VIRTUDES DEL VINO, SEGÚN EL LAZARILLO DE TORMES (1554)

LA BIBLIA

El vino forma parte de la dieta mediterránea desde tiempos inmemoriales. Ya lo encontramos en el relato bíblico del Antiguo Testamento, en el Pentateuco (S. X (950)-V (400).

a) Génesis, 9, 20-21. Después de haber finalizado el diluvio universal y haber dejado el agua al descubierto la faz de la tierra, Noé abandonó el arca y comenzó a labrarla. Entre las actividades agrícolas que realizó fue plantar una viña. Recogido su fruto, hizo vino, bebió de él y se embriagó. Así pues, observamos que tomado en exceso perjudica, pero tomado con contención nutre, gusta y alegra el alma del cuerpo.

b) Deuteronomio, 6, 11: aparecen el vino y el aceite como alimentos.

c) Deuteronomio, 28, 39: se habla de la plantación de viñas.

REFRANERO

El refranero, como expresión de la sabiduría popular fundamentada en la experiencia y en la observación y acuñada a lo largo de la historia, recoge ya el vino en la primera de sus recolecciones: Refranes que dicen las viejas tras el fuego:

  • Ni en vino ni en moro eches tu tesoro (S. XV)
  • Suelas y vino andan camino (S. XV)

Sus continuadores del siglo XVI, continúan ampliando la nómina de refranes en el que este aparece como alimento de la dieta hispana, unido al pan:

  • Quien tiene pan / de hambre no morirá (Rosal, 1560).
  • Con pan y vino / se anda el camino» (Rosal, 1560).
  • El peregrino, antes sin bordón / que sin bota de vino (Rosal, 1560)

 PEDRO DE VALENCIA (1555-1620)

El testimonio del más insigne humanista español de la segunda mitad del siglo XVI y primeros años del siglo XVII nos permite abundar en el vino como elemento de la dieta fundamentalmente de los pobres. En carta de 16 de noviembre de 1603, a fray Gaspar de Córdoba, confesor del rey, sobre la octava del vino y del aceite protesta contra los gravámenes que ya tienen tanto el vino como el aceite y propone que la octava se rebaje hasta la vigésima. Varias son las razones que esgrime: los impuestos se llevan la mitad del valor del vino, ya que además de la octava se le aplica el diezmo, la primicia y la alcabala; se quiere aplicar la octava también a los pequeños viticultores que solo cosechan vino para su consumo y al vino que los operarios consumían en el cuidado de las viñas; los ricos, que tienen viñedos extensos, repercutirán el impuesto en el vino que venden, lo que era que el precio de este suba y lo agüen los taberneros. Por tanto, los pobres serán los más perjudicados por un precio del vino inasumible para ellos, cuando, después del pan, el vino y el aceite son los mantenimientos que más gasta la gente pobre, y «más bebe un cavador que tres hombres regalados que beben moderadamente».

TABERNA DE LA UÑA

Entre 1949 y 1954 se llevó a cabo en las dos Castillas el Catastro del marqués de Ensenada. En La Uña se realizó en 1753. Una de las preguntas generales se refiere a la taberna del lugar. Se contesta que sí existe y que se paga al tabernero 300 reales al año para que la tenga abierta y provea de vino a los vecinos que por sí no se pueden abastecer mediante el acarreo de las zonas vitícolas leonesas de Santas Martas, los Oteros o Valdevimbre. Así, el vino formaba parte de la dieta montañesa junto al aceite, el pan y la carne, los cuatro alimentos de que se alimentaban. El vino formaba parte de la raíz de esa cultura montañesa: no solo estaba en la taberna, sino también en los hogares, en las reuniones, en las celebraciones, en los contratos, en las hacenderas, etc.

SÍNTESIS

El vino, desde la Antigüedad, se ha considerado entre las clases más bajas como una fuente extraordinaria de energía, que acompañaba toda clase de trabajos, especialmente los del campo. Era un artículo de primera necesidad, se bebía en el desayuno, en la comida y en la cena; todo el mundo lo consumía, a excepción de los aguados, que eran muy pocos.

