IV CALVARIO: LLEVEMOS ANIMOSOS

ENTRADA

Llevemos animosos
las cruces abrazadas,
sigamos sus pisadas
con llanto y compasión.

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

Por mí, Señor, inclinas
el cuello a la sentencia,
que a tanto la clemencia
pudo llegar de Dios.

Oye el pregón, ¡oh, madre!,
llevado por el viento,
y al doloroso acento
ven del amado en pos.

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz

Esconde justo padre
la espada de tu ira
y al monte humilde mira
subir el dulce bien.

Y tú, señora, gime
cual tórtola inocente,
que tu gemir clemente
le amansará también.

TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae bajo la pesada cruz

¿Ves, pecador ingrato,
ves a tu Dios caído?
Ven a llorar, herido
de contrición, aquí.

Levántame a tus brazos,
¡oh, bondadoso padre!
Ve de la tierra, madre,
llanto correr por mí.

CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su santísima madre

Cercadla, serafines,
no acabe en desaliento,
no muera en el tormento
la rosa virginal.

¡Oh, acero riguroso!,
deja su pecho amante,
vuélvete a mí cortante,
que soy el criminal.

QUINTA ESTACIÓN: El cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

Toma la cruz preciosa,
te está el deber clamando,
sé generoso cuando
delante va el Señor.

Voy a seguir constante
las huellas de mi dueño;
manténgame el empeño,
señora, tu favor.

SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Tu imagen, padre mío,
ensangrentada y viva
mi corazón reciba
sellada con la fe.

¡Oh, reina! De tu mano
imprímela en mi alma
y a la gloriosa palma
contigo subiré.

SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

Yace el divino dueño
segunda vez postrado;
deteste ya el pecado,
deshecho en contrición.

¡Oh, Virgen! Pide amante
que borre tanta ofensa;
misericordia inmensa,
pródiga de perdón.

OCTAVA ESTACIÓN: Jesús habla a las mujeres de Jerusalén

Matronas doloridas,
que al Justo lamentáis,
¿por qué, si os lastimáis,
la causa no llorar?

Y, pues la cruz le dimos
todos los delincuentes,
broten los ojos fuentes
de angustia y de pesar.

NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

Al suelo derribado
tercera vez el Fuerte;
nos alza de la muerte
a la inmortal salud.

Mortales que otro exceso
pedimos de clemencia
no más indiferencia,
no más ingratitud.

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

Tú bañas, Rey de Gloria,
los cielos en dulzura.
¿Quién te afligió, hermosura,
dándote amarga hiel?

Retorno a tal fineza
la gratitud pedía.
Cese yo, madre mía,
de ser mi pecho infiel.

UNDÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz

El manantial divino
de sangre está corriendo.
Ven, pecador, gimiendo,
ven a lavarte aquí.

Misericordia imploro
al pie del lecho santo;
Virgen, mi ruego y llanto
acepte Dios por ti.

DECIMOSEGUNDA ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

Muere la vida nuestra
pendiente de un madero
y yo ¿cómo no muero
de amor y de dolor?

¡Ay! Casi no respira,
la triste madre yerta.
Del cielo abrir la puerta
bien puedes ya, Señor.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: Jesús es colocado muerto en los brazos de su madre

Dispón, señora, el pecho
para mayor tormenta.
La víctima sangrienta
viene a tus brazos ya.

Con su preciosa sangre
juntas materno llanto.
¿Quién, madre, tu quebranto
sin lágrimas verá?

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: Jesús es colocado en el sepulcro  

Al Rey de las Virtudes
pesada losa encierra,
pero feliz la tierra
ya canta salvación.

Sufre un momento, madre,
la ausencia del amado.
Pronto de ti abrazado
tendrasle al corazón.

 

 

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