EL CALVARIO COMO GÉNERO LITERARIO (a través de los manuscritos de Siero (León): I ESTUDIO

1. EL NOMBRE Y EL GÉNERO LITERARIO

Si en la pasada Navidad hablábamos del auge que había tomado el ramo de navidad en la provincia de León y que, junto con los villancicos y las pastoradas, se habían convertido en los géneros literarios más representativos de esa temática, hoy nos toca presentar un tema que se incardina en la Semana Santa de toda España: la dramatización de los hechos luctuosos que sufrió Jesús camino del monta Gólgota. Estos dos ciclos religiosos católicos son los que han llevado a uno de sus estudiosos a resaltar su importancia en la historia del arte y en concreto, en la literatura:

«Hay dos temas de hondo contenido cristiano, Navidad y Pasión, veneros de fecunda inspiración para artistas de todas las épocas, que han sabido conmoverse con el Niño de Belén y condolerse con el Cristo del Calvario. Son las dos Pascuas o pasos de Dios: el paso descendente del Dios-Hombre, de arriba abajo, en la Pascua de Navidad, frente al paso ascendente del Hombre-Dios, de abajo arriba, en la Pascua de Resurrección, tras su Pasión y Muerte. La Natividad de Jesús ha arrancado a los poetas ternezas preñadas de subido lirismo, en tanto que el Drama del Gólgota les ha llevado a verter su estro en composiciones pletóricas de sublime patetismo».[1]

Pues bien, este drama del Gólgota es el que se escenifica en el calvario. Calvario es un sustantivo común español que proviene del latín calvarium, que, a su vez, proviene de calva ´craneo`, y con las que está relacionada Calvariae locus o lugar donde fue crucificado Jesucristo. El relato bíblico (Mc., 15, 22) así lo explicita: «Y llevaron a Jesús al sitio del Gólgota (que traducido significa «sitio de la Calavera»)». Parece ser que el nombre de este monte se debe a que en una de sus laderas había rocas que tenían forma de calavera. Era un lugar fuera de las murallas (Heb., 13, 12: «padeció fuera de la puerta de la ciudad»), pero cercano a Jerusalén (Jn, 19, 20: «el sitio donde fue crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad»). De ese significado genérico ha pasado a usarse en el ámbito rural –al menos en León- con otro más preciso. Se utiliza para nombrar la ceremonia religiosa cristiana que, durante la Cuaresma y Semana Santa, de alguna forma recrea los momentos más significativos de Jesús desde que es condenado a muerte por el Sanedrín, ratificada por el gobernador Pilatos, hasta el lugar de la crucifixión.[2] Como en dicha ceremonia se lee o canta un texto en cada una de las catorce estaciones, también se ha pasado a llamar calvario al conjunto de los textos leídos o cantados, que forman una unidad y que constituyen un género literario dentro de la diversidad de textos y géneros que abordan este tema religioso. Formarían parte de la historia de la poesía española que se ha generado en torno a la pasión de Jesús:

«La poesía española, desde hace siglos, al menos desde el XVI, y probablemente antes, ha cantado, ha rezado con piadosa emoción las catorce estaciones del Viacrucis. Hermoso tema, sin duda, el de la Vía de la Amargura y el de la Pasión de Jesús para que en él se mojen plumas y pinceles en tintas y colores cárdenos y morados. Una historia de la poesía española en torno al Viacrucis, a lo largo de su ascensión al Gólgota, constituiría una cinta de estampas de inagotable emoción».[3]

 2. UN POCO DE HISTORIA

El calvario probablemente comenzara en Jerusalén al rememorar los peregrinos el camino que siguió Jesús hasta el monte Calvario. Según la tradición, María, su madre, realizaba diariamente este camino regando con sus lágrimas los lugares en que había sufrido su hijo. Cuando abandona Jerusalén y se instala en Éfeso, según Ana Catalina Emmerick en la Vida de la Virgen María, diariamente recorría el camino que le llevaba desde su casa al alto de una montaña meditando sobre la pasión de su hijo y deteniéndose en doce lugares que ella había marcado con piedras o señales en los árboles.[4]

A finales del s. IV la monja española Egeria realizó una peregrinación a los santos lugares y recogió sus vivencias en el libro Itinerarium ad Loca Sancta.[5] Transcribiré algunos párrafos del texto dedicado a la Semana Mayor y en concreto al Jueves Santo y al Viernes Santo. En él describe el recorrido que realizaba  el pueblo y los peregrinos en estos días hasta llegar al lugar de la crucifixión:

 «Jueves Santo [36, 3] Es, pues, acompañado el obispo desde Getsemaní hasta la puerta, y luego por toda la ciudad hasta la Cruz. [36, 4]. Cuando se llega a la Cruz, ya el día comienza a ser claro. Allí se lee de nuevo el texto del evangelio en que el Señor es llevado a Pilato, y todo lo que está escrito haber dicho Pilato al Señor y a los judíos: todo se lee. Viernes Santo [37, 1] Después de esto, hecha la despedida de la Cruz, esto es, antes de la salida del sol, todos, animosos, van con presteza a Sión a orar ante la columna a la cual fue flagelado el Señor. Vueltos de allí, descansan un poco en sus casas y pronto están todos dispuestos. Es colocada la cátedra para el obispo en el Gólgota detrás de la Cruz. [37, 3] Todo el pueblo va pasando uno a uno, inclinándose todos van tocando, primero con la frente y luego con los ojos, la cruz…».

Con el paso del tiempo, el recorrido realizado por Jesús adquiere número y forma en siete estaciones. De Jerusalén pasó a Europa a comienzos del s. XI. La razón bien pudiera estar en la atención prestada por los monjes de Cluny y del Císter por la humanidad de Cristo. Más tarde adquirirá especial importancia en esta propagación san Francisco de Asís, aunque no llegó a crear ningún calvario. No se sabe exactamente cuándo se formalizó en las catorce estaciones como hoy lo conocemos. Sí sabemos que Guillermo de Wey en su visita a Tierra Santa en 1458 y 1462 ya menciona 14 estaciones, aunque solo cinco se corresponden con las actuales.

Igualmente sabemos que la difusión del calvario ha estado muy ligada a los franciscanos. Inocencio XI en 1689 les concede el derecho a erigir estaciones en sus iglesias y ganar indulgencias como si fueran a Jerusalén, privilegio que fue confirmado por Inocencio XII en 1694. También de comienzos de este siglo hay testimonios del calvario tradicional en España. Será el siglo XVIII el siglo difusor del calvario: se comienza extendiendo las indulgencias a todos los asistentes a los calvarios de los franciscanos, se permite que un franciscano erija estaciones en otras iglesias, se exhorta a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con el calvario y se establecen en catorce el número de estaciones. A modo de ejemplo citemos al franciscano san Leonardo de Puerto Mauricio que erigió más de 570, entre los que habría que incluir el del Coliseo romano (1750) a petición del papa Benedicto XIV.

Así llegamos a 1862, año en que el papa Pío IX autoriza a todos los obispos para que puedan erigir calvarios en las iglesias de su diócesis. Durante el siglo XX la ceremonia se popularizó y a ello contribuyó de una forma importante las llamadas «misiones» que se realizaban en las zonas rurales durante la Cuaresma.

En síntesis, el calvario tradicional que se nos ha legado ha quedado formalizado en 14 estaciones –algunos añaden una más-, de las cuales solamente siete tendrían fundamento bíblico; las otras siete, se asentarían en textos de la tradición devota cristiana. Por esta razón el Viernes Santo de 1991, bajo los auspicios del papa Juan Pablo II, se creó un nuevo calvario con catorce estaciones basadas todas ellas en el Nuevo Testamento. Ofrecemos a continuación el calvario tradicional en primer lugar y el nuevo a continuación:

  • Primera estación: Jesús es condenado a muerte.
  • Segunda estación: Jesús carga con la cruz.
  • Tercera estación: Jesús cae por primera vez.
  • Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre Martía.
  • Quinta estación:Simón el cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
  • Sexta estación: Verónica limpia el rostro de Jesús.
  • Séptima estación: Jesús cae por segunda vez.
  • Octava estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
  • Novena estación: Jesús cae por tercera vez.
  • Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
  • Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz.
  • Duodécima estación: Jesús muere en la cruz.
  • Decimotercera estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María, su madre.
  • Decimocuarta estación: Jesús es sepultado.
  • Primera estación: Jesús en el huerto de los Olivos.
  • Segunda estación: Jesús, traicionado por Judas, es arrestado.
  • Tercera estación: Jesús es condenado por el Sanedrín.
  • Cuarta estación: Jesús es negado por Pedro.
  • Quinta estación: Jesús es condenado a muerte por Pilato.
  • Sexta estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas.
  • Séptima estación: Jesús carga la cruz.
  • Octava estación: Jesús es ayudado por Simón el cirineo a llevar la cruz.
  • Novena estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
  • Décima estación: Jesús es crucificado.
  • Undécima estación: Jesús promete su reino al buen ladrón.
  • Duodécima estación: Jesús en cruz, su madre y el discípulo.
  • Decimotercera estación: Jesús muere en la cruz.
  • Decimocuarta estación: Jesús es sepultado.