El vino forma parte de la dieta mediterránea desde tiempos inmemoriales. Ya lo encontramos en el relato bíblico (Génesis, 9, 20-21). Después de haber finalizado el diluvio universal y haber dejado el agua al descubierto la faz de la tierra, Noé abandonó el arca y comenzó a labrarla. Entre las actividades agrícolas que realizó fue plantar una viña. Recogido su fruto, hizo vino, bebió de él y se embriagó. Así pues, observamos que tomado en exceso perjudica, pero tomado con contención nutre, gusta y alegra el alma del cuerpo.

LAZARILLO

Dejemos los excesos de Noé, la consideración histórica de fuente de energía, de alimento de primera necesidad, y veamos cómo lo veía el autor del Lazarillo de Tormes (1554), primera novela picaresca de la literatura española e iniciadora del género. En definitiva, un documento más de la cultura mediterránea del vino

Habrá que comenzar diciendo que el vino en la novela tiene una gran trascendencia –conforma su desarrollo– y aparece en varias ocasiones. Se puede decir que el Lazarillo como novela narra el cumplimiento de una profecía que el ciego realiza al final del capítulo I

– Yo te digo que si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú.

y que se ve cumplida en el capítulo VII, en el que vemos a  Lázaro, que a pesar de tener desde su nacimiento a la Fortuna contraria, ha llegado en Toledo a buen puerto remando con maña y fuerza hasta conseguir el oficio real de pregonero:

– Tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad se venden, y en almonedas, y cosas perdidas, acompañar los que padecen persecución por justicia y declara a voces sus delitos.

Así pues, el vino no será algo ornamental ni accesorio, y tiene funciones diferentes. A tres las he reducido, ya que no aparecen otras tan evidentes según el popular decir como desatar la locuacidad,  quitar las mordazas sociales de la lengua para decir la verdad, facilitar los consensos, olvidar lo que no interesa, celebrar acontecimientos, etc.

Lazarillo_de_Tormes

PRIMERA VIRTUD: SIRVE DE SOLAZ EN LA COMIDA Y SUSTITUYE LA INGESTA DEL AGUA

EL CIEGO

La relación de Lázaro con su amo el ciego está presidido por la lucha del ingenio del primero y la astucia del segundo. Lo encontramos en el tratado primero de la novela. Allí,  Lázaro de Tormes, un niño de ocho años,  entrando al servicio de un ciego avariento, mezquino, pero sobre todo astuto. El vino forma parte de la dieta del ciego, pero no de su guía, a quien su amo se lo tenía vedado. No obstante, el niño Lázaro nos dice que ya consideraba el vino como algo más que un elemento de su nutrición. Le tenía verdadera afición, le gustaba, a pesar de ser un niño, y por eso dice que «estaba hecho al vino, moría por él», era un placer para su paladar. Pero se encontraba con el avaro de su amo, el ciego, que no quería compartir tan preciado líquido con su sirviente. Por ello Lázaro, al igual que le sangraba el fardel y le trocaba las blancas por medias blancas, empujado por su afición báquica, tuvo que inventar formas de burlar al astuto ciego –rasgo esencial del personaje- para beberle su vino, poniendo todo su ingenio al servicio de sus pretensiones.

La primera de ellas fue sencilla. Cuando se sentaban a comer, el ciego ponía junto a sí el jarro de vino y «yo muy presto lo asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar».

BEBIENDO EL VINO CON LA PAJA

La segunda. Este ardid le duro poco, porque el ciego «en los tragos conocía la falta», y comenzó a tener el jarro agarrado con la mano, no lo soltaba. De una larga paja de centeno se sirvió entonces Lázaro para seguir bebiéndole el vino al ciego.

Fuente sutil. El astuto de su amo le sintió y cambió de costumbre: metía el jarro entre las piernas y lo tapaba con la mano. La situación se complica y aparece una vez más el ingenio de Lázaro: hace en el suelo del jarro un agujero o fuente sutil y lo tapa con cera. Al calor del fuego la cera se derrite y Lázaro pone la boca de tal forma «que maldita la gota que se perdía». Cuando el ciego iba a beber se encontraba sin vino, hasta que descubrió el ardid y preparó la venganza, como se verá más adelante.

