A LA POESÍA A TRAVÉS DEL COMENTARIO DE TEXTO: EL SONETO XXIII DE GARCILASO DE LA VEGA

Cuando uno se acerca a la poesía, hay dos formas de penetrar en el poema, que pueden ser independientes o complementarias: la lectura del poema sin otra ayuda que el bagaje cultural de quien lee o el acercamiento a través del comentario que un experto realice. La función tanto de una lectura como de otra es la de establecer un proceso de comunicación con el poema para penetrar en él y percibir sus mensajes, no quedarnos en la epidermis. A la vez que se perciben los mensajes se debe gozar del poema. Es, pues, una lectura de orden estético.

 I

Propongo como práctica de este doble acercamiento –lectura y comentario- el soneto XXIII del toledano Garcilaso de la Vega, cuyo mensaje sigue estando en vigor.

 Comencemos por una lectura detenida y reposada.

  [1534-1536]

En tanto que de rosa y d’azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

ROSA1y en tanto que’l cabello, que’n la vena
del oro s’escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

MELENA AL VIENTOcoged de vuestra alegre primavera
10   el dulce fruto, antes que’l tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

canas-mujer

 1. TEMA

El tema que desarrolla este soneto es la invitación, la exhortación a una joven (concreción patentizada a través del posesivo «vuestro/a» (vv. 2, 3 y 9) a disfrutar de su juventud, de su belleza (expresión del canon de belleza renacentista), antes de que llegue la vejez que todo lo aja. Corresponde al tópico clásico del collige, virgo, rosas: ‘coge, doncella, las rosas’, del poeta Ausonio; y el carpe diem, ‘disfruta el día’, de Horacio. En esta composición, Garcilaso no solo recrea un tema clásico (Humanismo), sino que refleja el antropocentrismo y vitalismo del hombre renacentista para quien la vida terrena es muy breve (vid. v. 13), por lo que hay que disfrutarla en cada momento. Es un claro ejemplo de la valoración de esta vida que trae consigo la nueva ideología, sin que esto quiera decir que renuncie a la vida de la fama y a la vida del espíritu (recordemos las tres vidas manriqueñas).

 2. ESTRUCTURA

Texto en verso en el que se combina la prosopografía (vv. 1-8) con la argumentación (vv. 9-14). Actúa como emisor la voz del poeta, emisor virtual, quien se dirige a la protagonista: una mujer joven, receptor virtual. No olvidemos a un personaje personificado: el tiempo. Carecemos de elementos que sugieran el espacio y el tiempo, por lo que podemos aventurar que la intención del autor es conferir carácter general e intemporal a sus ideas (universalización).

Externamente el texto se puede dividir en cuatro partes correspondientes con las cuatro estrofas de que consta.

En cuanto a la estructura interna, el contenido se adecua a lo establecido en la poética para el soneto. En los dos cuartetos el poeta realiza una descripción de la belleza de la mujer, en su juvenil esplendor: rostro, ojos, mirada, cabello y cuello. En los tercetos el poeta exhorta a la mujer a que goce su juventud y da el motivo: la vejez la transformará y marchitará. Así pues, las ideas secundarias están contenidas en los ocho primeros versos, reservándose los seis finales para la idea principal.

Esta sería la representación esquemática:

1.ª (vv. 1-8): descripción física del busto (no completo).
1.1. (vv. 1-4): la cara.
1.2. (vv. 4-8): la cabeza y el cuello.

 2.ª (vv. 9-14): la exhortación.
2.1. (vv. 9-11): el exhorto.
2.2.  (vv. 12-14): el motivo.

 3. ANÁLISIS MÉTRICO

El poeta se sirve del soneto, poema estrófico formado por catorce versos endecasílabos (atención al v. 11: no hay sinalefa entre la-hermosa) llanos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos encadenados. Los versos riman en consonante. La distribución de las rimas es la siguiente: ABBA/ABBA/CDE/DCE. Es un poema estrófico de versos isosilábicos.

Dos son los encabalgamientos significativos del texto. El primero de ellos se da entre los versos 5 y 6 (abrupto): «qu’en la vena / del oro se escogió». Es una forma más de llamar la atención del lector sobre un elemento prosopográfico relevante: la belleza del cabello. El otro lo encontramos entre los versos 9 y 10 y sirve para destacar la idea principal: “coged de vuestra alegre primavera / el dulce fruto>>.

El soneto, nacido en Italia, fue empleado en el s. XV por el Marqués de Santillana en sus Sonetos fechos al itálico modo, pero no tuvo continuadores en su siglo. El poeta que adapta definitivamente esta composición estrófica a las peculiaridades del castellano fue Garcilaso, quien consigue conjugar métrica y contenido con gran maestría. Por último, indicaremos que el uso del verso endecasílabo y el soneto en el siglo XVI son índices denotadores de poesía italianizante.