 3. CEREMONIA[6]

3.1. LUGAR DE CELEBRACIÓN: normalmente en la iglesia. Hay otros lugares que tienen habilitado un espacio exterior en el que se hallan reproducidas las estaciones, como en Louro (La Coruña), que extramuros del monasterio de los franciscanos se halla un calvario –construido en 1877-, que parte del recinto amurallado y se dirige hacia la cumbre del monte próximo; las quince escenas de la Pasión se hallan representadas por imágenes en relieve que se encuentran en los soportes que jalonan el camino.

3.2. REPRESENTACIÓN ICONOGRÁFICA: en las paredes laterales de la iglesia se encontraban siete cuadros, ahora en relieve, en cada una que representaban las catorce estaciones[7] en las que estaba dividido el calvario.

3.3. LA CEREMONIA

3.3.1. Inicio: el cura revestido con roquete y estola morada[8], acompañado del monaguillo que porta un crucifijo en sus manos, se sitúa delante del altar y de rodillas, igual que el pueblo, comienza la ceremonia:

a) Con la señal de la cruz

b) Acto de contrición: el señor mío Jesucristo.

 3.3.2. Desarrollo:

-Se dirige hacia el cuadro que representa la primera estación.

 – De rodillas: enuncia el nombre de la estación.

– Rezo: «Adorámoste, Cristo, y bendecímoste». Contesta el pueblo: «Que por tu santa cruz y muerte redimiste al mundo. Amén».

– Beso: El monaguillo le da a besar la cruz. El pueblo besa en el banco, en el suelo, o en una cruz, los que la llevaban.

– El coro, o todo el pueblo, canta las estrofas correspondientes.

 – Se levanta y reza conjuntamente con el pueblo un padrenuestro, un avemaría y un gloria.

– Y cambian hacia la estación siguiente, y así sucesivamente.

3.4. EL TEXTO: que puede ser cantado o leído, varía. Es un elemento más de la ceremonia. Habría que precisar que los textos poéticos de que consta cada estación van destinados al canto y así fueron concebidos, pero, a veces, en la actualidad, por falta de cantores o desconocimiento de la melodía, se lee el texto.

3.5. DATA: Se celebra todos los viernes de Cuaresma y en Semana Santa el Viernes Santo y el Sábado Santo, antes de la misa de medianoche.

3.6. LAS CATORCE ESTACIONES[9]:

Primera Estación: Jesús es condenado a muerte

TESTIMONIO BÍBLICO[10]:

Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban […].  Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Dios bendito?» Y dijo Jesús: «Sí, yo soy» […].  Todos juzgaron que era reo de muerte. (Mc, 14, 55. 60-61. 64)

Pilato tomó de nuevo la palabra y les dijo: «Entonces, ¿qué queréis que haga con  el que llamáis el rey de los judíos?»  Ellos volvieron a gritar: «¡Crucifícalo!» […]. Pilatos, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado. (Mc. 15, 12-13. 15)

Segunda Estación: Jesús carga la cruz

TESTIMONIO BÍBLICO:

Así pues, cogieron a Jesús, y salió llevando a cuestas su cruz, hacia el sitio llamado de la Calavera (que en arameo se dice Gólgota). (Jn., 19, 16-17).

Tercera Estación: Jesús cae por primera vez

TESTIMONIO DEVOTO:

«Cuando llegó Jesús a este sitio, ya no podía andar; como los soldados tiraban de Él y lo empujaban sin misericordia, cayó a lo largo contra esa piedra, y la cruz cayó a su lado. Los verdugos se pararon, llenándolo de imprecaciones y pegándole; en vano Jesús tendía la mano para que le ayudasen, diciendo: “¡Ah, presto se acabará!”, y rogó por sus verdugos; mas los fariseos gritaron: “¡Levantadlo, si no morirá en nuestras manos!» (Ana Catalina Emmerick, La dolorosa pasión de nuestro Señor Jesucristo, XXI).