Hasta ahora había triunfado el ingenio del niño sobre la astucia del avariento y mezquino ciego. De él dirá Lázaro que desde que Dios creó el mundo, ningún hombre había formado más astuto y sagaz.

EL CLÉRIGO

Abandona Lázaro al ciego, después de una cruel venganza, y se va a servir a un clérigo. Si el ciego era avaro, el clérigo era la encarnación misma de la avaricia y de la hipocresía. Así lo relata la novela:

Cura de Maqueda

  1. BEBE VINO ÉL SOLO EN LAS COMIDAS

 De la taberna nunca le traje una blanca de vino; mas aquel poco que de la ofrenda había metido en su arcaz compasaba de tal forma que le turaba toda la semana.

 2. BEBEDOR EN COFADRÍAS Y MORTUORIOS

 Y por ocultar su gran mezquindad decíame:

—Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber, y por esto no me desmando como otros.

Mas el lacerado mentía falsamente, porque en cofradías y mortuorios que rezamos, a costa ajena comía como lobo y bebía más que un saludador.

ESCUDERO

También en el episodio del escudero, tercer amo de Lázaro, aparece el vino, que ni amo ni sirviente catarán de ordinario pues la pobreza era tal que solo tenían para agua, la cual no era del agrado de Lázaro:

lazarillo-y-escudero

Entró en una camareta que allí estaba, y sacó un jarro desbocado y no muy nuevo, y después hubo bebido convidome con él. Yo, por hacer del continente, dije:

— Señor, no bebo vino.

—Agua es –me respondió-, bien puedes beber.

Entonces tomé el jarro y bebí. No mucho, porque de sed no era mi congoja.

Cuando un buen día llega un real al bolsillo del escudero, este presto le ordena a Lázaro:

— Ve a la plaza y merca pan, vino y carne.

ARCIPRESTE DE SAN SALVADOR, EN TOLEDO

Era productor de vino y Lázaro su pregonero.

Sinteticemos: a Lázaro y a sus amos les gustaba más el vino que el agua, quizás por su mayor poder calorífico.

SEGUNDA VIRTUD: TIENE PODERES CURATIVOS Y REGENADORES

El astuto ciego no se deja vencer y, una vez descubierto el ardid que utilizaba Lázaro para beberle el vino, planea su venganza. Dejemos a Lázaro que nos lo cuente:

Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, senteme como solía, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que ahora tenía tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su fuerza alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada desto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo con todo lo que en él hay, me había caído encima.

Fue tal el golpecillo que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quedé.

El ciego no abandona a su guía y lo cura lavándole las heridas con vino como tantas otras veces había hecho. Sonriente le decía:

—¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud.

La lucha de Lázaro y su amo no cesa aquí; continúa. Después del episodio de las uvas, Lázaro engaña a su amo trocándole una longaniza por un nabo en un mesón. Descubierto el engaño por el ciego, lo cogió entre sus manos y estuvo a punto de matarlo, dejándole la cara y el pescuezo lleno de heridas. La mesonera cura a Lázaro con el vino que para beber le había traído al ciego, lavándole la cara y la garganta. Ante lo cual, el ciego dijo:

—Por verdad, más vino me gasta este mozo en lavatorios al cabo del año, que yo bebo en dos. A lo menos, Lázaro, eres en más cargo al vino que a tu padre, porque él una vez te engendró, más el vino más te ha dado la vida.

Y luego contaba cuántas veces le había descalabrado y arpado la cara y con vino luego sanaba. Así pues, el vino tenía otras dos virtudes: sanar y volver a la vida.

TERCERA VIRTUD: MODUS VIVENDI Y MATRIMONIAL

PREGONERO

PREGONERO DE VINOS. En el tratado siete y último de la novela nos encontramos con un Lázaro adulto, mozo de unos 24 o 27 años, que vive en Toledo y que ha superado sus adversidades económicas –trabajos y fatigas las llama él- ,ya que ha obtenido un oficio real, el de pregonero, del que vive:

Tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad se venden, y en almonedas y cosas perdidas, acompañar los que padecen persecuciones por justicia y declarar a voces sus delitos. Pregonero, hablando en buen romance.

