EL QUIJOTE ABREVIADO DE LUCÍA, UNA NIÑA DE TRES AÑOS

Son las dos menos cuarto. Madres, padres, abuelos/abuelas y algún tío/tía hacen cola ante la puerta del aula de 1.º C del segundo ciclo de Enseñanza Infantil. Dentro se oye el fino ruido de las voces agudas de esos pequeños diablos. Aparece la señorita Virginia –así la llaman los niños- con el primero de sus alumnos agarrado de la mano. Se lo entrega a su madre. Y así hasta el que hace el número veinticinco.

Lucía hace el número siete. La ha recogido su mamá, una competente enfermera en el paro. Abandonan el edificio. Comienza la ametralladora de Lucía a escupir balas de palabras que atropelladamente quiere contar miles de cosas que ha hecho esa mañana o ha visto. Hasta se afoga. contando cuentosNo para hasta que llegan a su domicilio. Cantar, recitar, escuchar cuentos, hablar, dibujar, pintar, hacer gimnasia, jugar, ver, observar, reír, etc. Todo eso y más le ha contado a su madre por el camino.

Llega a su habitación, se quita el abrigo y el babi. Se descalza, se pone sus babuchas del rey león, se lava las manos y se dirige a la mesa situada en el salón-comedor. Se sienta en el lugar de siempre. La mamá le sirve uno de sus platos favoritos.

— ¡Garbanzos! ¡Qué ricos! ¡Con el hambre que tengo! Ya sabes mami que es uno de mis platos favoritos.

— Bueno…Se me olvidaba contarte un cuento que aprendí hoy en el cole.

— ¿Otro más? Me dijiste que la señorita os había enseñado el de La vaca Macarena.

— Que no se dice enseñar, mamá, que la señorita dice que es contar.

— Bueno… te lo voy a contar, porque me gustó mucho, porque era de un hombre que hacía cosas muy raras y se llamaba don Quijote. Fíjate si será raro el hombre que nunca había oído yo ese nombre que le pusieron.DON QUIJOTE

— Pues eso. Había una vez un hombre muy delgado y alto, como Antón…

— ¿Como Antón?

— Bueno, mamá, no tan viejo.

— Estaba en casa todo el tiempo leyendo novelas. Y un día se puso loco. Y su mujer fue y se las quemó.

— Pobre hombre –dice la mamá.

— Que no he terminado, que es más largo.

— Luego empezó a salir por el campo, como cuando vamos con Abu en La Uña. Iba montado en un caballo, también delgado como él. Y fíjate que nombre tan raro tenía: se llamaba Rocinante.

Iba con  él un señor bajo y gordo, como Abu.

— ¡Pobre Abu!

– Bueno, Abu es más alto.SANCHO

— Si no callas se me va olvidar. Ves, ya no sé seguir… Ahora tengo que pensarlo otra vez… Ya me acuerdo como sigue.

— El señor bajo y gordo iba en un burro y cuando don Quijote se peleaba con gigantes le decía que no eran gigantes, que eran molinos de viento.

— ¿Y a que no sabes quién escribió este cuento?

— Pues un señor que se llamaba Miguel. Y tenía un apellido muy largo.

– Cervantes –dice el papá.

— Eso, sí, eso, pero era más largo.

— Pues no sé- dice la mamá.

— Ya me acuerdo… El apellido largo era Saaaveedraa. ¡Qué difícil!… En clase no hay ningún niño que se apellide así.

— Y la señorita nos dijo que lo escribió en la cárcel.

— ¡Qué buenos los garbanzos!

— Se me olvidó una cosa, mamá: el señor alto era un caballero y llevaba una lanza.

— También nos dijo la señorita que hay que colocar las cosas en su sitio. Y veo que tus zapatillas están cada una por un lado. ¡Mira las de papá que colocaditas están!

— ¡Qué buenos los garbanzos! ¿Puedo comer unos poquitos más?

MORALEJA: Los niños aprenden todo lo que se les enseña bien, despierta su interés, lo asimilan y lo relacionan con un entorno que conocen.

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