Cuarta Estación: Jesús encuentra a su madre María

 TESTIMONIO DEVOTO:

«María, en medio de la violencia de su dolor, no vio ni soldados ni verdugos; no vio más que a su querido Hijo; se precipitó desde la puerta de la casa en medio de los soldados que maltrataban a Jesús, cayó de rodillas a su lado, y se abrazó a Él. Yo oí estas palabras: «¡Hijo mío!» – «¡Madre mía!». Pero no sé si realmente fueron pronunciadas, o sólo en el pensamiento» (Ana Catalina Emmerick, La dolorosa pasión de nuestro Señor Jesucristo, XXII).

Quinta Estación: Simón el cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

TESTIMONIO BÍBLICO:

Y al salir encontraron a uno de Cirene, por nombre Simón; a este le obligaron a llevar a cuestas la cruz de Jesús. (Mt., 27, 32.)

 Sexta Estación: Verónica limpia el rostro de Jesús[11]

 TESTIMONIO APÓCRIFO:

Díjole la Verónica: «Cuando mi Señor se iba a predicar, yo llevaba muy a mal el verme privada de su presencia; entonces quise que me hiciera un retrato para que, mientras no pudiera gozar de su compañía, me consolara a lo menos de su imagen. Y yendo yo a llevar el lienzo al pintor para que me lo diseñase, mi Señor salió a mi encuentro y me preguntó adónde iba. Cuando le manifesté mi propósito, me pidió el lienzo y me lo devolvió señalado con la imagen de su rostro venerable». (Muerte de Pilato[12]).

TESTIMONIO DEVOTO:

Salió a la calle, cubierta de su velo; tenía un paño sobre sus hombros; una niña de nueve años, que había adoptado por hija, estaba a su lado, y escondió, al acercarse la escolta, el vaso lleno de vino. Los que iban delante quisieron rechazarla; mas ella se abrió paso en medio de la multitud, de los soldados y de los alguaciles, y llegando hasta Jesús, se arrodilló, y le presentó el paño extendido diciendo: «Permitidme que limpie la cara de mi Señor». El Señor tomó el paño, lo aplicó sobre su cara ensangrentada, y se lo devolvió, dándole las gracias. Serafia, después de haberlo besado, lo metió debajo de su capa, y se levantó (Ana Catalina Emmerick, La dolorosa pasión de nuestro Señor Jesucristo, XXIV).

Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez

TESTIMONIO DEVOTO:

Echaba sobre su madre una mirada de compasión, y habiendo tropezado cayó por segunda vez sobre sus rodillas y sobre sus manos (Ana Catalina Emmerick, La dolorosa pasión de nuestro Señor Jesucristo, XXII).

Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

TESTIMONIO BÍBLICO:

Le seguía una gran muchedumbre del pueblo, y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él. Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. […] Porque si hacen esto con el árbol verde, ¿qué se hará con el seco?» (Lc., 23, 27-28).

Novena Estación: Jesús cae por tercera vez

TESTIMONIO DEVOTO:

Llegaron a la puerta de una muralla vieja, interior de la ciudad. Delante de ella hay una plaza, de donde salen tres calles. En esa plaza, Jesús, al pasar sobre una piedra gruesa, tropezó y cayó; la cruz quedó a su lado, y no se pudo levantar. (Ana Catalina Emmerick, La dolorosa pasión de nuestro Señor Jesucristo, XXII)

Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

TESTIMONIO APÓCRIFO:

Salió, pues, Jesús del pretorio, acompañado de los dos malhechores. Y, en llegando al lugar convenido, le despojaron de sus vestiduras, le ciñeron un lienzo y le pusieron alrededor de las sienes una corona de espinas. […] Los soldados, a su vez, se acercaban haciéndole burla y ofreciéndole vinagre mezclada con hiel… (Actas de Pilato, X, 1)[13].

Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz

 TESTIMONIO BÍBLICO:

Lo crucificaron y se repartieron su ropa, echándola a suertes a ver qué se llevaba cada uno. (Mc., 15, 24)

Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz

TESTIMONIO BÍBLICO:

Y a la hora nona clamó Jesús con gran voz: «Elohi, Elohi, lema sabaptani» (que, traducido, significa: «¡Dios mío, Dios mío ¿para qué me desamparaste?» […] Corriendo uno, empapando una esponja en vinagre y poniéndola en una caña, le daba de beber, diciendo: «Dejad que veamos si viene Elías a descolgarlo» Pero Jesús, después de dar una gran voz, expiró. (Mc., 15, 34; 36-37).

