LA PERSONALIDAD EN LA OBRA UNAMUNIANA EL OTRO: IV DESDOBLAMIENTO DEL YO

La personalidad del ser humano está constituida, según Unamuno, por dos factores consustanciales e interdependientes:

  1. lo que se es;
  2. lo que se quiere ser.

Estos dos elementos son contradictorios y están en permanente lucha y, cuando uno de ellos muere, deja de existir el yo.

El hombre se desconoce, en realidad, tal como es y cuando llega a conocerse muere una parte de su yo, porque se ve diferente de lo que quería ser y deja de ser yo; esto aparece representado por los mellizos Cosme y Damián. Cosme recibe la visita de su hermano Damián y se ve reflejado en él, es el otro yo:

COSME.- No temas. Me vi entrar como si me hubiera despedido de un espejo y me vi sentarme ahí, donde tú estás… No te palpes, no; no estás soñando…, eres tú, tú mismo… Me vi entrar, y el otro… yo… se puso como estoy, como estás… y se me quedó mirando a los ojos y mirándose en mis ojos. Y entonces sentí que se me derretía la conciencia, el alma; que empezaba a vivir, o mejor a desvivir, hacia atrás, retro-tiempo, como una película que se haga correr al revés… Empecé a vivir hacia atrás, hacia el pasado, a reculones, arredrándome… Y desfiló mi vida y volvía a tener veinte años, y diez, y cinco, y me hice niño, ¡niño!, y cuando sentía en mis santos labios infantiles el gusto de la santa leche materna…, desnací…, me morí… Me morí al llegar a cuando nací, a cuando nacimos…. (p. 16).

Ha muerto una parte de su yo al conocer lo que había sido, al verse reflejado en su hermano que actúa como espejo. Esto hará que Cosme deje de ser Cosme, es decir, pierda su «yoicidad» y se convierta en el otro, no en el que quisiera ser, sino en el que es, porque el desconocerse es vivir. Al verse reflejado en su hermano Damián, pierde si identidad y negará a su mujer Laura, ya que él ha dejado de ser el Cosme de siempre. Su cuñado Ernesto, ante tal situación, le trata como a un loco y se convierte, durante la obra, en su carcelero. Cosme vive sin saber quién ha sido y verse (reconocerse) es morir:

COSME.- Verse es morirse, Ama. O matarse. Y hay que vivir, aunque sea a oscuras. Mejor a oscuras. (p. 20)

Cabría la pregunta de ¿por qué el conocerse es darse la muerte? El propio Unamuno nos da la respuesta: el verse como es es matarse, porque mata al yo que se desconoce. Y es una parte tan importante de la personalidad del hombre como la que tenemos conocimiento de ella. Es ese tú que Salinas busca en la amada y que esta desconoce:

Es que quiero sacar de ti tu mejor tú. Ese que no viste y que yo veo, nadador por tu fondo, preciosísimo.

Este desdoblamiento del yo no es fortuito, ni se produce en un momento determinado de la vida, sino que es algo inherente a la persona humana que aparece con el nacimiento. Confiesa el Otro:

OTRO.- ¡Ah, terrible tortura la de nacer doble! (p. 34)

Al final del tercer acto, Damiana confiesa que va ser madre y que su parto va ser doble, como lo había sido el que había dado origen a Cosme y Damián. El desdoblamiento, el uno y el otro, del yo segirá en la descendencia.

No solamente aparece el desdoblamiento del yo, simbolizado en Cosme y Damián, sino que, incluso, se produce en Dios:

OTRO. – En el misterio, ama, en el misterio…y tú con mi madre nos enseñasteis a rezar… todo doble ¡Dios también doble!

AMA. – ¿Doble? ¿Dios?

OTRO. – ¡Su otro nombre es el Destino! (p. 29)

El desdoblamiento se produce también en Laura y Damiana, mujeres de Cosme y Damián respectivamente, que se convierten en las furias del Destino y la Fatalidad, en la mujer seducida y seductora:

DAMIANA.- ¡Vaya la lista, la aguda, la generosa! Como todas las cobardes, como todas las conquistadas, como todas las seducidas, como todas las queridas…

LAURA.- ¿Yo?… ¡Yo… querida?

DAMIANA.- ¡Sí, tú, la querida!

LAURA.- ¿Y tú?

DAMIANA.- ¿Yo? yo, la conquistadora; yo, la seductora; yo… ¡la mujer! La mujer del uno y del otro, ¡de los dos!. (p. 41)

La causa de este desdoblamiento la explica Francisco Ruiz Ramón como la despersonalización del yo en el contacto con el mundo:

La persona, para realizarse, esto es, para vivir, necesita actuar, hacer, y solo puede hacer con las cosas; por eso sus actos no son solo suyos, no su vida por tanto, y la realización es, a la vez, una enajenación. (p. 89)

El individuo no puede realizarse nada más que en contacto con el mundo, con la realidad. El ser es yo y sus circunstancias, circunstancias que harán variar la personalidad, pasando de ser lo que se quiere ser a lo que se es, es decir, pasando a ser otro. Esto es lo que le sucede a Cosme; ante el encuentro con la realidad, al descubrir lo que es y que no puede ser lo que quiere ser, porque la realidad se lo impide y porque se desconoce, solo le queda dejar de ser su yo y pasar a ser otro.

Por último, si el hombre no sabe quién es, si se convierte en otro yo, es porque no conoce su destino, porque el hado le guía a su capricho, interponiéndose constantemente en su deseo de querer ser. Por eso, en el «Epílogo», el Ama proclama el misterio de la personalidad al no saber nadie quién es, e incluso el propio Unamuno:

AMA.- ¡El misterio! Yo no sé quién soy, vosotros no sabéis quiénes sois, el historiador [Unamuno] no sabe quién es, no sabe quién es ninguno de los que nos oyen. Todo hombre se muere cuando el Destino le traza la muerte, sin haberse conocido, y toda muerte es un suicidio, el de Caín. ¡Perdonémonos los unos a los otros para que Dios nos perdone a todos! (p. 50)

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