendas y ritos relacionados con el culto a la serpiente son muy numerosos en todo el noroeste peninsular, como recoge la tradición oral y escrita y como muy bien ha señalado José Antonio Balboa de Paz.[4]

El mito del cuélebre, este animal mitológico, es uno de los que más han atraído la atención de los leoneses. Si realizamos una síntesis con los elementos comunes que se pueden extraer tanto de los relatos orales  hoy conservados sobre el mito, como de sus fuentes escritas, este sería el prototipo. Se describe como una gran serpiente alada que custodia tesoros o doncellas en las simas, cuevas, lagos y fuentes de gran cavidad subterránea. Siempre está despierto, salvo la noche de san Juan que se rinde al sueño. Su aliento es fétido y venenoso; sus silbidos se oyen a gran distancia y son aterradores. Su cuerpo está recubierto de escamas que por su dureza hacen invulnerable las partes que lo recubren, dejando solamente vulnerables los ojos y una parte de la garganta[5]. En la Tierra, defiende su morada subterránea, ataca a los hombres y a los animales, devorándolos tanto si están vivos como si están muertos. A medida que va creciendo y haciéndose viejo, las escamas del cuélebre van creciendo y haciéndose más duras, hasta que la Tierra le prohíbe vivir en sus entrañas (es una fuerza telúrica). Entonces, se irá volando hasta la Mar Cuajada donde vigilará y defenderá las riquezas inconmensurables que se hallan en su seno, para que el hombre no pueda apoderarse de ellas.

CUÉLEBRE VERDESi era en la mayor parte de su cuerpo invulnerable y con las armas tradicionales no se le podía vencer, si a quienes intentaban recuperar los tesoros, salvar a las doncellas o simplemente deshacerse de ellos los devoraba, ¿el hombre fue incapaz de inventar procedimientos para derrotarlo? No. Al cuélebre que habitaba una cueva detrás del convento del convento de Santo Domingo en Oviedo, y que iba devorando uno tras otro a los frailes, logró darle muerte un fraile cocinero dándole a comer un pan relleno de alfileres. Al de Brañaseca (Cudillero), al que los vecinos tenían que alimentar con borona y pan de centeno para que no devorase a sus ganados, le dieron muerte arrojándole una piedra calentada al rojo vivo al grito de «¡Abre la boca, culebrón, que ahí te va el boroñón!» Al dragón de La Gotera, que exigía una oveja diaria para alimentarse, le dio muerte san Lorenzo con una torta hecha de tierra carbonosa, cardenillo de cobre y unto de carro, que se le indigestó y así pudo matarlo al arrojarlo desde la peña un feje ardiendo, no sin que antes devorase a dos de sus hermanos. Al cuélebre de Getino, un nubarrón de verano descargó tal cantidad de agua que arrastró a la bestia hasta estrellarlo contra las rocas de La Cardosa. A la sierpe de La Rupiana, que se comía a sus hombres y ganados, le dio muerte san Fructuoso emborrachándolo con un gran pan de de harina de castañas amasado con jugo de tejo y de apio hasta dormirlo. Entonces, le metió por un ojo un gran madero de castaño aguzado y requemado en el fuego hasta abrasarle el cerebro.

A la vista de lo dicho con anterioridad, nos podemos pregunta por el origen del mito del cuélebre. Y la respuesta inmediata es que es desconocido. Pero si examinamos la historia de la mitología, encontramos que se le podría emparentar (y decir que en ellos pudo tener su origen) con otros mitos de la Antigüedad, como el de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides o Ninfas del Ocaso, que habitaban en el Occidente extremo, y que algunos han ubicado en las islas Canarias. En el jardín de las Hespérides crecían las manzanas de oro, que era el regalo que la Tierra había hecho a Hera con ocasión de su boda con Zeus. Las Hespérides tenían como función esencial la de vigilarlas con la ayuda de un dragón de cien cabezas que nunca dormía. El robo de estas se convertirá en  uno de los famosos doce trabajos realizados por Hércules. Igualmente mantiene semejanza con el mito del vellocino de oro, custodiado por un terrible dragón, al que Jasón logró adormecer y matar ayudado por los hechizos de su amiga la maga Medea y así robarle el vellocino. Son también famosos y conocidos otros dragones de la Antigüedad como el de Jolcos, el que salió de la tumba de Anquises, el que mató Apolo en Delfos, el de Aulides, etc.

Veamos cuáles son los elementos definidores de este terrible monstruo según el relato de Plinio (23-79) en su Historia natural, VIII, 11-14:

  • son serpientes de gran tamaño, capaces de dar muerte a los elefantes;
  • los más grandes son los de India;
  • según Juba II (c. 50 a. C. – 23 d. C.), rey de Namibia y Mauritania, tenían cresta;
  • uno de sus alimentos favoritos es la leche de vacuno.

