RELATIVISMO PERVERSO  

En la vida todo es verdad y todo, mentira. Es este el título de una famosa comedia de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), Siglo de Oro Español, que tiene plena vigencia en el siglo XXI después de 364 años de su estreno en Madrid. Es un drama filosófico, en línea con el más conocido La vida es sueño, que aborda la problemática barroca de la dificultad de dilucidar entre la apariencia y la realidad. Trasladada a nuestro tiempo, con ella nos referimos no a esa problemática filosófica, si no a la catalogación reduccionista de la realidad en verdad/mentira en función de los intereses del individuo que tiene que emitir el juicio. Es una expresión más del maniqueísmo –bueno/malo- que no admite términos intermedios y que presenta el mundo entre dos luchas guiadas exclusivamente por la sinrazón del interés del individuo. La sociedad no existe. Ha muerto. Existe el individuo y sus intereses. El individuo es un lobo para el individuo, siguiendo a Hobbes.

Todo lo anterior se podría constatar con ejemplos tomados de la realidad más prosaica, de lo cotidiano. Con cuatro ejemplos creo que quedará suficientemente demostrado.

nueva2Hace ya algunos días que me comentaron lo sucedido en una iglesia católica. Un señor de avanzada edad, al que no le acompañaban las fuerzas físicas de sus piernas, se dirige hacia el presbiterio y lee la epístola con voz clara, fuerte. Las facultades intelectuales todavía no le han fallado. Intenta abandonar la pequeña tarima en que estaba situado el atril y lo hace con dificultad. Otra persona se halla a su lado para continuar con las preces rogatorias y, ante su tardanza en abandonar el lugar, casi le empuja para que deje el sitio expedito. Este hecho es puesto como ejemplo de fuerza de voluntad, de querer, de no abandonarse, de resistirse a la parálisis de su fuerza motriz, por una hija a su padre que también tiene problemas con la movilidad, pero que se resiste a caminar. La respuesta del padre se la pueden esperar: ese es un payaso, a lo que va es a lucirse. Lo que para la hija era el ejemplo de la fuerza de voluntad para enfrentarse a un problema físico, otro individuo que tiene el mismo problema lo califica de payasada porque no acepta enfrentarse a ese problema.

Mi amigo Marcelino, que ya va cargado de años como yo, pero que cada vez se ha vuelto más observador, es el autor de esta otra historieta. Una joven madre se halla en la cafetería acompañada de su bebé, acostado plácidamente en su cochecito. Ha quedado con su amiga. Llega esta y la atención se centra en el niño que babea en ese momento. Le saca del cochecito, lo toma en sus brazos, lo pone delante de sí y el niño sigue babeando. La buena amiga se deshace en elogios del niño y de sus babas, que la mamá limpia cuidadosamente con un impoluto pañuelo blanco. ¡Qué ricura de niño, cómo babea! No ha pasado mucho tiempo y Marcelino se encuentra en una abarrotada terraza con un señor ya mayor, con problemas físicos y tal vez mentales, sentado a una mesa y acompañado por una joven señora. Se le cae la baba. Se la limpia su acompañante. Al lado, una señora no puede evitar su repugnancia y comenta a su acompañante en tono despectivo: ¡Habrase visto otra tal, que traigan aquí a ese viejo que hasta se babea, no estaría bien en su casa! Las babas del niño causaban gracia, las del viejo asco. P. D. Este señor mayor, por si no lo habías pensado, no controla ya sus segregaciones salivares, como tampoco lo hace el niño, pero los juicios valorativos qué diferentes son.

Hemos hablado de señores mayores. Digamos algo de señoras mayores. Algunas han perdido el control de su esfínter y cuando se van a levantar de su asiento suelen soltar ventosidades. Nada agradable para sus acompañantes y menos si están en un lugar público. Los calificativos no hace falta repetirlos. Si esto lo hace un bebé, es muy probable que la madre le diga algo así: ¡Otro pedete de mi niño; pero qué rico es; tira los pedetes, hijo, para que no te duela la barriguita! Si está presente la abuela, el regocijo será mayúsculo.

Roma programaba para la plebe pan y circo. Con ello quería contentarla y así evitar su levantamiento. Han pasado siglos. En España llevamos muchos años sustituyendo el pan y el circo por el fútbol. Se ha creado una afición irracional. Se la llama forofo: no razona, siente; no ve, está ciega. Y así llegamos a dos forofos importantes: uno del Barcelona y otro del Madrid. Veamos cómo interpretan la misma jugada. Un balón lanzado por un  delantero impacta en el brazo de un defensa situado dentro del área. El brazo se halla separado del cuerpo. Supongamos que el delantero es del Madrid y el defensa del Barcelona. Para el forofo madrileño será falta, penalti y tarjeta. El brazo va al balón. Hay intencionalidad al tenerlo separado. Corta la jugada. Para el del Barcelona no será nada: simplemente una  mano involuntaria. El balón impacta en el brazo y no a la inversa. No hay voluntariedad. En ese momento el defensa no puede hacer otra cosa con el brazo, a no ser que se lo corten. No sigamos. Nadie cederá. Cambiemos de área. Los papeles se han invertido. Las opiniones también. El triunfo de la sinrazón.

Creo que no es necesario abordar más campos. En todos sucede lo mismo fruto del triunfo del individuo sobre la sociedad, sobre la cordura. El mundo actual es la suma de millones de «yoicidades» insolidarias incapaces de ver otra cosa que no sea su interés, incapaces de pensar que el otro puede tener razón, reductoras del espectro de colores a dos. Las sociedades no son conjuntos de seres solidarios interdependientes, respetuosos con los demás, dispuestos a ayudarse, a dar su brazo a torcer. Están regidas por el relativismo perverso -¡A mí me lo vas a decir!- y este es uno de sus axiomas, encerrado en esta celebérrima frase atribuida a Ramón de Campoamor (1817-1901):

«Y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira».

 

 

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