Decimotercera Estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María, su madre

TESTIMONIO BÍBLICO:

Junto a la cruz estaban su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena (Jn, 19, 25).

TESTIMONIOS DEVOTO:

Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda (Santa Brígida de Suecia, Profecías y Revelaciones, Libro 1, capítulo 10.)

Estando en los lastimados brazos de la mesmísima Madre el cuerpo hecho pedazos del Hijo de Dios y suyo ¿cuál dolor esforzaba a privar más su sentido con, más intensa aflixión, ver la sagrada cabeza muy penetrada de espinas, la frente tensa extendida, ensangrentada, o los ojos ya submersos y sin luz, o la nariz afilada o los labios amarillos, o el paladar de la hiel atormentado, o la boca un poco abierta, como quien perdió la vida. (Fr. Bernardino de Laredo, Subida al Monte Sión. Cap. XXVIII).

 Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado

TESTIMONIO BÍBLICO:

José de Arimatea, miembro ilustre del sanedrín […] compró un sudario, descolgó a Jesús, lo envolvió en el sudario, lo puso en un sepulcro que había sido escavado en la peña, e hizo rodar una piedra contra la entrada del sepulcro. (Mc, 15, 43-46).

4. POÉTICA

De forma sintética, enumeraré los rasgos literarios que caracterizan y definen estas obras poéticas, que editaré en sucesivos post, como pertenecientes al género literario que he denominado calvario.

4.1. AUTORÍA

Son obras anónimas como corresponde a su carácter popular, a su pertenencia a la literatura tradicional de transmisión oral. Véase al respecto lo dicho en mi post Tradicionalización de obras poéticas religiosas: calvarios y otros géneros literarios en verso en mi blog «Literatura y otros mundos».

4. 2. CONTENIDO

De monotemático se podría considerar el contenido que desarrollan: peripecia vital de Jesús de Nazaret desde su condena a muerte en la cruz por Pilatos hasta su muerte en el monte Gólgota y posterior entierro. Las diferencias entre unos y otros calvarios radican en los diferentes puntos de vista con que se afronta cada estación, la selección de los detalles temáticos correspondientes a estas y las consideraciones religiosas que las acompañan.

4.3. GÉNERO LITERARIO

Como ya se ha dicho más arriba, pertenecen al género épico y al subgénero de poema narrativo. Véase lo dicho en el apartado n.º 1 con el que se inicia este estudio.

4.4. VOCES NARRATIVAS

Como obras narrativas que son, se hace necesaria la voz del narrador, del que cuenta. Dos voces narrativas son las que se utilizan: la primera de carácter autobiográfico identificada con el protagonista, Jesús, la encontramos en cuatro de los seis que publicaré: Alerta, Lágrimas, Llevemos animosos y Poderoso Jesús. La tercera persona, de carácter omnisciente, será la voz narrativa en Madre afligida y con implicación de la primera coincidente con un narrador ajeno a los hechos, pero que se implica en ellos como responsable, en Perdona Jesús mío.

4.5. ESTRUCTRURA INTERNA Y EXTERNA

Todos los textos tienen una estructura claramente definida. Comienzan con lo que hemos llamado entrada, entre una y cuatro estrofas, seguidas de catorce partes correspondientes con cada una de las catorce estaciones. En tres casos hallamos entre una y cuatro estrofas que funcionan como cierre: Alerta, Lágrimas y Poderoso Jesús. Tanto las entradas como los cierres se centran en los receptores del mensaje, los asistentes a la ceremonia religiosa, solicitándoles su atención, recordándoles que ellos han sido los causantes de la muerte de Jesús con sus pecados y pidiéndoles que se arrepientan y hagan penitencia. El contenido de cada estación viene determinado por el enunciado, o lo que es lo mismo, en cada estación se pueden diferenciar dos partes: el enunciado y su desarrollo en las dos estrofas de que constan todas las estaciones.