 4. ANÁLIS ESTILÍSTICO

Es grande la perfección formal de este soneto, como veremos a continuación.

El ritmo tonal de las varias proposiciones empleadas (aunque oraciones solo aparezcan dos: vv.1-11, 12-14), todas, excepto una, enunciativas afirmativas, expresa la actitud serena y objetiva del autor ante el tema que trata. La proposición principal de la primera oración es exhortativa («coged de vuestra alegre primera…>>); al ser única, gana en fuerza e importancia y se reafirma como núcleo de la idea.

Tres son las figuras retóricas que predominan en el texto: antítesis, hipérbaton y metáfora. La primera se convierte en el soporte argumental del texto: se oponen juventud y vejez como medio de resaltar la juventud y los elementos relacionados con ella. Así, a las características vitales de la juventud (belleza y goce) se oponen las de la vejez (ausencia de la belleza y de las ganas de gozar). Igualmente se presentan como antitéticos la rosa y la azucena (v. 1) y la tempestad y serena (v. 4).

El hipérbaton es otra de las constantes. Aparece a lo largo de todo el poema, aunque en diverso grado de dificultad. Tiene como objetivo resaltar palabras o frases alterando su orden lógico y llamando así la atención del lector sobre los elementos que se distorsionan y se colocan en los lugares relevantes del texto (inicio y final del verso) como «con clara luz la tempestad serena», cuyo orden lógico sería «serena la tempestad con clara luz» (v. 4). El más llamativo es el de la segunda estrofa, ya que afecta a toda ella; en esta el complemento directo («cabello») comienza el verso cinco y el sujeto y los tres verbos que le acompañan se encuentran en el verso ocho («el viento mueve, esparce y desordena»).

La presencia de la metáfora la iremos viendo en el comentario que sigue. Los dos cuartetos son fundamentalmente descriptivos. Presentan el canon de belleza del Renacimiento: el color del rostro («rosa y azucena) »; la mirada («ardiente y honesta»); el cuello, «blanco», «enhiesto», y el cabello de «oro», que sensualmente desordena el viento. Los colores representativos de la belleza son el rojo y el blanco, representados en la «rosa» (sensualidad) y la «azucena» (honestidad). Recordemos de nuevo la antítesis empleada.

Como ya vimos, el retrato que el poeta hace de la amada se ciñe al busto (no completo), del que resalta los rasgos físicos que hemos enumerado, destacando como cualidad moral la honestidad.

Los rasgos físicos idealizados se expresan con metáforas ascendentes lexicalizadas –uno de los rasgos característicos del soneto- (que posteriormente han sido incorporadas al uso lingüístico general): rostro, «rosa» y «azucena»; cabello, «oro».

En el primer cuarteto destaca especialmente el efecto de equilibrio que el poeta consigue con el significado y la perfecta disposición de los elementos. Hay en él una contraposición entre «ardiente», que se corresponde con «rosa» (símbolo de la sensualidad), y «honesto», que se corresponde con «azucena». La joven, por tanto, es sensual, pero también honesta. Por ello su mirada tiene la cualidad de serenar la tempestad (pasión), expresado en el poema con una nueva oposición de sustantivo y verbo (t«empestad/serena»).

El segundo cuarteto (de disposición más libre) está dominado por el sensual movimiento de la cabellera en el cuello, por efecto del viento. Por eso, aquí el poeta acumula los verbos de movimiento: «mueve, esparce y desordena», en gradación ascendente de fuerza. También encontramos una acumulación de adjetivos –una de las categorías más relevantes del texto- para el sustantivo «cuello» («hermoso», «blanco», «enhiesto»). Predominan los especificativos; el explicativo-valorativo hermoso » (v.7) se convierte en anticipador de la adjetivación empleada en el primer terceto, en el cual la subjetividad del autor está marcada por el uso de los epítetos.

La acumulación de verbos y adjetivos del final del segundo cuarteto, provocada por el desorden del cabello movido por el viento, y que hace aumentar la impresión de sensualidad, se remansa en los tercetos. Los tiempos verbales coinciden con la estructura interna del texto y responden a su contenido: el presente de indicativo se utiliza en la descripción de la mujer y el imperativo en la exhortación.

La repetición anafórica «en tanto», «y (en tanto) que», «y en tanto», que inicia los cuartetos, resalta de forma pausada, suave, la sensación del paso del tiempo, que transformará esa belleza, y por eso insiste en la importancia del tiempo presente. Se trata de locuciones temporales que indican la simultaneidad de la belleza y el goce mientras se es joven.

