FÉLIX GORDÓN ORDÁS (1885-1973) EN LA UÑA (LEÓN): UNA HISTORIA CON DRAMÁTICAS CONSECUENCIAS

Cuando me encontraba enfrascado en la lectura de un libro recomendable como es Pacto de lealtad, de Gonzalo Giner, la referencia a uno de los personajes que vivían en Madrid, el veterinario y político leonés Félix Gordón Ordás, una de cuyas hijas, Bruni, es íntima amiga de la protagonista Zoe, me despertó en la memoria dormida las trágicas consecuencias que trajo la visita del político leonés al pueblo de La Uña en 1936. Igualmente los perros alanos me trajeron al recuerdo algunos versos, menos de los deseados, de aquel romance que mi madre me cantaba siendo yo niño y que comenzaba de la siguiente guisa: «El niño Dios se ha perdido, // por el mundo anda pidiendo», en el que aparecía esta raza de perros que simbolizaba la fiereza máxima.

Ahora os contaré la primera historia ayudada por la todavía buena memoria de Antonio Ibáñez Valdeón (n. 1919).

El 7 de enero de 1936 se disolvían las Cortes españolas y se convocaban elecciones generales para el día 16 de febrero y 1 de marzo en primera y segunda vuelta.[1] A dichas elecciones concurrieron en la provincia de León, amén de varios partidos políticos,  dos coaliciones que se habían de disputar a la postre el triunfo final: la de derechas bajo el nombre de Frente antirrevolucionario de León, integrado por la CEDA, el Partido agrario y Renovación española, y la coalición de izquierdas denominada Frente popular, constituida por Unión Republicana, PSOE e Izquierda republicana. Al primero de los partidos de izquierdas pertenecía Félix Gordón Ordás.[2]

GORDÓNFÉLIX GORDÓN ORDÁS

El domingo 12 se inicia la precampaña electoral y los candidatos y otros políticos comienzan a recorrer la provincia leonesa dando sus mítines. Entre esta fecha y antes del 16 de febrero tuvo que llegar a La Uña Gordón Ordás[3]; era en un día lluvioso, sin que se pueda precisar. Las escuelas acogieron su mitin. En él, el político leonés promete a los habitantes de La Uña algo por lo que venían suspirando, dado que era de gran importancia: sustituir el viejo puente de madera sobre el río Esla, que comunicaba las dos partes del pueblo y daba acceso a una buena parte de los terrenos de este,  por uno nuevo de hormigón que desafiara las violentas crecidas del río y que evitara las continuas reparaciones a que tenía que ser sometido el de madera. La contraprestación era evidente: el voto para los dos candidatos de Unión republicana. Finalizado el mitin, y como el día era lluvioso, amparado por el paraguas del vecino del pueblo Jerónimo Reguera, el político unionista visitó el viejo puente de madera y volvió a prometer in situ su pronta sustitución.

PUENTE

PUENTE VIEJO DE MADERA ANTERIOR A 1950

Acabada la campaña electoral, el día 16 de febrero de 1936 tuvieron lugar las votaciones en la mesa electoral de Acebedo, sin registrarse incidentes. De los 483 electores del Ayuntamiento votaron 382 (el 79,09 %). El candidato más votado fue Antonio Álvarez Robles de la CEDA con 294 votos. Gordón Ordás ocupó el noveno lugar con 102 votos. Triunfó la derecha con el 79,23 % de los votos frente al 20, 34 % del Frente Popular. En la provincia de León, de los nueve diputados elegibles siete lo fueron por la coalición de derechas y dos por el Frente popular; entre estos dos estaba Félix Gordón Ordás.

El 19 de febrero, sin que se hubiera procedido al escrutinio de las elecciones celebradas tres días antes y sin que se hubieran proclamado los diputados electos, el presidente de la República encarga la formación de gobierno a Manuel Azaña del Frente Popular. El 8 de abril fue nombrado embajador en Méjico Félix Gordón Ordás, puesto en el que sería cesado al triunfar la dictadura del general Franco en 1939.  En la capital mejicana moría el 26 de enero de 1973 sin haber vuelto a España y después de haber desempeñado el puesto de embajador y presidente de la República en el exilio y sin haber cumplido su promesa del nuevo puente de La Uña. Este sería levantado por los vecinos de La Uña en 1950 mediante el sistema de hacendera sufragando los gastos Simón Valdeón, natural de La Uña y asentado en  Méjico. Hoy sigue sufriendo los embates de las frecuentes crecidas del río Esla en época de avenidas y deshielos y dando acceso a Las Vallinas, El Melendrín o El Coronico.

PUENTE NUEVO DE HORMIGÓN (IMAGEN AC TUAL), FINANCIADO EN 1950 POR SIMÓN VALDEÓN

PUENTE NUEVO DE HORMIGÓN (IMAGEN ACTUAL), FINANCIADO EN 1950 POR SIMÓN VALDEÓN

Hablábamos al comienzo de consecuencias trágicas. Y sí que las tuvo. El 18 de julio de 1936 se produjo el levantamiento militar contra la II República dirigido por el general Mola. Al no sublevarse todas las regiones, se iniciaría una guerra civil. La provincia de León, pasados los días 20 y 21 y declarada la ley marcial,  quedó divida en dos zonas: la mayor parte dominada por los sublevados y la franja norte fiel a la República. La Uña, al igual que el resto de la montaña de Riaño, quedó en manos de los Nacionales, mientras que la vecina Asturias siguió fiel a la República. La Uña pasó a formar parte de lo que se llamó el Frente Norte, cuyos últimos reductos leoneses cayeron en manos de los sublevados el 20 de octubre de 1937.

