III CALVARIO: LÁGRIMAS DE CORAZÓN

ENTRADA[1]

Lágrimas de corazón,
de puro dolor lloremos
la muerte del Redentor
para que todos logremos
los frutos de la pasión.

– Alma, que ociosa te <asientas>[2]
malogra<n>do[3] mi pasión,
es posible que no sientas
mis dolores, mis afrentas,
mi muerte, pena y dolor.

Levántate fervorosa,
pues te llama amante fino,
busca la piedra preciosa
que la hallarás amorosa
si andas el Sacro Camino.

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús  es condenado a muerte

En la primera estación
atento quiero que notes
con cuánta resignación
llevé, por tu redención,
más de cinco mil azotes.

Hombre, mira y considera
movido de compasión,
que en esta estación primera
me sentencian a que muera
entre uno y otro ladrón.

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz

A la segunda camina,
verás que en tumulto vario,
todo el pueblo determina
que al son de ronca bocina,
me conduzcan al Calvario.

Guiando va un pregonero
por la descollada cumbre,
y el inocente Cordero
va abrumado del madero,
con  molestia y pesadumbre.

TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae bajo la pesada cruz

Caí en la estación tercera
y todos allí gritaron:
«¡Muera el embustero, muera!».
Y con indignación fiera
del suelo me levantaron.

Una soga a la garganta
me echaron para tirar,
pero con violencia tanta,
que para asentar la planta
apenas me dan lugar.

CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su santísima madre

Camino  todo obediente
al precepto de mi padre,
cuando se me pone al frente,
rompiendo por tanta gente,
mi desconsolada madre.

En este paso co<li>ge[4]
que, cuando la vi venir,
«¡vuélvete, madre!», le dije,
que tu pena más me aflige
que el saber voy a morir.

QUINTA ESTACIÓN: El cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

En esta jornada larga
tan fatigado me veo,
que, en aflicción tan amarga,
me ayudó a llevar la carga
alquila<do>[5] un cirineo.

No lo hacen por caridad
al peso con que me inclino,
sino, llenos de impiedad,
porque teme su crueldad
quede muerto en el camino.

SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús

Con la fatiga y calor
me veía desfallecer,
cuando, movida a dolor,
limpió a mi rostro el sudor
una piadosa mujer.

A tal estado he venido
que, con ser cielo sereno,
me hallo tan oscurecido,
que solo soy conocido
por llamarme Nazareno.

SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

Caí, ¡oh, qué desconsuelo!,
al salir de la ciudad;
me levantaron del suelo
tirando de barba y pelo
con fiera inhumanidad.

A violencia de empellones
a caminar me precisan,
y entre injurias y baldones,
metido entre dos sayones,
todos me arrastran y pisan.

OCTAVA ESTACIÓN: Jesús habla a las mujeres de Jerusalén

De unas mujeres oí
unos ayes lastimados,
pero las correspondí
diciéndolas que por sí,
llorasen por sus pecados.

Si por las culpas ajenas
esto se ejecuta en mí,
más crueles serán las penas,
de horror y de espanto llenas,
que padecerán por ti.

NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

La gravedad del pecado
en la cruz tanto pesó,
que, rendido y fatigado,
del todo ya desmayado,
en el suelo me postró.

Al quererme levantar,
como la fuerza era poca,
caí, para más penar,
tan recio que vine a dar
en la tierra con la boca.

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

Llegué al monte sin aliento,
sin poderme ya tener;
desnúdanme <desatentos>[6]
y, doblando mis tormentos,
vinagre me hacen beber.

¡Qué vergüenza, qué pudor!,
contempla<r>[7] padecería,
puesto del frío al rigor
en el concurso mayor,
desnudo al mediodía.

ÚNDECIMA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz

Los impíos y tiranos,
impelidos de furor
más que tigres inhumanos,
me clavan de pies y manos
cual si fuera un malhechor.

Después de fatiga tanta
un palo mi cama fue
de solo el ancho de un pie
y de largo más de tres,
donde el cuerpo se quebranta.

DECIMOSEGUNDA ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

Ya que en la cruz me clavaron
inhumanos y crueles,
en alto me levantaron
ya con lanzas los soldados[8],
ya verdugos con cordeles.

Mírame entre tierra y cielo
de tres escarpias pendiente;
tiembla de dolor el suelo,
rásgase del templo el velo
y el hombre no se arrepiente.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: Jesús es colocado muerto en los brazos de su madre

Por tres horas bien cumplidas
el aliento me duró,
hasta que, por las heridas
mortales y repetidas,
el alma se despidió.

Ya era sombra todo el mundo,
muerta ya su bella luz,
cuando con llanto profundo
aquel cuerpo sin segundo
fue bajado de la cruz.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: Jesús es colocado en el sepulcro

Ya a la última viniste,
contempla aquí con piedad
a mi madre, la más triste
que jamás verás ni viste,
llorando su soledad.

No te asustes alma mía,
ponte en silencio a escuchar
los lamentos de María,
que sobre la losa fría
del sepulcro va a llorar.

CIERRE

Alma, pues que en mi pasión
me has acompañado fiel,
de tus culpas el perdón,
espera tu salvación
por siempre jamás. Amén.

 [1] Utilizo un manuscrito copiado por mí en los años 60 de otro que había en casa de mis padres. Para las correcciones utilizo un manuscrito de San Justo de la Vega (León) y otro de La Uña (León).

[2] En el ms. sientes, que he corregido porque lo exige la rima..

[3] En el ms. malogrado.

[4] En el ms. corrige.

[5] En el ms alquilaron.

[6] En el ms. desentado.

[7] En el ms. contempla.

[8] En el ms. lanza el soldado.

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