EL GÉNERO DIMENSIONAL DEL ESPAÑOL: DONDE SE CRUZAN MORFOLOGÍA Y SEMÁNTICA

El español, en cuanto lengua, es un sistema o conjunto finito de unidades lingüísticas relacionadas entre sí, cuyo valor se actualiza en sistemas opositivos y depende de la relación que guarde cada unidad con los miembros del subconjunto al que pertenece[1]. Dichas unidades pueden o no tener significado. A las que no lo tienen, las llamamos fonemas (fonología), que se realizan en sonidos (fonética) y que representamos por escrito con las letras (ortografía). A las dotadas de significado se las conoce con el nombre de monemas y dependiendo de si el significado tiene o no referente, es decir, nos lleva a algo que existe en la realidad, los dividimos en lexemas –con referente- y morfemas –sin referente-. Al grupo de los morfemas pertenece el género: masculino/femenino o neutro –lo que no es ni masculino ni femenino- y que por ser monema-morfema solo existe en la lengua y no en la realidad.[2]

pottierDentro de la clasificación general de los sustantivos atendiendo al género en su relación con la realidad a la que se refieren –que obviamos- se hallan los del llamado género dimensional, definidos por ser sustantivos que hacen referencia a realidades inanimadas y fundamentarse en la relación opositiva sémica grande/pequeño. Como se habrá observado, en el sintagma se mezclan conceptos morfológicos (género) y semánticos (dimensión).[3]

Así pues, llamaremos sustantivos de género dimensional a aquellos cuyo referente es una realidad no sexuada y que mediante el sistema opositivo morfológico general de la lengua, masculino (-o,      -Ø, -e)/femenino (-a), indican la mayor o menor dimensión de la realidad a la que alude el significado del sustantivo, y que es la misma. Así se podrá observar en los siguientes sustantivos en que el masculino indica mayor tamaño que el femenino:

–      barc-o / barc-a
–      barren-o / barren-a
–      barreñ-o / barreñ-a
–      botij-o / botij-a
–      cencerr-o / cencerr-a
–      cest-o / cest-a
–      cuartet-o / cuartet-a
–      escreñ-o / escreñ-a
–      fardel- Ø / fardel-a
–      jarr-o / jarr-a
–      morral-Ø / morral-a

Pote
POTE
POTA1
POTA

–      pot-e / pot-a
–      pucher-o / pucher-a
–     salguer-o / salguer-a

Pero no siempre es así. A veces se da la relación contraria: el femenino alude a una realidad mayor que el masculino:

–      anill-a / anill-o
–    bield-a / bield-o
–    boll-a / bollo
–    bols-a / bols-o
–    calder-a / calder-o

caldera de cobre copia copia

CALDERA DE COBRE

Caldero copia

CALDERO DE LATÓN

 –      cántar-a / cántar-o
–      corch-a / corch-o
–      crib-a / crib-o
–      cub-a / cub-o
–      charc-a / charc-o
–      farol-a / farol
–      hoy-a / hoy-o
–      huert-a / huert-o.
–      mant-a / mant-o
–      reguer-a / reguer-o
–      rí-a / rí-o
–      sac-a / sac-o

Y todo esto viene a cuenta de que a mi hijo ya se le ha olvidado lo que es el género dimensional cuando le intentaba explicar la diferencia que había entre un pote y una pota y entre un puchero y una puchera, palabras para él harto desconocidas, y que hacían

FOTO LUMBRE copia copia copia

TRÉBEDE DE AYER, QUE YA NO EXISTE HOY

referencia a quienes fueron habitantes asiduos de los fogones de la cocina rural de la montaña de Riaño (León), hoy tristemente desaparecidos. Hoy solo conozco una cocina con su trébede, sus tenazas y llarín colgando -allí se llaman pregancines-, su hornacha, su hogar y su llar y su pota al arrimo del fuego para tener agua caliente o cocinar el puchero. Del pote nada se sabe ya. ¡Qué perdures!

 [1] Por ejemplo, nosotros conocemos el valor o significado de la palabra lunes porque la relacionamos con las que forman el subgrupo semana y sabemos que es el día posterior al domingo y anterior al martes. Lo mismo se podría aplicar a los fonemas: capa / casa / cama/ cala / cara/ caja / cava / cada/,  etc. Obsérvese que cambiamos solo un fonema y van apareciendo nuevas palabras.

[2] El masculino y el femenino no existen en la realidad, son unidades que solo tienen existencia en la lengua. Algunas veces se piensa que sí existen, pero lo que sucede es que se confunden con el sexo macho/hembra, que en los sustantivos sexuados se hacen coincidir.

[3] Si no recuerdo mal, el primer estudioso de este tema fue Bernard Pottier, Introduction à l’étude de la morphosyntaxe espagnole, Paris, Ediciones Hispano-Americanas, 1959, 4.ª, p. 13. Para más información véase Fernando Millán Chivite, «Tipología semántica de la oposición de género no sexuado en español», Cauce, 17 (1994), pp. 53-75.

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