Hame sucedido tan bien, yo lo he usado tan fácilmente que casi todas las cosas al oficio tocantes pasan por mi mano: tanto que en toda la ciudad, el que ha de echar vino a vender o algo, si Lázaro de Tormes no entiende en ello, hacen cuenta de no sacar provecho.

EL VINO MATRIMONIAL. También el vino le sirvió para casarse. Pregonaba los vinos del arcipreste de san Salvador y por ello entró en relación con él. Este clérigo lo caso con una criada suya, que actuaba de barragana, aunque Lázaro nunca lo quiso reconocer: «malas lenguas, que nunca faltaron ni faltarán, no nos dejan vivir, diciendo no sé qué y si sé qué». No hace falta interpretación. Lo que es cierto, es que al salario de Lázaro se unen las dádivas que el arcipreste le hace a su mujer:

Siempre en el año le daba, en veces, al pie de una carga de trigo; por Pascuas, su carne; y cuando el par de lso bodigos., las calzas viejas que deja. E hízonos alquilar una casilla par la suya; los domingos y fiestas, casi todas las comíamos en su casa.

lazarillo-procuro-casarme

Y aquí terminamos diciendo que la historia de Lázaro de Tormes, contada por él mismo desde su acomodada posición social de pregonero de Toledo, no es otra que la del cumplimiento de una profecía sustentada sobre el vino. El vino que tanto agradaba a Lázaro, que le sirvió de medicina, que le volvió varias veces a la vida y que le proporciona el sustento económico en su nueva vida en la ciudad imperial. Es la historia del ascenso de un marginado social, de un ser humano nacido de padre ladrón y madre que frecuentaba las caballerizas, desde sus ocho años hasta su mocedad. Es la historia de la derrota del determinismo genético en el ámbito económico a la vez que la confirmación del mismo en el ámbito ético-social, y que la cuenta su protagonista para que

consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron a buen puerto.

Añádase:

para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos, cuánto vicio.

 RECOMENDACIONES PARA LEER LA NOVELA

1.ª CARTA

Este relato adquiere la forma de una carta que Lázaro de Tormes, vecino de Toledo, pregonero, casado con la barragana del arcipreste de san Salvador, escribe a un «vuestra merced» para justificar su «caso» -entiéndase su matrimonio y las relaciones de su esposa con el arcipreste- y lo hace contando su vida desde el inicio:

Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso, paresciome no tomalle por el medio, sino del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona.

Para los incrédulos: si decimos que es una carta messaggiera, tendrá que tener los elementos definitorios del género epistolar. Veamoslo:

—EMISOR/ESCRIBIENTE: Lázaro de Tormes, vecino de Toledo, que tiene 24 o 27 años. Expedición a Gelves: 1510 / Cortes de Toledo 1525; Gelves 1520 / Toledo 1538-1539.

—RECEPTOR/LECTOR: Un vuestra merced que pide que se le escriba.

—CORPUS: La vida de Lázaro en forma autobiográfica.

—FECHA: El año en que Carlos V celebró cortes en Toledo en 1525 o en 1538-1539, sin que se puede precisar a cual de ellas se refiere en la carta.

—LUGAR DESDE DONDE SE ESCRIBE: Toledo.

2.ª INICIO DE LA LECTURA POR EL CAPÍTULO VII

La carta se escribe para explicar a un vuestra merced el caso, tal como se dice en el prólogo, pero no se aclara en qué consiste. Para conocerlo, tendremos que esperar al capítulo VII. Aquí se dice que el caso no es otro que el matrimonio de Lázaro con la criada del arcipreste de san Salvador y las relaciones de esta con el clérigo, runrún que corre por todo Toledo.

FINAL

«El vino es el amigo del sabio y el enemigo del borracho. Es amargo y útil como el consejo del filósofo, está permitido a la gente y prohibido a los imbéciles. Empuja al estúpido hacia las tinieblas y guía al sabio hacia Dios» (AVICENA, 980-1037)

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