MITOLOGÍA LEONESA: (1) INTRODUCCIÓN

LEMA

 «Difícilmente se podrá encontrar en toda Europa una región en la que los elementos de la cultura moderna se hallen tan en armonía con los datos de un pasado remoto como León» (Julio Caro Baroja)[1].

 1. Economía lingüística y polisemia

En toda lengua, en cuanto código lingüístico, funciona la ley de la economía lingüística, o lo que es lo mismo, transmitir el máximo de información con el mínimo de signos. Además, los códigos deben ser limitados y moderadamente extensos, para que los usuarios la puedan aprehender. ¿Alguien se imagina una lengua con un millón de signos? No habría cerebro humano que pudiera aprenderlos y utilizarlos. No obstante, las lenguas tienen un número considerable de signos, muchos de los cuales no son conocidos por el común de los usuarios. Pensemos en la lengua española: tiene más de 93 000 palabras con más de un significado la mayoría. Por eso, la mayoría de las palabras son polisémicas: a nivel de lengua poseen más de un significado, que el habla circunscribe a uno solo.

2. Mitología y mito

Todo lo anterior es aplicable a las palabras que nos ocupan: MITOLOGÍA y MITO.

Para la primera el DRAE[2] trae las siguientes acepciones: (Del lat. mythologĭa, y este del gr. μυθολογία). 1. Conjunto de mitos de un pueblo o de una cultura, especialmente de la griega y romana. 2. Estudio de los mitos. Con el primer significado es con el que la utilizaremos aquí, pero referida a la cultura leonesa.

Para la segunda, el repertorio de significados es más amplio: (Del gr. μῦθος) 1. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad. 2. Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal. 3. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima.4. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen. La primera de las definiciones es la que nos conviene en este estudio, complementada por la definición que ha dado Pierre Grimal, uno de los expertos y clásicos de la mitología, en su Diccionario de mitología: el mito es una «narración que se refiere a un orden del mundo anterior al orden actual, y destinada no a explicar una particularidad local y limitada, sino una ley orgánica de la naturaleza de las cosas».

MITOLOGÍA

Completaré estas definiciones con la dada por Carlos García Gual en su Introducción a la mitología griega: «Mito es un relato tradicional que refiere la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un  tiempo prestigioso y lejano». Añade que se utiliza para explicar e ilustrar el mundo mediante la narración de sucesos maravillosos y ejemplares y que cualquier historia mítica conserva un  valor paradigmático.

Así pues, el mito se define por las siguientes características que lo diferencian de la leyenda con la que a menudo se confunde:

  1. Es una narración.
  2. De naturaleza maravillosa.
  3. No es histórico.
  4. Los actantes son seres divinos o heroicos.
  5. Relata, interpreta, explica y revela el origen del mundo o de acontecimientos extraordinarios.
  6. Es una ley orgánica fabulosa de la naturaleza de las cosas.
  7. De carácter paradigmático.
  8. No es necesariamente religioso.
  9. Sus fronteras son borrosas y huidizas.

Partiendo de estos principios, las fronteras entre dos realidades que con frecuencia se confunden, como son el mito y la leyenda, pueden quedar parcialmente concretadas: la leyenda parte de un hecho real, es histórico, que debido a la transmisión (fundamentalmente oral) se va distorsionando, fabulando, para llegar a perder el referente que le dio origen y convertirse en algo ficticio, que no se ajusta a los principios de las ciencias experimentales, pero que trata de explicar relatos carentes de verosimilitud. Se podría decir que el mito está siempre presente, mientras que la leyenda se refiere solo al pasado.

Si acotamos la universalidad del concepto de mitología con el adjetivo «leonesa», tendremos que colegir, como se verá más adelante, que se debe entender esta como el conjunto de relatos míticos de una vasta cultura preclásica, clásica, cristiana, esencialmente europea, que toman vida en un territorio concreto, que en este caso es la provincia de León, pero que no son privativos ni exclusivos de ella: León formará parte de un vasto sustrato cultural al que pertenecerían los pueblos del norte de España (galaicos, astures, cántabros, váscones). Lo que sí es privativo es la modulación que los habitantes de esta geografía hacen del mito.