De acuerdo con la nueva situación, las nuevas autoridades procedieron a la detención de las autoridades elegidas durante el periodo republicano, así como a los más significados líderes políticos y sindicales de la izquierda. Así,  en la zona fue detenido el presidente de la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Acebedo, el uñés Pedro Lario,[4] y trasladado a San Marcos en León convertido en cárcel. En su puesto fue nombrado Vicente Tejerina, a la sazón médico de dicho Ayuntamiento.

puebloFOTO ANTIGUA DE LA UÑA CEDIDA POR FIDEL PANIAGUA

En los límites de las provincias de León y Asturias en la zona oriental, en los puertos de Las Señales y Tarna, en El Picón, La Cerra, La Castellana, El Venero, el sestil de El Cueto, se establecieron los frentes de guerra entre los republicanos –que llamaremos en adelante con el apelativo más conocido de Rojos- y los Nacionales. El pueblo de La Uña era el último del lado de los Nacionales y muy próximo al frente de guerra. A él llegará una centuria de Falange[5], integrada por unos 40 hombres, que procedían de diferentes poblaciones leonesas, especialmente de Veguellina del Órbigo, al mando de Ángel Martino, de Soto de Jambre.

Dicha agrupación se instaló en un primer momento en Acebedo. Y miembros de ella, apostados en La Corona de Acebedo, fueron los que mataron a dos milicianos asturianos, procedentes de Cangas de Onís, que se habían presentado en La Uña el día 25 de julio de 1936 con la intención de matar a su párroco Emiliano Teresa Álvarez (cura párroco de La Uña desde el 18 de marzo de 1936 al 28 de julio de 1938), natural de Acebedo, donde residía. No lograron su objetivo al no encontrarse este en La Uña, sino en su pueblo natal. Para conseguir su objetivo  se desplazaron hasta El Soto y allí se escondieron vigilantes para esperarlo; en este lugar murieron al ser alcanzados por las balas de los falangistas que se hallaban apostados en La Corona de Acebedo y que los habían avistado.

El segundo contacto de los falangistas con La Uña tuvo lugar pocos días después, todavía en el mes de julio, cuando se presentó en el pueblo por la mañana un grupo de ellos y se situaron en el pico de El Escavao, La Cureza y La Llana, desde donde se liaron a tiros con todo lo que se les ponía por delante para amedrentar a sus habitantes. Resultaron tiroteados varios vecinos y vecinas del pueblo que se hallaban cuidando sus ganados en Las Vallinas o transitaban por el camino de La Horcada. Ante la protesta de una madre por tan bárbaro comportamiento, ya que estaban tiroteando a dos de sus hijos, uno de sus integrantes le hizo callar diciéndole que o se callaba o le pegaba un tiro en la cabeza. En La Horcada permanecieron todo el día unas ocho personas, sin comida, y solo regresaron al pueblo al escurecer. Los falangistas habían vuelto a Acebedo. Esto no fue más que un ejemplo de su bárbaro proceder.

En el mes de agosto, en uno de sus domingos que ya no podemos precisar, los falangistas trasladan su cuartel de Acebedo a La Uña para establecer aquí y en sus aledaños el frente de guerra. Se instalan en las escuelas. En una portalada cercana establecen sus cocinas y en un tendejón anexo el comedor. Las mujeres del pueblo tuvieron que hacer de cocineras para ellos.

Ese mismo domingo tres vecinos del pueblo lo abandonan ante la temida llegada de la Falange y los rumores de muerte que corrían por haber votado a Gordón Ordás. Se decía que los falangistas traían dos órdenes: una lista de fusilables de La Uña de 20 vecinos y dar fuego al pueblo. Parece que la intervención del alcalde de Acebedo, Vicente Tejerina, logró neutralizar dichas órdenes, aunque no en su totalidad. De los tres que habían abandonado el pueblo, David Lario Valdeón se había ocultado en una cueva a la orilla del río en el término conocido como Las Pisas. Allí fue descubierto y muerto a sangre fría. Los otros dos, Antonio Pellón Piñán y el maestro del pueblo de nombre Antonio, tuvieron mejor suerte. Se habían escondido debajo de unos tapines en los prados de Balagar, donde también fueron descubiertos. Cuando iban a ser tiroteados, fueron reconocidos por un falangista de una población cercana, lo que les salvó la vida.

Una última referencia: los falangistas, para demostrar que sabían a quien había votado el pueblo de La Uña y qué había sucedido en la visita de Gordón Ordás, se presentaron en casa del vecino del pueblo Jerónimo Reguera –el que había tapado con su paraguas a Gordón- y le pidieron un paraguas, advirtiéndole de que su actuación tendría consecuencias, cosa que gracias al destino no sucedió.

Esta es la triste historia de la sinrazón político-religiosa.

[1] La ley electoral establecía segunda vuelta si los candidatos que debían ser elegidos en representación de las provincias no alcanzaban el mínimo del 40 % de los votos emitidos.

[2] Véase Juan Manuel Martínez Valdueza y Catalina Seco Martínez, Las Elecciones Generales de 1936 en León y su provincia, León, Lobo Sapiens, 2007.

[3] Véase Miguel Cordero del Campillo, Félix Gordón Ordás (1885-1973), León, ILC, 2004.

[4] Ante tal hecho, uno de sus hijos ingresó en la Falange y logró salvar a su padre de un trágico destino.

[5] La centuria era una unidad organizativa de las milicias falangistas. En teoría debía contar con 100 unidades, pero en la práctica no fue así: las hubo de más y de menos. En marzo de 1937, en la zona de Riaño, estas eran las centurias de Falange establecidas: Riaño, Portilla, Oseja, Soto, La Uña, Lario y Maraña, según Wenceslao Álvarez Oblanca y Secundino Serrano, La Guerra Civil en León, León, Edilesa, 2009, p. 169.

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