SAN ANTONIO DE PADUA: LA «CANCIÓN DE LOS PAJARITOS»

IN MEMORIAM: ¡A ti, madre, María de las Candelas!

 1. SEMBLANZA BIOGRÁFICA

Dada la abundancia de obras y artículos sobre la vida de san Antonio de Padua, solamente apuntaré aquí algunos datos para que el lector tenga una sucinta visión del santo, que probablemente sea el más venerado por la Iglesia católica, ya que se puede decir que es rara la iglesia en la que no haya una imagen suya.

Hoy 13 de junio, se celebra su festividad,  porque tal día de 1231 moría en Arcella (Italia) Fernando de Bulhões, que así es como fue bautizado a finales del siglo XII en Lisboa quien se convertiría en Antonio de Padua. No se puede fijar la fecha de su nacimiento con exactitud, aunque muchos dan la de 1195.

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SAN ANTONIO CON EL NIÑO. JUAN DE VALDÉS LEAL. H. 1670

En 1210, después de haber realizado estudios en la escuela catedralicia lisboeta, ingresa en Lisboa en los Canónigos regulares de san Agustín, orden que abandonará en 1220 para pasar a formar parte de la Orden franciscana de los frailes menores adoptando el nuevo nombre de Antonio. Este mismo año inicia su misión misionera en Marruecos. De regreso a Portugal en 1221, la nave en que viajaba es arrastrada por la tempestad hacia Sicilia. En Italia, en diferentes localidades, permanecerá hasta 1224, año que inicia su apostolado en Francia y que durará hasta 1227. A finales de este año regresa a Italia, donde desempeñó varios cargos en su orden, se dedicó a la predicación, a la enseñanza y a la penitencia. Morirá el 13 de junio de 1231  en Arcella, suburbio de la ciudad de Padua, donde se encontraban los franciscanos que asistían al convento de las Damas Pobres

El 30 de mayo de 1232, el papa Gregorio IX, que había conocido personalmente a Antonio de Padua y persuadido por los numerosos milagros que había obrado, lo proclamó santo en la catedral de Espoleto. Se convertía así en la persona que más rápidamente había sido canonizada por la Iglesia católica: 352 días después de su fallecimiento.

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BASÍLICA DE SAN ANTONIO. PADUA

Los habitantes de Padua levantaron una basílica en su honor a la que fueron trasladas sus reliquias en 1263.

En 1946, el papa Pío XII lo proclamó «Doctor de la Iglesia», bajo el título de «Doctor evangélico».

2. CANCIÓN DE LOS PAJARITOS

2.1.DESDE EL RECUERDO

A veces, es necesario escribir desde el recuerdo. Y más, si este vive en controversia: lucha el lado agradable, placentero, con aquel que en el hondón del alma todavía duele, produce cierta desazón, incluso angustia vital. Te veo. Aunque no mucho te disfruté. Nos separaba desde temprana edad la distancia del estudio. Con tu pañuelo siempre negro. Dispuesta a complacerme. No sabías decir no. Noches largas de invierno. Alguna mañana de inactividad por meteorología. Te la pedí. Tú ya sabías. ¿Me la cantas otra vez, mama? No te hacías de rogar. Sentada en el duro escaño de madera. En tu regazo. Iniciabas su canto, devota, recogida. ¡Qué bien sonaba! ¡Dios, cómo me gustaba! Era la «Canción de los pajaritos». Gracias hasta donde estés. Si de algo te vale allá arriba, hoy te la devuelvo escrita. Yo no sé cantarla. Pero en el fondo del corazón sigue resonando la tuya, la sigue oyendo. Hasta siempre.

2.2. CANCIÓN

Padre mío san Antonio,
suplicad al Dios inmenso
que con su gracia divina
alumbre mi entendimiento

para que mi lengua
refiera el milagro
que en el huerto obraste
de edad de ocho años.

Desde niño fue criado
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado
y del mundo admiración.

Fue caritativo
y perseguidor
de todo enemigo
con mucho rigor.

Su padre era un caballero
cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa
con el sudor de su frente.

Y tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutos
que el tiempo traía.

Por la mañana, un domingo,
como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a misa
cosa que nunca olvidaba.

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SAN ANTONIO DE PADUA. SIERO (LEÓN). FOTO: LUIS FUENTE IBÁÑEZ

Y le dice: «Antonio,
ven acá, hijo amado,
escucha que tengo
que darte un recado.

Mientras que yo estoy en misa,
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder.

Entran en el huerto
pican el sembrado,
por eso te advierto
que tengas cuidado».

Cuando se ausentó su padre
y a la iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando
y a los pájaros llamó:

«Venid, pajaritos,
no entréis en sembrados,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.

Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación
voy a encerraros a todos
dentro de esta habitación».

Y los pajaritos
entrar les mandabas
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.

Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó,
porque todos acudieron
cuando Antonio les llamó.

Lleno de alegría,
san Antonio estaba,
y los pajaritos
alegres cantaban.

Cuando se acercó su padre,
luego les mandó callar;
llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:

«Ven acá, Antonito;
dime, hijito amado,
¿de los pajarillos
qué tal has cuidado?»

El niño le contestó:
«Padre, no tenga cuidado
que, para que no hagan mal,
todos los tengo encerrados».

El padre que vio
milagro tan grande
al señor obispo
trató de avisarle.

Acudió el señor obispo
con gran acompañamiento
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.

Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se quieren marchar.

Antonio les dice entonces:
«Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo no lo mande».