En la Edad Media numerosos son los textos literarios y no literarios en los que aparecen los dragones. Solamente me referiré a tres –de diferente género literario- porque aportan elementos esenciales para conocer el mito. Se podría decir el mito visto desde tres perspectivas diferentes.

EL ANIMAL FABULOSO. El primero de los textos es la descripción que el llamado bestiaro de Cambridge, del siglo XII, realiza de él:

El dragón es la mayor de todas las serpientes, y en realidad de todos los seres vivos que hay en la tierra […] Cuando el dragón sale de la cueva, a menudo se eleva a los cielos, y el aire a su alrededor se vuelve ardiente. Tiene cresta, boca pequeña y un estrecho gaznate a través del cual toma aliento o saca la lengua. Por otra parte, su fuerza no está en los dientes, sino en la cola, y hace daño más con sus golpes que con sus picaduras. Así, es inofensivo en lo que atañe al veneno. Pero dicen que no necesita veneno para matar, ya que, si se enrosca en torno a alguien, lo mata de esa forma. […] El demonio, que es el más enorme de todos los reptiles, es como este dragón.[6]

EL GUARDIÁN DE TESOROS. El segundo pertenece a los Nibelungos (s. XIII), poema épico germánico. Aquí Sigfrido se enfrenta al dragón Fafner, guardián del tesoro de los nibelungos, al que da muerte con una espada de su padre nuevamente forjada, arrebatando tan preciado botín.

EL DEVORADOR DE ANIMALES Y PERSONAS VENCIDO POR UN SANTO. La Leyenda áurea (c. 1264) de Jacobo de la Voragine –obra fundamentalmente hagiográfica- será el tercero de los textos seleccionados. En el capítulo LVIII, dedicado a san Jorge, cuenta que en un lago cercano a Silca (Libia) habitaba «un dragón de tal fiereza y tan descomunal tamaño que tenía amedrentadas a las gentes de la comarca». El aliento pestífero del monstruo infestaba a cuantos intentaban acercarse a la orilla del lago. Su alimento diario era de dos ovejas. Una vez que el rey vio que estas se iban acabando decidió sustituir una oveja por una persona elegida mediante sorteo. Después de haber devorado muchas personas, le tocó el turno a la hija del propio rey. Cuando esta se dirigía hacia el lago para cumplir su destino se encontró con san Jorge a quien contó su historia y le pidió que se alejara del lago para que el dragón no le devorara. Encontrándose en este diálogo, el dragón salió del agua y se dirigió hacia ellos. San Jorge se subió a su caballo dirigiéndose hacia la bestia a toda carrera y cuando lo tuvo a su alcance le hundió su lanza en el cuerpo hiriéndola. Entonces mandó a la joven que se quitara su cinto y sujetara al dragón por el pescuezo. De esta guisa lo llevaron hasta la ciudad. Al ver esto, el rey y todo su pueblo se convirtieron al cristianismo y se bautizaron. Entonces, san Jorge, en presencia de la multitud, desenvainó la espada y con ella dio muerte al dragón.

SAN JORGE Y EL DRAGÓN (RAFAEL ¿1504-1506?)
SAN JORGE Y EL DRAGÓN (RAFAEL ¿1504-1506?)

Estos relatos de dragones, con sus variantes y en diferentes versiones, pasarán de la Edad Media a otras épocas y así sucesivamente hasta llegar por la tradición oral o por vía de la escritura hasta nuestros días.

Los mitos que tienen como protagonistas a dragones y a serpientes fabulosas se hallan presentes en todas las culturas de la Tierra. Representan la fuerza, la sabiduría, el celo máximo en su labor de guardián de tesoros y encantamientos, la prueba del valor de los hombres, por lo que quien logre vencerlos se convertirá en héroe.

En cuanto a su significación, se puede decir que hay una clara diferencia entre la cultura occidental y la oriental. Mientras que para esta última los dragones son considerados como animales sagrados, dioses benefactores, que rigen los vientos, la lluvia y cuidan de las cosechas, y se hallan en los orígenes de las grandes dinastías imperiales, para la occidental es la encarnación del mal. El carácter protector que tenían en su origen de fuentes y lagos lo perderá con el advenimiento del cristianismo, que le convertirá en un ser maligno que encarna el mal, emparentándolo con el demonio, como se puede observar ya en el siglo XII en la descripción que realizaba el bestiario de Cambridge o en los numerosos relatos en los que el dragón es vencido por un santo. Entre estos el más famoso es el de san Jorge, que he relatado arriba. La identificación del dragón con el demonio la hallamos ya en el Apocalipsis de san Juan, 12, 3 y 9:

– Y fue vista otra señal en el cielo: y he aquí un grande dragón bermejo, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas.

– Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

2.3. Geografía leonesa del cuélebre

En la catedral de León, en la capilla de Santiago,  del escultor renacentista Juan de Badajoz (¿?-1522), encontramos una escultura de este ser mitológico. Tres son los más famosos cuélebres de la provincia de León: el cuélebre de Getino, en el monte Faedo (relacionado con un pastor de la Mesta), la sierpe de la Rupiana, en los montes de Valdueza (relacionada con san Fructuoso) y el dragón de La Gotera en la Vid (relacionado con san Lorenzo). [7]

2.4. Otros lugares no leoneses

Donde más extendido está este mito es, sin lugar a dudas, en Asturias (Recordemos que, incluso, ha dado lugar a una canción del cantante asturiano Víctor Manuel): Noriega, Ribadesella, Cangas de Onís, Ponga, Campo Caso, Salas, Somiedo, Cudillero, Oviedo, etc.[8] También lo hallamos en el lago Curavacas de Palencia, en la Iglesia de San Vicente de Ávila, etc.

mitología asturiana2.5. Representaciones

Son muchas las iglesias leonesas en cuyos capiteles, coros y sillerías se halla esculpida o tallada la imagen del cuélebre.

Para el parque temático ubicado en un paraje montañoso, rodeado de espesos montes de hayas o robles: gran y profunda cueva, tesoros y doncellas dentro, gran dragón ocupando la entrada, el cual emite espantosos ruidos y expele un hálito hediondo.

2.6. Posible interpretación

La cueva natural, primera casa del hombre, siempre ha sido un lugar mistérico. Dependiendo de las culturas, ha variado la interpretación. Así, con el cristianismo ha sido lugar de penitencia y mortificación de sus monjes. Recordemos las cuevas del silencio de la Tebaida berciana. En una interpretación más elemental, con la oscuridad dominando su interior, la cueva representa el miedo a lo desconocido. Por eso será el lugar idóneo en el que el hombre supone escondidos fabulosos tesoros (cueva de la peña El Castiello de Valdosín), residencia de monstruos, de seres encantados o de personas retenidas.

CUEVA DEL CUÉLEBRE, SEGÚN MATÍAS ALONSO

CUEVA DEL CUÉLEBRE, SEGÚN MATÍAS ALONSO

La cueva es el hábitat del cuélebre erigido en guardián. Representa este mito el enfrentamiento entre la Naturaleza y el Hombre. El dragón es fuerte, sabio, pero será derrotado por el hombre que es no más fuerte, pero sí más sabio. El desafío de la Naturaleza es doblegado por la inteligencia, por el saber de quien quiere regirla: el Hombre.


[1] rota>rueda, bonu>bueno, jogu>juego, focu>fuego, fonte>fuente, nove>nueve, etc.

[2] La palabras antiguas culuebra y coluebra las encontramos ya en Gonzalo de Berceo (1190-1264) y Castigos de don Sancho (finales del XIII). La moderna culebra, ya en Calila e Dimna (1251) respectivamente. En el vocabulario de Nebrija (1516), el primer diccionario del castellano, aparece solamente la forma culebra. Esta habría sido la evolución de la palabra: *CŎLŎBRA>coluebra>culuebra>culebra. Ejemplos del leonés que han conservado el diptongo ie: castiello, Pinidiello, Bostetiello, Piniella, Hurniello, casiella, portiella, aviespa, riestra, etc.

[3] Cfr. Ramón Menéndez Pidal, Manual de gramática histórica española, §13, 1 y 2, y 20, 2.

[4] Recordemos al efecto el relato bíblico de la expulsión de Adán y Eva del paraíso en el que el demonio adquiere la forma de serpiente para tentar a la mujer. Relatos en los que se decía que las culebras (de grandes dimensiones) mamaban a las vacas (concretando lugares y personas) las he oído en mi juventud (Siero de la Reina).

[5] Aunque es un ser mitológico, no deja de ser terrestre y, por tanto, mortal. La religión no permite equipararlo a los seres inmortales que son de otro mundo. Esta parte del mito tiene mucho que ver con el principal protagonista de la Ilíada, Aquiles, a quien, según el poema incompleto Aquileida, escrito por Estacio en el siglo I, cuando nació, Tetis intentó hacerle inmortal sumergiéndolo en el río Estigia, pero olvidó mojar el talón por el que le sujetaba, dejando vulnerable ese punto. Paris le dará muerte clavándole una flecha en ese lugar.

[6] Bestiario medieval (edic. de Ignacio Malaxecheverría), Madrid, Siruela, 1993, pp. 180-181.

[7] El relato de estas tres versiones del mismo mito se puede leer en Matías Alonso, Mitos y leyendas, León, Diario de León, 1978, pp. 4-8.

[8] Un interesante y bien documentado estudio del mito en la parte asturiana lo hallamos en Elviro Martínez, Mitología asturiana, León, Everest, 2001, pp. 178-194.

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