4.6. ANÁLISIS MÉTRICO

Con carácter general se puede decir que predominan las estrofas de versos de arte menor y las rimas asonantes. Llevemos animosos y Perdona, Jesús mío, coinciden en utilizar una cuarteta de versos heptasílabos con rima consonante los versos 2 y 3 quedando libres 1 y 4; este último es agudo y repite la misma rima asonante aguda en cada una de las dos estrofas de que consta cada estación. Una quintilla de versos octosílabos con el verso 1 libre y con rima a b a b a modo cuarteta en los cuatro siguientes es la utilizada por Alerta.  Una quintilla de versos octosílabos con el verso 1 libre y con rima asonante a b a b a modo cuarteta en los cuatro siguientes es la utilizada por Alerta. Lágrimas utiliza también la quintilla, pero la tradicional de rima consonante: a b a b a. Los versos de arte mayor como predominantes, en concreto los decasílabos y los dodecasílabos, han sido elegidos por Madre Afligida y Poderoso Jesús. Las dos estrofas de cada estación son diferentes: en la primera se usa un cuarteto de versos decasílabos 1 y 3 y dodecasílabos 2 y 4, con rima asonante aguda en los pares y libres los impares; en la segunda, un terceto, el 1 es hexasílabo, el 2, decasílabo y el 3, dodecasílabo, con rima  asonante aguda el 1 y el 3, quedando libre el 2. En Madre afligida la entrada la constituye una copla de versos hexasílabos con rima asonante en los versos pares; esta estrofa funcionará como estribillo en cada estación.

[1] Francisco Gómez Ortín, «El viacrucis en Lorca», Murgetana, 118 (2008), p.75.

[2] En la ciudad y en determinados sectores de la población, el nombre utilizado es el de viacrucis, que lo sienten como más culto. El espacio recorrido se suele llamar Estaciones de la cruz, Camino de la cruz o Vía dolorosa.

[3] Gerardo Diego, «Poesía del “Viacrucis”», en el diario ABC. Madrid, 1955,

[4] Este es su relato: «Cuando habitaba en Jerusalén, jamás había cesado de andar la Vía Dolorosa y de regar con sus lágrimas los sitios donde Él había sufrido. Tenía medido paso por paso todos los intervalos y su amor se alimentaba con la contemplación incesante de aquella marcha tan penosa. Poco tiempo después de llegar a Efeso, la vi a entregarse diariamente a meditar la Pasión, siguiendo el camino que iba a la cúspide de la montaña. Al principio hacía sola esta marcha y según el número de pasos tantas veces contados por Ella, medía las distancias entre los diversos lugares en que se había verificado algún especial incidente de la Pasión del Salvador. En cada uno de los sitios, erigía una piedra o si se encontraba allí un árbol, hacía en él una señal. El camino conducía a un bosque donde un montecillo representaba el Calvario, lugar del sacrificio y una pequeña gruta el Santo Sepulcro. Cuando María hubo dividido en doce Estaciones el Camino de la Cruz, lo recorrió con su sirvienta sumida en contemplación. Se paraba en cada lugar que recordaba un episodio de la Pasión, meditaba sobre él, daba gracias al Señor por su amor y la Virgen derramaba lágrimas de compasión».

[5] Agustín Arce, Itinerario de la Virgen Egeria (381-384), Madrid, BAC, 1980.

[6] De acuerdo a cómo se realiza en Siero (León).

[7] La generalidad de los calvarios constan de 14 estaciones, aunque los hay de 15, como los del manuscrito de La Uña. Se entiende por estación cada uno de los lugares en que los participantes se paran para celebrar un hecho relevante del camino que realizó Cristo en Jerusalén desde el palacio de Poncio Pilatos hasta el monte Gólgota donde fue crucificado. En cada uno de estos lugares se halla una representación devota del hecho conmemorado.

[8] El color morado es el utilizado por la Iglesia en las ceremonias religiosas de carácter doloroso.

[9] El número de catorce estaciones se fijó en los textos papales que conferían las indulgencias.

[10] Lo testimonios bíblicos se corresponden con la edición de Francisco Cantera Burgos y Manuel Iglesias González, Madrid, BAC, 1979.

[11] Verónica: «Era Serafia, mujer de Sirac, miembro del Consejo del templo, que se llamaba Verónica, de Vera Icon (verdadero retrato), a causa de lo que hizo en ese día» (Ana Catalina Emmerick, La dolorosa pasión de nuestro Señor Jesucristo, XXIV).

[12] Aurelio de Santos Otero, Los evangelios apócrifos, Madrid, BAC, 1978, p. 492.

[13] Ed. cit., p. 415.

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