Se puso en la puerta
y les dijo así:
«Ea, pajaritos,
ya podéis salir.

Salgan cigüeñas con orden,
águilas, grullas y garzas,
avutardas, gavilanes,
lechuzas, mochuelos y grajas.

Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices.

Salga el cucu y el milano,
zorzal, patos, y andarríos,
canarios y ruiseñores,
tordos, jilgueros y mirlos.

Salgan verderones
y las cardelinas,
también cojugadas
y las golondrinas».

Al instante que salieron
todos juntitos se ponen,
escuchando a san Antonio
para ver lo que dispone.

Antonio les dice:
«No entréis en sembrado,
marchad por los montes,
los riscos y prados».

Al tiempo de alzar el vuelo
cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio
y su ilustre compañía.

El señor obispo,
al ver tal milagro,
por diversas partes
mandó publicarlo.

Antonio bendito,
por tu intercesión
todos merezcamos
la eterna mansión.

(Versión de Siero de la Reina (León)

3. COMENTARIO

El origen de la canción se halla en una leyenda relacionada con san Antonio que según el texto leído habría tenido lugar cuando este tenía ocho años y según Cándido de Viñaño,[1] cinco (1200). El contenido de la leyenda sería el siguiente. El padre del niño Fernando, que así se llamaba quien más tarde sería Antonio de Padua, llevó a su hijo a una de sus heredades a las afueras de Lisboa para que cuidara de ella y evitara que una bandada de gorriones comiera el grano recién sembrado. El padre se ausentó y le dijo al niño que hiciera bien su trabajo y que por la tarde volvería a buscarlo. Fernando realiza su trabajo durante un buen rato, pero decide abandonar el encargo e ir a visitar a Jesús a la iglesia del pueblo cercano. Antes de ausentarse, para cumplir con su encargo, encierra a los gorriones en una de las dependencias agrarias que tenía la finca. Cuando por la tarde regresa su padre no encuentra a Fernando. Se dirige al pueblo y lo encuentra en oración en la iglesia. Le reprende por haber abandonado la misión encomendada, a lo que Fernando le contesta que no se preocupe que tiene a todos los gorriones encerrados. Se trasladan a la finca y comprueba el padre que lo que su hijo le había dicho era cierto: abre la puerta de la dependencia agraria y allí ve a los gorriones que, a pesar de que la puerta está abierta, no osan salir. Este relato sería el que habría dado lugar a la canción, donde el grado de novelización es mucho mayor.

Desde el punto de vista métrico, este poema que acabas de leer no es un romance, como aparece harto frecuente en la red, en alguno de los pliegos de cordel – su medio de difusión más usual- de los siglos XIX y XX en los que fue publicado e, incluso, en obras más recientes sobre el santo.[2] No es un romance por la sencilla razón de que no es un conjunto indefinido de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares (la misma). En esta canción, sin embargo, se ha optado por la estrofa de la copla (rima asonante en los pares, pero cambiante en cada una de ellas) de versos octosílabos las impares y de versos hexasílabos las pares, excepto la última que debiera ser octosílaba y es hexasilaba, disposición estrófica que no es muy frecuente en la poesía española.

En cuanto a sus rasgos estructurales más sobresalientes, comenzaremos diciendo que la persona narrativa elegida es la primera del singular –Padre mío … mi lengua-, pero no autobiográfica, que se identifica con el narrador real y cantor de la canción. En la última estrofa el singular se trueca en plural –todos merezcamos- para implicar a los receptores oyentes en el proceso narrativo y en la concesión de la gracia solicitada al santo.

Como texto narrativo, predomina la narración sobre el diálogo, aunque este aparece en los momentos estelares: en estos el narrador cede el protagonismo y la voz a los actores de los hechos, padre e hijo.

La disposición estructural del contenido coincide con la de los romances religiosos de pliego de cordel que cuentan milagros y que llamaremos de doble caja china. La primera caja está integrada por la invocación inicial de la gracia para referir el milagro –las dos primeras estrofas-, continúa con el núcleo temático –el milagro- y finaliza con la petición a san Antonio de la salvación eterna tanto para el narrador como para los oyentes. La segunda caja la constituye el núcleo temático –el milagro-, en el que hallaremos, a su vez,  la presentación de los personajes –el niño Antoñito y su padre-, el desarrollo –el milagro de encerrar voluntariamente a todos los pájaros de la comarca para que no estropeen los sembrados, la comprobación del hecho por el padre y el obispo-, el desenlace –los pájaros abandonan en orden su encierro y se alejan del sembrado cuando el niño se lo ordena-, y, por último, la difusión del milagro mandada llevar a cabo por el obispo, que actúa como testigo de lo sucedido.


[1] San Antonio de Padua. El santo de todo el mundo, Santander, 2001, pp. 23-26 y 304.

[2] Esperábamos haber encontrado algún pliego del siglo XVIII con la canción, siglo en el que creemos que tiene su origen, pero nos ha sido imposible. No obstante, hay que decir que los pliegos religiosos ocupan un lugar destacado en la temática del pliego dieciochesco.

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2 respuestas a SAN ANTONIO DE PADUA: LA «CANCIÓN DE LOS PAJARITOS»

  1. NOEMI SANGUINETTI dijo:

    …estoy llorando de alegria tengo 64 annios y esta era pa prosa que me decia mi abuelita, que murio en el 84, pero que esta siempre conmigo…no la podia encontrar y ahora la veo aqui,…GRACIAS

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