LEYENDAS TRADICIONALES DE SIERO (LEÓN): La cueva de los Moros

De nuevo una leyenda de y en Siero (León), con ánimo de publicar otras más. Esta, como las demás, pretende explicar lo que no tiene explicación lógica ni está demostrado documentalmente. Es testigo patente de la interpretación que la comunidad sierense –al igual que el resto en que se dan las leyendas- da a su mundo, hace de su entorno.

En esta ocasión está relacionada con los moros[1], personajes que están presentes no solamente en muchas de las leyendas leonesas, sino también peninsulares. Estos, según la leyenda, fueron pobladores legendarios, un pueblo quasi-mítico, habitantes primigenios de Hispania desde tiempos inmemoriales. Por tanto, no se deben confundir con los moros que invadieron España en el 711 al mando de Tarif acabando con el último rey godo, don Rodrigo, y que aquí estuvieron oficialmente hasta 1492, cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada. No obstante, parece que en la montaña de Riaño los moros, si estuvieron, fueron en invasiones esporádicas (razias) y sin crear asentamientos temporales.

Aunque una cosa sea la leyenda y otra el hecho histórico, la realidad de la leyenda es que no sabe diferenciar cuándo se refiere a un hecho o a otro. Se podría decir que la tradición ha fundido lo fabuloso y lo real, haciendo imposible su diferenciación, porque la comunidad que se sirve de la leyenda carece de los conocimientos necesarios para realizar tal diferenciación o, simplemente, no le interesa.

Según la leyenda, los moros han dejado su huella en cuevas, fuentes, ríos, castillos, molinos, montañas, etc., y por eso llevan su nombre estos lugares. Sus moradas estarían siempre en el interior de las montañas e, incluso, se da el caso que varias de sus cuevas-moradas se comunicarían por extensas redes de túneles subterráneos. El que sus moradas estén ocultas tiene como objetivo evitar las miradas de sus vecinos, no establecer comunicación con ellos al sentirse pueblo diferente. La leyenda los ha elevado a seres míticos y por eso les hace habitar en cuevas y castillos como desde siempre se hizo habitar en ellos a seres mitológicos como gigantes (el Polifemo de la Odisea), dragones (el dragón rojo), serpientes (el Cuélebre leonés) y otros. Y anexionado a ellos el aurea de sus tesoros: siempre rodeados de fabulosas riquezas en las que el oro es el elemento predominante; incluso sus herramientas serán de oro. Por una u otra razón –a veces la leyenda dice que tuvieron que salir huyendo- abandonaron sus moradas de lujo y en ocasiones no pudieron llevarse sus riquezas dejando tesoros escondidos: calderos llenos de monedas de oro, animales de oro, aperos de labranza de oro, objetos de uso diario de oro, etc. La existencia de estos tesoros ocultos será conocida de todos los lugareños, todos saben dónde están, pero nadie osa buscarlos porque su búsqueda acarrea un peligro excesivo: probablemente miedo atávico a lo oculto, de origen religioso. Ejemplo de ello veremos cuando demos a conocer la leyenda de la cueva de los Moros en la peña el Castiello (Valdosín-La Uña).

Después de esta breve nota aclaratoria, vayamos a la leyenda de Siero y a su cueva de los Moros, donde tantas veces me pregunté –cuando la carretera era un apunte- cómo sería posible lo que la leyenda contaba y mi caletre no lograba entender, pero, eso sí, sin osar penetrar en aquel recinto sagrado y misterioso. Ya nos advertían bien nuestros mayores sobre el peligro de las cuevas, esos espacios desconocidos donde habita la oscuridad y el misterio, pertenecientes al inframundo. En este, tanto nos podemos encontrar con lo extraordinario, lo maravilloso, como con lo terrible, lo dañino; nunca se sabe qué sorpresa nos traerá el encuentro. Por eso, lo mejor era no penetrar en sus entrañas.

En la carretera que va de Siero hacia Guardo, a poca distancia del pueblo, a la izquierda se halla el valle de Santiago. El siguiente, también a la izquierda, será el de Valdeladueña. Y entre ambos el monte –no de mucha altitud- que conocemos como el Castiello. Debe su nombre a que estuvo coronado por un castillo –del que ya tenemos noticia en 1181- y del que hoy apenas quedan visibles unos pocos restos y su foso. Dicho castillo –conocido en la zona como castillo de don Tello- había sido vivienda de los moros y a ellos se debería su construcción, según la leyenda. Y debajo de él, una montaña horadada y recorrida por una red inextricable de corredores y dependencias. Como el castillo estaba en lo alto, se planteaba una pregunta: ¿cómo se abastecían de agua sus habitantes y dónde abrevaban a sus caballos? La respuesta la habían dado los propios moros al construir un corredor subterráneo zigzagueante que desde el castillo bajaba hasta la base de la montaña en lo que llamamos Boca de san Juan y donde el río se acerca a la montaña abandonando la ribera de Valdemolinos. La desembocadura del túnel y su entrada estaba constituida por una cueva rocosa que todavía hoy conocemos como cueva de los Moros, parcialmente eliminada por la ampliación de la carretera. Por ese corredor subterráneo bajaban sus caballos a dar agua en el río y por él acarreaban el agua necesaria para abastecer a la población mora del castillo y de sus entrañas.

RESTOS DE LA ANTIGUA CUEVA DE LOS MOROS

RESTOS DE LA ANTIGUA CUEVA DE LOS MOROS

Es, pues, una cueva-puerta, no una cueva-residencia, como aparece en la mayoría de las leyendas de cuevas y moros.

Relacionado con el monte del Castiello y con los moros, los narradores de la leyenda contaban que todavía había gente mayor que había conocido la existencia de una ventana con marcos de oro, de las conocidas como de ojo de buey, en una de las peñascas que miran hacia Siero y que delataría esas viviendas moras interiores. Lo que nadie sabía responder es qué había pasado con aquel tesoro, su destino final se desconocía.

Como lo oí contar en los tiempos de mi niñez os lo cuento. Esto es la tradición, que siempre es oral, aunque algunos se empeñen en hablar de tradición oral. ¡Cómo si hubiera una tradición escrita! Entonces no nos preguntábamos si era verdad o mentira. Simplemente daba respuesta a un problema: cómo abastecer de agua a los moros y a sus caballos en el castillo de don Tello.

Más leyendas vendrán, como la que ya conté en este mismo blog y que titulé El pan de la vieja del monte. A todas ellas será común su carácter narrativo en cuanto que tienen que contar algo, su tradicionalismo o lo que es lo mismo pertenecen al pueblo quien las transmite de forma oral de generación en generación y, por último, su contenido no es verídico, aunque en su arranque tuvo que haber un hecho que sí lo fue.

[1] Una obra relativamente reciente, es de 2011, ha publicado la Diputación de León con el título de Leyendas de Tradición oral en la provincia de León, cuyo autor es el salmantino José Luis Puerto. Las de Siero debe desconocerlas o no interesarle, porque no cita ninguna, y eso que las hay de entidad y diferentes a las publicadas.

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