Los tercetos comienzan con una cortés invitación («coged») a disfrutar el presente («de vuestra alegre primavera/el dulce fruto») antes de que la vejez convierta en «nieve» el oro de los cabellos. El tono exhortativo de la forma verbal («coged») constituye el núcleo significativo del poema. La invitación a gozar de la juventud se expresa con las imágenes tradicionales de la primavera y el invierno que llegará.

Aunque en el primer terceto ya se vislumbran los efectos negativos del paso del tiempo: «tiempo airado», «nieve», todavía tienen fuerza los rasgos bellos y agradables de la belleza juvenil. Esto se manifiesta sobre todo en los adjetivos: «alegre», «dulce», «hermosa». Ese contraste se evidencia claramente con el uso de términos que connotan negativa y positivamente.

Los elementos negativos se acentúan en el segundo terceto: la rosa (símbolo de juventud y belleza) se «marchitará» por el efecto del «viento helado», el tiempo presuroso («edad ligera») lo «mudará» todo. El tiempo futuro de este terceto viene exigido por su contenido: la expresión de los efectos que causará el paso del tiempo.

El último verso remata el soneto con una paradoja y un juego de palabras: el tiempo todo lo cambia, porque él no cambia en su proceder.

 5. LOCALIZACIÓN

Se trata de un soneto de plenitud, y, por tanto, podemos situarlo entre los años 1534-36, en la época napolitana de Garcilaso. Esto se explica tanto por la plasticidad de sus descripciones como por las fuentes de inspiración: trata en él un tema clásico, cuyas fuentes están en el poeta latino Horacio (siglo I a. de C.) y Ausonio (siglo IV), aunque su fuente más directa es un soneto del poeta italiano Bernardo Tasso, Gli amori (Venecia, 1534) de quien calca la estructura sintáctica. Es un ejemplo patente de la teoría de la imitación poética (imitatio) imperante en el Renacimiento: se considera como elemento valorativo de la obra literaria imitar los clásicos griegos y latinos o los escritores italianos que han sobresalido en dicha imitación.

Este soneto es uno de los más conocidos y valorados de Garcilaso. Igualmente ocupa un puesto importante dentro de su producción poética por la temática abordada (vitalismo) y por la forma (soneto). También es un poema representativo de la poesía italianizante de la primera mitad del siglo XVI.

 6. CONCLUSIONES

Garcilaso, en este soneto, no solo recrea un tema clásico, sino que se sirve de él para realizar una exaltación de la belleza femenina y una exposición de una de las ideas fundamentales del Humanismo: merece la pena vivir y disfrutar de la vida terrena.

Ante la visión del paso del tiempo, el poeta no manifiesta angustia o miedo, sino que expresa la alegría vital característica de un hombre del Renacimiento; por ello, la impresión que deja el soneto en nosotros es fundamentalmente la de los cuartetos; «la sensación es fresca, delicada, primaveral y virginal», según dice Dámaso Alonso, gran estudioso de nuestro poeta.

Estilísticamente Garcilaso ha sabido dotar al poema de claridad expositiva, naturalidad y buen gusto, aunque esto no quiera decir que esté la obra exenta de artificio, como se puede deducir de los numerosos recursos estilísticos utilizados: encabalgamiento, hipérbaton, anáfora, metáfora, símbolo, antítesis, prosopopeya, adjetivación, etc. La perfecta adecuación entre contenido y expresión hace de este soneto uno de los más bellos de la lírica española.

II

Veamos una nueva modulación del mismo tema tratado también con espíritu renacentista.

                              [1575]

Cuando seas muy vieja, a la luz de una vela
y al amor de la lumbre, devanando e hilando,
cantarás estos versos y dirás deslumbrada:
«Me los hizo Ronsard cuando yo era más bella».

No habrá entonces sirvienta que al oír tus palabras,
aunque ya doblegada por el peso del sueño,
cuando suene mi nombre la cabeza no yerga
y bendiga tu nombre, inmortal por la gloria.

Yo seré bajo tierra descarnado fantasma
y a la sombra de mirtos tendré ya mi reposo;
para entonces serás una vieja encorvada,

añorando mi amor, tus desdenes llorando.
Vive ahora; no aguardes a que llegue el mañana:
coge hoy mismo las rosas que te ofrece la vida.

 (Pierre de RONSARD, Sonetos para Helena).

 III

El mismo tema visto con una perspectiva diferente: la del barroco. El entusiasmo por vivir, el vitalismo, son sustituidos por el pesimismo vital que retumbaba amenazante desde los púlpitos y llegaba a los poetas.

                  [1582]

Mientras por competir con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello,

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no solo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

(Luis de GÓNGORA Y ARGOTE)

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