Acercarnos a los antiguos mitos es hacerlo a los orígenes, a las raíces del pueblo leonés, a sus gentes, a la más primitiva historia. Así, observaremos cómo el mito hunde sus raíces en la más lejana y escondida raíz del acontecer histórico de los habitantes de la provincia de León. En una sincronía simplista, se podría decir que los pueblos indígenas que habitaban las tierras de León –los astures[3]– tenían sus mitos, lo cuales pasaron por el tamiz de la romanización, por el contacto con suevos y visigodos, y después por el de la cristianización, pero que todavía se asoman para dejar ver su carácter primigenio, a pesar de la lucha por erradicarlos llevada a cabo fundamentalmente por el cristianismo, ayudado en muchos momentos por la acción política de turno[4].

Así pues, indicaremos que el hombre a través del mito ha intentado dar explicación, explicarse, encarnar fenómenos, hechos vitales para su vivencia, pero que a la luz de la razón no era capaz de solucionar e integrar en su devenir histórico. Según Mircea Eliade, son las respuestas que el hombre busca para explicarse algunas de las cuestiones fundamentales de su existencia, como su origen o el del cosmos, su destino, el más allá, determinados fenómenos de la naturaleza, etc. Serían la respuesta a una necesidad real y concreta.

Por último, siguiendo a José Antonio Balboa de Paz,[5] y refiriéndonos a los mitos que vamos a tratar (Cuélebre, Jana, Trasgu y Reñuberu) diremos que los personajes que los encarnan son seres fabulosos de origen diverso. Los dos primeros responden a restos de antiguas creencias; los otros dos son consecuencia de una visión animista del mundo en la que las cosas no se desordenan por el azar, sino por el Trasgu, y los fenómenos de la Naturaleza, como las tormentas, solo se pueden explicar por la existencia de seres extraordinarios que los producen: el Reñuberu; son personajes del mundo espiritual, pero que han sido antropomorfizados.

Características de todos ellos, y manteniendo sus diferencias, según Carlos Canales y Jesús Callejo, serían las siguientes:

  1. Son seres elementales, ya que se relacionan con los cuatro elementos básicos y primarios del cosmos: el agua, el fuego, el aire y la tierra.
  2. Son seres interdimensionales y atemporales que viven en la Tierra, pero no se rigen por las leyes físicas ordinarias.
  3. Son invisibles, aunque se pueden hacer visibles bajo la forma de determinados animales o antropomorfizados.
  4. Pueden cambiar de forma y de tamaño.
  5. Son juguetones y caprichosos.
  6. Éticamente son neutros.
  7. Viven más años que los hombres, pero no son inmortales.
Monte Teleno
MONTE TELENO NEVADO

Finalizaré esta breve introducción explicando el porqué de estos cuatro solamente. Este trabajo se hizo con la intención de ayudar al secretario de un ayuntamiento maragato en su deseo de establecer un parque temático en las laderas del mítico monte Teleno de los astures, dedicado a Marte Tilenus por los romanos. Por ello, había que seleccionar de entre los numerosos mitos que recorren las tierras leonesas unos pocos que resultaran significativos y atrayentes. Y este fue el resultado.


[1] Julio Cara Baroja, Los Pueblos de España, Madrid Istmo, 1976.

[2] DRAE: Diccionario de la lengua española de la Real Academia de la Lengua.

[3] «Astures» es el nombre con el que los romanos designaron al conjunto de pueblos o tribus que ocupaban principalmente la actual provincia de León, gran parte de Zamora, y gran parte del Principado de Asturias, desde el río Sella, en el este, por donde lindaban con los pueblos cántabros, hasta el río Navia, por el oeste, donde lindaban con los albiones. También ocupaban en el distrito de Braganza (Portugal) la zona de Tras-os-Montes. Constituyeron el convento jurídico de Asturia. Recibieron su nombre en cuanto que habitantes de las orillas del río Astura (Esla). Plinio el Viejo y Estrabón hablan de dos grupos principales separados por la cordillera cantábrica: los astures augustanos o cismontanos con capital en Asturica (la actual Astorga) cuyos dominios llegaban hasta el Duero, y los astures transmontanos que se extendían entre el río Sella y el Navia. Plinio cita 22 pueblos en el convento Astur y una población de cerca de 240.000 personas.

[4] Los astures eran politeístas como lo demuestran la variedad de sus dioses que conocemos: Bodo, Deganta, Mandica, Camenio, Tutela Bulgense, Cossue, Candamio, Teleno, etc.

[5] «Mitología berciana», en Bierzo mágico, León, Diario de León, 1996, pp. 109-144.

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