II CALVARIO: ALERTA, CRISTIANO, ALERTA

ENTRADA

Alerta, cristiano, alerta,
pues ya la hora sonó
en el reloj de tu vida,
pues te llama el Salvador
para que humilde le sigas.

Quiero, cristiano, que alerta
repares en mi pasión
y lo que en ella padezco
por darte la salvación
y por verte redimido.

Advierte que por tu culpa
la puerta tienes cerrada
y la que sola se abre
con mi sangre derramada
y los tormentos que pase.

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

Aquí empiezan mis tormentos,
cristiano, por tus pecados;
aquí por falso me prenden
y a muerte soy condenado
en manos de hombres crueles.

Aquí me azotan, me escupen
y a una columna me amarran
donde el público reúne
y con crecida algazara
todos dicen: «Se ejecute».

 SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz

Aquí en el segundo paso,
que es un crecido tormento;
aquí ponen en mis brazos
aquel pesado madero
para sufrir más escarnio.

Aquí echaron en mi ayuda
dos fuertes sogas al cuello
y una corona de espinas
que cruzaron mi cerebro
cual si fueran lanzas finas.

TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae bajo la pesada cruz

En este paso tercero
caí yo, cristiano mío,
y sobre mí, aquel madero,
que mi cuerpo dolorido
del todo se quedó yerto

Como el madero cayó
sobre mí, duras espinas
entraron, que cada cual
abrió una llaga profunda
en mi frente celestial.

CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su santísima madre

En aqueste paso cuarto,
quiero, cristiano, contemples
fue donde encontré a mi madre
cara a cara, frente a frente,
que el corazón se me parte.

Al verla tan afligida
y ella a mí tan injuriado
solo con el corazón
pudo decir: «Hijo amado,
recibe mi bendición».

QUINTA ESTACIÓN: El cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

En esta quinta estación
aquí, cristiano, contempla
qué afligido me veía
con este madero a cuestas,
que aniquilaba mi vida.

Aquí viéndome expirar
aquellos sayones bravos,
queriendo sufriera más,
al cirineo alquilaron
que me ayudase a llevar.

SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús

En esta sexta estación
fue donde lleno de heridas,
que mi rostro se cubría
de sudor polvo y saliva,
una mujer me limpió.

En tres partes de aquel lienzo
quedó mi imagen sellada
en fe de agradecimiento
de aquella mujer honrada
que sentía mis tormentos.

SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

En este séptimo paso
caí la segunda vez
con aquel duro madero,
que mis llagas renové
y otras se abrieron de nuevo.

Ya no bastaba la ayuda
para tan enorme peso;
eran tan pocas mis fuerzas
que muy pronto hubiera muerto
si sufrir más no quisiera.

 OCTAVA ESTACIÓN: Jesús habla a las mujeres de Jerusalén

En esta octava estación
eran tantos mis tormentos
que, aunque muchos se alegraban,
también se dolían de ellos,
unas mujeres lloraban.

No lloréis, —las dije, humilde—,
por más tormentos que sufra,
llorad por vuestros pecados
que son quien tienen la culpa
de verme tan injuriado.

NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

Caí en la estación novena
tercera vez, alma mía,
encima una dura peña
que mis heridas se abrían
y de sangre quedan llenas.

Al tiempo de levantar,
¡oh, corazón inhumano!,
segunda vez volví a echarme
y  me ayudan inhumanos
tirándome de la carne.

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

En esta estación contempla
que después de haber llegado
a la cumbre de aquel monte
muy rendido y fatigado
hiel y vinagre me ofrecen.

Mas, después de haber bebido
hiel y vinagre mezclado,
de mis pobres vestiduras
al punto fui despojado
sufriendo penas muy duras.

UNDÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz

En esta estación volvieron
a ponerme la corona
de espinas que me quitaron
al tirarme de la ropa
y muchas más me clavaron.

Luego, al punto, me mandaron
que me tienda en el madero;
mis pies y manos clavaron
con duros clavos de hierro
que mi carne atravesaron.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

En esta estación contempla
fue tan grande mi tormento
que el madero levantaron
y en él clavado mi cuerpo
donde las lanzas fijaron.

Después para más tormento
en el hueco de una peña
dejaron caer mi cruz,
mis pies y manos se rasgan,
quedó mi vista sin luz.

Con este tan grande
observé un dolor tan grande,
que, faltándome el aliento,
entregué el alma a mi padre:
por todos rogué primero.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: Jesús es colocado muerto en los brazos de su madre

Dos hombres caritativos
de entre aquella chusma infame
de la cruz bajan el cuerpo
y entréganselo a mi madre,
herido, ultrajado, yerto.

Considera tú, cristiano,
y muévete a compasión
viendo a la Virgen María
traspasado el corazón
por prolongada agonía.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: Jesús es colocado en el sepulcro

Cúmplese la profecía
según el gran Simeón
de que una espada sería
que pinzase el corazón
dolorido de María.

Pues dan sepultura al cuerpo
del Rey del mundo deicida
y aquella madre clemente
de dolor queda transida
sin tener quien la contente.

 CIERRE

No olvides, cristiano ingrato,
meditar en la pasión
donde Cristo es conducido
por darte la salvación
y por verte redimido.

Y, si miras mis tormentos
con ojos de compasión,
huye tú de los pecados,
pues ellos la causa son
de oprobios tan extremados.

 

 

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