HISTORIA DEL «PEQU» EN SIERO (LEÓN) O COMO EL CANTO DE LAS AVES NO SE PERCIBE IGUAL EN TODAS LAS PARTES

Me ha llamado mi maestro el doctor Huergensis para decirme que la referencia que hice al «pequ» en el post «Ir a nidos» no le queda muy clara y me sugiere que escriba de nuevo sobre el tema y con más detenimiento ahora que el pájaro en cuestión estará preparando ya su largo viaje. Ya sabes, ilustre sabio nogalense, que siempre serás mi faro y, por tanto, te haré caso.

Comenzaré diciendo que con el nombre de «pequ» que nadie se asuste por como lo escribo así- nos referimos en Siero (León) –y en otras partes de la provincia- a un pájaro cuyo nombre científico es cuculus canorus, de la familia Cuculidae, y que en otros lugares se le conoce como cuclillo, cuquiello, cuquiellu, cuquelo, cuculillo, papudo, papudu, etc., aunque su nombre más común es cuco o cucu. Lo he oído cientos de veces cantar en los meses de primavera en el Pinedo–ahora lo oígo todos los días en la chopera del cruce del Torío y el Bernesga o en la Candamia-, pero tengo que confesar que nunca lo he podido ver y observar in situ. Vende muy caro su avistamiento.[1]

PEQU. Foto tomada del tomo V de la colección de Fauna Ibérica de Felix Rodriguez de la Fuente,1970.

PEQU. Foto tomada del tomo V de la colección de Fauna Ibérica de Felix Rodriguez de la Fuente,1970.

El porqué de tal nombre en Siero es sencillo: tiene su origen en la onomatopeya. Se le nomina por su canto y así es como se percibe este en Siero: pe-qu-pe-qu-pe-qu-pe-qu… En otras latitudes se percibe de forma diferente, siendo la más extendida la de cu-cu-cu-cu-cu-cu-cu… Esto no es un proceso raro, aunque lo parezca, dado que dicho pájaro canta igual en todas las partes; por tanto, su canto debiera percibirse igual, cosa que como ya he dicho no es así. Cuestión de nuestra educación auditiva.

Como sabéis, la onomatopeya es una figura retórica que persigue imitar sonidos de la realidad mediante los sonidos lingüísticos, creyendo que así rompemos una de las características esenciales del signo lingüístico: la arbitrariedad, o lo que es lo mismo, la ausencia de razón lógica para que a una realidad se la nomine así. Lo intentaré demostrar con un ejemplo tópico, común: el canto del gallo. Parece obvio afirmar que los gallos cantan igual en todas las partes del mundo y que, cuando se imita su canto o nos preguntamos cómo canta el gallo, la respuesta debiera ser igual en todas las partes. Y, sin embargo, esto no es así. En España decimos que los gallos cantan quiquiriquí; en inglés, cock a doodle doo; en francés, cocorico; y en japonés, kokekokko. Pues lo mismo sucede con el canto del cuculus canorus: dependiendo de las zonas, su canto se percibe de  una forma u otra. Esta sería la explicación científica. Pero hay otra, que tampoco nos debe resultar rara si la relacionamos con la metamorfosis de las personas que desde siempre ha recogido la literatura universal y que, en términos generales, se puede decir que obedece a uno de estos dos motivos: el castigo o el acabar con el sufrimiento.

En todas las culturas encontramos metamorfosis del hombre en animal, planta o roca.[2] Entre las primeras, la más conocida es la de la licantropía –Licaón, rey de Arcadia, fue transformado en lobo por Júpiter-, una de las ramas de la zoantropía. Pero también tenemos transformaciones en aves: según la mitología griega, las hermanas Filomela y Procne fueron transformadas en ruiseñor y golondrina respectivamente; Tereo, en abubilla; Oenoe, reina de los pigmeos, en grulla; Nictímene, en lechuza, etc. Y a este tipo de metamorfosis pertenecería nuestro «pequ». De acuerdo con la leyenda de Siero, un niño muy torpe, que solo había sido capaz de aprender la p y la q en la escuela, fue transformado en la noche de los tiempos en pájaro y condenado a repetir melódicamente ambas letras como canto.

Creo que ahora se entenderá por qué he venido escribiendo «pequ» y no «pecu», como parecería lo más lógico.

Finalizo con otra leyenda relacionada con el mismo pájaro. He oído con frecuencia en mi mocedad llamar «pequ» o decir «eres más fea que el pequ» a aquellas que se consideraba poco agraciadas. ¿La razón? Se me escapa. Quizás pudiera ser porque como no se dejaba ver el citado pájaro se lo consideraba feo.

[1] Existe un libro muy interesante para conocer las aves de la provincia de León: VV.AA., Guía de aves de León, León, Diputación, 2011.

[2] Para los interesados en el tema, véase la Odisea de Homero (c. siglo VIII a. C.) y las metamorfosis llevadas a cabo por la maga Circe; la Ornitogonia de Beo, que hace proceder a cada especie de ave de un ser humano; las Metamorfosis de Ovidio (43 a. C. – 17 d. C.), donde se pueden hallar alrededor de 250 metamorfosis; El asno de oro de Apuleyo (125 d. C. – 180 d. C.), etc.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ORNITOLOGÍA, SIERO y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a HISTORIA DEL «PEQU» EN SIERO (LEÓN) O COMO EL CANTO DE LAS AVES NO SE PERCIBE IGUAL EN TODAS LAS PARTES

  1. Luis dijo:

    Otro ejemplo de cambio en la onomatopeyas que vemos diariamente con el uso de la tecnología actual es el de la onomatopeya de la risa. Así, en español solemos poner “ja ja ja” mientras que en inglés optan por “ka ka ka”. ¿El motivo? No lo sé. ¿Será por aquello de que la “jota” no se les da bien pronunciarla?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s